Notas importantes de la autora:

Aviso: esta historia también está en AO3 y en Wattpad. La pueden encontrar con el mismo título y todas las plataformas están al día con este último capítulo. Mi user en AO3 es Chemicalfairy y en Wattpad tengo el mismo usuario MiraiMoonlight.


Episodio 12

El amor no puede continuar como un sueño más; el anhelo hará que sea bello pero vació estará.

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Hace cinco años

Usagi sentía que podría morir del aburrimiento en cualquier momento. Sus párpados pesados eran insoportables, solo quería hacerse bolita y dormir; últimamente dormía mucho.

Frente a ella yacía su libro de texto, las páginas no se habían movido en un largo rato, y las letras parecían describir un idioma diferente al que ella conocía, no podía entender nada más.

Levantó la mirada y encontró el rostro de Mamoru y juró que bien podría tratarse de una estatua si no fuera porque podía notar sus ojos devorando las oraciones de su propio libro.

La Usagi de hace un año podría hacer algún puchero, intentando recuperar la atención de su novio y sabía que saldría victoriosa. Mamoru cerraría aquel libro y saldrían tomados de la mano por un helado. Se besarían un rato en su banca predilecta del parque y él, cómo el caballero que era, la dejaría en la puerta de su casa. Ella entraría a su habitación suspirando enamorada y dormiría feliz.

La Usagi de aquel momento no podía entender cómo habían pasado tantas horas sin dirigirse la palabra. Miraba extrañada a Mamoru, sin poder comprender porque era incapaz de notar su mirada en él. Quería abalanzarse al otro extremo de la mesa y sacudirle de los hombros, desesperada de que la notara.

Era extraño pero no hacía falta decir que aún se encontraba muy molesta, sobre todo porque había tenido grandes expectativas sobre su reencuentro.

Hacía una semana que las Starlights habían regresado a su planeta después de ayudarle a vencer al Caos. Habían recuperado a su princesa, se habían dicho sus despedidas finales y habían surcado el cielo; Usagi perdiéndolas de vista en un santiamén.

Desde entonces parecía que la caja de pandora se había abierto. Usagi no sabía que el verdadero reto sería volver a la normalidad…

Suspiró para hacer notar su aburrimiento y cerró su libro de golpe. Mamoru no se movió ni un centímetro.

—Necesito aire fresco.

—Está bien, no tardes por favor, recuerda que aún te queda mucha tarea por hacer.

Usagi refunfuñó al mismo tiempo que volvía a ponerse sus zapatos y salió huyendo lo más pronto que pudo.

Mamoru aprovechó el ruido que había causado para desenfocar su atención de sus propios deberes. Se estiró toda su longitud hacia el techo y en cuanto sintió que su última vértebra volvía a tronar en su lugar, se dejó caer hacia atrás. Su espalda ahora yacía sobre la alfombra de su apartamento.

Sentía que se podría echar a llorar en cualquier momento debido a la frustración que sentía. Bueno, nadie dijo que regresar de la muerte sería trabajo sencillo.

Era incapaz de comprender, aún, lo que había cambiado en su ausencia, pero lo sentía. Lo sentía en su pecho como si fuera una bomba de tiempo atada a él contra su voluntad. No podía nombrar aquel sentimiento que le embargó una vez que Serenity deshizo su abrazo después de su reencuentro.

Aún no estaba seguro de que decir o cómo actuar con Usagi, encontrándola tan diferente a la chica que había dejado en aquel aropuerto, por lo qué había decidido, más bien, iniciar canalizando todas sus energías en recuperar algunos trozos de su vida del basurero del tiempo. Un año era un largo largo periodo, sobre todo para la universidad de Tokyo.

Sus perfectas notas, arruinadas. Su reputación, perdida. Harvard ni siquiera le contestaba los correos electrónicos. No es como que planeara regresar, sabía que le tomaría un largo tiempo volver a montarse a un avión, pero ¿era mucho pedir un poco de simpatía?

No es como que hubiera causado su propia desaparición a propósito pero ¿cómo explicarle su ausencia a las secretarias del área académica? Si su propia Usako no parecía comprenderla tampoco.

Sintió que su mente estaba tratando de decirle algo, a juzgar por el camino al que habían ido sus pensamientos.

Sus recuerdos lo transportaron a aquella primera noche que estuvo de vuelta. El poder que Usagi había necesitado para vencer al Caos la tenía noqueada desde hacía horas y Tuxedo Mask se habia aventurado a su habitación, a través de su ventana, para cuidarle el sueño.

Aunque en ese momento estaba concentrado en verificar que la rubia siguiera respirando no pudo evitar notar las cosas que eran diferentes en la habitación que conocía muy bien: las sábanas blancas con lunas amarillas ahora eran oscuras con figuras de estrellas blancas, su cómoda estaba al otro extremo del cuarto y encima de ella había una grabadora rosada con un par de estuches de CDs sobre la tapa.

En el mueble donde Usagi tenía su gran espejo y sus cosméticos encontró el anillo que él le había regalado antes de partir a los y notó que una fotografía importante había sido reemplazada. Ya no estaban ni él ni Chibiusa en aquel portaretrato; Mamoru estudió aquella foto de lo que parecía ser el grupo de la escuela de Usagi en alguna excursión.

Makoto, Ami y Minako sonreían hacia la cámara, haciendo señales de paz y amor, mientras que Usagi y otro chico reían el uno hacia el otro, sus brazos entrelazados a la altura de los codos. Era una sonrisa que parecía tan genuina, parecían estarse divirtiendo mucho.

Usagi habló dormida e hizo que Mamoru dejara la fotografía en su lugar para sentarse en la cama de su novia y acariciarle el cabello en un intento de calmar las pesadillas que seguro estaba sufriendo.

Mamoru no lo supo, pero desde el balcón de Usagi, había estado siendo observado por ese mismo chico de la fotografía. Seiya también había querido asegurarse de que Usagi estuviera bien y ahora veía la escena por entre las cortinas.

No pudo aguantar mucho tiempo, convencido que Usagi estaría bien, decidió huir lo más pronto posible.

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Mientras tanto, en su caminata, Usagi ya había llegado hasta el parque. En su mano tenía una paleta helada que empezaba a derretirse sobre sus dedos. Le dió una mordida rápida lo cual hizo que se le congelara el cerebro y, malhumorada, se permitió susurrar una grosería al viento, aprovechando que nadie estaba alrededor para escucharla.

Y ese era el problema principal: ¿Por qué Mamoru no estaba con ella después de estar separados por tanto tiempo? Usagi realmente no podía entender nada.

Recordó las veces en que habían derrotado a otros enemigos: Némesis, Faraón 90, Neherenia… Tras aquellas batallas no le había tomado más que una larga siesta para recuperar energías, en la que Mamoru estaba a su lado, abrazándola, alimentándola, besándola, pidiéndole a Rei que mintiera sobre una pijamada o un viaje escolar para que la madre de Usagi la dejara dormir fuera de casa mientras ella se recuperaba en su cama.

Después volvían a ser Usako y Mamoru, solo dos jóvenes enamorados, saliendo a citas, besándose en el mismo parque en donde ella estaba sentada en aquel momento, sola.

Usagi quebró el palo de madera que había sobrado de la paleta helada. Lágrimas acumulándose en la comisura de sus ojos pero negándose a liberarlas.

Estaba cansada de llorar por Mamoru. Estaba cansada de extrañarlo a pesar de que estuviese ahora en su departamento, a unos cuantos metros de distancia. ¿Por qué, entonces, se sentía aún tan distante?

Mamoru notó que la tarde empezaba a darle paso a la noche y se preocupó por Usagi que aún no regresaba de su caminata. Dudo si salir a buscarla fuera lo indicado, vagar por horas para encontrarla suponía una gran pérdida de tiempo. Suspiró intranquilo, una voz en su consciencia diciéndole que Usako jamás ha sido una pérdida de tiempo.

Afortunadamente no tuvo que buscar mucho, encontrando a Usagi en el elevador de su edificio departamental.

—Justo salía a buscarte —le dijo él mientras subían de vuelta al piso correcto. —Tardaste mucho.

—Creo que terminaré la tarea en mi casa, está anocheciendo y ya tengo que irme.

Mamoru miró hacia el techo, pidiendo algún tipo de ayuda divina. Desde la puerta miraba a Usagi recoger sus libros y lápices para ponerlos dentro de su bolsa, nueva también, color rosada y con un oso colgante del mismo color.

Algo en él se activó al sentir a Usagi pasar a su lado. Antes de que saliera la tomó de la muñeca para detenerla.

—Usako…

Sintió que el brazo de su novia se tensaba. Su corazón dió un brinco de angustia, Usagi jamás se había tensado en su presencia.

—Tenemos que hablar de esto.

—¿Esto? —Usagi decidió enfrentar su mirada. Mamoru sintió un escalofrío al ver en sus ojos, encontrando un semblante que no conocia. —¿Exactamente qué es esto?

Decidió soltarla y confiar que lo seguiría al interior del departamento. Así lo hizo, cerrando la puerta tras de ella y dejando caer su bolsa en el recibidor, a lado de sus zapatos. Mamoru se dirigió a la cocina y se recargó en la barra de desayuno, tratando de apaciguar un poco sus nervios y mostrarse lo más sereno posible.

—Siento… siento que esperas una explicación de mi parte por haberte dejado tanto tiempo…

Usagi relajó su semblante, sintiendo alivio de que por fin hablaran del tema. Estaba por emitir su opinión cuando Mamoru decidió seguir con su punto:

—...pero más bien siento que la explicación me la debes de dar tú.

—¿Yo? —contestó, verdaderamente incrédula.

—Se que debiste estar muy confundida por mi silencio, sé que mil ideas debieron de pasar por tu cabeza pero no hay excusa —Mamoru apretó los labios, se le estaba dificultando mantener su fachada—. Siento que no te conozco, siento que me miras de manera diferente, como si yo hubiera decidido hacerte daño a propósito. No sé cómo puedes seguir culpándome de no haberte escrito o llamado después de conocer la verdad.

Ahora sí Usagi dejó correr las lágrimas de rabia con libertad. Mamoru intentó no verse afectado por ellas aunque estaba fracasando terriblemente. No había algo que odiase más en todo el universo que ver a Usako llorar.

—No sé de dónde sacas que yo sigo te sigo culpando.

Mamoru fijó su mirada en sus manos. Usagi no pudo evitar rodar los ojos, una expresión que jamás había hecho para él.

—¿Lo ves? Te niegas a aceptar que dejaste de usar mi anillo, que quitaste nuestra foto de tu habitación y Dios sabe qué más. La Usako que yo conozco jamás habría dudado de mí y yo no sé que hice para merecer tu desconfianza. No he hecho nada más que estar contigo incondicionalmente.

Usagi sentía como si cada palabra de Mamoru fuese una bala, disparadas directo a su pecho. Empezaba a sentir como el aire le faltaba.

—¡Era demasiado doloroso! —finalmente explotó— Era demasiado doloroso usar aquel regalo y ver tu cara todas las noches antes de dormir. No podía soportarlo más. Es cierto que no fue tu culpa, ahora lo sé, pero ¿cómo podía estar segura? ¡No tenía noticias tuyas!

—Se supone que debías confiar en mí… —Mamoru susurró con la mirada puesta sobre el suelo. —Si las cosas hubiesen sido al revés yo hubiera…

—¡Eso no lo sabes!

—¿Puedes dejarme hablar?

—No, por qué lo que estabas a punto de decir era ridículo. No puedes saber qué hubieras hecho en mi lugar, no puedes… —el llanto de Usagi apretaba su garganta, interrumpiendo sus propias palabras.

—Eso es otra cosa más. La Usako de la que me despedí hace un año jamás me hubiera llamado ridículo.

Usagi apretó sus puños, encajando sus uñas en su palma.

—Se que tú silencio no fue a propósito pero no me puedes pedir que olvide todo un año de dudas, de extrañarte, de una horrible soledad que incluso me hizo preguntarme si acaso…

—Usako, no lo digas…

Pero Usagi estaba decidida a abrir sus verdaderos sentimientos: —si acaso nuestro amor legendario no era lo suficientemente fuerte.

Mamoru negaba con su cabeza, simplemente sin poder creer las palabras de la rubia. Usagi decidió continuar aprovechando la oportunidad:

—Estoy molesta Mamoru, porque sabes que sufrí mucho todo este tiempo y no parece importarte. Pensé que cuando volvieras estaríamos todo el tiempo juntos, que recuperaríamos el tiempo perdido, que me harías olvidar todo…

Mamoru seguía cabizbajo aún. Demasiado dolido para responder. No recordaba la última vez que Usagi le había hecho sentir desdén.

Mientras la rubia lo miraba con desesperanza. ¿Cómo podía ser tan frío? ¿Acaso su sufrimiento no era importante para él?

Pero si algo había aprendido en su ausencia había sido a ser fuerte, a ser independiente, a encontrar una rutina que no lo involucrase. Su mente se aferró a pensar en lo que había ganado y no en todo lo que había perdido durante el último año.

Aquella noche, en aquella primera pelea (de muchas más sobre el mismo tema) también fue la primera vez que Usagi consideró la idea de separarse de Mamoru.

No sé lo dijo, siendo éste un pensamiento rápidamente absorbido por su inconsciente, pero lo que hizo aquel día fue salir corriendo de su apartamento, sin mirar hacia atrás porque sabía que Mamoru no la estaría persiguiendo.

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Mamoru miraba la puerta de su apartamento con impaciencia. El texto de Usako le había dicho que había salido de casa hace más de una hora y aún no llegaba.

Era su día de descanso del hospital y probablemente necesitaría otro, pensó, previniendo lo que venía en las próximas horas. Mientras esperaba había estado recordando de nuevo aquella temporada tan gris que había pasado con Usako, meses y meses de recriminación mutua. Habían desenterrado demasiados cadáveres de su relación en temas de expectativas y confianza y aunque habían intentado hablar como personas civilizadas, en muchas ocasiones no lo habían logrado.

Y entonces solo dejaron de hablar de ello. La rutina volvió a sus días, Usagi se preparó para el examen de ingreso a la universidad mientras él aprovechaba cualquier oportunidad para mejorar su currículum académico después del fiasco del intercambio.

Sus momentos de pareja habían vuelto también, salían a citas, al cine, al parque, a ver películas en casa. A veces, cuando los Tsukinos no estaban, Usagi se quedaba a dormir en su departamento.

Sin embargo ahora Mamoru también se daba cuenta que las cosas realmente habían parecido normales solo en la superficie. Los besos no llegaban tan fácilmente a intimidad, como antes lo hacían, sus manos no estaban permanente unidas mientras tomaban sus caminatas y sus conversaciones no fluían con la naturalidad de antaño. Usagi ni había vuelto a inventar una pijamada en casa de Rei para poder pasar la noche con él.

¡Recordó cuando la renuncia de Usagi le había tomado por sorpresa!

Y ahora esto… sus ojos evitando enfocar el periódico que yacía sobre la mesita de centro.

Mamoru se tensó en cuanto escuchó el cerrojo, pero no hizo ademán de ponerse de pie para recibir a Usagi. La rubia escaneó el salón para buscarle y al verlo sentado en el sillón con una taza de té en sus manos, no pudo evitar sentir como se le hundía el estómago.

Mamoru tenía esa expresión neutra y serena, pero sus ojos mostraban tantas cosas: enfado, decepción, tristeza. Incluso no podían enfocar a Usagi por mucho tiempo, Mamoru le retiró la mirada para ponerle atención a su té.

—Mamo-chan —fue la manera en que Usagi saludó al sentarse frente a él. Notó que también había una taza lista esperando por ella pero lo que realmente llamó su atención fue el periódico arrugado que estaba a lado de la bebida.

Era la sección de espectáculos, una nota pequeña se leía en la esquina inferior.

"¿El cantante Seiya Kou tiene un nuevo romance?

La noche del sábado se celebró la fiesta anual de la agencia New Idols en el club nocturno Black Moon, en el distrito de Shibuya; con un desfile imparable de diversas estrellas del mundo del entretenimiento.

Llamó la atención la llegada del recién aparecido Seiya Kou, ex integrante del trío Three Lights, que llegó de la mano de una guapa rubia [continua en página 6]"

—¿Algo que quieras decirme Usako?

Usagi miraba atónita la fotografía de Seiya y ella, tomados de la mano, mientras salían del automóvil hacia la entrada del club. Cuando encontró la nota completa palideció, había más fotografías de ellos bailando, de ellos hablando en los pasillos de aquel club de una manera muy cercana, de ellos sintiéndose mutuamente. Cuando terminó de analizar aquellas imágenes estaba convencida que no podría hablar con Mamoru de la manera en que ella había planeado hacerlo.

Un suspiro audible de su novio, que demostraba impaciencia, la forzó a mirarle.

—Lo que ves en las fotografías fue lo que sucedió. No más.

Usagi se sentía terriblemente culpable de omitir el intento de besarla que Seiya había cometido; aunque una voz dentro de ella le decía que lo había detenido a tiempo. No había crimen.

Mamoru hacia ademán de empezar a hablar pero se detenía antes de que las palabras salieran de su boca. Se notaba que no sabía por dónde empezar. Hasta que finalmente declaró:

—Sientes algo por él —Mamoru no lo dijo como pregunta, lo cual fue notado por Usagi, que ahora arrugaba de manera ansiosa la bastilla de su vestido. —¿No es así? —había esperado que Usagi lo negara todo de inmediato. Su silencio había sido estremecedor.

Usagi bajó la mirada hacia su taza de té que aún no tocaba. Reuniendo todas sus fuerzas decidió que era hora de decirle todo a Mamoru, sacando nuevamente valor de lo más recóndito de su ser.

—Sí, es verdad que me siento atraída a él de una manera muy particular.

—Tal vez no se han besado o lo que sea pero no puedes decirme que no ha sucedido nada. Necesito que me cuentes todo desde el principio, por favor. —la voz de Mamoru ya no sonaba ecuánime, sino que se había convertido en un ruego por entender finalmente.

Usagi le platicó absolutamente todo: cómo se habían conocido en el parque durante la grabación de una novela, cómo habían llegado a su escuela preparatoria y Seiya había tomado el pupitre de su espalda. Le contó sobre la vez que habían ido de campamento, cuando había ido a su casa como su guardaespaldas o como cuando habían ganado el partido de softbol ante una de sus más acérrimas fanáticas. Le platicó a detalle aquella "cita" que tuvieron en el parque de diversiones y por supuesto que le dijo todo lo que había pasado después de que descubrieron mutuamente sus identidades de senshis.

Le dijo como Seiya la había salvado utilizando su propio cuerpo de civil como escudo y como las otras Starlights y las Outters habían conspirado para que dejasen de verse.

Le contó sobre aquella tarde lluviosa en la terraza y como le había confesado que se había enamorado de ella en su último backstage. Le dijo también como Seiya había sido su confidente en su soledad, en como solo él sabía que él no le había escrito ni llamado y cómo todo eso le afectaba.

Y no escatimó en detalles como había estado a punto de dar su vida, varias veces, mientras la protegía de los voraces ataques de Sailor Galaxia.

—Yo no sabía que volvería a la Tierra. Una noche apareció en mi casa y me dijo que había vuelto de manera indefinida. No sé mucho, sé que Kinmoku ha tenido problemas en su reconstrucción y que tuvo que huir. Él está intentando hacer una vida normal aquí ahora y me ha estado ayudando por las tardes a entrenar.

—¿Entrenar?

Usagi suspiró, su garganta estaba cansada de hablar y de aguantar las ganas de llorar en ciertas partes de la historia que le habían traído amargos recuerdos.

—Quiero recuperar mi transformación Mamoru. Me ha estado acompañando a entrenar física y mentalmente para volver a activar el Cristal de Plata.

—¿Y por qué no me habías dicho eso?

Usagi decidió finalmente tomar su té, que ya estaba bastante frío, pero necesitaba hidratación y algo para mantener las manos ocupadas.

—Tú… a veces siento que tú piensas que todo se resolverá cuando Tokyo de Cristal comience.

—No entiendo porqué tú no le tienes fe al futuro que ya conocemos.

Usagi se levantó del sofá, de pronto había sentido la necesidad de caminar para quemar energía, o tal vez era para evitar en lo posible la mirada desaprobatoria de Mamoru.

—¡Porque me aterra la idea de que sea inevitable! —explotó— te lo dije, no entiendo cómo se supone que debo ser Reina en unos cuantos meses si en este momento no me siento bien conmigo misma. No sé que haré cuando llegue si sigo sintiéndome así de… de impotente —Usagi se limpió con su suéter las lágrimas traicioneras que siempre le encontraban. —Cuando acabamos con el Caos lo perdí todo, ¿no te das cuenta? Perdí mi transformación, perdí a Chibi-Chibi, perdí a Seiya y te perdí también a ti.

Mamoru seguía sentado, con sus manos descansando sobre su barbilla, sus ojos mostraban ya lágrimas también.

—¿Cómo que me perdiste también a mi?

—¿No recuerdas aquellos meses? Peleábamos todo el tiempo. Yo de verdad siento que jamás te recuperé, no al Mamoru que eras antes de irte.

—¿De verdad sigues culpándome por decidir estudiar en el extranjero, Usako? —su garganta empezaba a cerrarse y eso era como una bofetada para la rubia. —Yo más bien ahora entiendo porqué tampoco te recuperé jamás a ti. Te enamoraste de Seiya, es obvio, y querías que yo lo reemplazara pero no somos iguales y eso fue frustrante para ti.

Usagi detuvo su caminata ansiosa alrededor del departamento, analizando con horror las palabras que acababan de salir de la boca de Mamoru.

—Lo veo ahora Usako. Él logró conectar con aquellas partes de ti con las que yo tengo dificultad. Él se ocupó de llenar el vacío que sentías y cuando él se fue y yo volví querías continuar conmigo en donde te quedaste con él. Jamás pude volver a ti, Usako, jamás tuve oportunidad.

—¿Qué estás diciendo?

Mamoru pasó con desesperación su mano temblorosa por toda su cabellera, masajeando su cabeza que palpitaba por dentro de su cráneo. No podía creer lo que estaba a punto de decir, las palabras saliendo de él casi sin su permiso:

—Necesito que pienses muy bien lo que quieres para tu futuro, Usako. Necesito que me aceptes a mi, por lo que soy verdaderamente y lo que represento… o si lo prefieres a él, bueno, yo deberé de entender. Lo haré, te lo prometo.

—Mamoru…

—Por favor, tomémonos un tiempo para pensar, yo también lo necesito. Te dejo en libertad para que tomes tu decisión.


Gracias a todos los que siguen esta lectura!