Bueno, este capítulo es más cortito, pero tiene muchos secretos aireados y momentos tiernos o duros... Avanzamos poco a poco.
La chica secreta
3
El primer problema en la habitación de maquillaje llegó una semana después. Cuando Sakura y Hinata consideraban que ya podían sentirse con más seguridad en su puesto. Acomodándose a nuevos horarios que más de una vez les ocasionó insomnio. Comidas a horas que no estaban acostumbradas y relaciones con otras personas demasiado tensas por temor a hablar de más.
Ino y los padres de Hinata habían llamado diversas veces para preguntar por ellas y ambas aseguraban encontrarse bien y dispuestas.
No era del todo mentira.
Sakura finalmente había organizado su habitación con ayuda de Hinata, quien era más diligente que ella en esos asuntos. A su vez, Hinata se había propuesto ignorar a Naruto lo más que pudiera alejándose de su presencia para no sucumbir a ese lado oscuro que no deseaba dejar salir.
Por ello, Sakura solía ser quien se encargara de las reuniones con Uzumaki o cada vez que acudía junto a Sasuke para sus sesiones.
Sakura y Hinata estaban de acuerdo en que él como hombre era mucho más agradable que su versión mujer. No podían negar que no sentían curiosidad a cuenta de qué estaba sucediendo y cómo era capaz de suceder todos los días frente a sus ojos y que nadie les dijera nada. Ni una sola explicación lógica.
Sasuke mujer solía tener malas palabras hacia ellas a medida que los días pasaban. Las juzgaba con la mirada y las acusaba de ladronas o sucias. En especial, empezó a tomarla con Sakura y su color de cabello. Por regla general, Naruto siempre acudía a tiempo, antes de que sucediera algo más, pero últimamente, ella hacía más caso omiso a sus órdenes.
Hasta el momento en que decidió dejar paso a las acciones y menos a las palabras. Por ello, la aferró con fuerza de los cabellos y tiró con tanta brusquedad que Sakura perdió el equilibrio, cayendo al suelo de costado y tirando parte de su tabla de maquillaje al suelo.
—¡Eres asquerosa con ese cabello!
—¡Sasuke, suéltala! —ordenó Naruto.
Sin obedecer, Sasuke aferró una de las brochas dirigiéndola hacia sus ojos.
—Me pregunto qué cara se te quedaría de faltarte un ojo.
—¡Por favor, no! —exclamó Hinata aferrándola del brazo. Sasuke la miró estupefacta, forcejeando con ella—. ¡Deja a Sakura!
—No me toques con esas sucias manos de prostituta —escupió Sasuke con los dientes apretados de ira.
Esa vez, Naruto llegó a su altura y logró quitársela de encima. Sakura, todavía en shock, les dio la espalda y se acarició el cabello con claro espanto. Hinata aferró la brocha bruscamente, quitándolas de las otras manos femeninas. No iba a ser amable con alguien que no lo estaba siendo con su mejor amiga.
Tomó aire para intentar controlarse y sacar de su mente las ganas que tenías de apartar a Naruto y golpearla para enfocarse en Sakura. Esta la aceptó enseguida. Mantenía el ceño fruncido y se tiraba de la punta de los cabellos revueltos. Sakura solía levantarlos en una coleta alta o moño descuidado mientras trabajaba al igual que ella. O usar diademas de tela.
Pero para Sasuke fue fácil llegar a él.
—Te he dicho un montón de veces que no puedes atacar a las chicas que trabajan en ti y si retrasas el trabajo, luego él lo pasará mal por tu padre. Compórtate.
La voz de Naruto era firme y lejana, claramente, marcando una distancia entre él y la mujer. Hinata sintió ganas de reírse. Era experto en hacer eso, al parecer.
Sakura tomó aire también y se pasó las manos por los cabellos hasta aferrarlos en una coleta esa vez. Su mirada firme había regresado a sus ojos.
—Terminemos, el tiempo se agota —anunció volviéndose hacia ellos—. ¿Vas a dejar que te arreglemos o quieres seguir peleando? Porque a mí me pagan por arreglar tu rostro, no por soportar tus golpes incoherentes.
La firmeza de sus palabras pareció sorprender a ambos, pues Sasuke se separó y aunque ambas mantuvieron una reticente distancia con ella, lograron terminar su trabajo. Que Naruto no se mantuviera alejado como solía hacer también ayudó.
Al finalizar, Uzumaki la aferró del codo para alejarla, pero Sasuke se detuvo para asir del brazo a Sakura.
—Cuando esto termine, me encargaré de ti —prometió.
Sakura se soltó bruscamente y le mantuvo la mirada hasta que Naruto logró sacarla fuera del estudio. Aunque ambas la siguieron a una distancia prudente, intranquilas, procuraron tener la oportunidad de alejarse de sus garras.
—Creo que esto tiene relación con su versión masculina.
Hinata, que abría el maletín en la sala de espera tras el escenario, la miró.
—¿A qué te refieres?
—Pues… quizás es algo estúpido, pero creo que es porque cada vez que cambia de mujer a hombre al final, Sasuke siempre se aferra a mi cabello como la primera vez, como si fuera algo diferente a lo usual. Creo que ella sabe de esa fijación y quiere destruirlo.
—Sakura —advirtió Hinata frunciendo el ceño— ¿Recuerdas lo que dijimos el primer día?
—Lo sé —asintió la maquilladora—. Pero hasta ahora ella no había hecho nada por lastimarnos más que las palabras y que justo sea mi cabello lo que la molesta, me da a entender que hay ese enlace.
—No, no —descartó tomándola de las manos—. Dijimos que no íbamos a inmiscuirnos ni buscar un motivo por el que esto pasa o las acciones de ella… de él… ¡Como sea! —exclamó preocupada—. No sigas pensando lógica. Te ha atacado. Te darán un plus este mes y es lo que importa. Nada más.
—Sinceramente, Hinata tiene razón.
Ambas mujeres miraron hacia la puerta abierta. Naruto se encontraba en ella cruzado de brazos. En su mejilla había marcas de uñas recientes.
—¿Te ha arañado? —cuestionó Sakura sorprendida.
—Es costumbre —descartó él pasándose el pulgar—. Siempre que algo la irrita, explota de esta forma. Hoy lo ha pagado contigo.
—¿Y el detonante es algo en especial?
—Sakura. —Hinata le pellizcó el brazo con intenciones de sacarla de ese rumbo.
—Ay. ¿Qué? Quiero saber por qué diablos me ha pegado —protestó.
—No, no quieres saberlo —regañó Hinata.
Naruto suspiró, antes de que ambas comenzaran a discutir o lanzarse miradas de advertencia y protesta.
—Es porque cree que nos estamos acostando.
—¿Qué? —exclamaron a la par clavando la mirada en él.
Naruto no pareció para nada alarmado.
—Tiende a creer que me acuesto con las estilistas. Especialmente, si alguna vez nos ve hablando o muy a menudo.
—¿Os ve? —cuestionó Hinata dudosa.
—Todo lo que ve Sasuke ella lo sabe. Al fin y al cabo, son la misma persona. Aunque su carácter femenino sea una mierda comparado al masculino, sigue siendo él —explicó Naruto encogiéndose de hombros.
—Y ha visto que hablamos mucho por trabajo —añadió Sakura cruzándose de brazos.
Hinata se llevó una mano a los labios, aterrada.
—Es culpa mía entonces.
—No lo es —descartó Naruto—. Ella sola se monta sus películas.
Hinata negó repetidas veces, alejándose mordisqueándose la uña. Sakura levantó una mano hacia el hombre y la siguió.
—Hinata, no es tu culpa. Ella no podía saber la situación. Es cosa de su mente, nada más.
—Pero…
—¿De qué situación estás hablando? —cuestionó Naruto a lo lejos. El condenado tenía buen oído—. No os cerréis en banda. Si ha ocurrido es mi deber saberlo.
Hinata guardó silencio; Sakura no.
—Gracias a tu amable actitud hacia ella, Hinata se vio en la necesidad de no ser participe de encuentros contigo.
—¡Sakura! —exclamó Hinata desconcertada por su sinceridad. Aunque era obvio que había evitado soltar esa parte oscura secreta.
—No, las cosas claras. Parte de la culpa es de él. Si el trabajador no se siente cómodo con la superioridad nunca podrá trabajar bien. En este grupo somos dos y soy la que se acercó a él más. Por ende, Sasuke ha pensando lo que no era. No tenemos por qué aguantar sus celos injustificables.
—Tienes razón —aceptó Naruto pausadamente—. Sin embargo, me temo que cuando firmasteis los contratos, así fue. De ahí el plus de peligrosidad. Por otro lado.
Se acercó hacia Hinata tanto que pudo percibir el olor de su colonia.
—Si tienes problemas conmigo, mejor que lo hablemos en vez de escurrir el bulto. Sakura no puede estar siempre salvándote el trasero. ¿De acuerdo? Tus problemas, a mí.
Hinata agachó la cabeza, obediente.
—De acuerdo.
—No te estoy regañando —añadió ladeando la cabeza—. Pero quiero que queden claros los puntos entre nosotros. Soy vuestro responsable.
Ambas asintieron y él se cruzó de brazos.
—Hay una línea que claramente no voy a cruzar, pero la laboral siempre está ahí. Mételo bien en tu cabeza.
Ella tragó y asintió una vez más.
—No te estoy escuchando.
—Oye, no la presiones —advirtió Sakura. Él le dedicó una mirada y ella levantó las manos automáticamente—. Vale. Yo lo decía por tu bien, nada más.
Naruto volvió a centrarse en Hinata, quien empezaba a sentirse acorralada. Desviaba la mirada de un lado a otro, inquieta. Sakura se percató de que sus manos empezaban a tensarse y no tardaría mucho en despertar.
Sin embargo, la suerte para los tres quiso que la puerta se abriera. Naruto miró hacia ella al instante. La música continuaba sonando abajo en el escenario, así que no se trataba de Sasuke.
—Señor Uchiha —saludó enderezando la espalda.
El hombre hizo una mueca para indicarle salir y sin dudar, obedeció. Una vez a solas, Hinata soltó el aire que había retenido. Sakura se acercó rápidamente a ella para sostenerla.
—Un poco más y hubieras estallado.
—Sí —reconoció con los ojos llenándose de lágrimas—. Definitivamente no puedo estar delante de él sin que me afecte. Él cree que lo hago por desacatar sus órdenes, pero es que…
—¿Y si se lo contamos?
—¿Qué dices? —cuestionó avergonzada—. ¡Pensará que estoy loca! O que soy un monstruo o que…
Sakura levantó una ceja inquisitiva.
—¿En serio? —cuestionó cruzándose de brazos—. Creo que ambas hemos visto a un hombre convertirse en una mujer cada noche y luego, volver a ser un hombre al terminar esta. ¿Crees que lo tuyo es más extraño?
Hinata lo sopesó, apretando los labios.
—Visto así…
—Puede que sea hasta algo mejor —dijo Sakura—, porque Naruto aprenderá a tratarte y quizás puedas comenzar a tener una mejor actitud frente a él. ¿Qué te parece?
—Pues… podría intentarlo —musitó.
La puerta volvió a abrirse y tanto el jefe de seguridad como el patriarca de los Uchiha entraron. Se detuvo frente a Sakura para observarla con detenimiento.
—He escuchado que te ha atacado.
—Sí —admitió Sakura dudosa. No esperaba una disculpa.
—Te agarró del cabello. ¿Cierto?
Asintió, confusa.
—Quizás sea mejor que lo cortes.
Y tal y como lo dijo, les dio la espalda para marcharse. Naruto mantuvo la cabeza inclinada y los dientes apretados.
Sakura estaba tan atónita que apenas pudo gesticular palabra.
—Qué injusto —farfulló Hinata.
—Eso es lo que implica trabajar en esta casa —susurró Uzumaki—. Y sólo conocéis la guinda del pastel.
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¿Por qué diablos le había dicho a Sakura que ella podía hacerlo sola? Quizás porque la había visto tan desolada por lo sucedido que no se atrevía a llevarla consigo a ese nivel. Debía de ser fuerte y admitir algo que sólo había mantenido en secreto durante años. Sus padres, hermana y Sakura eran los únicos que conocían todo al cien por cien. Aunque siempre tuvo miedo de que lo que ocurrió años atrás surgiera a la luz.
Tomó aire para despejar su mente y golpeó con los nudillos la puerta frente a ella.
Esperaba que Sakura tuviera razón.
—Adelante.
La voz de Naruto llegó a través de la puerta, firme y afirmativa. Se adentró con cautela para encontrárselo sentado delante de una mesa, con papeles desperdigados delante de él, un bolígrafo entre los dedos y el ceño profundamente fruncido. No llevaba chaqueta, así que podía ver al completo la forma en que su camisa se amoldaba a sus músculos, casi como si necesitara una talla más.
—Ah. Hinata —nombró al reconocerla—. Cierra y pasa. Leí tu mensaje.
Ella obedeció mientras su mente cavilaba la forma correcta de contar algo que siempre la había acomplejado.
—Siéntate —invitó. Una vez se aseguró de que estaba cómoda, apoyó las manos bajo su barbilla y clavó su mirada en ella—. Soy todo oídos.
—Yo… he… Bueno, no sé por dónde empezar —confesó—. Quizás disculpándome por lo sucedido en la sala de espera. Me refiero al primer día —añadió cuando él empezó a tensar los hombros—. Reconozco que hemos obrado mal dejando a Sakura al cargo de todo y que eso haya creado problemas hacia Sasuke. Y sé puede sonar a excusa, pero hay una razón.
—¿Cuál? —se interesó él, dándole la oportunidad.
Ella se lamió los labios, se miró las manos y revisó los alrededores de madera. Nada. No había escapatoria.
—Cada vez que estoy cerca de ti despiertas algo en mí.
Naruto se echó hacia atrás elevando las cejas. Sus grandes manos apretaron la madera.
—No está permitido que el jefe de seguridad y una de las estilistas…
Hinata tardó en comprender y cuando lo hizo, enrojeció terriblemente.
—¡Oh, no, no! —negó repetidas veces—. No es eso. Yo no… no sé si está enlazado a eso, pero cada vez que está delante de mí, siento otra sensación. Sé que sonará a locura, pero…
—¿Más loco que ver a un hombre convertirse en mujer? —inquirió.
Ella sonrió al recordar las mismas palabras que Sakura.
—Tengo doble personalidad y mi personalidad despertada es muy peligrosa. Tiene diferentes fases, además. Y… Por ello poseo una fuerza que no es natural para las mujeres. No, al menos, las nacidas dentro de mi clan o de clanes en los que todavía se esperan ciertas cosas.
Naruto guardó silencio, frotándose el estómago con la palma de la mano.
—Ahora entiendo por qué fuiste capaz de hacer lo que hiciste.
—Lo siento —se disculpó.
Él comenzó a desabrocharse la camisa.
—Estas marcas no desaparecen —dijo al mostrar la marca de su palma en su carne—. He recibido palizas de muchas personas y mis chicos no son nada dulces a la hora de entrenar, pero nunca se han quedado tanto tiempo los morenotes en mi piel.
—Eso es… Sí —reconoció—. Es parte de mi habilidad.
—¿Es algo del clan Uchiha o sólo tuyo?
—Sólo mío —respondió inquieta—. Si es cierto que me educaron en la defensa personal como hija de una familia rica. Creo que eso ya debe de saber cómo es.
—¿Qué hay de Toneri?
Hinata no pudo evitar chasquear la lengua y cubrirse la boca después, avergonzada. Pero la boca de Uzumaki se extendió en una mueca relajada y divertida.
—Tampoco me cae demasiado bien —confesó él—. Hace años intentó robar el secreto del clan Uchiha. El misterio tras el hecho de que Sasuke se convierta en mujer, pero le detuve a tiempo.
—Ouch —soltó estirando los labios en una sonrisa—. Siempre ha sido muy orgulloso, así que eso seguro que le ha dolido.
—Lo importante es que aprendiera la lección. Aunque sigo preguntándome por qué quieren este secreto teniéndote a ti.
Notó que se congelaba. Aquella pregunta podría hacerla parecer especial y preciosa para su clan. No era así. Tristemente, sólo estaba sumergida bajo secretos por su seguridad y la de los demás.
—No es algo tan majestuoso como lo de Sasuke —dijo apretándose los labios. —Sólo soy yo golpeando a las personas.
—Intuyo, sinceramente, que hay algo más —dijo él inclinándose hacia delante. Todavía llevaba la camisa abierta, así que Hinata pudo ver perfectamente cómo su vientre se contraía ante la postura—. ¿Por qué conmigo y no con otros varones? Porque te he visto hablar con Kakashi y no parecías actuar de ninguna forma diferente.
Eso fue como ponerse contra las cuerdas. Pensaba contarle a cuenta de su personalidad, no de los motivos por lo que despertaba con él.
—Eso yo… no lo sé —mintió. Esperó de todo corazón que no volviera a preguntarle.
Pero Naruto se echó hacia atrás, guiñando los ojos.
—Supongo que también hay misterios como en todas las familias. Al menos, ahora ya sé el problema e intentaremos solucionarlo —sopesó dando golpecitos con la punta de los dedos en la mesa—, pero tenemos que hablar. Siempre que necesites algo, has de decírmelo. No enviar a Sakura. Lo que dije antes va en serio. Soy vuestro responsable, así que úsame.
Al instante que esas últimas palabras escaparon de su boca, sus ojos se activaron. Notó el dolor en ellos, que su visión se agudizaba. Él se puso en pie automáticamente.
—Chocolate —dijo justo antes de desmayarse.
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Sentada cerca de las flores negras que no debía de tocar, Sakura se tocó la punta de los cabellos. Era tan extraño después de tantos años llevarlo corto que sentía ganas de llorar. Había esperado algo empatía por parte de Fugaku Uchiha al enterarse de que su hija la aferró de ellos, pero le dio poca importancia y la instó a cortárselos. Incluso después apareció Kakashi con una peluquera interna del clan. Pensaba pedirle a Hinata que se encargara de ellos, dándole un toque diferente, pero se adelantaron a sus pensamientos justo cuando esta no estaba.
Cuando se había mirado al espejo no se había reconocido. Sí, podía ver sus ojos y sus facciones, pero de alguna forma su cabello largo ya no estaba y era parte de su decisión y tiempo.
Y ahora debía de acostumbrarse a ello por ser parte del trabajo.
—Lo has cortado.
Dio un respingo al escuchar la voz. Miró a su alrededor hasta que se percató de que provenía de la ventana. Sasuke Uchiha estaba sentado en ella como el primer día en que se conocieran.
Sakura tragó y asintió.
—Sí. Es mejor para el trabajo.
—Para que ella no te atrape.
Pudo notar que su gesto era de culpabilidad, pero cuando agachó la cabeza, el cabello cayó sobre su rostro, cubriéndolo. Se incorporó y caminó hasta su altura y lentamente, retiró su cabello. Levantó sus ojos hacia ella, sorprendentemente tímido, que sacó una sonrisa afable de ella.
—¿Ya no te gusta?
—No debería de gustarme.
—¿Por ella?
Él asintió.
—Me da igual ella —soltó entrecerrando los ojos—. Quiero que te guste a ti. Si no te gusta, está bien, eso sí.
Él se lamió los labios, miró a su alrededor y bajó la voz.
—Me gusta. Ese color.
Su boca se abrió en una sonrisa más profunda y agradecida.
—Te lo agradezco. Me has ayudado mucho al decirme esto. ¿Sabes? —Él pareció dudar—. Llevaba muchos años con el cabello largo y me gustaba. Y ahora es algo nuevo que me hacía sentir solitaria de alguna forma. Así que, gracias.
Se llevó un mechón del oscuro cabello a los labios y lo besó, sonriendo.
—Algún día me gustaría verte con el cabello corto. Seguramente, estarás muy guapo.
Notó que sus mejillas enrojecían. Se resbaló por la ventana y ante una atónita Sakura cerró las persianas. Ella se quedó mirándolas durante un momento antes de volver a sonreír.
Definitivamente, Sasuke era mujer mucho mejor que su versión mujer.
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Naruto le entregó la barrita de chocolate antes de cerrar la puerta del dormitorio femenino y retomar su camino. Se guardó otra barra en la chaqueta y sopesó la idea de tener que apuntarse otra tarea más y llevar siempre consigo algo de ese valioso ingrediente que podía salvarle la vida.
Nunca había visto a nadie tener esos ojos. Ni activarse de esa manera. Nunca había visto a nadie con ganas de comérselo de esa forma. Ni siquiera a Sasuke.
Este mundo, definitivamente, está lleno de cosas raras, pensó.
—Es hora de ir a dormir y que despierte el servicio matinal —recordó al pasar junto a uno de sus hombres—. Id a descansar. Y dejad a las estilistas dormir tranquilas. ¿De acuerdo?
Kakashi, quien estaba ahí, asintió.
—Parece que te preocupas mucho más por ellas que por las demás. ¿Éstas te caen bien? ¿No tienes ganas de comértelas?
—No voy a comerme a nadie —espetó irritado—. A dormir —ladró al ver que su hombre no se había movido.
Cabeceó negativamente y avanzó hacia el dormitorio de Sasuke. Este estaba ya acostado para su sorpresa. Entre sus dedos tenía un mechón rosado.
Continuará…
