Los Teen Titans y su historia no me pertenecen

N/A: Antes de que empiecen a leer este capítulo por favor chéquense el mito de Hades y Perséfone. Y el juicio de los muertos en el Inframundo. Aunque si quieren leerlo sin saber estos datos culturales, pues allá ustedes. Pero creo que no el entenderían.

4

El Príncipe de la Dulce Pena

"La tristeza es mi sangre

Y a su pena mi vera

Donde mora de pena

Donde muere de hambre"

En cuanto sus pies tocaron el suelo, colocó su mano en su pecho para separarse

--¿Estás loco?—se limpió la boca

--Lo disfrutaste, no lo puedes negar—Raven lo miró con odio—este es mi palacio—Hades señaló a su alrededor, incrustaciones de piedras preciosas lo cubría todo, eso a Raven no le sorprendió porque Hades es considerado el Rey de las riquezas minerales.

Era hermoso, todos los detalles eran finos y bien esculpidos, las ventanas hechas de vitrales, los candelabros eran de oro y velas negras, lo cual daba un aire gótico al lugar.

--Veo que te gusta—Hades la abrazó por detrás—todo esto puede ser tuyo…--acercó su boca a la oreja de Raven—sólo quédate conmigo—la chica se alejó

--No lo creo, puedes decirme qué demonios quieres, para que vuelva a casa

--Pero que aburrida eres ¿No quieres conocer nada?

--¿A qué te refieres?—cerca había dos tronos, Hades tomó asiento en uno de ellos

--Pocas personas vienen al Inframundo…vivas—sonrío sarcásticamente—y tú no lo aprovechas

--Eh…

--Sabes todo de mí, eso me queda claro, pero ¿no quisieras conocer a Caronte? ¿Cerberus?—Raven se mordió el labio

--Ya que lo mencionas…quisiera conocer a Perséfone—Hades se tensó inmediatamente y se levantó de un brinco, Raven no pudo reprimir una sonrisa

--No juegues conmigo

--Sólo quiero conocer a tu esposa—en menos de un segundo la tomó por el cuello y la estampó contra la pared

--Mi querida Raven, no provoques mi furia—la soltó

--¿Acaso tu esposa no sabe que estoy aquí?—fue todo, Hades intentó darle un golpe, pero Raven se escudó gracias a su telequinesia. Él se quedó ahí con los ojos inyectados de sangre, ella preparaba su cuerpo para otra embestida

--No importa, de todos modos ella no está aquí—de nuevo se sentó en su trono, Raven dudó…era cierto, era la época de la primavera—así que no tendremos interrupciones

--Explícate…--no pudo terminar pues un segundo después, la tierra comenzó a temblar. Algo se acercaba, algo grande…miró al dios, este tenía una sonrisa divertida. Entonces miró tras de sí; había leído que Cerberus era enorme, pero nunca se esperó ese tamaño. Colocó encima de Raven una solo pata, fue suficiente para que la chica terminara en el suelo, acerco sus tres hocicos a la chica…apestaban

--No, no Cerberus—dijo Hades incorporándose majestuosamente y caminando como un espectro hasta su mascota—no lastimamos a las visitas de papá aunque estás lo hagan enojar—acto seguido el perro retiró su pata, Raven se levantó—buen muchacho, ve a la entrada ya sabes que necesito que la vigiles. Bien ¿En qué estábamos?—la chica no tuvo tiempo de responder antes de que Hades la jalara del brazo hacía él

--Suéltame

--Me encanta cuando te enojas, te mostraré tu habitación

--Eh…que… ¿Habitación?

--¿O quieres dormir con Cerberus?

--No—su respuesta fue tan rápida que un segundo después se arrepintió de haberla dicho, quedó como una cobarde. Hades sonrió maliciosamente

--Eso pensé—el dios comenzó a caminar y ella detrás de él. Quería salir de ahí, pero… ¿Cómo? Nadie ha salido del reino de Hades con vida, a excepción de Orfeo. Pero…fuera de él… y eso por qué había hecho llorar al dios. Sino nunca hubiera salido—aquí estamos—abrió una puerta enorme de madera, apenas dieron un paso y los candelabros se encendieron. Se trataba de una pieza bastante grande, una cama con un dosel negro, un librero bastante provisto, un gran vitral que mostraba a un dragón y un ropero de madera—bien, en el ropero hay bastante ropa, espero que te cambies para cenar

--¿Cenar…?—ya se había ido, miró a su alrededor, admitió que no le molestaría tener una habitación así. Soltó un suspiro antes de tumbarse en la cama, no debía de comer nada perteneciente a ese lugar, sino se quedaría atada por siempre a Hades. Eso era lo que le había pasado a Perséfone, por no haberle hecho caso a Démeter.

Podría no ir a cenar, pero por otro lado estaba a expensas de Hades. No sabía que era capaz de hacer, lo mejor era…obedecer.

--¡--

Escogió un vestido que más se acoplara a su personalidad. Era de color negro, con rosas bordadas en filigrana de plata que iban del costado derecho, al otro lado de su cuerpo en diagonal. Justo acababa de vestirse cuando Hades llegó a la puerta, la abrió sin ni siquiera tocar. La chica se sonrojo ante la idea de que la estaba espiando

--Te ves preciosa ¿vamos?—le ofreció su brazo, que ella tomó con dignidad. El comedor era sólo para dos personas, se trataba de una mesa larga de caoba con dos sillas a cada extremo y un candelabro en medio. Hades muy cortésmente, ayudó a Raven a sentarse y luego él se dirigió a su lugar. Con un chasquido de sus dedos apareció un hombre, viejo, con barba y cabellos largos, y blancos; las costillas de su cuerpo eran visibles y sólo vestía un tapa rabos

--Caronte, por favor sírvele vino a nuestra invitada—obedeció y luego le sirvió a su amo. Raven se quedó viendo la fina copa de oro—Brindemos, por los pactos mágicos—el dios sonrió torcidamente esperando a que su "invitada" tomara la copa

--¿Me crees estúpida acaso?

--Para nada

--Sabes que no comeré nada

--Lo sé—seguía con su sonrisa—pero te quedan dos opciones o comes algo, o mueres de hambre. De cualquier manera serás mía

--No lo creo, tengo que ser sometida a juicio y…

--Ah por todos los dioses—sonrío aún más divertido--¿Tú crees que todas las buenas personas van a los campos Elíseos? ¿O qué todas las malas personas van al Tártaro? Hay unas que sí, otras que no. Pero esos tres siempre lo consultan conmigo antes de mandar al muerto a algún lugar…así que Raven, querida, serás mía de todas formas

--Esto no fue lo que acordamos

--Perdóname querida, pero no hemos acordado nada—esa fue la gota que derramó el vaso, se levantó—no hemos terminado de cenar

--No voy a cenar—comenzó a dirigirse a su habitación

--No he terminado de cenar—su voz se volvió imperiosa

--Termina solo—repentinamente apareció frente a ella, la tomó por los dos brazos

--Escúchame bien, nadie me deja cenando solo. Nadie que yo invité a mi palacio me dejará cenando solo

--Seré la primera—se zafó de él gracias a sus poderes—que disfrutes la cena Hades

Primero camino lentamente por el pasillo y un segundo después el miedo la invadió. Llegó jadeando a su habitación y se metió en la cama

--¿Qué estás haciendo?—se recriminaba—No puedes andar por ahí insultando al dios del Inframundo

--Lo mismo pienso—asomó su cabeza, estaba ahí, sentado en la orilla—Pero así eres tú Raven. Eso es lo que me gusta de ti—y acto seguido desapareció.


Hola, si me tarde en actualizar lo sé. Uno la inspiración no llegaba y dos la universidad ocupaba todo mi tiempo. Por cierto la estrofa del principio la tomé de una canción de Mago de Oz que justamente se llama el Príncipe de la Dulce Pena

Manfariel