II. POCIONES Y DISGUSTOS

A la mañana siguiente, después de haber pasado una mala noche, Harry lucía unas grandes ojeras. Bajó tarde a desayunar al gran comedor, donde Ron y Hermione lo esperaban para ir a clases. Harry, al igual que la noche anterior, solo mordisqueó su comida y tomó un poco de jugo de calabaza. Hermione, muy a pesar suyo, no comentó nada sobre lo inapetente que se mostraba su amigo, y para no verlo, sacó su horario.

- Tendremos defensa contra las artes obscuras hasta el miércoles. Ahora nos tocan dos horas de pociones. Bueno, es decir, yo...

- Está bien, Hermione. Puedes decirlo y no me sentiré mal. Te tocan dos horas de pociones. Es algo que no te envidio. Harry y yo tendremos que ir a ver a McGonagall. No tener pociones no es tan malo después de todo. No veremos mas a Snape - dijo Ron con cierta alegría - y tampoco tendremos mas de la aburrida Historia de la magia.

Pociones habia sido la materia menos preferida de Harry y de Ron. El profesor Snape parecía incrementar su odio cada año. Y este año en particular, a Harry no le hacía ninguna gracia tener que verlo, asi que al no tomar dicha clase sentia cierto alivio. Si Snape hubiese seguido dándole clases de Oclumancia a Harry, para evitar que Lord Voldemort se introdujera en su mente, Sirius seguiría vivo. Sabía que a Snape no le había dolido en lo más mínimo que Sirius hubiera muerto. Los dos hombres habían sido enemigos desde su época estudiantil, y parecía que el odio hacia los ahora muertos Sirius y James lo proyectaba con igual o mayor fuerza hacia Harry.

- Es mejor que nos vayamos ya – indicó Harry, tomando su mochila de mala gana - nos vemos luego, Hermione - se despidió dando media vuelta y dirigiéndose a la salida, sin esperar a Ron. Hermione noto el escaso alimento que su amigo habia ingerido y frunció el ceño, mirando a Ron. Este solo movio la cabeza, apesadumbrado. Ya habría un momento donde pudieran hablar con su el, o al menos eso esperaban.

Ron emparejó el paso a su amigo, en silencio. Sabía que cualquier comentario estaba por demás, ya que no recibiría respuesta alguna. Le dolía que su amigo sufriera así. Él y Hermione habían platicado largamente, y sabían que cualquier cosa que le dijeran, lo tomaría a mal, así que decidieron darle tiempo.

Así, sin más ruido que el sonido de sus pasos, los dos muchachos llegaron a la oficina de McGonagall, quien los esperaba sentada detrás de su escritorio.

- Buenos días, Weasley, Potter. Como sabrán, tendremos que discutir las materias que tomarán durante el curso. Sin embargo, me gustaría platicar a solas con cada uno de ustedes. señor Weasley, por favor espere afuera. Potter, por favor toma asiento.

Una vez solos, la profesora McGonagall miró a Harry con cierta pena y dolor. Fue solo un momento que al chico le pareció largo e incómodo. Detestaba inspirar lástima. Y si ella mencionaba a su padrino... de manera automática se puso a la defensiva.

- Potter, el profesor Dumbledore y yo hemos hablado ...
"Ahora soy tema de conversación?? El pobre de Harry está solo en el mundo de nuevo??" pensó Harry, con una respuesta pronta a salir de sus labios en cuanto escuchara mencionar lo que no quería oir.
- ... y ambos estuvimos de acuerdo en que los resultados de tu examen de pociones fueron excelentes, y que estuviste en el límite para sacar un Extraordinario, así que el profesor Dumbledore habló con el profesor Snape y éste accedió a tenerte en su clase, siempre y cuando muestres muy buenos resultados.

Pese a que las palabras con la profesora no fueron lo que esperaba, la noticia tampoco era de su agrado

- Con Snape?? Sabe que hará lo imposible para sacarme de su clase?? - exclamó en un tono agresivo, y casi saltando de la silla

- Potter – dijo McGonagall, sin permitir que el chico continuara - el profesor Dumbledore ha abogado por un alumno, algo que no había hecho en décadas. Así que tienes la OBLIGACIÓN - levantó la voz la profesora, recalcando la última palabra - de no defraudarlo. Esto es Hogwarts y lo ocurrido fuera del aula se queda fuera del aula. Entiendes? Por otro lado, tengo entendido, por nuestras conversaciones pasadas, que lo que quieres es ser Auror, cierto?, Pues pociones es una disciplina fundamental para lograr ese objetivo.

Harry lo entendía, es más, estaba plenamente de acuerdo. Pero su actitud defensiva no le permitía aceptarlo.

- Para el caso que tiene... a Snape no le conviene - murmuró para sí.

- Potter, si tienes algún comentario que hacer, agradecería que lo hicieras en voz alta - al no decir nada el chico, ella continuó - y si no tienes nada más que decir, puedes retirarte. Todavía puedes asistir a la segunda hora de pociones. Por favor, indica al señor Weasley que pase. - Harry se levantó sin decir nada y se dirigió hacia la puerta. - Y Potter - agregó la profesora, haciendo que Harry se detuviera y volteara a verla - En verdad, siento mucho la pérdida de Sirius.

Harry, que no esperaba ese comentario final, fijó la mirada en la puerta frente a sí, permaneció un momento en esta posición, asintió con la cabeza y salió de la oficina.

Más pronto de lo que hubiese querido, Harry llegó a las mazmorras. Estuvo varios minutos recargado en la pared antes de entrar. Sabía el regocijo que tendría Snape al humillarlo públicamente, y no tenía ánimos para enfrentarlo. Finalmente se decidió a entrar. El áula estaba en completo silencio y solo se escuchaba el gorjeo de los calderos.

- Si es Potter en persona - dijo Snape, haciendo que todas las miradas se posaran sobre el recién llegado - quieres decirme por que llegas tarde?

- La profesora McGonagall me indicó que podía tomar su clase.

- Efectivamente. sin embargo no es disculpa para que llegue a esta hora. Diez puntos menos para Gryffindor. Debo decir que me sorprende, y no gratamente, encontrarlo de nuevo en mi clase, señor Potter. Creí haberme librado de usted. - dijo dirigiéndose a Harry y mirándole a los ojos, sin disimular el odio que le profesaba. Harry apretó los puños y se le quedó mirando fijamente, sin decir una sola palabra. Sabía que tenía que controlar su mal carácter - le aseguro que tendrá oportunidades de sobra para demostrar si merecen estar aquí. Asì que, para empezar, si no termina la poción que estamos realizando, tendrá su primer cero del curso.

Los pocos alumnos que habían aprobado con Extraordinario el curso anterior de pociones, no llegaba a 10. La mayoría de ellos, como era de esperarse, eran de la casa de Slytherin: Hermione y Harry, de Gryffindor, Ernie McMillan de Huffelpuff, un estudiante de Ravenclaw, y Pansy Parkinson, Draco Malfoy y tres estudiantes más de Slytherin.
Harry escuchó las risas burlonas de Pansy y de Draco, coreadas por los otros estudiantes de Slytherin. Como era de esperarse, aún cuando las risas no fueron discretas, Snape no los reprendió. Sin voltear a ver a nadie, Harry se dirirgió rápidamente al lugar desocupado junto a la asombrada Hermione.
Las indicaciones de la poción a realizar se encontraban en el pizarrón. Era complicada, más que las de los cursos anteriores, y con la poca concentración que tenía últimamente, no se sentía capaz de completarla en la mitad de tiempo que los demás. "Tienes la OBLIGACIÔN de no defraudar a Dumbledore" las palabras de la profesora McGonagall resonaron en su cabeza. Y más por fuerza que por ganas, comenzó a trabajar.
La poción le quedo aceptable, tomando en cuenta las circunstancias. Al llevar el frasco al escritorio de Snape, incluso antes de llegar, éste dijo:

- Tienes un cinco, Potter.

- Si no la ha revisado!!

- Acaso me dirás que la terminaste?

Harry miró la risa burlona en los delgados labios de su profesor. Evidentemente, le faltó tiempo para que la poción reposara.

- Sabía que no. Hoy me has tomado de buen humor, ahora que casi todos los estudiantes mediocres que no saben elaborar una poción decente ya no están en este curso. Pero claro, es demasiado pedir que se fueran todos esos inútiles, no es así, Potter?

Parecía que Snape había esperado hasta que todos los alumnos se encontraran cerca del escritorio para pronunciar tales palabras. Como Harry lo había previsto, Snape no perdería oportunidad de humillarlo cada vez que pudiera. Hermione jaló del brazo a Harry y lo alejó apresuradamente. Sabía que el chico respondería agresivamente a cualquier situación.
Una vez fuera del áula, Hermione dijo:
- Harry, me da mucho gusto que estés en pociones... pero por qué te aceptó Snape? Solo acepta alumnos con calificaciones de Extraordinario

- Dumbledore habló con él - fue todo lo que contestó el chico.
Antes de que pudieran retirarse, Malfoy tuvo la oportunidad de fastidiarlos.

- Potter, Granger... Creí que nos íbamos a librar de su insoportable presencia este año. Al menos no trajeron al inútil de su amigo Longbottom. Lo dejaron regando sus plantitas? Y la sorpresa es que el mediocre de Weasley tampoco està aqui - los chicos de Slytherin comenzaron a celebrar el sarcasmo del rubio.

- Cierra la boca Malfoy... donde dejaste a tus gorilas? - respondiò Hermione, en un tono que reflejaba la rabia que sentía al verlo.

- No necesito a nadie que me defienda, sangre sucia... - le espetó Malfoy - qué te sucede, Potter? Por qué esa cara?? Parece que estuvieras de luto!!

Harry sintió una terrible furia llenando su ser. Cómo se atrevía ese idiota a hacer mención de la muerte de Sirius? Su papá, Lucius Malfoy probablemente le había hecho llegar la noticia, y seguramente la sacaría a flote cada vez que tuviera oportunidad. Sacó su varita y apuntó con ella al rubio.

- No vuelvas a repetir eso... - murmuró amenazadoramente sacando su varita, sin notar que Snape salía del áula a su espalda.

- Peleando tan pronto, Potter? Diez puntos menos para Gryffindor- dijo curvando sus labios en una sonrisa cruel - Que hacen aùn aqui?
Hermione tomó el brazo de Harry y se retiraron sin contestar. Los dos amigos se alejaron de las mazmorras y dirigieron a su siguiente clase: Encantamientos, donde ya los esperaba Ron. A pesar de ser la materia donde podían conversar, los tres chicos permanecieron en silencio: Hermione era la única que centraba su atención en las indicaciones del profesor Flitwick, mientras Ron y Harry, cada sentados a su izquierda y a su derecha respectivamente, se mostraban distraidos y sumidos en sus propios pensamientos. Su siguiente clase fue Transformaciones, y la profesora McGonagall, quien impartía esta clase, les advirtió que a partir de ese curso, las transformaciones incrementarían su nivel de dificultad. En el resto de las clases que tuvieron ese día, los profesores les habían comenzado a dejar muchos deberes, con lo cual se incrementaba el mal humor de Harry. Hermione y Ron aún dudaban en entablar conversación con él y sobre lo que había hecho sobre durante el verano.

Fastidiado después de un pesado primer día de clases, Harry llegó al gran comedor antes que sus amigos. Se había adelantado cuando Ron y Hermione comenzaron a discutir por una tontería. Ellos llegaron unos minutos después, ya sin pelear. Apenas se sentó a la mesa cuano Ron explotó.

- McGonagall debe odiarme!! – exclamó Ron. – Tomar clases especiales con Snape?? Y con los de quinto curso?? Cual es el punto?? – refunfuñaba el chico, que lo diría más alto si no fuera porque no deseaba que los demás se enteraran tan pronto – Saqué un TIMO en pociones. No es suficiente??

- Te servirá de mucho, y podrás tomar Infusiones y Antídotos Herbolarios, que no es tan pesada como pociones, pero que te permitirá obtener un EXTASIS...

- Está claro que soy malo en pociones, gracias por recalcarlo Hermione – replicó Ron, enojado y decepcionado a la vez.

- Infusiones y Antídotos no está tan mal, me hubiera gustado tomarla y no ver más a Snape – murmuró Harry, ante lo cual sus amigos olvidaron su pequeña discusión. Eran las primeras palabras no requeridas, pronunciadas desde esa mañana. Afortunadamente, no fue necesario que contestaran o siguieran el hilo de la conversación, ya que Ginny arribó escandalosamente a la mesa.

- Hola chicos – saludó alegremente – Que tal su primer día? El mío fue pesado, pero pudo haber estado peor, verdad hermanito?? – dijo burlonamente.

- Por que dices eso? – reclamó Ron – Que es lo que sabes?

- Yo no se nada!! – contestó en un tono de falsa inocencia – Ah, y ten cuidado donde dejas tu horario – dijo, mientras lo ponía sobre la mesa. Ron lo tomó y lo metió sin cuidado a su mochila. – Podría caer en malas, manos, sabes? – la chica ladeó la cabeza, al mismo tiempo que una sonrisa maliciosa se dibujaba en sus labios – Pero no te preocupes, lo más que yo haría sería chantajearte para no decirle a mamá.

Ron gruñó por lo bajo, sin que nadie le entendiera lo que decía. Durante el resto de la comida no hablaron mucho, en especial Ginny, quien comió rápidamente.

- Los veo en la torre más tarde. Grace y yo vamos a estudiar un poco – Harry levantó la mirada, lo cual no pasó desapercibido para Ginny - para no saturarnos con las tareas. Ah, ahí viene. Nos vemos!!

Grace esperaba a Ginny a unos metros de donde los chicos estaban sentados. Ella, con un casi imperceptible saludo, se despidió de él, al igual que lo había hecho en el banquete de bienvenida, le sonrió a Harry antes de salir del gran comedor, haciendo que éste la siguiera con la mirada hasta que salieron.

- Quien es ella?

- Ron, no sabes quienes son los amigos de tu hermana? Es Grace Ockham, de Huffelpuff. Va en el mismo curso que Ginny.

- Y por qué no la había notado? - preguntó Ron, con aire pensativo

- Debe ser porque solo te fijas en ti mismo – contestó Hermione, ligeramente malhumorada

- Es una chica muy callada. O lo era, hasta que conoció a Ginny. Pero yo si la había visto en algunas ocasiones – comentó Harry secamente.

- Me voy a la biblioteca. Alguien quiere ir conmigo o van a perder el tiempo haciendo reseñas sociales? – dijo Hermione bruscamente, levantando su mochila.

- Voy contigo – dijo Ron, algo turbado por la reacción de su amiga – vienes, Harry?
El chico asintió, tomó una rebanada de tostada y los siguió. Después de todo, como había dicho Ginny, no quería saturarse con las materias. Y menos ahora que tendría nuevamente a Snape.

El resto de la tarde los tres permanecieron en la biblioteca. A Harry le daba lo mismo estar en cualquier parte, y tomando en cuenta que detràs de los estantes se encontraba a salvo de las miradas de los pocos estudiantes que se encontraban en el lugar. Era un lugar perfecto para aislarse.
Durante la cena hablò muy poco y comió aún menos, y queriendo evitar a sus amigos, les dijo que se sentía cansado y se retiró temprano a su dormitorio.

- Casi no ha comido en el día!! - le dijo Hermione a Ron, visiblemente preocupada una vez que Harry se hubo retirado.

- Y no ha hablado sobre cómo se siente - dijo Ginny con pesar. Ron no contestó nada, pero el también se preocupaba por su amigo.

- Si sigue sin comer, le tendremos que decir a McGonagall - razonó Hermione

- El ya no es un niño, Hermione - replicò Ron

- Pero puede enfermarse!! Si es necesario, habrá que obligarlo a alimentarse!! Madame Pomfray puede darle algo, no sé, una poción estimulante o algo así!! - exclamó la chica. Ron nuevamente permaneció en silencio. Sabía que su amiga tenía razón.

- Démosle un día o dos - opinó Ginny - que no sienta que lo estamos presionando. Suficiente tiene con sus problemas, no creen??

Harry se encontraba solo en su habitación. Suponía que Ron, Dean, Seamus y Neville continúan en el gran comedor o en la sala común.

"Mejor, no tengo ganas de hablar con nadie" piensa. Se siente solo, y aún cuando sabe que sus mejores amigos se encuentran ahí para ayudarle, sabe que de alguna manera no lo comprenderán del todo. Ellos tienen a su familia, y el, a quien? Siente un nudo en su garganta, y le invaden unas ganas terribles de golpear a alguien... En eso, recuerda las palabras de Phineas Nigellus, el tatarabuelo de Sirius: "Los jovenes están convencidos de que tienen razón sobre todas las cosas... Como todos los jovenes estas convencido de que eres el único que seinte y piensa, el unico que reconoce el peligro..." Siente coraje contra todos y contra él mismo. Pero no, el tiene que ser fuerte, tiene una tarea que cumplir, aunque no le guste. Suspira, y con desgana se pone su pijama. Se sienta en el alfeizar de la ventana, y fija su mirada hacia el bosque prohibido. Desde esa misma ventana vio a Sirius en una ocasión, junto a Crooshanks. Parece como si eso le hubiera ocurrido en otra vida!! Y realmente fue en otra vida... Una vida donde el ignoraba el contenido de una profecía pronunciada cuando el solo era un bebé... Cómo le gustaría en ese momento ser cualquier otra persona, incluso un muggle!! Cómo quisiera ser un adolescente normal!! Sumido en estos pensamientos, no sabe cuanto tiempo pasa, cuando escucha voces acercándose a la habitación. Rápidamente se mete en su cama, se tapa hasta la cabeza y finge dormir.

- Está dormido? - susurra Neville

- Parece que si - dice Dean

- Dejémoslo dormir. Ha estado muy decaído estos días y tampoco ha tenido muy buen aspecto. No contestó las cartas que le envié!! Además tiene unas ojeras enormes!! - Les dice Ron a los otros.

Harry cierra los ojos con fuerza, y se siente peor por no poder compartir lo que siente con sus amigos. Siente que unas lágrimas están a punto de escaparse de sus ojos. Cierra los puños y los ojos con fuerza, mientras escucha cómo los demás se disponen a ir a sus respectivas camas. Poco a poco, el intranquilo muchacho se va quedando dormido. Tiene un sueño muy extraño... Está en la madriguera, con los Weasleys, Hermione y Sirius, y algunos miembros del ED. Están en el jardín, preparándose para comer. Hay música proveniente de no sabe donde. Es una fiesta por su cumpleaños. Buckbeack está a un lado, comiendo unas ratas muertas. La señora Weasley ha cocinado un pastel con la leyenda "Feliz cumpleaños", y le grita a Ginny para que le ayude a servir la comida. Todos se ven felices, y Sirius lo mira con orgullo. Una chica le pide que bailen después de cenar. La mesa está llena de regalos y Dobby le muestra una caja llena de calcetines, con los diseños más extraños que haya visto.

- Feliz cumpleaños, Harry!! - le dice Sirius, dándole un fuerte abrazo. Harry siente extraño, nadie le había dado un abrazo de cumpleaños, pero a la vez se siente muy feliz. Cuando se separan del abrazo, Sirius desaparece. De pronto la escena cambia. El cielo se obscurece y se da cuenta de que se encuentra en el cementerio donde murió Cedric. Unas tumbas llaman su atención y se dirige hacia ellas. Saca su varita y susurra "Lumos!". Acerca la luz a las inscripciones de las lápidas y lee los nombres: Sirius, Ron, Ginny, Hermione...

- Noooo!! - grita. - Ellos no están muertos!!!

- Estás seguro, Potter?? - dice una voz gélida detrás de él.

- Esa voz!! - piensa. Se da la vuelta rápidamente y a un par de metros ve a un hombre enfundado en una capa negra. Su rostro es pálido como la cera, y sus ojos parecen dos rendijas, que lo ven con profundo odio. Es Lord Voldemort.

- Crees que vas a escapar de mi? - le dice con frialdad - No siempre te van a ayudar tus amigos... No importa a cuantos más tenga que eliminar, voy a acabar contigo.

- No vas a matar a mis amigos!!! - Grita Harry

- No es necesario que lo haga, Potter - sonríe - Tu mismo me has ayudado. - le dice mientras señala la tumba de Sirius.

- NOOOOOOOOOOOOO!!!!! - Grita Harry, despertándose sobresaltado. Las sábanas de su cama se encuentran revueltas. Su respiración es agitada, y se encuentra empapado de sudor. Extiende su mano hacia la mesita de noche y se pone sus gafas. La habitación se encuentra a obscuras. Ron se mueve en su cama, pero sigue dormido. Harry siente que su corazón late como si hubiera corrido, y siente la boca seca. Toma un vaso que se encuentra en la mesita de noche y nota como el pulso le tiembla mientras se sirve un poco de agua. Se vuelve a acostar en su cama y se queda viendo hacia el techo de su cama de cuatro postes. Tratando de quedarse dormido.