CAPÍTULO 47:
PRELUDIO
Palacio Matriarcal
Laboratorio
"Destrúyelo, arrebátale el trono".
Palabras talladas en el duro concreto de las paredes, acentuando cada una de las letras con repetidos trazos que aumentaban el grosor de los bordes que conformaban la frase escrita con lo que parecía ser un trazo de metal viejo, proveniente del último ataque de ira que una desafortunada habitación había tenido que atestiguar y sufrir.
"Abajo Zenoheld y que viva el Príncipe Hydron".
-Pobre chico -. Musitó el antiguo comandante del ejército vestal con pesar.
Nunca creyó que vería el día en que el antiguo príncipe de su mundo se derrumbaría de esta manera, pero siendo testigo de los resultados de su último ataque de ira, supo que se equivocó.
No sabía con exactitud qué es lo que debió haber visto el rubio para explotar así. Lo único que sabían a ciencia cierta era que Mylene Farrow y Shadow Prove habían muerto en la última misión que les fue asignada, aparentemente, una trampa bien planeada por parte de los terrícolas había hecho este suceso posible. Lo último que Mylene logró reportar antes de su desaparición fue que los humanos y sus amigos "traidores" estaban conscientes del Sistema de Armas Alternativas. Parecía que Lync había logrado su misión después de todo, aunque no había vivido para ver su éxito.
Lo habría disfrutado profundamente, habría celebrado el éxito de sus hijos tanto como pudiera estando en un lugar así, pero ver como el chico Hydron había tenido que pagar tan cruelmente por este fracaso le impidió disfrutar la noticia.
No podía mentirse a sí mismo, sabía que el príncipe lo merecía, pero no podía evitar sentir lástima por él. Solo podía imaginar lo que debió sentir al esforzarse continuamente por ganarse la aprobación del loco de su padre, solo para que al final terminara siendo entregado al robot de castigo personal del antiguo rey; una máquina capaz de tanto dolor físico que la pobre víctima no tardaba más de un minuto en pedir clemencia.
Por fortuna o desgracia, habían logrado acceder a las cámaras del castillo desde el laboratorio y los gritos y el llanto de piedad habían perforado en sus oídos. No podía entender que clase de monstruo sería capaz de hacerle esto a su propio hijo, la sola idea de ver a cualquiera de sus pequeños en esa situación hacía que su sangre hirviera con furia.
Ahora, tratando de descansar en sus aposentos, Hydron parecía estar cayendo poco a poco en la locura, hablando solo con las paredes de su habitación mientras musitaba palabras apenas audibles. Por lo poco que lograban escuchar entre risas, llantos y susurros, las palabras "Lync" y "Volt" figuraban en la lista de murmullos que habían logrado distinguir.
Debía estar experimentando fuertes alucinaciones, un tormento proveniente de la culpa que debía estar sintiendo por haber arrebatado dos almas en búsqueda de un objetivo imposible.
En cierto modo, no pudo evitar recordar a su hijo antes descarriado.
Por desgracia para Hydron, él carecía de las motivaciones para hacer el mismo cambio que Keith en su vida.
El chico destrozó su habitación en un ataque de cólera, parecía estar tornándose poco a poco a la desesperación y al deseo de conseguir una nueva meta. Parecía haber entendido que jamás lograría complacer al monstruo al que llamaba padre, así que ahora pensaba destruirlo y arrebatarle su más grande deseo.
No debería sentir lástima por él, había asesinado a Volt, había encarcelado a su familia y había comandado un planeta inocente en nombre del maldito de Zenoheld; pero, aun así, no podía evitar sentir lástima. A pesar de todo, Hydron aún era un niño en el fondo, uno aterrado de su propio padre.
No se le ocurría un destino más cruel en el universo para un hijo, que tener como torturador a su propio padre.
-Parece que ya lo perdimos -. Comentó Joanna desde la silla de Clay, mirando el desarrollo de los últimos acontecimientos.
Parecía que el comandante se había perdido más tiempo del esperado en sus propios pensamientos. No se enteró del momento en que el rubio había llegado a su destino en el nuevo laboratorio de Clay para retar al anciano demente.
-¿Creen que pueda vencerlo? -. Preguntó Raxus desde el escritorio con curiosidad.
-Lo dudo. Si no pudo con Boriates, es imposible que pueda contra Farbros -. Respondió la peliazul con los brazos cruzados.
-Escuché que Farbros fue reparado. Excelente oportunidad para ponerlo a prueba, ¿no lo crees, padre? -. Retó el ojilila al anciano desde el nuevo laboratorio.
-¿Me estás retando a una batalla, niñito? -. Cuestionó Zenoheld mirando a su hijo cómo si le hubiera crecido una segunda cabeza.
-¿Por qué no? Si en verdad soy el perdedor que crees que soy, no debería ser muy difícil vencerme. Vamos, acepta el reto y veamos quién es el mejor -. Terminó el príncipe con su desafío.
Zenoheld no parpadeó durante los pocos segundos que vinieron después del reto de su hijo, se limitó a mirarlo fijamente antes de llamar a su mano derecha.
-Profesor Clay.
-Sí, señor -. Asintió el pelinaranja antes de posicionarse frente a la consola de control.
Hydron y Zenoheld no tardaron en desaparecer en una lluvia de múltiples colores que los hizo desvanecerse ante la mirada de los demás científicos.
-¿Podemos seguirlos? -. Preguntó Jormthan a su compañera.
-Sí, un momento -. Respondió la mujer tecleando una combinación en el tablero del laboratorio.
La imagen en las pantallas no tardó en cambiar nuevamente, la sala de investigación de Clay y su equipo se desvanecieron para ser reemplazada por una arena de combate donde padre e hijo se miraban fijamente desde lados opuestos del campo.
Eric ya había experimentado el dolor de tener que enfrentar a su propio hijo en una batalla así y no podía concebir la idea de que un padre, sin importar que tan loco estuviera, fuera capaz de acceder a algo así sin tratar de buscar una alternativa mejor.
Se había malacostumbrado al tipo de figura que esperaba que sus hijos respetaran y siguieran a tal punto que olvidaba con frecuencia que no todos los padres compartían sus métodos y muchos menos sus ideales.
-Jamás estuve más orgullo y feliz como el día que naciste. Por desgracia, resultaste ser una decepción para mí -. Declaró el anciano con frialdad y cinismo -. No mereces heredar mi trono.
¿Cómo podía ser así con su propio hijo? ¿Qué clase de vida debió llevar el rey para moldear a una figura tan despreciable como él? Solo podía imaginar el tipo de vivencias que debía albergar Zenoheld en su memoria y que forjaron a la horrible persona que tenían proyectándose en las pantallas del laboratorio.
Tenía que agradecer a Clay por su necesidad de mantener todo el lugar bajo estricta vigilancia desde el laboratorio. Gracias a sus locos deseos podían enterarse de cosas que normalmente les serían ajenas en su situación. También tenía que agradecer a Joanna por manejar tan hábilmente este equipo, le avergonzaba profundamente admitir que no entendía muy bien cómo funcionaba toda esta maquinaria.
-Las fallas en tu vida son resultado de tu incapacidad para ser un líder -. Respondió Hydron con sorna.
Tenía que darle crédito, sabía cómo burlarse de su enemigo y tenía el suficiente valor para aplicar esa misma capacidad con un demonio como lo era Zenoheld.
-¡Golpe de poder!
La batalla comenzó, nuevamente un padre tendría que enfrentarse a su hijo, pero esta vez no había dolor por parte de ninguna de las partes. El hijo se había hartado de ser rechazado por el padre y derramaría su sangre, si no podía obtener su aprobación y su orgullo.
En el fondo, Eric no podía hacer más que sentir pena por Hydron, mientras se preguntaba continuamente cómo habrían sido las cosas para el joven príncipe si tan solo su padre se hubiera tomado la molestia de ser lo que toda figura en su posición debería ser. ¿Se habría convertido en un buen hombre? ¿Habría sido un buen rey para Vestal? Eran preguntas sin respuesta, pero al menos podían tener claridad de algo sobre el Príncipe Hydron: era un peleador comprometido.
Parecía que su rabia por su incapacidad para lograr la meta más grande de su vida y, al mismo tiempo, la más humilde; lo ayudaría a sobreponerse a este nuevo oponente.
Alguien debía detener a este monstruo cuanto antes y no se le ocurría una victoria más poética que esta. Le costaba creer sus propios pensamientos, pero una parte del comandante esperaba que este muchacho fuera capaz de ganar esta batalla.
-Farbros: 800. Dryoid: 700.
-Poder activado: Garra de Guirnalda -. Comenzó Zenoheld con su ataque.
-Poder activado: Cuchilla Murasame + Poder de fusión activado: Libélula Shou -. Contraatacó Hydro rápidamente al reconocer el ataque del rey.
Las garras en los hombros de Farbros salieron disparadas hacia Dryoid, pero éste no tardó en detenerlas con un corte de su espada de energía brillando en un llamativo azul turquesa.
Un par de explosiones gemelas cubrió la visión del Bakugan Pyrus. Los restos de sus garras se esparcieron por el campo de batalla, mientras que su oponente blandía su ojo con elegancia, siendo uno con el arma.
No estuvo nada mal. Por lo que sabía, Vulcan apenas había sido capaz de librarse del mortal agarre de Farbros, pero Dryoid lo había logrado de un modo que hasta lo hacía parecer como algo sencillo.
-Nada mal, ¿no crees? Deberías darme más crédito por mis habilidades -. Comentó el rubio con una sonrisa de orgullo en su rostro.
Como esperaban, lo único que obtuvo a cambio de sus palabras fue una risa burlona seguido de un nuevo poder que contrarrestar.
-Poder activado: Golpe de Hielo.
De los dedos de Farbros, dos grupos idénticos de rayos celestes emergieron con dirección a Dryoid. El Bakugan Subterra no se inmutó cuando una gruesa capa de hielo se formó a su alrededor, congelándolo en el acto; bajo la pequeña sonrisa burlona del peleador más joven.
-¿Qué es eso? ¿Guardas las cosas buenas para después? -. Se burló el rubio con tranquilidad antes de mirar a su Bakugan congelado -. ¡Dryoid, ya sabes que hacer!
Líneas rojas se formaron entre las ranuras visibles en el blindaje del Bakugan Subterra, las marcas color carmesí de su rostro metálico también se iluminaron debajo de una capa de vapor cada vez más densa. Un charco de agua se formaba a los pies de Dryoid, el cual no tardó en recuperar la movilidad de entre los residuos del hielo que lo cubrían.
-¿Qué es eso? No activó ningún poder -. Preguntó Jormthan desde el escritorio de Clay.
-Deben ser un sistema de control de temperatura. Una forma útil de controlar los poderes elementales de algunos Bakugan sin tener que usar poderes -. Respondió el comandante sin despegar su mirada de la pantalla.
No cabía duda de que Hydron había crecido desde su derrota a manos de Volt, aquel niño mimado parecía estarse convirtiendo en un hombre y peleador de verdad a pasos agigantados. Tenía que reconocer que el chico tenía mucho potencial.
Bajo una lluvia de agua cristalina pura, el príncipe realizó su siguiente movimiento contra el rey loco que tenía delante.
-Poder de fusión activado: Demonio de Arena Geki.
-Dryoid: 1300. Farbros: 600.
Blandiendo su sable con un fuerte color amatista, el ninja cibernético se arrojó con su arma en mano hacia su contrincante.
-Poder activado: Fuego Espartano -. Contraatacó Zenoheld rápidamente.
De las rodillas de la monstruosidad mecánica, dos llamaradas emergieron desde las rodillas de Farbros hacia su oponente con intención de calcinarlo por completo.
-Farbros: 900. Dryoid: 1000.
Aunque parecía que no tendría mucha suerte con eso.
-Tendrás que esforzarte más, porque no voy a tenerte piedad -. Se jactó el príncipe al ver a su compañero atravesar las llamas del Bakugan de su padre.
El ninja cibernético no detuvo su veloz descenso, atravesó la barrera de fuego como si no fuera más que un poco de agua con su sable en las manos antes de dar una voltereta justo delante de su enemigo en pleno aire.
El corte amatista fue tan veloz que ninguno de los peleadores o testigos del combate se dieron cuenta del momento en que Farbros recibió daño hasta que lo vieron estremecerse violentamente antes de que se produjera una poderosa explosión roja que se alzó hasta el punto más alto del campo de batalla.
-Parece que el trono pronto será mío -. Continuó Hydron con sus burlas.
-El chico tiene habilidades -. Comentó Raxus con asombro.
Por desgracia, el rey no parecía estar mínimamente perturbado ante los hechos que se desarrollaban frentes a él. Solo se limitó a levantar su lanzador nuevamente sin ningún rastro de alarma por la posibilidad de una derrota.
-Poder activado: Farbros XM.
Estando inmóvil en el ojo de la explosión, los daños en la estructura de Fabros poco a poco comenzaron a ser reparados y sus partes perdidas hallaban un reemplazo tan efectivo y poderoso como las originales.
-Sistema de reparación y recuperación: activado. Reparando daño provocado por el poder de la Cuchilla Murasame y el poder de fusión. Nivel 2 y Nivel 3 listos para retomar el combate -. Anunció la computadora interna de Farbros, reparando las partes de su cuerpo.
-Farbros asciende a 1400.
-Parece que el anciano no va a caer tan fácilmente -. Comentó Joanna al ver el poder de su enemigo.
Hydron se quedó inmóvil un segundo mientras procesaba la nueva situación. Aunque no parecía esperar que su padre tuviera un repuesto para estas circunstancias, sabía cómo ocultar su molestia antes de mostrar su sonrisa burlona una vez más.
-Que miedo, así que Farbros hace ruiditos, pero no es nada que no pueda manejar. ¡Carta portal abierta: Evidenciar Pyrus!
-Farbros: 900.
-Esta carta portal reduce el nivel de poder de cualquier Bakugan Pyrus en 500 puntos. Lidia con eso, papi -. Molestó el rubio al anciano mientras veía con agrado como su carta portal se iluminaba debajo de su contrincante.
Sin embargo, el rey parecía ser inmutable mientras descargaba una nueva carta poder en su lanzador.
Eric sabía que el anciano era un peleador hábil sin importar cuanto fuera su desagrado por los Bakugan, pero ver este nivel de tranquilidad de su parte era alarmante. Gracias a Clay, había aprendido a temer la ira de un hombre capaz de tanto estoicismo.
-Será un placer. Poder activado: Destructor de Suelo -. Activó el rey sin pestañear.
Bastó un simple coletazo de parte de la monstruosidad mecánica para destruir por completo la carta portal que cubría el campo de batalla, anulando sus efectos y regresando el nivel de Farbros a sus cifras anteriores.
-¡Jamás me quitarás el trono, niñito! -. Declaró Zenoheld con fuerza.
-Y dicen que yo soy el arrogante -. Respondió el ojilila antes de alzar su siguiente carta poder -. ¡Poder activado: Velocidad Accel!
En un simple parpadeo, Dryoid comenzó una carrera con su sable amatista en mano en tres trayectorias diferentes al mismo tiempo, moviéndose de una en otra con una rapidez anormal.
-¿Qué es eso? -. Cuestionó Zenoheld confundido.
-Este poder le permite a Dryoid moverse a un nivel que ni los sensores de Farbros son capaces de registrar. Ahora ves que él no fue el único que recibió una actualización -. Explicó Hydron introduciendo una carta poder más a su lanzador -. ¡Poder de fusión activado: Doble Calibre!
Una nueva hoja de energía emergió desde la parte inferior del mango del sable de Dryoid, dando la forma de un bastón al arma del Bakugan, uno capaz de mover sus dos extremos a la misma velocidad de un helicóptero girando sus hélices.
-Dryoid aumenta a 1600.
Zenoheld no hizo nada, se quedó quieto al ver como su enemigo se acercaba a su Bakugan con intenciones asesinas, blandiendo la hoja doble con una habilidad aterradora y girándola a una gran velocidad. Parecía que ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar a tiempo cuando lo único que pudo hacer fue escuchar las siguientes palabras de su hijo.
-¡Acabalo, Dryoid!
Una carrera, un salto y un corte lateral dieron por terminada la primera ronda del combate. Farbros chilló cómo si estuviera verdaderamente adolorido antes de verse envuelto en la energía que emulaba el atributo del fuego, aquella que lo devolvió a su forma de esfera y lo hizo caer a los pies de su peleador.
-Imposible -. Murmuró Joanna impactada.
-En verdad logró vencer a Farbros -. Comentó Jormthan en la misma situación que su compañera.
Por supuesto, solo fue la primera ronda, pero había logrado por su cuenta aquello que requirió de la cooperación de Keith y el líder de los Peleadores Bakugan para estar a punto de lograr y, aun así, no había bastado. ¿Cuánto debió haber practicado Hydron desde su derrota en Vestal como para lograr algo así por su cuenta?
-Indicador de vida del Rey Zenoheld: 50%.
-¿No decías que no podría hacerlo, papá? Tal vez sea hora de empezar a tomarme enserio como guerrero y como hombre -. Comentó el rubio recibiendo a su Bakugan en su mano.
-Que buen chiste -. Respondió el rey con los ojos cerrados sin mostrar ni un ápice de diversión.
-¿Qué?
-Si en verdad quisieras ser mi sucesor, no estarías tan desesperado por mi aprobación. No debería importarte lo que yo piense de ti -. Explicó Zenoheld con dureza, obligando a su hijo a retroceder, aparentemente intimidado -. Pero te importa y es por eso que no logras el éxito.
Miedo, temor, decepción y pánico fue lo que pareció abordar el temple del príncipe al ver que su oponente, su propio padre, no parecía importarle lo suficiente como para quererlo. Eric solo podía imaginar la forma en que este niño debió haber crecido para que se encontrara en esta situación.
Tanto tiempo anhelando algo que simplemente jamás estaría a su alcance, que jamás tendría porque Zenoheld no sentía ni un ápice de afecto por el fruto de sus entrañas.
Hydron habría conquistado todo el universo para enorgullecer a su padre, pero éste jamás podría interesarse de ninguna manera en su hijo, aquel que al estar dispuesto a tanto con tal de ganar su aprobación, solo había logrado decepcionarlo continuamente.
-Pobre muchacho -. Murmuró el comandante con una mirada inexpresiva, encima de los ojos confundidos de sus compañeros a su lado.
Reuniendo el valor que aún parecía tener, Hydron apretó su puño y sus dientes antes de tratar de ponerse a la altura del anciano para enfocarse una vez más en la batalla.
-¡Lo único que me importa ver es la humillación en tu rostro cuando pierdas! -. Gritó el rubio apretando a su Bakugan en su puño.
Zenoheld no dijo nada al instante, ni cuando levantó la carta portal ni mucho menos cuando la lanzó al centro del campo de batalla. La única palabra que emitió salió como un leve susurro debajo de su mirada fría e indiferente por tener que pelear contra su propio hijo antes de lanzar a Farbros una vez más.
-Mentira.
En el ojo del campo de batalla, padre e hijo se encontraron nuevamente, con intenciones completamente distintas.
Ver esta batalla solo hizo pensar al comandante en la que tuvo con su propio hijo, como ambos habían sufrido las consecuencias de encontrarse en lados opuestos de la guerra y como se habían visto obligados a perdonarse mutuamente en la oscuridad de una celda podrida antes de que los separaran nuevamente.
Pero esto era completamente distinto, aquí no había afecto oculto ni un poco de culpa y, si lo había, era algo completamente unilateral. Esta era una batalla de anhelos perdidos contra una ambición desmedida, deseos frustrados contra una decepción clara. Los que estaban en la arena no eran padre e hijo, eran un asesino a sangre fría contra un niño que había dado todo por nada.
Solo podía imaginar lo que debía estar sintiendo el príncipe, tanto tiempo trabajando duro por algo que jamás podría conseguir, sin importar que tan pequeño fuera. Un joven que podía pedir mundos enteros y tenerlos en la palma de su mano, buscando algo tan sencillo como el afecto de su padre; algo que debió tener desde el primer día, pero que le negaron injustamente.
Zenoheld había sido un maldito monstruo, y se había asegurado de que su hijo también lo fuera con tal de complacerlo sin saber que jamás podría lograrlo realmente. Un demonio que había creado a otro, un loco que había perdido el control del monstruo al que él mismo le había dado forma.
-¡Poder de triple fusión activado: Libélula Shou + Demonio de Arena Geki + Relámpago Retsu!
Estando en un opaco marrón rojizo cubriendo su cuerpo, acompañado de una hoja amatista en sus manos, Dryoid Subterra se preparó para el combate nuevamente.
-Dryoid: 1700. Farbros: 300.
Por un momento, todo se detuvo, y la mirada insegura del príncipe chocó directo con la del rey, pero había algo raro en los ojos helados del hombre y su expresión dura. No era normal, no era lógico y el sentido común del comandante gritaba con todas sus fuerzas que lo que parecía estar viendo no era más que una alucinación que su mente optimista trataba de evocar para él, para ayudarlo a mantener su esperanza. Pero no pudo evitar notar, por un breve segundo, el espectro del pesar en los ojos de Zenoheld. El lamento por tener que enfrentar y destruir a su propio hijo en esta batalla sin sentido que él mismo había provocado en primer lugar. Era como si el viejo rey se estuviera arrepintiendo de librar este combate.
Por desgracia, ya era muy tarde para lamentar algo así. Sería imposible después de todo lo que había pasado. Hydron se había convertido en un monstruo para tratar de complacer a quien no merecía su esfuerzo y no estaba dispuesto a renunciar a su nueva meta ahora, no cuando tenía la ventaja por primera vez en toda su vida.
-¿¡Qué estás mirando!? -. Gritó el rubio enfadado por la sorpresiva pasividad de su oponente.
Bastó una sola frase, que escondía un reclamo reprimido por tanto tiempo para que toda luz tenue de esperanza se desvaneciera de la expresión dura del rey loco.
-¡Una excusa patética para la realeza! ¡Has avergonzado el nombre de esta familia! -. Respondió Zenoheld con dureza y frialdad antes de mirar a su Bakugan -. ¡Farbros, prepara la formación de asalto!
El miedo se notó en los ojos dubitativos del príncipe al reconocer la acción de su padre. Dos tenues estrellas fugaces del color sangre emergieron de las entrañas inferiores del campo de batalla, revelándose a sí mismas como partes mecánicas de repuesto que se dirigían hacia el Bakugan de aquel que los había invocado.
La nueva formación de Farbros se impuso frente a Dryoid y los espectadores de esta batalla con sus enormes piernas cibernéticas provocando un breve temblor en la arena al tocar el suelo, dos grandes alas en la espalda de la monstruosidad mecánica con cuatro cañones sobre la cabeza y las garras de sus hombros cubriendo sus manos.
Antes, Farbros tenía una altura y complexión ligeramente superior a la de su contrincante, pero gracias a esta nueva forma podían ver como la criatura metálica del rey superaba con facilidad la altura de todos los Bakugan que conocían.
-¿Esa es… la formación de asalto? -. Preguntó Jormthan asombrada al ver el colosal tamaño de su enemigo.
-La misma que derrotó a Vulcan, Helico y Hexados -. Confirmó el comandante con los brazos cruzados -. Por lo poco que sabemos, Zenoheld tiene una cabina dentro de Farbros para manejar manualmente a su máquina de la muerte.
-Pero eso es bueno, ¿cierto? Si Zenoheld se encuentra todo el tiempo en la batalla, un ataque debería ser capaz de dañarlo incluso dentro de Farbros -. Sugirió Joanna desde la silla frente a la computadora.
-No lo sé, pero dudo mucho que Clay se permita una falla en el blindaje de sus máquinas sabiendo que su rey estaría dentro de una -. Respondió el comandante sobando su barbilla decorada con vello descuidado.
Odiaba reconocerlo, pero tenía que aceptar que Clay era un maldito genio en su campo. El infeliz se las había arreglado para crear un plan de contingencia que evitara la derrota de Zenoheld a cualquier costo. Dudaba que incluso Raxus fuera capaz de enfrentar a este monstruo por su cuenta.
Solo podía esperar que Hydron hallara un modo de sobreponerse a esta enorme desventaja.
-Farbros: 4500.
-Poder activado: Ataque de Sombras -. Atacó Zenoheld desde el interior de su Bakugan.
Cuatro rayos del color de la sangre salieron disparados de la boquilla de los cañones que se situaban sobre la cabeza de la monstruosidad mecánica, con la intención de destruir al oponente que tenía delante.
Por suerte, Hydron logró reaccionar a tiempo para evitar que el ataque de su padre diera de lleno a su Bakugan.
-¡Poder activado: Velocidad Accel!
En un solo parpadeo, Dryoid se movió un par de metros a la izquierda para esquivar el ataque que dejó una marca en el suelo con la forma de un agujero.
-Dryoid: 1300.
Hydron murmuró unas palabras inaudibles que debió decir más para sí mismo que para su padre, pues el anciano no solo no lo escuchó, sino que también se dio la libertad de continuar la batalla como si estuviera tratando con un enemigo más del montón.
-Carta portal abierta: Presión de Suelo.
Una luz del color de la plata iluminó el suelo del campo de batalla, jalando tanto al Bakugan como al peleador al suelo, postrándolos de rodillas ante su enemigo.
-Dryoid: 1100.
-Está perdido -. Murmuró Raxus con enojo al ver al ninja cibernético batallando por levantarse.
Sin embargo, a pesar de la nueva desventaja del terreno, Hydron no parecía estar dispuesto a rendirse todavía. La postura del príncipe se mantenía firme y se aseguraba de que el temblor de sus extremidades no lo llevara al suelo por completo.
Con esfuerzo, el ojilila se reincorporó tanto como le fue posible, dirigiendo a su progenitor una mirada bañada en el odio más puro que Eric había visto en toda su vida.
-Maldito infeliz -. Murmuró el príncipe con esfuerzo antes de concentrar toda su atención en su Bakugan -. ¡Vamos, Dryoid, aún podemos hacerlo! ¡Usa tu fuerza!
-¡Se terminó la hora de juegos! -. Gritó Zenoheld desde su cabina.
Desde las imágenes que proyectaban las computadoras del laboratorio, solo se podía divisar a un niño tratando de levantarse frente a un coloso, un guerrero haciendo su mejor esfuerzo para sobreponerse a la derrota que se cernía sobre él a manos de la única persona que jamás creyó que lo lastimaría.
Cualquiera podría derrumbarse en esas condiciones, pero Hydron se rehusaba a rendirse justo ahora. Su mirada no perdía el fuego que crepitaba en su interior, aquel que el nuevo odio por su padre había creado y que ahora lo motivaba a devolver todo el dolor que le había hecho sentir desde hacía tanto tiempo.
Con las pocas fuerzas que pudo reunir, el Príncipe Hydron se levantó una vez más con una mirada tan ardiente que se preparaba para derretir el iceberg que tenía delante. Sin importar el costo.
-¡Ríndete ya, niñito! -. Ordenó Zenoheld desde el interior de su Bakugan.
-¡Suficiente! ¡Silencio! -. Respondió Hydron con un grito atronador mientras se levantaba con firmeza sobre sus pies.
La convicción en sus exigencias, la fuerza en su tono, la voluntad de sus acciones y el valor que lo seguía en batalla parecía ser una mezcla contagiosa.
Para Eric, fue difícil determinar cuándo se presentó el momento, señalar con precisión el segundo en que quedó perplejo, pero podría olvidar el momento en que vio a Dryoid sobreponerse al efecto de la carta portal con su sable en mano mientras llamas de color naranja cubrían su armadura y provocaban que el metal de su cuerpo brillara con intensidad.
-Dryoid y yo…
No sabía cómo era posible, ni siquiera debería serlo en primer lugar, una máquina no debería ser capaz de lograr todo lo que estaba viendo en este momento, pero no era una alucinación. Frente a los soldados y sus Bakugan reales, Dryoid se impuso una vez más, impulsado con la fuerza que parecía compartir con su peleador. No, no su peleador únicamente.
Su compañero.
-¡TE DESTRUIREMOS!
Un rugido de aparente furia y frustración resonó en el campo de batalla, Dryoid extendió sus extremidades mientras el poder fluía desde el interior de su cuerpo cibernético y el visor de su rostro se iluminaba en un intenso rojo carmesí.
-¿Qué está pasando? Esto no tiene sentido, se supone que los Bakugan mecánicos no deben ser capaces de algo así -. Cuestionó Joanna impactada.
-Parece que los lazos de un peleador y su Bakugan son más fuertes de lo que pensamos -. Trató de responder Raxus sin dar una explicación al fenómeno que estaban atestiguando.
Anonadado por el desarrollo de estos nuevos hechos, Eric se permitió un momento para deslizar su mano de carne y hueso a la parte trasera de su cinturón, donde una pequeña esfera blanca y dorada destelló bajo el reflejo de la luz del laboratorio.
Boriates Haos reposaba suavemente entre sus cálidos dedos enguantados, provocando una serie de preguntas en la mente del hombre que lo había recuperado de las manos de quién se creía su ladrón, todo para devolverlo a las manos del hombre que lo había creado, del loco que parecía haber dado con la clave para otorgar un alma a estos seres que deberían ser inanimados. De algún modo, parecía que el loco al que una vez había reconocido como un amigo había encontrado un modo de darle vida auténtica a estas criaturas artificiales.
-Clay, ¿pero qué rayos hiciste? -. Pensó con miedo mientras veía al Bakugan mecánico en sus dedos -. Parece que tenemos mucho que aprender sobre ustedes.
Estando en la que seguramente sería la batalla más grande de su aparente vida, Dryoid Subterra liberó los propulsores en su espalda mientras giraba su sable una vez más con la misma velocidad de las hélices de un helicóptero hacia su oponente. Picos en sus talones metálicos se revelaron y se clavaron en el suelo para darle una mayor estabilidad y resistencia ante todo ataque que pudieran arrojarle cuando dos pares más de rayos carmesí amenazaron con partir la distancia, solo para ser repelidos fácilmente por el sable de Dryoid.
-Esto es imposible -. Murmuró Jormthan confundido.
¿Cómo un Bakugan mecánico era capaz de desarrollar tanta sensibilidad? No deberían ser capaces de algo así, pero ahí estaba, justo frente a ellos. De algún modo, las palabras y motivaciones de su peleador habían calado en Dryoid, que parecía estar dispuesto a ser todo lo que el príncipe necesitara que fuera.
Su vengador, su justiciero, su protector, su compañero.
-¡Poder activado: Reflector Gaian! ¡Adelante, Dryoid! -. Contraatacó Hydron al ver la oportunidad de emparejar las cosas.
Usando el impulso que le otorgaban sus propulsores y el aguante de sus extremidades, el ninja Subterra se inclinó hacia delante con agresividad, concentrando toda la fuerza de su bravo empuje en el ataque que su sable mantenía estático.
Un fuerte chillido se produjo de parte de Farbros cuando su propio ataque tomó el camino de regreso a su fuente original, impactando de lleno en su propio cuerpo y cabeza, creando una nube de humo a su alrededor.
-Farbros: 3000. Dryoid: 2600.
-Lo está… logrando -. Dijo Raxus sin creer lo que veían sus ojos en la pantalla.
El Reflector Gaian, por lo que dijo el mismo príncipe, parecía ser una habilidad defensiva que regresaba el ataque del enemigo, pero con el triple de poder. Normalmente, Eric podría tomar eso como una victoria casi segura, pero el solo hecho de que los daños hechos en el blindaje de Farbros no se tradujeran en nada más que rasguños no le daba un buen presentimiento y solo fue peor cuando Zenoheld activó su siguiente poder.
-¡Eso no es nada! ¡Poder activado: Brillo Orizalcum!
Oh no.
Fuertes ondas se produjeron tanto en viento como en tierra, energía del color de la sangre cubrió el campo de batalla dejar lugar a un lugar seguro que pudiera ser usado para evitar el ataque.
Dryoid batalló con todas sus fuerzas para mantenerse en el combate, pero el poder de su enemigo fue tan intenso que el mismo Hydron salió volando de su posición para caer sobre su pecho a unos metros de distancia del ojo de la arena.
El Bakugan Subterra duró tanto como pudo, pero le fue imposible, no pudo hacer más que salir disparado del suelo para convertirse en una pequeña esfera de energía en pleno de aire.
Antes de que su cuerpo pidiera colisionar contra el duro suelo, produciendo daños posiblemente irreparables a su estructura, la energía de su atributo lo devolvió a su forma de esfera para caer a los pies de su compañero.
-Indicador de vida del Príncipe Hydron: 0%.
Batallando con la impotencia, librando una lucha interna con la frustración y la rabia que acompañaba una cruel y cruda derrota, padre e hijo se encontraron en un choque de miradas que delataban el desdén del primero y la furia del segundo. Estando en el centro del campo de batalla, duras palabras fueron recitadas y un orgullo quedó hecho pedazos ante la sombra de quién pudo presumir de un amor que jamás valoró.
Ante la gran sombra de un tirano, lazos endebles fueron finalmente cortados y la chispa de una alianza frágil finalmente se apagó.
-Ahora ambos debemos admitir la verdad -. Comenzó Zenoheld mirando a la decepción que jamás volvería a reconocer como su hijo -. Tú y yo jamás debimos ser padre e hijo.
Fueron las palabras de un demente antes de desaparecer, fueron las palabras de un demonio antes de marcharse, dejando su lugar a un aura de pesadez y tristeza.
Hydron no dijo nada más, solo se limitó a acoger a su compañero en sus manos antes de que un pequeño contingente de guardias se lo arrebatara junto con su lanzador para posteriormente arrastrarlo como si no fuera nada más que un saco de basura a las celdas.
-Supongo que eso es todo -. Comentó Joanna sin saber que decir.
El príncipe había demostrado su habilidad, había enfrentado a este monstruo y había logrado rozar la victoria con sus dedos antes de que ésta se le escapara como si nada. Era triste de aceptar, pero el solo hecho de que Farbros siguiera caminando después de todo el castigo que había recibido en esta batalla era prueba suficiente para entender que Raxus no podría vencerlo solo. Sabía que iba a necesitar refuerzos de todas maneras, pero parecía que necesitaría más números de los que había pensado originalmente para vencer a Zenoheld.
Esperaba que con Joanna y Jormthan fuera suficiente, pero esto le había dejado en claro que solo dos no podrían derribar la torre que eran el Farbros Pyrus y su demente peleador.
Necesitarían la ventaja numérica, pero solo había una forma de obtenerla.
-Capitana -. Llamó el comandante a su soldado.
-¿Sí, señor? -. Respondió la mujer poniéndose de pie rápidamente en una postura perfecta.
Lista para acatar cualquier orden de parte de su superior.
-Prepárese para redactar un mensaje codificado de auxilio. No podremos ganar esta batalla solos, así que tendremos que pedir ayuda -. Ordenó el ojiverde a la mujer, la cual asintió sin dudar.
-Sí, señor. ¿Qué quiere que vaya en el mensaje, señor? -. Cuestionó la capitana.
-Todo, envíe nuestras coordenadas actuales, la situación del equipo Vexos y todo lo que sepamos acerca del armamento que emplean nuestros enemigos. La señal debería llegar primero a la Tierra, así que mis hijos y sus amigos deberían ser los primeros en recibir el mensaje.
-¿Crees que Keith pueda descifrarlo, Eric? -. Preguntó Raxus a su compañero.
-Lo hará, sé que sí -. Asintió el comandante.
-Señor, con la ventaja del Destructor Vestal, la teniente Clay y sus amigos no tardarán en responder y acudir a nuestro llamado. Por desgracia, no podemos determinar cuánto le tomará al Alto Consejo organizar las tropas para un asalto en el espacio -. Recordó la mujer a su superior.
-Tendremos que arreglárnoslas sin el ejército por el momento, la ayuda de mis hijos y los humanos debería ser suficiente para detener a Zenoheld antes de que inicie la Alternativa -. Dijo Jormthan en el hombro de su compañera.
-No vamos a tener otra oportunidad como esta. Los Vexos están fuera y Hydron estará en las celdas por su traición. Tenemos que atacar ahora que Zenoheld se encuentra débil y no podemos hacerlo solos, debería ser suficiente con la ayuda de los Peleadores Bakugan por el momento -. Dijo el comandante sin dejar lugar a dudas.
-Señor, ¿y qué pasará con el príncipe? ¿Cree que podamos tener otro aliado? -. Preguntó Raxus al hombre, deteniéndolo en seco.
Sentía lástima por Hydron, pero no sabía si podían confiar en él. Había librado una gran batalla contra su más grande enemigo, pero no lo había hecho por ellos ni porque fuera lo correcto, todo había sido por venganza. No podía decir que alguien en esas circunstancias fuera de fiar completamente. Tenían que actuar cuanto antes, pero también tenían que ser cuidadosos. No tendrían otra oportunidad, pero tampoco tendrían la posibilidad de un aliado que conociera tan bien el sistema y el funcionamiento interno del palacio como Hydron.
-El Dryoid Subterra deberá ser traído aquí hasta nuevo aviso. Le llevaremos sus cosas a Hydron cuando eso suceda y crucemos dedos para que su ira contra Zenoheld sea más grande que su rencor contra nosotros -. Respondió el hombre.
-Entendido, señor. Nos aseguraremos de que el mensaje sea interceptado por nuestros aliados y esté escrito bajo los parámetros de seguridad del ejército -. Dijo formalmente la capitana antes de tomar asiento una vez más para comenzar a ejecutar las instrucciones de su superior -. Según la agenda, el primer ataque será a Vestal. Así que será mejor que nuestros aliados en ambos mundos estén listos para la batalla.
-Necesitaremos todas las ventajas que estén a nuestro alcance. Si Keith y el Alto Consejo logran interceptar la señal a tiempo, podríamos destruir a Zenoheld antes de que pueda usar su máquina.
Casi todo el equipo Vexos estaba muerto, su último líder ahora estaba siendo escoltado a las mazmorras del palacio y el Sistema de Armas Alternativas estaba por activarse, tenían que actuar cuanto antes. Por primera vez, desde que había comenzado esta guerra, tenían una oportunidad para detener a sus enemigos y garantizar la seguridad en el universo, pero tenían que actuar rápido.
Solo podía esperar que aún tuvieran el tiempo suficiente para que todo saliera como lo esperaban y que nadie más tuviera que pagar los horrores de este conflicto lleno de traiciones y deseos egoístas. Ya habían sufrido muchos por eso, ya se habían pedido demasiadas vidas.
La Tierra, Casa de Marucho
Salón principal
Había pasado un largo tiempo desde que inició la guerra contra Zenoheld y Mira nunca había pensado que llegaría el día en que volvería a tener una imagen tan feliz y con tanta claridad como la que tenía delante ahora mismo. Esperaba que jamás tuviera que llegar el día en que tuviera que despedirse de la idea de ver a sus amigos y a su familia pasando un rato agradable en el salón de Marucho.
Un breve vistazo a tan dichoso panorama era más que suficiente para hacerla olvidar por un segundo todo el dolor que habían experimentado durante la guerra en Nueva Vestroia.
Baron y Ace hablaban animadamente en los sillones con sus compañeros en sus hombros y Keith jugaba a las manitas con Eisel bajo la mirada enternecida de su madre, mientras que Shun, Marduk y Marucho analizaban la información que Lync les había dejado con rebanadas de pastel en sus manos y unos vasos llenos de soda. Para Mira, sería sorprendente no ver a Nick trabajando incansablemente con sus amigos en los datos de la Alternativa, pero no podía culparlo por no inmiscuirse aún más en el tema cuando Elisa y Runo hacían todo lo posible para sacarlo a bailar.
Después de todo lo que habían pasado con la guerra en Nueva Vestroia, la cacería de las energías de atributo y las últimas batallas contra los súbditos de Zenoheld, habían decidido que era hora de festejar sus numerosos triunfos con una fiesta que también serviría para celebrar la inclusión oficial de Keith, Helios y Marduk al equipo.
Junto con Runo y Julie, habían preparado un pastel con la asesoría constante de su madre, mientras que Drago y los demás Bakugan habían accedido a hacer una danza especial para los chicos sobre el pastel que estaba preparando. Percival había aceptado con la noble intención de avergonzar un poco a Ace, mientras que los demás habían aceptado hacerlo por la bondad de sus corazones; aunque fue imposible convencer a Leónidas y a Ingram de participar. Nunca podría olvidar las expresiones en blanco que quedaron grabadas en los rostros de su hermano y sus amigos al ver el baile de los Bakugan sobre el pastel bajo una tonada sumamente pegajosa y enérgica.
Solo pensar en el divertido y, al mismo tiempo, incómodo momento compartido la hizo desviar la mirada hacia los dos Bakugan que habían rechazado participar en el baile para sus amigos; ambos completamente ensimismados en su juego de ajedrez bajo la atenta mirada de Ángel y los otros Bakugan, moviendo las fichas tan delicadamente como podían para no causar un desastre en el tablero debajo del forcejeo de la pareja más reciente y su amiga peliazul.
Por lo que sabía, ambos Bakugan habían intentado jugar primero a los naipes, pero su falta de manos hizo imposible la tarea de sostener las cartas para evitar que el otro las viera. Después, trataron de jugar parqués y escalera, pero no pudieron hallar un medio para lanzar los dados, por lo que tuvieron que buscar otro medio de entretenimiento.
Sin embargo, nadie parecía más animado en la fiesta que su hermana menor y su amiga de coletas celestes. Ambas jalaban con insistencia los brazos del pobre Peleador Darkus, que no parecía estar dispuesto a compartir con ellas sus aptitudes en el baile. No podía culparlo, Elisa era bastante enérgica a la hora de deslumbrar la pista de baile, mientras que Nick parecía ser del tipo de personas que se recluía en una esquina con el menor número de personas posibles en las fiestas o del tipo que ni siquiera se tomaba la molestia de asistir a los eventos en favor de mantenerse en un ambiente más tranquilo.
No obstante, estaba bastante segura de que Runo solo quería sacar a su amigo para molestarlo un poco y reírse de él. En cierto modo, parecía que molestarse mutuamente era el pasatiempo favorito de ambos terrícolas. Se preguntaba cuando llegaría el día en que viera una guerra de bromas entre Nick y Runo.
Una parte de Mira estaba segura de que el pobre terrícola solo estaba soportando los esfuerzos de ambas chicas solo por su novia, que con ojitos soñadores no parecía estar dispuesta a desistir de sus intentos de bailar por primera vez con su primer novio real, para diversión de su madre, que no podía contener la risa al ver la situación de su ahora yerno.
Casi sentía lástima por él. Si no fuera por lo divertido de sus interacciones con las chicas, tal vez habría intercedido por él.
Tal vez.
-¿Estás bien, Mira? -. Preguntó una voz de repente.
El llamado la hizo respingar ligeramente del sillón apartado en el que se encontraba. No se había dado cuenta de lo mucho que se había distanciado de la celebración hasta que Dan se le acercó por la espalda con un par de vasos de soda en las manos.
-Claro, solo pensaba -. Respondió la pelinaranja recibiendo el líquido de la mano de su amigo terrestre.
No renegaba de la bebida, era todo lo que sus amigos le decían que era y estaba conforme con eso, pero no podía negar que sentía cierta envidia por Marduk y Keith. Dentro de las normas establecidas por el sistema terrestre, solo ellos dos tenían la edad suficiente para probar bebidas alcohólicas, dignas de una verdadera celebración. Aunque tampoco podía quejarse, tales sustancias ni siquiera eran del dominio público en Vestal, estando únicamente reservadas para los expertos en el campo de la medicina y los soldados como su padre a modo de excepción al volver a sus hogares victoriosos.
Solo podía esperar el día en que rescataran a su padre y éste les permitiera probar de ese néctar que parecía causar tantas sensaciones placenteras en aquellos que lo bebían.
-Es solo que… estás muy distante hoy -. Se explicó Dan mirando a su amiga vestal.
Sabía que era verdad, pero no podía negar que estaba sorprendida de que fuera Dan quien lo notara. Estaba bastante segura de que, si había logrado pasar inadvertida frente a Nick, Shun y Keith para recluirse en un pequeño rincón al lado de la puerta de entrada, alejada del resto del equipo, nadie debería notar la forma en la que se había alejado inconscientemente del resto del grupo.
-No es nada malo, solo pensaba en todo lo que hemos tenido que pasar -. Explicó la ojiazul mirando una vez más a su hermana y a su novio -. Hace unos meses, nunca habría creído que estaría aquí, festejando por tener a tan buenos amigos junto con mi familia.
Sus palabras parecieron alegrar el semblante preocupado de Dan, motivándolo a aligerar sus facciones antes de torcerlas con una de sus características sonrisas.
-Han pasado muchas cosas, yo tampoco creí que llegaría el día en que nuestro grupo se extendiera hasta otros mundos más allá de Nueva Vestroia -. Dijo el terrícola mirando el panorama tan familiar que tenían delante -. Pero me alegra que lo haya hecho. Me alegro de haberlos conocido, especialmente a ti, Mira.
Su respuesta hizo que sus mejillas blancas se tiñeran con un tenue color rojizo.
-¿A mí? -. Expresó confundida la peleadora.
-Sí, claro -. Contestó el humano con sinceridad -. Me alegra conocer a una peleadora con tanto talento y determinación. Liderar a un grupo de exploración durante la guerra y ser capaz de enfrentar a esos Vexos a la vez no es algo que haría cualquiera. Cuando te conocí bien, no se me ocurrió nadie mejor para liderar a este equipo.
¿Liderar? ¿El líder de los Legendarios Peleadores Bakugan la estaba reconociendo como una líder capaz? Su padre siempre le había dicho que tenía las aptitudes para lograr lo que ella quisiera, pero siempre pensó que era el clásico discurso que todo hombre le daría a sus hijos para motivarlos a seguir sus sueños. Escucharlo de quién, para un mundo entero, era una leyenda, hacía que su corazón se agitara y el rojo de sus mejillas solo se hiciera más intenso.
-Claro, después de mí, por supuesto -. Presumió el terrícola con aires de suficiencia tras terminar su pequeño discurso.
Estaba segura de que muchos se habrían desinflado con incredulidad al escuchar el remate de sus palabras. Sin embargo, para Mira resultó especialmente divertido.
De algún modo, Dan siempre lograba sacarle una sonrisa con sus tonterías, sin importar que tan bobas fueran o que tan mal se vieran las cosas, el castaño siempre se las ingeniaba para animar el ambiente.
-Supongo que sí -. Respondió la pelinaranja con una risita.
Se quedaron por un par de segundos en un sorpresivo silencio del que no sabía que Dan era capaz. Se estaba acostumbrando a la hiperactividad del peleador, a su exceso de energía que liberaba concentrándose en cualquier cosa que le fuera posible. Casi le costaba entender como alguien tan activo como Dan podía ser tan apegado a personas tan tranquilas como Shun o Nick, que a veces incluso parecían carecer de sentido del humor.
No cabía duda de que el enérgico terrícola sabía cómo calar en las personas para motivarlos a abrirse. Una virtud que no podía decir que muchas personas en su vida tuvieran, además de su padre.
-¿Sabes? Nunca te he preguntado qué harás después de que acabemos con el payaso de Zenoheld. Por lo que sé, unirse al ejército no es algo que todos ustedes quisieran -. Comentó el peleador con curiosidad.
Era una buena pregunta, realmente no lo habían pensado mucho. Para ser sincera consigo mismo, lo más cerca que estuvo de considerar su futuro fueron esos días en el centro de comando en los que se veía a sí misma ayudando a liberar a los Bakugan de Nueva Vestroia con su madre y su hermanita a su lado o muriendo en el intento junto con el resto de los miembros de la antigua Resistencia.
-Creo que… no lo sé -. Respondió Mira con sinceridad después de pensarlo unos segundos.
La batalla se había convertido en su vida, una que nunca deseó realmente, pero su vida, a fin de cuentas. Le costaba imaginarse haciendo algo más, pero tampoco quería quedarse estancada en esta parte de su vida.
-Bueno, yo sé lo que haré -. Dijo Dan con un poco de orgullo -. Terminaré mis estudios y luego ayudaré a Marucho y Nick a popularizar el Interespacio Bakugan para que los chicos de todo el mundo puedan venir a divertirse en un espacio seguro y a disfrutar de las batallas.
Era una meta simple, pero muy noble y desinteresada. A Dan no le importaba la fama que pudiera obtener gracias a su habilidad en el campo de batalla y todo el poder de Drago, solo quería hacer felices a las personas e incentivarlas a participar en lo que por un tiempo el mejor juego de la historia para los humanos.
-Es muy dulce de tu parte, Dan. Parece que ya lo tienes todo planeado -. Felicitó la pelinaranja orgullosa.
-Sí, y tú también podrías hacerlo. Tienes mucho talento para las batallas, Mira -. Ofreció el castaño con emoción.
¿Cómo? ¿Acaso había escuchado bien? ¿Dan le estaba ofreciendo quedarse en la Tierra como miembro permanente del equipo? No podía negar que se sentía halagada por el ofrecimiento y ligeramente tentada por la idea, pero sabía el estilo de vida que llevarían sus amigos humanos a partir en el momento en que abrieran el Interespacio al público. Se convertirían en celebridades, celebridades con muy poco tiempo para ellos mismos. Ya era una de sus preocupaciones para la relación de su hermana y su amigo terrícola, la barrera de vivir en mundos diferentes ya haría que su relación fuera difícil, en cuanto Nick se convirtiera en una figura reconocida se sumaría otro problema a su relación a distancia.
No estaba segura de que esa fuera un estilo de vida muy llamativo para ella. Sabía que Elisa se retiraría de las batallas y Eisel no esataba muy interesada en la vida del peleador, Keith parecía ser el único dispuesto a mantenerse permanentemente en el frente, pero tenía una deuda que pagar con su mundo natal. Nunca había pensado mucho en lo que haría una vez que terminaran con Zenoheld, pero no se veía capaz de seguir por siempre con este estilo de vida. De hecho, su admiración por su hermano le había hecho desarrollar un interés particular por el negocio familiar y convivir con Nick y Marucho solo lo hizo más atractivo para ella.
Sabía que no era tan inteligente o experimentada como su hermano y sus amigos, pero no se negaría la oportunidad de aprender más sobre el campo tecnológico.
-Sinceramente, no creo que vaya a seguir con esto por siempre. Tal vez, regrese a Vestal y retome mis estudios -. Comentó la pelinaranja pensativa -. Lis se va a retirar de las batallas y retomará su educación, creo que yo podría hacer lo mismo. Regresar a la escuela, graduarme y buscar un trabajo en Vestal, uno que me haga feliz.
La mirada de su amigo se torció con claro desagrado por la idea. Estaba segura de que el terrícola se estaba imaginando haciendo todo lo que le estaba describiendo. Dan podía reconocer la importancia de la educación y los títulos que ésta traía consigo, pero jamás podría compartir ese mismo interés con ella.
-¿Y qué pasará con Wilda y Ángel? Si en verdad se van a retirar, ¿qué será de ellos? -. Preguntó el castaño con curiosidad y preocupación al mismo tiempo.
Ante sus palabras, Mira miró a su amigo humano como si le hubiera crecido una segunda cabeza.
-¿No lo sabes? -. Preguntó la ojiazul esperando el remate de una broma.
-¿Saber qué? Es una buena pregunta, Ángel y Wilda no pueden pelear sin ustedes -. Respondió el ojirrojo confundido.
-Dan, creo que no te has dado cuenta, varios de los chicos han estado pensando en volver a Nueva Vestroia -. Explicó la pelinaranja antes de tomar un poco de aire para liberarlo en un suspiro antes de seguir -. Han tratado de ocultarlo y lo han hecho bien, pero ya sabes cómo son Nick y Shun.
-Siempre averiguan todo -. Completó el castaño, negando divertido con la cabeza.
-Así es -. Asintió la chica antes de mirar a los Bakugan que veían expectantes el juego de Ingram y Leónidas -. Parece que Elfin es la más comprometida a regresar a su planeta, se siente culpable por no haber podido defender apropiadamente la energía Aquos y haber dejado desprotegida a Nueva Vestroia.
-Pero eso es ridículo, esos tarados de los Vexos nos habrían buscado de todas maneras -. Justificó el peleador a su amiga.
-Sí, pero no es así cómo ella lo ve. Se siente culpable y desde que perdió su energía de atributo sin poder liberar sus poderes ocultos, se siente inútil.
Aunque Elfin no era la única que se sentía de esa manera, después de todo, Percival, Nemus, Wilda y hasta el mismo Drago no habían logrado explorar todo el poder de sus energías de atributo antes de perderlas. Ingram y Ángel fueron los únicos que lograron dicha meta y gracias a eso, Nick tenía la teoría de que podían ponerse fácilmente al nivel del Helix Dragonoid o incluso del mismo King Leónidas, aún con todos los secretos que éste último contenía.
No podía culpar a los chicos por sentirse de esa manera.
-Si tuviera que adivinar, diría que Elfin y Preyas volverán a Nueva Vestroia a ayudar a Skyress a proteger el planeta. Baron se va a retirar del ejército para dedicarse a su familia y hacer su vida nuevamente, así que imagino que Nemus también volverá a su mundo natal -. Teorizó la pelinaranja con una mano en su barbilla -. No puedo asegurar que hará Percival, pero no me sorprendería si también decide irse a casa. El único modo de seguir en las batallas en Vestal es formando parte del ejército y no creo que Ace esté dispuesto a volver a seguir órdenes de nadie. Aún tengo que hablar con Wilda y averiguar qué es lo que quiere hacer una vez que todo esto haya terminado, pero tengo el presentimiento de que querrá quedarse.
No se atrevió a pensar en lo que podría hacer Ingram, sabían que él y Shun le habían prometido a Skyress que siempre se cuidarían y estarían ahí el uno para el otro siempre, cuidándose mutuamente como los compañeros que eran. Parte de Mira podría apostar que el Bakugan Ventus decidiría quedarse con su nueva familia en el momento de la verdad, no solo por la promesa hecha a su predecesora, sino también por los lazos que había forjado con los humanos y sus compañeros. Sabía que Drago y Ángel eran cercanos a Ingram, los respetaba y valoraba profundamente su amistad, mientras que Leónidas podría describirse directamente como su mejor amigo. Ambos Bakugan no eran solo era compañeros de entrenamiento, también eran el principal confidente el uno del otro.
Durante su tiempo separados en mundos diferentes, Ingram había sido el único Bakugan de la Resistencia que se había acercado a Leónidas sin miedo, tratándolo como un amigo normal. En las circunstancias que atravesaba el Bakugan Darkus, tal acción debió significar muchísimo, razón por la cual se había permitido acercarse al ninja, convertirse en su amigo y posterior confidente en la Tierra y sus extrañas costumbres para su especie.
Probablemente, Ingram preferiría quedarse con sus amigos y su compañero en la Tierra. Lo que dejaba solo un cabo suelto con respecto a los Bakugan que los habían acompañado a lo largo de esta aventura.
-¿Y qué pasará con Ángel? -. Cuestionó Dan con interés, mirando a la Bakugan -. Si Elisa va a ser la primera en retirarse, ¿qué será de ella? Digo, imagino que sería bienvenida en Nueva Vestroia, pero no creo que sea justo separarla de Leónidas después de todo lo que han pasado.
-De hecho, le hice esa misma pregunta a Lis anoche -. Comentó Mira sin despegar la mirada de Ángel.
La Bakugan parecía genuinamente interesada en el desarrollo de la partida de ajedrez que su amado libraba contra Ingram, completamente inconsciente del hecho de ser el tema central de la conversación que actualmente mantenía con su amigo terrícola.
-¿Y qué te dijo? -. Preguntó Dan a punto de saltar del suspenso por no recibir una respuesta rápida.
-Parece que ya lo discutió con Nick y están de acuerdo en que, cuando todo esto haya terminado, Ángel se quede con ellos como una nueva compañera -. Explicó la pelinaranja finalmente.
No sabía cómo funcionaría eso, un peleador para dos Bakugan y eso únicamente en el remoto caso de que Wolfang decidiera regresar a Nueva Vestroia. Por lo que parecía, el pequeño lobo acorazado no estaba dispuesto a renunciar a la familia que había formado con Nick, Leónidas y el resto del equipo. Desde su posición, casi parecía que estaba mirando atentamente el tablero, esperando una instrucción que le permitiera ser de ayuda para el compañero de su peleador.
-Supongo que será difícil cuando finalmente nos separemos -. Murmuró el chico con pena.
-No te preocupes, sabes que siempre estaremos ahí para ustedes. Después de todo, ya somos como una familia, una extraña y muy inclusiva familia -. Consoló la pelinaranja poniendo una mano en el hombro de su amigo -. No importa que tan lejos estén nuestros mundos, estaremos ahí para ustedes siempre.
Una alianza entre vestals y humanos, algo nunca antes visto en toda la historia de su mundo, pero que ahora era más que posible y todo gracias a la amistad entre un grupo de chicos y los miembros del ejército. Sin duda alguna, era una forma muy extraña de hacer historia, pero nunca podrían decir que las buenas relaciones entre dos mundos completamente distintos no eran posibles.
Esperaba, de todo corazón, que esta amistad fuera un precedente para los mundos el día en que inevitablemente se entablara un contacto más formal.
-Supongo que sí, no podemos dejar que algo como la distancia acabe con nuestra amistad -. Aceptó el castaño con ojos brillantes.
-Así es. Además, recuerda que podemos venir de visita cuando queramos. Estamos a solo una llamada de distancia -. Recordó la chica guiñando un ojo con una risita.
-Es cierto -. Asintió el castaño recuperando su buen humor rápidamente -. Así podré enseñarte el mirador del que te hablé, aún tengo esa visita pendiente.
-Seguro, muero por ver el lugar en el que Nick se avergonzó frente a Alice -. Dijo la chica entre animadas risas.
-Bien, solo dime el día en que quieras ir y prepararé todo un festín para acompañar las vistas -. Aseguró el chico alegre -. Aunque no le digas a Nick, podría molestarse.
Ambos jóvenes se rieron una vez más antes de mirarse por unos segundos con atención en un cómodo silencio. La última vez que sus ojos se habían cruzado de esta manera había sido en Nueva Vestroia, cuando Mira se arrojó feliz a los brazos del castaño al ver que se encontraba bien y no estaba herido después de su pelea con Keith en el palacio.
No pasaba con mucha frecuencia, pero era en este tipo de momentos que el corazón de la pelinaranja comenzaba a latir con más fuerza y, sorprendentemente, solo sucedía con Dan. Nunca se había sentido de esa manera antes con nadie más, solo había visto a Keith y Mylene en momentos contados muy específicos y a los chicos que buscaban a Elisa por la oportunidad de que la rubia les prestara atención, pero nunca lo había experimentado por sí misma.
Dan era la primera persona con la que sentía esta reacción, su corazón agitado, sus mejillas enrojecidas y sus manos ligeramente temblorosas.
No era ninguna tonta y ya tenía un par de ideas de a que se debía esta reacción en su cuerpo, en su corazón, y no podía negar que tenía miedo. Nunca se había sentido de esta manera, nunca creyó que llegaría el día en que sus emociones se agitaran de esta forma, pero aquí estaba. Solo esos rojos podían llevarla a un estado de inconsciencia semejante a aquel en el que se encontraba ahora, solo esa brillante sonrisa podría calmarla en medio de la oscuridad que estaba guerra había dejado caer sobre ellos, solo esa actitud cálida podría permitirle tener un poco de esperanza ante lo que, por mucho tiempo, fue un panorama inmisericorde.
Había temido la muerte como cualquier soldado y la había aceptado poco después con tristeza y desgano. Sin embargo, si ese rostro amable fuera lo último que podría ver antes de partir una vez más para enfrentar al demonio cara a cara por última vez, podría ir feliz a encarar cualquier destino que se pusiera frente a ellos.
Si tan solo pudiera seguir siendo respaldada por esa mirada gentil, amorosa, dedicada y comprensiva.
Aquella que la hacía sentir invencible.
Se acercaron poco a poco, no estaba segura de lo que estaba pasando en ese momento, solo supo que se dejó llevar lentamente por esos sentimientos que avasallaban su corazón, aquellos que la llevaron a sentir la calidez de Dan cada vez más cerca de ella, dejando a un lado los vasos de soda que nunca tocaron sus labios.
Aquellos sentimientos que la llevaron a sentir el cálido aliento de este noble peleador tan cerca de sus labios mientras acercaban lentamente sus rostros.
-¡Chicos, vengan a ver esto! -. Llamó Marucho al resto del grupo tan fuerte como pudo.
La magia se perdió en ese momento, no quedó nada de aquel ambiente tranquilo que los dominó por unos segundos que parecieron eternos. El deber los llamaba y eso era algo que no podían controlar, algo que los superaba.
Con una maldición que nunca salió de sus labios y se perdieron en sus pensamientos, ambos peleadores se vieron obligados a retroceder para unirse al grupo tan rápido como pudieron.
-¿Qué pasa, Marucho? -. Preguntó Mira tratando de calmar su agitado pulso y el tinte rojo que decoraba sus mejillas.
-Miren esto -. Señaló el pequeño rubio a la pantalla.
Una serie de garabatos fue lo primero que vieron los peleadores al mirar a la pantalla, organizados en renglones del mismo largo con un par de estos mismos símbolos en la parte inferior de lo que parecía ser este extraño escrito.
-¿Qué es eso? No distingo el idioma -. Preguntó Marduk confundido.
-Eso es porque no es un idioma terrestre -. Respondió Keith alejándose de la pantalla para sentarse en el sillón más cercano con una expresión en blanco.
-Interceptamos este mensaje gracias a los satélites, pero no hemos podido descifrar que significa -. Dijo Marucho tratando de dar sentido a las aparentes palabras que decoraban su pantalla.
-Parece que tú lo sabes, Keith -. Comentó Nick mirando al vestal en el sillón, que parecía incapaz de plantar alguna expresión en su rostro que no fuera la sorpresa y la incertidumbre -. ¿Quieres decirnos que significa?
El miedo en los ojos de su hermano le hizo entender que esto era más serio de lo que parecía por sí solo, había algo malo en todo esto y no sabía que era. Parecía que solo Keith entendía la naturaleza del escrito, pero no era cualquier cosa y no podía tomarse a la ligera.
Algo preocupante estaba sucediendo y nadie más que su hermano podía entender a ciencia cierta todo lo que estaba ocurriendo, por lo que Mira solo pudo limitarse a sostener su mano con firmeza, en señal de apoyo mientras Erika posaba sus manos en los hombros de su hijo mayor.
-Es un mensaje de ayuda escrito en vestal antiguo, un protocolo del ejército para llamar refuerzos a través de una lengua muerta. De esta manera, nadie podría descubrir las intenciones de quienes enviaran el mensaje -. Explicó el rubio sintiendo como Eisel también se acercaba a él para confortarlo.
-¿Sabemos quién es el remitente? -. Preguntó el pelinegro una vez más con cautela.
-Papá.
Una respuesta que dejó helados a los presentes, que hizo que los hijos se tensaran ante la mención del padre mientras la esperanza de volver a estar juntos inundaba sus corazones destrozados.
Nick dejó ir a su novia con cuidado para que ésta pudiera aferrarse a sus hermanos y a su madre tan fuerte como le fue posible. En medio del pesado ambiente que recayó en la sala principal, se escuchó el llanto de los vestal mientras los humanos comenzaban a planear su siguiente movimiento.
La carta contenía un informe detallado de los planes de Zenoheld, incluyendo la próxima invasión a Vestal para reconquistar el planeta. El tiempo para llorar y desahogarse era limitado, así que la familia en reconstrucción se vio obligada a aprovecharlo antes de volver a la batalla, a pensar con la cabeza fría.
Se trazaron varios planes, llenos de todo tipo de opciones y medidas para lograr el éxito, pero fue imposible dar con todos los detalles que Nick, Marucho y Shun mencionaban cuando tenían al lado el llanto lleno de felicidad y alegría de una familia que, poco a poco, recuperaba la esperanza de volver a estar juntas, de una mujer soñando con ver al amor de su vida después de mucho tiempo separados y de unos hijos que no podían esperar para volver al padre que habían tratado de arrebatarles, pero cuya voluntad le había permitido sobreponerse a al control que quisieron imponerle.
Por fin, después de tanto tiempo, parecía que aún había un poco de luz al final de este oscuro túnel que les había tomado demasiado tiempo recorrer.
Vestal, Departamento Clay
Hace 16 años
-¡Keith, calla a esa mocosa!
Las exigencias de su padre comenzaban a ser cada vez más pesadas. No podía decir que antes fuera sencillo cumplir con sus órdenes, pero ahora le estaba exigiendo cosas que sinceramente no podía lograr por su cuenta.
Era vergonzoso para él reconocerlo, pero tenía que aceptar que, aun con toda su inteligencia, había cosas que escapaban de su control y calmar a su pequeña hermanita encabezaba esa lista de imposibilidades para él.
Paseándose por la isla que era la cocina con dirección a la sala, el pequeño niño de escasos cinco años de edad, cortó la distancia con la cuna de su hermana en tiempo récord para recoger a la bebé con una semana de edad.
Cuidar a Mira por su cuenta había sido difícil, más aún sin la ayuda de su padre. Jamás podría olvidar como el profesor Clay había llegado a su casa acompañado por su padrino con la bebé en brazos y expresiones sombrías. Sin su madre presente en ningún sitio.
Era un genio, no necesitó que se lo dijeran una sola vez para comprender lo que estaba sucediendo: su madre había muerto en el parto. Lo único que evitó que se quebrara en llanto fue el fuerte abrazo de su tía Erika mientras el tío Eric lo alentaba a llorar libremente en su hombro, diciéndole que estaba bien llorar por su madre, que no todas las lágrimas eran malas.
Clay no reaccionó, solo se quedó en el sillón más cercano mirando a la nada absoluta, mientras la pequeña Mira lloraba y su tía Erika trataba de calmarla por todos los medios hasta que el profesor les pidió que se fueran, alegando que necesitaba espacio.
Sus padrinos lo hicieron, se fueron optando por darle un voto de confianza al hombre para cuidar a sus hijos. Seguramente, no esperaban que el profesor se recluyera en su laboratorio privado, dejando la responsabilidad de cuidar a su hija recién nacida a su hijo mayor.
Keith no tenía problema con cuidarse por su cuenta, se enorgullecía de ser capaz de valerse por sí mismo en varios aspectos de su vida, podía prepararse sus comidas solo, podía organizar su horario solo e incluso era perfectamente capaz de realizar sus tareas sin la ayuda de sus padres, aunque su padrino insistía en ayudarle cada que podía. Por desgracia, cuidar a una bebé era algo completamente diferente a cuidar de sí mismo.
Por lo que sabía, los niños a esa edad necesitaban seguir una serie de reglas estrictas que podrían definir los inicios de su crecimiento, pero dar con todas ellas era una tarea sumamente complicada. Había tratado de pedir la asistencia de su padre, pero el profesor no quería saber nada de la pequeña, prefiriendo quedarse solo en su laboratorio a pasar su duelo a su manera. Había tratado de buscar la ayuda de sus padrinos, pero estaban fuera de la ciudad, buscando ofertas para una casa de campo en la que querían atender el nacimiento de su futuro primer hijo, por lo que tampoco pudo contar con ellos.
No supo cómo se las ingenió para mantener sana a la pequeña niña, dudaba de su capacidad para encargarse del hogar en ausencia de sus padres. Incluso había llegado a temer la posibilidad de desarrollar el mismo rencor que su padre parecía tener por la bebé después de la pérdida de su madre. Afortunadamente, ver a su pequeña hermana feliz en sus momentos de calma servía para recordarle que no debía caer de la misma manera que el profesor lo había hecho.
Su hermana no tenía la culpa de lo que le había pasado a su madre, a su escasa edad lo había comprendido mejor que el profesor.
Lastimosamente, no tenía la misma experiencia que el hombre a la hora de cuidar niños y su inexperiencia se había hecho evidente solo con la presentación que manejaba la sala. Se podía ver desde cualquier posición posible dentro del departamento y siempre se notaría el desastre.
Una horda de juguetes de todo tipo decoraba el suelo del lugar sin ningún orden en específico, todos traídos con el propósito de calmar a Mira cuando no dejaba de llorar. Trató de limpiar un poco la sala, pero parecía que su hermana siempre lloraba cuando creía que estaba sola, por lo que solo pudo amontonar un par de artículos en la pared para que su hermana no lo perdiera de vista y no disgustara a su padre. La cocina parecía un basurero, la imagen tan pulcra que sus padres solían mantener del lugar se había desvanecido después de su intento de alcanzar una caja de botellas leche en los estantes superiores, no podía entender cuál era la necesidad de los adultos de poner las cosas tan lejos del alcance de los niños; podría echarle la culpa a su padre por el desastre que quedó tras su intento de apilar un par de muebles que le permitieran llegar a las cajas de leche, sino fuera por el disgusto que le provocaría.
También se había hecho a la idea de dormir en el sofá, Mira parecía quererlo mucho, pero no le agradaba cada vez que intentaba cargarla para llevarla a alguna de sus habitaciones en el piso superior, por no mencionar el peso de la bebé que aún era incapaz de soportar por mucho tiempo. Sin más ideas y agotado por su estado actual de niñero, se hizo a la idea de dormir en el sofá para cuidar a Mira y tenerla siempre cerca. Su madre se habría enfadado al ver a sus hijos dormir en el sillón de la sala, pero ella ya no estaba para encargarse del hogar.
Sufrir con toda esta situación le había hecho adquirir un nuevo respeto por su difunta madre y su tía Erika, estaba seguro de que ni él ni su tío Eric y mucho menos su padre podrían manejar el mantenimiento de un hogar con la misma habilidad que lo hacían ellas.
Habría seguido divagando acerca de los últimos acontecimientos de no ser por el llanto de Mira, que rompió toda ilusión de descanso que el pequeño tuviera para retomar su nueva labor como niñero de su pequeña hermana.
-¡Keith! ¿¡Qué fue lo que dije!? -. Resonó la voz del profesor desde el laboratorio privado en los pisos inferiores.
Ahora entendía porque el hombre había buscado un departamento en el primer nivel del edificio, era el único lugar que le permitía tener un sótano al cual le sacaba todo el provecho que podía al poder llevar su trabajo a casa y viceversa.
-¡Estoy en eso, papá! -. Respondió el pequeño pelinaranja, conteniendo sus ganas de incluir un insulto en la frase.
Su madre no habría querido que su hijo insultara a su propio padre, sin importar cuanto lo mereciera, pero ya estaba trazando un plan en su cabeza para hacerlo enojar sin tener que irrespetar los deseos de su madre. Tal vez, cuando tuviera un poco más de edad, podría hacerse una operación para modificar la melanina de su cabello para hacerlo tan dorado como el de su padrino. Sabía que Clay no estaría muy feliz al ver a su hijo cambiar el color de su cabello para parecerse más a su tío Eric.
Las ventajas de la tecnología vestal y sus constantes avances y perfeccionamiento.
-Vamos, Mira, tienes que ayudarme. No queremos que el oso malo salga de su cueva y nos castigue por no dejarlo dormir -. Pidió el pequeño con desesperación.
Ni siquiera sabía por qué estaba intentando razonar con la bebé, seguro que ni siquiera entendía una sola palabra de su parte.
Estaba desesperado, estaba cansado y no sabía qué hacer. Nunca pensó que llegaría el día en que prefiriera mil veces soportar a sus maestros que lo trataban como si no fuera un genio solo por su edad a pasar un rato en casa con un miembro de su familia.
No había tenido tiempo de llorar por su madre desde que sus padrinos se fueron, se había dedicado en cuerpo y alma a cuidar a su pequeña hermana. Y los efectos de la frustración comenzaban a manifestarse lentamente en el pequeño. En su caso en específico, sentía que fácilmente podría haber comenzado a llorar junto con su hermana debido la impotencia que le generaba su incapacidad para manejar esta situación, de no ser por el sonido del timbre en la puerta de entrada.
-¡Diles que no estoy para nadie! -. Llamó una vez más el profesor.
-¡De acuerdo! -. Respondió el niño dirigiéndose a la puerta junto con la carriola en la que mantenía a su hermana para su fácil transporte.
No sabía qué hacer si era uno de los asistentes de su padre con unos planos para él, no sabía si podía rechazar una entrega importante, un mensaje urgente para la mente más brillante del planeta o una visita de las amigas de su madre para darle el pésame a la familia, pero nada de eso importó cuando abrió la puerta para encontrarse cara a cara con los rostros preocupados de sus padrinos.
Todo atisbo de pensamientos inseguros se desvaneció cuando sus padrinos lo miraron desde el marco de la puerta, cualquier ápice de frustración o tristeza se borró de su mente como si nunca hubieran existido cuando se arrojó a los brazos de los adultos que se asomaron por el portal de la puerta como un salvavidas en medio del océano.
Parecía que, en los momentos en los que más necesitaba ayuda, sus tíos siempre aparecerían para sacarlo de los problemas que no podía manejar.
-Tío Eric -. Susurró el niño envolviendo al hombre en el abrazo más grande que pudo.
Habría rodeado también a su tía con la misma efusividad que al hombre de no ser por su embarazo cada vez más avanzado, se notaba en su vientre cada vez más grande.
-Keith, ¿qué sucedió? -. Preguntó el soldado desviando la mirada de la cabellera anaranjada de su ahijado para ver la sala frente a él.
Era vergonzoso que sus padrinos tuvieran que ver los resultados de su trabajo como niñero. Se enorgullecía de ser capaz de sorprender a su tío Eric con sus habilidades y su ingenio, así que solo podía sonrojarse bajo la mirada analítica de los adultos.
-¿Dónde está Clay? -. Preguntó Erika agachándose para recoger a su ahijada de la carriola.
-En su laboratorio -. Respondió el pequeño casi por inercia.
-¿Te dejó cuidando a Mira? -. Cuestionó Eric al niño con una chispa de rabia en sus ojos.
-Sí, pero creo que no lo he hecho muy bien -. Admitió Keith apenado -. Ha estado llorando últimamente y no logró calmarla. Papá me dijo que me encargara, pero no sé qué hacer.
Ambos adultos compartieron una última mirada antes de entrar con los niños a la residencia. Si opinaban algo con respecto al desastre que los recibió, lo ignoraron por completo para tratar de despejar un poco el camino hasta el sofá más grande del lugar.
A pesar de su embarazo, Erika se movía con habilidad entre los artículos regados por el suelo con la bebé aún en brazos para dejar la carriola en un lugar en el que no hiciera estorbo. Keith no podía recordar el número de veces que se había caído tratando de recorrer la pista de obstáculos que era la sala.
-¿Cuándo fue la última vez que la alimentaste? -. Preguntó la mujer suavemente.
-Temprano, hace unas horas, papá tenía guardadas unas botellas de leche. Calenté un poco en una hoya pequeña como desayuno -. Contestó el pequeño como si le estuviera hablando el comandante del ejército en lugar de su padrino.
-Keith, ya es más de mediodía, un bebé come normalmente cada dos o tres horas -. Explicó el hombre llevándolos a la cocina.
-Debe tener hambre -. Declaró la mujer antes de tomar asiento junto a su ahijado.
En verdad había perdido la noción del tiempo, estaba seguro de que aún era temprano y tenía mucho tiempo para resolver lo que estaba pasando. Nunca pasó por su cabeza la posibilidad de que ya fuera mediodía. Tenía listo un horario de comidas para Mira, pero había olvidado revisarlo con tantas presiones encima.
-Soy un idiota -. Se lamentó el pequeño con pena.
-No digas eso, hiciste todo lo que pudiste para atender a tu hermana. No conozco a ningún niño de tu edad capaz de hacer lo que tú hiciste por ella -. Consoló Erika levantando su blusa de embarazo para revelar se seno izquierdo.
Keith se giró avergonzado, sabía que la leche materna era el mejor alimento para los bebés y, por eso, su madre había llenado todos los frascos con leche que le fue posible para alimentar a Mira en todo momento que lo necesitara. Pero, sinceramente, no estaba dispuesto a ver a su tía amamantar a su hermana en vivo y en directo, aún tenía una infancia que quería mantener intacta.
-Tiene razón -. Respaldó el rubio a su esposa poniendo una mano en la cabeza del niño para revolver su cabellera con afecto -. Esto ni siquiera debería ser tu responsabilidad.
Sabía que era cierto, había pensado en confrontar a su padre y hacerle ver que sus hijos lo necesitaban, pero el estado de ánimo del profesor no parecía permitirle aceptar críticas a sus acciones más recientes. Era como si su padre hubiera sido reemplazado por un cascarón roto, uno indispuesto a salir de la cueva en la que él mismo se había recluido.
-¿Dijiste que tu padre está en su laboratorio? -. Preguntó el ojiverde tratando de ocultar la rabia en su voz.
A su padre no le gustaría que permitiera que alguien bajara a su laboratorio, sabía que el hombre prefería estar solo ahora y estaba indispuesto ante cualquier visita que pudieran recibir. Sin embargo, el tono oscuro y serio de su padrino era una de las pocas cosas que podía motivarlo a desafiar las órdenes de su padre.
Clay podía ser intimidante y sombrío, pero Eric Valiant era un soldado normalmente tranquilo, por lo que su presencia era mucho más fuerte que la de su padre y sabía que cuando usaba ese mismo tono, no estaba preguntando cómo su padrino realmente, estaba ordenando como comandante la confirmación del lugar en el que se encontraba su padre.
-Sí, señor -. Asintió el niño cual soldado.
-Entiendo -. Murmuró Eric con frialdad antes de dirigirse a la salida de la cocina.
-Cielo -. Llamó la mujer a su marido.
Ante el llamado de su mujer, el hombre se giró por un momento para devolverle una mirada breve a su esposa y a sus ahijados.
-No le haré daño -. Prometió el hombre antes de retomar su curso al laboratorio -. Mientras no me dé razones para hacerlo.
El comandante no tardó en desaparecer por completo de la vista de la mujer y el niño para perderse entre las sombras que precedían la entrada a la celda voluntaria del edificio que contenía al profesor.
Erika no tardó en regresar su atención a su pequeño ahijado al tomar su diminuta mano con amor, sin soltar a la pequeña Mira en su otro brazo.
-Hiciste un buen trabajo con tu hermana, Keith -. Felicitó la mujer sinceramente, ofreciéndole una pequeña sonrisa -. Estoy segura de que tu mamá estaría muy orgullosa de ti.
Había pasado poco tiempo desde la última vez que había hablado de algo relacionado con su madre, pero el tener que ocupar toda su energía y disposición en cuidar de su hermana menor había hecho que los días pasaran más lento y el tiempo desde la última vez que habían pensado en Mira Fermin se sintiera eterno.
Escuchar a alguien mencionarla con tanta facilidad hacía que su corazón se agitara con violencia, mientras sus ojos amenazaban con aguarse debido al significado de las palabras que su tía Erika le estaba dedicando.
No pudo evitar imaginarse con detenimiento la brillante sonrisa de su madre junto con sus ojos llenos de amor, mirándolo como si fuera la cosa más valiosa de todo el universo y, aunque estaba seguro de que no era así, sabía que lo era para su difunta madre.
Sin quererlo ni poder evitarlo por mucho más tiempo, las lágrimas del pequeño se hicieron presente mientras devolvía la mirada a su tía con unas lágrimas saliendo de sus ojos.
-¿Tú crees, tía? -. Preguntó el niño ilusionado.
Al ver su reacción, la mujer solo pudo asentir al depositar un pequeño beso en la cabellera de su ahijado.
-Así es -. Asintió Erika regresando a su silla y despegando a Mira de su seno -. Espero que, si un día llego a tener otro hijo, este pequeño sea un hermano tan comprometido cómo tú -. Dijo la señalando su vientre.
Sus palabras hincharon su pecho de orgullo, estaba consciente de que había fallado como niñero a pesar de sus duros esfuerzos, pero las palabras de su tía lo hacían recuperar un poco de la autoestima que había perdido ante su fracaso. Algo que su padre no estaría muy interesado en hacer estos días.
-¿Puedo confiar en que ayudarás a este pequeño, si un día decido convertirlo en hermano mayor? -. Preguntó la mujer señalando a su vientre cada vez más grande.
-Seguro -. Respondió el pequeño rápidamente, emocionado por la idea de enseñar a su futuro primo -. ¿Y si es una niña? -. Cuestionó al recordar que aún no sabían el sexo del bebé.
Por lo que sabía, sus tíos habían preferido mantener la sorpresa para el día en que su primogénito naciera finalmente, por lo que era muy posible que su primer hijo también pudiera ser una niña.
-En ese caso, confío en que también la cuidarás con el mismo compromiso con el que cuidaste a esta pequeña -. Contestó la mujer con dulzura mientras arrullaba suavemente a la pequeña Mira.
No tenía que pedirlo dos veces, sus padrinos no solo habían sido una presencia constante en su vida a la que valoraba con fervor, también eran como unos segundos padres para él. Siempre recordaría las numerosas juntas de padres a las que la tía Erika tuvo que asistir durante el embarazo de Mira o al tío Eric quedándose con él hasta altas horas de la noche ayudándolo a hacer su tarea de antiguo vestal, siendo un experto en el tema gracias a su entrenamiento en el ejército. Si ellos confiaban en él para cuidar de su primer hijo o hija, Keith estaría ahí para él tanto como fuera necesario y un poco más para asegurarse de que había hecho un buen trabajo, uno que enorgulleciera a sus padrinos.
-Sí, señora -. Prometió el chico levantando su mano a la altura de su frente en una imitación perfecta de su padrino, haciendo reír a la mujer -. Y solo por curiosidad, ¿qué nombre tendrá mi futuro primo o prima?
Era una pregunta que había rondado por su mente desde que le dijeron que su tía también estaba en estado de embarazo. La primera vez que les preguntó por los posibles nombres para el bebé, dijeron que no aún no tenían opciones, pero después de tantos meses ya deberían tener un par de candidatos al menos.
-Bueno, aún no sabemos que nombre ponerle si es niño -. Se sinceró la mujer rascándose la nuca un poco avergonzada -. Sin embargo, si es una niña, creo que vamos a ponerle el nombre de la madre de Eric.
-Elisa -. Completó el niño por su tía -. Es un lindo nombre. ¿Y si tienen otra niña después de ella? -. Saltó a la siguiente pregunta con el mismo nivel de curiosidad.
En su defensa, ella había mencionado la posibilidad de que quisieran tener otro bebé. Cómo futuro científico que era, su deber era indagar en todas las cuestiones que rondaran en su cabeza hasta darles una respuesta.
-En ese caso, creo que le pondré Eisel, en honor a mi abuela -. Respondió su tía Erika de buen humor.
Habrían seguido en esta amena charla por un tiempo más, de no ser por los agresivos gritos que resonaron de repente desde los niveles inferiores del departamento.
-¡Esos niños te necesitan, Clay! ¡Deberías estar ahí arriba cuidándolos y no aquí pudriéndote en tu miseria!
Esa era la voz del tío Eric, claramente molesto por la actitud de su amigo. No, no molesto, enfurecido. Su tío se enorgullecía de ser un oficial del ejército capaz de mantener el orden y la disciplina en sus hombres sin la necesidad de gritar, insultar o maltratar a nadie, así que oírlo gritar era algo nuevo para él y no le gustaba.
Prefería a su amoroso y tranquilo tío Eric, que siempre lo hacía sentir seguro solo con su actitud tranquila y amorosa, escuchar desde la distancia al soldado que los enemigos de Vestal tenían que conocer en el campo de batalla era más que suficiente para erizarle la piel al pequeño.
-¿¡De verdad crees que es tan fácil para mí!? ¿¡Crees que puedo subir y fingir que nada pasó sabiendo que nunca más podré volver a verla porque decidió poner la vida de esa niña antes que la suya!? ¡No me pidas que sea un padre con todo lo que pasó en ese maldito hospital! ¡Tuve que ver morir a mi esposa por esa niña, maldición!
Esa era la respuesta de su padre, tan enfadado como su tío o incluso más. Incluso pudo escuchar el sonido de su silla cayendo al suelo, el profesor debió levantarse con agresividad de su asiento al escuchar los reclamos de su amigo.
-Vamos, Keith, no tenemos que escuchar esto -. Interrumpió Erika en voz baja, tratando de alcanzar su mano para alejarlo del lugar junto con su hermana.
Sin embargo, el pequeño no se movió ni un milímetro de su posición, atento al desarrollo de la discusión de su padre y su padrino. Muchos niños se habrían asustado al escuchar esos gritos, pero, aunque el mismo Keith tenía que reconocer su propio nerviosismo por lo que estaba sucediendo abajo, sentía que también era su responsabilidad estar atento a lo que pasara en su hogar.
Su tío le había dicho una vez que tenía que estar listo para ser un hombre los días que su padre se ausentara por trabajo. Clay había estado fuera del funcionamiento de su hogar desde el nacimiento de Mira y había dejado a Keith como el encargado de velar por la seguridad de su casa, y eso es justo lo que haría.
-¡Mira no tiene la culpa de lo que pasó! ¡Nadie la tiene! ¡Saca la cabeza de tu maldito trasero y ve a hacer lo que tienes que hacer, maldito hijo de…!
Su tía le tapó los oídos su brazo libre y su pecho antes de que su padrino pudiera terminar su frase. Sabía más o menos lo que su tío quería decir, aunque también prefería no estar al tanto de todo lo que dijera en sus momentos de furia. Le había prometido a su mamá que jamás adoptaría ese tipo de lenguaje y pensaba mantener su promesa, por lo que prefería ignorar el uso de tales palabras, aunque fuera por parte de su tío Eric.
-¿¡Crees que es fácil para mí!? ¿¡Cómo te sentirías si fuera Erika la que hubiera muerto en esa camilla!? ¿¡Podrías levantarte todos los días del resto de tu vida para hacerte cargo de la razón por la que tú esposa está muerta!? -. Preguntó el profesor entre gritos.
-¡Lo haría, porque no dejaría de ser mi hija! ¡Mira murió para salvar su vida porque la amaba y estaba segura de que tú la amarías de la misma manera que lo hizo ella! ¡Si pudiera, no dormiría un solo día de toda mi vida para cuidarla, porque sé que es algo que vale la pena! ¡Aún tienes familia afuera, deja de ignorarla y ve a ser lo que Mira habría querido que fueras!
Un buen padre, eso era lo que su tío quería decir. Conocía al hombre lo suficiente como para saber que siempre buscaba que las personas a su alrededor se convirtieran en la mejor versión de sí mismos que le fuera posible. Eric Valiant hacía que admirarlo fuera tan fácil, era imposible no verlo como un ejemplo a seguir para todos los que lo conocieran. Era muy raro conocer a alguien como su tío, por lo que esperaba un día ser la mitad de hombre que era el comandante en su día a día. Solo con eso, sabría que se había convertido en la mejor versión de sí mismo.
Habría seguido finalmente a su tía Erika a la salida del departamento de no ser por las siguientes palabras que rompieron el breve silencio del lugar y que, con ellas, enterraron una relación.
-¡Si tanto te importa esa mocosa, puedes llevártela! -. Gritó el profesor con una fuerza que Keith no sabía que poseía.
¿En verdad estaba renunciando a su propia hija? ¿Estaba tan dolido por su tragedia, que era incapaz de cumplir con el que debió ser el último deseo de su madre? ¿De verdad le importaba tan poco su propia hija? Eran tantas preguntas y no sabía cómo darles una respuesta, pero tampoco tuvo el tiempo para hacerlo.
Un fuerte golpe se escuchó desde el laboratorio, seguido por el estruendo de una mesa cayendo al piso junto con una serie de artículos de considerable peso y tamaño. El sonido hizo que tanto la mujer como el niño saltaran con miedo de su lugar, mientras los llantos de Mira inundaban la habitación una vez más.
Su tío no tardó en salir rápidamente del sótano con su mejor intento de sonrisa. No hacía falta que actuara, estaba más que claro lo que había sucedido, pero el comandante insistía en mantener su mejor cara para su esposa y sus ahijados, tratando de recuperar la calma que se había perdido entre el alboroto.
-Keith, tú y Mira se quedarán con nosotros un tiempo -. Avisó el hombre recogiendo al pequeño con facilidad -. No te preocupes por tus cosas, luego volveré por ellas.
¿Quedarse con sus padrinos? No negaría que le gustaba la idea, lo hacía todos los días que le era posible y lo adoraba, pero se sentía un poco mal dejar a su padre con todo lo que estaba pasando. Tenían sus diferencias, pero no sabía si era buena idea dejarlo solo en su estado actual.
Estaba a punto de objetar, pero la mirada severa y firme del hombre le dejó en claro que este no era momento de cuestionarlo. Se quedó callado mientras se acurrucaba tanto como podía en el cómodo calor que emanaba su padrino mientras sus brazos lo rodeaban lejos del suelo. Normalmente, habría dicho que no tenían que cargarlo, ya era grande y podía caminar casi al mismo ritmo que su tío. Pero había pasado un tiempo desde la última vez que su padre había hecho esto por él y no podía negar que añoraba que alguien lo sostuviera como si aún fuera un bebé y le dijera que no pasaba nada malo.
Se sentía bien estar con alguien que no dejaría caer sus responsabilidades en él de forma egoísta. Se sentía bien saber que aún había gente para él, dispuesta a apoyarlo y a cuidarlo, lista para ofrecerle un hombro sobre el cual llorar sin pena una vez más.
Su tiempo para extrañar a su madre finalmente había llegado, finalmente podría lamentarse en paz con una compañía real y sin la presión constante de tener que cuidar a su hermanita.
Finalmente, podría empezar a llorar por todo lo perdido antes de comenzar a reconstruir lo que aún quedaba de la vida que conocía.
-¡Eric, no puedes llevarte a Keith! ¡Es mi hijo! -. Objetó Clay agresivamente saliendo del laboratorio.
Su mejilla estaba marcada con una mancha morada que cubría desde el pómulo hasta la mandíbula.
Tenía que darle crédito, Keith habría comenzado a llorar inconsolablemente de haber recibido un golpe con la mitad de fuerza que su padrino debió haber usado, mientras que el profesor se mantenía inamovible.
-No hasta que me demuestres que estás listo para ser padre -. Respondió el comandante un poco más tranquilo, sin soltar a su ahijado -. Mi puerta siempre estará abierta para ti, Clay, pero tienes que demostrarme que estás listo para ser un hombre de verdad. Espero que la próxima vez que cruces mi puerta, estés listo para ser el hombre del que se enamoró mi mejor amiga y solo eso, porque ahora sé que mi hermano está muerto.
No se dijo nada más, el tío Eric azotó la puerta al salir con la pequeña Mira en brazos de su tía Erika. Los gritos del Clay no tardaron en reaparecer, pero no se atrevió a seguirlos. Sabía lo que podría pasar si intentaba algo contra una de las autoridades más grandes del planeta, una que incluso empequeñecía a la suya.
Los miraron raro al salir, pero nadie se atrevió a cuestionar a una figura pública como lo era el comandante supremo del ejército de todo el planeta y miembro del Alto Consejo. A Keith poco o nada le importó sinceramente, lo único que le interesaba en ese instante era que finalmente habían logrado calmar a su hermana mientras se dirigían al auto de sus tíos, que estaba siendo sostenido de la misma forma que había esperado que lo cargaran desde el momento en que dedujo el fallecimiento de su madre aunque nunca lo fuera a admitir, que recordó que aún tenía una gran familia a pesar de su trágica pérdida.
Una familia que había ido por él y por su hermanita.
Casa de Marucho, Habitación de Keith
En el presente
Fue ese día, fue ese mismo día que había comenzado a entender quién era verdaderamente su padre. Podía compartir el mismo tipo de sangre con el profesor Clay, pero poco o nada valía eso. Ese día había comprendido que Eric Valiant era su padre, a un nivel que el profesor no habría podido soñar nunca después de que los nudillos del hombre que solía ser su amigo impactaron en su rostro.
-¿Qué pasa? ¿No puedes dormir? -. Preguntó Helios desde la mesita de noche.
No estaba seguro del tiempo que había pasado mirando por la ventana de su habitación, su mente no dejaba de proyectar una y otra vez los recuerdos con su familia y los últimos acontecimientos en forma de lista. No podía borrar de su cabeza el secuestro de su padre y Joanna, el secuestro de su madre y su hermanita, el chantaje a Elisa, el dolor de Mira, la muerte de Gus y el miedo de Mylene.
Esa expresión de horror y resignación en los ojos de su difunta amada nunca podría abandonar su memoria, tendría que vivir el resto de su vida sabiendo que su abandono y el miedo que le infundió Zenoheld habían hecho que la perdiera para siempre. Nunca volvería a ver a Mylene, ni a Gus y no habría una tumba en la cual depositar sus restos, pues no quedó ni un solo recuerdo de su hermano y su amada.
El espectro del miedo, la culpa y la impotencia lo perseguiría por el resto de su vida en sus peores pesadillas sin que pudiera hacer nada para combatirlo.
Pero podía vivir con eso, dormir sería una tarea las difícil por un tiempo, pero con esfuerzo y voluntad podría aprender a sobrellevar esa carga. Lo que no podía aceptar era la idea de permitir que sus nuevos amigos tuvieran que involucrarse en una lucha que ni siquiera era de ellos en primer lugar.
Zenoheld y Clay tenían que ser llevados ante la justicia, pero no debería ser responsabilidad de sus nuevos amigos.
-De hecho, pensaba en el profesor y en cómo tiene que ser detenido -. Respondió el rubio alejándose de la ventana lentamente.
-Y así será, cuando ataquemos el palacio mañana temprano -. Recordó Helios a su compañero.
Mañana, habían acordado reunirse con el nuevo comandante supremo del ejército vestal para partir juntos hacia el palacio y terminar con Zenoheld de una vez por todas. Era admirable el compromiso de los humanos por terminar esta batalla de una vez por todas, cualquier otro no habría tenido ninguna prisa por volver al campo, pero los Peleadores Bakugan insistían en retomar la lucha lo más pronto posible.
Su dedicación era digna de admiración, pero esta no era su lucha, nunca lo había sido. No lamentaba de ninguna manera haber conocido a sus amigos, pero ahora tenía que preocuparse por su bienestar. No deberían tener que sufrir por una carga que era solo suya.
Elisa tuvo razón en Nueva Vestroia, no había hecho nada más que conspirar contra Zenoheld sin llegar a ningún resultado real, había ayudado a posicionar al anciano para luego verse incapaz de revertir ese mismo trabajo. Pero ahora tenía la oportunidad de corregir su equivocación.
Había causado tanto dolor y miseria a quienes se habían convertido rápidamente en miembros de su familia y no podía tolerar la idea de seguir lastimándolos. Tenía la oportunidad de hacer las cosas bien, de salvar a su padre y a sus amigos, de garantizar un futuro para su familia y ver los ojos iluminados y orgullosos de las mujeres de su vida mientras reconstruían la vida que les habían arrebatado.
Finalmente, después de tanto dolor, Keith tenía la oportunidad de corregir todo el dolor que Spectra Phantom había causado. No podía desperdiciarla, tenía que hacer algo bueno con su nueva vida, tenía que demostrarse que el demonio que había sido no volvería.
Y solo había una manera de demostrarlo.
Bajo el abrazo de la luz de la luna, una mirada oscura se fijó en él, retándolo a ser quien había aprendido a odiar, quien se avergonzaba de haber sido.
Metal rojo con trazos dorados lo desafiaron, un abismo de un profundo color negro le devolvió la mirada con el fuego de la batalla ardiendo en medio de ambos entes, batallando por demostrar una última vez que Spectra no era más que una máscara, un arma que Keith podía usar, que estaba bajo su control y jamás se volvería a apoderar de él.
Había prometido a su familia que no volvería a usar la máscara, que se reuniría con el comandante y su ejército como el hombre que era ahora, como el chico que había sido en el pasado y no el monstruo que tantos temían.
Solo una vez más.
Jamás podría borrar todo lo que había hecho, jamás podría lograr que todos lo perdonaran, pero podía redimirse; ya había comenzado y juraba por las memorias de Gus, Mylene y todos los caídos que lo haría.
Spectra siempre sería un monstruo, no había forma de cambiar eso, pero ahora podía ser el monstruo que presagiara la venganza, aquel que castigara al demonio que tanto los había lastimado, aquel que lo ayudara a defender a sus amigos.
Una última vez.
Juró por lo más sagrado que no se apoderaría de él. Estaba seguro de su control y no lo perdería por nada en el universo, Spectra Phantom tenía un propósito y Keith una nueva vida, un nuevo nombre, nuevos amigos y una nueva oportunidad para demostrar que era más fuerte que el monstruo que él mismo había creado, más fuerte que nunca.
Sostuvo con firmeza la máscara que tapó parte de su rostro, la posicionó con seguridad sobre en el puente de su nariz, escondiendo el tenue azul zafiro de sus ojos bajo un fugaz espectro carmesí que se disipó para dar paso una vez más al característico tono celeste de sus ojos.
Los ojos de Keith Fermin.
-No puedo esperar a mañana, Helios.
N/A: Tomémonos un momento para imaginarnos a más detalle a Keith de niño y a Leónidas jugando juegos de mesa con Ingram (este es el capítulo de la ternura xd). Debo disculparme por tardar tanto en actualizar, tenía el capítulo listo cuando decidí que era hora de mostrar finalmente el quiebre de la amistad entre Eric y el profe. Creo que es algo que estuve anticipando sin querer queriendo a lo largo de los últimos capítulos, así que era hora de enseñarlo. Y, en caso de que se lo pregunten, la respuesta es que sí, Keith ya pensaba como Hokage a los 7 años XD. Perdón, me estoy adentrando al mundo de Naruto y necesitaba hacer el chiste; soy un idiota, no me hagan mucho caso :P. Calculo que faltan alrededor de dos o tres capítulos para que terminemos este fic, sin contar el epilogo y un par de aclaraciones finales, para que estén pendientes a la hora de despedir este fic.
