Capítulo 7: El arcoíris a través de la niebla
Sunny se quedó quieta, curiosa por la actitud de su padre, pues a juzgar por su reacción se veía muy emocionado.
«De seguro es algo especial», pensó la poni.
Después de todo, la situación se sentía más tranquila, y el ambiente te decía que era hora de emprender un nuevo viaje. Sin embargo, la confusión todavía no la abandonaba.
Ya había pasado varios minutos y la poni seguía quieta en el mismo lugar, esperando a que su padre apareciera, pero nada parecía estar pasando, aun así, aguardó pacientemente.
—¿No crees que sería lindo pasar un día como padre e hija? —dijo Argyle asomándose por la puerta.
Sunny lo único que hizo fue darse cuenta de lo que tramaba, pues llevaba su alforja y una canasta con comida para un agradable día de campo.
—¡Ya lo sé!, quieres unas vacaciones
—¡Por supuesto!, un día de campo sería genial. ¿Qué te parece si vamos al lugar favorito de tu madre?
—Pero... ya tenemos mucho que no vamos a ese lugar, no sé si todavía esté lista —exclamó Sunny con inseguridad.
—Por eso mismo iremos, pero entenderé si no quieres ir.
Sunny se quedó pensativa, tenía miedo pisar aquel lugar que la hacía recordar tanto a su madre; no sabía la sensación que iba a generar en ella. Pero algo muy adentro suyo quería volver a verlo; las memorias tan hermosas de su infancia en aquel bosque eran difíciles de olvidar, ya que ahí fue donde empezó su gusto por la magia y donde nació su sueño más preciado.
—¡Está bien!, iremos, no estaría nada mal tener un momento relajador contigo —le respondió Sunny después de haber pensado todo detenidamente.
—¡Estupendo!, ¡prepararé todo! Yo tendré que adelantarme, ¡quiero que tu sorpresa sea la más grande de todas! —exclamó muy entusiasmado—. Pero antes, recoge todo ese desastre.
—Sí, papá, como tú digas.
—¡Esto será genial! —Y cuando estaba a punto de irse añadió otro comentario:
—Casi se me olvida, ¿me prestas tu libro?
—¿Este?, ¿para qué lo necesitas?
—No te puedo decir, es parte de la sorpresa.
Entonces Argyle fue hacia él y lo guardó en su alforja.
—En verdad, espero que te guste —dijo su padre mientras la rodeaba con su brazo.
—No te preocupes papá, estoy segura de que será el mejor día en mucho tiempo. Tus sorpresas nunca me defraudan.
—Y me aseguraré de no hacerlo.
—Descuida, yo confío en ti.
—Pero no me vayas a dejar plantado.
—¡No, papá!, nunca lo haría.
—Ya no te quito más tiempo, será mejor empezar desde ahora. Te quiero, hija, esto lo hago por ti.
—Yo también te quiero, papá.
Argyle se apartó por fin de su hija, por lo tanto, Sunny se quedó sola en su cuarto. Obedeciendo en cuanto antes la orden su papá, pero un sentimiento muy extraño no la dejaba en paz. Verse en frente de todo ese desastre le hizo sentir aflicción por ella misma. Cada uno de eso objetos compartían su esencia, y su manera de ver el mundo; si los dañaba, una parte de ella se estaba haciendo daño también. Y no se dio cuenta hasta que su padre la envolvió en ese cálido abrazo; fue entonces, cuando en verdad todas sus heridas se sanaron.
Terminó de dejar todo tal y como estaba, animándose a sacar del bote de basura su azulada bolsa. Luego se la puso, no sabía por qué quería llevársela; pues sabía que fue lo primero que se atrevió a arrojar cuando quiso deshacerse de todos sus problemas.
Sin nada más que hacer, salió de su pequeña casa en forma de faro, la observó detenidamente; a la vez que contemplaba su diminuta simpatía. No la había visto de la misma manera hasta ahora. Siempre la consideró su hogar, pero no fue hasta este momento que la sintió realmente suya.
Miró hacia el frente, pudo admirar la hermosura de los árboles que rodeaban su casa y el sonido del mar que se escuchaba muy cerca de su oído. Luego sin pensarlo, giró su cabeza donde se hallaban las macetas que adornaban su casa; y sin que estas no tuvieran ninguna clase de flor, se seguían viendo lindas. Pero no era suficiente, Sunny sabía que su madre cuidó de ellas por muchos años. Las flores que habitan en aquel espacio eran parte de la familia. En ese instante se sintió muy arrepentida, ya que su madre nunca hubiera sido capaz de dejarlas solas y ella desafortunadamente sí lo hizo.
—Tal vez algún día le devuelva el color a este hogar, sólo espero que me perdones, madre —envió sus palabras hacia el cielo y emprendió su paso al bosque que se encontraba a lado izquierdo de su casa.
Cuando llegó, lo primero captaron sus ojos: fue el imponente árbol que su madre plantó el mismo día en el que descubrió la historia que pasó a ser parte primordial de su vida y que nunca más la abandonó.
Ahora que lo recordaba, ese árbol creció junto a ella y le causaba tanto orgullo verlo tan crecido y fuerte, pues junto a su familia siempre iban a cuidarlo. Le sorprendió el hecho que estuviera vivo, ya que después de que su madre muriera nadie se preocupó por él.
De repente apartó sus ojos del árbol, entonces logró distinguir en el cielo un hermoso arcoíris. Cada uno de sus colores eran magníficos y aunque estuvieran opacados por las nubes que lo atravesaban, su silueta aún podía verse, lo curioso de él, es que parecía como si estuviera realmente pisando el agua. Un agua que nacía de una cascada muy escondida a lo lejos; junto ese arcoíris que al parecer tenía un inicio y un final, como todo lo que prevalece a nuestro alrededor, ya sea en una forma física o imaginaria.
La poni soleada se quedó perpleja a tan esplendido paisaje, nunca se lo imaginó, y mucho menos en un día como este. No quiso ignorar la paz que le causaba, viéndose con la necesidad de inhalar el aire fresco.
—¡Sunny! ¿Por qué te quedas ahí parada?, ayúdame un poco —gritó su papá, quien había visto como su hija se había quedado hundida en sus pensamientos.
La poni reaccionó inmediatamente, no sabía que su padre la había estado observando.
—Lo siento, papá, perdí la noción del tiempo —dijo Sunny acercándose al picnic que estaba casi listo.
—Te quedaste atónita, no sabía qué hacer.
—Es que no pude ignorar lo bonito que se veía el cielo. Ese arcoíris me causó mucha curiosidad.
—Sí, es muy hermoso, hace mucho que no veía uno así de grande —admitió su padre, dirigiendo su vista hacia el arcoíris—. Ahorita que lo veo, traes tu bolsa puesta, creí que no la ibas a traer.
—Ah, esto, sólo era para regalarte algo —aclaró Sunny, sacando de su bolsa una manzana—. Además, ya sabes que siempre tengo que traer algo conmigo.
—Claro, si tú lo dices.
Los dos terminaron de preparar todo, y cuando menos se lo imaginaban, ya estaban disfrutando de la acogedora sombra que les otorgaba aquel árbol.
—Había olvidado lo mucho que extrañaba este lugar; el árbol de mi mamá parece muy vivo —exclamó la poni, tocando el tronco con su casco.
—Ella lo cuidaba como si fuera su bebé.
—¿Cómo fue que sobrevivió?, nadie lo cuidó después de que ella falleciera.
—Los árboles son misteriosos, por eso le gustaban tanto.
Argyle estaba impresionado porque su hija fuera la primera en mencionarla, y él, en cambio, no se limitó a hablar de ella, sin antes culparse por haberlo hecho.
—¿Qué quieres comer?, hay de todo: sándwiches de margarita, pastel de zanahoria o el rico pay de queso. ¡Ah!, ya sé, una quesadilla; eso sí, no te parece terrorífica —dijo su papá señalando todos los manjares en frente suyo.
—¡Claro que no!, se ve deliciosa, pero prefiero el pastel de zanahoria.
—Por mi parte sí, pude que contenga mucha grasa, pero no quiero perderme de la oportunidad de probar este manjar.
—Ay, papá. —Sunny soltó una delicada risa, haciendo que sus mejillas se le notaran más alegres, todavía cuando sus lágrimas secas se le asomaban sobre estas.
Su padre en cambio, no podía creerlo, de una vez por todas estaba cumpliendo su objetivo
—Te acuerdas cuando aprendías a patinar y siempre íbamos a este lugar para que practicaras —mencionó, con la intención de hacer reír más a su hija.
—Claro que sí, lo recuerdo perfectamente.
—No se me olvida cuando por fin lograste patinar sin ayuda. Ibas tan emocionada que terminaste tropezándote. Tu caída pareció muy grave, realmente me preocupé, pero luego fui a verte y me di cuenta que sólo era una raspada.
—Y yo, no paraba de insistirte para que me llevaras al doctor; para que al final, me terminara diciendo lo mismo.
—Siempre fuiste muy precavida.
—¿¡Te parece gracioso que fuera precavida!?, ¡me salió mucha sangre!, cómo no lo iba a ser.
—Recuerda que no tardé mucho en detenértela. Además, ni siquiera fue demasiada, pero para tu cerebro de niña al parecer sí lo era.
—¡Aun así, era una emergencia! —bromeó Sunny cruzándose de brazos.
—Okay, tú ganas, era una emergencia.
Después de tan divertida conversación, Suuny sacó una risa tan natural y noble que encajaba a la perfección con su cara. Su padre estaba conmovido, su hija volvía a recuperar esos colores tan distintivos en su rostro. Tenía razón, todavía era esa niña risueña que siempre encontraba lo positivo en todo; hasta en lo más insignificante.
Con el día floreciente y sin llegar a su fin, revivieron sus historias más memorables, mientras disfrutaban de la rica comida. No fue hasta que acabaron, cuando Argyle tuvo la oportunidad de mostrarle a su hija lo que tanto le hacía ilusión:
—Tu sorpresa —dijo, acordándose del gran regalo.
Entonces fue hacia un arbusto que se encontraba algo lejos del picnic, sacando detrás de él una sospechosa caja. A la poni se le hizo raro, no tenía idea de lo que significaba. Pero al ver que su padre transportaba la caja con mucha dificultad, Sunny inmediatamente lo ayudó, dejando la caja a lado de un pequeño tronco.
—Entonces, ¿cuál es la sorpresa?
—Esto. —Su padre sacó de la caja un objeto cubierto con una manta y en seguida lo puso en encima del troco.
Después de unos breves segundos Sunny pudo saber lo que era; pero por alguna razón le pareció extraño.
—¿Qué es eso?, ¿un juguete? —exclamó la poni extrañada.
Era eso mismo, un juguete en forma de escenario, decorado con un pequeño arcoíris en el medio.
—Así es.
—Pero... ¿para qué nos sirve?
—Ya lo verás. —Argyle se sentó en frente de la caja listo para revelar sorpresa.
Sunny estaba a lado suyo, con la mirada atenta a los movimientos de su padre. Sus emociones le recorrían por todo su cuerpo, quería que todo pasara muy rápido, pero la curiosidad y las ansias de averiguar lo que era, le hacía sentir como si el tiempo estuviera pasando lentamente.
Para su fortuna, todo debe suceder tarde o temprano, y vaya sorpresa que se llevó, pues cuando su papá sacó el imprevisto regalo, la poni soleada dudaba de lo que veían sus ojos, era una figurita que al parecer era de... ¿¡Pinkie pie!?
"Las buenas acciones no se miden por su tamaño, sino por lo que pueden llegar a convertirse."
—SunnyDays08
—Había una vez una poni llamada Pinkie pie, quien siempre iba a todos lados haciendo felices a los demás y demostrando siempre una sonrisa —relataba Argyle al mismo tiempo que ponía la figura delicadamente en el pequeño escenario. Luego sacó la figura de Fluttershy y se la ofreció a Sunny.
La poni dudó un poco. Al verla, sintió una sensación irreconocible en su ser; pero, aun así, la aceptó, poniendo sus ojos fijos en Fluttershy.
Su padre la veía como si estuviera esperando una respuesta por parte de ella, pero a Sunny no le salían las palabras. Su reacción no la dejaba moverse y mil emociones albergaban su mente. Quería gritar, correr y brincar por todos lados, pero la nostalgia se adueñó de ella, y eso era lo que la mantenía inmóvil.
—¿Qué pasa?, ¿no te gusta?
—No es eso, es sólo que... —De pronto un nudo en la garganta apareció nuevamente y un líquido en sus ojos quiso hacer acto de presencia—. Ella era la favorita de mi madre, y Fluttershy me hace recordarla, eran tantas sus similitudes que puedo decir que eran como una sola. No puedo olvidar lo que aún sigo sintiendo por su muerte.
—Está bien, es complicado.
Argyle le tocó el hombro y ella sintió su confianza, provocando que Sunny se calmara lo suficiente para poder continuar con el relato:
—Ella era Fluttershy, su amiga de la eternidad, quien no dudaba en transmitir su don más preciado: ser amable con cada uno de sus amigos, sin importar si eran ponis o no —dijo colocándola junto a Pinkie pie.
Así siguieron, nombrando lo que más las hacía relevantes; y lo que más las representaba, creando un espacio de armonía en el que Sunny y Argyle podían compartir todo lo que sabían de ellas.
—Ella era Applejack, la campirana más querida del pueblo.
—Y ella era su amiga Rainbow Dash, la fiel compañera que nunca dudaba en apoyarte cuando más lo necesitabas.
—No olvidemos a Rarity, la poni generosa, quien siempre consideró a sus amigas como fuente de inspiración.
—Ahora está ella, la poni que empezó todo, poseedora de la magia y quien siempre puso por delante a Equestria y a sus amigas —terminó de decir Sunny, admirando como se veían cada una de las ponis en el pequeño escenario. Causando un efecto en ella, que la hizo sacar una sonrisa sin querer, pues a pesar de todo, aún las mantenía en su corazón, en lo más, en lo más profundo de este.
—Todas ellas unidas por un vínculo especial: la amistad.
—Una amistad que se volvía más fuerte cada día, si una de ellas perdía la luz, las otras la iluminaban.
—Y sin importar cuan diferentes eran, nunca dejaron de creer en el poder de la amistad —terminó de narrar su padre, tal y como lo recordaba Sunny, con ese talento tan extraordinario que tiene.
—¡No puede ser!, ¿cómo las conseguiste? No sabía que existían figuras de ellas.
—Antes sí, cuando eran populares. Igual que tu libro estas figuras también le pertenecieron a tu bisabuelo.
—Me asombra que aún estén en un buen estado.
—Tu madre las cuidaba mucho. Quería obsequiártelas en tu cumpleaños. Por fortuna, siempre supo cómo esconderlas.
—Y lo hizo bien, siempre fui muy curiosa. Puede haber encontrado su escondite.
—Ahora te pertenecen, ojalá que con esto, nunca más olvides lo importantes que son ellas para ti.
Sunny lo único que hizo fue expresar su angustia, sintiendo ahora sí el verdadero remordimiento. Ellas habían hecho tanto por Equestria, ¿y así era cómo les pagaba?, pero después de haber reflexionado un poco, aceptó su error:
—Tienes razón, no sólo son importantes para mí. Lo eran también para mi mamá, para ti y para mi bisabuelo. Fui una tonta, no puede ser que después de que mi mamá me haya demostrado lo importantes que son para la familia, yo sólo las haya olvidado; como si nunca me lo hubiera dicho —admitió molesta.
Luego quiso abrirse un poco más con su papá, explicándole lo que había pasado:
—¡Te lo diré!, ¿recuerdas la investigación que hicimos juntos hace un tiempo?, y que luego te la rechazaron en aquella conferencia.
—Como no, esas cosas no se olvidan.
—Pues... decidí que era una buena idea volver a retomarlo, creí que podría hacerlo aún mejor. Mi maestro me dejó exponer sobre la historia de Equestria, así que lo vi como una buena oportunidad para enseñar mis investigaciones, pero lo único que recibí fue su desaprobación y las burlas por parte de mis compañeros.
»No sé qué pasó ayer, pero...
De repente su angustia se convirtió en un mar silencioso, las imágenes de aquel momento en el que decidió volver a ser ella misma, eran tan indescriptibles. La forma en la que sus sensaciones la envolvieron, eran sentires que no se podían explicar con unas simples palabras.
—Fue como si mi mamá estuviera conmigo y me dijera que pase lo que pase, ella creía en mí —dijo otra vez con esa voz queda—. Pero... sólo lo arruine —confesó entre lágrimas, cubriendo sus ojos con sus cascos. Luego los dejó de ocultar, para limpiarse las gotas que recorrían su cara.
—Lo sabía, tú no me engañas. Simplemente no puedes dejarlo, está en tu naturaleza.
—Pero ¿por qué el fracaso siempre me persigue?, ¿acaso mi esfuerzo no vale la pena?, se supone que no debería ser así. —Soltó un breve suspiro y dejó que su mirada se fijara hacia abajo.
—Es cuestión de tiempo, la perseverancia es mucho más fuerte que cualquier clase de adversidad. Y tú, ya lo tienes todo, lo único que necesitas es paciencia —le contestó su padre, levantado la cabeza de su hija con mucha serenidad.
Y cuando la tuvo frente a frente, se encontró con esa chispa de luz igual al resplandeciente brillo de las estrellas, pero no podía asomarse, por culpa de la inquietud que albergaban sus ojos.
—Papá..., quiero disculparme, por todo lo que dije. Pensé que sería mejor olvidarme de todo. Sin darme cuenta el miedo ya me había consumido; es que... ¿por qué todo debe ser tan complicado?, todavía no comprendo la razón por la que todos se olvidaron de ellas. —Confundida volteó hacia donde estaban las figuritas de las seis amigas—. Si se supone que su amistad era muy fuerte, eso a veces me hace dudar. —Luego miró a su padre, como si de alguna forma estuviera segura de encontrar consuelo en él.
—Tal vez algunas respuestas son más fáciles de encontrar que otras. La respuesta que estás buscando ahora mismo, no está al alcance de tu casco; pero eso no significa que no sea real.
—Y así, ¿cómo lograré demostrarlo?
—No lo sé, pero no me queda duda de que algún día ese sueño vendrá a ti. Piénsalo Sunny, es lógico que existieron, nada de lo que dicen tiene sentido.
—¿Cómo lo sabes?
—Soy tu padre, puedo sentirlo. Te olvidas que demostrar si fueron reales o no, no es lo único importante. Recuerda lo que te enseñaron y muéstraselo al mundo, al final de cuentas eso hará la diferencia.
—Quieres decir, que lo que en verdad hará la diferencia son sus aprendizajes. No importará si logro; si olvido su legado, ¿nada estará completo?
—Así es, pero tal vez puedas encontrar lo que en verdad necesitas, con lo siguiente que te voy mostrar.
Argyle se paró de donde estaba y sacó del mismo arbusto su guitarra más preciada. Sunny no pudo evitarlo, y curiosa por lo que le tenía preparado se sentó a lado suyo.
Pero antes de tocar la guitarra; Argyle quiso compartirle a su hija una bella anécdota:
—No sería bueno si escucharas esta canción sin antes conocer su historia.
La emoción de la poni creció aún más, entonces arrimó su cuerpo junto al de su padre. Sabía que era algo interesante; sus historias, igual que las de su madre eran las más misteriosas y espectaculares que pudieran existir.
—Cuando tu mamá y yo éramos jóvenes, disfrutábamos compartir de nuestros pasatiempos juntos, yo le enseñaba mis composiciones musicales mientras que ella me enseñaba cada una de sus pinturas. Pero un día me tomó de sorpresa, diciéndome que quería que le compusiera una canción sobre las seis heroínas de Equestria. Yo por supuesto que accedí, aunque no estuve muy seguro de lograrlo. Pues era evidente que no conocía tanto de ellas en ese momento, pero traté de memorizar cada cosa que me había contado.
»Indagué hasta el más mínimo detalle sobre su historia y no descansé hasta saber que era la canción indicada. Luego decidí que era una buena idea revelársela en su cumpleaños, pero creí que no era suficiente con la canción, así que fui a una tienda de antigüedades para ver si encontraba algo que tuviera que ver con esas legendarias ponis —se pausó por un momento, para apreciar el antiguo collar de madera.
—Cuando lo vi, supe que quedaría excelente en el cuello de tu madre. Además de ser lo único que encontré.
»Cuando por fin llegó el tan esperado día, la invité a un lugar parecido a este. No sabía lo que me ocurría, de repente, me puse muy nervioso y lo peor de todo, fue que ella se dio cuenta.
—Ya me imagino, debió ser vergonzoso —Sunny hizo un comentario con un tono de voz que comprobaba su deleite por la historia.
—¡Claro que sí!, quería impresionarla. Pero bueno, siguiendo con el relato.
»Después de tantos rodeos, le canté la canción y junto con el collar, me dijo que eran los mejores regalos que pudo haber recibido. Todavía me acuerdo lo sonriente y feliz que se puso, en ese instante, me sentí el poni más afortunado de todos. Creí que por fin me había ganado su corazón.
—Awww, ¡ahora es mi nueva historia favorita! Supongo que fue muy especial para ella, siempre la veía con ese collar.
—Y nunca más se lo quitó. Pero ya es hora de tú la conozcas. Me gustaría que tu madre hubiera estado aquí. Nunca tuvo la oportunidad de obsequiártela, pero ya sabes, a ella le encantaban las ocasiones especiales.
—Me siento como una niña de nuevo, ¡ya quiero saber de esa canción!
—Sí, pequeñita, así debe de ser, espero que te guste tanto como a ella.
Una sonrisa se formó entre ellos dos, volver a hablar sobre Sunrise después de mucho tiempo; era libertad y más, de esa manera tan agradable. Ya no lo sintieron como algo horrible, más bien, como una costumbre inmortal que debía permanecer entre ellos dos.
Cuando por fin estuvieron listos para escuchar aquella canción. Argyle con mucha delicadeza empezó a tocar cada una de las cuerdas, mientras que al mismo tiempo creaba una hermosa melodía.
—Espera, así no es como suena exactamente. —Entonces, tomó aliento y tocó otra vez esa preciosa melodía; y ahora sí, la canción empezó a brotar de su dulce voz de canto:
—Al principio yo, dudaba más...
Por lo tanto, en el pasado, una sabia princesa junto a sus mejores amigas, trataban de explicarle el verdadero significado de la amistad a una joven unicornio. Esa unicornio, era Luster Dawn, quien se percató de la importancia de la amistad cuando vio llegar a 5 ponis que iban entrando al castillo y al ver, que eran las mismas que provocaron que la coronación de Twilight fuera un desastre, comprendió por fin, que a pesar de todo, su amistad nunca se desvaneció.
—Entonces, a pesar de que todo cambió y de que se mudó a otro lugar, ¿no se separaron?, y ese es el consejo de la amistad, eso es lo que hacen todas aquí.
—¡Obvio!, a esta hora cada luna —afirmó Rainbow Dash con la seguridad de siempre.
—Se refiere a que... así es como hemos gobernado juntas —habló Applejack con ese tono campirano tan suyo.
—Y como seguimos enfrentando cada problema que amenaza Equestria desde hace años. —Se escuchó a esa elegante poni con el nombre de Rarity.
—Y sobre todo cómo seguimos en contacto, a pesar de lo ocupadas que estemos —mencionó Pinkie pie sosteniendo a su hija entre sus brazos.
—A veces la amistad es difícil y requiere trabajo mantenerla, pero sin amigos todo es más difícil —intervino Twilight procurando que su alumna entendiera lo que le quiso decir.
—Jamás pensé que la amistad se tenía que trabajar y no me molesta el trabajo, supongo que... si no se alejan, tal vez... hacer amigos, no es una pérdida de tiempo, pero... ah... he estado tan centrada en mis estudios que no sé por dónde empezar.
Diálogos sacados de la serie My Little: Pony Friendship is Magic. Temporada 9. Episodio 26.
Su mentora vio lo confusa que estaba, pero sabía que ya era hora de que la amistad entrara en su corazón; y que conociera lo mágico que podía ser el mundo con esta, sólo le hacía falta escuchar la canción indicada; la que le hiciera sentir especial:
Al principio yo, dudaba más
creí que todo conocía
no sabía que esperar,
pero al ver la realidad,
vi la verdad,
pero algo me faltaba,
sabía que lo ibas a notar
Aquí es donde está la magia,
pues la magia vive aquí
nuestra amistad es hoy por siempre
el vínculo va durar por siempre
y el hechizo que aprenderás es la magia de la amistad…
Canción: The Magic of Friendship Grows de My Little Pony: Friendship is Magic.
Y así, Argyle y las seis heroínas de Equestria cantaban sobre la misma canción; honrando aquello que nunca muere. No importa cuánto cambien las cosas, la magia de la amistad seguirá presente de alguna u otra forma. Y sin importar nunca nada, esa magia podrá elegir al poni apropiado que sea capaz de conservar todo lo que la hace diferente.
Sunny gozaba cada parte de la canción, no podía negar que era esplendida y que reflejaba el verdadero sentimiento. Era más que obvio que sus sonidos ocupaban un lugar en el ambiente, con lo que realmente deseaba; y que no siempre estaba preparado para salir, pero ahí estaba, como esperando el momento exacto para que su arcoíris brillara en un lugar que pareciese no tener nada.
La canción terminó con la mezcla de varios sonidos, al tocar cada una de las cuerdas. Sin dejar atrás la mejor frase de todas:
"... Es la magia de la amistad."
Luego se escuchó la melodía más inolvidable, la música que nunca podrás sacar de tu cabeza y que siempre se quedará impregnada en tu corazón.
Cuando su padre hubo terminado, se quedó pensativo, como si estuviera recordando a su querida esposa:
—Tu mamá fue mi mejor amiga durante mucho tiempo, ella me hizo creer en lo verdaderamente importante y estoy seguro que dejó todo su ser en ti. Tú sabes perfectamente que ella nunca quiso cambiar tus sueños, porque sabía los grandes que eran, por esa misma razón no debes dejarlos; por más difícil que parezca, no los abandones —le decía sabiamente mientras ponía el casco en el mentón de su hija.
»Sunny, te prometo que no descansaremos hasta ver a este mundo unido.
Y para terminar con ese bello momento, le dio un dulce beso en la frente y la dejó sola, sin antes entregarle el libro que por tantos años, fue y seguirá siendo la conmemoración a todos lo ponis que alguna vez fueron parte de cada una de sus historias.
Sunny se percató de que el libro estaba abierto en la última página, donde estaba escrito lo siguiente:
"No importa cuanta oscuridad se encuentre alrededor, ni cuantas batallas pudieron haber perdido. Su amistad permanecerá hasta el fin de los tiempos, pues será la semilla que hará renacer una nueva amistad."
Ahora lo entendía todo, mientras llevara el legado de aquellas ponis, el recuerdo de su madre se iba a mantener con vida, porque si algo le había enseñado ella fue nunca abandonar su fe, incluso cuando no pareciera ser la solución ante sus problemas.
Si Sunny era de las pocas existencias que aún se atrevían a soñar más allá del cielo, nada tenía que cambiar en ella. Iba a luchar por todo eso que quería, por ese mundo ideal que sólo existía en su mente. Nadie iba ser la creadora de su propia realidad más que ella.
Estaba decidida, se iba adueñar de ese destino que tanto la esperaba.
¡Sí!, seguía teniendo miedo, pero el futuro se vuelve aún más interesante cuando no tienes ni idea de lo que pasará.
Con libertad, unas lágrimas de agradecimiento salieron de sus ojos, sentía tanto la presencia de su madre en aquel libro y en aquellas figuritas. Prometió nunca deshacerse de ellas y cuidarlas como si fueran lo único que le quedara. Ya no le importaba lo que digieran, iba a defender todo lo que las hacía considerables.
Para finalizar, abrazó el libro con una fuerza que sólo le pertenecía a ella, sintiéndose como un ave que apenas aprendió a volar.
Luego decidió dejarlo en medio del pasto y no se apartó de él hasta escuchar a su padre decirle desde lo lejos:
—¿¡No vas a pasar un buen día con tu querido padre!? —dijo Argyle, quien ya no podía esperar para volver a disfrutar de la compañía de su hija.
—¡Ya voy, espera un momento! —Y con gran alegría fue a darle un gigantesco abrazo, y a aprovechar cada momento que le quedaba—. Gracias —le dijo agradeciéndole por haberla levantado cuando más lo necesitaba, pero sobre todo por haberle recordado lo valiosa que era y por haberla hecho darse cuenta de lo importante que era ella para el mundo. Y qué mejor que expresárselo, con esa palabra tan simple, pero a la vez tan significativa.
—Te amo —le expresó su padre, mientras que Sunny lo sostenía sin querer soltarlo.
Con todo el dolor removido, el cielo se hizo más azul, las hojas de árbol extendieron sus alas, el curioso arcoíris pudo presumir aún más sus colores y el misterioso libro se quedó abierto, hasta que una invisible brisa cerró la historia que alguna vez fue abierta; y que nunca más se volverá a repetir.
"Mientras llevemos el recuerdo de mi madre y la magia de la amistad en nuestros corazones siempre habrá una luz de esperanza en nuestro ser."
—SunnyDays08
