¡ADVERTENCIA! Esta historia puede herir la sensibilidad de ciertas personas, si has sufrido episodios violentos en tu vida, puede que esta historia no sea para ti. Los personajes de Zootopia no me pertenecen, solo los OCS. Dicho esto, disfruten de la lectura.
EL DÍA QUE PERDI TODO
Capítulo 5: Los Wilde
Richard Wilde era un desgraciado, despedido de cinco trabajos al menos, principalmente por su mala conducta. El zorro no podía evitar enfadarse con cualquier cosa, por muy pequeña que fuese. Los problemas con sus jefes no tardaban en surgir, lo que daba pie a un enfrentamiento en el que siempre acababa perdiendo. No era únicamente en el ámbito laboral, era en su día a día, si estaba atrapado en un atasco, tocaba el claxon hasta que un animal le riñíese por ser un cansino, entonces Richard no dudaba en bajarse de su coche y comenzar una pelea con dicho conductor, si la camarera tardaba un poco en servirle el café, montaba un escándalo hasta que aparecía un agente de policía diciéndole que se tranquilizase, cosa que nunca daba resultado y el vulpino era multado por desorden público y falta de respeto a la autoridad, daba igual el lugar y la hora, el zorro nunca estaba conforme con nada ni nadie. A casa regresaba echo un basilisco. Su pobre familia pagaba las consecuencias de sus actos. Su esposa Amanda y sus dos hijos. El pequeño Nick de ocho años y el mayor, Thomas de quince.
Aquella mañana comenzaría un nuevo trabajo. Lo había conseguido a base de mentir durante toda la entrevista, tenia un don para el engaño. Le gustaba recordarle a sus hijos que mentir no era nada malo y que no debían sentirse avergonzados de pertenecer a su especie. Todos los animales eran unos mentirosos solo que los zorros nacían con ese don y debían aprovecharlo. Su mujer no compartía en absoluto esas ideas que su marido intentaba inculcar a sus hijos, pero la pobre vulpina no podía llevar la contraria, si lo hacía, el cobarde de su esposo la agredía hasta que se aburria de hacerlo. Thomas al principio agarraba a Nick de la pata y se encerraban en su cuarto hasta que su padre se relajase. Las patas de Thomas tapaban los oídos de Nick evitando que escuchase el follón que se preparaba entre ambos adultos. Thomas en cambio tenia que escuchar todos los insultos de su padre hacia su madre, los golpes, los gritos ahogados que soltaba intentando no molestar más a su marido, porque si los vecinos llamaban a la policía, la situación solo empeoraría. Thomas se hacia el fuerte frente a Nick, pero por dentro lloraba a mares y no podía evitar derramar algunas gotas. A Nick le gustaba abrazar con fuerza el torso de su hermano, le hacia sentir protegido cuando ocurría uno de los ataques de su padre. Pero por desgracia estar encerrados en el armario no era suficiente. Richard cuando dejaba de golpear a su mujer, recorría la casa en busca de sus dos hijos. Gritaba por los pasillos obligándoles a salir de su escondrijo y amenazándolos prometiendo que el daño que les haría seria mucho mayor que el que producía a su madre. Thomas sabia muy bien lo que debía hacer. Le advertía a su hermanito que se estuviese en silencio y con los oídos tapados con sus patas, luego salía de su cuarto. No pretendía encarar a su padre, sabia muy bien que era una batalla que no podía ganar, así que simplemente se limitaba a aguantar todos los insultos y humillaciones que su progenitor le lanzaba. Richard no solía pegar a sus hijos, como máximo unas collejas fuertes y poco más, lo que disfrutaba era humillarlos hasta dejarlos destrozados mentalmente. Con Nick era más blando, pero con Thomas se ensañaba.
El hermano mayor quería mucho al pequeño y le dolía ver como el hijo de puta de su padre gozaba humillándolo, así que tomó una decisión. En esas situaciones, escondería a su hermano en su armario y se convertiría en el desahogo de su padre. Luego de soportarlo volvía a su cuarto junto a Nick y ambos zorros se quedaban abrazados hasta que Richard salía por la puerta de casa en dirección a su bar favorito. Amanda lloraba en silencio en la cocina oyendo todo mientras se curaba de los moratones y heridas producidas por el infeliz de su marido.
Richard llego al edificio. Un gran rascacielos de setenta y cinco plantas que se elevaba hasta las nubes. La empresa Space Z se encargaba de diseñar naves, dispositivos electrónicos de alto nivel, e investigación espacial. Fundada por el billonario Alan Smith, un tigre con un comportamiento excéntrico, siempre intentado sonar gracioso, aunque todo el mundo sabía que era un cabron con sus empleados. El vulpino pensaba que su puesto seria el de recepcionista del edificio, pero acabo en un empleo mucho peor de lo que se imaginaba. Con su historial no podía aspirar a algo mejor por un tiempo.
Le dieron su uniforme de servicio de limpieza y le indicaron a que plantas tenia acceso y a cuáles no. Debería limpiar los baños de al menos cincuenta y tres plantas. Para el zorro era humillante a mas no poder. Con sus títulos universitarios y ahora tener que hacer hacer baños. Tendría que ser el animal que los usa, no el que los limpia. De momento se conformaría hasta que se las ingeniase para conseguir un puesto más digno dentro de la empresa. Los primeros aseos que tuvo que hacer se encontraban en buenas condiciones, pero cuantas mas plantas subía, en peor estado los encontraba. El zorro se estaba empezando a cabrear.
En la planta veinte le toco el peor baño hasta entonces. Desprendía un olor horrible desde el exterior y cuando entro a punto estuvo de vomitar del asco. En uno de los inodoros un animal había dejado todo lleno de su mierda. Estaba completamente manchado, incluso el suelo. ¿Qué clase de retrasado no sabe usar un inodoro? Richard se negó a limpiar aquello, ya lo que le faltaba. Salió de allí y subió de planta para limpiar el siguiente. Los aseos de la planta veintiuno estaban solo un pelín mejor. Ingreso en el último que le quedaba de esa planta. En este caso el olor a orina impregnaba el aire del baño. Los animales que lo habían usado ni si quiera se habían molestado en apuntar dentro. El suelo estaba completamente manchado de pis. Su furia se iba incrementando y apoderando de su cuerpo como un veneno. Odiaba el trabajo, odiaba su vida y sobre todo odiaba Zootopia. La gota que colmo el vaso fue un carnero que entro en el baño para echar una meada. El tipo ni se molesto en saludar al zorro ni tampoco en cerrar la puerta del compartimento. En cuanto salió el primer chorro de la punta, empezó a desviar la dirección de la manguera hacia el suelo pringándolo aún más de orina. El zorro no pudo aguantarse. Se abalanzo contra el carnero.
Richard tenía más fuerza que su oponente y no tardo en inmovilizarlo en el suelo. El tipo se protegía como bien podía de la lluvia de puñetazos que le estaba cayendo encima. El vulpino pegaba con todas sus fuerzas al indefenso animal, hasta el punto de hacerle sangrar. Un ñu entro en el servicio al escuchar el jaleo desde fuera. Llamo a gritos a seguridad y en pocos minutos se presentaron. Intentaron separar a ambos animales, pero Richard se resistía y se zafaba del agarre del guardia. Uno de ellos cansado de todo aquello no dudo en sacar su pistola taser y disparar al zorro.
Richard se encontraba tumbado boca arriba temblando. La pistola lo había dejado seco. Tardo un par de horas hasta que pudo volver en sí. Lo llevaron ante el jefe de mantenimiento del edificio. El carnero al que había agredido hace un rato se encontraba al lado del jefe con varias vendas en la cabeza. El zorro sabia lo que le iba a pasar. Otro trabajo mas que añadir a la lista de curros que no habían terminado bien y efectivamente no se equivocaba. De nuevo de patitas en la calle. Todo un récord esta vez. No había durado ni un simple día. El anterior curro por lo menos le duro un par de meses. Que bajo había caído. De tener un negocio familiar a no tener prácticamente nada.
Su padre Christensen Wilde había confiado en su hijo al cien por cien. En su cabeza había educado bien a Richard para que fuese un animal honrado. No dudaba en absoluto de la profesionalidad de su hijo. Haría un buen trabajo con el negocio. Wilde Times. Un centro comercial exclusivo para depredadores. Contaba con un mini parque de atracciones, tiendas y restaurantes. Richard lo dirigió bastante bien los primeros años, pero cuando fue denunciado por una asociación que buscaba igualdad entre presas y depredadores, las cosas solo fueron en picado. Resistió un par de años, pero finalmente tuvo que cerrar las puertas. Aquello fue el desencadenante de su desgracia. Había perdido el negocio familiar. Su padre debería estar revolviéndose en su tumba y para mas inri tenia una familia que mantener. Una familia a la que nunca había apreciado y que solo era una carga para él.
Se sentía completamente humillado. No sabía como iba a salir adelante. En alguna ocasión se había planteado abandonar a su familia y empezar de cero, pero disfrutaba demasiado pegando a su mujer, era lo único que le quedaba y eso haría nada mas llegar a casa. Le soltaría unos guantazos, luego la violaría, después la seguiría agrediendo y más tarde la tomaría con sus hijos, esta vez Nicholas no iba a librarse, si tenia que dejar inconsciente a Thomas, lo haría. Su hijo mayor le estaba causando bastantes problemas últimamente. No le respetaba como antes, ahora se le revelaba con facilidad y debía poner fin a esa actitud.
Puso rumbo a su domicilio. Entonces le vino a la cabeza una imagen de su bar favorito. ¿Como se le había olvidado? le encantaba ir allí todos los días, y no iba a ser este una excepción. Acelero el paso y en unos treinta minutos se plantó en la entrada. Empujo la puerta y se dirigió a la barra. Se sentó en su taburete favorito.
- Vaya, que temprano ha venido señor Wilde - Le dijo el camarero. Un oso pardo que lo conocía desde hace años.
- Ponme lo de siempre Rory – Respondió el zorro sin ninguna intención de comenzar una conversación.
El oso le sirvió un vaso de Whisky.
- No tiene muy buen aspecto, ¿Una mala mañana? – Pregunto curioso el oso.
- Hoy no estoy de humor – Respondió Richard algo irritado.
- Ya veo. El primero invita a la casa, disfrútalo – Dijo el oso mientras preparaba la bebida.
- Me animare en cuanto me beba unos cuantos de estos – Dijo el vulpino señalando el vaso.
Richard se animaba después de unos cuantos vasos, pero ¿Quién no? El whisky es una bebida fuerte. En tres horas se bebió dos botellas el solito. Aunque tenía aguante se le notaba que estaba borracho. Miro su reloj y decidió marcharse a su casa. Se despido del oso con un ademan y esbozo una sonrisa. Ahora iba a divertirse como nunca.
Amanda Wilde. Hija única. La esposa de un maltratador. Vivía una auténtica pesadilla. Cuando se caso con Richard ni en el peor de los escenarios se imaginaria la situación por la estaba pasando todos los días. Fue obligada a dejar su trabajo en un concesionario de la marca Ford por ordenes de su marido. A Richard no le gustaba que tuviese contacto con otros animales. Su nuevo empleo consistía en hacer tareas del hogar. Cuando nació Thomas, pensó que su esposo ablandaría su carácter, pero lejos de eso fue en aumento. El bebe lo sacaba de quicio con sus lloros y berrinches. Nunca le había cambiado un pañal y tampoco le prestaba atención al niño. Amanda sabia que en el fondo no lo quería. Ni tan siquiera estuvo presente el día que nació. Mas tarde se enteró que estaba en su bar bebiendo con unos amigos. Desde el cierre de Wilde Times no lo estaba pasando bien y se refugiaba en el alcohol.
Amanda tuvo que enseñar y educar a Thomas sola. SU marido pasaba olímpicamente del pequeño pero lo que más rabia le producía era cuando su esposo le metía ideas negativas a Thomas. Al principio respondía a Richard, y este reaccionaba soltándole un guantazo, pero no se amedrentaba, las primeras veces no. Cuando empezó a propinarle verdaderas palizas tuvo que tragarse su orgullo por el bien de su hijo. Temía que un día la matase de verdad y Thomas se quedase solo con él. No podía permitir que el chico fuese criado por su padre y el carácter de la vulpina se tornó sumiso. Obedecía todas las ordenes que le exigía. Le dejaba que la follase cuando no tenía ningunas ganas de hacerlo, le permitía llegar tarde a casa, le dejaba insultar a su hijo. Tragaba mucho y tenía miedo de pedir ayuda. Acudir a la policía tampoco era una opción, Richard con la labia que poseía seria muy capaz de poner a las autoridades de su parte, debía aguantar hasta que se le ocurriese algo.
Con la llegada de su segundo hijo, Nicholas, todo fue a peor. El pequeño nació gracias a una noche en la que Amanda fue forzada a tener sexo no consentido, mientras Thomas que apenas tenía seis años, escuchaba todo desde su cuarto acurrucado en la cama en posición fetal, sollozando al oír como sufría su madre.
El día que se lo conto a su esposo, le propino una de las mayores palizas hasta el momento. Richard la obligo a abortar sin dudarlo. No quería hacerse cargo de otra alma. El zorro se pasó meses advirtiéndole, pero hizo caso omiso. También continuaba fallándosela sin protección, le encantaba correrse dentro sin importar las consecuencias.
Richard tampoco estuvo en el nacimiento de su segundo hijo. El bastardo se había ido con sus amigos a pasar unos días a un lago situado a las afueras de la ciudad. Thomas se tuvo que hacer cargo de su madre mientras está a la vez cuidaba del recién llegado. Cuando regreso de su larga excursión, simplemente le puso a su nuevo hijo una cara de repugnancia y luego encendió la televisión para ver un partido de beisbol.
La abuela de Nick falleció cuando tenia cuatro años. Todos asistieron al funeral, salvo Richard. Su suegra no le caía nada bien. La llamaba bruja delante de sus nietos. A la mujer tampoco le agradaba el tipo, pero al ser el marido de su única hija se tenia que aguantar. En algunas ocasiones había dejado caer a Amanda la posibilidad del divorcio, pero ella negaba con la cabeza diciendo que nunca dejaría a su marido, era el padre de sus hijos. Poco sabia la anciana por lo que estaba pasando su hija y murió sin saberlo. Se reencontraría con su esposo y juntos verían desde el cielo como su yerno maltrataba a su familia.
Con el paso de los años la situación no mejoraba y tenia que soportar como su esposo humillaba psicológicamente a Thomas y Nick diariamente. El único motivo que le impedía poner fin a su vida eran sus hijos, y nunca los abandonaría con su padre.
Un día Nick le dijo a su madre que tenia ganas de unirse a los exploradores. Al pequeño le hacia mucha ilusión y ella no pudo decirle que no. El problema era que no tenían suficiente dinero para comprarle un uniforme, así que decidió vender unas pocas joyas que había heredado de su madre para comprar aquel uniforme. Cuando Nick lo vio se emociono muchísimo. Su madre había logrado hacerse con uno de aquellos trajes justo a tiempo. La reunión seria por la noche. Pero por cosas del destino nunca acudió a la cita. Aquella mañana seria la ultima vez que serian una familia.
Thomas Wilde había crecido sin una figura paterna. Su padre siempre lo había despreciado, humillado, nunca le dijo un te quiero. Con el tiempo acabo viendo a su padre como un simple animal que vivía en casa con su madre, pero nunca como uno más de la familia. No tenían ningún lazo con el zorro adulto, ni tan si quiera se merecía que le llamase papa. Lo odiaba con todo su ser.
Los estudios siempre le resultaron complicados y su situación familiar no ayudaba en absoluto a que el chico sacase fuerzas para aprobar los exámenes. Conseguía pasar de curso, pero siempre gracias a las recuperaciones. Muchas veces le tocaba estudiar en el verano. Su padre lo veía como un fracasado, y no había día que no le dijese que no tenía ningún futuro. Su madre intentaba animarlo, pero era en vano. El vulpino tenía graves problemas de autoestima y la depresión no tardo en hacer su entrada. No quería comer. Se pasaba horas encerrado en su cuarto sollozando lo mas bajo posible para que su padre no le oyese y entrase a criticarlo. Un zorro que lloraba era un zorro débil, inútil e inservible. Eso le decía si lo encontraba llorando. En el colegio algunos alumnos se metían con él por su especie, cosa que no ayudaba tampoco. Su vida era un infierno.
Cuando nació su hermano Nick, tuvo que ayudar a su madre en casa. El colegio paso a un segundo plano hasta que la situación se estabilizase. Richard no aparecía apenas por el domicilio porque le irritaba cuando el bebe lloraba o gritaba. Una noche incluso estuvo a punto de agredir al recién nacido porque no le estaba dejando dormir. Por suerte tuvo un momento de lucidez y regreso a la cama, se puso unos tapones en los oídos y se durmió.
Thomas cuidaba de su hermano mientras su madre salía de casa a hacer recados. Ambos zorros no tardaron en formar lazos. Pasado un tiempo Thomas regreso al colegio. Su madre ya se las había apañado para que el zorro no faltase más a sus clases.
Su padre tenía un negocio familiar del que no sabia apenas nada, nunca había pisado el lugar y después de que lo cerrasen tampoco iba hacerlo. Su padre se volvió más violento aún. Deseaba que se fuese de casa, le daba igual sino avisaba, lo quería fuera a toda costa, solo hacia daño a los animales que mas quería.
Pasaron cuatro años. La relación con su hermano era muy fuerte. Cuando su padre tenia uno de sus famosos ataques de ira, no dudaba en proteger a su hermanito.
Un día su padre llego muy borracho a casa. Su madre había salido a comprar comida al supermercado, lo había dejado solo en casa con su hermano hasta que regresase de la compra. Nunca se esperó que su padre entrase por la puerta a esas horas. En cuanto el zorro adulto los vio en el salón, se dirigió hacia ambos pequeños caminando como podía. Tambaleándose se tropezó con algunos muebles en el trayecto. Thomas estaba aterrado. Nick comenzó a llorar de miedo. Richard se acercó y le propino una colleja tan fuerte que dejo inconsciente al niño. Thomas se abalanzo contra su padre, pero este lo detuvo antes de que pudiera tocarlo. Lo agarró del cuello de la camiseta y lo alzo hasta que sus rostros quedaron uno enfrente del otro. Cerro los ojos esperando un puñetazo, pero nunca llego. Richard obligo a su hijo a mirarle y comenzó a gritarle. Thomas sollozaba mientras su progenitor tenía uno de sus famosos ataques, pero aquella vez, fue la primera en la que su padre lo agarraba de esa forma y agredía a Nick. El vulpino le dijo a su hijo que ojalá nunca hubiesen nacido ni el ni su hermano. Se arrepentía de haberse casado con Amanda y empezó a soltar más información que Thomas no comprendía. El chico acabo destrozado mentalmente. Su padre lo soltó y salió por la puerta de casa. En cuanto oyó el portazo corrió hacia su hermano para comprobar que estuviese bien. Nick aún seguía inconsciente. Se levanto del suelo y fue corriendo a la cocina. Empezó a buscar un trapo húmedo, pero no aguanto más y termino derrumbándose. Comenzó llorar a moco tendido. Necesitaba que su madre regresase, la necesitaba ahora mismo. Odiaba su vida, y su padre tenía razón, ojalá no hubiese nacido nunca. Entonces lo vio. Un cuchillo carnicero encima de la mesa. Su madre se había olvidado de guardarlo en el cajón antes de irse. Thomas agarro el cuchillo por el mango y puso su hoja contra su muñeca. Estaba decidido. No quería seguir viviendo. Cada día era pero que el anterior y solo quería dejar de sufrir. Empezó a hacer presión y la sangre comenzó a salir lentamente. Aquel liquido rojo le daba mucho asco desde que era pequeño, así que alzo la vista y se detuvo cuando vio a el cuerpo de Nick aun tirado en el suelo. Su hermanito lo necesitaba. ¿Iba a dejar solos a su madre y a Nick con el monstruo de su padre? ¿Qué sería de ellos? Por su cabeza pasaron un montón de preguntas. Tan solo tenía once años y ya estaba al borde del suicidio. Alejo el cuchillo de su muñeca y lo dejo sobre la mesa, acto seguido busco el trapo húmedo y en cuanto lo encontró regreso junto a su hermano de apenas cuatro años. Su deber era protegerlo, y a su madre también. Cuando Nick despertó, lo abrazo fuertemente contra su pecho. Le prometió que su padre nunca le volvería a poner la pata encima y así fue. Se convirtió en el desahogo de su padre. Aguantaba mucho y en momentos de flaqueza recordaba que lo hacía por su hermano para que no tuviese que sufrir como él.
Thomas tenía también sus aficiones. Le encantaba el futbol y esperaba poder entrar algún día en el equipo de su colegio. Se compro un balón a espaldas de su padre con el poco dinero que le había proporcionado su madre. Cuando no tenía que hacer tareas salía a jugar a un parque cercano donde practicaba sus habilidades. Pero todo acabo cuando tuvo un desliz y su padre lo pillo con las patas en la masa. Destrozo el balón de Thomas y le dijo que nunca sería un deportista de elite, acabando una vez mas con los sueños del pobre zorro. Aquel día Richard pego a su madre por gastar el dinero en algo que no tenía futuro.
Con la entrada al instituto las cosas mejoraron un poco para Thomas. Hizo buenos amigos con los que quedaba todos los findes. Solían ir mucho a la bolera y al cine. El vulpino era muy cinéfilo. Su género favorito eran las películas de acción y si tenían coches deportivos con tías semidesnudas aún mejor. Tenía las hormonas disparadas. Se masturbaba en su cuarto con la puerta cerrada, pero eso no evito que tuviese algún susto cuando su madre entraba sin preguntar. Una vez se pensó que se encontraba solo en casa y decidió meterse en una página guarra donde los usuarios tenían interacción con chicas en directo, la norma era ser mayor de edad, pero como todo el mundo miente sobre sus verdaderos datos, el hizo lo mismo. La chica que le toco fue una loba bastante guapa y con un cuerpazo increíble. Su miembro viril no tardó en reaccionar. Se la agarro con fuerza y comenzó a menearla mientras la chica hacia lo que le pedía. La cosa estaba muy caliente y el vulpino suspiraba de placer viendo a la chica haciéndose dedos, pero la parte que mas disfruto sin duda fue cuando la loba se metió un dildo por el recto. Gozaba viendo a la tía moviéndolo y jadeando. No podía más. A los minutos acabo corriéndose, manchando todo su torso. Su pata también acabo cubierta de semen. Entonces su madre abrió la puerta de golpe. El chico se apresuro a taparse con la camiseta que había dejado en la cama. Amanda aparto la vista ruborizada mientras Thomas le decía que se fuera y cerrase la puerta. Cuando salió de su cuarto al cabo de un rato, su madre le recomendó que eso lo hiciese en el baño ya que cuenta con un pestillo y el le recrimino que nunca llamase antes de entrar. Fue una conversación realmente incomoda.
Por primera vez en mucho tiempo se sentía feliz. Las notas se estabilizaron durante una temporada, incluso llego a tener novia unos meses, pero la chica lo engaño con otro alumno. Eso le dolió bastante, pero se recompuso. A pesar de los ataques de su padre, tener amigos que lo apoyaban le daba fuerzas para enfrentarlo en ocasiones.
Todo marchaba relativamente bien hasta una mañana que su padre regreso antes de lo esperado al hogar. Estaba con su madre y su hermano viendo como le quedaba a Nick su uniforme de explorador junior cuando la puerta de la entrada se abrió bruscamente.
Richard Wilde entro por la puerta de su casa mas que furioso. Tenia que desahogarse con alguien y ese alguien era su querida familia. Se sentía humillado, avergonzado, insultado, valía mas que limpiar retretes de animales inútiles, era mas valioso que muchos ciudadanos de aquella patética ciudad, solo que aun no se había dado cuenta nadie.
Se dirigió al salón. Lo que vio no le gusto ni un pelo.
- ¿De dónde habéis sacado eso? – Pregunto enfadado.
- ¡Es mi uniforme de explorador! ¡Esta noche me han convocado para asistir a una iniciación! – Respondió Nick emocionado mientras que su madre sonreía nerviosa y su hermano miraba a su padre en alerta ante cualquier impulso violento del zorro adulto.
- ¿Tu qué? ¡Como le has dejado hacer una tontería así de grande! -
- Richard escucha… -
- ¿Y de dónde cojones habéis sacado el dinero? –
- Mami lo compro con lo que teníamos ahorrado – Respondió Nick defendiendo a su madre. Thomas le puso la pata a su hermano en la boca para que no siguiese hablando.
- ¿Ahorrado? ¡Si no tenemos apenas nada! -
- Richard por favor, escucha… - Dijo Amanda intentado calmar a su marido.
- ¡TU! – Dijo señalando a la vulpina– Te voy a enseñar a no derrochar el dinero – Se puso al lado de su mujer y la agarro del brazo. Thomas intento intervenir, pero el adulto lo empujo bruscamente. – ¡Ni te acerques mocoso, esto es entre tu madre y yo! – Dicho esto llevo a su mujer a la cocina por la fuerza.
- Nick escucha atentamente, tengo que ayudar a mama. Haz lo que hacemos siempre. Escóndete en nuestro escondrijo y tapate los oídos –
- Noo, no me dejes solo, quiero estar contigo – Dijo Nick gimoteando.
- Nick hazme caso, sube a mi cuarto y escóndete, cuando acabe esto iré a por ti ¿vale? –
Le dio la espalda a su hermano y se aventuro a la cocina a pelear con su padre. Ya no aguantaba. Si tenia que matarlo lo haría, pero nunca más haría daño a su madre ni a su hermano, ya no. Suspiro hondo y entro en la cocina dispuesto a poner fin a ese infierno.
Richard Wilde abofeteaba a su esposa en las mejillas mientras esta se quedaba quieta dejándose pegar. No quería detenerlo porque eso significaría que se volvería más violento y la golpearía con mas fuerza. La vulpina derramaba lagrimas sobre sus mejillas rojas. Richard sonreía macabramente disfrutando el momento. Thomas entro en la cocina gritando a su padre que la soltase.
- ¡TE HE DICHO QUE NO TE METAS DONDE NO TE LLAMAN! – Grito Richard escupiendo saliva como si tuviese la rabia.
- ¡QUE LA SUELTES CABRON! – Le devolvió el grito Thomas.
- ¡A MI NI SE TE OCURRA ALZARME LA VOZ NIÑATO! ¡AHORA PIRATE ANTES DE QUE TE META EN UN PUTO INTERNADO! – Amenazo Richard.
- Vete Thomas… - Fue lo único que logro decir su madre. Le dolía tanto el rostro que apenas podía pronunciar palabra.
Richard dejo de mirar a Thomas y le volvió a soltar otra bofetada a su mujer. El golpe fue tan duro que salieron gotas de sangre de su boca.
- ¡Y TU NO HABLES MALDITA PUTA! – Dicho esto empezó a estrangular a su esposa. La vulpina tenía los ojos completamente abiertos. No reaccionaba, estaba en shock. La mirada asesina de su marido confirmaba que no quería dejarla con vida.
Thomas se abalanzo contra su padre logrando apartarlo de su madre. En cuanto las manos de Richard dejaron de hacer presión sobre el cuello de Amanda, la zorra respiro con fuerza, recuperando el aliento.
- ¡PUTO CRIO, VOY A ENSEÑARTE A NO MOLESTAR! –
Richard se zafo del agarre de su hijo y le propino un puñetazo en el estómago haciendo que este perdiese el equilibrio. Aprovechando que Thomas estaba en el suelo, se colocó encima del chico y comenzó a golpearlo con sus puños. Amanda pedía a gritos desesperada que lo soltase y se ensañase con ella, pero Richard no hacia caso. Tenia a su presa bajo su control y no pretendía dejar que se escapase. La sangre empezaba a emanar de la nariz de Thomas. El quinceañero tenia mas aguante de lo que esperaba su padre. Amanda no podía más, hizo lo que tenia que hacer, agarro una sartén y golpeo a su marido en la cabeza. Era la primera vez que golpeaba a otro animal, y encima no era nada mas y nada menos que su esposo.
Richard cayo al suelo al lado de Thomas. El golpe lo había dejado aturdido, pero no inconsciente. Amanda se arrodillo al lado de su hijo y lo examino. El adolescente no paraba de sangrar por la nariz.
- Estoy bien mamá – Dijo Thomas mientras suspiraba hondo. – Tenemos que irnos.
- Escúchame, busca a Nick y luego marchaos. Pedid ayuda mientras yo lo distraigo –
- ¡Ni de coña te dejo aquí con el! ¡Nos vamos los tres! – Respondió Thomas decidido.
- ¡NADIE SE VA A NINGUNA PARTE! – Grito Richard furioso mientras se levantaba. – ¡VAS A PAGAR CARO LO QUE ME HAS HECHO FURCIA! –
Se abalanzo de nuevo contra su mujer. Amanda se defendida dando arañazos. Thomas se levantó rápidamente y cargo contra su padre. Richard aparto a su hijo de un empujón y acto seguido le propino a su esposa un fuerte puñetazo en el estómago. Amanda cayó de rodillas apretándose la tripa con sus patas. Richard no dudo en aprovechar la ocasión y dejar a su hijo fuera de combate durante un rato.
Ambos zorros lanzaban golpes al aire intentado hacer el mayor daño posible a su contrincante. Thomas tenia que ser mas listo y defenderse bien, porque su padre le duplicaba en fuerza. Asesto un golpe en la nariz de Richard haciendo que retrocediese. El zorro adulto se pasó la pata por la nariz manchándola con su propia sangre, luego miro a su hijo con desprecio.
- Siempre serás un fracasado Thomas, no lo olvides –
- Y tu un animal al que nadie echara en falta, estas solo, siempre lo has estado – Le desafío Thomas.
- Debí de golpear a tu madre en la tripa mientras estaba embarazada de ti. Con Nicholas ya lo hice, pero no me salió bien y acabo naciendo ese demonio. Cuando le ponga la mano encima…- Dijo riéndose con malicia provocando a su hijo.
Thomas cargo de nuevo contra él, justo lo que pretendía. Antes de que el adolescente lo tocase, alzo el brazo y lo agarró del cuello. Ambos rostros quedaron enfrente. Sus ojos desprendían odio, furia, desprecio. Nunca se habían soportado. Noqueo a su hijo con un cabezazo. Thomas cayó al suelo semi inscociente, le dolía mucho la cabeza. Su hijo tardaría un rato en ponerse de pie.
Clavo la vista en su mujer que se había puesto de pie. Amanda lo miraba aterrorizada. No se movía. La pobre estaba paralizada. Se acerco a ella y volvió a ponerle una pata en el cuello, luego la empotró contra la encimera. Richard observó un cuchillo que estaba sobre la encimera. Sonrió siniestramente y agarro el utensilio con su pata libre. Amanda no tenia ni idea de que había cogido su marido, pero intuía que algo muy malo por la sonrisa que ponía el hijo de puta. Entonces lo sintió. Noto como algo se le clavaba en el estómago y profundizaba lentamente en su interior. Bajo su mirada y ahí estaba, su sentencia de muerte. El cuchillo se hundía más y más en sus costillas. Richard no dejaba de sonreír mirando a su esposa. Saco el cuchillo bruscamente y volvió a clavárselo. Thomas estaba tirado en el suelo viéndolo con lágrimas en sus ojos. Su padre estaba apuñalando a su madre y aun no conseguía levantarse. Su cabeza le daba vueltas. Richard apuñalaba con saña a su mujer mientras esta gritaba con las pocas fuerzas que le quedaban. Lo estaba disfrutando, hacía tiempo que no se sentía tan vivo. Amanda miro por ultima vez a Thomas y pronuncio algo que el adolescente no pudo oír. De su boca salía sangre como si fuese una cascada. Richard asesto un par de puñaladas mas y soltó a la vulpina, que se desplomo sobre el suelo sin vida. Thomas no podía apartar la vista de su madre, el rostro de la mujer lo miraba directamente. Su mirada era vacía. Su madre se había ido.
- Que desperdicio – Fue lo único que dijo Richard a la vez que daba una patada al cadáver. – Ahora es tu turno – Dijo alzando el cuchillo en dirección a Thomas.
El adolescente empezó a retroceder, arrastrándose por el suelo de la cocina, y justo cuando iba a levantarse su padre lo golpeo con la pierna haciendo que se espatarrarse de nuevo.
- No te imaginas lo que voy a disfrutar haciendo esto – Le dijo a Thomas sin dejar de sonreír.
- No lo hagas…no se lo diré a nadie – Dijo Thomas con la voz entrecortada mientras seguía arrastrándose intentando alejarse de su padre.
- Se que no vas a decir nada, de eso me voy a encargar ahora mismo –
Thomas le dio una patada provocando que retrocediese unos pasos. El chico se levantó y bordeo a Richard para salir pitando, pero su padre fue más rápido y lo agarro. Comenzó un nuevo forcejeo. El zorro adulto intentaba clavarle el cuchillo a su hijo, pero este se defendía mejor que antes. El arma estaba completamente manchada con la sangre reciente de su madre. Evitaba mirar en dirección al cadáver, pero a veces sus ojos se desviaban y sacaba fuerzas para seguir luchando contra su progenitor.
Había aprendido los movimientos de Richard y lograba esquivar sus golpes. Atizo a su padre en la nariz haciendo que este soltase el cuchillo del dolor que le había causado. Entonces Thomas cometió el mayor error de su vida. Fue a agacharse para hacerse con el arma, pero su padre le dio un rodillazo en las costillas. Thomas cayo de rodillas y recibió una patada que lo dejo tumbado en el suelo. Richard se agacho y cogió el arma por el mango mientras el adolescente yacía en el suelo. Se coloco encima de Thomas, dejando sus dos muslos abrazando el torso del chico y alzo el cuchillo.
Nick había hecho caso a su hermano en una de las dos cosas que le ordeno. Se tapo los oídos, pero no subió al cuarto a esconderse. El pequeño no quería quedarse solo. Aun lucia su traje de explorador, la misma indumentaria que había provocado aquel conflicto. Al principio no quería escuchar, pero la curiosidad se apodero de él apartándose las patas de sus orejas. No le gustó nada los sonidos que recibía su oído. Golpes fuertes, gritos, palabrotas. No se atrevía a entrar e hizo lo que considero que era lo correcto. Llamo a emergencias diciendo que su padre estaba haciéndole daño a su madre. No hizo falta que contase más detalles, el policía creía al niño y no dudaron en dar la alerta a la patrulla mas cercana. El agente le indico al niño que se escondiese hasta que llegasen sus compañeros, pero Nick no quiso obedecer. Colgó el teléfono y espero de pie cerca de la cocina escuchando como su madre gritaba, pero no eran gritos fuertes. Su voz se iba apagando. En su mente pensó que su padre se había calmado, pero acabaría descubriendo la triste realidad cuando se cansó de esperar a la policía y decidió entrar sin saber que estaba a punto de presenciar algo que cambiaría su vida para siempre.
Poco a poco iba bajando el cuchillo mientras su hijo lo miraba aterrado intentando bloquear el ataque. Thomas apretaba sus manos contra las suyas ejerciendo presión hacia el lado contrario. La hoja se aproximaba al cuello del adolescente.
- Cuando veas a tu madre, mándale recuerdos de mi parte – Dijo Richard con una sonrisa triunfante.
Hizo un ultimo esfuerzo. El cuchillo atravesó la garganta de Thomas. La hoja entro al instante, penetrando en la piel del vulpino, que agrando los ojos al sentirla dentro. A los pocos segundos lo saco bruscamente. La sangre salía a borbotones. El chico la escupía entre sonidos que indicaban que se estaba atragantando. Richard volvió a alzar el cuchillo y lo enterró en el pecho del joven. Lo saco de nuevo y volvió a enterrarlo. Perdió la cuenta del numero de puñaladas que le había asestado al adolescente. Sus patas estaban completamente manchadas de rojo, incluso su rostro acabo con varias manchas, pero le daba igual, lo estaba disfrutando como un niño.
Thomas había dejado de luchar hace rato, seguía vivo, y cada vez que sentía el cuchillo clavarse en su interior, dolía menos. Tenía la cabeza girada en otra dirección, no quería darle a su padre el gusto de morir mirándole a los ojos. No fue la mejor decisión. Sus ojos se encontraron con los de Nick. El pequeño vulpino observaba perplejo la escena. No lloraba y tampoco se movía. Estaba totalmente paralizado por el miedo. De sus ojos empezaron a caer lágrimas. Quería gritarle a su hermano, decirle que se fuera de casa, pero su garganta no le dejaba hacerlo, la sangre acumulada no se lo permitía, lo único que podía hacer era mirarlo mientras poco a poco la muerte se lo iba llevando. Le había fallado a Nick y a su madre, no había sido capaz de protegerlos.
Su vida se había acabado. Ya no tendría su ansiada graduación, tampoco aquel viaje que tenía planeado con sus amigos en verano, jamás tendría la oportunidad de conocer a la chica indicada, no tendría una familia en el futuro, ni tampoco descendencia, no vería a su hermano crecer, tantas cosas que aún le quedaban por hacer, cientos de sitios que deseaba visitar, animales que conocer, toda una vida por delante. Dio su último aliento y cerró los ojos para no volver a abrirlos nunca más. Solo quedaba su cuerpo vacío. Su alma ascendió para reencontrase con su madre.
Nunca lo olvidaría, aquella imagen de Richard encima de Thomas se quedaría grabada a fuego en su memoria para siempre. Su padre acaba de asesinar a su hermano. Giro la cabeza en otra dirección, solo para descubrir el cuerpo de su madre en mitad de un gran charco de sangre. También la había matado. Aquello lo destrozo como nunca. Su madre, el animal que le había traído al mundo, el animal que tanto cariño le había dado junto a su hermano, la que había realizado tantos sacrificios por él, yacía sin vida en el suelo.
- ¡Vaya! mira quien ha decidido unirse a mi fiesta – Dijo Richard mientras sacaba el cuchillo del pecho de Thomas. – El pequeño explorador se ha pasado de curioso, voy a tener que enseñarle modales – Se limpio el cuchillo con la camiseta – No te preocupes, pronto podrás reunirte con ellos – Dijo mientras señalaba los cuerpos de sus víctimas.
Nick salió de su trance y echo a correr. Llego a las escaleras y subió al segundo piso. Se dirigió al cuarto de su hermano y se escondió en su escondrijo. Se tapo la boca mientras escuchaba como su padre subía los escalones. Sus pasos eran lentos, no tenía ninguna prisa.
- ¡Nicholas, será mejor que salgas, no querrás que me enfade aún más! ¿verdad? – Gritaba Richard por el pasillo. Había perdido la cabeza como Jack Torrance, la única diferencia que no portaba un hacha como el personaje.
Nick hacia un gran esfuerzo para no hacer ruido y que su padre lo descubriese. Seguía teniendo la esperanza de que su hermano abriese la puerta del armario y lo sacase de allí. Le había dicho que iría a por él. Ahora necesitaba que cumpliese su palabra. En el fondo sabía muy bien que su hermano no se levantaría nunca más, pero quería creer que era posible, que surgiría un milagro y que lo acabaría salvando.
- ¡SAL JODER, SINO TE JURO QUE TE VOY A DESCUARTIZAR LENTAMENTE! – Espero a que su hijo reaccionase, pero nada, su amenaza no dio resultado – ¡VOY A HACER QUE ME SUPLIQUES QUE TE MATE! –
Entro en el cuarto de su hermano. Su padre no era tonto y sabía que se solía esconder en él. Había llegado su hora, lo positivo que sacaba de aquello, era que se reuniría con su madre y su hermano.
- Se que estas aquí – Dijo mientras miraba debajo de la cama - ¡Te crees que puedes esconderte de mí, en mi puta casa! – Miro en dirección al armario y sonrió. – Nunca me han gustado los niños, se lo deje bien claro a la puta de tu madre, y me acabo haciendo el lio. Cuando acabe esto, empezare de cero y por fin seré libre Nicholas, podre hacer lo que me de la puta gana. – Se había colocado a escasos centímetros del armario.
Nick intentaba contener su respiración, pero estaba demasiado asustado.
- Te estoy oyendo Nicholas. Te diré lo mismo que le he dicho a tu hermano. Manda recuerdos a la familia de mi parte- Alargo la mano al pomo del armario, pero se paro en seco cuando escucho las sirenas. Alguien había llamado a la pasma. Se asomo a la ventana y vio a una patrulla aparcar enfrente del patio delantero. Se bajaron dos policías y caminaron en dirección a la entrada de la casa.
Debía echar a los dos agentes si quería continuar con su fiesta.
- Nicholas, tengo que encargarme de un asunto rápido Por tu bien espero que mantengas el hocico cerrado o tu sufrimiento será mayor –
Salió de la habitación y bajo las escaleras. Se apresuro a colocarse un delantal que cubriese su ropa teñida de sangre y se lavó rápido la cara. Cuando el timbre sonó, Richard no tardo en abrir la puerta. Por suerte la cocina no era visible desde la entrada. No podía permitir que aquellos polis entrasen en el domicilio.
- Buenos días señor, hemos recibido un aviso sobre una disputa doméstica en su hogar – Dijo un joven agente. Un lobo de unos veintisiete años. A su lado estaba su compañero, un hipopótamo.
- Se han debido de confundir de casa – Respondió Richard poniendo cara de extrañeza.
- Me temo que no, la llamada se efectuó desde el interior de esta casa señor…
- Wilde –
- Señor Wilde, solo queremos que este todo en orden, ¿podríamos echar un vistazo? – Pregunto el joven agente.
- Me pillan algo ocupado, como ven estoy haciendo la comida para mis hijos –
- Lo entiendo, será un vistazo rápido señor, entrar y salir nada más – Insistía el policía.
El lobo intento entrar en el domicilio, pero Richard coloco su brazo bloqueando el paso.
- No tengo tiempo para esto, y creo que sin una orden judicial no pueden entrar en una casa, ¿me equivoco? – Dijo el zorro a la defensiva.
- Señor, sabemos que hay un niño en esta casa, solo queremos saber si se encuentra bien – El policía dudaba desde el principio de Richard y él lo sabía.
- A mi hijo le gusta gastar bromas telefónicas de vez en cuando, no es la primera vez. Le tengo dicho que no lo haga – Respondió intentado sonar convincente. Entonces se escucho un grito desde el piso de arriba.
- ¿Eso ha sido un grito? – Pregunto el lobo mirando con dureza a Richard.
- Mi hijo, estará jugando con su consola. ¡Nick, baja la voz, papa esta hablando con unos señores!
- Señor Wilde será mejor que nos deje pasar o sino le detendremos por resistencia a la autoridad – Dijo el lobo amenazándole. Acto seguido le dio un empujón al zorro y pudo observar por unos instantes que debajo del delantal había manchas rojas.
- ¡Señor Wilde, levantase ahora mismo el delantal! – Dijo el lobo sacando su arma rápidamente. Le apunto con ella advirtiéndole con la mirada.
Richard vacilo unos segundos. Levanto el delantal con brusquedad y se abalanzo sobre el joven agente aprovechando su distracción. Pero no sirvió de nada, el compañero fue más rápido y disparo.
BANG
El zorro cayó al suelo de espaldas con una bala en el pecho, pero aquello no le freno, se levantó velozmente y se sacó el cuchillo de su parte posterior, donde lo tenía bien escondido por si las cosas se torcían, como al final acaba de suceder. Tampoco sirvió de nada. Otra bala le atravesó la frente antes de que pudiera apuñalar a alguno de los dos animales. Su cuerpo se desplomo sin vida.
Con el zorro fuera de combate, los dos agentes inspeccionaron la casa. No tardaron en dar con los cadáveres de Amanda y Thomas. Les tomaron el pulso, pero fue en vano. Dieron el aviso y continuaron explorando. Una vez registrada la primera planta subieron a la segunda.
Nick sintió alivio cuando su padre abandono el cuarto. La policía había llegado y lo más probable es que arrestasen a Richard. Pero por si las moscas, pegaría un grito de auxilio. Temía que no hubiese salido bien. Se oyeron dos disparos. ¿Su padre había matado a los policías? El pánico volvió a apoderarse de él, y fue en aumento cuando escucho como alguien se acercaba al cuarto. Se tapo la boca y contuvo su respiración, pero sus sollozos se oían como antes. Un lobo abrió la puerta del armario. Llevaba puesto un uniforme policía.
- No te preocupes, estas a salvo chico – Le dijo con un tono dulce.
Nick no quería salir, no se fiaba.
- Tranquilo, no hay peligro. Tú solo dame la pata, ¿vale? – Dijo el lobo alargando su pata.
Tardo bastante rato hasta que por fin se armo de valor y le dio la pata al policía. Salió del armario y no pudo aguantar más. Rompió a llorar como nunca lo había hecho. Sus lágrimas salían como una cascada mojándole las mejillas, su voz estaba rota, se preguntaba porque tenia que sufrir tanto, que había hecho para merecer todo aquello. Todo por culpa del maldito sueño de convertirse en un explorador junior. Sino le hubiese insistido a su madre para comprarle el uniforme, seguirá con vida, y su hermano también. Sentía que los había matado él, en vez del cabron de su padre. Su familia ya no estaba, lo habían dejado solo en el mundo. El lobo lo abrazo, prometiéndole que todo saldría bien, pero eso no lo calmo en absoluto.
Cuando acabaron los funerales le dijeron que se iría a vivir a una casa de acogida. Nick tenia muy claro que no se iría a casa de nadie, si tenía que arreglárselas solo, así lo haría. Ningún animal le haría más daño del que ya le habían producido. Aprovecho que nadie le prestaba atención y huyo sin mirar atrás. Su nueva vida daba comienzo.
25/11/2036
El corazón me latía con tanta intensidad que pensaba que se saldría disparado. Corría por los pasillos en busca de mi familia. Subí a la segunda planta y me adentré en el pasillo que tenía más cerca y entonces lo vi. La vida me acababa de arrebatar a otro ser querido.
Nota autor: Si te ha gustado no dudes en comentar, anima a seguir escribiendo. Nos vemos en la próxima actualización 😊.
