I N Q U E B R A N T A B L E

CAPITULO 7

"LA DESPEDIDA"

Candy ingresó a la biblioteca y se quedó atónita al ver la silueta de la mujer que estaba parada frente al ventanal. Al reconocerla se sintió aturdida por la molestia de verla ahí, pues se trataba de la Sra. Marlowe.

Lo primero que cruzó por su cabeza fue la idea de zarandearla y arrojarla por ese ventanal. Después del trato tan humillante que le dio, en que casi la saca violentamente de su casa ¿Qué era aquello? ¿Qué pretendía? ¿Cómo se atrevía a presentarse ahí, acaso había olvidado la manera tan grosera que la había tratado? Esas y más interrogantes pasaban por la mente de Candy, quien se quedó detenida en el umbral. No lograba imaginar para que la buscaba. Ellas no tenían nada que tratar.

La Sra. Marlowe al notar la estática figura de Candy decidió acercarse a ella con paso decidido.

—¡Buenos Días! —Saludó la mujer.

—¿Lo son? No creo, puesto que no esperaba tal visita. —Respondió Candy mientras entraba con paso firme evadiendo la cercanía que buscaba la madura mujer.

—Lo sé, es algo que una mujer de mi condición no debería hacer, sin embargo ya estoy aquí. — Prepotentemente dijo la Marlowe.

—¡La puerta está muy ancha puede salir a la hora que quiera!—Sarcásticamente la rubia le indicó

—Yo lo último que quería en este mundo era volverla a ver, pero ella me pidió, me ordenó y me exigió que viniera a buscarla, y pese a mi negativa durante todo este tiempo ya no tuve más alternativa que venir.

—No es mi problema lo que se relacione con usted y su hija. No tenemos nada de que hablar, ¡Por lo tanto le pido que se marche! —Cortantemente respondió Candy.

La Sra. Marlowe cruzó aceleradamente la estancia iba tras de Candy, y al alcanzarla giró de su brazo a la Pecosa para que la viera de frente.

—Lo haría inmediatamente si no fuera por Susana continúa igual: Tirada en la cama, con la mirada perdida en la nada, o sentada frente al espejo viéndose. Ahí permanece por horas, sin moverse ni hablar con nadie.

—¡Suélteme Señora! Si su hija está en esa condición es por que ella quiere, yo no puedo hacer nada, ese es problema suyo puesto que usted la llenó de egocentrismo, ambición, egoísmo y envidia— Le respondía enojada e indiferentemente Candy.

—Aunque el tiempo ha pasado, Susana anímicamente ha decaído más y más, y ningún médico la ha curado, ni siquiera me alientan en darme el nombre de su enfermedad… mucho menos me tendrán la cura de sus males.

La Pecosa no encontró ni una pizca de sinceridad en sus palabras, por lo que cansada de soportar esa presencia habló:

—Yo no puedo curar la mediocridad, la apatía y la codicia de Susana, además dudo que usted haya hablado con franqueza —dijo por fin —Por lo tanto ya no me interesa seguirla escuchando —inició su retirada de ese lugar la rubia.

La señora Marlowe se retorció las manos al ver que de ahí se marchaba Candy.

—Debe de haberlo amado usted mucho —añadió la madura mujer — Ahora entiendo que tal vez usted sacrificó mucho por él —Candy estaba absorta ante lo que estaba escuchando — Y yo por amor a mi hija también me he sacrificado en venirla a buscar, y también lo haré en rogarle a que vaya a verla —entonces de rodillas y con la mirada acuosa y avergonzada le pidió — ¡Vaya a ver a Susana… por favor!

Candy lentamente se giró, le asombró ver lágrimas en los ojos de la mujer, y escuchar que su boca temblorosa le imploraba su presencia ante su hija.

—Le pido perdón por cruzarme en su vida y ser tan despreciable. —dijo la altiva mujer, su porte tan lleno de aplomo y todo su ser yacían en el piso y aún de rodillas.

—No está en mi naturaleza gozar con su humillación Sra. Marlowe —respondió Candy a quien le dio un vuelco su corazón y ese desprecio que sentía al inicio se tornó en compasión.

Candy sentía que aquella mujer no merecía verse más humillada…entonces se acercó le ofreció su mano, la tomó y se quedó sorprendida de oír la insistente petición.

—¿Irá con Susana, lo hará verdad? Confío en su bondad. Ella la necesita ahora.

—No lo sé, no lo creo prudente—contestó.

Candy pensaba que antes de aceptar ir a verla, tendría que comprobar la veracidad de las palabras de la Sra. Marlowe por sí misma.

—Sé que ambas hemos sido muy injustas con usted, pero nuevamente llamo a su compasión, aquí le dejo la dirección donde podrá encontrarnos —Entonces dejó una tarjeta sobre el escritorio —. Esta situación es intolerable para ambas, ya he dicho lo tenía que decirle.

Emprendió su partida y antes de salir la madura mujer insistió.

—Por favor no se demore, puede que sea demasiado tarde.

Y sin más que decir se retiró la Sra. Marlowe de la mansión Andrew dejando completamente confundida a Candy.

Pasaron algunas horas y la Pecosa seguía dudando de atender la petición de la Sra. Marlowe, sus encuentros con Susana siempre le habían dejado amargos recuerdos y temía que en esta ocasión no fuera la excepción. Estaba predominando su compasión ante su cobardía de enfrentarla nuevamente.

Y por la infalible bondad de la Pecosa fue que finalmente decidió acudir a la dirección indicada. Al llegar al lugar citado Candy se sorprendió ya que se encontraba afuera del mismo hospital donde hacía tiempo se había dado la triste y fría despedida con Terry.

—¡Dios mío, es toda una inesperada sorpresa! —Se dijo a sí misma la rubia, que primero debía calmarse y respirar profundo para lograr entrar.

Después de confirmar que efectivamente ahí estaba hospitalizada Susana Marlowe. Candy ingresó a la habitación de su rival, vio que dormía y a su lado cuidándola estaba su madre. Las observaba con demasiada atención sin emitir sonido, no sabía cuanto tiempo había estado parada ahí, entonces entró completamente y se paró junto a ellas. La Sra. Marlowe al darse cuenta de que ahí estaba Candy efusivamente la tomó de la mano para besar sus enguantados dedos como acto de agradecimiento por encontrarse ahí.

—¿Qué le pasa a Susana? —preocupada le preguntó.

—Hace dos días que tuvo una crisis que la llevó al borde de la muerte, y solamente la han controlado con sedantes. —llorando continuó hablando— No entiendo porqué nos está pasando esto. Apenas la había convencido de iniciar un viaje para que nos trajera cambios positivos a nuestras vidas y cuando por fin ella aceptó, se empezó a sentir muy mal, tenía fiebre muy alta, ha sido muy difícil hacerla reaccionar por eso fue necesario traerla aquí, ya le han hecho infinidad de análisis pero ella sigue igual.

Entonces Candy decidida se sentó en la cama de Susana y le acarició su cabeza, mientras le hablaba.

—Susana ya estoy aquí, despierta por favor. —temerosa le susurraba la Pecosa.

Después de la insistencia de Candy por hacer reaccionar a Susana, ésta intentaba responderle a la Pecosa, pero sólo lograba abrir sus apagados ojos, y al confirmar que ahí estaba Candy empezó a alterarse extremadamente.

—¿Cuándo vas a curarte, Susana? Tienes que estar muy bonita para tu boda. ¡No sabes lo contenta que estoy...! — le decía Candy, pero se interrumpió cuando Susana movió los labios, se inclinó hacia ella para ayudarla un poco a incorporarse y para lograr escuchar su voz casi inaudible.

La actitud de Susana además de agónica era clara, no le deseaba ningún mal, Candy hasta logró percibir algo de arrepentimiento en su mirada, y esa ternura permitió la cercanía, ahora Candy sostenía abrazada a Susana.

—Candy, prométeme que encontrarás a Terry —lo dijo con esfuerzo—. Prométeme que le dirás que nunca lo dejé de amar —Se calló unos segundos, luego, difícilmente prosiguió—: No hay otro modo de ser, solamente muerta podré olvidarlo —en cada palabra emitida se le iba un pedazo de vida, luego le tomó la mano y se la apretó apenas— Candy te he dejado… —Susana ya no pudo hablar más Candy la abrazó y afirmó con la cabeza, sin entender cabalmente lo que la agonizante trataba de decirle.

Candy sentía que tanto ella como Terry habían influido para que esa vida se extinguiera premeditadamente, Susana se estaba desvaneciendo frente a ella, con todo el dolor de su corazón no sabía si Terry vivía o ya estaba muerto, y si era lo último agradecía a Dios que él no estuviera sufriendo nuevamente con la desgarrante escena que ahora ella tenía en sus brazos.

Al escucharse hasta en los pasillos la conmoción de la Sra. Marlowe, la jefa de enfermeras entró acompañada por el médico a cargo. Inmediatamente revisaron aSusana, se movían de un lado a otro, la desesperación, el caos y el miedo invadieron a todos los que ocupaban esa habitación.

Candy respiró hondo, pero no logró recobrar la compostura, ella quería ayudar, moría por socorrer a Susana pero su ser se paralizó más que una estatua, no era capaz de moverse ni un ápice, su voz fue muda y su cabeza fue un campo minado que estallaba ante cada imagen y sonido que percibía.

El médico terminó con la revisión, ordenó al resto de la gente que abandonara la habitación, mientras que le confirmaba a la Sra. Marlowe que Susana estaba agonizando.

La Sra. Marlowe se arrodilló junto a la cama y apoyó la cabeza sobre el regazo de Susana.

—¡Susy hija, despierta, Susy reacciona por favor mi amor!—Le dijo entre gritos y sollozos— Soy yo, tu madre hija, vamos Susy, despierta. Tenemos un viaje pendiente —se detuvo, ahogada por el llanto—. Perdóname hija, no debí traerla, fue una estupidez hacerte caso, pero pensé que con esto te reanimarías. Fui una idiota obedecí tus palabras mientras alucinabas ¡No tengo perdón! ¡Hija vuelve en sí por favor! ¡Sin ti mi vida no tiene sentido hija mía! ¡Sin ti yo no quiero vivir Susana!

Entonces la Sra. Marlowe enfocó su mirada cargada de odio hacia Candy y le empezó a gritar.

—Por eso me rehusaba a que vinieras, sabía que algo así pasaría. ¡Tú y él son culpables de todo esto! ¡Lárgate de aquí! Y jamás te vuelvas aparecer ante nosotras, ¡Lárgate ya!

Candy ya no supo más de lo ocurrido con Susana, pues el médico y su comitiva de enfermeras la sacaron de ese cuarto y ya nunca más le permitieron su ingreso. La expresión de la Pecosa era intensa, pero después de lo sucedido no sabía qué hacer, se encogió de hombros, impotente, se sintió al borde de las lágrimas, y lo peor era que no podía decir nada, no había nadie cercano que la consolara. El Duque de Grandchester no se encontraba en New York ya que había acompañado a Eleanor quien viajó a San Francisco para cancelar compromisos de teatro y fílmicos que también tenía con la naciente industria cinematográfica en California.

Abrumada salió corriendo del hospital, afuera nuevamente la esperaba una tormenta de nieve, no podía creer que otra vez estaba llorando bajo el crudo invierno de diciembre: Terry, Susana, hospital, copos de nieve y mucho dolor eran las imágenes del pasado que se repitieron en su presente nublando su mente y endureciendo su corazón.

La dualidad del sentimiento hacia Terry en ese momento se turnaba más a lo negativo. Y pese a que trataba de ser racional, justa y neutral; incontrolablemente descargó contra él lo que su pecho ya no pudo soportar, le costaba superar el dolor infernal que todos sufrían. Increíblemente el rencor la cegaba y no conseguía perdonar el abandono de tantos meses atrás, ¿Cuántas víctimas más surgirían?, ¿Cuánto dolor más tendrían que soportar?, ¿Quién más claudicaría? No todos eran tan fuertes y aguantarían. Todo eso pensaba su acongojado corazón, se reprochaba y preguntaba…

—¿Porqué Terry… porqué tuvieron que pasar así las cosas? ¿Qué hicimos mal para llevar a cuestas tanto sufrimiento? Odio sentirme así, odio tu lejanía, odio amarte.

Por primera vez la dulce Candy experimentaba la sensación de un sentimiento negativo, y lo peor era que lo sentía hacia la persona que más amaba.

Mil veces elegía odiarlo por su ausencia y el daño causado a todos, que preferir que estuviera muerto, y así forzadamente, se hizo a la idea de que Terry ya no existía, para que su hermoso recuerdo sobreviviera en su lastimado corazón.

Como nunca en su vida Candy, se había sentido un ser cruel y malvado al ver que indirectamente ella y Terry habían influido en ir apagando la vida de Susana. Bajo ese hecho presentía que la vida siempre le sería adversa y que nunca podría hallar paz y felicidad.

Presa del dolor y del rencor no reconocía las calles, caminó y caminó durante varias horas, desesperadamente buscaba un refugio, pero en ningún lugar encontraba paz, solamente detuvo su loca carrera cuando llegó al puerto, ahí en ese sitio se tranquilizó y empezó a llorar.

Observar aquél azul profundo que le traía tantos recuerdos: En altamar ellos se conocieron e inmediatamente se enamoraron, el mar se lo dio y el mar se lo quitó. Finalmente Candy aceptó la idea de que Terry su amor, era un hombre que tal vez había encontrado su lecho de muerte en el fondo del mar.

Acudió a ese lugar para despedirse del recuerdo y del amor que siempre le profesaría, pero que en ese instante ella anclaría en el fondo de ese océano; ya de nada le servía aferrarse al pasado perdido, al presente desperdiciado y al futuro engañoso del cual necesitaba escapar.

En ese momento decidió que su vida cambiaría, y que nuevas decisiones tomaría, algo en ella cambió. En su necesidad de huir, Candy pensó que era mejor regresar a Lakewood, pese a sentirse lastimada, avergonzada y cobarde sentía que debía alejarse de ese lugar que le recordaba los anteriores meses mal vividos. New York siempre la acogería con amargos y fríos tormentos.

******

Albert estaba desesperado por la prolongada ausencia de Candy. Estaba a punto de informar a la policía de la desaparición de su hija adoptiva cuando en ese momento la Pecosa llegó.

Albert la miró fijamente esperando una explicación y en tono sombrío le dijo:

—Es muy evidente que algo te ha ocurrido, Candy. ¿Qué te pasó? ¿A dónde fuiste? ¿Por qué llegas a esta hora? ¿Por qué no me llamaste? ¿Por qué estás tan inquieta?Desesperadamente Albert le preguntaba.

—Estoy confusa —respondió ella con un suspiro—¿En verdad Yo he intentado ser buena—dijo

—Y lo eres Candy, no entiendo porqué dices eso.

—¡Albert, quiero regresar inmediatamente a Lakewood! —A bocajarro soltó ella.

—¡Candy!, ¿Qué es lo que ha motivado esto ahora? —Le preguntó con cautela—Tengo mis sospechas de que actúas persuadida por alguien. No puedo creer que de la noche a la mañana te hayas olvidado de Terry. ¿Porque si has pensado que al irte te sería complicado seguir con su búsqueda verdad Pequeña? ¿Lo has pensado bien?

—Sí Albert, lo he analizado todo y pienso que es lo mejor… Tal vez Terry efectivamente murió y yo no he querido aceptarlo porque sentía que moriría, pero yo le prometí a él que yo sería feliz y en su memoria eso haré Albert.

Albert permaneció en silencio. No creía el cambio drástico de Candy.

Ella llenó aquel silencio. Sabía que tendría que actuar perfectamente, pues en su perspicacia Albert la descubriría al mínimo titubeo.

—Lo has amado desde que lo conociste, y el alejarte no te ayudará a que lo olvides, estoy seguro de que una parte de ti lo añorará siempre. Mejor dime Pequeña, ¿Ya te has cansado de luchar? Sólo recuerda que el amor nos elige a nosotros puesto que nosotros no elegimos de quien enamorarnos. Y te lo digo porque a donde quiera que vayas su recuerdo te seguirá.

—¿Y qué más hago? Esperarlo más meses o años! —dolorosamente Candy le respondió.

—No lo sabrás si no lo intentas Pequeña. ¿Qué te pasa? ¿Qué es lo que reprimes tanto? ¿Candy, porqué piensas abandonar a Terry?

—Yo lo hubiera esperado toda mi vida Albert, pues… Terry ha sido el amor de mi vida… pero después de la "injustificable, misteriosa y cobarde" respuesta que le dio a Susana, yo no puedo esperar nada de él. Además me ha lastimado tanto con su ingratitud, su egoísmo, su debilidad porque no se ha comunicado con nadie Albert, la incertidumbre que nos ha consumido el alma durante todos estos meses, porque ni una llamada o una carta, con un te odio o un te olvido para cualquiera de nosotros ha emitido. No Albert, a Terry por amor le toleré y perdoné muchos errores y sacrificios: El romperme mi corazón aquel frío invierno; que en su "silencio" haya elegido a Susana y no a mí; el escándalo y los rumores de yo haber sido la culpable de la desgracia de Susana; que gracias a esto la Tía Elroy me odie más cada día… Todo eso y tantas cosas más le he perdonado, pero este cruel abandono, su lacerante olvido, y su cobarde actitud no se lo podré aceptar y mucho menos perdonar. —Abatidamente todo eso desahogó el decaído y confundido corazón de Candy.

Tristemente Albert se dio cuenta que el resquebrajado corazón de su Pequeña no podría aguantar una grieta más. Por eso el no se opondría, ni juzgaría y tampoco debatiría con ella su decisión.

—Pequeña, lamento indagar más de lo debido a tu corazón, pero solo pretendo que tu eco se repita tantas veces hasta hacerte reaccionar, y veo que estas muy convincente y firme en lo que quieres, tú sabes que cuentas con todo mi apoyo, respetaré y respaldaré tu decisión.

—Gracias Albert—dijo Candy sintiéndose desleal por no confesarle lo sucedido a Susana. No lo hizo porque se sentía avergonzada, erróneamente creía que Albert la juzgaría y temía perder también a su gran amigo y tutor. Por eso prefirió omitir ese lamentable hecho.

—Candy, sólo te pido que no tomes esta decisión para redimir tu imagen ante la Tía-Abuela Elroy, no pretendas con esto buscar su aceptación. A pesar de todo lo que me dijiste mantengo la sensación de que algo o alguien ha influido en tu decisión, pero no te presionaré para que me lo digas, tal vez no sea el momento adecuado. Sólo quiero que sigas confiando en mí como lo hago infinitamente yo contigo Pequeña.

Sorprendida por la facilidad con que Albert descubría sus pensamientos respondió:

—¡Ay Albert!, lo he pensado mucho y creo que esto sería lo mejor, total démosle tiempo al tiempo.

******

Apurada por sacrificar a Albert ante su clan, harta de ver aparecer en su mente los espectros de Susana y Elroy reclamándole, y "agotada" de esperar a Terry… fue que empezó aceptar todas las invitaciones a salir, las cuales anteriormente siempre les rechazó tanto a Patty como a Albert. Ahora las atendía para lidiar contra los recuerdos y para que de esa manera Elroy ya no molestara a Albert con la misma cantaleta respecto a ella. Y aunque a últimas fechas la Tía-Abuela también insistía en que Candy saliera con Neal, ella nunca lo aceptó, pues sabía de las intenciones que Elroy tenía para casarla urgentemente con Neal.

A todas las fiestas que Candy asistía, siempre sucedía lo mismo, los hombres la asediaban como peces al cebo, caían en la red de belleza y sensualidad que emanaba inocentemente la rubia de ojos verdes. Mientras que de las miradas femeninas recibía mil aguijonazos cargados del veneno por la ponzoña de la envidia y celos, pues todas esas mujeres también eran presas de la inferioridad que sentían al lado de la imponente belleza de la Pecosa, quien las ignoraba no sin antes esbozar la sonrisa de superioridad que le brindaba ese tonto juego "de los coquetos y las celosas".

Candy poco a poco fue conociendo a fondo ese ambiente de superficialidad. De reojo siempre veía como a su paso muchas mujeres evadían encontrar su mirada para evitar el saludo, otras pellizcaban o codeaban a sus maridos para interrumpir las lascivas miradas que la seguían lujuriosamente, en fin la mayoría de esas mujeres no querían a Candy ni un metro cerca de sus maridos, obviamente por sus temores convertidos en endiablados celos.

La rubia ya sabía defenderse de esas falsas amistades que insistían en invitarla a sus despampanantes fiestas, eran mujeres hipócritas que agradecían su asistencia en esos eventos en los que el apellido "Andrew" daba el toque sofisticado y glamoroso a las fiestas en que ella asistía. Y así mismo, Candy sabía que esas mujeres le agradecían al cielo el hecho de que ella no les hubiera dirigido la palabra y mucho más el no haber compartido la mesa con alguna de ellas.

La joven heredera del clan Andrew, era conocedora de todo esto, había entendido la dualidad de esa gente a la cual ignoraba totalmente, ya en ella las murmuraciones sobre "su culpabilidad con la novia plantada" no tenían sonido eran mudas palabras que no llegaban a sus oídos y muchos menos tocaban su autoestima.

Así transcurrió el tiempo y Candy ya estaba fastidiada de tantas fiestas de beneficencia, festejos en mansiones suntuosas, desfiles de moda, cenas de negocios y demás eventos. La Pecosa había rechazado todas las invitaciones de esa noche.

Albert y Patty se preparaban para llevarla a un baile. Candy percibía la angustia y preocupación que ella había despertado en ellos, también comprendía las verdaderas intenciones que ellos tenían de insistir hasta el cansancio para que la Pecosa los acompañara a las fiestas, recorridos de compras, paseos, y más. Ella sabía que todo lo hacían para sacarla de ese voluntario letargo de amor que aún la mantenía paralizada emocionalmente.

Patty ingresó a la habitación de Candy para ver si ya estaba lista.

—¡Candy! ¡Aún no te has bañado! ¡Oh, vamos a llegar tardísimo! —Exclamó, desalentada. Luego de observarla bien le preguntó—: ¿Te encuentras bien?

—No puedo evitar sentirme así. Además, ya se lo dije a Albert y ahora te lo confieso a ti Patty: estoy destinada a quedarme solterona y lo acepto.

—¡Lo dudo! Es muy pronto para saberlo, mírame a mí a pesar de la pérdida de Stear yo aún no lo he olvidado, al contrario siempre lo siento tan cerca de mí, yo siempre viviré con su amor y recuerdo. —dijo Patty totalmente invadida por la melancolía y nostalgia.

Candy dejó escapar un gemido de sorpresa, y se sintió avergonzada por entristecer a su amiga.

—Perdóname Patty, sé que intentas animarme pero te estoy lastimando al traerte los recuerdos de Stear, no era mi intención verte afligida.

—No te preocupes Candy y también estoy dispuesta a ser solterona, y en tu compañía estoy segura de que no será aburrido envejecer —se lo dijo con una amplia sonrisa.

—Ya sabes cuánto odio estas fiestas elitistas. Amiga por lo menos hoy dame la oportunidad de intentar eludir ésta, ya han sido demasiadas durante este mes. Y sinceramente ya me siento bastante mal con la insistencia tuya y de Albert.

—Es que llegas a desesperarnos, ¡Te has vuelto tan indiferente, eres otra Candy!

—Lo sé, pero no me lo restriegues más… por favor Patty créeme que estoy haciendo mi máximo esfuerzo.

—Está bien, perdóname tú a mí por mi insistencia, le mandaré avisar a la Tía-Abuela que tienes una intensa migraña ¿De acuerdo?

—No Patty, ese fue el último pretexto que dí, mejor avísale que tengo una indigestión severa.

—Muy bien, sólo que te recomiendo que ya no bebas más "jerez", pues aviva el brillo de tus ojos y enaltece el rubor de tus mejillas, tu rebosante semblante dista mucho de la enfermedad que te inventas.

—Pero si es "jugo de uvas."

—Candy, ten cuidado de lo que tomas… últimamente como que ya te has familiarizado con el "jerez" ¿No crees?

—Patty, pero si a todas las fiestas que me llevas el jerez es lo más dulce que ofrecen, si llenaran las meses de pastel de chocolate eso comería durante toda la velada, pero no es así, sólo ofrecen champagne y platillos exóticos. Además no desconfíes… es que sólo así calmo mi ansiedad.

—No te estoy regañando, sólo te estoy pidiendo que seas moderada y consciente de la cantidad de lo que bebes.

—Lo haré Amiga, y muchas gracias por salvarme esta noche de salir.

******

Sumido en un estado de ofuscación total en donde todo parecía perverso Terry sentía que lo frío de sus pensamientos le llegaba hasta la médula y esto lo hacía sacudirse. Pensaba que toda la gente decía que el infierno era un imparable fuego eterno, pero él ahora lo describía distinto, para Terry el infierno era esa oscuridad, ese encierro, ese silencio convertidos en su peor tortura.

Pasó demasiadas semanas enojado con el mundo entero, últimamente le costaba mucho abrirse con Armand y ese hermetismo lo hacía aumentar su odio contra todos, no les perdonaría que ninguno de sus familiares y amigos fueran incapaces de hacer algo por él, no entendía porqué nadie había logrado encontrarlo. Albert que había recorrido todo el mundo llegando a los lugares más recónditos y domando a las más salvajes fieras no era capaz de hallarlo. Candy que había sido capaz de cruzar el Atlántico sin ni un boleto pagado y sin ningún dólar en su bolsillo no llegaba a él. Su padre el Duque estando tan cerca y con un séquito de sirvientes y con las esferas del poder a sus pies no lo encontraba. Y Eleanor ya una vez se había derrotado en la pérdida de su hijo que más daba que una segunda vez se hubiera quedado llorando y cruzada de brazos.

Por estos tristes pensamientos Terry maldijo su destino, no comprendía porque todos lo habían abandonado a su mala suerte y para combatir ese odio y resentimiento mejor jugueteaba con la absurda idea de vengarse de ellos.

Esa era una tarde oscura y gélida, pero en la mente del joven Grandchester pasaban las imágenes de noches agradables frente al fuego, veladas de familia, reuniones de amigos fiestas, bailes y whisky. Terry tuvo que sacudir con fuerza la cabeza para librarse de esos pensamientos, pues el imaginar que su "familia" y especialmente Candy hubiesen seguido con su vida normal, olvidándose de él, lo enfurecía y lo desquiciaba. Inevitablemente se preguntaba ¿Y cómo será tu invierno mi Tarzán-Pecoso, serás feliz, sufrirás igual que yo, o ya me habrás olvidado? Con tan sólo pensarlo, se estremeció.

Terry sintió una fuerte tensión. No entendía por qué, de repente, la mente le estaba jugando aquella mala pasada. Estaba muy mareado, merodeaba por toda su celda como una bestia salvaje. Quizá estuviera volviéndose loco, por fin; pero él sabía que no tenía que dejarse llevar por los demonios de la desconfianza y desesperación, no debía ser débil y tampoco debía desconfiar de sus seres amados.

La vida nunca había sido justa con él, siempre le había presentado duras pruebas y a estas alturas ya nada le sorprendía, él sabía que ya no debería perder más tiempo. Se arriesgaría a todo por escapar. Su deseo de libertad lo haría pelear hasta con el mismo diablo por alcanzarla para por fin ser libre, y eso era lo haría en ese mismo instante, ya no esperaría ni un minuto más.

******

En ese mismo instante Candy sintió que la recorrió un intenso escalofrío e inexplicablemente sintió que la embargaba la angustia de siempre, sin motivos aparentes y sin causa justificada se sentía hastiada de esas reuniones y nada lograba animarla. Desistió de continuar arreglándose para la fiesta a que asistiría esa noche y mejor decidió recostarse. Como ya era costumbre Patty tocó y entró a la habitación de Candy y al verla acostada se desesperó y le dijo.

—¡Candy! ¿Estás indispuesta? ¿Qué te duele?... ¿No piensas acompañarme esta noche?

—¿Patty, en verdad debo ir? —Más que pregunta parecía queja, Candy pensaba en lo mucho que se iba a aburrir.

—Por supuesto Candy, debes de ir. Te imaginas si la Tía-Abuela se entera de que no fuiste a esa fiesta, te regañará y te dirá que desperdiciaste otra oportunidad para obtener prometido, te reprochará y te sermoneará hasta el fin de tus días, y lo peor será que se atreva a venir por ti y te obligue a que seas la acompañante de Neal.

—Lo sé, Patty, pero es que todas las fiestas son iguales, gente aristocrática, baile, comida, bebidas… bla, bla, bla.

—¡Disfraces y máscaras! ésta fiesta será distinta Candy, todo mundo ocultará su rostro, éste baile tendrá magia porque será un enigma el hombre que sea el afortunado en bailar contigo.

—Es lo mismo Patty, con máscara o sin máscara no me interesa conocer a ningún hombre.

—¿Quién sabe Candy, tal vez el hombre de tus sueños hoy se forme de carne y huesos?

—No Patty yo busco a un hombre que posea la habilidad de hacerme reír, la elegancia, la fuerza, la determinación de…ya no continuó porque Patty empezó hablar.

—Ya, ya, no sigas Candy. Sólo te falta que digas que tenga sonrisa seductora y un enigmático lado oscuro con larga melena castaña, ojos azul profundo y una inteligencia endemoniadamente encantadora… ¡Por todos los cielos mujer, estás describiendo a Terry! ¿Lo notaste?

A pesar de la enorme cantidad de hombres que la asediaban en cada fiesta, Candy nunca encontró ningún otro rostro tan varonil y hermoso como el de su inolvidable Terry, ninguno gozaba de la infalible elegancia que el aristócrata naturalmente portaba, ninguno lograba tener su ágil, interesante y divertida conversación, en ninguna de las tantas fiestas encontró algo parecido a él. Esto pensaba la rubia y para eludir la conversación decidió aceptar ir a esa fiesta de disfraces.

—Patty no pienso discutir esto… es mejor que me arregle para irnos, ya que estoy segura de que no te ganaré, dame veinte minutos y estaré lista ¿Si?

Así fue que Patty convenció a la Pecosa de que la acompañara, pues en esa ocasión Albert no pudo escoltarlas como era costumbre, ya que tenía una reunión de negocios que a última hora Elroy le ordenó que atendiera en su lugar, puesto que ella se sentía enferma para asistir.

Al entrar Patty y Candy al salón una multitud de hombres se acercaron especialmente hacia la rubia para saludarla y darle la bienvenida, todos trataban de acaparar su atención pero Candy ni se percataba de ellos pues había llegado arrastrando su ánimo por los suelos, al acudir obligada le desanimaba cualquier deseo de convivencia, planeaba saludar a unos cuantos y escabullirse a algún solitario lugar.

—Aquí hay muchos jóvenes apuestos —le dijo Patty.

—Finalmente acepté venir porque sabía que aquí no hay nadie para mí, así que no te hagas demasiadas ilusiones Patty.

—No conocía ese egoísmo de tu parte Candy, cómo pretendes sacrificar tu propia felicidad por alguien que te ha roto más de dos veces tu corazón, estoy segura que aquí hay más de diez hombres que darían la vida por ti.

Pero de pronto algo llamó la atención de Candy y Patty, ambas mujeres observaban fijamente a un hombre alto de melena castaña recogida en una pequeña coleta, a su ancha espalda la cubría una capa oscura. Tras la máscara negra que cubría su rostro, sus grandes ojos oscuros hacían una mezcla que le daba un semblante de misterioso y solitario.

Candy impresionada de un solo trago bebió la copa que hábilmente ya tenía en su mano.

Ellas volvieron para mirarse la una a la otra como si se leyeran el pensamiento, ambas mecieron sus cabezas haciendo la seña de afirmación e inmediatamente giraron su vista hacia aquél infrecuente hombre.

C O N T I N U A R Á . . .

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*MALINALLI, *MOONDAN, *MARIA (Fan No. Uno de Terry), *MARIANA WAY, *NASHTINKA, *YESSI GRANDCHESTER, y *KARINA NATSUMI.

Mis Queridas Amigas: Gracias por seguir aún conmigo, un capítulo más y ya gozaremos en escena al apuesto caballero inglés, osea nuestro amadoTerry.

M I L G R A C I A S ! ! ! POR SU APOYO Y PACIENCIA,

CON CARIÑO,

GIZAH