Una tarde apacible, el olor a café recién hecho llenaba la sala con una pequeña nube de vapor cargado de cuerpo, junto a la tetera llena de agua caliente y el filtro con los granos molidos se encontraba una pequeña tarta de manzanas extraídas del huerto de la finca con el agradable sabor de la canela y gotas de limón.
Leon cerró los ojos acercando la taza de su brebaje a su nariz para que esta le causara un cosquilleo, el joven abrió levemente sus ojos para ver a su padre del otro lado de la mesa de café que los separaba.
El hombre mayor acaba de terminar su jornada laboral, ahora mucho menor por las contribuciones de su hijo, por lo que pudo tomarse ese descanso para probar esta bebida extraña que le ofrecía. Ya que el Reino tenía una fuerte tendencia a las fiestas de Té, cualquier otra bebida era poco usual.
Pero el sabor amargo, con cuerpo y algo astringente le resultaron disfrutables al paladar. eso en compañía de este delicioso bocadillo preparado por su esposa, era una combinación que le resultaba todo un manjar.
-Tengo que admitir que esto me gusta.- Admitió el padre a su hijo.
Este estaba a punto de responder cuando llamaron a la puerta.
-Justo a tiempo.- Dijo el muchacho.
-¿Esperabas a alguien?- Preguntó Balcus.
-Al mensajero real.- Respondió el hijo.
Ante la mención de este, el adulto se puso de pie por la sorpresa en contraste total a su hijo que incluso lo tomó con total naturalidad que llegó a volver a tomar su taza en mano.
El mensajero, un adulto mayor con un cuidado bigote se aclaró la garganta antes de desdoblar el mensaje que había sido enviado desde el palacio Real. Años de haber realizado este trabajo le habían dado una facilidad para la declamación, ha visto muchas clases diferentes de anuncios, pero este era un caso particular.
-Por la presente se le otorga el título de "Investigador Real" además de un puesto de Honor en la Corte de las Reina por sus contribuciones a los nuevos diseños de las armaduras de batalla.
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Balcus escupe su café.
-¿Cómo te pusiste en contacto con la Reina?- Preguntó el padre.
Leon le sonrió.
-Tengo mis contactos.
La felicidad del joven era visible, ya que esto le había resultado muy conveniente. Había logrado su cometido para que la Reina le diera acceso a modificar las armaduras que son una buena parte de la fuerza militar del país.
Con su nuevo título de "Investigador" incluso podría realizar algunos avances en la sociedad usando la Energía Fotónica más adelante.
-Ejem.
El mensajero llamó la atención del joven, pues no había terminado de entregar su mensaje.
-Por último, se le concede el Título de "Conde" al caballero independiente Leon Fou Bartfort, y se le solicita que acuda a la academia para ser instruido, dejando un día de su elección para que pueda atender sus deberes de título.
La sonrisa del joven fue borrada en ese momento.
Una expresión seria apareció cuando comenzó a repasar por su mente varias de las razones que llevaron a este desenlace.
Fue la Reina, de eso no había duda. Ella era la única con la autoridad suficiente para concederle un título tan alto con solo chasquear sus dedos y obligarlo también a tener que cumplir sus caprichos y designios.
Tenía que admitir que fue una jugada bastante inteligente, y al mismo tiempo tenía que aceptar que quizás su demostración de poder de hace unas semanas había sido demasiado al punto de hacer temerosa a la monarca de su persona o mejor dicho de lo que podía hacer si no estaban del mismo lado.
Ella desconfiaba de él, eso estaba más claro que el agua. por eso le dio un puesto alto donde estaría casi bajo su constante vigilancia y asegurándose de que no fuera contra los mejores intereses del Reino.
No había tenido en cuenta las posibles contramedidas a su avance en su misión de crear una reforma armamentística y energética. De ahora en adelante cada paso que daba lo estaría ligando cada vez más.
-Chica lista.- Admitió el joven
-Leon.
El ser llamado lo trajo de vuelta al reino de los vivos, haciendo que su atención se volcará nuevamente a la persona que lo había llamado, siendo esta vez Zola para su disgusto. Su padre no estaba por ningún lado, por lo que tendría que adivinar que había salido cuando entró la mujer rubia.
Francamente cada vez que la veía los oídos del joven captaron ruido blanco, indicando una simple molestia y apenas reconociendo su existencia. Esto solo se evidencio cuando se cruzó de piernas tomando la taza de café en su mano derecha y en la izquierda el documento.
Sin desviar la mirada del papel, el joven soltó un pequeño bufido divertido.
-¿Te divierte lo que te estoy exigiendo?- Preguntó la mujer mayor - recuerda que sin mí, tú no hubieras logrado…
-No puedo burlarme de lo que no escucho.- Contestó bebiendo un poco del café. Sin siquiera dirigirle la mirada a la anciana - Pero si tanta es tu necesidad de saber que me causa tanta gracia te lo diré.
Leon enrollo su carta real como si fuera un mero periodico y apunto a la mujer, quién solo atinó a apretar la mandíbula al oír el tono cínico del idiota frente suyo.
Sin embargo, repentinamente observó la acción del mocoso, apuntando lo que sea que tenga como si ella fuera la simple campesina de su madre. Aunque la mirada retadora de esta vez era… diferente.
-Y es el hecho de que tú pronto vas a arrepentirte de todo lo que nos has hecho.
-¡¿YO?! - exclamó Zola al ver el reto del joven. Pero, antes de replicar, León prosiguió.
-Y tu idea de que tienes algún poder sobre mi.- Leon rio por debajo.- es irrisorio - suspiró antes de mirar a la anciana con un gesto de desprecio - no sabes cuán fácil sería borrar tu existencia, como cuando comes un trozo de pan, nadie reconoce luego un trozo de mierda
-¡SUFICIENTE!
Puede que quizás no sea la primera vez que ella perdía la compostura, pero al menos esta era la primera vez que lo hacia frente al joven de cabellos negros pues no queria darle la satisfaccion de saber que fue la causa de su tropiezo.
El hecho de que la mujer mayor llegase a golpear con ambas manos la mesa fue suficiente para llamar la atención del joven nuevamente.
-He tolerado tu insubordinación y falta de respeto constante hasta ahora.- Dijo está antes de apuntar su abanico contra el.- Pero es momento de que me entregues lo que tienes.
Ella no iba a ceder ante el imbécil frente suyo, había pasado suficiente tiempo mordiéndose la lengua para mantener la paz.
- Todo, absolutamente todo, incluso hasta la última moneda.
Leon sonrió antes de descansar su rostro en la palma de su mano.
-No gracias, no tengo ganas de tirar a la basura mis recursos.
Ella apretó los dientes.
-Tu padre tiene un contrato conmigo - Ella recuperó la compostura un poco antes de ocultar su nariz y boca detrás de un abanico, mirando con odio al mocoso - Lo que significa que tú, como su hijo, hace que todo lo que tengas y poseas me pertenezca.
Ahora ella era la que sonreía por lo bajo.
-Soy la dueña absoluta de todo lo que tú tienes.
-Entonces déjame recordarte que ya soy un adulto legal y aventurero registrado.- Leon cerró los ojos con una sonrisa tranquila.- Todo lo que poseo está a mi nombre y solo a mi nombre.
Ella chasqueó la lengua, odiaba esas leyes que tantas trabas le han impedido hacerse de toda la tecnología que había traído el idiota de Balcus. Era una carga más que valiosa, o eso, al menos, fue lo que dijo su contacto del Principado de Fanoss al mostrarle una chatarra que uno de sus sirvientes logró robar de León.
Sin perder su sonrisa, Zola siguió presionando. Después de todo, ni que la reina o alguien de la nobleza superior estuvieran aquí presentes.
-¿Y eso importa?- Dijo con suficiencia -No importa cuanto intentes, al final, todo será mío, sin importar en cuántas leyes te escudes.
León sonrió al oír eso.
-(Te tengo)- Pensó mientras sonreía triunfante. -¿Así que planeas ir contra la corona de Holfort y sus leyes?
León nunca perdió esa sonrisa descarada.
-(Realmente eres miserable…)-Pensó el muchacho.
-¿Leyes del reino? ¡Ja!- Zola lanzó una risa corta y seca tras lo dicho -¿Realmente importa lo que el estúpido del rey y la tonta sumisa de su esposa digan o hagan?... Entiende de una vez, imbécil, que aquí yo mando y lo que yo digo se hace.
Su tono se volvió amenazante y turbio
-La verdad, aún tengo pensado que te cases con mi amiga y así tendré todo lo que merezco.
-Jooo- León entrecerró los ojos al oír aquello - ¿La misma morsa amaestrada que se casó con ese militar de Farnoss?. Vaya, ¿Qué te hace pensar que acepte? Digo, no es como si lo que tengo valiera tanto - El sonrío por lo bajo al decir aquello, necesitaba que suelte la sopa, o al menos todo lo que sabe.
Hizo un pequeño ademán como si le restase importancia a su descubrimiento.
- Cualquier otro aventurero pudo haber encontrado algo igual o más valioso por ahí.- Mencionó
-No te hagas el estúpido más de lo que eres conmigo, niño- Aquel comentario le hizo temblar una ceja al pelinegro -Ese militar comentó que la líder del Principado está más que interesada en lo que encontraste…
-Así que fue tu sirviente el que me robó esa celda experimental - León suspiró sin interés -Bueno, no es como si fuese importante, era un prototipo fallido así que era chatarra
Ver la expresión de Zola irritada por el comentario era agradable, más al ver que cayó en su trampa.
-(Sigue hablando, arpía de mierda) - Pensó -(Cada palabra será otro cargo en tu contra.)
Desde hace un tiempo había comenzado a trabajar en algunos prototipos a pequeña escala en su habitación, cosas sin mucha importancia que solo él podría saber cómo utilizarlas con su máximo potencial. Para cualquiera sin sus conocimientos sería tan útil como como un pisapapeles de metal con una placa madre.
En este caso, fue un intento de recrear un Reactor fotónico en miniatura.
Pero esta era experimental, demasiado inestable y posiblemente funcione mejor como una granada que otra cosa. Los cables se derritieron antes de que pudiera producir algún tipo de energía, por lo que no había daño real en ello, le agrego un pequeño foco escondido y un pequeño panel solar.
Era básicamente una lámpara con pasos extras.
Sabía que tarde o temprano la anciana haría un movimiento contra suyo, así que él dejó que ese sirviente elfo suyo lo tome y se lo lleve a su contacto.
Solo quedaba ahora exponerla frente al enviado.
-¿Y qué si fue así? - exclamó la anciana, pensando que ya tenía todo asegurado -No tienes pruebas y no importa cuánto lo intentes, al final, yo ganaré.
-Es más fácil que la reina abdique, sabes - León meditó un poco antes de sonreír de forma burlona - ¿No será que apuntas a la corona? De ser así, te recomiendo que no lo hagas, no aceptan a ancianas en el cargo.
-¡¿Qué dijiste, estúpido?! - La frustración de la mujer regresó y era cada vez mayor.
Ella estaba a punto de abrir nuevamente su boca cuando el joven, de pronto, se levantó y sin más aplaudió un par de veces antes de sonreírle a la mujer como si este hubiera ganado algún juego o algo así.
-Bien, bien -Exclamó con los ojos cerrados y esa estúpida sonrisa en su rostro - En este punto, solo puedo felicitarte por tu valentía o por tu insensatez.
Las palabras solo causaron confusión en ella, cosa que rápidamente se encargó de aclarar.
-Como siempre, cuando inicias con tus berrinches, nunca te das cuenta de cuando hay personas presentes.- Leon dio un paso más cerca de las puertas fueron abiertas de par en par por donde se había escabullido su padre, dejando ver en el espacio que se forma entre este objeto y la pared, se encontraba escondida una persona.
El mensajero real.
Este había estado escribiendo todo lo acontecido desde el inicio, su pluma se movía frenéticamente registrando cada palabra, cada frase y cada insinuación que dijeran ambos. En especial la parte donde recibió un portazo cuando ella entró en la habitación antes de gritarle al joven.
Este solo sonrió cuando la vio perder poco a poco el color de su rostro.
-Mira que hacerle eso al mensajero real que ha venido con la agradable noticia de mi nuevo título como "Conde" y mi puesto como "Investigador Real"
Ella estaba paralizada.
Fue como si toda su sangre se hubiera cristalizado, el respirar era doloroso en este punto. En un descuido, este muchacho infernal le había dado la vuelta todo el tablero de juego y la había puesto contra las cuerdas.
Zola comenzó a pensar rápidamente, cada palabra que dijo fue registrada y no por cualquier persona, era el mensajero especial de la Reina, eso lo sabe por la placa sobre el lado izquierdo de su uniforme, ellos registran todo y fungen como testigos en contra de la nobleza y sus posibles implicaciones en contra de la corona o el reino.
Ella estaba pensando en cómo salir de esto, su posición estaba en peligro, pero si ella pedía clemencia es posible que aún pudiera…
Despertó de su trance cuando sintió una mano sobre su hombro, no tuvo que desviar su mirada para saber quién era, en cambio, giró directamente para verlo y, al hacerlo, un escalofrío bajó por su espalda cuando vio la sonrisa de Leon.
Era una sonrisa arrogante como ninguna otra, sus ojos desbordan una locura insana.
¿Clemencia? ¿Perdón? ¿Piedad?
No.
Eso no era algo que estuviera en el vocabulario de esta persona.
El muchacho se acercó al oído de la mujer y habló suavemente.
-Puedes estar tranquila, no pienso usar mi nueva posición para aplastarte a ti ni a tus hijos.- El joven apretó un poco más el hombro de la mujer -Pero…
Ella lo miró fijamente y fue como si su alma estuviera a punto de salir para ser consumida al ver la sonrisa que puso.
-Si así lo quisiera, usaría mis propias manos desnudas.- No habrá lugar en este mundo o en el siguiente donde podrás escaparte de mí.
Con eso Leon salió de la habitación dejando a la mujer a solas, al poco tiempo sus piernas se volvieron gelatina y se derrumbó en el sillón del estudio. Siendo seguido por el mensajero, quién simplemente se despidió de forma formal, no sin antes que León le pida ser indulgente con ella en su reporte.
Aunque sus últimas palabras antes de irse fueron más que suficientes para preocupar al mensajero…
Leon soltó una risotada cuando estuvo lo suficientemente lejos del mensajero y la anciana. Francamente poco le importaba el destino de esa mujer y en cierto sentido se compadeció de sus hijos, pero no lo suficiente como para ayudarlos .
El joven se detuvo cuando una figura familiar aparece en su visión por el otro lado del pasillo. Su ceja se levantó con claras señales de sorpresa y no dudó en expresar sus palabras.
-¿A qué debo su visita?
El tiempo pasó con bastante rapidez llegando al día pródigo en que el nuevo trimestre escolar comienza en la Academia de la Capital Holfort, ubicada en el centro exacto de la capital y del reino. Y por una impía razón dicho centro educativo fue construido sobre una mazmorra que genera constantemente monstruos como en un videojuego.
Y hablando de eso, los escenarios del juego original no se pueden comparar a las dimensiones reales del campus, la ciudad y la isla flotante en sí.
Como tal en cada nuevo trimestre los estudiantes están ansiosos y nerviosos por igual, ya que casi la totalidad de los inscriptos nuevos y de último año se encontraban minutos antes de siquiera sonara la primera campana de entrada de clases.
Algunos siendo más amables con otros, ya sea entre compañeros o con el personal.
Unas damas estaban hablando sentadas en un banco cerca de un árbol, antes de que una llamase la atención de otra.
-Mira allá.- Dijo está a su amiga, la cual no pudo aguantar su emoción.
-¡Kyaaaaaa! ¡Es la comitiva del príncipe!
Como si eso comenzará un evento, todos los estudiantes se dieron la vuelta para ver a un grupo destacado de estudiantes muy particulares, pues estos expulsaban un aura que solo se puede describir como auténtica realeza, muy diferente de todos los otros en la academia.
Algo que de cierto modo los hacía destacar como "Objetivos de Captura"
Julius Rapha Holfort, con el cabello corto oscuro, Príncipe del reino y el líder de la comitiva.
Brad Fou Field, de cabellos morados y largos, a menudo lo describen como un narcisista.
Greg Fou Seberg, Aventurero de cabello rojo, confía demasiado en sus habilidades y a menudo no piensa antes de atacar.
Jilk Fia Marmoria, parte de la realeza, su cabello verde llega hasta la mitad de la espalda, es el hermano adoptivo del príncipe.
Chris Fia Arclight, usa lentes de montura negro con cabellos cortos de un color celeste.
Y cerca de ellos, se encontraba caminando cierta joven de cabellos rubios y ojos rojos, de facciones delicadas y un aire de nobleza implícito. Todo lo que se esperaría de la hija de un Duque y la prometida del Príncipe, casi la futura Reina.
Angelica Rapha Redgrave
El paso de todos fue tranquilo, como si fueran acariciados por el viento, derramando elegancia y grandeza en cada poro de su piel. Incluso pareciera que los pájaros cantaban dándoles la bienvenida a este sagrado lugar.
En eso un estudiante comenzó a escuchar algo, se limpió los oídos para asegurarse que no estaba oyendo cosas.
El sonido fue creciendo cada vez más hasta que varias pudieron oírlo, incluso la comitiva del príncipe se detuvo y giró hacia la entrada, lugar donde provenía el sonido que solo podían describir como un motor.
RUUUUUUUUUUUUUM
Atravesando los portones de la academia en solo unos instantes, un extraño vehículo terrestre de 2 ruedas de colores rojo, blanco y negro, el sonido del motor era muy diferente de los deslizador, sonaba refinado pero mucho más potente.
El piloto principal vestía el uniforme de la academia y un casco rojo con el visor oscurecido y sujetado a este se encontraba una mujer con un casco blanco y un traje de sirvienta.
Los estudiantes saltaron de sorpresa pues nunca habían visto este tipo de vehículo que solo podrían describir como un "Objeto Perdido" si ya de por si podías pasar toda tu vida sin ver uno, ver a alguien usándolo sin algún tipo de reparo era impensable.
La velocidad del piloto fue tal que comenzó a frenar pasada la fuente central, pero aunque esta se viera reducida la aceleración del vehículo era tal que dejó una visible marca de frenado, con una curvatura rodeando la estructura decorativa.
El vapor proveniente de la marca en el suelo era visible mientras que el olor a caucho quemado llegó a las fosas nasales de los nobles estudiantes, muchos sintiendo esta nueva fragancia por primera vez en su vida.
Dos adultos parte del personal salieron apenas escucharon el alboroto, se quedaron conmocionados cuando vieron la escena frente suyo.
-Si lo que quería era causar una entrada, lo ha conseguido.- Dijo una voz femenina, la de la copiloto.
Cuando el vapor comenzó a disiparse y el piloto pudo hacerse más visible, se hizo evidente que este era un estudiante del instituto, salvo por el detalle que llevaba un extraño brazalete en su brazo izquierdo y en su cinturón llevaba una funda de un objeto extraño.
Colocó ambas manos cubiertas por guantes sin dedos a ambos lados del casco y se lo retiró, dejando esté bajo su brazo pasó su enguantada mano por sus cabellos para sonreír con confianza ante su primer día.
-No era mi intención, pero no me quejo.- Contesto Leon bajándose de la motocicleta.
En eso su acompañante se bajó de la misma y se retiró el casco revelando un largo pelo de color marron rojizo, casi naranja. Lo más resaltante además de su traje de sirvienta eran las pequeñas orejas de animal sobre su cabeza y la cola rayada bajo su falda.
Los murmullos no se hicieron esperar.
-¿Quien es ese sujeto?-Preguntó un tipo al azar antes de que su amigo de al lado lo golpease en el costado.
-Muerta más respeto, tonto.- Dijo este.- Si es quien creo que es, nos conviene callarnos.
-¿Que?- otro sujeto miró al chico, no parecía ser importante o siquiera de la alta nobleza como para que imponga ese respeto -¿Pues quién es ese tipo?
-Es Leon Fou Bartfot, un aventurero que fue ascendido al rango de Barón por la propia Reina - Respondió una de las tantas chicas miró al recién llegado con claro desdén, eso podía notarse al cubrir su rostro con aquel abanico mientras su sirviente lobo se erizaba al ver a la mujer que le acompañaba.
Y no era la única, pues muchas féminas tenían la misma opinión sobre el tal Bartfort. Ya que nadie, en la historia, había logrado subir tres veces de rango en menos de un año.
Nadie.
-Tienes que estar jodiendo -Por otro lado, los pocos nobles que ya habían escuchado de antemano cuán peculiar e importante era este nuevo miembro de la nobleza, prestaban más atención a la maid que lo acompañaba, pues esta era una Demihumana.
Una… peculiar.
Los Demihumanos no son nada raros, ya que muchos son contratados como sirvientes y, en algunos casos, amantes de las hijas de los nobles, si no es que de todas las féminas de las casas menores. Los elfos tienen una especial popularidad ya que siguen siendo hermosos con el pasar del tiempo y la probabilidad de embarazar a su dueña es prácticamente nula.
Sin embargo, en algunos casos los hombres de bajo rango jerárquico prefieren desposar a una semihumana, pues esta los trataría infinitamente mejor que cualquier otra mujer del reino, ya sea noble o plebeya, y, si bien esto los expondría a ser parejas o rechazados sociales, muchos aceptan esto por su propia paz mental antes que fingir estar bien ante la sociedad.
Aunque hay especies más populares que otras como los hombres gato, muy populares entre las jóvenes últimamente, y los hombres lobo, algunos incluso destinados exclusivamente a ciertas casas de nobles y mercaderes del reino.
Pero, de entre todas las razas de sirvientes, ninguna es más temida e infame que los Demihumanos Tigre.
Se dice que son incontrolables, fuertes, orgullosos y por sobre todo, pueden llegar a matar a su dueño si no lo respetan. Es por ello que nadie había tenido uno en más de 20 años.
O al menos haber sobrevivido para contarlo.
Por eso, ver al tal Barón Bartfort llegar a la escuela; no solo con un sirviente de dicha raza sino uno femenino, le hizo; además de su estruendosa entrada; ser prácticamente el centro de atención. Pues muchos de los hombres quedaron prácticamente hechizados por la increíble belleza de aquella semihumana.
Las chicas, por su parte, miraban con asco al sirviente. Era más que claro que esto no solo iba en contra del reino entero, sino que mostraba una increíble indignación hacía todas las personas.
Si bien es mal visto que un hombre compre una esclava demihumana y el tener una relación con esta aumentaba el desprecio sobre este, el tal Bartfort ya había llegado a un nuevo nivel no solo al presumir su sirvienta de tal forma, sino que también la mostraba sin reparo alguno aquí, en la academia donde toda la nobleza del reino, salvo algunas decepciones de plebeyos, asistían.
Era una clara ofensa al reino.
Aunque a León no le importaba esto.
Sin embargo…
-Ese sujeto- Jilk, del séquito del Príncipe Julius, miró con claro desprecio al sujeto qué, no solo ingresó con una especie de Objeto Perdido de lo más extraño y qué, curiosamente, luce más veloz que una de sus tantas naves de velocidad.
-Presumiendo una semihumana frente a todo el alumnado- Chris, el cuatro ojos, se acomodó los anteojos al deslizar su dedo por el puente de su nariz, más que indignado por el sujeto -Que ultraje.
-¡Tch! Ese tipo me da ganas de golpearlo- Greg, como siempre, pensaba más con los puños que con el cerebro.
-No te precipites- Brad, por su parte, podía sentir que algo no cuadraba con aquel sujeto y su semihumana -Bartfort, he oído ese nombre antes, ¿Pero dónde?
Julius, quién había guardado silencio durante todo ese tiempo, simplemente miró al pelinegro con desdén y un cierto… miedo.
-Tengan cuidado con ese chico- Advirtió el príncipe con un tono serio -No es de fiar…
Sus palabras hicieron que el resto se vieran entre sí antes de sopesar lo dicho por el peli azul, ya que este no suele actuar así a menos, claro, que tenga un mal presentimiento…
O una certeza total sobre algo.
-(No pensé que las palabras de mi madre fueran a ser ciertas)- pensó el joven príncipe mientras mantenía su distancia del mentado Barón. Él tampoco podía creer que en menos de medio año él ya había sido ascendido tres rangos.
Algo casi imposible.
Sin embargo, los supuestos avances tecnológicos y toda clase de descubrimientos eran comentados en palacio.
Todo el tiempo oía sobre nuevos inventos, nuevas mejoras para las armaduras, los notorios fallos y la carencia de mejoras de los modelos actuales. Cosas también sobre una nueva energía, algunos lo describen como un tipo muy perverso y muy peligroso. Pero, sobre todo, inteligente y astuto, tanto que parecía el demonio en persona.
Julius no se tomó en serio al principio incluso las advertencias de su madre, le parecían excesivas, pero ahora no pudo evitar recordarlas..
-("Si ves a un tal Bartfort, aléjate de él lo más que puedas")- Recordó el rostro preocupante que esbozaba ese día -("Sabrás reconocerle, ya que él siempre dará de qué hablar")
-(No pensé que fuese a ser cierto)- Se dijo antes de seguir con su camino, siendo así que notó que León llegó a mirarle de reojo, sonriendo de una forma espeluznante y sombría.
Entonces, Julius se paralizó durante menos de un segundo antes de sentir que los ojos de aquel sujeto lo ignoraron por completo, como si no valiese nada.
Era esto una sensación muy… extraña.
Negó con la cabeza antes de continuar con su camino, ignorando aquel sentimiento de preocupación que le dejó aquella mirada.
El resto de chicos optaron por ignorar aquello y simplemente continuaron con su andar. Aunque aquel Barón sonreía por lo bajo, mientras su sirvienta suspiraba con pesar.
Pues, a palabras de su amo: "Todo iba según lo planeado".
Leon, entonces, dio un paso al frente más cerca de los funcionarios de la academia. Sin detenerse a pensar en esa panda de idiotas, señalando un extraño paquete.
-¿Les importaría llevar esto a mi habitación?- Preguntó apuntando a un paquete misterioso envuelto sobre la motocicleta.
-¿Quién…?- El empleado no pudo terminar cuando le pusieron en un mano algo plano.
Bajo la mirada, para que sus ojos casi se salgan de sus cuencas al ver que le habían pagado por adelantado con una moneda de oro a cada uno.
-¡Si, señor!- Dijeron ambos al unísono para ver a León asentir e irse en la dirección de todo el alumnado, siendo seguido por aquella semihumana que les dijo:
-Tengan cuidado con eso- En un tono amenazador.
Y asi, el estudiante de pelo negro se adentro en la academia seguido por su maid, dejando sorprendidos a todos los de la academia, aunque también, desconcertados y furiosos.
Los dos empleados, por su parte, comenzaron a mover aquel paquete para que parte de la tela que lo cubría fuera movida a un lado, revelando una mano mecánica enorme. Cosa que les desconcertó en primera instancia a ambos, sin embargo, recordaron su trabajo y, sin más, procedieron con el encargo.
Aunque, a la distancia, el Príncipe Julius y su comitiva vieron con curiosidad aquel hecho, pero, siguiendo a su líder, pasaron de largo aquello.
Sin embargo, la futura reina, Angélica, miraba con desprecio a aquel hombre qué, claramente, era una amenaza latente para el reino. O eso, al menos, fue lo único que su padre le comentó con miedo. Lo que dejó en duda a la joven rubia al ver el estado de su respetable padre…
-(¿Qué clase de hombre es para poner a temblar al duque más leal a la corona del reino de Halford?)- Angélica entonces dejó aquel pensamiento mientras seguía a su prometido y compañía, tenía mejores cosas en qué pensar. Ignorando, claramente, la visión de una figura en las sombras que le observaba con una creciente furia y le lanzaba una mirada de desprecio y rencor.
Las cosas, al parecer, no serían fáciles para la joven duquesa Redgrave, eso era algo seguro.
El dúo de amo y sirviente se encontraba caminando por uno de los pasillos de la academia, Leon iba al frente seguida por su nueva asistente la cual hacía lo posible por mantener el paso. Ella lo había conocido hace apenas unas horas, desde una de las propiedades donde se hospedaba para esta situación.
La idea era poder pasar desapercibida, pero con la entrada que realizó..
Ella apretó su puño levemente.
En ese momento su amo se detuvo en seco.
-Si tienes una pregunta que hacer, no te la dejes para ti sola, Victoria.- Dijo Leon revelando el nombre de la dama, sin siquiera girar su cabeza para mirarla.
Ella dudó en responder debido a su nuevo estatus como amo y sirviente, pero si iban a estar juntos de ahora en adelante no sería bueno guardarse secretos que pudieran afectar sus probabilidades de salir bien parada de la situación.
-¿Por qué..?
-"¿Por qué aceptaste la petición de tu padre? ¿Por qué hice tal entrada? ¿Por qué parece que no me importa lo que piensen estos mocosos engreídos?"
La demihumana no respondió de manera directa, pero se limitó a asentir sabiendo que probablemente su amo sabría su respuesta.
-Déjame contestar tu pregunta con otra pregunta, mi querida Victoria Von Weiss.
En ese momento, Leon se dio la vuelta para ver al fruto del amor de su compañero de laboratorio, el Investigador Real, El Baron Roderic Von Weiss, jefe de la actual y recientemente inaugurada división de Investigación y desarrollo.
-¿Por qué no somos monos analfabetos?
La hija del duque se sorprendió por la pregunta, parecía tan extraña y fuera de lugar, incluso sus orejas se crisparon en respuesta.
Ella pensó por unos instantes, la educación que había recibido hasta ahora era relativamente normal tomando en cuenta su posición, su padre se había encargado personalmente de sus estudios y su madre pese a vivir por ahora en su pueblo natal le había enseñado muchas cosas en su infancia.
Pero esta no era una situación normal, por lo cual sus conocimientos de tipo estándar no tendrían efecto alguno.
Finalmente, una palabra le vino a la mente.
-Por el progreso.
Su amo sonrió.
-Eres una chica lista, mucho más inteligente que muchas de las cabezas de aire que abundan en este lugar.- Halago el humano.- Sería una pena que esa inteligencia no sea cultivada adecuadamente.
Ella se le quedó mirando unos segundos antes de cerrar los ojos y asentir levemente, entendiendo un poco de su razonamiento en su actuar. A él no le importaba nada relacionado a si era o no humana, o su estado como hija de una Ex-Sirvienta del Barón, o como una vil sirvienta de un hombre.
No.
Eso era lo que lo hacía diferente, eso lo hacía peligroso.
-Si hiciéramos exactamente lo mismo que los otros una y otra vez no seríamos más que otra piedra que terminaría estancando el agua.
El joven adulto se acomodo su uniforme.
-A diferencia de la mayoría que viene aquí, no tengo la intención de jugar un juego "Otome"- Con eso él siguió su camino.
Victoria ignoró la parte de "Otome" ya que no sabia que significaba pero se dignó a seguir al muchacho. Algo en sus palabras le hacía tener una punzada de molestia en ella, pues casi parecía que todo eso era un juego para él.
-Entonces dime- habló sin dejar de seguirle -¿Qué clase de juego estás jugando?
Leon se detuvo súbitamente ante las puertas que llevaban al exterior. Se quedó estático por unos segundos causando incomodidad a la sirvienta, la cual no sabía si había dicho algo indebido.
En ese momento, parecía que estaba temblando.
Una gota de sudor frío bajó por la sien de la maid cuando comprendió que en realidad se estaba riendo. No era una risa de alguien que recordaba algo divertido o gracioso, tampoco la de alguien que tenía un buen sentido de la ironía.
No, está era claramente la risa de un loco.
-¡Yo estoy jugando el juego sin fin, el eterno juego de la guerra!
Leon abrió bruscamente las puertas haciendo que la luz cegara a la demi humana por unos instantes mientras que el fuerte viento le hizo cubrirse y parpadear varias veces para recuperar su vista.
Por unos instantes, pareciera que quien estaba frente suyo no era quien había conocido.
Por un fugaz momento, le pareció que quien estaba frente suyo era un anciano con una horrible cicatriz en su ojo izquierdo que reía.
-¡El juego que traerá el fin a su era de estupidez!
Victoria finalmente recuperó su vista luego de parpadear un par de veces, pero pese a estar confundida habló nuevamente.
-Para hacer lo que dices, necesitas un poder descomunal, uno que…
Leon volvió a darse la vuelta y caminó hacia la luz del exterior.
-Un poder que sea capaz de superar a dios y vencer al demonio.
Ella dudó, pero lo siguió hacia la luz dejando atrás la oscuridad del pasillo en un silencio perpetuo y lúgubre que no sólo anunciaba la paz antes de la devastación que estaba por cernirse sobre el reino.
Devastación, que muy en fondo Leon esperaba poder evitar.
Alejando esa misma oscuridad, de aquellas personas que gritan de dolor.
El alzará sus manos en el fuego, cuando suenen las campanas de la destrucción.
