I N Q U E B R A N T A B L E
CAPITULO 8
"LA LIBERTAD"
Candy se retiró el antifaz que cubría la mitad de su rostro, ese hombre desconocido había llamado su atención y buscaba facilitar su vista para encontrarlo. Por un segundo pensó que era Terry, pero sabía que no se trataba de él, puesto que su corazón no había reaccionado como lo hacía cada vez que el aristócrata estaba cercano a ella.
—Me pregunto dónde estará —escudriñó la multitud por segunda vez, se esforzó por verlo, pero no lo divisó por ninguna parte, en el vestíbulo un centenar de invitados se mezclaban entre sí; unos llegando y otros retirándose. Convencida de que él ya no estaba presente desistió buscarlo.
— ¿No lo hallo Candy, a dónde se fue? ¿Tú ya lo ubicaste?—Preguntaba Patty —Pero no te preocupes por él. Mira nada más aquél pirata, o no mejor mira aquél rey, fíjate en el vampiro… ¡Wow! ¡Esto será muy divertido Amiga!
Entonces Candy puso los ojos en blanco en señal de fastidio, sabía que Patty había iniciado la búsqueda de acompañante para ella, y esa noche no pararía porque su amiga notó la emoción que ella sufrió al ver a ese joven con las características tan similares a Terry.
—Voy por un aperitivo, ¿Tú gustas? —Le invitaba la rubia.
—No gracias. Pero tú no elijas "jerez" ¿De acuerdo?... No mejor te acompaño y cenamos.
—¡Como tú ordenes, Generala!
Sin embargo, y aunque no le gustaba demasiado, la Pecosa había tomado tres copas de vino tinto, y con el alcohol se había serenado. Si no hubiera sido escandaloso y pese a que la cena ya había terminado, posiblemente hubiera tomado una cuarta copa de vino, pero la fulminante mirada de Patty la frenó. Bajo ese nuevo estado de ánimo pensó que sólo así toleraría el resto de la velada.
Después de bailar algunas piezas Candy sentía que sus pies eran de plomo, el cansancio la vencía, se sentía mareada de ver tantos vestidos multicolor arremolinarse unos contra otros en el amplio salón, así fue como se justificó con Patty para salir brevemente al jardín.
En el fondo de algunos arbustos encontró una banca donde se recostó para contemplar el cielo tupido de estrellas, tranquilamente vagaba en sus recuerdos, buscaba una estrella que le permitiera conectarse con Terry cuando de repente sintió que alguien tomaba asiento sobre su estómago, inmediatamente dio un brinco al tiempo que empujaba y le gritaba a la persona que si no se fijaba donde se sentaba.
—Disculpe Señorita, pero el uso normal de una banca es para sentarse más no para dormirse.
—¡¿Y quién estaba dormida?! No cabe duda que tiene un problema de vista, debería ir a que le revisen sus ojos señor —la rubia siguió su mirada y reconoció al instante que era aquel joven que había estado buscando, lo reconoció por lo alto y su cabello oscuro, iba disfrazado de Guerrero Celta.
—No es adecuada ni correcta su postura, así como la bebida que secretamente está bebiendo señorita. Además ¿Qué hace sola en una fiesta como esta?
—Agradezco su preocupación por mi persona, pero no acostumbro a dar explicaciones de mis actos… ¿Señor…?—Le respondía abochornada porque la descubrió bebiendo un jerez que clandestinamente se había llevado para tomárselo a solas en el jardín.
—Edward, a sus órdenes bella dama, soy el Conde Edward Stockstill —lo dijo de la manera más honesta, elegante y seductora que pudo—. Disculpe mi intromisión señorita…
—Candice White Andrew —contestó abstraída al escuchar el característico acento inglés — ¡Cielos, que toda la noche este hombre me estará recordando a Terry! —Pensó acongojada.
—Discúlpeme por interrumpir su intimidad Srita. Andrew, creo que ha sido un mal comienzo nuestra presentación, si me permite puedo reparar mi error concediéndome un baile.
—No se preocupe Conde Stockstill —dijo Candy sintiendo su rostro enrojecido—. Agradezco sus finas atenciones, pero no es necesario reparar nada, yo solamente estaba descansando, bailé algunos valses y me agoté, por eso busqué un descanso, eso es todo.
Ambos estuvieron charlando un breve momento. El se había percatado del aburrimiento que reflejaba su expresión anodina, su pensamiento la llevaba a algún lugar remoto. En ese momento Candy decidió que ya era tiempo de volver al salón principal.
Hábilmente antes de que pudiera negarse Edward la tomó de su mano y la guió al centro del baile.
—¡Wow Srita. Andrew! Su belleza es tan arrolladora que tiene a toda esa gente con la atención fija en usted —continuó viendo a su alrededor fascinado. Pensó que él era la envida de la noche por ser el acompañante de la mujer más bella de la fiesta—. Y no es para menos si usted con su disfraz de hada luce más bella que ni la propia Afrodita.
—Ni me fijé —apáticamente le contestó.
—Oí que todo el mundo susurraba mientras caminábamos.
—Es el deleite número uno de esta gente, devorar con sus cautas miradas y triturar con la finura de sus bocas. No me es agradable, pero he sobrevivido ante sus fauces.
—¡Jajaja…! No le entiendo Srita. Andrew, pero es muy divertida y espontánea.
—Es una larga historia de contar, tal vez algún día yo se la cuente, pero estoy segura que hoy después de que me retire de esta fiesta, sobrará quien se le cuente impertinentemente de mí.
—A mí solo me interesa lo que usted me quiera decir.
Edward no tenía idea a qué se refería la rubia, así como al contenido de los murmullos; la encontraba tan aniquiladoramente bella que casi no lograba pensar en las habladurías. Lo cual, en su opinión, no presentaba un problema.
—Bueno Conde Stockstill fue un placer, yo me retiro, por hoy ha sido suficiente baile.
—Pero si aún es temprano, ¿Por qué se va? ¿La puedo escoltar?
—Agradezco nuevamente sus atenciones pero no es necesario. Vengo acompañada.
—¿Por qué me desaira Srita. Andrew, acaso me encuentra muy poco atractivo para que la corteje, o he sido muy osado durante la noche?
—No claro, que no ha sido nada ofensivo, es solo que estoy cansada y deseo descansar.
—Entonces podría visitarla mañana en su casa.
—De acuerdo, ahí lo esperaré—sorprendida de haber aceptado recibirlo y sin poder retractarse de lo dicho se despidió—: Hasta mañana Conde Stockstill.
Sin dudar era un galán que a su corta edad ya había dejado suspirando a varias excelentes damas casaderas, hábilmente había esquivado demasiadas proposiciones de matrimonio, las cuales había rechazado porque ninguna había reunido todas las cualidades que Edward buscaba.
Después de aquella noche, Edward visitó muy a menudo a Candy sus visitas tras varios días resultaron fantásticas para Edward, mientras que para Candy fueron largas y aburridas tardes en su compañía, noches de fiesta y baile que para ella eran un suplicio; los momentos a solas con él para ella resultaban desgastantes; y todo esto Candy en su interior lo guardaba bien pero luchaba en contra de estos sentimientos, tenía que lograr vencer esa apatía…y fue así que con el paso de los días y la insistencia de Edward que fue llenando los espacios vacíos de Candy, ahora ella caía en la rutina y costumbre de pasar el tiempo con el conde, eso le ayudó a esquivar los recuerdos.
Últimamente ya conversaban más animadamente, con su acostumbrada galantería y amenidad Edward intentaba alegrarla, él era un hombre sociable, conocedor de tantas culturas que Candy se deleitaba de escucharlo. La mayor parte del tiempo simulaba estar alegre y con una actitud positiva, pues le parecía injusto no corresponder a tanta cortesía; sus anécdotas divertidas la hacían reír, pero a pesar de esas distracciones Candy no lograba olvidarse de Terry. Se sentía triste y melancólica, sin querer seguía pensando en su rebelde y se culpaba también, pues le había negado su ayuda al condenarlo y marginarlo. Dorothy su mucama todas las noches al oírla sollozar intentaba consolarla.
Y por más que hubiese comenzado a hacer vida social, el entusiasmo de Edward parecía que le aturdiera. Estaba cansada de sonreír, de mantener conversaciones de cortesía e intercambiar saludos banales con el círculo de amigos y conocidos que había visto casi todas las noches durante las últimas semanas.
En las primeras fiestas Candy no solía beber ni una gota de alcohol, pero conforme fue transcurriendo el tiempo la ansiedad e inestabilidad emocional le fueron incrementando, era atormentada por el dolor y los remordimientos por haber sido incapaz de ayudar a la mujer que sentía que había dañado tanto. Se preguntaba porqué no había luchado lo suficiente para haberla acompañado hasta su último momento, también se sentía cobarde.
Edward al verla siempre pensativa para mejorar su estado de ánimo le ofrecía bebidas.
—¿Te apetece una copa de vino? —Preguntó Edward con calma
—Si gracias —aceptó titubeante.
—Bebe un sorbo de esto, si consigues no vomitarlo te ayudará a alegrarte y a relajarte —le acercó a sus labios una copa de whisky.
Candy bebió un trago de la copa.
—¿Qué es esto? Tiene un sabor seco.
—Es uno de los mejores whiskies, pero siéntate para que se asiente en tu estómago antes de tomar otro.
—¡No, quema! Ya no quiero.
—Pero no lo escupiste ¡Jajaja!
—Es cierto ¡Jajaja!
Candy le dio otro sorbo a su copa, aunque hizo una mueca por el sabor lo siguió bebiendo porque se empezó a sentir bien.
De esa manera fue que Candy empezó a tomar una que otra copa en compañía de Edward, pues solo así soportaba las desveladas, el ambiente y a la gente de las fiestas y eventos a los que obligadamente asistía.
—Candy, pareces demasiado afectada por los efectos perniciosos de la bebida, es mejor que busque a Patty para que nos retiremos ¿De acuerdo?
—No. Si la fiesta apenas va a empezar.
—No te preocupes ya habrá otra, no te muevas de aquí.
Minutos después el conde regresó en compañía de Patty, quien al ver a su pecosa amiga se exaltó.
—¡Candy, estás borracha! —Discretamente le dijo al oído mientras la sujetaba del brazo.
—Si ¿Verdad? —Respondió con una amplia sonrisa —. Ahora empiezo a entender porqué a Terry le gustaba tanto beber, inexplicablemente te olvidas de tus penas, te invade un deseo de reír, con cada sorbo mitigas el dolor… Edward ¿Podrías traerme otra copa por favor?
—Pero ¡Cómo ha permitido usted esto conde! No es de caballeros inducir a una jovencita al vicio! Es imperdonable su poco raciocinio —le reclamó enfurecida Patty al conde.
—¿Quién es Terry? ¿A qué dolor se refiere Candy?—Desconcertado preguntaba el "hombre".
—¡Ay ni me hable, es más ni se le ocurra acompañarnos! —
******
Ya en la mansión Patty había recostado a Candy mientras la sermoneaba, le preocupaba la situación que estaba enfrentando su amiga, pues ya tenía tiempo que hacía lo mismo con el jerez. La Pecosa siempre le prometía que ya no sucedería pero el vicio lentamente se fue colando por la tristeza de la rubia.
—¡Oh, Candy! Justo cuando creo que estás mejor, te ausentas y pareces de pronto terriblemente triste, por favor ya no te dañes así… ¡No pienses en él! La Tìa-Abuela subirá a tu habitación y tú estás en un estado inconveniente, ¿Te imaginas como se pondrá si te ve así?
—¿A qué viene? A darme el besito de las buenas noches, ¡Jijiji! — Decía la "alegre" Pecosa.
—Candy contrólate o se dará cuenta que has bebido más de la cuenta —preocupada le respondía Patty.
Candy apartó la mirada de Patty los estragos del vino eran más que notorios en el semblante de la Pecosa. La Tía-Abuela iba a llevarse una enorme impresión y después se mostraría indignada al ver ese estado indecoroso de la heredera Andrew.
—¡Qué más quiere la Tía-Abuela! No he dejado de asistir a sus fiestas, acudo a cenas, bailes, desfiles, reuniones, paseos, recorridos y aún quiere más! ¡Cielos! ¡Ni el presidente tiene tan saturada su agenda como yo!
En ese momento tocaron en la puerta de la habitación de Candy, era Elroy que pedía permiso para ingresar. Patty le abrió y en cuanto apareció la Tía-Abuela le pidió que la dejara a solas con la Pecosa.
Candy permanecía recostada en silencio en su cama y recargada a la cabecera, disfrutando aparentemente de la actitud de la Tía-Abuela Elroy, empezaba a preguntarse si en esta ocasión también solamente ladraría o si la llegaría a morder. Con esos pensamientos fue que se le dibujo una sonrisa a la Pecosa.
—Me alegra verte tan feliz Candice. Con seguridad creo que es porque te has enamorado.
—¿Cómo? — Despistadamente preguntó mientras cavilaba— ¡Diablos! Y ahora qué se le ocurrió?
—Estoy pensando que hoy tienes una segunda oportunidad, he notado las constantes visitas e interés que tiene en ti el Conde Stockstill. Debes sentirte agradecida tanto con él como con su familia ya que podrías formar parte de la realeza inglesa si lo aceptas como prometido.
—Yo no lo veo así, es simplemente un amigo.
—Es guapo y heredará una cuantiosa fortuna, además ya cuenta con el título nobiliario así como todos los privilegios que conlleva ser conde—le enlistó Elroy con una inesperada medio sonrisa.
—¡A mí no me importa! —Respondió sin pensarlo al dolerle que a Terry nunca lo aceptó a pesar de que contaba con más que lo que ella ambiciosamente había mencionado.
—¡Nunca he visto un comportamiento tan grosero e imperdonable! Pensé que ya te habías corregido, rezaba porque te alejaras de nuestras vidas. Pero no: Todo sigue igual.
La Tía-Abuela Elroy estaba muy pálida, se dejó caer a la silla de golpe y se abanicaba como si no pudiera respirar.
Candy se paró en seco enfrente de ella y en tono de incredulidad le dijo:
—¿Creo que repentinamente se ha enfermado, si es así, puedo llevarla al hospital o si gusta en este momento le puedo aplicar un calmante?
—¡No seas insolente!
—No, soy enfermera — en tono burlón y riendo por dentro Candy le respondió.
—Eres una malcriada
—Simplemente no quiero que se vaya a desmayar Tía-Abuela —fingidamente dijo Candy.
Entonces Elroy hábilmente se paró y se detuvo delante de la Pecosa.
—Te crees muy graciosa… ¡Pero si no eliges al conde, no te salvarás de que te case con Neal! A partir de hoy acudirás a todas las fiestas acompañada por él. Puesto que Albert también merece encontrar una digna pareja, y el hecho de llevarte siempre a su lado le ahuyentas a las posibles candidatas ¡Deja de ser egoísta! Lo mejor es que Neal y tú salgan juntos para que pronto se hable de su inminente compromiso.
Candy se quedó paralizada y le dio la espalda, no permitiría que Elroy viera su rostro desdibujado por la amenaza que recibió.
—El que ríe al último, ríe mejor ¡Jajaja! —Sin más palabras se retiró de ahí la anciana mujer.
******
Elroy después de discutir con Candy se dirigió a la habitación de Albert.
—William, sé que es inapropiado que te busque a esta hora y en este lugar, pero me urge tratar un asunto de vital importancia.
—Pasa Tía-Abuela, toma asiento y dime ¿De qué se trata?
—Tendrás que viajar urgentemente a Escocia. El comité del Clan Andrew te requiere allá.
—Pero aún es peligroso viajar a Europa. ¿No podríamos esperar a que termine la guerra para viajar con mayor seguridad?
—¡Y desde cuando tú tienes temores William! ¿Qué más da si hay guerra? En Europa miles de personas están conviviendo con la guerra y no les sucede nada. Además el motivo de tu viaje es trascendental, ya que tendrás acceso a los negocios mundiales, y te será conferido el poder total de todos los líderes que integran el Clan Andrew, incluyendo mis funciones y privilegios William. A partir de ese viaje serás uno de los hombres más poderosos de América y Europa, por eso es primordial que viajes a la brevedad posible.
—Con todo respeto Tía-Abuela, tú sabes que a mí no me interesa eso.
—No, ya sé que a ti sólo te atraen las "inferioridades", pero si lo que te he ofrecido no te interesa, de igual manera tendrás que viajar a Escocia para que ante los integrantes del clan renuncies a ser la cabeza de los Andrew y a los privilegios que se te conferirán y que me has rechazado.
Albert se quedó meditando; sabía que las pretensiones de Elroy eran para separarlo de Candy. Pensaba que al alejarlo ya no podría intervenir y obstaculizar sus deseos de casarla inmediatamente con Neal o Edward.
—Muy bien Tía-Abuela, haré ese viaje. Ya me imagino la cara que pondrá Candy en cuanto le diga que iremos a Escocia.
—¿Cómo? —No podía creer lo que escuchaba, era una respuesta inesperada a sus planes.
—Que viajaré a la brevedad posible a Escocia acompañado de Candy. Obedeceré tu mandato, y como el tiempo apremia, te dejo ya que tengo que hacer los preparativos y sobre todo avisarle a Candy que partiremos de inmediato.
Horas después Candy no podía conciliar el sueño, después de la discusión con Elroy se había quedado alterada. Decidió bajar a la biblioteca para servirse una copa de whisky para calmar su enojo y sus nervios.
Albert se encontraba en la biblioteca, analizaba la decisión que debería tomar pero de pronto sus pensamientos se vieron distraídos por un ruido.
—Pequeña, ¿Qué haces aquí? Ya son las 2 de la madrugada. ¿Qué te sucede?
—No puedo dormir Albert, tuve una discusión con la Tía-Abuela y me dejó muy alterada. Y no es para menos, en esta ocasión directamente me dijo que me casaría con Neal o Edward.
—Ahora entiendo —respondió Albert —. Es que también habló conmigo y me ordenó que viajara a Escocia, tuve la sospecha que pretendía alejarme de ti. Efectivamente todo coincide Pequeña.
—Albert llévame contigo, mil veces prefiero enfrentar la guerra que sufrir la cercanía de Elroy. No tengo fuerzas ni ánimos para lidiar sola ante la Tía-Abuela.
—Muy bien Pequeña, eso mismo había pensado yo, entonces partiremos inmediatamente a Escocia.
—¡Sí Albert, vámonos de New York!
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Para Armand los castigos físicos que sufría no lo lastimaban tanto como ver el horror de tortura a la que era sometido Terry. La culpabilidad lo azotaba más que los latigazos que recibía. Para los carceleros, el golpear a los chicos se les volvió un maldito vicio. Diariamente eran interrogados y al negarse a declarar despiadadamente trataban de sacarles las palabras a golpes, lamentablemente para los jóvenes su dignidad era su condena; pero su verdad era su fortaleza y su libertad era el amor que los esperaba afuera y por el que lucharían hasta ser libres.
Durante las últimas semanas y a cada minuto Armand tenía que escuchar la insistente propuesta de Terry, quien no desistía en planear su escape. El actor ya estaba sumamente desesperado debido al inhumano trato del que empezaron a ser objeto y el cual les postergó su primer intento de fuga. Pero ahora con su actual situación le parecía que aquella podía ser la ocasión que había estado esperando.
—¡Ya no aguanto más! ¡Estoy dispuesto a salir de aquí aunque sea muerto! — Le gritaba Terry al Diplomático su impotencia —¡No te salvé la vida para que ahora te fusilen, te rebanen el cuello, o finalmente te maten a golpes "Amigo".
Armand no toleraba a Terry cuando estaba de aquel humor: imperativo, superior y obcecado. Lo prefería cuando era distante y callado.
—Terry, ahora tú también representas una carga sobre mis hombros imposible de soportar, un peso del que no puedo deshacerme, a menos de que haga algo. Por eso me he mentalizado que vamos a lograr escapar de aquí. Quiero pensar que algún día tendré la oportunidad de devolverte tu libertad. No tengo mucho que perder más que mi vida, no tengo otra opción más que escapar solo así podré pagar mi deuda contigo y vengarme de mis enemigos. Día a día planeo la forma de hacerlo, llegará el momento indicado así que esperaré todo el tiempo que sea necesario pero lo lograremos.
—¡Más, quieres esperar más! ¿Qué no te ha sido suficiente un año aquí encerrados? No te importa que esté enloqueciendo, ni que cada día que avanza me convierta en un marasmo humano. ¡¿Qué no entiendes que No se necesitan demasiadas posesiones, si aún tenemos las habilidades, la determinación y sobre todo Valor… y eso es lo que más me sobra Armand y que por tu negativa deduzco que a ti te falta?!
El Diplomático no hablaba solo veía con ojos desorbitados al aristócrata, el cual no dejaba de hablar.
—El momento ya llegó Armand, haré venir al director o encargado de esta pocilga, necesito aquí en nuestra celda a alguien importante para los guardias, alguien que tenga valor para esos perros, simplemente necesito un rehén. Les diré que estoy dispuesto a decir la verdad de lo que tú ocultas y donde guardas las pruebas que buscan. Y es ahora o nunca Armand, no pienso enloquecer aquí o morir de hastío, prefiero morir intentando y lo haré con tu ayuda o sin ella.
—No existe forma de que esto nos resulte fácil, sí… tal vez sea un plan descabellado, alimentado por tu mente inquieta y desesperada —le respondió Armand.
—Sólo piensa que ésta es nuestra oportunidad de oro. Sé que nos seguirán visitando los guardias para interrogarnos y golpearnos por eso he planeado que te usaré de carnada para que "ese alguien" venga y con él iniciaré la revuelta —insistía Terry.
—¡Pero Terry entiende! Físicamente no estamos en condiciones de pelear, no tenemos armas para enfrentarnos a los guardias, forzosamente necesitamos la ayuda del resto de los convictos para lograr una revuelta.
—Y tú crees que no se involucrarán si llegan a ver la oportunidad de escapar. ¡Claro que participarán! Pero esto solo tú y yo lo sabemos, no quiero que nuestro plan se filtre a través de algún reo traidor, por lo tanto nosotros seremos quienes lo iniciaremos.
Y así fue que valientemente Terry en un día en que llegaron los celadores al darles su rutinaria golpiza, el aristócrata pidió traer al alto mando para declarar la información que implacablemente buscaban.
El General August Chataline picó el anzuelo y dos días después se presentó en la celda de los jóvenes prisioneros. Se dirigió exclusivamente a Armand y éste al no hablar empezó a desesperar al impaciente y rudo general.
Terry al ver que Armand echaría a perder el plan intervino.
—Yo le puedo entregar las pruebas que éste guarda —dijo decididamente el actor.
— ¿Y tú quién eres? —desconfiadamente le preguntó.
—Yo soy lo que usted ve en mí. Un hombre sin ocupación, sin hogar, sin familia.
—Una posición insignificante para ofrecer tu ayuda. Tú debes ser Chris Hetfield, el amigo íntimo de éste mudo.
Terry asintió al oír su nombre falso.
—Estás muy demacrado, se nota que has vivido un infierno esto puede acabar, si me dices dónde tiene la información que buscamos, yo podría ayudarte a contactar a tus familiares, o a la mujer que te esté esperando, aunque no deberías hacerte ilusiones, las mujeres son muy impacientes e infieles por naturaleza, ¡Jajaja! Y la tuya puede ser que ya esté durmiendo con tu sustituto ¡Jajaja!.
Terry al escuchar esto, se transformo en una bestia salvaje que inesperadamente se abalanzó encima del general, despiadadamente lo empezó a golpear y hábilmente logró dominarlo.
Sólo así reaccionó Armand, cuando vio forcejear a Terry contra el General Chataline, vio las intenciones de algunos de los guardias para defender a su jefe, el Diplomático audazmente intervino antes de hirieran a su amigo el cual aún sujetaba del cuello al importante hombre que estaba arrodillado y subordinado. La bravura de Terry increíblemente casi mata al hombre de alto rango.
—Ustedes los jóvenes siempre pretenden convertirse en héroes. ¡Qué idiotez! ¿No te parece? Has sido muy valiente al brindar tu ayuda a un don nadie. ¡Te mataré en cuanto te tenga en mis manos imbécil! —Se burlaba y los amenazaba el maduro hombre sometido.
Terry gruñó rabioso y con mayor fuerza le apretó el cuello.
—Tal vez antes yo me dé el placer de hacerlo ¡Estúpido! Mejor ordénales a tus perros carceleros que nos entreguen las llaves de las celdas y que no intenten nada si no te romperé el cuello sin dudarlo.
—¡No seas tan osado Chris, pues de "valientes" como tú ya están muy llenos los panteones!
En ese momento sorpresivamente el resto de los reos de esa celda se unieron y respaldaron al par de intrépidos. Rápidamente entre todos capturaron a los celadores que habían escoltado al general. Armand empezó a liberar a todos los presos y en pocos minutos ya eran docenas de prisioneros que sedientos de libertad y sin temor a la sangre se empezaron a enfrentar contra todos los guardias armados.
Eficazmente lograron hacerse de las armas que les despojaron a los celadores, y en su avance por los pasillos lograron tomar las antorchas que alumbraban ciertos lugares y con ellas fueron encendiendo todo cuanto pudiese arder, pretendían que reinara el caos inclusive arriesgando su vida.
Las llamas comenzaron a devorar algunas celdas, hubo alaridos escalofriantes de reos y guardias que no lograron esquivar el fuego y quienes gritaban por desesperada ayuda. En cuestión de minutos todo ese lugar se llenó de humo, gritos, y alaridos.
El General Chataline de rehén pasó a ser un estorbo. El aristócrata no se mancharía las manos de sangre, al fin de cuentas ya había utilizado a ese hombre y ya no le servía para nada. Armand negoció con algunos reos para que lo mantuvieran en cautiverio, ya que por ser elemento clave, posteriormente lo necesitaría para finalizar su investigación. Además, de que si lo llevaran consigo los jóvenes sería como traer de imán a los soldados en búsqueda del General.
Los hombres se habían vuelto locos, no había tiempo de pensar, ni de asimilar lo sucedido y en segundos destrozaron aquel lugar, los guardias fueron golpeados hasta herirlos gravemente y hubo algunos casos hasta de muerte. La venganza era insaciable y la pena demasiado abrumadora.
Armand y Terry se unieron a la multitud que aún se enfrentaban a la masacre. El fuego reinó en esa cárcel, el caos, el pánico, el miedo y el horror era lo que se respiraba en esa noche violenta y sangrienta.
Los temerarios jóvenes siguieron avanzando, se detuvieron antes de llegar a la salida, sabían que ahí habría guardias furiosos y armados, pero fueron apoyados y escoltados por sus compañeros de celda quienes agradecidos, les abrieron paso aniquilando a los guardias que se cruzaban en su paso.
La unión hizo la fuerza, el coraje y valor de Terry le hicieron el milagro de lograr escapar de esa infernal mazmorra. La casualidad y la desgracia lo habían atrapado, las circunstancias y la condena lo habían sometido, pero su corazón intrépido, su frialdad ante el miedo, su indiferencia a la adversidad, su determinación férrea y su amor inquebrantable por la Pecosa no lo dejaron sentirse derrotado.
Finalmente Terry y Armand lograron cruzar esas paredes, atravesaron la imposible barrera de esa penitenciaría de la que muchos juraban que era utópica de escapar. Ambos jóvenes salieron sin mirar atrás, al igual que un sinfín de presos corrieron sin parar, cada uno tomó su camino, se abrieron paso ante su anhelante huída, corrían para afianzar su alcanzada libertad.
El cielo estaba espléndidamente azul, y se encontraron con unas colinas magníficamente verdes. Terry y Armand respiraron el fresco y limpio aire. Sonreían al sol exultante, no se cansaban de llenar sus pulmones del aire puro que ahora disfrutaban, se preparaban para derribar cualquier adversidad que les obstaculizara su escape. A lo lejos divisaron que la turba seguía, aquél lugar seguía ardiendo, las llamas eran tan grandes que aún lograban verlas.
Ambos caminaron juntos, reaccionaban exageradamente ante los mínimos sonidos que los asustaban, su vista estaba muy sensible pues les molestaba la luz, habían sido demasiados meses en la oscuridad y su cuerpo se había desacostumbrado a lo "normal", sus piernas eran débiles y temblorosas a causa de la inactividad, el resto de sus músculos que estuvieron ociosos parecían desgarrarse y los hacían gemir de dolor en cada paso. Se acababan de convertir en fugitivos, y ahora que habían logrado escapar no se dejarían atrapar, pensaban que era mil veces mejor morir antes de ser capturados nuevamente.
Terry quería correr y avanzar más que su nerviosismo en su interior. Su respiración entrecortada no sabía si era por la falta de condición o por el recelo. Se internaron en el bosque para no ser vistos y capturados en carretera. Se sacrificaron durante varias horas en caminar sin protección y alimentándose con lo poco comestible que encontraban a su paso.
El pálido cielo era iluminado por el amanecer, habían caminado por el interior del bosque paralelamente a la carretera. Ahora temían estar perdidos, pero no tan lejos escucharon el murmullo de un río y al cabo de unos minutos llegaron a él. Bebieron agua, se chapotearon y decidieron que se guiarían con el rio para llegar probablemente algún muelle.
—Creo que hemos avanzado a buen paso.
—No, nos hemos detenido, pero tendremos que descansar en algún momento.
—Muy bien, pararemos sólo 15 minutos y luego seguiremos. Ya que hemos ganado esta batalla no pienso rendirme —dijo agotado físicamente Terry, pero con alegría en su voz.
—Terry, realmente estoy sorprendido, aún no entiendo de dónde sacaste esa bravura con que dominaste al cerdo de Chataline… bueno me imagino que fue lo que te encendió la sangre para que reaccionaras así. ¡Jajaja!
—¡Jajaja! Eres muy perspicaz Diplomático, obviamente enfurecí de celos, el maldito aquél sin querer me inyectó el coraje suficiente al insinuar que mi amor me ha olvidado. Fue un cerdo al expresarse así de mi amada Pecosa. Nunca lo hubiera hecho porque a nadie le permitiré que se exprese así de ella, pues yo sería capaz de luchar contra el mismo diablo por defenderla… sobra decirte Armand que daría todo por Candy.
—¡Wow! Terry sí que estás enamorado amigo. Y está de más preguntarte qué harás ahora, ya que me imagino que la irás a buscar sin dudar.
—Así es Armand, buscaré la forma de llegar a América, eso es lo que haré primero… buscarla y decirle que la amo.
—Muy bien Terry, entonces seguiremos por el río para que nos lleve al muelle, conozco algunos marinos que me deben favores, estoy seguro que no se rehusarán ayudarme. Y después de que te haya depositado en el barco yo desenmascararé al traidor, tengo que finalizar mi misión, pero primero te embarcaré con rumbo al amor y a tu felicidad amigo.
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Nuevamente la vida había lanzado al aire la moneda… ¿Qué lado les mostraría a este par de enamorados el lado del… Amor o Dolor… Azar o Destino… Distancia o Reencuentro?
C O N T I N U A R Á . . .
Gizah
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HOLA NIÑAS HERMOSAS Nuevamente aquí terminé un capítulo más, quedo a la espera de sus comentarios, reclamos, tomatazos, sugerencias , aportaciones, dudas, y demás etc…
ANNILINA: para mí es un placer conocerte y me honras con ser también lectora de mi fic, pero más me enaltece tu ofrecimiento de amistad el cual acepto muy gustosamente. Espero no defraudarte con la historia, pues es mi primer fic y la verdad lo empecé a ciegas, capítulo a capítulo escribo lo que se me ocurre, pero no tengo la menor idea de cómo finalice, en fin eso ya lo veremos en su momento. Por lo pronto agradezco tus lindas palabras de aliento, seguiremos en contacto!
LERINNE: Wow! esta si que es una sorpresa! Bienvenida nuevamente a tu humilde espacio. Te voy a ser sincera… ¡¡¡Extrañé tus reviews!!! ¿Qué te pasó? ¿Por qué me abandonaste?... Como sea lo importante es que ya estas de nuevo aquí. Gracias por volver!
MOONDAN: Mi niña consentida, sí que eres nerviosa eh! Mira nada más cuantas preguntas… sólo te diré una cosa ¿Tú confías en el amor de este par? Si es afirmativo entonces no hay nada de que preocuparse, sólo hay que darles tiempo para que se acomoden las cosas. Tú sabes que te quiero mucho también, así que te mando mil besos Amiga mía.
MARIA FANS NUMERO UNO DE TERRY: Me encantan tus reviews porque nunca te cansas de echarle porras, consejos y halagos a Terry, en verdad que eres la fan no. 1. Aunque ahora deberías reganar a la Pecosa ¡Mira nada más cómo anda la pobre…! Échale la mano también a ella. Gracias por seguirme Mary!
NASHTINKA: ¡ACERTASTE! Por supuesto que no era Terry el hombre misterioso ese, ya ves que no le brincó el corazoncito a Candy como lo hace cada vez que siente la cercanía de su rebelde. Y también fue muy atinada tu medida en los estados emocionales de este par de enamorados, se nota que los conoces muy bien. Veamos que sigue Nashtinka, ¿tu qué crees? Gracias por leer mis ocurrencias Amiga!
MARIANA WAY: Jajaja Amiga me hiciste reir con la broma de enfermar a Susana de "Influenza", pero no, ni ese virus se interesó en invadir ese deprimente ser. Ya viste que obedecí tu orden Mariana, he liberado a Terry… a ver cómo se libra de todo esto. Gracias por seguir conmigo Amiga!!!
ELHYZHA: Gracias a Dios aquí andamos vivitos y coleando! Sobre el fic creo que ya pasamos la parte aburrida, ya que al parecer empezaremos a buscar la cercanía de este par de enamorados, y que al fin de cuentas es lo que nos interesa principalmente el idilio entre C&T, así que no te me despegues Amiga!
MALINALLI: Pues si amiga la vieja Marlowe hipócritamente siempre se acerca a la gente por interés pero ya una vez que te ha utilizado o si no cedes a sus caprichos termina odiándote y maldiciendo a toda tu estirpe jajaja.
Maly, tú fuiste la única que notó que Candy se nos estaba enviciando con el jerez, pobrecita ¡tu crees que se haga borrachita? Jajaja. Y que onda con el Diplomático que no se atrevía apoyar a Terry, yo creo que tanto golpe le afectó a Armand.
Amiga gracias por tus porras y por brindarme siempre un espacio, interés y atención.
TQM
PD.-Ya sabes que en cuanto se pueda nos vamos a comer hasta llenar! Estoy puestísima!
