I N Q U E B R A N T A B L E
CAPITULO 10
"EL RECHAZO"
A Eleanor su corazón le dio un vuelco tras escuchar la confesión de su amado Richard, apenas podía contener las ganas de desear hallarse de nuevo en sus brazos, pues le resultaba maravilloso saber que en la mente de Richard durante las largas veladas así como, en tantas conversaciones financieras y debates políticos lo único que cruzaba por la mente del Duque eran las imágenes de ella. Incrédulamente aún le preguntaba:
—¿De veras, es posible que estemos juntos aquí, en este barco con rumbo a Escocia? Sigo preguntándome si no me despertaré a media noche, y si me pellizco y descubro que estaba soñando Richard.
—No, mi amada Elly, esto es nuestra verdad y nuestro sueño se hará realidad en cuanto digas que sí me aceptas, tú volverás a ser mi esposa.
Llevaban quince años separados; aun así, una proposición como aquélla solía surtir en ella un efecto trascendental. Los dos se habían adentrado ya en la madurez, pero entre ellos nada había cambiado. Rara era la noche que Eleanor no se durmiera soñando que yacía en los brazos de Richard.
—Pero tú eres feliz con tu vida Richard, no sobrevivirías si dejaras tus funciones en la corte, debatir con pasión ante este o aquel miembro del consejo monárquico, jugar al golf o al dominó político con las otras grandes familias inglesas. Dudo que renuncies a tu honorable lugar en la Cámara de Lores. Estoy segura que no tolerarías vivir sin ello y sobre todo en medio del escándalo y ante el rechazo de tu sociedad.
—Precisamente por ti fue que me llené de todas esas actividades, es verdad que mi título conlleva a la responsabilidad de realizarlas mi querida Elly, pero yo me convertí en un hombre tenaz e insaciable, el profundo vacío de tu lejanía me hacía buscar ocupar mi mente, pues en cada momento libre, mi pensamiento se iba a ti, sólo así pude sobrevivir sin ti mi amada Eleanor llenándome hasta el cansancio de compromisos. Por eso también enviaba a Terry a esos prestigiosos colegios, prefería internarlo en la soledad con las monjas, a que sufriera la humillante y desquiciante presencia de la mujer que estúpidamente tomé como esposa.
—Ella, no nos dejará en paz Richard, en cuanto sepa que pretendes casarte conmigo nos hará la vida imposible.
—Eleanor, yo no hubiera osado en ofrecerte matrimonio si no tuviera la seguridad de que ella me dará el divorcio, a estas alturas ella ya se siente indignada y ofendida por los rumores que le llegaron de nuestros viajes juntos en América. Si ella no ha tenido la madurez y confianza para creer en la relación amistosa que llevamos por ser los padres de Terruce, ese es un problema que ella llevará a cuestas. Nosotros no la hemos engañado ni faltado en ninguna forma. Tú has sido toda una dama a la cual yo he respetado siempre. Además, yo siempre le había solicitado el divorcio, pero ella siempre se rehusó, ahora que ella ha iniciado el trámite ésta es mi oportunidad que no desaprovecharé, pues no permitiré que se retracte. Tú, no temas, no permitiré que se te acerque, ni que te ofenda de ninguna manera, ahora y siempre te antepondré sobre mi vida misma Elly.
—¡Oh Richard! Nunca imaginé volver a escuchar tus palabras tan llenas de encanto, valor y amor. Tal vez te parezca ridícula, pero aún me emociono hasta de escuchar el timbre de tu voz. Y el hecho de poder regresar nuevamente a la villa de Escocia, me tranquiliza demasiado, como te he platicado últimamente ahí he soñado a nuestro hijo Terry, siento como si me llamara. Desesperadamente ya deseo estar en esa hermosa mansión que alberga todos los bellos recuerdos de cuando fuimos una familia feliz Richard… tú, nuestro amado Terry y yo —ya no continuó porque el recuerdo la inundó de llanto.
—Tranquila mi amor, nuestro hijo volverá a nosotros, como en el pasado, volveremos a estar juntos como una verdadera familia, te lo prometo mi amada Elly, pero ya no llores, te compensaré todo el dolor que te he causado. Perdóname —. Con un cálido abrazo y un dulce beso depositado en sus labios Richard Grandchester le borró el sabor amargo de su tristeza a la bella Eleanor Baker.
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Varios invitados abandonaron el salón y acudieron a la alcoba de Candy, el ambiente rápidamente se contaminó con el rumor de que Candy había traicionado a Edward. Pero la otra gran sorpresa que todo mundo se llevó, fue ver en esa misma habitación a Terruce Grandchester, después de tantos meses desaparecido y verlo en la alcoba de Candy desató otra oleada de chismes en torno a la Srita. Andrew. Albert y Terry aún no se explicaban de cuál demonio se había valido Neil para lograr estar sin camisa y en la cama de Candy.
Algunos prudentes invitados empezaron a retirarse, pero otros tantos morbosamente permanecían a la expectación de cada reacción de todas las personas involucradas. Dorothy trataba de despertar con etílico a Patty, la cual parecía que deambulaba por un profundo letargo, muy lejano a la realidad que ahí sacudía a todos.
Terry y Candy estaban atrapados en una comunicación silenciosa ambos permanecían de pie, mirándose el uno al otro fijamente. La Pecosa sintió como su pecho se agitó con fuerza, como si un enloquecido torbellino le arremolinaba todos sus sentidos. Ante la expresión de perplejidad de Terry, la rubia soltó un pequeño suspiro, pues analizaba el semblante de su amado de cutis pálido a quien le resaltaba su bello rostro enmarcado por su oscuro cabello que le llegaba a los hombros, lo siguió observando pasando por su varonil cuello hasta llegar a la punta de sus pies, suspiró nuevamente sintió como él emanaba tanta atracción por su endemoniada belleza y sensualidad.
Y a pesar de que sabía que Terry era un bastión de fuerza, y de una fortaleza formidable, Candy pensó que en aquel momento tenía un aspecto muy distinto... endeble, casi frágil. Pero eso cambió en cuanto el aristócrata enfocó su mirada hacia Neil. Su rostro de ángel se transformó al de un dios pagano sediento de venganza. Lanzó a Candy una mirada cargada de recriminación y se soltó del brazo de Albert quien lo sostenía y salió frenéticamente tras de Neil que se había escurrido entre la multitud para huir.
—¡Fuera! ¡Largo de aquí, cuervos malditos! Se acabó la función— Terry les gritó a los morbosos al pasar junto a ellos.
Pocas personas se indignaron y se fueron ante las palabras del actor, mientras que los más impertinentes y curiosos seguían observando. Terry alcanzó a agarrar a Neil, lo tomó por el cuello y lo empujó contra la puerta. Le acercó el rostro hasta casi rozarle la nariz. Neil tenía la cara morada y no podía respirar por lo exageradamente fuerte que lo estaba sujetando el aristócrata.
—Si vuelves a acercártele un milímetro, te arrepentirás de vivir infeliz. Ahora dime ¿Qué le hiciste desgraciado? —La ira lo dominó, las palabras se atoraban en su garganta, respiraba hondo para tranquilizarse, luchaba para recuperar su autocontrol.
— Yo la quería para mí, pero ella me despreciaba, siempre me rechazó. ¡Maldita engreída! —Neil sabía que con esas palabras hundía más a Candy—. Sin dudar es la más bella de todas. Tiene un bello par de... —ya no continuó porque el puño de Terry se estrelló en su rostro, quebrándole la nariz.
—¡Ya, basta! ¡Déjalo o lo lastimarás! —Neil tenía el terror pintado en los ojos.
Terry lo soltó al escuchar la imponente voz de la Tía-Abuela Elroy que le suplicaba que ya no golpeara a Neil. La interrupción provocó que Neil cayera al suelo. Aún mareado, se sobaba el cuello y respiraba con dificultad, le dolían el pecho y la garganta, pero aún así habló.
—Tía-Abuela yo no hice nada, me culpan de algo que no cometí —lastimeramente le decía Neil.
En cuanto la Tìa-Abuela se introdujo hasta el interior de la habitación observó el resto de la escandalosa escena, pero sus ojos se desorbitaron cuando vio que Candy solamente vestía el camisón, el pudor de Elroy no lo toleró y se desmayó, desplomándose sobre el sofá de esa estancia. Albert comenzó a abanicarla, pero nadie más se movió. Era como si nadie se hubiera dado cuenta del auxilio que requería la veterana mujer.
En cada paso que daba Terry le gritaba a Neil el cual se había escondido en la inmensidad de los jardines de la Villa Andrew. A medida que avanzaba lo llamaba con toda clase de insultos, pretendiendo que la ofensa lo hiciera salir de donde estuviera.
—¿Dónde estás, rata inmunda? ¡Muéstrame la cara, cobarde miserable! —vociferaba el actor —¡Sal de donde estés, Poco-Hombre! ¿O sólo te animas con las mujeres, maldito?
Con movimientos torpes Neil se desplazaba al interior del establo, era presa del terrible miedo que le tenía a Terry. Dentro de ese lugar el cobarde que huía buscó con que defenderse tomando un sólido y grueso palo.
—¡Ah! ¡Ahí estabas cobarde...!
—¡No des un paso más o te vuelo la cabeza! —le advertía Neil con el rostro bañado en sudor.
—Sólo dime ¿Qué le hiciste a Candy animal? —le preguntaba al mismo tiempo que seguía acercándose.
—¡Basta! ¡No sigas avanzando, Terry porque te aseguro que te mato!
—Jajaja ¿Tú? ¿Matarme a mí? —nuevamente Terry soltó otra carcajada estruendosa—. Tú no puedes matar ni una mosca. Neil, eres una gallina. Sólo tienes agallas para meterte con mujeres indefensas.
—¡Cállate, cállate, bastardo!
—Vaya, vaya te empiezas a envalentonar Neil —le cuestionaba Terry sin inmutarse.
—Nada, yo no le hice nada. Ella era la que estaba borracha y…
No pudo terminar. Terry, con un movimiento rápido y certero, lo despojó del instrumento que era su defensa y con la otra le aplicó un golpe demoledor, que lo hizo rodar por el suelo. Fue tras él sin perder un segundo, le puso un pie en la garganta, y le apoyó su daga sobre la garganta.
—¡No me mates, Terry! ¡No me mates! —suplicó Neil, a punto de llorar.
—Ahora... —le dijo con los dientes apretados—, ahora me dirás qué le hiciste a Candy. ¡Habla! O te abriré en partes, hasta que mueras desangrado. Entonces Terry le abrió un surco en la mejilla. La herida sangraba ligeramente pero Neil comenzó a lloriquear de pánico.
—Ella hace mucho que dejó de estar en condiciones de una "señorita casadera" —. No hubo duda en que aquellas palabras surtieron el efecto con que él pretendía desestabilizar a su rival.
Terry tomó a Neil del cuello de la camisa y lo levantó; luego, sin quitarle la daga de la garganta, apoyó el cuerpo sin fuerzas del villano contra la pared.
Terry se quedó mirándolo fijamente, desconcertado, como si no pudiera entender lo que acababa de escuchar.
—¿Qué has dicho? —balbuceó Terry—. ¡Repítelo! —Lleno de ira, lo aprisionó otra vez contra la pared, dispuesto a desollarlo vivo —. ¿Por qué? Dime, ¿por qué? —preguntó Terry, abatido.
—¡Terry! ¡Suéltalo, por favor!—La voz de Albert resonó en todo el establo.
Terry giró rápidamente sin soltar a su presa y comprobó que solamente ellos tres habitaban ese lugar.
—Terry Amigo, déjalo no te comprometas no vale la pena, Candy se encuentra bien. Vayamos con ella para que te cerciores. ¡No lo mates Terry, por favor! —suplicó el rubio.
El pecho de Terry se contrajo dolorosamente y sintió que las fuerzas lo abandonaban. "¿Matarlo? ¿Qué es todo esto?", pensó, aturdido. Se decía a sí mismo que no debía matarlo, pensó. No todavía. La furia desapareció súbitamente de la mirada de Terry, y solo quedó la frustración, cuando se le zafó y escapó Neil.
Ese momento de duda, de confusión Neil lo aprovechó para nuevamente escabullirse, a gatas, resbalándose y casi cayéndose llegó al umbral de la puerta y desde ahí le gritó a Terry.
—Ya no sé qué peleas, puesto que la fruta ya ha sido arrancada… ya no tengo problema en que pase a otras manos, ¡Jajaja! —después de esto finalmente se dio a la fuga Neil.
Terry se quedó con expresión de incredulidad, la desconfianza brotaba por sus ojos, pero Albert lo calmó.
—Ten calma Terry, Candy nos explicará todo. No debes creer ni una palabra de Neil, tú mejor que nadie lo conoces y sabes que te odia por eso te hiere mediante Candy. Mejor vayamos con ella.
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Minutos después, luego de que Elroy recuperó el sentido, se levantó, incrédula, sin apartar la mirada de Candy le recriminó:
—¡Por mi Dios! ¿Qué has hecho? ¿Tanto así me odias Candice, para avergonzarme de esta manera?
—¡Lo siento! Tía-Abuela Elroy —. La ofensa y el agravio se extendieron por sus mejillas en forma de una mancha rojiza.
—¡Que lo sientes! ¡Sentirlo no es suficiente! —gritó—. ¡Te has deshonrado! ¡Estás arruinada! —Entre sollozos seguía hablando—. Me lo has cobrado con creces Candice, pero tú mejor que nadie pagará muy caro este horror —, ahogando el llanto se retiró de ahí la anciana mujer.
—Aquí hay demasiada aglomeración, no se puede respirar bien, ¿Serían tan amables de retirarse? —Les decía Albert mientras atendía a Patty que más que adormilada parecía que estaba drogada pues le costaba mucho volver en sí.
Dorothy ya había cambiado a Candy pero no lograba recostarla. Inquieta recorría toda la alcoba, en su mente solo se repetía. ¡Terry se ha marchado! ¡Cómo pude dejar que se fuera! Milagrosamente había logrado sobrevivir aquellos largos meses sin él, y su presencia ahora le dejaba claro que no quería volver a estar sin él, no volvería a perderlo. No renunciaría a Terry, si debía conformarse con su amistad lo haría, pero dejarlo jamás.
Por fin Patty recobró el conocimiento y nuevamente se sintió perturbada por la lluvia de preguntas que le hacía Candy tanto a ella como a Dorothy.
—Por favor… díganme… ¿Qué hice? ¿Qué fue lo que pasó? —avergonzada seguía preguntando —. Yo no recuerdo mucho, sólo que había estado en la terraza porque me sentí muy sofocada después de la insinuación que públicamente hizo la Tia-Abuela Elroy , recuerdo que enfurecí y salí a tomar aire.
—Fue mi culpa no debí dejarte sola Candy—entre sollozos Patty les decía.
—¿Pero por qué saliste sola, Candy? ¿Por qué no le pediste a Patty o Dorothy que te acompañaran? —las interrogaba Albert.
—No es tu culpa Patty, al contrario tú siempre me estuviste advirtiendo del peligro del jerez, y yo nunca te obedecí, yo soy la única culpable de lo que me está sucediendo, no te sientas mal fue mi error.
—Pero algo raro sucedió, cuando entramos a tu habitación entre Dorothy y yo te cambiamos de ropa, nosotras fuimos quienes te pusimos el camisón, porque ya casi te nos dormías mientras lo hacíamos. Yo me volví un mar de nervios por el miedo a que tanto Albert como la Tía-Abuela se dieran cuenta de que habías bebido, me moría de miedo de pensar en su reacción por tu embriaguez Candy. Pero repentinamente me invadió un pesado sueño, fue algo incontrolable. No sé qué me pasó, pues perdí el conocimiento total.
—Eso fue después de que te tomaste el té que el Sr. Williams envió para Candy —agregó Dorothy.
—Yo no envié ningún té Dorothy, yo estaba ocupado con Terry, ¿De qué té hablas, quien lo trajo?
—Inmediatamente después de que entramos a la alcoba, un sirviente trajo un té para Candy, dijo que por indicaciones suyas, Sr. William, le diéramos a beber ese té para que se tranquilizara Candy, que era especial para calmarle los nervios.
—¡Albert, yo bebí ese té! puesto que no fue necesario para Candy porque ya estaba dormida. Yo me lo tomé para calmarme un poco, le pedí a Dorothy que fuera por otro té para reponerlo y por si era necesario más tarde para Candy.
—Yo salí por el té pero no me tarde demasiado en regresar y, cuando entré yo vi que la señorita Patty ya estaba profundamente dormida en el sofá, la señorita Candy seguía durmiendo pero en su cama yacía el joven Neil. Me impresioné tanto de verlo ahí que la bandeja se me cayó. Entonces el joven me empezó a gritar que me saliera, que recogiera mi tiradero y que los dejara solos, la gente que caminaba por el pasillo escucharon los gritos histéricos de Neil y se empezaron a asomar, así fue que todo surgió hasta el momento en que usted señor William llegó acompañado por el joven Terruce.
—Eso fue planeado por Neil, algo debió agregar al té para adormecer a Candy, pero no contaba con que estaría acompañada por ti Patty, aunque dormida, todo el tiempo estuviste en la habitación.
—Si así fue, y por el sabor que me dejó el té, me imagino que debió agregar alguna dosis de valeriana para lograr el efecto que buscaba. En esta mansión cualquier habitación la tiene en su botiquín medicinal o en la cocina siempre se cuenta con la valeriana, por lo tanto no le fue difícil conseguirla para adulterar la bebida.
—Pero ¿Qué pasó en ese tiempo? ¿Cuánto tiempo estuve a solas con él? ¿Por qué me odia tanto, al grado de hacerme algo tan vil? —A grito abierto Candy les preguntaba.
—Es un maldito que no se detuvo ante nada para lograr comprometerte Pequeña. Ya me las pagará, esto no se quedará impune Candy—le decía Albert quien trataba de sacarla de ese aturdimiento que la envolvía.
—¿Y Terry… porqué ya no regreso junto contigo, ya no quiso verme Albert?—preguntaba con sus ojos acuosos y con voz trémula —. Yo necesito hablar con él, tengo que explicarle Albert, Patty… yo necesito decirle tantas cosas —entonces se rompió en llanto.
—Y lo harás Pequeña, solamente dale tiempo; para él también ha sido difícil, simplemente era algo que no se esperaba, dale tiempo Candy, ¿si? — Albert recordaba con escalofríos la terrible y dolorosa escena, dirigió una pesarosa mirada a Candy y le dijo—: Prepárate, Pequeña, esto va a aparecer como un escándalo con todos sus grotescos detalles en los diarios de mañana. No podemos hacer otra cosa que defendernos lo mejor que podamos.
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A Edward le volvía la sensación de asco, el hecho de sentirse traicionado y descubierto por tantas personas le hacían sentir el mundo sobre sus hombros, por esa razón a la siguiente mañana madrugó en la mansión Andrew donde urgentemente se hizo anunciar ante Albert.
—Edward, has madrugado, no sé si sea oportuno que hables aún con Candy.
—Me temo que no podré quedarme mucho tiempo señor William, seré directo. No tengo intención de verla, aquí termina mi relación con su hija, no deseo hablar con ella, no quiero que vea cuánto me ha dolido su traición.
—¿No te parece que estás exagerando? No es de caballeros la actitud que estas tomando Edward, Candy no era tu prometida, simplemente era tu amiga y considero que ella debería estar presente en esta charla.
—Señor William no me exija una actitud honorable, no después de la desfachatez con que su hija me ha tratado públicamente, es mejor que aquí terminen las cosas.
Albert se quedó sin habla por la impresión de la inverosímil actitud del Conde Stockstill.
—No pensará obligarme después de lo que hemos visto juntos, ¿O, sí? —insistió el conde.
—Ten cuidado con lo que dices, ¿O necesito recordarte que estas hablando de mi hija? —ya alterado Albert le advirtió.
—Pues… ella ya no significa nada para mí.
Albert alzó la cabeza y le miró con los ojos encendidos de rabia.
—Mi hija es demasiada mujer para ti, me alegra que no mantenga una amistad con un cobarde como tú, no tiene caso seguir desperdiciando mi tiempo contigo. ¡Lárgate de aquí, antes de que te saque yo mismo!
A paso acelerado y con pisadas fuertes Edward salió de la mansión, detonando mil maldiciones por la ira que le invadía al sentirse ofendido y humillado por el trato que Albert le dio.
El conde pensó que al grado crítico de como estaban las cosas él podría manipular para su beneficio la situación, deseaba tomar ventaja de la condición social que pasaban los Andrew, pero no contaba con la reacción férrea del líder del clan.
Edward se retiró molesto y decepcionado, pues no imaginaba la indiferencia con que Albert trataba a los rumores y chismes de la alta sociedad. Y puesto, que para el rubio ese no era un problema significativo los Stockstill de ninguna manera se podrían aprovechar de ese escándalo para concretar y acelerar una boda entre Edward y Candy.
Y al ver que sus planes no prosperarían, el Conde Edward Stockstill jamás volvió a buscar a Candy. Fue un cobarde que no supo confiar en esa mujer, y ella desistió en su deseo de aclarar las cosas con él, ya que se desilusionó cuando se empezó a propagar el escándalo y Edward jamás dijo una sola palabra en defensa de ella, él simplemente se deslindó de toda relación con Candy y rompió drásticamente su amistad.
Candy nuevamente estaba en el ojo del huracán, ahora la sociedad londinense la juzgaba; dejó de ser la mujer ideal que tantos se disputaban, ahora la consideraban una mujer mezquina, inmoral y desleal. La sociedad le estaba cerrando las puertas, Candy no sabría que explicación le daría a la Tía-Abuela Elroy, se moría de vergüenza ante Albert por haber sido tan débil, por tratar de esquivar sus dudas y enfrentar con alcohol su dolor.
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Candy siempre había tenido algo más que una vivacidad y un ímpetu que concedía a su semblante un atractivo irresistible. Pero, aquella viveza brillaba en ese momento por su ausencia. Unas sombras violáceas circundaban sus hermosos ojos verdes, tenía la boca pálida y mordisqueada a causa de tanta tensión.
La humillación la había mantenido bien despierta hasta altas horas de la madrugada. No había dormido mucho las noches anteriores. Y su preocupación no era por la mortificación basada en el hecho de que hubiera arruinado su reputación en la socialité, sino a la humillación debida exclusivamente a su incapacidad para superar su débil reacción física y viciosa ante las copas de jerez.
—Adicción, se repetía en su mente, como fui capaz de caer tan bajo, ¿Cómo permití que poco a poco se adentrara el alcohol en mi ser, porqué acudí a ese refugio falso? Toqué fondo y ahora estoy hundida —se reprochaba a sí misma la Pecosa.
Demasiado tarde concibió que su incipiente afición al vino la encaminó al peor error de su vida al embriagarse con tan mala compañía. Se le iba el alma al darse cuenta de que, unas pocas copas lograron incitar y acabar con su reputación. Días atrás estaba en la cúspide de su cambio irrevocable de condición social suprema pero ahora el declive era inminente. Sólo un milagro podía salvarla de un matrimonio por conveniencia, y necesitaba de esa maravillosa y magia para que su vida no girara 360 grados.
Estaba dispuesta a pagar el precio exigido para dejar de deshonrar a los Andrew públicamente. La conciencia la perseguía desde esa noche, sumiéndola en un abismo de dudas y de reproches a sí misma. No había salido de su cuarto en tres días alegando un dolor de cabeza, cuando lo que intentaba era encontrar las respuestas a ¿Si después, de esa noche Terry la odiaba? ¿La gente la rechazaría? ¿O con qué calificativos a partir de entonces la llamarían? ¿Qué tanto afectaría en los negocios al Clan Andrew su afrenta?... pero lo que más la hundía era Terry… ¿En qué estaría él pensando, acaso estaría dudando de ella… en lo que se había convertido... al menos en lo que el mundo pensaba que se había convertido? ¿O tan solo sería presa del asombro y la incertidumbre? Su cabeza no paraba de pensar.
Armándose de valor Candy decidió buscar a Terry, acudió día tras día a la villa Grandchester le urgía verlo y hablar con él, necesitaba explicarle las cosas, su alma necesitaba aclararle y mostrarle la verdad. Pero sus intentos fueron en vano pues el aristócrata nunca la quiso recibir, él reaccionó de igual manera que en el pasado ante su madre: Eleanor Baker.
Ahora Candy sentía a flor de piel el mismo insondable dolor que Eleanor sufrió con el constante rechazo de su hijo en esa misma villa. Tan semejante era su situación pero en esta ocasión no había nadie conciliador, nadie intercedería por ella ante Terry. Se sentía perdida y decaída, sabía que el orgullo de Terry sería la barrera que nunca más le permitiría acercarse a él. Aún así ella no se rendía y durante varios días siguió buscándolo, pero igual fue su respuesta, él nunca la recibió. Y ella triste y desalentada regresaba a su casa con la esperanza de intentar al día siguiente.
Al transitar por cualquier lugar concurrido Candy escuchaba el chismorreo de la gente:
—"Esa mujer tiene la desvergüenza más grande para andar en la calle", "No puedo creer que se haya presentado aquí", "Es una libertina y traicionera", "No tiene corazón, ni consciencia", "No es bienvenida en ningún lugar" —
Las personas cruelmente se apartaban de ella, o le daban la espalda, y otros hasta evitaban mirar en su dirección. El desprecio que veía en los rostros desconocidos la lastimaba, nunca había sufrido tanto y mucho menos por un rechazo tan marcado. Candy se preguntaba por qué ahora sí le dolía ser ignorada y a la vez ser objeto de los chismes de personas a las que ni conocía.
—No entiendo a la gente Dorothy, hace días me veían como un valioso diamante tan codiciado y ahora me quieren pisotear como una paria —se desahogaba con su doncella.
—Ignóralos, no escuches sus murmuraciones y no les brindes miradas culposas, Candy camina con la gracia y aplomo de ser toda una Andrew —sabiamente le aconsejaba su fiel amiga y sirviente.
—Si tienes toda la razón Dorothy. No se merecen mi preocupación. ¡Jajaja! Gracias por tu amistad y tus consejos amiga.
Un día sofocada por tanta decepción fue al sitio que la tranquilizaba al llenarla de tantos recuerdos hermosos, ese lugar sin dudar era el lago de Escocia. Acudió ahí después de sufrir las calumnias y desprecios en su camino por el centro de Escocia. Necesitaba la tranquilidad de esas dulces aguas, lo esplendoroso del firmamento y la armonía del viento.
Su sorpresa fue llegar y darse cuenta de que ahí se encontraba Terry, estaba recostado en el pasto y su mirada azul se perdía al igual que sus pensamientos en el infinito. Candy estaba a uno centímetros de él, pero le parecía tan lejano, tan inalcanzable, temía interrumpirlo pero no perdería la ocasión para tratar de hablar con él.
El joven Grandchester en su interior llevaba el duelo del dolor indescriptible que atravesaba su pecho; sentía un espantoso sufrimiento, era el filo agudo de la traición y el desengaño que le cortaban la razón. Todo ese tiempo, mientras él soñaba neciamente con Candy, ella se había "divertido" y al parecer no temía al alcance de sus equivocaciones o libertades.
Se había propuesto que la herida empezara a sanar, pero su cicatrización seguía doliendo, lo quemaba y lo atormentaba. Hacía algún tiempo a través de la experiencia con sus padres que había aprendido que la ira podía ser un refugio, pues era mucho más tolerable que la pena. Trataba de no sufrir, pero se estaba llenando de rabia.
La memoria de su suave tacto, su alegre voz, la poderosa energía con que lo envolvía, la fortaleza que siempre le había transmitido. Eran las razones por las que él no lograba olvidar a su "MonaPecas" y se preguntaba: ¿Qué hacía falta para no volver a pensar en ella? ¿Para olvidar su cara, su nombre, su existencia misma? Cerró sus ojos con desesperación tratando de borrar esas imágenes y sonidos, pero inesperadamente sus pensamientos se vieron interrumpidos por el arribo inoportuno de la Pecosa.
En otro tiempo su corazón al verla hubiera latido repleto de alegría, de esperanza y amor. Ahora cada uno de sus latidos era frío, impotente, mortecino. En ese momento comprendía lo que significaba la amargura de la traición. No parecía haber modo alguno de aliviar aquella pena.
Terry al notar que Candy se le acercaba, se retiró inmediatamente de ahí, era su lugar sagrado, su único refugio y no pensaba mancillarlo con una discusión precisamente ahí. Inició su apresurada caminata pero Candy hizo lo mismo, iba tras él hablándole, rogándole que la escuchara.
No era la primera vez que la Pecosa se sorprendía y asustaba con sus reacciones inesperadas, pero ahora su enardecido enojo y desprecio hacia ella la acobardaban.
—¡Basta Terry, detente por favor! —en tono suplicante le gritaba Candy.
—¿Y a ti no hubo quien te frenara? ¿Cómo pudiste caer tan bajo? —le respondía aún dándole la espalda.
—Terry déjame explicarte, todo es un mal entendido yo salí a la terraza porque me sentía sofocada y…—enfurecidamente él la interrumpió.
—Tal vez sería por la extrema "casi asfixiante" cercanía de tu acompañante —. Terry impregnaba terror en su voz y al demonio en su mirada, quería gritarle mil maldiciones antes de seguir lastimándola, pero cruelmente pensó que sólo así liberaría un poco del inmenso dolor de la decepción.
—¿Qué fue lo que viste?—angustiadamente recordó su estúpida actitud de mujer superficial.
—Lo suficiente para darme cuenta que ese tipo no te respeta. Harías bien en no confiar demasiado en el honor de ningún hombre en lo que se refiere a las mujeres. Y no hace falta que te hagas la inocente. Vi cómo coqueteabas con ese estúpido —el volumen de su voz subía con cada palabra—. Estoy seguro de que él esperaba que aceptaras sus atenciones con entusiasmo —, entonces Terry giró y la miró directamente.
Ella al encontrarse con su mirada no pudo mantenerse viéndolo a los ojos. Agachó su cabeza sentía la tensión que emanaba de él y se preparó para soportar su desprecio. Se sentía profundamente abochornada por aquella situación. Avergonzadamente Candy recordó la cercanía con Edward, ardía de pena ante Terry porque estaba segura que él vio el intento fallido de Edward por besarla.
—Terry no es lo que parece, lo que pasó fue que… —nuevamente la interrumpió. Al volver a mirarla, cruzó los brazos y casi gozó de su evidente angustia. Ella se merecía aquello... y mucho más. Pero, por desgracia, él estaba tan enfadado y lastimado que no podía disfrutar de nada.
—No Candy, yo estuve ahí mientras te bajaban la luna y las estrellas… y no sé si algo más…yo fui testigo, yo escuché, yo vi —aseveró el actor.
—No pasó nada, él no es nada mío, y sí, me equivoqué en aceptar su compañía, pero es que yo…—se atoraron las frases que le nacían del alma declararle que su error era a causa de la soledad por su amor, por su ausencia, pero pensó que no sería correcto que ella le confesara su amor y menos en ese momento que él pensaba lo peor de ella.
Terry se puso tenso, tenía una expresión muy extraña, como si con su absoluta perplejidad se empezara a mezclar cierto grado de placer y dolor, y lanzó nuevamente el ataque.
—Entonces, ¿Sueles acostarte con hombres con los que no quieres casarte? —preguntó con frialdad, la miraba con dureza, conteniendo la respiración.
No era lo que ella habría querido para sí. ¿Cómo se atrevía a tratarla como si ella no hubiera dedicado más tiempo a pensar en él, en buscarlo y esperarlo a él? Estaba siendo demasiado injusto al juzgar por las apariencias.
Candy no entendía que Terry se había propuesto lastimarla, herirla, humillarla; era demasiado malicioso para una mente tan cándida como la de ella. La culpaba de la traición, buscaba y sabía las palabras exactas que tenía que decirle para que sufriera lo mismo que él estaba sintiendo. Sus palabras surtieron un efecto inmediato que la lanzaron al abismo donde se rompió en mil pedazos.
Ella enmudeció, sintió que se le humedecían los ojos y se entristeció por la situación.
—¿Candy, has pensado alguna vez, que nuestro encuentro fue fatídico? — Todavía perplejo y muy enfadado, Terry pensó que le gustaba verla acobardarse.
Candy pensó que si le decía que se había embriagado solamente empeoraría las cosas y decidió omitir esa parte, mientras que respiraba entrecortadamente.
Él siempre había sabido juzgar con acierto los caracteres ajenos. Siempre le había resultado fácil percibir la ambición, las mentiras y las malicias de los demás, ¿Por qué con ella le falló su intuición? -Se preguntaba, a la vez que se reprochaba-. Trataba de entenderla. Quería hacerlo, pero no podía. No conseguía ordenar sus pensamientos. Estaba demasiado humillado y herido para controlarse.
Él vaciló, consciente de sus serias dudas. Y ella pareció comprenderlo, porque dio un paso adelante y lo tocó.
—Terry, yo no sabía lo que hacía…—al momento que su mano rozó el brazo de él, inmediatamente su roce le avivó la furia reprimida, pues ante los hechos él creía que no había nada de inocente en ella, nada más allá de su apariencia.
—La ingenuidad puede ser una cualidad encantadora, pero en tu caso raya con la estupidez. Mejor deberías renunciar a mí, querida Candy, o dime si pretendes que juegue con tu inteligencia, dime: ¿Deseas que te siga el juego de que eres la víctima, quieres que me aproveche de tu situación, primor?
—¡Qué cruel eres! — Sus ojos relucieron con lo que podían haber sido lágrimas.
Terry asintió serenamente con la cabeza. Un asomo de compasión se agitó dentro de él, pero se blindó contra aquella flaqueza, esa joven no merecía piedad alguna de él. Le dedicó una sonrisa fría y dura.
—Realista diría yo… tal vez con un toque dramático, pero no estoy inventando nada, sólo estoy juzgando lo que vi y escuché. Y cualquier mujer que se presenta en público en semejante estado de desfachatez lo hace con la expectativa de colgarse de más cuellos de hombres ¡que una corbata barata!
—¡Ya no me ofendas, por favor! — Le resultaba difícil pensar y defenderse cuando ella lo que más quería era refugiarse en sus brazos —. ¡Me lastimas Terry!
—Hay heridas que no tienen nada que ver con la sangre, los golpes o las palabras, sino con los hechos Candy, y ahí si no te puedes defender querida.
—¿Nunca me creerás, verdad Terry? — Parecía tan angustiada y frágil que Terry sintió el absurdo impulso de reconfortarla, cuando la miraba a los ojos, veía dolor y vulnerabilidad.
Él se quedó paralizado, estaba confuso, temía perder el dominio de sí mismo. De alguna forma, aquella mujer lograba desbaratar su determinación con una sola mirada, con una simple palabra.
—Es mejor que ya no me busques, podría ser que alguno de estos días me encuentres demasiado "alcoholizado" y entonces no sabría lo que haría. ¿Te suena familiar querida Candy?
Deseó que no hubiera dicho eso, su sarcasmo la hirió profundamente. Nunca imaginó que algún día ella sería la víctima del ácido humor de Terry. Despiadadamente era el blanco de todos los dardos ponzoñosos que le lanzaba el actor.
—Y ahora que ya nos has humillado a los dos con tu visita, ¿Es posible que tengas un poco de dignidad para marcharte? — por primera vez pareció inquieta su voz, había perdido indiferencia, y hasta una modulación de dolor se percibió—.
Candy no pudo más y en sus ojos relucieron esos brillos indudables llamados lágrimas.
Terry se maldijo por haberle dicho eso y deseó poder volver el tiempo atrás. No soportaba verla así; quería que el sufrimiento de su Candy terminara rápidamente, que se esfumara antes de que la tomara en sus brazos hasta que cesaran sus lágrimas. Temía a su debilidad de estrecharla entre su pecho y castigarla con sus besos hasta que le suplicara perdón y le confesara todo lo que había hecho durante su ausencia.
Una lágrima cayó mientras ella movía la cabeza con impotencia. Terry se odió a sí mismo. Pensó inclinarse hacia ella para acariciarle su cabello cuando la voz de Candy surgió.
—Si eso deseas, eso haré —. Tras esas palabras, empezó a alejarse.
Para entonces Terry ya estaba sufriendo una agonía que se esforzaba por disimular, secretamente la tenía que soportar y ocultar. Le dio la espalda a Candy, escondiéndole la dolorosa expresión de su cara que estaba atormentada de desdicha, desesperación y furia.
Contrajo el rostro en una mueca de intenso dolor para no responder. Y en silencio dejó que se fuera, mientras que desde su corazón la despedía.
— "Candy, eres libre, quise construir contigo un mundo inimaginable pero no me fue posible... y tú no me esperaste… ¡sólo recuérdame porque yo te olvidaré! —
*******
La sensación de que una mirada malévola la observaba desde lugares ocultos, de que sus movimientos estaban siendo cuidadosamente observados, había aumentado en los últimos días.
Y esa tarde que regresaba a su villa no fue la excepción, apenas había entrado al recibidor cuando escuchó a Neil que comenzó a burlarse de ella, sus carcajadas eran enfermizas, tenía los ojos muy abiertos y una expresión de locura que no se le borraba de la cara.
Ella rápidamente retiró de su rostro las lágrimas que aún le brotaban por el reclamo de Terry. Su enrojecido rostro ahora marcaba el gesto del enojo. Candy valientemente encaró a Neil.
—¡Ni se te ocurra acercarte Neil, pues tu sola presencia me enferma! Es mejor que te empieces a comportar como un caballero aunque no seas un verdadero hombre.
—No soy un caballero. Así que no reaccionaré como tal. Sabes que la aristocracia se sigue divirtiendo con la historia de tu caída en desgracia. Y eso se frenaría si yo te rescatara de ese escándalo y eso sería… al casarme contigo —, hizo una pausa al ver la expresión de repulsión que se dibujó en el rostro de Candy —. Si no me aceptas pretendo consolidar mi infamia en las mentes de aquellos que todavía no hayan caído en la cuenta de lo evidente. ¡Jajaja! Creo que ahora tú me implorarás amor y matrimonio Candy.
—Jamás te aceptaría Neil, eres absolutamente el más aberrante "hombre" que he conocido en toda mi vida, mil veces preferiría ser monja, solterona e inclusive una desprestigiada mujer que ser tu esposa.
Neil no se esperaba las hirientes palabras de la Pecosa, ilusamente pensó que ella estaría doblegada por vergüenza y miedo por lo ocurrido. Entonces buscó la manera de perturbarla.
—¿Qué sucede, Candy? ¿Dónde está el Conde Stockstill? ¿No ha sido tolerante y amable contigo? ¿No se comportará como un caballero? ¿Y el otro, mmmhh… cómo se llama… así ya recuerdo el bastardo con ínfulas de duque, tampoco te ha buscado Candy?... ¡Jajaja! Pobre huérfana, creo que tu destino no te contempla en la nobleza inglesa querida… No cabe duda que todos los hombres buscamos lo mismo. ¿Lo ves, Candy? Todos queríamos lo mismo de ti, y yo he sido el privilegiado en obtenerlo, sabes, ya no tienes ningún valor como mujer, todos te despreciarán. Y ahora que lo pienso mejor, yo también te echaré de mi vida y tú, desdeñada y con la reputación irremediablemente arruinada, volverás a mí arrastrada al sórdido intento de arreglar lo que puedas de tu lamentable existencia.
—Nunca. Jamás. Ni en esta vida y ni en tus sueños seré tu esposa. No me atemorizas Neil. Por mí has lo que quieras, no te tengo miedo—La ira hizo que a Candy le hirviera la sangre.
—¡Infeliz, has perdido tu oportunidad de que te tome como mi esposa! Ahora te guste o no simplemente serás mi meretriz, te tengo en mis manos y te convertirás en mi juguete. Tarde o temprano te arrepentirás, llorarás, me buscarás y me rogarás que te despose. Recuerda que tu querido Edward sólo siente asco por ti y jamás te volverá a buscar, y respecto al otro bastardo ya me encargué de él. Sabías que es un maldito fugitivo, que gracias a él me haré de una pequeña fortuna que me darán los franceses por su cabeza. Tiras por la borda tu reputación y tu futuro porque estás dominada por la pasión por ese "fugitivo" que no es ni más ni menos que tu amado actorcillo.
—Estás tan desquiciado que ya ni sabes lo que dices Neil, tu lengua ponzoñosa y tu mente mezquina no me asustan. Es mejor que te vayas de una vez por todas —lo retaba Candy.
—¿Cómo, no sabes? ¿Acaso tu Romeo no te dijo dónde estuvo todo este tiempo? ¿Te sigue ocultando su vida? ¡Ay Candy! Gozaré con informarte lo siguiente, te aviso que vendrán por tu amado "duque" las autoridades francesas que lo buscan para ahorcarlo. ¡Jajaja! Por fin me libraré de ese malnacido, y tú finalmente serás mía.
El miedo paralizó a la Pecosa, veía en el rostro de Neil que la furia cincelaba profundas arrugas que le deformaban el rostro hasta convertirlo en una criatura temible.
—¡Jajaja! ¡Qué sencillo ha resultado deshacerme de tu querido amiguito Edward y sin planearlo también me deshice de tu amado Romeo. Bueno ya que estas al tanto de las buenas noticias es mejor que te vayas preparando porque pronto volveremos a dormir juntos huérfana. Me retiro porque tengo que alcanzar a la Tía-Abuela en Londres, ya que ella se ha adelantado para iniciar los preparativos de nuestra boda. Es una pena que me pierda la escena de arresto, pero tengo que cobrar la recompensa para gastarlo en nuestra luna de miel—sin más que con una sonora carcajada Neil se marchó.
Candy quedó perpleja, trataba de asimilar y encuadrar las palabras del desequilibrado de Neil. No tenía tiempo de pedirle detalles, ni de verificar si eran verdades o mentiras lo que escuchó. A ella rápidamente la embargó una angustia profunda por Terry. Tenía que buscar la forma de ponerlo sobre aviso antes de que fuera demasiado tarde.
—Candy, Candy ¿Te encuentras bien? Reacciona, Neil ya se marchó y el señor William tampoco se encuentra. ¿Dime te hizo algo el desalmado joven Leegan? —preocupada la zarandeaba Dorothy para que le respondiera.
—No Dorothy, pero tenemos que salir urgentemente, tenemos que buscar a Terry para ponerlo sobre aviso ya que lo andan buscando para ejecutarlo. Vámonos inmediatamente a la villa de Terry —, exaltadamente le ordenó mientras se encaminaba hacia la puerta.
Transcurrieron los minutos y a paso acelerado ambas mujeres casi llegaban al portal de la mansión Grandchester, desde la distancia lograron apreciar que un carruaje con el emblema francés estaba estacionado en las afueras de la mansión.
A Candy casi se le sale el corazón del miedo por saber que había ocurrido ahí, se le desbocaba la razón por saber dónde estaba Terry, su incertidumbre la hacía que le pareciera enorme la distancia que la separaba de ese portal. Como nunca corrió para salvar a su amado rebelde.
C O N T I N U A R Á . . .
Gizah
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***GLC***
HOLA NIÑAS HERMOSAS Nuevamente aquí terminé un capítulo más, quedo a la espera de sus comentarios, reclamos, tomatazos, sugerencias, aportaciones, dudas, y demás etc…
EDITH: Hola niña mucho gusto conocerte! Gracias por dedicarme tu atención, espero que lo lento de la historia no te desespere para que logres alcanzar a leer todos los capítulos sin exasperarte, y con eso tampoco defraudar a la hermosa persona que te recomendó mi fic. Seguiremos en contacto Edith, hasta luego!
MALINALLI: Amiga Matahari así que te saliste con la tuya eh!!! y tus manitas se dieron festín con Terryto-Papacito-Grandchester. A ver dime, de qué tanto te reías al escribirme el review que nunca me llegó. ¿Qué maldades me habías puesto ahí? digo porque si estabas a risa y risa de seguro eran puras diabluras jajaja.
Amiga, en el review personal que te envié de Mirando al Mar te nombré mi "Cazadora de Sueños" pero ahora por tu noble labor de promoción te llamaré mi "Tejedora de Amistades", y lo digo por las niñas que me han escrito informándome que tú has recomendado mi fic. Gracias amiga, te debo una tras otra ayuda, definitivamente tienes capacidad para organizar al mundo entero.
Te Quiero un MONTON, gracias por lo que me haces sentir, vivir y gozar… me has adentrado a un mágico mundo lleno de fantasía y amistad.
PD.-PERDÓNAME POR HACERTE RABIAR Y TEMBLAR DE CORAJE Y DEMÁS EMOCIONES CON ESTE CAPÌTULO, NO ERA ESE MI COMETIDO!
MOONDAN: ¡Ay Amiguita, Perdóname! Porque yo sigo escribiendo pura sangre para tus ojitos… pues mira que no paro de hacer sufrir a nuestro galán. Pero ahora también ya le está tocando sufrir a la Pecas, a quien ya le advertí que si sigue de "Borrachita" tú mi querida MOON vas a entrar a la historia para hacerle gane con Terry, pues no es justo que él sufra tanto por su culpa. Amiga, amo tu compañía, gracias por brindármela.
LADY ANNALISE: Mi reina tus deseos han sido órdenes para aquí TU servidora. Sabes cada noche antes de dormir se venía a mi mente tu imagen agónica, y eso me hacía que escribiera aunque fueran unas cuántas líneas. Amiga, no necesitas torturarme, al contrario con tan lindas palabras que me escribes con ese noble gesto me comprometes emocionalmente para actualizar lo más pronto posible. Gracias por seguir aceptando este incipiente proyecto novelesco. Seguiremos en comunicación!!!
NASHTINKA: Amiga Nash, te hice caso y Terry mandó a volar a la "chupitos" perdón a Candy. Ahora lo que sigue es que en el siguiente capítulo le voy a hablar bien bonito a Terry de ti, le diré que eres una hermosa y excelente escritora que crea obras mediante las cuales nos expresa y comparte la belleza de su numen (inspiración) osea "EL". Con eso Nash va a caer rendidito a tus pies jajaja.
Discúlpame por lo bizarro del capítulo anterior… y mejor dime qué te pareció el desahogo emocional de Terry, ¿tuviste compasión de Candy?
Amiga como siempre es un placer recibir tus palabras, GRACIAS!
LERINNE: Serias una excelente sucesora de Sherlock Holmes eh! Pues mira que tus deducciones son muy atinadas, aunque bastan cinco minutos para que la vida de una mujer cambie drásticamente (Ooops)… Por lo pronto a mi Neil me dejó temblando con sus horribles insinuaciones, veamos quien tiene la verdad de lo que ocurrió esa noche. Gracias por continuar leyéndome!
MARIA FANS NUMERO UNO DE TERRY: Mary me encantaron tus reviews pues en esta ocasión fueron muy tiernos y alentadores para los sufridos personajes. A la Pecosa si no entiende la mandamos a rehabilitación para que se desintoxique, y mientras en ese tiempo tú consuelas y cuidas a nuestro galán favorito, ¿cómo ves, te animas Mary? ¡Gracias Amiga por no dejar de echarnos porras, tu ánimo es grande mi niña!
MARIANA WAY: Jajaja sí que me has hecho reír Amiga, está buenísimo ese sobrenombre del "Aborto del Infierno" para Neil… jajaja y también de llamar "desnutrido" al más hermoso de los seres osea mi Terry jajaja que divertido!
Oye Mariana no he leído el libro que refieres, pero ojalá que no suceda en mi fic lo mismo que en aquella historia sino qué chiste. Amiga, ya se te bajó el coraje con la tremenda reclamación que le hizo Terry a Candy o crees necesaria otra dosis de Ubicatex para la Pecosa jajaja. Espero tus comentarios Amiguix.
PD.-el concierto de Metallica estuvo genial y nuestro amado James Hetfield se lució ¡Wow, aún estoy en éxtasis!
MAFMZT: Hola mi "Poetisa Favorita", es un gusto volver a encontrarme con un review tuyo Machel. Estoy fascinada con saber que somos afines a la poesía y a escribir fanfics en torno a Candy y sus galanes. En cuanto tenga una oportunidad leeré tus fics (ya los ubiqué aquí en fanfictions) será un placer intercambiar ideas, opiniones, comentarios y demás.
Respecto a Albert, fíjate que aún no contemplo "emparejarlo" jajaja. Es que el problema es que me extiendo demasiado (ya ves aún no puedo llegar a una escena de beso entre T&C) te imaginas si me enfoco un poco más a otros personajes… jajaja las desesperaría muchísimo más! Pero déjame ver qué puedo hacer si? Amiga muchas gracias por tu atención y espero pronto reportarme con tu fic.
