I N Q U E B R A N T A B L E
CAPITULO 11
"EL RESCATE"
La Pecosa le había indicado a Dorothy que convenciera a Terry para que él permaneciera oculto en el bosque durante todo el día, porque no había manera de que él entrara a su villa sin ser visto por sus perseguidores.
— ¿Podrás encontrarlo?... Dorothy prométeme que lo ayudarás a escapar, ¡por favor amiga! No pierdas tiempo, hazlo ya. —entonces la dejó para dirigirse a la mansión aristocrática.
Candy no lo pensó dos veces y corrió por el césped hacia aquel carruaje y los cuatro soldados a caballo. Les sonrió con el corazón acelerado. Tenía que investigar qué hacían esos franceses en Escocia. ¡No podía ser que estuvieran buscando a Terry!
Casi al llegar al portal de la villa Grandchester, Candy se dio cuenta que un militar descendía del interior del carruaje y se estaba acercando a ella, iba a su encuentro. Ella sabía que no debía mostrar ni la más mínima debilidad, pero al ver al imponente y rudo general francés quedó paralizada. No podía hablar, pero al recordar que la vida y la libertad de Terry estaban en juego retomó la fuerza y valentía necesaria para enfrentar a esos hombres. Ella fue la primera en hablar.
— ¡Buen día señor! Soy Candice White Andrew, ¿Puedo ayudarle en algo?
— No, gracias Lady. —al tiempo que le hacía una reverencia le respondió con un claro y fluido inglés.
— Pero, ¿Ya lo recibieron?, ¿Alguien ya lo atendió?
—No, Lady, nadie ha salido. Ni la servidumbre ha tenido la gentileza de atendernos.
—Disculpe mi intromisión, pero ¿Qué hace aquí?, ¿A quien busca? —le interrogaba la rubia.
— Soy el General August Chataline, y me informaron que por estos alrededores se ha visto a un peligroso delincuente que se escapó de una prisión de Francia. Estamos revisando todas las propiedades de la región.
— ¿De quién se trata? ¿Qué han investigado? — Candy continuaba con su ataque de preguntas.
—Me temo que no puedo hablar de este asunto con usted. —respondió el hombre de semblante rígido.
—Pero aquí es muy tranquilo, nada ni nadie ha alterado el orden. —dijo queriendo desviar su imprudente comentario.
—Aún así debo inspeccionar todo el lugar. —con tono prepotente confirmó el militar.
— ¡No está aquí! —gritó ella—Quise decir aquí no hay nadie. —dijo Candy tratando de corregir su atolondrado error.
— ¿De veras Lady, usted cree que no está aquí? —insistió el maduro hombre.
—Me imagino que traerán alguna orden para registrar esta villa. —preguntó la rubia.
—No, no es necesaria. — El General Chataline le remarcaba a la Pecosa su alto grado de autoridad inclusive en ese condado, y estaba allí asentado junto con otros cuatro soldados que representaban su escolta.
—Entonces, ¿la búsqueda ha terminado? —ilusamente ella pensó.
—Me temo que no. Por ley, es un fugitivo, y tengo órdenes de apresarlo. ¡Y es eso lo que voy hacer! Debo obedecer órdenes.
— ¿Y cuáles son esas órdenes? —inocentemente preguntaba la Pecosa.
—Lo quieren vivo o muerto, Madeimoselle.
— ¿Incluso sabiendo que es inocente, harían eso? —preguntó ella con amargura.
— ¿Por qué se atormenta de esta manera?¡Es un hombre peligroso!... ¡Qué extraño! Le ofrece lealtad a un desconocido, no la entiendo. Aún no he dicho el nombre de ese criminal y ya está abogando por él. —con todos sus sentidos en alerta, el general analizaba a Candy, entonces le propuso:
—Lady, ¿Aún sigue en pie su ofrecimiento de ayuda? Me gustaría hacerle unas cuantas preguntas, ¿Tendrá tiempo para acompañarme?
Candy pensó que lo mejor era deshacerse de ellos de una vez por todas, y alejarlos de la villa de Terry era lo que tenía como objetivo preponderante en ese momento. Trató de manipularlos haciendo gala de toda la seguridad que pudo reunir a través de su desenvoltura llena de dignidad y aplomo.
—Pero si está cansada nosotros podemos regresar después. —esto lo dijo el general al ver que la pecosa pensaba demasiado su respuesta.
—No será necesario, dispongo de tiempo para acompañarlos de una vez. —confirmó Candy.
—Muchas gracias Madeimoselle. Esto no demorará, sólo serán pocas preguntas.
Esas fueron las últimas palabras que oyó Candy mientras los escoltas del superior la ayudaban a subir al carruaje. El cochero soltó el freno y los caballos se pusieron en marcha con estrépito por el camino empedrado. Se alejaron de la periferia y se encaminaron a la ciudad.
*******
Después de caminar durante un par de horas a través del bosque y el lago, la leal moza encontró a Terry. Dorothy estaba pálida de miedo y aún así rápidamente se acercó al joven Grandchester y le informó lo ocurrido con su dulce Candy.
—Tiene que detenerlos. No permita que le hagan daño o que se la lleven—le rogó. — ¡Por favor!
Terry no respondió. Cuanto menos supiera Dorothy era mejor, pues supo que Candy estaba en peligro. Aquellos malditos podían hacerle pagar por vengarse de él. Entonces lo invadió un temor profundo, su miedo era muy real, y él nunca lo olvidaría, la maldad que emanaba de esos hombres, quien mejor que él conocía la crueldad con que ellos torturaban a la gente hasta sacarles la verdad. Tuvo terror al pensar en que Candy pudiera sufrir la tortura que durante su encierro a él casi lo mata.
—"No, no puede ser" —se aferraba a la idea de que el pasado no debiera repetirse y menos con la persona que él más amaba en este mundo.
Dorothy se había hincado. Tenía una expresión de profunda angustia y sus manos juntas en posición de ruego.
—Por favor, Joven Terruce —dijo. — ¡Encuéntrela! ¡Tráigala sana y salva!
Entonces la muchacha vio como Terry había cabalgado como alma perseguida por el diablo cruzando el bosque. El impulsivo aristócrata ni tiempo se dio para responderle, mucho menos para despedirse, ya iba en camino de la búsqueda del amor de su vida.
— ¿Pero Candy, qué has hecho?—a todo galope se preguntaba angustiadamente el actor.
Él conocía demasiado aquellos bosques tanto como la palma de su mano; los había recorrido mil veces desde pequeño, primero en compañía de sus padres y después en su adolescencia durante sus solitarios paseos. Giró, por enésima vez, para tomar otro sendero, pero no encontró a Candy ni al carruaje por ningún lado.
Desesperadamente al cabo de unos minutos Terry llegó a su campirana mansión, como un huracán recorrió todos los rincones de la pomposa casona pero no encontró ningún rastro de ella. Decidió salir para buscar nuevamente a Dorothy, tal vez él había escuchado algo mal.
— ¡No está! ¿A dónde se fue? —a gritos le decía el actor a Dorothy.
Pasó un momento antes de que ella entendiera lo que él quería decir. Terry bajó de un salto del caballo y corrió hacia ella.
— Dios Santo, los soldados estuvieron aquí y ella se acercó a ellos. Eso fue lo último que vi, pues ella me apresuró para que rápidamente lo buscara, me dijo que no debía perder más tiempo.
— ¿En qué estaba pensando Candy? —Interrogaba el actor a la moza mientras sutilmente la zarandeaba por los hombros.
—Ella quiere salvarlo, y me pidió que le dijera que lo mejor es que se quede escondido en el bosque. No quiere que lo atrapen. Acordamos que usted se quedaría en el bosque durante el día, porque no había manera de que entrara en su casa sin ser visto por esos soldados.
—Ésa no es buena idea y mucho menos lo correcto—dijo él al momento que la soltaba.
El joven desesperado otra vez subió al caballo de un salto. Se lanzó hacia el equino tan rápidamente que estuvo a punto de caer al suelo. Lo abrazó con todas sus fuerzas y se aferró a él. Mientras cabalgaba Terry ya no sentía sus latidos era como si le hubieran sacado el corazón del pecho, se le humedecieron sus ojos al pensar:
—"Está en peligro de muerte, como siempre por proteger a todo el mundo salvo a sí misma… ¿Porqué lo has hecho Pecosa entrometida? Acaso nunca medirás las consecuencias de tus actos".
Terry sintió una punzada de pánico y comenzó a darse cuenta de que Candy no era la única a la que había puesto en peligro, también toda su familia corría un grave riesgo a causa de sus acciones. Echó un vistazo breve, cauteloso, por el perímetro, entonces decidió dejar el bosque y su mansión para continuar la búsqueda rastreando el pueblo y centro de Escocia.
Cada kilómetro avanzado solo lo introducía en un laberinto de dudas, Candy ocupaba su mente y debilitaba su razón, la tensión de Terry aumentaba conforme a tanta distancia recorrida sin llegar a nada.
Unas pocas horas después, Terry espulgaba el centro y puerto de Edimburgo, se detenía en cada lugar sospechoso. Le preguntaba a las personas a quienes veía alguna señal de haber observado algo. Su desesperación iba en aumento y lo peor fue cuando su mente se vio invadida por imágenes de Candy herida o… muerta. Aquello era culpa suya, y rezó para que estuviera bien. Si le llegara a ocurrir algo grave, él no se lo perdonaría nunca.
*******
Se dirigían a un gran edificio aunque muy antiguo su diseño lo hacía parecer como una fortaleza. La Pecosa dudó de las intenciones del militar y pensó:
— ¡Dios mío! me están llevando a prisión. —imaginó.
— ¿Disculpe, señor acaso estoy siendo prisionera? —se atrevió a preguntar.
— ¡Claro que no! Relájese, si lo dice por lo imponente de este lugar, tranquilícese aquí es la embajada francesa, se encuentra en un lugar público, sólo que este edificio fue construido hace siglos por eso tiene una apariencia tenebrosa como de un anticuado fuerte. —decía muy sonriente August Chataline.
Al descender de los caballos y del carruaje todos los tripulantes ingresaron al interior del viejo edificio, mientras cruzaban el vestíbulo Candy observó las banderas francesas que colgaban por todas las partes visibles, pero las piernas de la Pecosa empezaron a temblar de manera casi incontrolada, cuando llegaron al interior de la oficina del General Chataline, pues lo primero que vio fue el cartel con el retrato de Terry.
Estaba atemorizada por el hecho de que ya hubieran identificado a Terry, ella había estado encubriéndolo, y eso la convertía también en cómplice.
— ¿Gusta una taza de café o té? —preguntó el inquisitivo oficial.
—Muy amable general, pero no, gracias. —su estómago acababa de recibir una fuerte dosis de angustia, no toleraría recibir algo más.
Candy de manera disimulada seguía leyendo el cartel, se sorprendía de ver que efectivamente ofrecían una recompensa por Terry, tal como le había dicho Neil.
El maduro militar era demasiado perspicaz y notó la indagación de la Pecosa.
—Puede tomar como obsequio el cartel, veo que le ha llamado la atención, se lo brindo como un recuerdo, si lo desea.
Candy sintió que recibía una bofetada con esas palabras, le dolieron en demasía.
Mostró pequeños indicios de una determinación que no temía a nada. Sin mirarlo, Candy se apartó bruscamente y se dirigió con naturalidad hacia el lado opuesto al cartel. En su rostro no había el menor asomo de la agitación por reconocer la imagen del rostro de Terry en el anuncio. El aspecto de Candy era de despreocupación, de indiferencia. Ella retomó su postura de indolencia, sabía que él lo hacía para desequilibrarla.
—No, por supuesto que no, ¿debe estar bromeando verdad? — Era inocente y osada, pero ahora actuaba demasiado arrogante como para admitir que estaba asustada, aunque en efecto lo estuviera no lo demostraría.
El general no perdía detalle, la observaba con extrema intensidad, de una manera hostil, grosera, y desconfiada.
—Entonces madeimoselle, ¿Qué es lo que me tiene que decir? Le advierto que soy demasiado impaciente, así que vayamos al grano.
— ¿Perdón? A qué se refiere, no le entiendo…—pero violentamente fue interrumpida.
— ¡Déjese de estupideces y dígame dónde se esconde su "amiguito"! —le gritó el enfadado francés.
—No lo conozco, no sé de quién se trata, por eso mismo observaba detenidamente el cartel, para ver si lo identificaba pero no, me resulta un extraño…
— ¡Es una mentirosa! —poniéndose de pie y golpeando sus manos contra el escritorio el capitán le gritó.
— ¡Alto, no le permito que me hable de esa manera! Es mejor que me retire. —Candy emprendió su retirada.
— ¡Aquí las órdenes las doy Yo! El interrogatorio no ha terminado, y le dije que fácilmente me exalto con las mentiras. Así que coopere y dígame la verdad. —el energúmeno hombre le ordenaba.
—Usted no se está comportando de una manera adecuada y educada, me está faltando al respeto y no se lo voy a permitir.
—Si usted fuera una dama la respetaría, pero ambos sabemos de la pésima reputación que tiene. —se dijo lanzándole una lasciva mirada.
Candy se enfureció mucho más, pero también sintió miedo. Ningún desconocido la había abordado nunca de aquella manera. El corazón se le paralizó durante un segundo, después comenzó a latir desbocadamente. Tenía que controlar su enojo, desconfianza, rabia e impotencia.
— Le sorprende que conozca demasiado de su vida, déjeme decirle que tuve un excelente informante, por dinero la gente vende hasta su alma, así que empiece hablar! ¿Dígame acaso Chris se sigue escondiendo en su recámara? ¿O negará que docenas de personas lo vieron ahí?
— ¿Chris? —Candy estaba estupefacta, trataba de ligar ese nombre con el rostro de Terry. Y un ruido detrás de ella la alertó. Empezó a darse la vuelta y vio que el general ya estaba detrás de ella.
El rabioso hombre al ver que no respondía siguió torturándola más, la estrujó de sus brazos, para luego darle una fuerte bofetada. A pesar del fuerte golpe, Candy aún seguía con absoluto silencio, por lo que enfureció más al bestial hombre, el cual la agarró brutalmente de su rubio cabello, y luego sacó una de sus navajas la acercó demasiado por su rostro y siguió bajando por el cuello hasta rasgarle un tirante de su vestido.
Candy cerró los ojos intentando vencer el pánico y la repulsión. Solo era un acto físico. Simularía que no era amedrentada. Fingiría, pensó con amargura, pero sería capaz de soportarlo. Nada iba a impedir que interviniera por salvar a Terry, estaba decidida a ayudarlo a que escapara del país sano y salvo, aunque ella arriesgara todo, incluyendo su vida.
—Yo no sé nada, déjeme ir, a estas horas mi familia debe estarme buscando, le recuerdo que soy una Andrew.
—Aquí no importa quién diablos sea usted, sabe que este lugar puede ser una prisión donde yo fácilmente podría desaparecer a jóvenes damiselas como por arte de magia.
La Pecosa había llegado asustada, aunque decidida a salvarle la vida a su rebelde. Había utilizado su fingida frivolidad e indiferencia como camuflaje para enmascarar el miedo y la incertidumbre. Pero el fiero deseo de proteger al hombre al que había amado como a nadie en su vida, no disminuía ni una pizca ante la inhumana y brutal presencia y trato de ese militar. Ella sólo clamaba al cielo para que un milagro interrumpiera ese terrible interrogatorio.
—Sabía usted que la venganza es un sentimiento muy difícil de ignorar jajaja, y me confiaré en ello… mientras aprovecharé para comer, su plática me ha abierto el apetito ferozmente. — dijo el cruel hombre.
Inesperadamente llamó a tres de los soldados, les ordenó que la vigilaran, les pidió que la arrinconaran en el peor lugar de ese edificio. Los guardias comenzaron a arrastrarla hacia la puerta. Con un suspiro de resignación, ella se dejó conducir por el pasillo. Para sus adentros, rezó una oración con el fin de que su amado rebelde sintiera que estaba con él, si no corporalmente, sí en espíritu.
«Señor—rezó—, por favor, haz que venga a rescatarme.»Ahí en el deplorable y mal ventilado lugar Candy imploraba.
Los tres soldados ahí reunidos la estaban observando de una manera lujuriosa que a Candy le pareció, como una jauría de perros callejeros que se disputaban un trozo carne, mientras la atmósfera se cargaba de inseguridad, deseo animal y señales de violencia.
Durante cinco interminables horas, Candy recorrió de un lado a otro aquella húmeda "celda", se tragó una oleada de miedo, pero no pudo reprimir un estremecimiento. Intentó hacer caso omiso del frío que reinaba en el reducido cuarto, del aire húmedo y contaminado por el humo de los cigarrillos que los guardias fumaban.
Todo fue tan confuso estaba tan asustada, apenas podía pensar. El General August Chataline era un demonio que la atemorizaba, y luego también estaban sus escoltas. Al recordar el modo libidinoso en que la habían observado, se le ponía la piel de gallina. Temía tanto que tarde o temprano nuevamente se atrevieran a golpearla, pero aún más la aterrorizaba la idea que la tocaran, o lo peor que tuvieran el deseo de poseerla. Con la sensación de asco y horror recordaba lo que le decían todas aquellas miradas lujuriosas que la veían. Por mucho que se resistiera, tal vez finalmente terminarían abusando de ella.
—Esta es la "Lady" —dijo el francés más gordo, y ella recordó sus dientes llenos de caries y su fétido aliento durante aquella misma mañana que la ayudaron a subir al carruaje que ellos mismos custodiaron.
—Es hermosa, fina, tan atractiva es un manjar. —decía un militar que también se acercó a su lugar y desde la puerta la contemplaba.
—Con esa muñeca ahora yo tendré el primer turno —objetó el tercer soldado de labios gruesos y mirada hosca, dedos chatos y uñas sucias.
Candy reprimió una gran oleada de náuseas. Tuvo la aterradora impresión de que las paredes de esa oficina se volvían una prisión que se cerraban en torno a ella y que nunca podría escapar, por eso seguía implorando ayuda celestial.
«Señor, haz que vengan a rescatarme», rezó por centésima vez.
—La última jovenzuela fue un bocado muy apetitoso y era virgen. Sin duda, ahora yo seré el primero. —Sonrió con una mueca dejando al descubierto los renegridos dientes que le quedaban.
Candy por todo el mundo hacía sacrificios; por todo el mundo se comprometía. Siempre que la necesidad fuera lo bastante grande, pero ahora ver y sentir el peligro tan cercano la inquietaba de sobremanera. Y al notar que continuaban disputándosela la Pecosa bravuconamente los silenció y corrió de ahí.
—¡Cállense y Aléjense de aquí! ¡Fuera, largo! —les gritaba a todo pulmón y con extremo coraje les lanzaba los objetos que tenía a su alcance.
Los tres militares franceses burlándose de ella se retiraron, no querían problemas con el general a causa de su juego por la chica, y decidieron hacer la guardia desde la entrada principal del edificio, querían alejarse de la tentación que la hermosa Candy les representaba.
—Es mejor que nos distraigamos con el movimiento y ruido de la calle, además en cuanto lleguen el general y el otro, nos relevarán y nosotros nos podremos ir a cenar también. —era lo que se decían entre sí antes de dejar completamente sola a Candy.
*******
La oscuridad y la desesperación cayeron sobre Terry como una losa negra y pesada. Iniciaba la madrugada, él había atado las riendas de su caballo algunas cuadras atrás, y ahora se encontraba caminando entre las calles de la ciudad, al llegar a la encrucijada de un camino poco transitado que seguía de frente y una vereda más estrecha que se desviaba hacia la derecha.
Con el silencio de la noche Terry se concentraba para decidir cuál de los dos caminos tomar, estaba indeciso pero su disyuntiva se vio interrumpida por unas voces masculinas que llegaban de ese último lado, risas y gritos acompañadas de ruidos por golpes. De pronto percibió una voz femenina, que ante sus oídos era suave como la brisa del verano entre las hojas y con un grabado timbre en su corazón, inigualablemente era la de su Pecosa.
El agotamiento se adueñó de ella, Candy había permanecido sentada en la misma posición, abrazándose las rodillas contra el pecho, escuchaba que afuera el viento húmedo y frío empezaba a ulular entre los árboles.
La noche había caído pesada y oscura, Candy estaba acurrucada contra la pared, temblando. Se había envuelto con el vuelo de su vestido. De repente oyó un ruido en la entrada. Se le aceleró el corazón al ritmo de los fuertes pasos que resonaban en el vestíbulo, temía que fueran los infernales soldados que la acosaban junto con el endemoniado general.
La puerta se abrió de golpe, la imagen de un hombre alto, esbelto y pálido, con sus radiantes y largos cabellos oscuros que le caían sobre unas finas cejas, y unos ojos de un azul profundo que brillaban entre unas tupidas pestañas, dándole un aspecto a la vez de valiente y caballero. Candy gozó al ver su sutil e innegable aspecto de depredador, con una mirada profunda, una boca de una sensualidad salvaje y una mandíbula dura y angulosa. Era Terry de pie en el umbral, con un semblante sombrío que contestaba a su pregunta y milagrosamente a sus rezos.
Asombrada, Candy se talló los ojos. ¿Acaso no había fantaseado, secretamente, con la idea de que él apareciera en el último momento para salvarla. Ella estaba, mirándolo fijamente, no podía creer lo que veía. Nunca le había brincado tanto el corazón, y esa súbita agitación le costaba un enorme trabajo de no precipitarse hacia él y abrazarlo.
En aquel momento, Terry olvidó el daño que le había hecho, su rechazo. Olvidó su enfado. Estaba muy preocupado por ella, y no tenía forma de deshacerse de aquellos sentimientos. Desde el otro extremo él debió de percibir su mirada y se volvió hacia ella. Entró moviéndose con sumo cuidado, inseguro de sus fuerzas, parpadeaba con rapidez, sus labios se movían temblorosos sin ton ni son. Miró a su Pecosa con sobresalto, como si no hubiera esperado verla allí. Soltó un grito ahogado y extendió la mano.
Terry llegó a Candy, le sonrió un poco y ella se dio por vencida lloró, al instante lo rodeó con sus brazos y lo apretó. Ella se tragó el nudo de angustia que sentía y lo abrazó con fuerza mientras intentaba atesorar aquel instante, el más grandioso de su vida apenas lograba verlo por entre el raudal de lágrimas.
—Dime que eres real, temo que seas una alucinación y desaparezcas. —con su voz quebrada preguntaba Candy.
Ambos sentían como si aquellos largos meses de separación no hubieran existido, más sin embargo, al mismo tiempo les parecían toda una vida. Candy no deseaba otra cosa que seguir posando su cabeza en el amplio y duro pecho de su amado.
Terry la miró con amor. Le resultaba tan difícil no permitirle que se refugiara en su pecho, él en su interior se había jurado protegerla, enfrentarse al mismo demonio por la vida, felicidad, paz y amor de su Pecosa, pero hizo acopio de valor para no ablandarse. En su pecho aumentaba la presión por ese momento, Candy percibía todos y cada uno de sus latidos, no sabía si era por la inverosímil cercanía que ahora tenía con Terry y que nunca antes habían gozado, o si escucharlos fuera parte de la magia de ese sueño en que se encontraba.
Terry se dio cuenta de que Candy se había tranquilizado; el temblor había cesado. Suspiró, aliviado, y la apretó más contra su pecho. Le besó la cabeza, pensando en los sentimientos que lo dominaban, abandonándose a ellos. Candy había sido su vida desde que se habían conocido. Si hubiera tenido una posición distinta en la vida, su corazón estaría lleno de esperanza y alegría, si hubieran luchado juntos, si hubieran sobrepuesto su amor, tal vez ahora nada de eso hubiera ocurrido, tal vez ya estuvieran casados y con media docena de hijos. Pero era tan doloroso conjugar ese "hubiera" que decidió no analizar más las cosas. Estaba sobrecogido, y en mitad de aquel milagro, supo que guardaría aquel momento en su alma y se lo guardaría como un recuerdo para él para siempre.
—Soy yo, mi amor—le susurró Terry al oído.
«Y tú eres mi vida», hubiera querido ella contestarle.
Aquel aristócrata rebelde tenía la virtud de acelerarle el pulso. Y la mayoría de las veces, sin intentarlo siquiera. Candy se aferró a él, las rodillas amenazaron con flaquearle. Terry le alisó hacia atrás un largo mechón de cabello y se lo colocó tras la oreja.
En algún momento de la larga noche él sabía que tenía que enfrentar el peligro por salvarla, pero a esa hora él sólo quería permanecer abrazándola, en ese acto quería protegerla, aliviar la tristeza que adivinaba en su cara. Indudablemente estaba enamorado de ella. Se le acercó y deslizó un brazo por su cintura.
Candy se dio cuenta de que estaba enganchada a su cuerpo delgado y musculoso con tanta fuerza como podía. No quería soltarlo por si acaso él se desvanecía en el aire. Él tenía la barbilla apoyada en la rubia cabeza, y ella tenía la cara metida en su varonil cuello.
—Soy yo —le dijo él rápidamente abrazándola con más fuerza e ignorando sus propias e internas protestas. —Estás pálida. No estarás enferma, ¿verdad?, ¿Qué te han hecho? —le preguntó sin romper el abrazo.
La voz que llevaba meses oyendo solamente en sus sueños, la voz del amante en las sombras de sus noches de desvelo y desvarío, ahora era real tan palpable como el aliento de Terry en su cabello. Ella misma se dio cuenta de lo aterciopelado que se había vuelto su tono de voz.
Terry tenía el semblante pálido, lo que daba a sus ojos un tono azul aún más asombroso, incluso cansado y preocupado, era encantador. Él nunca la había mirado de una manera tan penetrante como en aquel momento.
¿Estaba Candy confundida, o Terry sentía la misma necesidad, el mismo deseo que ella? A pesar del cansancio, del frío y del hambre que ella sentía, nunca había sido tan feliz.
—Tienes frío, y esta noche va a refrescar aún más —dijo él.
Al instante, ella pensó en la manera más evidente de remediar aquello y sonrió. En sus brazos, ella nunca pasaría frío. Y en aquella ocasión ella sentía que se respiraba el amor entre ellos, a pesar de las terribles circunstancias, del abominable lugar en que se encontraban. Era increíble lo que le estaba sucediendo. Terry había vuelto para buscarla. Era un sueño hecho realidad, un milagro.
El tiempo se quedó inmóvil para estos eternos enamorados, aún se abrazaban el uno al otro con tanta fuerza, con tanta desesperación. La estrechez de su cálida muestra de amor permitía el placer absoluto de gozar la extremada cercanía que tenían, ni una aguja cabía entre ellos, estaban más que unidos. Se recorrían el cuerpo con las manos para convencerse de que estaban juntos de nuevo, apretándose más y más, como si eso aún fuera posible. Un reencuentro en el sentido más dulce y personal, un encuentro tan sincero, logrado con ese abrazo tan lleno de júbilo y amor, y por fin alcanzado.
El tiempo pasó mágicamente para los enamorados. Ni el fuerte viento que aullaba al pasar por las diminutas rendijas del exterior, coreado por el lamento de las ramas de los árboles que parecían querer ser arrancados desde la raíz.
Nada interrumpió su mágico momento a la pareja hasta que otro estruendoso ruido los separó, era el sonido gutural de la risa del General August Chataline.
—Jajaja, veo que no me equivoqué, pero mira nada más que estúpido panorama tengo. Sabía que te encontraría aquí Chris, acerté contigo de igual manera que con ella cuando te advertí que ésta ya tendría tu sustituto. Jajaja, no cabe duda que son tal para cual.
Por la mirada de satisfacción en los ojos de August Chataline, parecía que Terry había mordido el anzuelo. En esta ocasión el joven impetuoso reaccionó tal cual había profetizado su enemigo. Tal como en el pasado en la prisión el aristócrata lo había atrapado, ahora el general igual lo había hecho con él.
—Vaya, vaya Chris… ¡Debes ser todo un hombre para manejar a una loba como ella! y volvió a reír. Ahora resulta que el lobo resultó ser un manso corderito domado por una zorra. ¿Es que no tienes orgullo? Si hasta yo me he sonrojado por tu forma de mirarla. Solo un hombre enamorado mira así a una mujer. Jajaja no cabe duda de que eres un estúpido.
—Si le hace daño a ella, sea como sea, en la medida que sea, lo mataré. —lo amenazó Grandchester.
Terry no podía haber reaccionado de ninguna otra manera, lo único que quedó en manifiesto fue la necesidad instintiva de proteger a Candy, una necesidad tan innata, tanto enraizada y profunda, y tan salvaje que sorprendía a su enemigo.
— ¿Lo ves? De nuevo esa arrogancia. Todas esas graves amenazas resultan demasiado teatrales, más que payaso presiento que eres actor jajaja. Interpretas muy bien tu papel de príncipe valiente jajaja —seguía mofándose el vil militar. —Lo único que lamento es no haber terminado lo que empecé con ella… pero tal vez finalmente me dé el gusto, lo pensaré jajaja.
A Candy le empezó a girar todo a su alrededor, mientras veía como los dos hombres se azuzaban para enfrentarse, los nervios por la inminente pelea de Terry la afectó tanto que sintió que en ese momento se iba a desmayar.
— ¡Maldito, voy a matarte! —Terry se iba a lanzar a golpes sobre el general, pero al soltar a Candy, sintió que la debilidad que ella tenía no la mantendría de pie, inmediatamente regresó para evitar que la rubia se desplomara.
—Jajaja, ¿Cómo vas a matarme con palabras, o amenazas? Jajaja mejor voy por los grilletes… no mejor dicho por sus ataúdes, y como ha sido un día espectacular los dejaré solos en esta "romántica madriguera" para que se despidan, aprovechen sus cinco últimos minutos de vida.
— ¡Dios mío! — me pregunto qué pudo haber hecho un muchacho tan noble y educado como Terry para despertar la ira del eternamente irritado general. — ¡Soy una idiota, egoísta! —se reprochaba a sí misma la rubia.
Candy se había alegrado realmente cuando Terry había aparecido. Como si fuera una especie de caballero, y ella una princesa. Había deseado que él la rescatara, que la reclamara como propia; y en ese momento, Terry podía morir por ello, y ella sentía tener toda la culpa.
— ¡Terry, perdóname! —se desplomaba Candy rompiéndose en llanto.
Al ver su propio dolor reflejado en el rostro de ella, él se dio cuenta de que Candy también había temido hasta aquel instante por su vida.
—No, Candy ha sido mi error. Toda la culpa es mía. —él con su voz quebrada le respondía, pues en su inquebrantable comunicación silenciosa percibía y le dolían los pensamientos de ella.
Terry yacía con una rodilla apoyada en el piso y la otra extendida, mientras sostenía en brazos a su amada Pecosa.
C O N T I N U A R Á . . .
Gizah
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HOLA NIÑAS HERMOSAS Nuevamente aquí terminé un capítulo más, quedo a la espera de sus comentarios, reclamos, tomatazos, sugerencias, aportaciones, dudas, y demás etc…
MAFMZT: ¡Ya me estaba preocupando porque no me escribías Machel! Pensé que tu ausencia se debía al sabor amargo del anterior capítulo, la sensación de coraje, desesperación, decepción y demás emociones… a mí me crearon una especie de culpabilidad y temor hacia ustedes mis lectoras del alma. Erróneamente pensé que ya había perdido a una querida Amiga-Lectora-Crítico, pero no fue así (jajaja tuve una reacción tipo las de Terry: impulsiva).
Ya despejando los malos pensamientos, te agradezco tu confianza de pasarme tu msn, ya que así estaremos más comunicadas, pues me encantó la idea de intercambiar ideas y de compartir los gustos que tenemos en común. Así que pronto chatearemos Machel! Gracias por tu compañía Amiga.
ELHYZHA: ¡Que alegría tenerte de nuevo! Sinceramente extrañé tus comentarios, me pareció raro que te ausentaras. Discúlpame porque vuelves y te sigues encontrando tristezas verdad? Y en cuanto al alcoholismo de Candy, siento que fue una debilidad que no volverá a pasar, creo que ha aprendido bastante la lección la Pecosa. Veamos cómo te parece este capítulo Amiga. Gracias por volver!
GABY LOVE: Hola niña mucho gusto conocerte! Ha sido muy genuino tu review, aún me acuerdo de tu análisis y me suelto a carcajadas, es que nunca me había imaginado a Candy de "EMO"-"SUICIDA" Jajaja, eres muy divertida lo sabías?
Me ha encantado tu forma alegre de ver el fanfic, es una perspectiva muy actual y divertida (alivianada), ojalá que en lo sucesivo te siga gustando la historia. Me despido con la esperanza de volver a ver un review tuyo en el futuro. G R A C I A S!
MOONDAN: Mi querida Moon, creo que he encontrado a la psicóloga perfecta para nuestra pareja favorita, mira que me gustó mucho tu review y dije, Moon les ayudará mucho a T&C como terapeuta para que salven, recuperen y logren su relación. ¿Cómo ves Amiga, te animas para hablarles de ti? Jajaja.
¡Ay Moon, espero no haberte lastimado tanto con esa daga que incrusté en tu pecho! No me odies por ser tan cruel con ellos, pero ahora por lo menos me acerqué un ápice a la felicidad con ese anhelado, maravilloso y majestuoso abrazo. Ojalá lo hayas disfrutado. TQM. Moon!
VEKKA: Bienvenida a esta humilde historia, tus palabras me han emocionado muchísimo, han sido un gran estímulo para actualizar rápidamente. Gracias por escribirme y expresarme tu opinión de mi primer trabajo. Espero de todo corazón no decepcionarte y si llegara a suceder de antemano te digo que estoy poniendo mucho esfuerzo en complacerlas. Ojalá te siga gustando Vekka, hasta luego! y G R A C I A S!
NASHTINKA: ¡Ay Nash, si vieras como encontré alegría en tu review! Es que tuviste la misma percepción que yo mientras escribía ese capítulo, así gocé con la persecución y paliza que le dio Terry a Neil, y de igual manera sufrí con la Pecosa cuando Terry la humilló y lastimó. ¡Wow, insisto en que tenemos cierta conexión! Pues mira que aparte de la percepción, qué increíble fue que tú también metiste una escena similar en tu fic. Si que estamos conectadas Amiga, ahora esperaré tu comentario respecto al último cap.
PD.- Nash, dijo Terry que estaba infinitamente agradecido contigo, él también piensa que estas conectado con él porque se asombró al leer tus hermosas cartas, dijo que palabra tras palabra le fueron sacadas de su pensamiento y corazón. Se maravilló por ser él tu inspiración y porque expresaste y compartiste lo que él durante mucho tiempo guardó sólo para él: el contenido exacto de tus cartas.
CANDIDA: Hola Centinela! Qué milagro que andas por estos rumbos fuera de la mansión. Me ha encantado el hecho de encontrarme contigo así como con tu review. Sé que no tengo consideración hacia nuestro amado por hacerlo sufrir tanto, merezco que arda mi corazón cada vez que escribo esas atrocidades para mi caballero inglés. Ya parezco disco rayado sólo con decir que algún día le compensaré y lo malo es que no llega el capítulo de la completa felicidad. Bueno seguiré intentando a ver que día paro de lastimarlo. Gracias por tus bendiciones Candida, por Dios bendito que me han llegado, y con toda la sinceridad deseo que Dios te multiplique y recibas todas las bendiciones que nos brindas Amiga.
MARIA FANS NUMERO UNO DE TERRY: Gracias por estar siempre al día con mi fic Mary, y vaya que me has hecho reír con eso de que ni el diablo quiere a Neil, más que chiste es una verdad jajaja.
Y qué suertuda me saliste eh! ¡¡¡Mira que tocar las manos suaves y blancas de Terry!!! Y lo mejor recibir un beso de él en tu mejilla ¡Wow eso sí que es una fortuna! Yo si fuera tú no me hubiera dejado de tocar mi cachetito, lo haría para seguir tratando de percibir aún su mágico tacto. Felicidades Mary tuviste un hermosísimo sueño.
MALINALLI: Amiga mía, te confieso que cuando leí tu mensaje durante la edición del capítulo, me atemoricé, y dudé en publicarlo. En cada palabra que me escribiste sentía tu enojo y eso fue lo que me dio miedo, temía que otras lectoras también terminaran odiando a Terry por su actitud. Hubo un momento en que abrí una nueva hoja y empecé a reescribir el capítulo, pero hubo algo que no me lo permitió.
Y finalmente hice acopio de todo mi valor para subirlo, pero ¡ah cómo sufrí! Mi querida Maly, siento haberte puesto los pelos de punta con el cap. anterior, ya buscaré la forma de solucionar este lío. Mi "Cazadora de Sueños" no me los conviertas en pesadillas jajaja. Gracias por tu importante comentario y tu infalible ayuda. TQM.
PD.- Maly, por favor te pido un millón de disculpas y perdones por no esperar tu revisión, pero tuve que subir hoy el capítulo, pues debido a las elecciones del 5 de Julio, a partir de hoy estaré sumamente entregada al trabajo, y si no lo subía hoy ya no lo podría hacer hasta el siguiente weekend y eso significaría una semana de retraso. Amiga, por favor entiéndeme si?Perdóname!!!
LADY ANNALISE: ¿Cómo está eso que tienes ira por Terry y luego que no quieres que sufra? Verdad que fácilmente uno se deja llevar por la dualidad de las emociones y siempre quien la lleva es el sentimiento real. Eso mismo fue lo que le pasó a nuestro caballero, se dejó dominar por los endemoniados celos, recuerda que es muy impetuoso y temperamental.
¿Cómo se te hizo este capítulo, arreglé el desorden o empeoré las cosas?... ¡Ay Amiga! Espero tu respuesta, mientras te imaginaré pensativa y ya no agonizante. Muchísimas gracias por tus lindos deseos, la inspiración llegó sólo falta saber si fue buena o mala. Besitos Lady!
MARIANA WAY: Jajaja pero qué manera tan simple de decir las cosas tienes mujer! todavía me estoy riendo de tu sugerencia de darle Dalay a Patty en lugar de los "tecitos mareadores" Jajaja cómo eres ingeniosa para crear apodos y demás (en eso te pareces a Terry) pues mira la facilidad para crear sobrenombres.
De Candy pues entre tanto fondo de botella que vio ya no andaba ubicando la realidad pobrecita, pero que se le aparece el chamuco en persona y le dice de hasta de lo que se va a morir, de seguro que con eso reaccionará.
Amiga, yo fui al concierto que dio Metallica el sábado 06 de junio, y los dos teloneros se lucieron, tocaron super bien, pero ya sabes la euforia por ver ya a Metallica nos hacían eternas sus canciones, por eso estuvo bueno el rechifladero. Luego le sigo bye!
