I N Q U E B R A N T A B L E
CAPITULO 12
"EL REENCUENTRO"
Internamente se decía a sí mismo, que lo hacía por patriotismo, por salvar vidas y por reto intelectual, pero sabía, con cierta vergüenza, que le gustaba el peligro que su "trabajo" representaba, le causaba placer escapar del peligro. Además, le satisfacía usar su inteligencia y habilidades físicas para derrotar a sus oponentes.
Poseedor de un talento para adoptar múltiples identidades, alias y acentos, con ello lograba mezclarse con personas de distintas clases y lugares sin ser detectado. Sus modales templados y su aspecto atractivo y discreto, lograban que le fuera fácil pasar desapercibido por doquier.
Armand D'Lapierre, "El Diplomático" identificaba a la mayoría de los ilustres rostros concentrados en el Parlamento del Reino Unido, astutamente había entrado en contacto con la mayoría de los concurrentes desde su llegada a esa gran ciudad. Era bastante inteligente para filtrarse a cualquier lugar y con todo tipo de gente, incluyendo a los prepotentes y engreídos lores, pues abundaban más las caras menos amistosas que las amables. Su escurridiza presencia ante los nobles de la monarquía inglesa le permitió saber que el Sir Richard, Duque de Grandchester ya se encontraba en Londres.
Después de haber dejado instalada a Eleanor en la suite principal del Hotel Savoy, el Duque de Grandchester se dirigió a la Cámara de los Lores.
— ¡Buenas tardes, mi Lord!, ¿me permite algunos minutos por favor? —le pedía mientras lo alcanzaba.
— ¿En qué puedo ayudarlo? — respondió al momento que se detenía para girarse.
Al voltearse para ver el rostro de la persona que lo saludaba, se encontró con un distinguido joven engalanado en un fino traje oscuro, reluciendo sus bien lustrados zapatos. Obviamente que su refinado porte y seguro desenvolvimiento dejaba en claro que su personalidad era de una excelente condición social.
— Me urge tratar con usted un asunto oficial y personal, su excelencia —dijo Armand.
—Por diversas fuentes, ha llegado a mis oídos que ha estado haciendo averiguaciones sobre mi persona. Y no estoy seguro de tener algo que tratar con usted ¿Señor...? —dijo con frialdad—. No entiendo su presencia aquí, no habiendo sido invitado. No tenemos una relación que debiera inducirlo a creer que puede seguir a su antojo mis pasos, pues hace un momento también lo vi rondando el hotel donde me hospedo. Su comportamiento dista mucho de ser caballero, ¿Señor...? —.El duque insistía en saber su nombre mientras lo escudriñaba de arriba hacia abajo —. Su rostro me es familiar –dijo Grandchester sin apartarle su dominante mirada.
— Lo sé, es que las autoridades francesas han puesto precio a mi cabeza, y a la de su hijo.
—¿Qué es lo que ha dicho? —extremadamente sorprendido Richard le preguntaba mientras lo sujetaba del brazo y lo metía a su despacho privado.
—No desconfíe de mí Duque de Grandchester, así empezó su hijo Terruce y terminamos siendo grandes amigos.
Al escuchar esto Richard se sorprendió enormemente, su rostro cambió a la expresión de perplejidad y sobre todo a la de preocupación. Se sirvió una copa para quitar la resequedad que lo invadió.
— ¿Por qué está haciendo esto? —preguntaba Richard a su interlocutor; trataba de discernir las verdaderas intenciones de éste, y sobre todo la veracidad de sus palabras.
— Porque yo le debo doblemente mi vida a su hijo, Terruce Grandchester.
Luego de observarlo detenidamente el Duque reconoció al joven, se trataba del agente conocido como "El Casanova", era el artífice de algunas de las alianzas secretas más delicadas de Europa.
— ¿Tú has sido la persona que sin utilizar la fuerza, fácilmente se ha filtrado en mis propiedades? —preguntó el duque, evitando una expresión de sorpresa —. Te sorprende saberlo, yo también tengo mis "medios" y sabía que desde hace tiempo alguien me investigaba o buscaba algo que yo tengo en posesión.
Armand se encogió de hombros con una modestia rebuscada.
—Bueno, soy un espía francés, mi nombre es Armand D´Lapierre —contrajo el rostro en una mueca de intensa concentración antes de iniciar el relato de lo acontecido a él y Terry.
— Terruce y yo fuimos encarcelados en Francia acusados de conspirar para derrocar al gobierno francés, fuimos capturados en New York, pues yo estaba en vísperas de atrapar a un alto funcionario francés que se vendió a Alemania. Y el traidor, al descubrir que yo tenía las pruebas y planes para desenmascararlo y enjuiciarlo, él y sus hombres me persiguieron, me encontraron y me golpearon…—cerró los ojos durante un instante como si estuviera intentando borrar alguna imagen desagradable de sus pupilas—.Aquélla noche, Terry se involucró por defenderme… pero eran demasiados y nos hicieron prisioneros, y habríamos sido ejecutados si no hubiera sido por la valentía y osadía con que Terry nos liberó de aquella prisión.
—Terruce no debería haber estado allí. ¡Fue un error!... ¡Ustedes los jóvenes siempre aspiran y están dispuestos a convertirse en héroes!
—Su hijo por su propia seguridad estaba obligado a mantener en secreto tanto su identidad como su existencia. Conforme pasó el tiempo nos dimos cuenta de los riesgos a los que nos enfrentábamos – contestó el diplomático.
—No tenía ningún derecho de colocarse a sí mismo en tal peligro, y mucho menos de involucrar y exponer la vida de mi "amado hijo" —con impotencia y dolor lo decía el duque mientras con su mano apretaba y quebraba la copa que tenía en su mano.
El dolor que sentía Richard traspasó su ser hasta llegar también al Diplomático, quien al ver el resquebrajado semblante del duque a sabiendas que él era el causante se desmoralizó.
—Duque de Grandchester perdóneme, pero de mi trabajo depende la vida de innumerables personas. Mi misión es vital, porque sabe cuántas vidas se podrían salvar si consigo finalizarla, o de igual manera sabe cuántas vidas podrían ser destruidas, si no lo hago… son cientos, quizá de miles, de personas inocentes.
—Sé del poder que tiene la "información", y más aún durante esta guerra. Con ello se puede frenar o aumentar las cifras de muertes. Lo sé porque a mi cargo tengo la comisión de asuntos extranjeros y bélicos. Pero lo que ahora más me importa es mi hijo, ¿Dónde está? ¿Cómo se encuentra? ¿Porqué no lo acompañó? Mejor dicho lléveme con él en este preciso momento —ordenó Richard.
—Lo siento duque, pero su hijo y yo nos separamos, yo no quería continuar exponiéndolo por eso me separé de él. Terry se dirigió a su villa en Escocia.
—Muy bien, lamento dejarlo pero comprenderá que de inmediato tengo que reunirme con mi hijo, Sr. D´Lapierre —con alegría, emoción, ansía y desesperación se despedía Sir Grandchester, pues le urgía reencontrarse con su hijo.
—Comprendo duque, pero mi urgencia de contactarlo a usted es para informarle que lamentablemente he investigado que nuestro captor se encuentra en territorio inglés. Temo que nuevamente la vida de su hijo esté en peligro, pues hace unos minutos confirmé que ellos también se dirigían hacia Escocia.
— ¡No puede ser! Tenemos que movilizarnos urgentemente.
En ese momento afuera de su despacho se escuchó una fuerte voz llamando al duque al momento que tocaba insistentemente la puerta.
— ¡Richard! ¿te encuentras ahí?, ¡soy Albert y me urge hablar contigo! —se anunciaba mientras abría abruptamente la puerta.
— Disculpa que haya entrado de esa forma Richard, pero me acaban de llamar de Escocia para informarme que unos soldados buscaban a Terry en tu villa, y Candy por querer protegerlo intervino y ahora también está desaparecida. ¿Tú estás al tanto de lo que ocurre Richard? ¿Urge encontrarlos, tal vez estén en peligro? ¡Ambos son tan impetuosos!
— Si Albert, recién me acabo de enterar, te presento al Sr. Armand D'Lapierre. El nos ayudará a encontrarlos.
—Entonces ya saben que Terry es un fugitivo ¿Y si lo atrapan y ella está con él? ¿Y si también la acusan de traición y conspiración? Tenemos que anular su condena ¿Y si no hay amnistía?—desesperadamente hablaba Albert.
— ¡Entiendo cómo te sientes Albert, yo estoy atravesando por los mismos sentimientos, temor, ira, impotencia, alegría, dudas en fin… pero debemos tener la cabeza fría para lograr salvarlos. Pongan atención ya que esto es lo que haremos para ganar tiempo y encontrarlos sanos y salvos —con firmeza se expresó el duque.
*******
Tras la amenaza y salida del General Chataline la puerta se cerró. Terry y Candy se quedaron como estaban durante un momento, sin intercambiar una palabra. Los confines tan reducidos de la habitación imponían una extraña intimidad, aunque en aquel lugar todo lo lejos que podían estar era menos de diez metros.
—No llores Candy, ahora más que nunca necesito de tu fortaleza. ¡Vamos levántate! Por aquí debe haber alguna salida, ven busquémosla antes de que vuelva el desquiciado francés —alentadoramente él trataba de animarla y sobre todo de escapar.
Ambos se pusieron de pie y al iniciar la caminata Terry quiso tomar de la mano a Candy, pero se dio cuenta que ella ocupaba sus manos en sostener los jirones de lo que había sido su vestido.
Apenado, él vio como Candy avergonzada trataba de cubrir su descubierto cuerpo. Terry rápidamente se quito su camisa y envolvió el tembloroso cuerpo de su Pecosa quien tras sentir la mirada atónita, se quedó sin palabras para explicarle porque lo traía completamente rasgado.
Entonces Grandchester se detuvo y la acercó a la luz, detenidamente la observó, y su furia estalló al momento que vio que el bello rostro de la rubia tenía un marcado golpe en la mejilla, era impresionante ver que la nívea piel se opacaba con una oscura e inflamada mancha morada.
— ¿¡Qué es esto!? ¿Qué te han hecho? —con el alma en su voz el rebelde le preguntó al momento que tomaba y besaba sus manos.
—Nada, no te preocupes—el miedo, la vergüenza, y el amor se reflejaron en los acuosos ojos verdes—. Tú sabes lo atolondrada que soy, me caí varias veces en esta oscuridad.
— ¡Por supuesto que mientes! Mira tus brazos y muñecas están llenas de moretones… ¿Candy por cuál infierno has pasado?… Tengo que sacarte inmediatamente de aquí. ¡Urge que te lleve a un hospital! —considerablemente preocupado, enfurecido y atormentado el actor buscaba una salida.
—¿Terry, crees que sea posible escapar de aquí?, ¡tengo tanto miedo de que vuelvan! —le decía mientras lo veía con sus ojos demasiado abiertos de par en par.
—Calma, ya pasó. Estoy aquí, y no permitiré que te toquen, te defenderé con mi vida si es preciso —le murmuró en voz baja y la abrazó—.
En ese momento entró nuevamente el general Chataline, acompañado de su séquito de soldados. Y al verlos abrazados empezó a burlarse de ellos.
— ¡Siguen! …¡Vaya, vaya! veo que si aprovecharon sus últimos minutos para apapacharse. ¡Mira hasta sin camisa te dejó Chris! ¡Wow, qué intensos! Jajaja.
En cuanto Terry vio al general, en acto de protección cubrió con su cuerpo a Candy, pues tenía la seguridad de que Chataline le había hecho todo aquello, la había humillado, acosado, golpeado y tal vez hasta violado.
—Ahora si te mataré Chataline, y no sabes cuánto gozaré al estrangularte con mis propias manos. —los ojos de Terry brillaban igual al de un animal rabioso, la ira y la furia se convirtieron en rabia —. ¡Maldito cobarde, cómo te atreviste a tocarla! —entonces se lanzó a golpes sobre el general.
—No Terry, no te expongas, no busques venganza por mí —le gritó la Pecosa.
Al voltear hacia Candy, Terry se dio cuenta que los escoltas de Chataline ya los tenían rodeados, uno de ellos fue lo suficientemente ágil para atrapar y amenazar de muerte a la Pecosa. El aristócrata dejó de golpear al general para salvar a Candy, cuando furiosamente Chataline ordenó.
— ¡Mátala! —exigió el general con gesto inexpresivo, carente de misericordia y de cualquier tipo de sensibilidad.
El miedo y la alarma se adueñaron de Terry, el cual frenó su avanzar, temía lo peor.
— ¡No, detente! ¡No la lastimes! ¡Suéltala, por favor!—imploraba a todo pulmón y con el corazón el actor.
Candy no podía creer lo que veía, por su distracción el general golpeó brutalmente el rostro de Terry, logrando así someterlo pues ya lo tenía de rodillas y apuntándolo a la cabeza con la pistola y al cuerpo con su espada. La rubia no vio más, su temor la dominó, sus defensas bajaron hasta desmayarla y golpearla con el suelo en su caída libre.
— ¡Deshazte de ella! —el soldado obedeció a su superior, se disponía a salir con el cuerpo lánguido de Candy cuando lo detuvo— ¡Pero, hazlo aquí démosle show a este estúpido!
Terry estaba abrumado por el devastado panorama, sabía que el general era un sádico, un demente. Además si es que lograba vencer a esos cinco armados hombres... ¿cómo le haría para escapar cargando al desmayado cuerpo de la Pecosa? ¿hasta dónde podría llegar?. La única seguridad que tenía, era que él ya no expondría más a su amada Candy.
— Esta bien, Chataline tú ganas, vamos a negociar, pero déjala libre a ella de todo esto. —propuso el inglés.
—Y quien te dijo que estoy interesado en negociar, no estás en posición de hacerlo, estúpido.
—Yo creo que sí, tal vez usted ya me ha atrapado, pero aún le faltan las pruebas que lo exonerarán de sus nexos con los alemanes. Estoy dispuesto a darle esas pruebas a cambio de la vida de Candy. No la toquen, déjenla libre y yo le entregaré lo que tanto ha buscado.
Grandchester conocía que para sobrevivir en un mundo como ése, era necesario que los débiles se embrutecieran y él utilizaría toda su fuerza, valentía y coraje para defender a su Pecosa. Pero ahora más que eso, tenía que utilizar su inteligencia, ya que físicamente estaba en desventaja. Y también sabía que él era la última posibilidad de evitar tanto la violación al cuerpo de Candy, así como de la ejecución de su vida.
Terry de dos largas zancadas llegó a la Pecosa, se inclinó hacia ella. El general Chataline al ver el desplomado cuerpo de Candy, le respondió al aristócrata.
—En ese estado tu mujer no me interesa, no me sirve… está bien creo que aceptaré el intercambio — y dirigiéndose a sus hombres les dijo— ¡Preparen las cosas nos vamos en este momento, y tú Chris, ahí déjala. ¡Muévete! ¡Vayamos por las pruebas ahora!
—El intercambio consta de la seguridad y vida de ella. Por lo tanto, dame el tiempo necesario para que recobre el conocimiento, se valga por sí misma para que se pueda marchar —impuso el actor.
—Jajaja ¡Algo más! Idiota solamente tendrás el tiempo que nosotros emplearemos en preparar nuestras cosas para retirarnos. Además de qué te preocupas, se desmayó y fue un simple golpe que se dio en la cabeza al caer, no se va a morir. Y ni una palabra más, las condiciones las impondré yo.
Terry estaba solo, sin un arma y con una mujer inconsciente, por esas razones pensó que lo mejor era negociar con Chataline. Ideó entregarse sin ninguna resistencia a cambio de que dejara en libertad a Candy, pero antes tenía que dejarle claro a ella que no la amaba de otra manera ella sabría que él se estaba entregando y sacrificando por ella. Y conociéndola sabría que no lo aceptaría. Por eso tenía que decepcionarla, tenía que aborrecerlo.
*******
La puerta se abrió y un sirviente dio pase y anunció:
–Su alteza, el Duque de Grandchester, acompañado por el primer ministro de Inglaterra, y el secretario de estado para asuntos extranjeros –los tres hombres se acercaron para saludar a la reina "Mary de Teck" haciéndole una reverencia.
–¡Bienvenidos, señores! Lamento que no puedan ser atendidos por mi esposo, el rey; pero él se encuentra en una diligencia en Francia.
– Su alteza, lamento ocuparla en nuestros asuntos, pero estos son de extrema importancia para nuestra nación y principalmente para su servidor —expresaba Richard.
– Lo sé, Duque de Grandchester, y es un honor tenerle aquí, pero estoy segura de que debe tener malas noticias, o no me habría mandado llamar a esta hora espantosa. ¿Qué de malo sucede ahora? –preguntó la reina, con una nota de preocupación en su voz.
–Su majestad, debido a las funciones y comisiones que me otorga mi puesto en la Cámara de Lores, desde hace tiempo he supervisado la investigación y rastreo de espías, y los últimos resultados no son favorables para Inglaterra, ya que temo, y con toda razón, que el equilibrio del poder, que es tan importante políticamente, se altere debido a una posible alianza entre los alemanes y franceses.
–No puedo creer que eso esté sucediendo. ¿Estás realmente seguro Richard? Perdón –dijo apenada al notar que los otros dos hombres fueron testigos de ver la muestra de confianza que había entre el duque y la reina – pero ¿Cómo es posible que puedan hacer eso?
–Algunos mezquinos traidores, es decir unos cuantos franceses han negociado con Alemania, y lo más importante es que ya los tenemos identificados y ubicados, su alteza –con demasiada seguridad le informó el duque.
–No es un problema pequeño lo que arrojan tus investigaciones, se está arriesgando el equilibrio del poder en Europa. Siempre tan astuto Duque de Grandchester, nuestro reinado te debe tantos favores, eres un leal caballero, siempre vas un paso adelante del enemigo.
–Es un honor escuchar sus palabras su majestad, pero lo hago por patriotismo y amor a mi familia. ¿Sabe que mi hijo Terruce ha sido involucrado en este asunto del espionaje?, precisamente esos traidores franceses se han convertido en su sombra, andan tras de él en territorio inglés.
–¡Por Dios! Pero las cosas están peor de lo que parece, ¡¿Cómo es posible que esos franceses estén creando problemas, y sobre todo tras un noble inglés y en nuestro territorio?! ¡Qué Osadía! ¿Y qué se ha decidido o hecho el Parlamento al respecto?
–He enviado un séquito de soldados a Escocia para buscar y proteger a mi hijo, y yo solamente me desvié para hacer de su conocimiento esta inverosímil situación. Ya que llevo bastante tiempo advirtiendo y presentando pruebas ante el Parlamento sobre los movimientos amenazantes de los franceses coludidos con los alemanes, pero no han hecho nada, absolutamente nada ––dijo el duque sumamente enfadado –. Me miran como a un tonto cuando les digo que deberían de modernizar el ejército, aumentar el número de soldados. No se ha adiestrado al ejército para filtrar invasores y armas, y lo mismo se aplica a la marina y fuerza área. Por eso hemos llegado a esta situación, la inseguridad de nuestros ciudadanos, nuestros hijos en manos de cualquier invasor. Mi hijo Terruce impunemente fue encarcelado en Francia durante un año por esos "tipos"
– ¡Dios mío! ¡Ahora entiendo la gravedad del asunto! No puedo creer que sus informes no sean leídos, esto pudo ser evitado, pero ¿Qué les pasa señores ministros? – al ver la expresión que había en los ojos del secretario de asuntos extranjeros, la reina añadió: –Solamente las avestruces meten la cabeza en la arena y pretenden que no está sucediendo nada.
Los dos hombres guardaron silencio, hasta ese momento parecían comprender la seriedad de lo que está sucediendo. Después el primer ministro dijo:
– Lamentamos haber sido ingenuos, realmente no pensamos que la situación fuera tan grave, no imaginamos que Francia se infiltrara en asuntos bélicos contra Inglaterra. Tampoco desconfiamos ya que el Presidente francés es un hombre que aprecia la paz. Siempre nos ha expresado que no tiene deseos de entrar en guerra con nadie.
–Su razonamiento señor ministro, lo considero extremadamente limitado y confiado. Entonces, supongo que tanto usted como el señor secretario de asuntos extranjeros, estarán preparados para inmediatamente dar esa mala noticia a mi esposo, el rey. ¿O acaso pretenden… que también eso lo haga el Duque de Grandchester? –con tono molesto y sarcástico los amenazó la reina.
–Richard, agradezco tu enorme preocupación, tu infalible lealtad y disposición por servir a tu nación, pero ya no tomaré más de tu valioso tiempo, ahora en este preciso momento la prioridad es tu hijo Terruce. ¡Ve, búscalo! Dispones de mi autorización y respaldo para todo lo que llegues a decidir y necesitar.
La reina le sonrió sinceramente y le extendió la mano como señal de despedida. El duque besó la mano agradecido y se despidió.
–Gracias su alteza, no dudaré en tomar su palabra, todo en aras de proteger y salvar a mi hijo, recorreré nuestro país de norte a sur antes de enfrentarme a su majestad con una confesión de fracaso.
Y así, sin más protocolo, Sir Richard Grandchester se retiró rápidamente.
*******
La madrugada se despedía con un crudo frío que se filtraba por los huecos de las puertas y ventanas, entumeciendo los dedos de los pies y de las manos, pero ese inclementefresco no calaba y dolía en el desnudo pecho de Terry, pues él solamente sentía el frío del sufrimiento de Candy. La sostenía en sus brazos, la esbelta figura ahora era un cuerpo caído, la blanca piel había cambiado a un tono lívido. Rodeó con sus brazos a la inerte rubia, como dispuesto a protegerla con su vida, y maldijo entre dientes al sopesar su suave e indefenso cuerpo.
Ella se había sacrificado por él y ahora su vida estaba en peligro. Eso pensaba el actor mientras las imágenes de ver cómo Candy se convertía en una fugitiva, o lo peor que moría a manos de esos desalmados lo atormentaba.
—¡Soy un idiota! Cómo me atrevo arrastrarla a mi desgracia, no ella no debe seguir mi condena.
Estaba amaneciendo, en ese momento los pájaros habían empezado a cantarle al sol y su alegre trinar parecía burlarse de la angustia de los desafortunados enamorados.
La rubia fue despertando poco a poco, se esforzaba por abrir los ojos cuando sintió una aguda punzada en las sienes y ese ligero dolor se expandió por todo su cuerpo. Como un susurro logró pronunciar el nombre de Terry. Ella trató de recordar lo que había pasado, visualizó la última escena y se preocupó por la salud de su amado. Trató de levantarse pero el intento fue fallido pues la punzada del dolor aún seguía rebotando dentro de su cráneo.
Candy percibió que estaba en los brazos de su amado, lo miró y se le llenaron los ojos de lágrimas. Él no podía soportar saber que él era la causa, no podía verla sufrir más.
Terry sintió tan vulnerable a la Pecosa, su sentido de independencia, fuerte e inquebrantable se había esfumado, la Candy que él admiraba y respetaba estaba escondida en el cuerpo de esa bella mujer que empezó a llorar incontrolable, su alma buscaba un desahogo que conmovió profundamente al inglés.
— ¿Te lastimaron Terry?¿Estás herido?— preguntaba porque asustada vio que él también tenía un ojo hinchado. El labio inferior ligeramente abierto por un golpe. Pero aún así con ese deterioro para ella era la imagen más querida y más anhelada en toda su vida.
—Tranquila Pecosa, no quiero que te preocupes por mí, tú eres quien más importa—le dijo él amorosamente.
—¡Lo siento… te hice daño, pero yo te quería ayudar… discúlpame si lo hice estúpidamente!
—Pecosa, por favor no quiero… que vuelvas a acercarte… nunca a un soldado, ¿entendido? —tiernamente le ordenaba mientras la ayudaba a ponerse de pie.
— ¡Perdóname! Pero es que… me desmayé porque nunca te había visto de esa manera… asustado, tienes mucho miedo, lo veo en tus ojos.
— ¡Tengo miedo por ti! —gritó él sin poder contenerse y abrazando fuertemente al debilitado cuerpo de la rubia.
Ella palideció. Los labios de Candy estaban temblando y sus ojos rebosaban una emoción infinita, no sabía si era por las palabras de Terry o por el amoroso abrazo, pero cualquiera de las dos razones a ella la hacía inmensamente feliz. Sentir en su espalda sus manos fuertes, delgadas y sumamente masculinas; todo en él era viril y agresivamente varonil.
Él, ahora que la tenía otra vez en sus brazos recordó que nunca le había declarado su amor, y aún así ella siempre le había ofrecido su lealtad, su confianza y su amistad. Sentía que Candy había cambiado tanto y a la vez nada.
— ¡Perdóname tú Pecosa! tu has sido afectada por mi culpa… En verdad no tengo ningún deseo de arruinar tu vida... todos cometemos errores. Por desgracia, a veces el precio que uno tiene que pagar es terrible.
El suelo pareció moverse bajo sus pies, Candy se tambaleó, estaba tan asombrada por escuchar el perdón del chico engreído del pasado, del patán que recientemente la había humillado, del hombre que amaba, que no podía pensar la emoción y la sorpresa le estaban devorando su interior. Él poseía la resistencia de la juventud y la insensibilidad que acompaña a esta, pero en ese momento Terry le estaba demostrando cuánto le importaba al sincerarse, aunado al acto de valentía y de sacrificio que le había demostrado la estaban desquiciando de alegría. Su sueño más improbable se había hecho realidad.
Candy levantó su rostro para mirarlo y percibió cómo podía ver su alma, se sintió tan atraída hacia él de una manera más allá de las palabras. Consciente del rubor que ardía entre sus mejillas y su pecho. Notó que su cuerpo parecía haber cobrado vida al tocar directamente con sus manos la piel desnuda del pecho y espalda de Terry, palpó la sólida musculatura al extender su roce hasta los anchos y cuadrados hombros.
Se hallaba tan colmada que sólo podía pensar en su seductora cercanía. Como ráfagas pasaban las imágenes de sus fantasiosos sueños, se negaba a la cordura, o a tomar en consideración cualquier realidad que pudiera quitarla del deleite que tenía ahora, mientras lo contemplaba.
La Pecosa lo miraba con los ojos muy abiertos por la sorpresa. Sus labios eran suaves, húmedos y muy temblorosos por la cercanía de la boca de Terry. Y, a él sólo le bastó con verlos para sentir una tempestuosa oleada de éxtasis. Ella despertaba en él tal pasión, tanta emoción, que sabía que jamás podría sentir lo mismo por nadie más.
Él le clavó una mirada abrasadora, y sin darse cuenta había inclinado la cabeza de una manera coqueta. Estaban uno frente al otro sus bocas estaban a milímetros de distancia y de repente… Terry enarcó una ceja, confundido. Él se apenó al sentir descubierto su embeleso por Candy. Carraspeó y trató de hablar.
-Perdón. No he debido... es decir no he sido… -no había palabras para describir cómo él pasó a convertirse en un tumulto de sensaciones caóticas y gloriosas.
El deseo nublaba de tal modo su mente que no podía pensar en nada racional, Terry sentía arder su carne y palpitar sus músculos, ese calor que lo invadía nunca había sido tan explosivo y desesperado. Ella era pálida como la luz de la luna, pero cálida como la luz del sol, así era ella reunía todo lo malo y lo bueno en su ser. Y eso mismo le provocaba a él, desde el más puro sentimiento hasta el más cruel dolor físico y emocional, sin olvidar la exquisita, desquiciante, placentera y dolorosa pasión que por primera vez ahora los recorría.
Terry estaba consciente de no poner en riesgo la vida de su Pecosa al distraerse por dejarse llevar por las emociones surgidas durante un tórrido encuentro físico. No cedería ante aquel impulso porque sabía que su cuerpo débil, traicionero y enamorado respondería ante el inocente gesto de consuelo, confianza y amor que le brindara Candy.
Aunque la mente de Grandchester insistía en una objetividad de gran lucidez, su corazón le decía algo incuestionablemente distinto, que la amaba y que debía decírselo. Tenía el profundo anhelo de nuevo permitirle su cercanía y confianza, pues sólo ella conseguía alejar sus demonios.
La observó para darse valor y declararse, al ver que ella tenía un mechón de pelo atrapado en la comisura de sus labios, él caballerosamente lo retiró colocándolo detrás de su espalda, con gesto de sorpresa la mirada de Terry siguió el recorrido del larguísimo cabello rubio que caía por la espalda hasta llegar por debajo de la cintura, su deleite siguió a las caderas y pechos de Candy.
Invadido por la marea del deseo cerró los ojos, y se reprochó que no debiera estar admirándola de ese modo tan atrevido y masculino en ese momento tan crucial. En cuanto consiguió desarrollar la energía suficiente, retrocedió un paso, se retiró de ella, deshaciendo el maravilloso abrazo. Temía sucumbir ante esos esbeltos brazos que dulcemente lo aprisionaban.
Pero el simple hecho de estar a su lado le proporcionaba la confianza necesaria para enfrentarse a cualquier cosa, excepto a la clase de vida que el destino le diera sin ella a su lado. Por eso, se recriminaba una y otra vez que nuevamente hubiera llevado sus vidas hacia aquella crítica situación… sus vidas, su futuro pendían de un hilo. Lo único que tenían en ese momento era su palpable pasión y evidente amor.
Ambos eran plenamente conscientes de su íntima situación, mientras se preguntaban lo que el otro pensaba y compartían el misterio de una atracción que ninguno de los dos comprendía, pues les traía emociones fuertes, deseos y temores de dar rienda suelta a sus sentimientos.
—Terry ya amaneció, escucha el cantar de los pájaros —decía la Pecosa para romper la tensión.
— ¿Estás segura de que estás bien? —le preguntó él, mientras la ayudaba a cubrirse bien.
—Sí. Te debo una explicación —dijo ella, pero él la interrumpió.
—Candy, no me malinterpretes pero creo que no es el momento adecuado para hablar, apresurémonos, tenemos que escapar de aquí.
—Si, no quiero que Chataline y sus hombres se diviertan otra vez con nosotros —dijo ingenuamente la rubia.
—Pecosa, ¿es que no puedes hacer otra amenaza más original? —se lo decía al momento que le sonreía.
Ella estaba atónita, increíblemente volvía a ser el Terry de antes, aquel sarcástico rebelde que siempre la bromeaba y defendía. Y se preguntaba ¿Cómo había podido olvidar lo bueno y considerado que era aquel hombre? Entonces con voz amorosa y ansiosa le dijo:
—Terry, eres el hombre más valiente que conozco, eres honorable, astuto y con un gran corazón.
—Candy, increíblemente reúnes tantas cualidades, eres hermosa, noble y un poco audaz, creo que en el mundo no existe otro bello ser como tú, solamente existe una "MonaPecas".
— ¡Terry!... —ella conmovida veía que su Terry del feliz pasado volvía al presente.
—Bromeaba Pecosa, claro que también eres muy inteligente, creo que ambos seremos lo bastante listos para resolver nuestra situación. Yo deseo intentarlo ¿y tú?
Candy respondió con una sonrisa tímida y alentada, en un gesto de afecto y confianza acarició la mejilla de su amado. No pudo responder porque en ese momento no sabía si el corazón le iba a estallar o se le pararía de golpe. Por fin había visto una emoción reconocible en la voz y ojos de Terry, y ese bello sentimiento era la "esperanza".
—Tenemos que irnos ahora mismo —le dijo en voz tan baja que casi no pudo oírlo, pero la urgencia era inconfundible —. Encontré una salida mientras "dormías".
Candy se sentía ligera como una pluma. Si la más ligera brisa se hubiera colado, sin dudar la hubiera liberado fácilmente.
El semblante de Terry le transmitió la fuerza necesaria. Él le rodeó la cintura y ambos se pusieron en marcha.
—Vamos, salgamos de aquí.
De un momento a otro volverían los militares y se llevarían al aristócrata. Eso fue lo pactado con Chataline, que en cuanto la rubia reaccionara y pudiera caminar, el general le permitiría que se marchara. Quedándose a cambio Terruce por la vida y libertad de su amada.
Agarrados de sus manos Terry y Candy cruzaron el patio trasero llegando al portal el inglés se despidió de la pecosa.
—Candy, necesito que salgas, correrás tan rápido como puedas, y por nada del mundo quiero que regreses. ¿Entendido? No voltearás hacia atrás.
La Pecosa entendió perfectamente cuales eran las intenciones del rebelde.
— ¿Y tú Terry, acaso me dejarás sola, no me acompañarás? Si es así, no me pienso marchar, no sin ti. No voy a dejarte.
Él sacudió la cabeza con desesperación e ira.
— ¡Tienes que irte, o te acusarán de ser mi cómplice!... Entiéndeme por favor, nunca dejaré que vayas a la cárcel.
— ¡No es justo! ¿Por qué siempre es así? Me niego a esta separación, no esta vez Terry.
—No hay elección Candy, hazlo por mí ¿de acuerdo? Yo te alcanzaré tan pronto me sea posible. Confía en mí por favor.
Ella se lanzó sobre él, llorando, sacudiendo la cabeza, pidiéndole una vez más que cambiaria de opinión. Terry la abrazó como si fuera la última vez, y desde el fondo de su corazón le declaró:
—Pecosa debo hacerlo o nunca podría soportar la carga de que te pase algo malo. Si tan solo… las cosas fueran distintas… si pudiera vivir la vida de nuevo…sólo una oportunidad pido… —no pudo decir más pues…
Como si fuera juego del destino una vez más eran interrumpidos por el general, el cual ya se encontraba del otro lado del portal, ya estaba afuera, preparado para marcharse, pues su ansía por obtener las codiciosas pruebas lo inquietaba de sobremanera. Chataline abrió el portal para apresurar a los chicos y al ver que ellos estaban abrazados se enfureció e hizo que salieran aceleradamente al exterior.
—Pero ¡Qué empalagosos son ustedes! Siempre los encuentro tan "unidos", dejen de escurrir miel, pues me provocan náuseas y me ponen de muy mal humor. De hecho de ver se antoja, y sabes Chris antes de que vuele la paloma me voy a entretener un rato. Entonces apuntó con su arma a los enamorados y les ordenó:
—Ven mujer acércate, que te daré tu despedida jajaja.
Terry miró de cierta manera a Candy quien a la perfección le entendió que era momento de correr. Ambos corrieron como nunca, apenas lograron alejarse de la embajada cuando fueron alcanzados en la calle por el general y sus hombres.
— ¡Son un par de malditos! Y tú preciosura porqué huyes, ven que te encantará, pues ahora estoy más emocionado que antes.
Terry se antepuso para proteger con su cuerpo a Candy, y enfurecidamente advirtió al militar.
—¡No te atrevas a tocarla!
—Príncipe valiente me estorbas, pero si así lo quieres no me queda más que quitarte del camino-. Le dijo mientras apuntaba directo al corazón del joven rebelde.
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El Duque de Grandchester iba llegando a la embajada francesa, acompañado por una escolta formada por coroneles, generales, capitanes y soldados ingleses, era un imponente cuerpo de seguridad. Todos ellos sigilosamente empezaron a rodear el edificio, habían sido guiados e instruidos excelentemente por el Diplomático.
Richard ingresó a la embajada y con toda la autoridad del mundo le ordenó al burócrata francés que le informara dónde tenían a Terruce Graham Grandchester. —le importaba un comino que en el interior de la embajada él no tuviera la autoridad para ordenar. ¡Como iba a tener consideraciones con las personas que habían tratado a su hijo peor que a un animal!
—Lamento informarle que aquí no tenemos a nadie con ese nombre duque.
Entonces Albert vio el cartel con el rostro de Terry y se lo acercó a Richard
—No mienta que no tengo su tiempo —señalando la foto de Terry con suma exigencia le preguntó —: ¿Dónde tienen a éste hombre? Lléveme con él ahora mismo, o se arrepentirá si no me obedece.
—Disculpe, Duque de Grandchester no entiendo como una persona de su nivel se puede interesar tanto en un pobre diablo como Chris Hetfield.
De un rápido movimiento Richard saltó el escritorio llegando al insolente francés, lo tomó del cuello de su camisa y lo zarandeó.
—Ese hombre, es mi hijo, es Sir Terruce Graham Grandchester y antes de que vuelvas a expresarte de manera despectiva de él, haré lavar tu boca con ácido. Y si es preciso habrá ruptura de relaciones diplomáticas si no me entregan en este momento a mi hijo.
El silencio y el duque fueron interrumpidos por el sonido de un disparo. Albert y Richard acompañados de sus escoltas corrieron al lugar de donde provino el estallido.
Al llegar a la calle, se quedaron sorprendidos de ver tirado al general Chataline, había recibido un disparo en la mano derecha, la cual sangraba imparablemente. Y aún así con gran esfuerzo él trataba de alcanzar con su otra extremidad la pistola.
— ¡No te muevas Chataline! —gritó el Diplomático— ¡No lo hagas! O te dejaré sin ambas manos! Y ustedes también suelten sus armas y tírense al suelo —ordenaba a gritos a los soldados franceses.
Terry estaba rígido, asombrado por ver a su entrañable amigo el Diplomático en posición de tiro, apuntando directamente al general. Pero su alma volvió a su cuerpo cuando vio que varias decenas de soldados ingleses dirigidos por su padre el Duque y Albert llegaron para respaldar y finalizar su rescate.
— ¡Arréstenlos! —ordenó estrictamente Richard.
Varios soldados capturaron a Chataline y sus hombres, apuntándoles al instante con pistolas por todo el cuerpo. Los montaron como costales en los caballos para encarcelarlos en Londres. El Diplomático se acercó y abrazó con demasiada alegría a Terry.
— ¡Amigo! Tú siempre siguiendo al peligro. Ahora sí que me ha dado muchísimo gusto volverte a ver Armand. Llegaste como un ángel…caído del cielo ¡jajaja!.
—Lo importante fue que llegamos a tiempo, un minuto más y no estaríamos riendo con tu ácido humor amigo ¡jajaja!. Ha sido un placer servirle Sir Terruce Graham Grandchester —le decía al momento que le hacía una venia —. El deber me llama; será un placer volvernos a reunir tan pronto termine con estas sabandijas.
—Cuando gustes amigo, ya sabes que siempre tendrás las puertas abiertas de mi casa y de mi amistad.
—¡Monten! —dijo Armand, que ya estaba sobre su montura. Luego se dirigió a los Grandchester —. Seguiré sus instrucciones duque, y pronto regresaré a charlar contigo Terry.
Después hizo girar al caballo y les indicó a sus hombres que debían comenzar la marcha. Al pasar los franceses ya sometidos ante el Duque de Grandchester, este no pudo evitar expresarles su odio.
—Son una inmundicia viviente—luego de decir esto Richard les escupió la cara —. Les imputaré juicio por ultraje contra la humanidad y contra la justicia, y lo haré del conocimiento de todo el mundo, para que conozcan las bajezas que cometen los "franceses", y sobre todo para que los ejecuten.
Terry estaba asombrado con la reacción salvaje de su siempre educado y tranquilo padre. Nunca lo había escuchado expresarse así, con ese vocabulario y con esa ira. De la sorpresa paso al orgullo, ahora entendía que de su padre había heredado esa garra para defender a los suyos. El Duque se acercó y lo abrazó efusivamente, era más su deseo de abrazarlo que temer al rechazo que su hijo le pudiera responder.
— ¡Padre, no sabes que orgulloso estoy de ti! Gracias por todo —le dijo Terry con la voz sumamente conmovida.
—No hay nada que agradecer, eres mi hijo y por ti enfrentaría a mil ejércitos, además tengo tantas deudas contigo que…—también con su voz quebrada el duque le respondió, pero fue interrumpido por el sonido de los caballos que se alejaban.
El Diplomático y el grupo de hombres comenzaron a retirarse escoltados por los altos mandos militares ingleses. Con un compartido suspiro Terry y Candy se vieron directamente, y comprendieron que todo había terminado, ambos estaban juntos sanos y salvos.
—Hijo, es hora de volver a casa —dijo con las más cálidas palabras Richard, rompiendo la frialdad que había entre ellos.
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Patty y Eleanor iban arribando a la villa Grandchester, y ambas estaban nerviosas por el repentino viaje de Londres a Escocia. No se explicaban porqué regresaron de esa urgente manera. Todo había surgido tan inesperadamente que ambas estaban hechas una maraña de nervios. Pero rápidamente sus dudas fueron despejadas, pues Richard inmediatamente salió a recibirlas.
— ¡Eleanor, nuestro hijo ha vuelto!- le dijo el duque temblando de alegría.
— ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde está? ¿Qué le ha ocurrido? Richard quiero verlo, tocarlo, abrazarlo y decirle cuánto lo he extrañado, quiero pedirle perdón por mis errores, quiero…—el llanto ya no le permitió que hablara más a la desesperada y sorprendida madre.
—Viene hacia acá, tranquilízate Elly. Ahora más que nunca nos necesita, debemos ser fuertes. Ven pasemos a nuestra casa, recibámoslo en su lugar favorito de la mansión.
Terry demoró un poco su llegada porque estuvo convenciendo tanto a Albert como Candy de que los acompañaran. Todos ingresaron al majestuoso lugar aristocrático, pero el joven heredero se sorprendió con la escena que encontró, pensó que era una alucinación.
Al llegar al salón principal, aquél acogedor lugar de la chimenea y ver ahí a su madre quien seguía tan elegante como siempre, pero que inevitablemente su rostro reflejaba la tristeza y la amargura con que vivió durante todo un año, lo conmovió infinitamente.
Entonces se dio cuenta de cuánto habían sufrido sus padres por su desaparición, ya que también el Duque además de su impenetrable y seguro porte, su cabello ahora tenía algunas canas de más, su rostro mostraba una línea de preocupación en la frente, también supuso que fue la marca de la incertidumbre y dolor que marcó a su padre su larga ausencia.
Por el hecho de comprobar que sus padres realmente lo amaban que estaban ahí con las huellas de su sufrimiento, con los ojos llorosos y los brazos abiertos para recibirlo, fue que Terry flaqueó y sucumbió en ese ambiente tan lleno de amor y emoción.
Nunca imaginó que al entrar a su casa se encontraría con ese cuadro tan familiar y tan deseado. No podía creer que ahora formaba nuevamente parte de su familia añorada.
Y fue así que sin pensarlo, Terry corrió a los brazos de su madre quien lo llamó con un grito desesperado, acorde al llamado de su padre quien con voz amorosa también lo aclamó.
—¡Hijo de mi alma, por fin apareciste! ¡Dios has escuchado mis súplicas, Gracias! —decía Eleanor con el torrente de lágrimas cayendo por sus mejillas y abrazando cariñosamente a su hijo.
— ¡Terry, hijo mío, no sabes cuánta falta me hiciste. Le dije a Dios que le daba mi vida y todo mi ser a cambio de que volvieras! Y lo hizo infinitamente le estaré agradecido pues también me escuchó —el Duque abrazaba fuertemente a su hijo y a Eleanor, los tres estaban más unidos que nunca en un sólido abrazo.
Terry creía que finalmente había enloquecido, esa escena jamás creyó que pudiese ser realidad. Debía estar demente para haber escuchado las cariñosas palabras de amor del duque. Debía estar loco para ver que Eleanor estaba en Escocia, en su casa y con su Padre.
Sentía que su mente le iba a estallar, su corazón desbocadamente se le quería salir, reventaría de emoción si no libraba tanta alegría que recibía su ser, y fue así que sorpresivamente Terry liberó algunas lágrimas, aún seguía sostenido y abrazado por sus padres ambos no lo dejaron caer, amorosamente le decían que nunca más estaría solo, que lo cuidarían como nunca antes lo habían hecho.
La chimenea estaba apagada pero sorpresivamente había un cálido y hermoso ambiente, después del mar de lágrimas solo quedaban sonrisas y abrazos. El nudo en sus gargantas ya no les permitía hablar, ese contacto les transmitía todas las palabras ahogadas y reprimidas durante la separación.
Por todos los años transcurridos y alejados con ese momento lograba subsanar sus heridas, Terry pensaba que había logrado destruir su frustrada necesidad de amor familiar. Irónicamente, trató de disfrutar la vida a través de burlas y engaños a los requerimientos del corazón. Pero, esa necesidad seguía allí, más fuerte que nunca. Tras la emotiva muestra de amor de sus padres, se dio cuenta que su vida había sido vacía, trivial.
Terruce no podía creer que todo un año de soledad, le estaba compensando con esos minutos de indescifrable felicidad. Era uno de sus sueños por fin hecho realidad. Era imposible negar el anhelo que tenía de ver y sentir así a sus padres, lo había deseado tanto que fue en vano su intento por no dejarse llevar y corresponderles.
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Al ver que Albert ya disponía del carruaje que los llevaría a la villa Andrew, los jóvenes enamorados iniciaron su despedida, tomando la palabra la Pecosa.
— Terry, yo creo en ti, y sé que no hiciste nada malo, nunca has hecho daño a nadie eres inocente y siempre tendrás todo mi apoyo.
Terruce la tomó por los hombros, la hizo levantar y la estrechó entre sus brazos. Ella se puso a temblar por el esfuerzo de mantener el control, se sentía pequeña ante el imponente inglés.
—Gracias Candy —le dijo Terry pegado a su cabello, aspirando su leve aroma a rosas. Y ella aprovechando la cercanía le respondió.
—Terry… te debo una camisa —le decía mientras le guiñaba un ojo.
Fue apenas un susurro que solamente él escuchó y vio la picarona mueca de travesura típica en la Pecosa. Se preguntó si no sería que su mente le hacía escuchar y ver lo que él deseaba. Y maravillado por la vivacidad e ímpetu que emanaba el irresistible rostro de Candy, le respondió:
—Lo sé y es un pendiente que luego solucionaremos, ten la seguridad que te lo cobraré.
—Adiós Terry.
—Hasta muy pronto, Pecosa.
C O N T I N U A R Á. . .
Gizah
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HOLA NIÑAS HERMOSAS: Nuevamente aquí terminé un capítulo más, quedo a la espera de sus comentarios, reclamos, tomatazos, sugerencias, aportaciones, dudas, y demás etc…
MALINALLI: Mi queridísima Amiga y Editora, sin tus perspicaces ojitos no se qué haría, nunca me cansaré de agradecerte tu paciencia, tiempo y esmero que pones a mis borradores, gracias porque tu atención pule mi trabajo. Espero que las correcciones que hice sean de tu agrado Amiga, sino mándame tomatazo jajaja. Maly pues ya estoy ansiosa por vernos hoy para comer, y sobre todo para platicar contigo mujer. Te mando un beso y no me despido, es un hasta al rato jajaja.
MAFMZT: Hola mi "Poetisa Favorita" ya vi que sigues embelleciendo con tus hermosas frases tus reviews eh! y me gusta muchísimo ese toque romántico que le pones a tu comentario. Y no sólo eso, también todas tus conclusiones fueron acertadas, ¡wow Machel sí que nos telepateamos Amiga jajaja! Sobre tu compañía, te confieso que en tan poco tiempo ya me he encariñado muchísimo contigo, por eso al ver que no me escribías pues más que susto me entristecí, pero llegaste a tiempo, gracias por no abandonar la nave de la fantasía. TQM Machel
LERINNE: Hola, hola ya ví que estas haciendo corajillos con la Pecosa, pero ya ves como es impulsiva: primero actúa y después piensa… y a Terry pues el amor lo trastornó ya que no hizo ningún plan para rescatar a su amada, simplemente se filtró al edificio y la buscó hasta que la encontró… en fin el amor es ciego, tonto e impulsivo. Muchísimas gracias por seguir leyéndome Amiga, bye.
VEKKA: Bienvenida a mi corazón, anteriormente te dí el recibimiento a mi fic, pero después de leer tus bellas palabras, pues mágicamente has abierto mi corazón y te instalaste en el espacio llamado Amistad, gracias Amiga por tus halagadoras palabras a mi trabajo. Espero en Dios que tu salud ya esté recuperada totalmente y si no échale ganas, cuídate y no desistas. Vekka, espero haber dejado un sabor dulce en tus labios con este capítulo. Gracias por tu especial compañía Amiga, hasta luego!
MARIA FANS NUMERO UNO DE TERRY: Amiguita que padre que lees hasta los comentarios, mira que sí te avientas todo lo que escribo jajaja. Mary, debes estar contenta eh! Mira mi niña que te cumplí todos tus deseos: apareció Armand (muy heroicamente) y finalmente quedaron libres los tortolitos. Espero tus comentarios y peticiones Amiga, gracias por aún seguirme.
NASHTINKA: Jajaja estoy sorprendida por las similitudes que traemos en nuestros fics, veamos a ver cómo las seguimos desarrollando jajaja. Uhh! Que mala onda que no te pareció la actitud de Terry, pero Nash no es por justificar al Terruce, pero es que vio a la Candy y toditito se emocionó jajaja. Veamos qué te parece su actitud en este new capítulo. Te mando mil besitos y muchísimos saludos. ¡¡¡Que te vaya bonito Nash!!!
ELHYZHA: Wow mis sinceras felicitaciones por tus minifics Amiga, insisto, tienes mucha sensibilidad, deberías de seguir escribiendo, ya verás que tal vez pronto nos des la sorpresa con tu fic. Que padre que te pareció romántico el medio rescate, espero haber cumplido tus expectativas con el rescate final. Gracias por seguir leyéndome!
MARIANA WAY: ¡Ay Amiga cómo me has hecho reír! ¿Cómo que mandarlos a que les corten la cabeza? NO, no, no- Efectivamente tienes toda la razón, me he ensañado con el pobre de Terry en cuanto a tragedias, pero ya la bajaré la dosis, veamos que otra emoción me ataca ahora para plasmar, qué prefieres: romanticismo (rosita), pasión (rojísimo), acción, drama, en fin tu dime y yo trataré jajaja.
Y cambiando de tema a poco estás en una banda? ¡No lo puedo creer! ¿qué instrumento tocas? Genial, estoy picadísima por saber más ti Amiga, sígueme platicando de ti please. Y muchísimas gracias por estar super al pendiente de esta historia, ya me he fijado que eres la primera en mandarme review. TQM y gracias por tu amistad!
MOONDAN: ¿?¿?¿?¿?¿?¿?amiguita extrañé tu compañía…snif, snif….
