I N Q U E B R A N T A B L E
CAPITULO 14
"EL NOVIAZGO"
Para este par de rebeldes y ágiles enamorados las paredes y puertas no fueron impedimento para que la Pecosa llegara sana y salva a su alcoba, y el aristócrata se retirara silenciosamente de la mansión Andrew. La despedida fue apresurada, una ternura infinita recorría sus venas como una droga, mientras que él dulcemente le advertía a la rubia.
¡Deléitate con mi ausencia, disfruta, porque ya no te dejaré mucho tiempo apartada de mí!
Ella alucinó tras escuchar esas palabras, sintió tal posesión en su tono y modales que ahogada por la emoción solo asintió con su cabeza.
Minutos después, Terry llegó a su habitación y estuvo un momento recostado en su cama, recordaba cada minuto acompañado de Candy… lógicamente le era imposible dormir, además ya casi era la hora del desayuno y bajaría para tomarlo en compañía de Richard y Eleanor. Con una gran sonrisa se levantó para ducharse, la ansía por gozar de un desayuno familiar lo emocionó considerablemente; tanto que se olvidó que no había dormido durante toda la noche. Al acercarse a la ventana, para suspirar el aire fresco que lo hacía sentirse totalmente despierto, y que le confirmaba que no era un sueño todo lo que estaba viviendo, se percató de que las nubes eran altas y por tanto era posible que desaparecieran a media mañana para regalarles un día poco soleado, el aire era fresco pero no frío. Terry concluyó que era un día maravilloso para realizar cualquier actividad al aire libre.
Candy permaneció junto a la ventana de su dormitorio, aún en camisón y con la mirada perdida en lo que prometía ser un día encantador. No había amenaza de lluvia. Las ramas de los árboles no se agitaban demasiado, hecho que daba a entender que si acaso soplaba el viento no era más que algunas débiles brisas. Quería dormir un poco, pero su cuerpo y mente no la obedecían pues, no podía dejar de recordar la noche pasada: los sentimientos que habían compartido, los besos, las risas, el rítmico crujido del fuego; la maravillosa e inolvidable despedida que le dio a la noche, lo hizo bajo el cobijo de los brazos aristocráticos; así como, el cálido y acogedor recibimiento de un nuevo día, lo había iniciado junto y acurrucada contra él.
Terry pasó un ameno desayuno con sus padres, pero aún tenía otro tipo de hambre, aún no lograba saciar su necesidad por estar al lado de Candy, estaba tan necesitado de sus besos y su dulzura que le costó un enorme esfuerzo no irla a buscar de inmediato, pensó que ella debía estar durmiendo y que sería inoportuno despertarla… entonces pensó en saludar a Albert, así aprovecharía para solicitar su permiso de visitarla diariamente, quería platicarle como amigo que finalmente la Pecosa ya era su novia.
Candy se bañó y se arreglo lo mejor que pudo. Pensaba salir de su habitación pero era demasiado temprano para su acostumbrada y tardia hora de levantarse, penso que en ese momento Albert estaria desayunando y le daba miedo y verguenza comprobar si el rubio se había dado cuenta de que no durmió en la mansión. Mejor decidió recostarse en la cama, no con intención de dormir, sino de seguir pensando en lo delicioso que era gozar del amor.
Terry llegó a la mansión Andrew y fue conducido por la servidumbre hasta la biblioteca, ahí lo esperaba su amigo magnate. Luego de darle el pase a Terry, Albert se puso de pie después de doblar la carta que estaba escribiendo.
— ¡Hola Albert! Disculpa… espero no interrumpir — con una amplia sonrisa lo saludaba el actor.
— ¡No que va! Pasa Terry —respondía el rubio comprobando el buen ánimo de su amigo.
—Yo sólo venía a saludarte pero si estas ocupado regresaré después.
—Jajaja, ¿¡Vienes a saludarme y me traes flores!? —en broma decía Albert.
— ¡Bueno entre otras cosas, principalmente vengo a ver a Candy, de hecho te quiero solicitar tu permiso para visitarla muy frecuentemente, así como tu autorización para salir a pasear.
— ¿PERMISO? Tú, Terruce Grandchester pidiendo autorización, ¡jajaja! ¡no lo puedo creer amigo!
—Jajaja… en todo este tiempo enloquecí, o tal vez me estoy haciendo viejo, o yo que sé…pero dejando la broma Albert esta vez quiero hacer bien las cosas —en ese momento tocaron la puerta.
Era Candy, quien después de un largo rato decidió bajar, buscaba a Patty cuando pasó por la biblioteca y distinguió las risas que provenían del interior. Llamó a la puerta y entró.
La mirada de Candy se ancló en el rostro de Terry, y le proyectó una sonrisa encantadora reluciendo sus blancos dientes y los ojos brillantes. Y el solo hecho de verlo, habiendo pasado tantas cosas entre ellos, reabrió cada una de las imágenes recién vividas unas horas atrás.
La enigmática mirada de Terry se deslizó lentamente sobre su cara, como si le respondiera que recordaba cada momento compartido... Se miraron hipnotizados. Cualquier indicio de comunicación entre ellos parecía destinado a convertirse rápidamente en intimidad, ya fuera una mirada, una palabra entre ellos eran detonantes. Un simple intercambio de sonrisas se convertía en una intensa mirada de deseo compartido.
Terry se acercaba con galante intensidad. Ella notoriamente sonrojada parpadeó, y enfocó su mirada hacia el imponente ramo de rosas rojas que él llevaba. ¿Por qué le había llevado flores? ¿Pretendía que todos se enteraran de su noviazgo? Inconsciente de que el rubor inundaba sus mejillas se quedó paralizada. Terry llegó a ella, y en saludo caballeroso se inclinó, tomó su mano y la besó. Duraron algunos minutos así, viéndose fijamente y él sujetando su mano, parecía que el roce de las manos amenazaba con transformarse en un abrazo apasionado.
Albert discretamente pasó una mirada de evaluación y percibió el amor y la pasión que ellos desbordaban, sabía que eran el uno para el otro y lo aceptaba. A los dos los amaba y a los dos los ayudaría a encontrar su felicidad, a pesar de que se le partiera el corazón por su sacrificio, la grandeza de su espíritu lo sanaría. Y haciendo garra de su valentía, el rubio intervino aclarándose su garganta, ya que parecía que el mundo entero se había reducido solamente en ellos dos, se olvidaron completamente de él.
Terry aún seguia sosteniendo su mano, y al darse cuenta que duró más de lo que hubiera sido adecuado, delicamente la soltó, y le sonrió. Candy sintió la calidez de su sonrisa por todo el cuerpo.
— ¡Buen día, Candy! Es para ti —le decía el actor, al momento que le entregaba el extenso ramo de rosas.
— ¡Hola, Terry! — ¡Oh, es enorme y son rojas! Las rosas deben de ser muy difíciles de encontrar en esta época del año. Por no decir que increíblemente caras.
—Jajaja, ¡Ay, Candy! te preocupas por inferioridades, mejor permíteme decirte que luces esplendorosa—dijo él, muy serio, y su mirada se deslizó por el vestido antes de volver a posarse en sus ojos, y antes de que lo descubriera Albert.
— ¡Gracias!— ella apretó las flores contra su pecho y le guiñó un ojo, pues percibió su doble sentido.
—He venido a invitarte a pasear, ahora que estás aquí pretendo mostrarte toda Escocia.
—Si me encantaría, pero…—dudaba en aceptar y con su mirada buscaba la aprobación de Albert.
—Vamos Candy, no te detengas por mí, acepta. Tú sabes que no necesitas mi permiso, confío en ambos y no hay necesidad de adquirir esas formalidades —dijo el tutor.
—Albert, la invitación también es para ti. Vamos. Acompáñanos a conocer las tierras de los Grandchester—dijo el aristócrata.
—Jajaja, entonces eso nos llevará horas y horas o tal vez días, pues son muchísimas las propiedades que ustedes tienen por todos lados. ¿Sabías Candy, que los Grandchester son casi dueños de toda Escocia, ¡jajaja! Y siendo sincero me gustaría acompañarlos, pero de momento no puedo, ya que recientemente he adquirido más responsabilidades que ameritan de mi tiempo y disposición, pero prometo en alguna otra ocasión aceptar tu invitación Terry.
—¡Jajaja! muy gracioso Albert, ¿por qué no le dices a Candy que los Andrew son dueños de lo restante de Escocia, precisamente tantos negocios por todo el mundo es lo que te apartan de divertirte o no amigo "magnate"?
—¡¡¡Jajaja!!! Intervino la risa de la pecosa — ¡Y yo preocupándome por el precio de las rosas en pleno invierno! Y ustedes renegando de sus fortunas, vaya que sí es curiosa la vida!!!
Entonces los tres amigos se echaron a reír a carcajadas.
—Bueno chicos, ya no los entretengo más. Cuídense y nos vemos aquí más tarde.
—Gracias Albert! —le decía la reluciente Candy al rubio mientras le daba un beso de despedida.
—Nos vemos más tarde Albert, y no olvides que luego nos acompañarás —. Se despidió el actor.
Terry le ofreció el brazo a Candy. Ella esperaba que él no notara el ligero temblor de sus dedos. Estar tan cerca de él le dejaba la mente en blanco y le hacía sentir cosas muy desconcertantes. Se encaminaron hacia la puerta, mientras cruzaban la enorme y elegante estancia hubo ráfagas de suspiros, miradas y risas tontas. Él realmente tenía un perfil perfecto y un físico inigualable.
«— ¡Dios mío! Que hombre tan más guapo me has concedido y mira sus modales, me trata como una princesa, ¡Oh! —» pensaba sólo para sí la rubia mientras embobada veía a Terry. Él la descubrió en la manera embelesada que lo veía, y a ella apenada se le escapó una risilla al imaginarse que actuaba como una loca. Terry sonrió también y pensó «— ¿¡Estoy reaccionando como un tonto?!... tal vez si, tal vez no, ¡Qué importa! Que sepa que estoy loco por su belleza y su encanto, ya no más secretos—»
Finalmente llegaron a la puerta, él se la abrió para que pasara y salieron juntos. Caminaba junto a ella como todo un caballero con las manos entrelazadas a la espalda, pero apenas salieron y Terry inmediatamente abrazó a Candy.
— ¡Ay, Pecosa, qué camino tan largo, nunca había odiado una estancia tan enorme! Ansiaba tanto poder abrazarte.
— ¡Oh, Terry, sólo era cuestión de segundos, si no mi corazón como bomba también hubiera estallado! En este momento un helado me caería de maravilla… ¡y si es de chocolate más!
— ¡Pecosa! ¿Helado?... será difícil de conseguir, pero lo encontraremos. ¡Vamos, sube al coche! Iremos a conseguir tu helado de chocolate.
— Caminemos… Quiero disfrutar del paisaje, quiero contemplar todo Terry.
— Si lo haremos, por lo pronto nos acercaremos lo más posible al pueblo, luego caminaremos todo lo que quieras, ¿aceptas?
— Esta bien, no quiero ser la causante de las ampollas en tus pies, ¡jajaja!
— ¡Jajaja!, por lo visto los Andrew hoy amanecieron muy graciosos, ¿verdad querida?
******
Llegaron al centro de Escocia, la gente ya había iniciado sus labores cotidianas. Los novios paseaban en esos momentos bajo la sombra de un exuberante y fresco parque, muchas mujeres, ya fueran jóvenes o ancianas, le dedicaron a Terry unas cuantas miradas furtivas. A decir verdad, era un caballero que no podía pasar desapercibido. Era un aristócrata desde lo alto de su cabeza hasta la punta de sus pies, extremadamente hermoso de un modo frío, implacable, templado.
A Terry, le causó asombro y gracia ver que los habitantes del pueblo lo reconocieron al instante como el heredero del Duque de Grandchester, y todos a su alrededor los miraban asombrados entre apresuradas reverencias y saludos respetuosos. Candy sonreía abiertamente cada vez que la veían, servían o saludaban, y los hombres se llevaban la mano al sombrero a modo de saludo.
— Pecosa, eres toda una rompecorazones, por lo que veo aquí también tienes tus admiradores eh!—bromeaba él.
— Si, y a ti nada te cuesta intercambiar el saludo. Aunque veo que hasta acá llegó tu fama de arrogante y engreído ¡jiji! —sus antiguas bromas y peleas volvían a ser parte de sus "pláticas".
En una parte del bosque varios niños pequeños jugaban futbol, y uno de ellos en su salvaje intento de meter gol, con demasiada fuerza golpeó al balón lanzándolo hacia arriba y no volvió a bajar, pues se enganchó firmemente entre una rama alta y el tronco. El pequeño mostró signos de echarse a llorar por los reclamos que sus amiguitos le hacían por su "accidente" que provocaba que dejaran de jugar.
Terry estaba entretenido comprando los helados, mientras que Candy sin decirle nada se trepó al árbol para desatorar la pelota. La rubia subió con su característica facilidad y sin ningún problema llegó al balón. Todos los chiquillos la aclamaron por su diestra habilidad.
Terry escuchó el alboroto y se sorprendió al ver trepada a Candy en lo alto del árbol, le pareció que sus movimientos y gestos eran algo incontrolados y poco cohibidos. Ella ya había liberado y lanzado el balón, pero de algún modo su vestido se había enredado en otra rama. Y no lo había percibido hasta que los niños empezaron a reír de una manera cómica, pues ella había mostrado una considerable parte de sus piernas. Terry enmudeció junto con los niños, pues se encontró con que no podía apartar sus ojos de ella, quien era poseedora de unas piernas esculturales, firmemente torneadas y con tobillos esbeltos. Él asumió que ella estaba en un aprieto que se merecía por impulsiva, ya que indudablemente si le hubiera dado oportunidad él hubiera bajado el balón.
Rápidamente el rebelde también subió al árbol y salvó a su amada del inesperado espectáculo que estaba dando, desatoró la tela e inmediatamente la abrazó, en ese momento los pequeños los aclamaron como si fueran héroes.
— ¡Qué mortificación tan pública me has dado Pecosa!—la miró fijamente con gravedad en sus ojos.
— ¡Discúlpame Terry, pero yo solamente quería ayudar aquél pequeño antes de que llorara!— ella sonrió con sus mejillas sumamente enrojecidas.
— Muy bien, es hora de bajar. Lo haré yo primero y luego tú saltarás ¿de acuerdo?
— De acuerdo.
Terry se balanceó hacia el suelo, y una vez que él ya estaba firme y galantemente esperándola, ella saltó y cayó en sus brazos.
Los niños habían permanecido ahí de espectadores, y ahora brincaban y gritaban alrededor de los enamorados.
— ¡Vaya, vaya "Mona-Pecas", creo que te has convertido de un Tarzan-Pecoso a toda una heroína! Jajaja.
— ¡Es mejor eso, que parecer una estatua de mármol… Sabes que tú podrías pasar por una sin que nadie note la diferencia! —se defendió la Pecosa.
— ¡Jajaja! — Se escucharon las risas de los pequeños que apoyaban a la rubia en su defensa.
— ¡Pecosa! Parece que les agradas a los niños— y haciéndole broma le dijo — Y lo maravilloso es que puedes descender a su nivel tan fácilmente, ¡jajaja!
— ¡Terry! — gritó Candy
Su reacción fue fácil de adivinar, pues inmediatamente a gritos y manotazos inició la divertida persecución tras de Terry. Después de correr una buena parte del parque, finalmente el aristócrata se rindió y le pidió perdón a la rubia.
— ¡Lo siento Pecosa, sólo estaba jugando, es que no puedo resistirme a ver tus muecas! No me importa que me hagas correr como loco, ni que me odies por provocarlo, pero amo cada una de tus "salvajes" reacciones.
— Te disculparé siempre y cuando tú hagas lo mismo conmigo. Terry… es que nunca sé como logro meterme en semejantes líos tan bochornosos.
— No te preocupes Pecosa, en esta ocasión tu osadía tuvo una vista ¡es-pec-ta-cu-lar!
— ¡T E R R Y! — y se inició nuevamente la persecución.
******
— ¿Elly, me acompañarías a dar un paseo en carruaje al "Town"?
— ¿Estás seguro Richard?
Eleanor estaba impresionada por la invitación del duque, ya que contrastaba con la personalidad y convicción del apuesto y distinguido noble inglés, quien era un hombre cosmopolita que gobernaba su mundo fácilmente, bajo la exigencia y obediencia de sus inferiores.
— Jajaja, vamos Elly soy un hombre común y corriente… y simplemente quiero pasear a tu lado al aire libre como en los viejos tiempos. ¿Dime, a ti no te gustaría?—En tono seductor le preguntó.
— Jajaja, claro que si Richard. ¡Vayamos!
Tanto a Richard como a Terry en sus esporádicas visitas a Escocia nunca antes se les había visto pasear por ahí, durante muchos años no habían salido más allá de la magnificencia de sus propiedades, razón por la cual la gente del pueblo estaba sorprendida y gustosa de ver a esos nobles y poderosos hombres pasear por ahí. Los Grandchester acompañados por sus hermosas y amadas mujeres americanas.
— ¿Ese es Terry? —Preguntó Richard asombrado—Nunca lo había visto jugar ni reírse de esa manera. ¡Apenas puedo creerlo!
— ¡Y está con Candy! Dios mío, bendigo el día en que la conoció —dijo Eleanor muy emocionada.
Desde su carruaje los padres observaban la escena de Terry y Candy. El joven heredero se había puesto de rodillas, luego se levantó y salió corriendo mientras Candy lo perseguía. Ambos reían como locos.
—Es una mujer llena de vitalidad, sencilla y cariñosa. Solo ella puede seguirle el paso a Terruce.
—Siempre se ha comportado con amabilidad y ha sido muy comprensiva con Terry. Estoy segura que sería la esposa ideal para nuestro hijo.
Los novios en su juego siguieron corriendo a lo largo del camino principal y subieron a través de un puente que les ayudaría a cruzar el pequeño río que serpenteaba por Edimburgo. Se detuvieron ahí mientras deleitaban su vista con el impresionante panorama que tenían a su alrededor, debajo de ellos corrían las tranquilas aguas del río que vertía parte de sus aguas en su "amado lago".
— ¡Ven, Candy! Rentaré o compraré un bote para que recorramos este río.
— ¡Terry, es una magnífica oportunidad para hacer algo tan romántico!
En cuestión de minutos los intrépidos enamorados ya se encontraban en su bote, navegaban hacia una tierra llena de magia. El cielo estaba salpicado de nubes en movimiento, era increíble la variedad de colores que compartían el agua y el cielo.
Terry perfectamente remaba y controlaba el bote, Candy emocionada por la aventura trataba de relajarse, pero su estado empeoró cuando descubrió el modo en que los músculos de los brazos y piernas de Terry se contraían mientras remaba. Él al notar la mirada nerviosa de ella decidió acercarse. Dejó los remos a su costado y se sentó junto a la Pecosa.
— ¡Bien, con ese vuelo es suficiente. Ahora disfrutemos Pecosa!
— ¡Ay, Terry! algunos momentos deberían ser eternos — suspiraba mientras respondía la rubia.
Habían avanzado bastante, se encontraban en un área donde los árboles y colinas les conferían un aire mucho más aislado. La arboleda era más densa conforme se internaban más al interior del bosque. Y a esas alturas a ellos ya les resultaba de lo más natural estar juntos y a solas, demostrándose el amor que sentían.
— ¡Qué festín para nuestros ojos y para el resto de nuestros sentidos! Hay un lago silencioso, el sol nos juega a luz y sombras… Y una mujer bella como diosa a mi lado. —inspirado le decía el actor.
Candy no respondía se encontraba imaginando su interludio romántico. Terry no desaprovechó la ocasión para bromearla nuevamente.
— Pecosa, si quieres puedes imaginar que tú eres la diosa a la que me refiero—y rió.
Candy se molestó por la broma y con fuerza se arrojó sobre él. Terry no esperaba el salvaje movimiento de la rubia, y para evitar que se volteara el bote él se dejó caer en un rápido meneo llevándose consigo el cuerpo de Candy.
En ráfagas de segundos ambos ya estaban tirados en el suelo del bote. Se quedaron quietos hasta lograr mantener el equilibrio y evitar caer al agua fría. Fue un momento de silencio muy extraño e inesperado en el que ambos parecían darse cuenta al mismo tiempo de que Candy yacía debajo de Terry. Su peso y estrechez sobre ella lograba que el contraste con sus pechos y caderas resultara delicioso. Ella abrió la boca y tomó aire para decir algo, pero no logró decir nada, en ese momento sintió que sus muslos eran separados suavemente por la rodilla de Terry, quien la depositaba ahí para apoyarse y no dejar todo su peso en el delicado cuerpo de su amada, ella solamente lo miraba boquiabierta, pues la osadía del actor acentuó un placer indescriptible que se expandió entre sus piernas.
La Pecosa se olvidó del bochorno que le causaba la posición en que estaban, cuando Terry humedeció sus labios con los propios, ella no puso la menor resistencia y le correspondió. Se estaban besando, no con un frenesí de pasión, ni con un arrebato de deseo; sino con besos delicados pero peligrosos, ella le había permitido que bebiera los sonidos de la pasión de sus labios. Él tomaba su rostro con ambas manos, mientras que ella le enterraba los dedos en el pelo acariciándolo tiernamente. El vaivén del bote fue el movimiento sensual que acompasó a esos unidos cuerpos llenándolos de placer.
Inesperadamente y luego de muchos minutos ella empujando el pecho de Terry preguntó:
— ¿Qué estamos haciendo? —aturdidamente preguntó al tiempo que pensaba que era inconcebible y deliciosamente indecente.
— ¡Besándonos! —él le sonrió y frotó su nariz con la Pecosa —. No temas, hemos llegado, esta es la ribera más próxima a nuestras casas.
— ¡No lo puedo creer, pronto empezará a oscurecer! Terry es impropio todo el tiempo que estuvimos de paseo.
— Ahora somos novios, así que todo es muy propio Pecosa, pero tienes razón es mejor que nos apresuremos. No quiero que por esto mañana no te permitan ir a montar conmigo.
******
La mañana siguiente Candy se quitó la camisa con que durmió toda la noche, la cual ya se había vuelto su pijama favorita, desde que Terry se la brindó; cada noche ella cubría su cuerpo con esa prenda, dormía y soñaba con ese olor a Terruce.
Inspiró la suave fragancia masculina a lavanda, pasaba por su mejilla la suave tela, reviviendo los gratos momentos que había pasado a su lado, pero sus recuerdos se vieron interrumpidos por Dorothy quien le avisó que le había llegado otro inmenso arreglo de rosas rojas. Sin dudar, era el preludio que anunciaba que Grandchester estaba por arribar.
La hermosa rubia aceleró su arreglo personal, se esmeró en cada detalle, desde el peinado hasta la lustración brillante de sus botas. Candy parecía toda una valquiria, lucía un traje de montar de corte masculino color verde militar. Su largo cabello finamente lo recogió en una gruesa trenza que caía hasta su cintura. También portaba un sombrero a juego que remataba con sus intensos ojos verdes que proyectaban una seductora mirada felina.
Transcurrieron quince minutos cuando Terruce apareció en la recepción Andrew. Perfectamente ataviado con un traje gris oscuro para montar. Estaba ahí esperando de pie y destilando virilidad por cada poro. Sus pantalones grises se amoldaban a cada imponente curva y a cada marcado músculo de sus largas piernas, ciñendo sus pantorrillas y resaltando su figura atlética. Su chaqueta gris permitía que resaltara la camisa de lino que era de un blanco inmaculado. Cuando Candy llegó hasta él no pudo dejar de notar lo magnífico que estaba con ropa ecuestre, lo impresionante y masculino que lucía con su melena recogida en una coleta.
Terry se quedó mirando la atractiva y sensual imagen que ofrecía la "amazona" en su ceñido traje. Le parecía tan femenina, tan segura y tan inocente que deseaba estrechar su esbelto y perfecto cuerpo. Él la miró de una forma que hizo que la Pecosa se sintiera cohibida, halagada, y un poco inquieta.
— ¡Eres perfectamente bella! Tienes la facilidad de enloquecerme Candy —Con voz grave declaró.
—Y tú pareces un príncipe, un perfecto caballero —le costaba mirarlo de una manera recatada.
—He seleccionado y ordenado que te ensillen la yegua más tranquila, espero no te moleste, es por tu seguridad Pecosa.
—Espero que no te incomodes tú Terry, pero me gustaría montar a Teodora.
—Jajaja Pecosa veo que hoy también has amanecido con excelente humor, pero considero que la única forma de conseguir que cabalgues a Teodora sería que mi yegua cojeara de las cuatro patas. Si gustas ambos podemos montarla a la vez, no tienes nada que temer.
—Mocoso engreído, creo que no me has entendido… o no me tienes la confianza suficiente para prestarme a Teodora. No me asusta montar, quieres apostar.
—Continúas siendo osada Pecosa… muy bien acepto, veamos qué vas a "mostrar" el día de hoy—dijo sarcásticamente el actor.
Llegaron al establo y rápidamente Candy montó a Teodora. Su postura sobre la silla era excelente, sus esbeltas manos que sostenían las riendas protegidas por los guantes parecían ser muy capaces de controlar a cualquier indomable caballo. Terry con franca admiración lo reconoció para sus adentros y luego eligió a su caballo.
Candy queria ganar su apuesta por eso trataba de no distraerse con la cautivadora imagen del aristócrata. Era alto y ancho de hombros, sus piernas enfundadas en los ajustados pantalones ecuestres, estaban bien formadas con los músculos precisos en los lugares y rincones vigorosos.
Ambos empezaron a galopar hombro con hombro, pero la experiencia hípica de Terry lo hizo tomar la delantera. Ante esto la rubia azuzó a Teodora para ir cada vez más rápido, sufriendo el azote del viento el cual le voló su sombrero liberando su rubio cabello que se agitaba y brillaba a la luz del sol. Terry no sabía que le sorprendía más, si observar cómo la distancia que los separaba se reducía hasta casi alcanzarlo, o mirar la valiente y segura mujer que ahora era Candy, parecía una guerrera celta.
Ella se regocijó al ver que iban parejos y que él no le estaba otorgando la menor ventaja, ella lo iba alcanzando a pulso. Candy deleitó su mirada al ver que el viento le alborotaba su sensual melena a Terry, gallardamente lucía su postura y la rubia casi se distrae cuando él le brindó su maliciosa sonrisa de medio lado.
Los dos iban tan rápidos como el viento. Eran iguales en lo que a pasión y audacia se refería, pero finalmente la Pecosa tomó la delantera y le ganó al actor. Aceptando su derrota el inglés empezó aminorar la velocidad y tomó un sendero bien delimitado y sombreado estaban a kilómetros de distancia de la civilización. No quería volver todavía, quería pasar más tiempo con ella, necesitaba su luz, su ánimo y su risa.
—Creo que he ganado —dijo ella.
Cuando la rubia se dio cuenta, se olvidó de protestar al ver que Terry exudaba vitalidad y alegría. No supo en qué momento se había quitado su chaqueta, ahora llevaba su blanca camisa arremangada por encima de los codos, revelando sus muñecas y antebrazos de escultura griega. La prenda se pegaba a su cuerpo en zonas húmedas por el sudor, sobre todo a su estómago plano y su ancha y sólida espalda. El inglés desmontó su corcel y ató las riendas en la rama de un árbol.
— ¡Candy! —sorprendido le preguntó— ¿Dónde has aprendido a montar así?
— ¡Contigo! Tú me enseñaste Terry—le decía mientras intentaba bajarse de la yegua.
—Permíteme —se dispuso a bajarla.
La heredera Andrew esperó hasta que Terry se acercó para ayudarla a descender. Ella le colocó las manos en los hombros y habría saltado al suelo, pero él le rodeó la cintura con las manos y con fuerza la alzó para bajarla muy despacio al suelo. Mientras lo hacía la hizo deslizarse contra su cuerpo y ante este roce una evidente tensión se manifestó en su ser. La forma en que Candy estaba siendo sujetada no podía evitar ser consciente de la espléndida musculatura y virilidad del cuerpo de Terry, eran demasiado pujantes para ser ignoradas.
Tal y como ella se había imaginado, el amoroso roce le pareció la gloria, deseaba que ese momento fuera eterno antes de que sus pies tocaran el suelo e hizo un esfuerzo para estar aún más cerca. En cuanto ella tuvo los pies en firme, él bajó la cabeza y la besó con más intensidad de la que pretendía. Y ante ese estrecho y profundo abrazo algo cálido le serpenteaba en el bajo vientre a Candy, era el contorno largo y rígido del "apasionamiento" de Terry, delineado perfectamente aún sobre su ropa. Él al notar que la parte baja de su cuerpo cobró vida manifestándose ante la rubia, ruborizado rápidamente se separó de la Pecosa.
—Yo solo te ayudé a esfumar tus temores Pecosa.
—Pero…durante tu ausencia imité muchas de tus actividades y pasatiempos Terry —incluyendo el gusto por el vino pensó pero no se lo dijo—…según yo era una manera de seguir conectados, de tenerte cerca, de siempre recordarte.
—Mmmhh… entonces ahora te enseñaré otras cosas para gozar de nuestra cercanía Pecosa —con una mirada seductora y con un tono burlón Terry la abrazó.
— ¡Terry, no seas atrevido! —mientras le reclamaba lo empujaba retirándose de él.
—Jajaja. Temo que te estás imaginando una idea equivocada Pecosa… pero lo que sí te aclaro es que siento unos deseos irresistibles de besarte como Dios manda.
Y al ver el enfurecido rostro de la rubia, el aristócrata no pudo evitar reírse sonoramente, pues para él era inevitablemente graciosa la mueca que ella siempre hacía cuando él se mofaba de ella.
—Tranquila Candy, no te besaré si no quieres, no quiero que me vayas a cachetear —lo dijo por la experiencia del beso robado en el pasado.
—Terry, creo que es mejor cambiar de tema. De otra manera llegaremos a las bofetadas y me atrevo a decir que me llevaré la peor parte —le dijo al tiempo que se pasaba su mano por la mejilla.
— ¡Jajaja. Eres toda una salvaje Pecosa! Y así me enloqueces Candy.
Terry inclinó la cabeza y la besó. Estaba asumiendo un riesgo mortal, porque sabía que enojada ella era capaz de arrancarle un buen trozo de labio con los dientes.
—Perdóname Candy, es un error que jamás en nuestras vidas lo volveré a cometer. Lamento en el alma haberte golpeado aquella ocasión, te prometo por lo más sagrado que nunca lo repetiré. Nunca haré algo en contra de tu voluntad y jamás te tocaré si no lo deseas.
Se inclinó hacia ella un poco más y separó sus labios, su lengua pasó entre ellos y se movió hasta acariciar la de ella. La rubia lo único que pudo hacer fue aferrarse a él, rápidamente aprendió a batir con su lengua luciendo la pasión de su temperamento la que había florecido en todo su esplendor. Él hurgaba entre sus labios, exhortándola a abrir otra vez la boca para él y su acometida fue tan sensual que ella ensartó los dedos en las solapas de la chaqueta de Terry.
Ahora él le enseñaba un beso escandaloso y no era porque lo tuviera premeditado, era la naturaleza de su amor lo que los llevaba a ir subiendo el tono de las caricias.
Las discusiones, los rápidos y ocurrentes intercambios verbales en que se crispaban simplemente escondían una poderosa llama.
— ¿Podemos comer algo Terry? Besar provoca mucha hambre.
—Jajaja, eres terriblemente encantadora, y yo estoy dispuesto a comerte toda.
Candy no lograba ganar ninguna de sus "declaraciones", algo sonrojada por la emoción, los nervios y el pudor fue que ya no dijo nada, pero lo acompañó en las risas. Se sonrieron como un par de idiotas enamorados pícaros. Él estaba loco y ella le hacía segunda, no cabía duda de que estaban hechos el uno para el otro.
—Pecosa, es increíble saber que nos entendemos a la perfección —le confesó el actor.
—Tienes razón Terry. Ambos sabemos cómo disfrutar de una broma. Y eso es bueno, sino te imaginas si yo te resultara aburrida, tal vez te cansarías de mí al cabo de un mes—citó ella.
— ¡Más bien de una semana! —replicó él riéndose.
— ¡¿Terry, es que no tomas nada en serio?!
—Claro que sí, a tí mi amor, a nuestra relación, a nuestro amor —y lo selló con un amoroso y prolongado beso.
Tres horas después, Candy cabalgaba a la par con Terry en el camino de regreso a
casa.
—Qué actividad te gustaría que hiciéramos mañana, prefieres: explorar, nadar, caminar, leer, pasear, ir de compras… ¡dime Pecosa! Te prometí que tu estancia en Escocia sería memorable… además, yo nunca me limito a una sola cosa.
—Pero mañana no podré Terry…es que…
— ¿Tratas de librarte de mí cariño?
—No, es decir por supuesto que nos veremos pero aún no defino la hora.
—Hasta mañana amor —sin decir más la pecosa le dio el beso de despida y se retiró dejando a un preocupado novio.
******
En el siguiente día, Terry fue sorprendido en su recámara por sus padres, amigos: Patty, Albert, y su novia Candy. Todos invadieron la intimidad de su aposento para llevarle hasta su cama el pastel, al tiempo que le cantaban las "mañanitas". Era su cumpleaños y todos ellos acudieron ahí para felicitarlo y sorprenderlo. Se abrió la puerta, todos entraron y al unísono gritaron.
— ¡Feliz Cumpleaños Terry! —el actor se quedó paralizado, en su cama seguía sin moverse.
— ¡Vamos hijo, arriba! ¡Mira todos esos regalos son para ti! —emocionados decían tanto Richard como Elly.
Durante toda la mañana en la mansión Grandchester se respiró un ambiente de celebración, fiesta y convivio por doquier había letreros de felicitaciones. Y a pesar de que nunca antes en su vida el heredero había disfrutado de un festejo tan cariñoso, cercano y especial él ya deseaba que terminara, pues quería estar a solas con Candy.
Como víctima de un delicado hechizo, Terry percibió cómo sus sentidos, sus pensamientos y su conciencia se centraban en ella y cómo el resto de las personas desaparecían. Lo que resultaba obvio era que, antes, cada minuto de soledad había sido un tesoro, pero ahora, con el corazón lleno de impaciencia Grandchester imploraba que los minutos pasaran volando.
Miró a la rubia que con su vestido blanco y su sombrero la hacían ver como una muñequita. Al cruzarse sus miradas, ella se sintió confusa. En los ojos de él brilló un relámpago de ansia, adoración. Entonces la heredera adivinó que su impaciencia era por estar con ella, tenía que ingeniar algo para que ambos se retiraran. Candy apenas anunció que se robaría a Terry en un paseo para darle su regalo, cuando George llegó en busca de Albert.
Y gracias a esta intervención o a su suerte la fiesta se terminó, ya que Albert se tuvo que retirar por cuestiones del Clan Andrew, Richard iría de inmediato a Edimburgo para atender un llamado del rey, y tanto Eleanor como Patty lo acompañarían para mientras realizar algunas compras.
Por azar o por comprensión de cada uno de los parientes y amigos fue que los novios podían disponer de tiempo para pasar la tarde juntos. Mejor regalo de cumpleaños Terry no pudo recibir, puesto que ya todos habían abandonado la villa aristocrática y para no quedarse solos en la mansión decidieron también salir.
—Terry, te tengo una sorpresita, es decir tu regalo, pero no lo traigo conmigo, vamos por él —propuso la rubia.
—Pecosa, mejor regalo que tu compañía no puede haber. Hoy estás más que hermosa, luces tan celestial vestida de blanco que me entran ganas de corromperte.
— ¡Atrás Satanás! No creas que porque tienes el cuerpo de un dios, el rostro de un ángel y la astucia del diablo me vencerás.
— Siempre pensando mal de mí, para tu conocimiento Pecosa, tú has creado para mí un infierno más intenso que cualquiera pudiera imaginar.
— ¡Ay demonio!, será mejor que vayamos por Teodora!
—Pequeña hechicera, ¿a qué nuevo infierno planeas enviarme?
Al cabo de un rato y de haber llegado a su lugar favorito, fue que desmontaron a la yegua y se acercaron a un lugar bellamente decorado. Había dos mantas extendidas frente al lago. Los cestos de la comida y el vino estaban puestos al lado de cada manta.
Con anticipación Candy había decorado ese lugar con globos y letreros de felicitación, también había llevado los alimentos en unas cestas, sobre unos manteles blancos colocó las bandejas de bizcochos, galletas, sándwiches y el pastel. Él la miró con admiración y cariño, estaba sorprendido por la íntima celebración que su novia le había preparado.
Ella se sentó en la frazada, dobló las piernas y se rodeó las rodillas con los brazos, Terry se tumbó de costado a su lado y apoyó la cabeza en una mano.
—Aquí tienes mi amor, espero lo disfrutes y sobre todo que sea de tu agrado —entonces le pasó un libro envuelto, ese era su regalo.
—Lo mejor de Lord Byron, wow Pecosa! ¿Cómo supiste que no he leído este poemario?
—Tuve una aliada que me permitió acceder a tus rincones, vi lo que tenías y supuse lo que te faltaba.
Terruce se incorporó como si fuera a murmurarle las gracias al oído. Candy se inclinó para oírle mejor, pero sólo sintió que él le mordía suavemente el lóbulo de la oreja. Él le tomó la cara entre las manos, acarició sus cejas con los pulgares y desde allí fue descendiendo por las mejillas, pasó por la barbilla hasta llegar a su boca.
Luego exploró la carne suave detrás de sus labios, aspiró su calor, drogó sus sentidos con su esencia. La tersa caricia causó conmoción en ambos, se tumbaron en la hierba de forma desgarbada, la sumisión voluntaria de ella despertó una parte salvaje de él, mientras que la pasión de él encendió el alma de ella. Era la mujer más apasionada que había conocido, la más deseable que había contemplado nunca.
Candy haciendo caso omiso de su arrugado vestido, obedecía a sus manos que recorrían las masculinas formas con una sensación de descubrimiento, cada caricia íntima, amorosa, era de asombro. Pero la magia no había residido en esas caricias, se encontraba en la euforia, en la sensación de arrojo y de haber realizado la hazaña de disfrutar del momento, abandonarse a la alegría y al amor. Quería ofrecerle mucho más que el regalo de su cuerpo o de su amor, o tal vez hasta de su alma.
Él deslizó una mano alrededor del exquisito cuello, tratando de capturar las sensaciones que se volcaban sobre ella en una cascada etérea y sutil. El entusiasmo con que las níveas manos le buscaban, llevaron a Terry a un estado de ofuscación apasionada sin comparación. Estar recostados sobre la manta y sentir los latidos de su amada, para él era como estar entre cientos de fuegos artificiales estallando.
Él sonrió perezosamente, se las arregló para recuperar la compostura, se sentó y se recargó contra el tronco del árbol que les daba sombra, dobló las rodillas, colocó los pies a ambos lados del cuerpo de Candy. Terry la sentó en medio de él para abrazarla y relajarse aspirando su perfume, escuchando su respiración y los latidos de su corazón.
— ¡Gracias Candy, ha sido el mejor cumpleaños en mi vida! Ha sido demasiado, me ha encantado pero ya habrá tiempo para más.
Debido a su actitud y al comentario la rubia se percató de que el entorno donde se encontraban se prestaba al romance apasionado, y que él lo estaba frenando. Terry no había tenido la intención de besarla de esa manera. Y tampoco había advertido la apasionada respuesta de la Pecosa.
Grandchester pensaba que había sido un idiota, claro estaba. Pese a toda su inocencia, tenía pruebas fehacientes de que en el fondo de su dulce Candy había una mujer de carácter valiente, temperamento impredecible y naturaleza impulsiva.
Tan absortos estaban cada uno en sus pensamientos que no se dieron cuenta que se estaba formando una tormenta. Las nubes blancas se habían convertido en un velo gris oscuro.
—Será mejor que regresemos - dijo el actor mientras salían del resguardo de los árboles.
—Me temo que la llovizna nos tomó por sorpresa —respondia la rubia al ver que las gotas empezaron a caer cada vez con más frecuencia.
—Sí, eso ya lo veo – la lluvia ya había embarrado el suelo y ya estaba resbaladizo.
—¿Qué vamos a hacer? ¿Nos quedaremos bajo la lluvia un rato? —las ramas les sirvieron de refugio brevemente y luego no les sirvió de nada, aún así se mojaron completamente.
—Avanzaremos con lentitud para evitar caernos, llegaremos a Teodora para regresar a mi casa Candy.
La tomó por el brazo y comenzaron a caminar, la lluvia caía con fuerza, de modo que corrieron en dirección a la yegua cogidos de la mano, pero cuando tomaron el camino tanto se intensificó el viento y la lluvia que los jóvenes se resbalaron y cayeron al suelo de espaldas, se deslizaron hasta llegar a Teodora, la cual estaba muy inquieta por el sonido de los truenos y por el agua. Aún así lograron montar al animal y regresaron totalmente empapados a la Villa Grandchester. Ingresaron al salón principal e inmediatamente Terry se coloco de rodillas junto a la gran chimenea para encender el fuego. Candy miró hacia la puerta, no era propio estar a solas con un hombre en un salón cuyas puertas estaban cerradas. También pensó en los sirvientes y familiares ¿Si llegaban qué dirían? Él se acercó a ella y le dijo:
—¿Tienes miedo de estar a solas conmigo? Te prometo que no comprometeré tu virtud. No debes temer Pecosa.
La rubia no podría haber esperado un respeto más encantador, e inconscientemente dio un paso hacia delante con una expresión de credulidad en el rostro.
—Ven Pecosa, siéntate junto a la chimenea. Deberías quitarte la ropa —le sugirió.
La rubia se acercó y se detuvo a su lado. Sus miradas se quedaron atrapadas.
—Si, estoy empapada—dijo ella, estremeciéndose de frío.
Terry acortó aún más la distancia que los separaba y alzó las manos para quitarle la capucha. El rubio cabello cayó como una cascada sobre sus hombros y su espalda. Después de eso el aristócrata se quitó la chaqueta y la arrojó al piso. En esos momentos, estaba tirando de una de sus botas.
La mente de la rubia se llenó de imágenes de sí misma, quitándose la ropa ante Terry, y extrañamente, el calor que sintió fue menos de vergüenza que de impaciencia. Estaba maravillada, embargada por una especie de postración, y era muy consciente de que todas esas sensaciones se estaban grabando a fuego en su cabeza. Sus temblores ya no los provocaba el frío.
—Yo... eh... —de repente Candy se quedo sin aliento.
—Espera Pecosa — y las palabras de él quedaron suspendidas en el aire pues salió del salón.
Candy escuchó un sonido y se giro, en ese momento Terry volvia con la bata que hacía algunos años en ese mismo lugar y por la misma razón él se la había dado. Ambos nuevamente se refugiaban de una tormenta y buscaban el calor que sus mojados y frios cuerpos necesitaban. Parecía irónico como el tiempo nuevamente les pagaba una cita inconclusa, un momento tan anhelado.
—Ahora si puedes cambiarte. Te prometo que no te veré…ni te miraré —le decía al tiempo que le daba en sus manos la bata.
Candy sabía que todo se había vuelto mucho más complicado, estaba en una situación comprometedora, pensó en Terry que estaba detrás de ella, y se preguntó si en verdad estaba mirando hacia otro lugar, o si estaba observando cómo ella se desvestía. ¿Qué debía hacer? Sabía instintivamente que jugar con él era jugar con fuego. Y en el fondo tal vez ella tenía el mismo espíritu de jugadora que él.
Sin embargo, le confiaría su vida a ese hombre, comprendió de repente que no debería desconfiar de él en lo absoluto. Su rebelde le inspiraba la sensación de seguridad y confianza pese al peligro de la debilidad y deseo que ambos enfrentaban.
Se quitó la primera prenda y se detuvo, el calor que sintió en las entrañas la hizo dudar y sin poder evitarlo, miró por encima de su hombro hacia atrás. Pretendía cerciorarse de que él no faltara a su palabra y que no le estuviera haciendo trampa.
Su alma volvió a su cuerpo cuando comprobó que el actor estaba comportándose como todo un caballero; estaba de espaldas a ella, también se estaba cambiando. Se había equivocado al dudar de él y no debería haberlo hecho.
A la par terminaron de vestirse, y él le pidió que le avisara el momento en que pudiera girarse hacia ella.
—Listo, he terminado Terry, ya te puedes voltear —indicó la heredera quien lucía divinamente bella, su imagen era tan sensual e inocente, tan dulce y tan arrolladora.
Al verla el actor se impresionó, se acercó le tomó la mano, entrelazó sus dedos con los de ella, la besó en la frente y después de besarle cada uno de los dedos la abrazó y le declaró.
—Eres la mujer más hermosa del mundo. Cuando intento recordarte tal como eres ahora, mi deseo por ti se vuelve desesperado… Sin embargo, los recuerdos son una pobre imitación de la realidad. Ningún pensamiento, ni recuerdo ni sueño podrían hacerte justicia nunca.
Sus palabras la conmovieron muchísimo. Se sentía protegida y segura allí entre sus brazos y, contrariamente a sus dudas y temores, aceptó encantada la estoica seguridad que le transmitía ese cuerpo. A la vez se preguntaba ¿Cómo podía un caballero de buen talante y sangre caliente resistirse a algo así?... a ella le estaba costando un infierno pues se estaba quemando viva.
Terry la atrajo hacia sí rodeándola con un brazo y con el otro la tomó por la nuca. Candy se aferró a la varonil espalda con desesperación. Él se inclinó para besarla apasionadamente, la estrechó entre sus brazos, luego recorrió su exquisita espalda ávidamente de arriba abajo con las manos, también él rozaba sus pechos sin apenas acariciarlos. La sensación de su firme carne juvenil enfundada en la bata de seda resultaba deliciosa al tacto.
— ¡He esperado tantos meses para hacer esto! — le murmuró él.
Terry se estremeció al llegar a sus labios aterciopelados que lo seducían y lo redimían, se apoderó de su boca con violencia, introduciéndole la lengua, duró tanto y fue tan intenso que quedó tan falto de aliento por ese beso, que ella trató de renovarlo. Candy apenas sabía lo que estaba haciendo, intentó en vano tocar con sus dedos temblorosos cualquier parte de la anatomía de Terry mientras suspiraba, llena de ansiedad.
—Mi tierna y dulce chiquilla—murmuró él — ¿Te estoy asustando? —preguntó conmovido por su inocencia.
De algún modo ella logró negar con la cabeza y extendió su mano hacia el firme pecho. Su caricia fue breve pero lo llenó de placer, se estremeció ante la insoportable suavidad de su piel, era tan ardiente y tan apacible a la vez.
Entonces él la apretó contra su ser, la fricción sedosa entre la piel de ambos hizo perder por completo el sentido a Candy, abrió la boca para clamar algo cuando el actor la atrapó hundiendo la lengua profundamente entre sus labios. Sentía con agudeza casi dolorosa el cuerpo suave de la Pecosa apretado contra el suyo, sus pechos pegados a sus costillas. Con una mano le levantó la cara, con el otro brazo la sujetó. Los verdes ojos se veían enormes y espantados. Terry pensó que la estaba asustando y le dijo suavemente.
—Nunca te haría daño Candy. Eres todavía tan inocente, pero eres también la mujer más sensual que he conocido. Tras eso él encendió el fuego de sus entrañas, ella se apretó contra él y le devolvió el beso con la misma ansia y el mismo frenesí.
— ¡Qué delicia!— logró articular Terry —. Tu pulso vuela a la velocidad de la luz —le decía mientras pasaba su dedo por la nívea garganta. La sutil caricia provocaba que el pulso le golpeara y retumbara en las sienes y muñecas de la rubia.
Ella nunca había sentido tal excitación como cuando el aliento de Terry rozó su cuello, luego se tornó más agresivo dándole un intenso beso con la boca abierta, con el que estuvo a punto de morderla, pero en lugar de esto la osada lengua de Grandchester comenzó a acariciarla, la rozaba como una pluma, la apretaba, la frotaba.
A veces, los besos de Terruce habían sido increíblemente tiernos; en otras ocasiones, habían sido oscuros, exigentes y duros, pero ahora eran extremadamente apasionados y salvajes. Ahora él debía lograr, mantener encerrado en su jaula al león de la carnalidad que amenazaba con salir y devorar.
Candy respiraba trabajosamente, incapaz de creer el intenso placer que había experimentado. Se mordió el labio para no gemir y fracasó, porque profirió un sonido suave y empezó a respirar entrecortadamente. Terry era la viva definición de lo irresistible, era la piel del diablo. La Pecosa tuvo que cerrar los ojos, todavía incapaz de respirar con calma. Él agarró su cara con una mano y ella abrió los ojos, se ruborizó con un persistente recato.
— ¿Te he hecho daño?, ¿Te he ofendido? —preocupado pregunto.
—Claro que no —. Ella se sorprendió de sentir una parte de su espíritu libre por fin de represiones, se abrió como la compuerta de un dique y un aluvión de deseo la inundó—. Tú nunca podrías hacerme daño, mi amor. Te amo demasiado —dijo la rubia.
Cuando ella volvió a buscar sus labios, él comprendió que deseaba más. Los ojos de Terry se agrandaron, llenos de perplejidad.
—Lo sé — y él la apretó con más fuerza—. Lo sé, Pecosa —como si entendiera, la miró con recelo. Yo también te amo infinitamente.
Volvieron al beso profundo y apasionado, ahora ella dirigía quería saborearlo por entero, lo mordió y volvió a besarlo. Un gemido de sorpresa, áspero entrecortado surgió de él. Los dientes de Candy le hacían daño y al mismo tiempo le procuraban un placer extremo. Él la miraba con auténtico asombro, su expresión se llenó de una satisfacción salvaje, tenía el rostro crispado por el deseo y la determinación, la miraba sin vacilar.
El delicioso calor del cuerpo de ella invocaba su sangre como un canto de sirena. Ella significaba para él su paraíso, inexplorado territorio… deseaba llegar a la cúspide de sus montes turgentes, penetrar y perderse en el valle exuberante y derramar su semilla en esas fértiles llanuras. Definitivamente moría por ser el primer explorador de esa tierra virginal.
—Mi sangre arde por ti —dijo él y, soltándola, retrocedió. No sabía si podría dominarse y esperar. La miraba con idolatría. La amaba con veneración y la trataría inmaculadamente. Meditó acerca de la agradable tarea de cuidar de ella, y esa razón era lo que le ayudaría a protegerla de los demonios del deseo que dominaban su ser— ¡Sálvame del fuego y el azufre que me esperan si continuo Pecosa!
¿Bendición o Maldición?... En ese momento, Candy comprendió hasta qué punto se estaba conteniendo Terry. A ella le costó un gran esfuerzo separarse de él. Debía evitar cualquier situación que pudiera llevarlos a cometer un error. Ambos compartían la misma sensación de libertad, de aventura, de pasión… así como la misma integridad moral. Y si él estaba marcando la pauta de respeto, ella no sería la primera en romperlo, tendría que comportarse como toda una dama a la altura de ese caballero.
Pero… aún así, la Pecosa no podía abandonar la nube de extenuación salpicada de placer en la que se había abstraído. Sería lo suficientemente fuerte para ayudarlo, o culparía a la debilidad del deseo y se entregaría por amor. ¿Sería la culpable de que sucediera… o impediría el acto de amor?
Así tal como los novios en su interior luchaban por vencer el torrente de emociones que los azotaban, igual parecía que esa infernal lluvia no tenía fin, amigos y familiares estaban varados en algún lugar, la tormenta no pensaba ceder, seguía castigando con la fuerza de sus vientos, lluvia y relámpagos.
Sería una noche muy larga…para la espera… o muy corta… para el amor.
C O N T I N U A R Á. . .
Gizah
HOLA NIÑAS HERMOSAS: Nuevamente aquí terminé un capítulo más, quedo a la espera de sus comentarios, reclamos, tomatazos, sugerencias, aportaciones, dudas, y demás etc
SYNDY: Hola Nena! Bienvenida a este, tu humilde espacio, por supuesto que será tal como tú dices, pues mira T&C se merecen un final feliz ya por fin... aunque en mi fic aún no sé por lo que pasen previo a llegar a la fase final. Pero ya lo veremos según los capítulos que vengan Gracias por leer!
ELENA: Amiga, cómo estás??? Por lo que habrás visto te darás cuenta que abandoné un poquitín mi fic, nunca ante me había tardado tanto en actualizar! Para que veas Amiga que a ti no es a la única que he olvidado. Necesito organización pues últimamente sí que ando despistada. Helen, gracias por clasificar a la altura de los clásicos romances, a éste mi idilio entre C&T, me pusiste la piel chinita Amiga!!!
MARIANA WAY: Ahora yo fui quien se retrasó en escribir Amix,,, en dos noches me aventé este capítulo pero ya no podía atrasarme más, tal vez no diga nada mucho en este capítulo pero lo escribí express para reportarme ya!!!! Y sí estoy muy enamorada Maryan,,, pero aparte ese Terry me hace imaginarme cada cosa, es más en el siguiente capítulo vendrá algo recargado mostraré como me imagino a ese Adonis-Hedonista jaja… Y que bueno que estas bien amiga y que no sucedió nada malo. TQM!!!
MAFMZT: Mi querida Machel, no puedo creer que ando logrando convertirte en Terrytana, por un momento te hice desear al aristócrata jaja. Pobre de mi buen amigo Albert, mira que las mujeres que se le acercan siempre lo hacen partiendo de Terry, ya sea antes o después de haber amado a Terry llegan a Albert!!! Qué difícil ha de ser que tu mejor amigo sea tu punto de referencia o principal rival jiji. Machel deberíamos de escribir algo juntas tomando ese tema para la trama jaja. Amiga me tardé pero volví!
MOONDAN: Moon, espero haber cumplido con la dosis suficiente de besos que pediste, aunque ahora llevaron pilón esos besos pues mira que todos incluyeron "frotadita" jiji. Amiga este capítulo lo escribí aceleradamente porque me dí cuenta que había pasado un mes sin que actualizara. ¡Perdón! Nunca había dejado transcurrir tanto tiempo. Espero que no vuelva a suceder, por lo pronto aquí va lo que pediste. Saludos Hermosa Niña. TQM
MARIA FANS NO. 1 DE TERRY: Mary cómo está eso de que no tienes amigos!!! Y luego nosotras qué???? No permitas que la discriminación, intolerancia y estupidez de la gente te dañe. Cada individuo tiene su propio valor y tú no te debes menospreciar por los tontos comentarios y absurdos comportamientos de la gente. Amiga, échale ganas a esta vida que es maravillosa, aún con las difíciles adversidades que se nos presentan. De la música de Armand si te comenté Amix, y por cierto ya te lo traeré lo que pasa es que le di vacaciones después del tormento chino que le dí jiji. Mary, estamos juntas aún en la distancia, arriba ese ánimo mujer!!! TQM
AKANE KAGOME: Hola Akane! Qué pena tengo contigo mujer! Mira que te tocó presenciar mi larga ausencia. Así que antes que nada te pido disculpas por mi tardanza si? Segundo te agradezco muchísimo tus lindísimas palabras. Wow! me encantó saber que también disfrutas de esa pasión reprimida y disfrazada entre este par. Sabes qué… incluiré algunas escenas de ese tipo jiji, ya que veo que son las que más te emocionan!!! Akane Mil Gracias por las porras, son muy finas y motivantes tus palabras y frases de tu review (del cual no hay problema que haya sido solo uno, fue más que efectivo) pues la calificación que me das me eleva grandiosamente. Nena para mí será un privilegio que me sigas acompañando en esta aventura que no sé cuanto dure, por lo pronto aborda y luego ya veremos. Tarde pero volví. Express pero con Capítulo! Hasta pronto!
NASTHINKA: Hola Nash, perdóname por tanta ausencia amiga aquí y allá en la "Correspondencia" pero anduve por un torrente emocional que me sacó de mi estado normal de vida… y pues por eso anduve absent jiji. Respecto a Terry si tienes toda la razón, pero recuerda que él andaba con la necesidad de Candy al 100 por ciento y en ese momento más que nunca él necesitaba de dulzura (mira que me ensañé con él) por eso anduvo mansito, mansito con la Pecas, pero ya verás que poco a poco volverá a ser aquel arrogante, sarcástico, atrevido y sensual chico que nos vuelve loquitas!!! Nash ahí voy a ver mi Correspondencia Bendita! TQM.
MALINALLI: Pues me sigue escurriendo la miel Amiga jajaja!!! Pero ya verás que le iré subiendo de tonalidad, digo claro que avisaré para no incomodar a las chicas que no les gusta lo rojito verdad, pero esa es mi loca idea. Y como le decía a Nash, si ha pecado de romanticón-fresón y empalagoso mi Terry, pero venía más dañado que nunca (por mi culpa, por mi gran culpa jiji)pero ya lo iremos normalizando para que sea el Terry de siempre okis? Y tu seca??? De dónde salió eso, para nada mira que eres la chica talento que le escribe Fics a todos los galanes, cuál seca cuando traes un manantial de ideas Maly!!! Gracias por tu apoyo Amiga-Editora ahí vamos, ahí vamos.
PD.- Qué tal la conferencia te gustó? Prolongada verdad?
LERINNE: Hola Lerinne!!! Ya te extrañaba eh Niña! Wow sí que me emocionan tus palabras, pues mira que es un reto escribir cada capítulo pero si realmente te sorprendo en cada uno, híjole sí que valen la pena las noches de desvelo Amiga, pues ese es mi cometido, que lleguen a sentir cada emoción que trato de plasmar. Y tú dime si quieres que continuemos dejándote seca la boca con el atrevido Grandchester, o ya lo quieres bien portadito jiji, espero tus comentarios Amiga!!!
I LOVE TERRY: Primero que nada una disculpa Nena, por mi injustificada demora!!! Sabes, fue necesario que recibiera un correo donde me jalaron las orejas por "abandonar" lo empezado, y aquella chica tuvo toda la razón, pues yo he sufrido mucho con fics que no han sido terminados y que lo dejan a uno al borde de la histeria…Trataré de que no vuelva a suceder si Amiguix. Por lo pronto aquí estamos, veamos si te gustó o no este capítulo, espero tus comentarios Nena!!!
ELHYZHA: Amiga, no sé si te gusten estos encuentros que solamente fueron "roces", pues desde el anterior capítulo mira que yo ando igual que tú, ya quiero, ya me anda, ya me urge porque pasen cosillas entre este par de tortolitos, pero mira que ahora Terry se está desquitando por todo lo que le hice pasar, y ahora se está poniendo sus moños y me está haciendo sufrir de esta manera. ¡No se deja poner en cueros! Jajaja
