I N Q U E B R A N T A B L E
CAPÍTULO 15
"EL COMPROMISO"
Su cuerpo naturalmente estaba respondiendo como lo haría ante la mujer amada y sobradamente bella, aunado a los años de celibato que había pasado lo estaban desquiciando. Razón por la cual comenzó a restregarla contra su cuerpo de un modo tan incitante que creyó, que el anhelo que sentía en su interior acabaría por estallar y su luz calor rivalizaría con el de las mismas llamas de la chimenea.
No podía dejar de ser un hombre apasionado, le estaba siendo imposible comportarse como un caballero respetuoso.
Lo que siguió fue más parecido a un combate de lucha que a un acto de amor. No supo exactamente cuánto habrían seguido besándose de ese modo. Candy notaba el rastro de calor en su piel en los puntos donde Terry le había acariciado con los dedos, y en consecuencia su euforia intentaba saltar los límites.
— ¿Sabes lo que haces? —gimió él, asombrado.
—No —contestó ella, extrañamente segura de sí misma.
Ella cegada por sus zafiros convertidos en brillantes estrellas lo miró fijamente. Una oleada de comprensión la embargó entonces. No podía hacer aquello. Había intentado cumplir sus deseos, pero sabía que no era lo correcto.
El nunca aceptaría aquel ofrecimiento, aunque con sólo pensarlo se sintiera excitado. De corazón tal vez ella estaba dispuesta a entregarle todo, pero quizá Candy no tenía idea de las consecuencias o ni siquiera estaba preparada para entregarle su cuerpo, solamente se estaba dejando llevar como él. Las voces de la razón y la conciencia se pusieron en pie de guerra y él obedeció. Interrumpió el beso pero no la soltó.
—Aprendes muy deprisa Pecosa—dijo él, frotando la nariz contra la de ella y luego besándole la mejilla, —Pero también es verdad que eres una mujer inteligente. Debes comprender que pienso imponerte la obediencia propia de una novia y como pienso hacerlo…
— ¡Terry, nunca me había dado cuenta de lo paradójico que puedes llegar a ser... ni lo carente de escrúpulos que te vuelves!
— ¿Humm? —Le recorrió la mandíbula con leves besos hasta la barbilla. —Otra vez me estas juzgando mal Pecosa. Te amo, ¿lo sabes? —dijo— Y por eso mismo te respetaré aunque… ¡Van a tener que canonizarme, estoy a punto de convertirme en un SANTO!
— ¿Te has cruzado de brazos? — ella le preguntó al momento que él rompía el abrazo para hablarle solemnemente y con los brazos cruzados.
— ¡Caray! —exclamó Terry—Nunca antes nadie me había acusado de un exceso de sensatez jajaja.
—Terry… es que nunca tomarás en serio nada de lo que haga, nunca te dejarás de burlar de mí. —apenada y entristecida le reprochó la rubia.
—Me llena de emoción que adivines tan fácilmente mis intenciones —dijo— Pero confieso que los dos lo hemos disfrutado como si fuera una especie de "juego" o "exploración" que acabará mal si no nos detenemos.
— Si Terry, tienes razón… hemos tenido unos días maravillosos y doy gracias al cielo por cada uno de ellos. Me has hecho descubrir tantas nuevas sensaciones… y lo que ahora te brindo me nace del corazón Terry, es lo que dicta mi interior.
— ¡Candy! —Exclamó sorprendido— Te deseo a morir y lo has notado igual que yo lo veo en ti.
En el aire, sobre ellos aún había demasiada tensión. La pasión no se despejaba ni un ápice.
—Sí, Terry y ahora también me deberás enseñar a ¿Cómo vencer esta pasión sobre nuestra estrecha distancia? ¿Cómo cambiar este ardiente dolor por un minuto de amor? —ella le respondió, y luego.
Tomaron asiento y se acurrucaron en el cómodo sillón frente a la chimenea, abrazados. Candy hacía malabarismos entre el calor infernal de sus labios y el oscuro mar azul de sus ojos. Ella lo miraba fijamente, sus enormes ojos verdes eran tan grandes y atrayentes que Terry sintió que se perdería en ellos, pues sus labios atractivos, húmedos y recién besados seguían siendo una invitación a la incitación, a la cual no se pudo resistir.
Se hundieron en otro profundo beso cuando de repente apreciaron que se filtró una luz hasta ellos, sintieron como si un relámpago los hubiera alcanzado. Era porque inesperadamente la puerta fue abierta y a paso veloz y sonriendo entraron Richard y Eleanor, ambos huían de la ligera lluvia.
La tormenta había cesado, si bien el cielo seguía cubierto de nubarrones negros, sin lugar a dudas, ninguno de los dos habían previsto la prematura llegada del Duque y Eleanor.
Y así como no habían podido evitar que lloviera, ni haberse visto obligados a buscar refugio. Los novios sentían que no tenían alguna explicación válida para el hecho de haber pasado tanto tiempo y a solas en la privacidad de la mansión.
Como resorte Terry se paró y saludó a sus padres, mientras que Candy se incorporó poniéndose tan respetable como le era posible sin la ayuda de un cepillo o un espejo. Se puso en pie y buscó su ropa que había terminado colocada cerca del fuego. Al menos, las prendas ya estaban secas.
Los padres de Terry pasearon fugazmente su mirada por los presentes y por la escena que los rodeaba. Era evidente que estaban analizando la situación por el ambiente romántico que se respiraba.
Consciente del suspenso y la incomodidad que se había creado entre ellos. Eleanor tuvo la iniciativa de invitar a Candy a su habitación para ayudarla a cambiarse, ya que detrás de ellos el carruaje de Albert se acercaba para pasar por ella.
*******
Más tarde, ya que Albert se había llevado a Candy, y que Terry se había ido a descansar sus padres hablaban sobre lo que habían visto minutos antes.
—Cariño, tú sabes lo que deberás hacer, antes de que sea demasiado tarde. Y sé que harás lo mejor para Terry, porque lo quieres y deseas que disfrute de una vida de paz y felicidad, como la que hasta hoy estamos teniendo nosotros.
—Si Elly, tengo que pensar en mi hijo y su porvenir. Lo apoyaré en todo lo que decida.
Ella se puso de puntillas y lo agarró de los hombros para darle un dulce beso. Él sonrió y la enlazó por la cintura.
—Soy una marioneta en tus manos mi querida Elly.
— ¿De veras? —bromeó ella, y él la besó.
—Vayamos con Terry, es necesario que hablemos con él.
Ambos se dirigieron a la habitación de su hijo y después de saludos y pláticas banales de una manera muy sutil iniciaron la plática con él.
—Terruce, hijo mío, —Richard no encontraba la forma de abordarlo—... Te entiendo perfectamente, sé que has encontrado el amor auténtico y duradero, la misma clase de amor que yo comparto con Eleanor, - al ver la sorpresiva reacción de su hijo le reconfirmo lo dicho- sí tu madre Terry, debo confesarte que la amo más que nunca, y solo estamos dejando pasar un tiempo para casarnos, ahora que finalmente me he divorciado de tu ex madrastra.
— ¿Por fin te has divorciado de la Sra. Cara de Cerdo? —sorprendido preguntó.
— Si hijo, finalmente lo hice, y debido a que temí que pudiera incurrir en críticas aquí en Inglaterra, por casarme nuevamente con Eleanor, presenté mi renuncia a mis deberes en la Cámara de los Lores. Renuncié a mi posición en el parlamento para proteger a tu madre.
—Padre, ¡No, no puedo creerlo! —el hijo escudriñó a su padre— En verdad estás dispuesto a dejarlo todo por ella. No puedo creer que eso esté ocurriendo. ¿Estás realmente seguro de lo que harás Padre?
—Así es Terruce, es por eso que al enterarse el Rey de mis planes me mandó llamar con urgencia para exponerme su total apoyo y ha roto enfrente de mi tal renuncia, no la aceptó. De hecho también la reina me ha mostrado su solidaridad y nos ha organizado una fiesta en honor a los Grandchester, lo hace para agradecerte los servicios de espionaje que sin querer le brindaste a tu nación hijo.
— ¿Cómo es posible que puedan hacer eso? Mi intervención fue accidental, quien debería llevarse todos los honores es Armand.
—Si hijo tienes parte de la razón, pero tu vida estuvo en riesgo y gracias a ello logramos descubrir información militar valiosísima en estos tiempos de guerra. Además también ha sido invitado tu amigo Armand, pero como comprenderás no se le podrán hacer honores a él, pues su condición de espía no le permite que se haga pública su identidad, funciones y logros. Por lo tanto, prepara equipaje que viajaremos a Londres allá será la fiesta en el Palacio Real.
—Por supuesto que deberás llevar a Candy hijo. —dijo con cierto tono de complicidad Eleanor.
—Terruce tu madre y yo hemos notado el gran amor que existe entre ustedes dos, por eso entendemos y apoyamos tu decisión, sé que no ha sido fácil para ustedes y, dejando a un lado la cuestión del escándalo que atraviesa Candy, creo que no hay mejor candidata como la señorita Andrew para ser la próxima duquesa, está dotada de sobrada nobleza y carisma. Después de tu madre será la más bella duquesa de Grandchester, claro está!
— ¡¿Padre, me estas brindando tu consentimiento para mi boda con Candy?!
—No solo eso, tienes todo mi apoyo económico para realizar una majestuosa celebración.
—Y yo me encargaré de la organización hijo, claro si tú y Candy me lo permiten. — dijo Eleanor.
—Padre, madre… les agradezco enormemente que piensen "demasiado" en mí pero yo no he pedido ni he aceptado el ducado, así como la ayuda para la boda, de hecho es algo que primero tengo que pedirle a Candy y aunque ya estoy trabajando en la forma en que lo haré... ¡Creo que ustedes se están adelantando!
Tras la última frase tanto Richard como Elly se rieron discretamente.
—Para serte sincero, –dijo– estoy siendo muy egoísta, pero me gustaría que tú, como mi hijo mayor, ocupara en el curso del tiempo el lugar que me corresponde en la Cámara de los Lores. No me gustaría perder el título que tanto amor y sacrificio nos ha costado a cada uno de nosotros hijo, nada menos postergó el convivio de familia que ahora hemos retomado, nos privó de todo este cariño y amor. Me parecería injusto dejarlo en las manos de la Sra. Cara de Cerdo cuando tanto dolor le costó a Eleanor y sobre todo a ti Terruce. Piénsalo hijo, es una decisión que esperaré pacientemente, tómate el tiempo necesario. Y de la boda no tienes que decirlo hijo, estás que te mueres porque Candy ya sea tu esposa.
—Y sobre los "adelantos" hijo, con todo respeto solamente tú y Candy saben que tan "adelantada" va su relación. Nosotros solamente los queremos ayudar a culminar esa hermosa relación de amor que existe entre ustedes. —le decía Eleanor a su hijo mientras lo abrazaba — Piénsalo hijo, estaremos respaldándote en todo lo que decidas y con todo lo que necesites.
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Como ya era su costumbre a la mañana siguiente Terry apareció intachablemente ataviado con un traje azul marino, yacía en la mansión Andrew, pacientemente esperaba a su amada rubia.
—Candy me encantaría que me acompañaras a Londres al palacio real, la reina ha realizado una fiesta y somos sus invitados de honor.
—¿Yo? ... No sería buena acompañante puesto que aún debo de estar en boca de todos. No quiero desprestigiarte si te ven a mi lado Terry.
—Jajaja, ¿¡Junto a mí, el rebelde de la nobleza aburrida!? No te preocupes, ya sabes que esas situaciones las controlo muy bien.
—Terry esa gente es muy despiadada, no se tocan el corazón cuando quieren destruir y humillar a alguien.
—Eso déjamelo a mi. Nada malo te pasará, estarás a mi lado yo te protegeré. Conozco a la mayoría de los invitados, en su mayoría son amigos de toda la vida de mi padre. Todo saldrá bien, solo sé tú misma.
—Pero, es que la mayoría de las personas importantes que vi en la noche del escándalo… probablemente estarán allí, reunidas en el palacio real, ¿Qué haré cuando las tenga en frente otra vez? ¿Qué diré? ¿Qué puedo hacer? ¿Qué pensarán de mí?… es que supongo que no tendrán muy buena opinión de mí.
—Tranquila Pecosa, yo estaré allí para rescatarte de las aguas peligrosas de la alta "suciedad" jajaja. Es más te aseguro Candy que te convertiré en la mujer más solicitada de Londres, después de ese evento ya verás que recibirás invitaciones para las fiestas más prestigiosas.
—No lo sé Terry, es que ...
—Vamos Candy yo te acompañaría al mismísimo infierno antes de exponerte y abandonarte ante las fauces de la alta sociedad inglesa.
— Jajaja ¿Quieres decir que el infierno es más divertido que Londres? — Candy se rió.
—Sólo sé en cuál de los dos se respira una atmósfera más saludable jajaja.
—Está bien Terry, tú ganas, te acompañaré a esa fiesta —respondió—Pienso que asistir es la forma más importante de acabar con cualquier rumor sobre mi.
—Nadie va a hacerte daño —le aseguró— Te doy mi palabra. Eres mi novia y no deberás dejarme solito jajaja.
Candy decidió asistir simplemente por cuestión de orgullo, aunque podría dar la persistente impresión de su temor por aparecer en público, también tenía la valentía de no dejarse dominar por el miedo a las burlas, chismorreo y rechazo que acarrearía.
Esta vez no se acobardaría como últimamente lo había hecho. Ahora echaría mano de todo su coraje para enfrentarlos. Acudiría y mantendría la cabeza bien alta, a paso firme aplastaría a los infames que la habían subestimado la noche más espantosa de su vida.
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Luego de que regresó de su breve paseo con Terry, y de que éste la dejara en la mansión Andrew, la rubia entró corriendo con gritos buscaba a Albert.
— ¡Albert, Albert!—entró como loca gritando en la biblioteca y al verlo ahí, en el mismo tono alto y emocionado le dijo—Terry nos ha venido a invitar a una fiesta en Londres, ¿lo acompañaremos verdad, iremos con él sí?
En sus prisas locas y con su elevada emoción, la Pecosa no se dio cuenta de la presencia de la Tía Abuela Elroy. La anciana mujer se puso de pie después guardar el documento que había firmado, sentada al escritorio.
—Por supuesto que no irás Candice, tus modales siguen dando mucho de qué hablar, además no es correcto que se te vea al lado de ese joven sin dama de compañía.
—Tía-Abuela —intervino Albert sin abandonar la sonrisa— Candy no necesita ninguna carabina mientras pasea con Terry, ambos gozan de mi confianza. —Y aunque la necesitara... —agregó el rubio alzando las cejas y dejando la frase en el aire— Sí, me encantará acompañarte Candy.
— ¿Qué estás diciendo? ¿De qué se trata esto William? Debes considerar de importante el permiso que le estas consintiendo, y no de clasificarlo como un asuntillo sin el decoro debido. Candice es nuestra heredera-casadera. No es correcto que viaje a Londres en compañía de ese joven.
—Con todo respeto Tía-Abuela yo no encuentro ninguna falta en que Candy viaje a Londres para acompañar a los Grandchester a una fiesta donde también ella ha sido requerida como invitada de honor, además me extraña tanto tu oposición ya que ¿eso era lo que querías, no? que Candy se relacionara con lo más selecto de esta sociedad para que buscara pareja.
—Sí, pero a qué clase de evento la puede llevar ese actorcillo, ¿al estreno de una de sus obras? —Sarcásticamente se expresó la dura mujer.
—Estará con el Duque de Grandchester, su esposa y su hijo —respondió el líder del clan, con voz maravillosamente arrogante y enérgica—Porque la reina les ha organizado una fiesta en su honor. Lo sé porque también a mí me llegó invitación del palacio real. Por lo tanto iremos.
—Gracias Albert —se acercó la Pecosa y le dio su beso de agradecimiento en la mejilla — como comprenderán me tengo que retirar para preparar mi equipaje, apenas tengo el tiempo necesario. ¡Con permiso! —hizo su reverencia y se retiró.
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El baile era uno de los grandes acontecimientos, desde su regreso a Londres Candy bullía de ansiosa expectación ante una situación que, sin ninguna duda, iba a ser diferente. Iba a ser su reencuentro alarmantemente público y ya estaba a un par de horas de llevarlo a cabo.
Nunca antes le había importado lo que llevaba puesto, pues la Tía-Abuela Elroy siempre le elegía y surtía su guardarropa, pero ahora con su ropa más que lucir su posición social quería impresionar a Terry.
Aún no decidía cuál vestido lucir, estaba frente al espejo ensayando el peinado que debería llevar, ya estaba desesperada pues Patty estaba ocupada realizando por sí misma su arreglo personal, así que finalmente, se dio por vencida. Dándose la vuelta, agarró las manos de Dorothy y comprendió que debía de estar loca. No había podido evitar el deseo de experimentar algo de glamour.
—Quiero ponerme carmín... ¡y pintarme los ojos! Quiero lucir bella Dorothy!
—Si me permites puedo intentarlo —ofreció su ayuda Dorothy.
—Haz que esté preciosa — su leal moza la miró con evidente sorpresa—. Hazme algo especial en el pelo.
Candy se vistió cuidadosamente para la ocasión. Tenía la intención de divertirse y de desempeñarse bien.
Terminó engalanada a la última moda tanto en el vestir como en el peinado, se acercó al espejo y no pudo evitar sonreír al ver su reflejo. La mujer que veía no sólo era guapa, sino también sofisticada. El carmín hacía destacar sus labios, lucían más carnosos.
— ¿Qué te parece, Dorothy? —le preguntó a la doncella antes de bajar— ¿Estoy bella o estoy hermosa? —Hizo una pose con los brazos a los lados. Las dos se echaron a reír, divertidas por aquel mal chiste.
Candy lucía un resplandeciente vestido color marfil de talle alto que le destacaba su diminuta cintura, sin mangas con faldas amplias y flotantes, el escote era de forma de corazón a la altura adecuada para dejar a la vista, de una manera seductora pero no vulgar su pecho y sus hombros níveos. Del mismo tono marfil eran la estola, el abanico, los zapatos y los guantes largos. Llevaba un exquisito pero maravilloso collar de diamantes y un brazalete a juego con las peinetas, también bordeadas de esas joyas brillantes que le sostenían el cabello el cual se había recogido en un sofisticado moño.
— Pero apúrate Candy, el joven Grandchester ya tiene quince minutos esperándote, ya me amenazó que si no bajas en este momento, él mismo subirá por tí.—le advirtió Dorothy.
Entonces sin más pausas ambas salieron de la habitación. Terry estaba al pie de la escalera sumamente desesperado, pero al ver a su divina novia se olvidó de todo y subió a su encuentro.
Candy lo miró absorta. Cuántas veces le había visto con sus prendas más caras, frío, sereno y perfectamente guapo; sin embargo, nadie podía compararse con él en ese instante, la Pecosa pensó que era el epítome del caballero elegante y mundano. Llevaba una ropa exquisita que le quedaba perfectamente y hacía juego con la vestimenta de Candy.
Terry estaba extremadamente elegante de smoking negro, camisa blanca, corbatín y faja marfil. Su cabellera castaña oscura, negra cuando no se exponía a la luz, su sexy mechón cayendo con desenfado por la frente contribuían a dar una imagen propia de su linaje arrogantemente. Cuando sonreía, como en aquel momento, se le formaba un hoyuelo en la mejilla y le brillaban los ojos, señales que seguramente conseguirían desmayar a cualquier mujer.
Terruce se quedó sin aliento, se le habían dilatado las pupilas al verla, fue muy consciente del despliegue de piel desnuda de su escote, de su generosa anatomía, de la elegante curva de su cuello, de ese rostro angelical y atractivo, del brillo de su peinado cabello rubio. Sintió que su temperatura aumentaba un tanto.
—Has cambiado. Eres más bella e irresistible que antes, y ahora tienes el aplomo y la seguridad de una mujer madura.
Candy se quedó atónita y, a pesar de sí misma, sintió alegría.
—Todos cambiamos, Terry. Creo que a eso se le llama crecer —vaciló—Me parece que tú también has cambiado.
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Durante toda su vida Candy se había visto empujada a situaciones difíciles, se había adaptado a toda clase de lugares, situaciones y personas pero a vísperas de entrar al palacio, la rubia estaba atemorizada, pues en el pasado su incipiente vida social al lado del Conde Edward Stockstill en Londres le había mostrado cómo era la vida entre la realeza inglesa, y a su parecer era un mundo exigente, frío y calculador.
Sin embargo, ahora estaba a punto de presenciar un baile ante lo más selecto de esos nobles aristócratas. Tenía una extraña sensación en el estómago, pese a no haber ingerido más que unos bocados en la comida, ya le estaban causando una revolución estomacal, así como sus rodillas, sentía que de un momento a otro se quedarían sin huesos que la sostuvieran en pie.
Todo el mundo había oído hablar de Candice White Andrew, posiblemente fuera la mujer más famosa, en el buen o en el mal sentido, de toda Inglaterra por aquella particular noche. Dicha historia había sido contada y discutida en todos los eventos y salones de moda de Londres.
Y la verdad era que todos estaban ávidos por poner los ojos en Candy, querían echar una segunda ojeada a la mujer que habían visto en tan comprometedora escena durante breves instantes. Y los que nunca la habían visto deseaban ver a la mujer que había alborotado a toda la buena sociedad.
Terry se levantó del asiento, salió del carruaje y con una sonrisa le tendió la mano para que bajara. Candy tomaba su mano, y dejaba que la ayudara a bajar. Aceptó su brazo y felices emprendieron su ingreso al recinto real.
Una alfombra roja desplegada desde las puertas bajaba por la escalinata y cruzaba la acera, para que los invitados que descendían de los carruajes no tuvieran que pisar el duro y frío suelo. Una gran cantidad de luz salía por las puertas abiertas del palacio brillantemente iluminado.
Candy no quería imaginarse qué aspecto reflejaba. Si se parecía a lo que sentía por dentro, entonces estaba segura de que todo el mundo se quedaría mirándola. El corazón le latía aceleradamente y tenía los nervios de punta. Llegaron a las escaleras que conducían a la entrada principal. Se apoyó con más fuerza en el brazo de Terry, y sin mostrar su ansiedad interna se introdujeron, y al ir descendiendo por una de las grandiosas escaleras Candy se dio cuenta de que atraían muchas miradas de curiosidad.
Terry notó que los observaban, sabía que cada mirada, gesto, contacto y palabra serían anotados y comentados a la mañana siguiente. Y sin prestarle importancia a todos esos morbosos, la condujo en medio del silencio que se había hecho a su entrada, hacia una señora de edad con un porte regio, la cual les dio la bienvenida con honores.
—Sean bienvenidos— les dijo alegremente— ¡Es un placer contar con visitantes tan distinguidos!
Cuando entraron al vestíbulo, Candy miró a su alrededor. Era una sala demasiado imponente que al igual que las escaleras y jardines, estaba decorada con diversidad de flores y candelabros. Las altas ventanas estaban vestidas con cortinones de terciopelo, y alineadas a la pared había infinidad de sillas y mesas para los invitados. Al otro lado de la sala, sobre un estrado, estaba la sinfónica.
Terry y Candy hicieron un recorrido por la elegante estancia, deteniéndose a hablar con todo el mundo. El trayecto fue lento y serpenteante, con muchas pausas para saludar y ser saludados.
Candy caminaba altivamente aún del brazo de su amado, lucía todo el aspecto de una fina dama y resultaba tan encantadora que a su paso provocaba la admiración y deseo de todos los asistentes. Terry como un depredador estaba al acecho, con sus sentidos totalmente agudizados para cuidarla, ya que percibía el atractivo magnetismo que emanaba su Pecosa, se daba cuenta que ella gustaba a la gente y a pesar de la desaprobación, pocas personas negarían que era una de las grandes bellezas de los últimos tiempos.
La Pecosa veía el efecto que arrastraba la natural y enigmática elegancia de su amado rebelde, tan hermoso, inteligente, culto y refinado. Pensaba que tal vez, ningún hombre de carne y hueso podía estar tan perfectamente hecho… él era real, y en aquel momento era suyo, el hombre más asediado de la noche y de todo Londres. Entonces a Candy una sonrisa se le escapo, era su festejo de triunfo pues con orgullo observó como una ola de mujeres se avalanzaba sobre su novio.
Los cuerpos perfumados de aquellas damas tan discretamente disponibles le coqueteaban al heredero Grandchester y como nunca antes, se ofrecían a su entera disposición, pero habían fracasado en su intento de llamar su atención. Terry las miraba sin sonreír, con una expresión casi altanera pero atrayente e intimidante; las había despreciado adoptando una postura de frialdad y aún así, todas ellas le adularon a cada paso, a cada minuto, y usaron cada astucia imaginable para acapararlo.
—Me parece, querido, que te agrada flirtear. —le dijo la Pecosa mientras lo pellizcaba.
—Como es tu costumbre, me juzgas equivocadamente Pecosa. — él se rió.
Pero ella no tuvo oportunidad de pensar más en aquel asunto porque, en cuanto entraron en el gran salón principal, se vio asaltada por tantas impresiones de golpe que se quedó perpleja. Estaba ante la grandiosidad y magnificencia de todo el palacio; tan intimidante era la riqueza de ese lugar como lo era el número de personas que la ocupaba y sobre todo, por estar frente a los reyes de Inglaterra.
Junto con los monarcas ahí ya estaban Albert, Elroy, Eleanor y el Duque de Grandchester el cual no tenía por costumbre adornar con su presencia las fiestas. No era de ninguna manera un ermitaño, pero como solía comentar, los bailes eran para los jóvenes en busca de esposa o de coqueteos. A su edad ya no estaba interesado en esas actividades públicas además, estaba Eleanor, por fin volvían a estar juntos.
Richard Grandchester era todo un duque; sus modales finamente perfectos, su andar lo hacía con la espalda tan derecha como una tabla, y se conducía con la clase de seguridad que sólo podían tener los que descendían de la más antigua aristocracia. Su rostro anguloso era tan intimidante como su conducta. Resultaba un hombre tan apuesto y elegante, Eleanor caminaba de su brazo extremadamente orgullosa.
—Su alteza —dijo Richard ante los reyes— me permito presentarles a la Srita. Candice White Andrew.
—Excelencia—dijo Candy, mientras realizaba una perfecta venia: se inclinaba, levantaba su rostro para mirarlos directamente a la cara con la barbilla justo a la altura, la espalda y los hombros rectos—Es un placer conocerlos.
—Extraordinaria. Exquisita —murmuró la reina — ¡Pareces una princesa!
— ¡Por supuesto que lo es! —dijo orgulloso Terry, que sonaba muy contento, e hizo una reverencia ligera, pero elegante. Todo en él era refinado, desde el estilo moderno hasta lo tradicional.
— La verdad es que tienes un aspecto encantador, querida. Al igual que Eleanor a quien los años parecen pasarle sin cobrarle factura. Sigue siendo igual de bella como desde el día que nos conocimos, ¿no es así querida? — Había una comodidad y una intimidad entre ellas, era obvio que se conocían desde mucho tiempo atrás.
— ¡Gracias su alteza es un honor escuchar sus palabras, pero lo mismo expreso de usted! —regresó el halago Elly.
—Permíteme que te presente ante todos los demás, Candy —dijo la reina.
En el salón había un asombroso silencio, Candy se concentró en su postura y sus sonrisas, en escuchar y decir lo adecuado. Estaba descubriendo que, después de todo, no era tan difícil mezclarse con la gente de la realeza. Y la mayoría de las personas eran amables con ella.
Varios de los hombres más jóvenes se inclinaban ante ella o le hacían una reverencia. La mayoría le sonreía. Demasiados le hablaban y a ella no se le ocurría nada más que decir que era un placer conocerlos a todos.
—Mi querida Srita. Andrew —comentó la condesa Stockstill con las cejas alzadas tras la marcha de uno de los jóvenes que se presentaron ante Candy— creo que ha hecho usted una conquista.
— ¡Ah, condesa! —Exclamó la rubia con altivez— Pero él no.
Terry soltó una carcajada.
Para la cena, tanto los Grandchester como los Andrew privilegiadamente fueron situados en los laterales a los reyes, pero en la misma mesa además de otros invitados, intencionalmente ahí se sentaron los Condes Stockstill, lo hicieron sabiendo que sus oposiciones serían observadas y comentadas.
Todas las señoras saludaron amablemente a Candy. La condesa incluso se levantó para besarla en la mejilla, pero la conversación ya no era nada cómoda.
— Su alteza, permítame felicitarla por lo hermoso que están sus jardines son una maravilla. — comentó la Pecosa.
— Son verdaderamente bellos en primavera, nada se comparan ahora que el invierno ha marchitado su esplendor. — atacó la condesa Stockstill.
— ¡A mí también me gustan los paisajes invernales, tienen todo el aspecto de la muerte pero todo el potencial de la resurrección. Uno entiende el poder, el misterio y la gloria de la vida durante el invierno. — con demasiada seguridad expresó Candy.
— Creo, Srita. Andrew —dijo la reina—que usted es una optimista eterna. Encuentra la esperanza aún en la muerte.
— Toda la vida sería una tragedia si uno no entendiera que ese hecho es inalterable. — respondió la heredera.
— De eso no hay duda, siendo usted una enfermera está muy relacionada con ese tema… de la "muerte"—mordazmente intervino la condesa.
— Inglaterra sería otra, si sus mujeres tuvieran el valor, coraje, empeño y corazón con que Candy realiza su noble trabajo, siempre con una sonrisa. —orgullosamente expuso Terry.
— ¡Vaya forma de alegrarse! —se burló la condesa.
— La alegría solo puede ser disminuida por la debilidad. Y no soy una mujer débil, soy mujer de guerra. —valientemente dijo la rubia.
— ¿De guerra? ¿Es usted una activista, está de acuerdo en que mi país esté involucrado en esa guerra? —enérgicamente preguntó la malintencionada condesa.
— ¡Por supuesto que no! —respondió enfurecida Candy—Supongo que Inglaterra está repleta de madres que han perdido a sus hijos en la batalla, y que piensan que los soldados enemigos son la encarnación del diablo.
— ¡¿Ah, entonces quiere decir que los malos somos los ingleses y los enemigos son las víctimas?! —indignada aseveró la inquisitiva condesa, pretendía dejar en ridículo ante todos a la Pecosa.
—El mal es la guerra en sí misma. No obstante, quienes provocan y luchan en las guerras son los propios hombres. —Soberbiamente respondió Candy dejando callada a la empecinada mujer y una sonrisa a todo el público que le agradó su elocuente respuesta.
Definitivamente su belleza, su entusiasmo y su espíritu vibrante eran dones envidiables que enaltecían en ese momento a Candy. Pero la aristócrata mujer al ver que ella había quedado en ridículo, para quitarse las miradas de todos, volvió al ataque.
— ¿Quién era su padre, Srita. Andrew? —maliciosamente preguntó la condesa— ¿Y dónde vivía antes de ser adoptada?
Terry no le dio tiempo de contestar a Candy ni a Albert, ya que intervino muy molesto y mirando sin disimular su desagrado a la preguntona mujer le respondió.
— ¿Está pensando en escribir una biografía de Candy, Condesa? —preguntó—¿O ahora también funge como periodista? Si no es así tenga cuidado, no se vaya a cortar ya que veo que sus "palabras" están más afiladas que mis utensilios.
— Todos sentimos curiosidad por saber cosas de ella, porque nos ha sido presentada, de repente. Además, Es alguien que despierta curiosidad. Y no podía haber elegido un mejor momento para aparecer y lo ha hecho con toda la intención de conseguir un efecto deliberado.
Entonces intervino la reina dirigiéndose a la condesa.
—No permitiré que te expreses así de una mis invitadas de honor, así que si algo no te place no lo tienes porque presenciar. —diplomáticamente la soberana defendió a Candy, y sin más anunció el inicio del baile.
—Será mejor que nos retiremos, no deseo enfrascarme en una absurda discusión. —sin otra alternativa y sumamente avergonzada le dijo la condesa a su esposo.
— ¿Discutir? —Preguntó Richard—. ¿Con mi hijo? No, no lo creo ¿Cómo va alguien a discutir con un caballero tan sereno como Terruce?
Todos los presentes se echaron a reír. Incluso a los reyes les pareció encontrar el comentario levemente gracioso. Nadie igualaba a un Grandchester a la hora de mostrarse altivo y sarcástico.
La sinfónica comenzaba a tocar un vals entonces, Terry invito a Candy a bailar, ella aceptó y posó la mano en su brazo y caminó con él hasta la zona de baile. La Pecosa estaba en las nubes, tras el apoyo de la reina se relajó más que nunca, sintiéndose libre de restricciones y preocupaciones, mostrándose tan segura de sí misma. Mientras llegaban a la pista de baile ellos platicaban.
—Estás causando un gran revuelo esta noche Pecosa, todos me envidian y más me odiarán porque solo conmigo bailarás.
—Eres un egoísta, Terry —le dijo sonriendo.
—Si fuera una danza popular, tal vez tendría que cederte a esos tantos que ansían bailar contigo, pero es un vals, te tengo solo para mí. Solo espero que no seas un peligro para mis pies Pecosa.
Ya estaban en el centro de la pista cuando la invadió una nerviosa expectación al sentir la varonil mano en su cintura, temía cometer un error, resbalarse o pisarlo, y que él pensara que era una torpe. Candy se quedó de repente en blanco, y se dio cuenta de que se le habían olvidado los pasos.
Terry empezó a moverse con una gracia y una fuerza, entonces Candy con ojos soñadores siguió los suaves movimientos mientras cedía gradualmente todo el control en él. Todos sus miedos desaparecieron y ya bailaba los complicados y recién aprendidos pasos sin titubear.
Sus cuerpos se hallaban lo bastante próximos para rozarse, y cada vez que lo hacían la Pecosa sentía chispazos en la piel, se dio cuenta de que necesitaba reponerse si no quería derretirse entre sus brazos. Ellos bailaron y giraron hacia la puerta de la terraza, discretamente se "escapaban" mientras la música del salón danzaba sobre ellos.
Se detuvieron al borde de la zona oscura y miraron hacia un glorioso jardín que parecía mágico gracias a los farolillos de colores que se balanceaban en las columnas y en las ramas de los árboles, junto con la luz de la luna y las estrellas que centelleaban parpadeantes en el distante y oscuro firmamento, las extensas arboledas y las amplias avenidas conformaban un lugar exquisito para pasear.
—Espero que no creas que me voy a conformar con dar un remilgado paseo por la terraza —le advirtió Terry— Necesito respirar. ¿No necesitas aire después de la encendida charla con la condesa?
— ¡Uff! Vaya momento, pero creo que lo libré.
—Eres única cuando se trata de bajar los humos —le dijo Terry con una chispa de humor en la mirada— No existe dama más perfecta que tú Pecosa.
Habían caminado hasta llegar a un estrecho sendero donde los árboles eran tan altos y tupidos que se alzaban en los bordes y entrelazaban las ramas sobre sus cabezas, ocultando casi por completo la luz de la luna. El sonido de las voces y de la música pareció disminuir de repente. No había nadie más en ese camino.
Candy tocaba y miraba con un poder hipnótico el rostro de su amado, el tacto era marcado por el amor y la pasión.
—¡Ah! Candy, Candy, destruyes mis mejores intenciones—murmuró contra su garganta.
Los labios de Terry viajaron por su cuello, su boca no encontrara obstáculos al explorar. Candy correspondió con fervor a su beso. Apoyó sus manos sobre el varonil pecho y se puso de puntillas. Terry buscaba unir sus manos con las de ella y en el recorrido, ligeramente rozó el busto de Candy.
Por la inesperada caricia, ella apartó los ojos de la contemplación del bello cuerpo masculino y lo miró a la cara. Su rostro estaba tenso de pasión.
—Cuando me miras así—susurró él, y tragó saliva— me cuesta mucho no explotar.
—Me encanta mirarte—le dijo ella con sinceridad, y aquella respuesta hizo que él se atreviera.
—Candy, vas a conseguir que me lance sobre ti como un depredador.
—No me importaría—murmuró ella.
Entonces, Terry arrastró a Candy a lo más profundo de las sombras y bajo la estrechez de su escondite Terruce volvió al beso siguió la misma línea que ya había besado, pero esta vez su recorrido fue hasta la cumbre de las níveas montañas de la rubia.
A Candy nada la había preparado para las cosas que le estaba haciendo el rebelde. Se quedó entre sus brazos débil por el deseo, expuesta a él de un modo que nada tenía que ver con la desnudez de la carne, sino de algo mucho más profundo.
De repente escucharon el murmullo de unas voces, se trataba de una pareja que también surgió de por ahí y en ese momento se alejaban.
Candy se dio cuenta de dónde estaba y de qué estaba haciendo. Se ruborizó y se apartó de él, acomodándose el vestido sobre los pechos ligeramente descubiertos.
— ¡Oh, Terry! — Sumamente apenada exclamó, y con una sonrisa muy nerviosa le indicó —Será mejor que nos marchemos. Ojalá que nuestra ausencia no haya sido muy notada.
—Ha llegado la hora —dijo Terry— de rogar porque los adornos de tu pelo no decidan caerse en la alfombra en cuanto pongamos un pie en el salón.
—Terry, deja de jugar, será mejor que entremos como dóciles corderitos.
Durante el regreso, ella trataba de normalizar su estado ya que por mucho que lograba recomponerse, temía que su cara revelara exactamente lo que había estado haciendo.
Al llegar a la terraza la pareja se encontro de frente con Edward Stockstill, hijo de la condesa aguerrida. Se acercó a ellos con toda la intención de molestarlos. Candy sintió algo de pánico al ver que se enfrentarían.
—He llegado tarde, pero veo que al parecer los rumores son ciertos —irónicamente Edward les dijo—Hasta dónde están dispuestos a llegar algunos hombres para ganarse los favores de sus am... —Se interrumpió, riendo entre dientes —Sus amigas especiales.
La sonrisa no le duró ni un segundo porque en ese momento sintió que los puños de Terry se estrellaban en su rostro.
— Maldito boca-floja, te enseñaré a respetar a mi novia. —le gritaba el enfurecido Terry mientras lo golpeaba.
Y solamente dos impactos fueron necesarios, ya que el primer puñetazo fue tan fuerte que algunos dientes salieron disparados, y con el segundo golpe lo derribó enviándolo al suelo. Fácilmente Terruce sometió a Edward y pisándolo con su zapato en el cuello, con todo el coraje del mundo le advirtió:
— Si valoras tu vida es mejor que respetes a mi novia y que te mantengas alejado de ella. Esta vez fueron tus dientes para la siguiente será tu cabeza.
Entonces Candy tomó con fuerza a su novio y lo retiró de ahí. Estaba pálida por el miedo y la impresión. Apenas iban llegando a su mesa cuando la condesa Stockstill le gritó a la Pecosa. Era evidente que antes de marcharse quería humillarla públicamente.
—Una mujer que cuida su buen nombre, no se habría ido por allí, sola con un hombre —dijo con desprecio—Y ha pasado mucho tiempo afuera en los jardines —prosiguió— Su reputación ha quedado por los suelos.
—¡Condesa Stockstill! —gritó Terry—Estoy seguro de que si pensara bien, se daría cuenta de que no hay nada que pueda dañar la reputación de la Srita. Andrew, por haber salido a pasear al jardín junto al hombre con el que está comprometida. Lo que está en los suelos es su hijo que está en la terraza buscando sus dientes.
Hubo una exclamación de sorpresa en todo el salón, cuyas caras reflejaban desde la más absoluta sorpresa a una inmensa curiosidad. Terry dirigió su mirada hacia los invitados, los cuales al percibir su enfoque adoptaron una expresión de cortesía muy a tono con la conducta inglesa. Las felicitaciones por la noticia empezaron a surgir.
—¡Qué fantástica noticia! —dijo la reina — Permítanme ser partícipe en su fiesta de bodas. ¡Brindemos por los novios!
Richard abrazaba a la emocionada Eleanor que estaba al borde del llanto por la sorpresa, mientras que Albert sostenía el cuerpo de la desmayada Tía-Abuela Elroy.
Candy estaba más que emocionada y sorprendida. La rubia estaba paralizada, su boca abierta y sus ojos desorbitados. Su corazón le latía con tanta fuerza que amenazaba con dejarla sin respiración. Terry le habló para sacarla de ese estado catatónico.
—Candy, siento haberlo anunciado tan informalmente. Pero, como comprenderás, no podía permitir que nadie se hiciera una idea equivocada de las cosas.
El momento de su compromiso final se reveló solo e inesperadamente. Terry no abrigaba ni un vestigio de duda, pero no era la manera en que lo había planeado. Candy tampoco pondría ningún obstáculo entre los dos, era lo que más deseaba. Habían esperado mucho tiempo y habían soportado tanto.
*******
Al día siguiente, Grandchester invitó a salir a Candy. Esa tarde en particular iban camino al "cine". Terry quería que la Pecosa disfrutara de la novedad que sacudía a Londres: el cine mudo. Cuando llegaron al "teatro" que era utilizado para el reciente espectáculo, él la guió a través del atestado vestíbulo en dirección a las escaleras que llevaban a los palcos.
Su entrada en el palco principal había despertado tanto en el patio de butacas como en el resto del lugar que la gran cantidad de asistentes e impertinentes los observaran, muchas cabezas se habían juntado, gesto que indicaba un intercambio de chismes.
Ocuparon su lugar en el reservado que Eleanor había alquilado para la velada. Cerca del amplio espacio libre que había por delante, donde se disponía la audiencia durante presentaciones y otros espectáculos estaba instalada una orquesta.
Candy se hallaba tranquilamente sentada en su cómodo lugar, las manos inmóviles sobre el regazo y el abanico cerrado en una de ellas. Contemplaba el escenario con gran atención cuando inició la proyección del filme. Su atención se volcó sorpresa en el instante que vio proyectada la imagen de Terry en la pantalla del cine.
Corrían las imágenes mudas grabadas con elocuencia, en cada una de ellas aparecía el rebelde interpretando a través de su actuación, pantomima y cartelones escritos, el mensaje para su Pecosa.
"Te he elegido a ti: Candice White Andrew porque eres el único ser que puede reír como una niña, lucir como un ángel y amar como una mujer."
"Estabas destinada a ser mía. ¡Te amo! Te quiero sólo a ti." Eres la mujer perfecta para ser mi compañera eterna."
Candy sintió como si el corazón le hubiera dado un salto mortal. Estaba en el limbo, estaba tan ajena a la sensación que había suscitado. No apartó la vista de la pantalla hasta que terminó de ver todos los mensajes de Terry. La proyección finalizó y en ese momento el telón se abrió. Ahí estaba Terry en el centro del escenario, su potente voz vibró por todo el teatro al momento que le declaraba:
"—Candice White Andrew, juro solemnemente servirte. Comprometo mis sentidos y mi alma, mi aliento y mi sangre a este servicio.—su voz vibraba con intensidad, saltó de ahí y empezó a caminar hacia Candy mientras seguía hablando—Pidas lo que me pidas, estaré dispuesto a hacerlo; necesites lo que necesites, yo te lo proveeré. Ante Dios, y ante los hombres, me comprometo a amarte fielmente y cuidarte eternamente."
Toda la gente permanecía en silencio a la expectativa de los enamorados. Después de todo era un acto de amor que no se veía todos los días, pues la manera en que lo estaban llevando los rebeldes rompía todas las normas de ética y moral de la fría y conservadora sociedad. Terry ya había llegado hasta con Candy y sostenía sus manos. Ella se puso en pie, tambaleándose.
"—Tienes unas manos tan pequeñas —añadió, levantando una de ellas y examinando la delicada palma antes de besarla—Me dejó absorto, el darme cuenta de que todo mi mundo se sostiene en ellas."
Terry ya estaba de rodillas mientras abría el pequeño y clásico estuche. Todos permanecían callados y expectantes, con los ojos clavados en las manos de la joven.
"—Tranquiliza mi corazón… y dime que aceptarás ser mi esposa." — Los estrepitosos latidos de su corazón se contuvieron un poco mientras esperaba la respuesta.
"—Sí, aceptaré"—respondió sin aliento, su boca buscando la de él—"Sí, mil veces Si"—lo dijo sellándolo con un tierno beso.
Gracias al sonoro aplauso que recibieron los recién oficialmente "comprometidos", fue que interrumpieron su beso, y aún así, a ellos no les importó tener a su alrededor a un público sumamente involucrado, muchos de ellos por la emoción aplaudieron mientras que otros indignados abandonaron el lugar al no ver el filme anunciado.
Candy en su dedo relucía el anillo que él ya le había colocado; tenía un diamante tan enorme que todo mundo lo miraba y con tantos destellos como sus ojos verdes que estaban a punto del llanto.
"—Y ya que los dos estamos decididos a volver loco al otro, quizás deberíamos buscar un manicomio acogedor y presentarnos como internos". —fue lo que alcanzó a decir la rubia para evitar llorar y en su lugar sonreír.
Tras sus palabras muchos empezaron a reír y otros tantos seguían aplaudiendo, algunas mujeres conmocionadas abrazadas a sus esposos lloraban. Y en medio de toda esa algarabía ya no escucharon lo que Terry le dijo al oído a su amada.
—Esto—dijo él, rozándole los labios con los suyos al hablar— estaba destinado a pasar Candy, desde el primer momento en que nos vimos.
—Quiero que pasemos cada día, cada momento, del resto de nuestras vidas juntos, siempre juntos—protestó ella.
— ¿De verdad? —preguntó— Es una afirmación muy provocadora, querida mía... muy provocadora. Pondré a prueba tu arrojo en nuestra noche de bodas, te lo prometo, y cada noche después de esa. Y muy seguramente también algunas mañanas y tardes—seductoramente la miraba— Yo quiero felicidad, vida, riñas, hacer las paces, y el…
Candy lo calló con otro beso, lo rodeó del cuello con sus brazos y le declaró.
—Yo te amé desde el primer momento en que te vi, o quizá antes de eso, antes de nacer, antes del tiempo y la creación y así será durante la eternidad.
C O N T I N U A R Á. . .
Gizah
24 / Septiembre / 09
HOLA NIÑAS HERMOSAS: Nuevamente aquí terminé un capítulo más, quedo a la espera de sus comentarios, reclamos, tomatazos, sugerencias, aportaciones, dudas, y demás etc.
Y ANTES DE PASAR A LOS AGRADECIMIENTOS, LES QUIERO PEDIR UNA DISCULPA, POR NO HABER ADVERTIDO DE LAS "APASIONADAS ESCENAS" DURANTE EL PASADO CAPÍTULO. LO SIENTO NENAS, PERO ESE DESCUIDO FUE POR LAS PRISAS LOCAS QUE TENÍA POR YA ACTUALIZAR. ¡PERDÓN!
MARIA FANS NO. UNO DE TERRY: Jajaja Hola Mary!!! Vaya sí que me has hecho reír con esa idea de la Candy Vampiresa, fue muy divertido imaginármela en ese plan, pero te juro que cuando escribí la escena me la imaginaba cegada de amor, impaciente para el contacto… es decir yo la veía 100 % sensual jiji. Amiga discúlpame que Armand no alcanzó a llegar a la fiesta, pero anda ocupado con los franceses que quiere encarcelar. Te prometo que pronto aparecerá en escena otra vez. Saludos Mary y gracias por nunca fallarme Amiga.
GABY LOVE:Hola Chica! Me gusta mucho recibir tus reviews pues siempre son muy originales tus mensajes. En este último me hiciste reír muchísimo con eso del NOVIO SEXOSO jajaja fue muy divertido el apodo para Terry. Y la forma en que resumiste mi historia fue genial, nadie lo hubiera hecho tan padre como lo hiciste tú Tocaya. Tus reviews siempre me arrancan la risa. Gracias por escribirme, Saludos!
LERINNE: Hi Nena! De entrada te digo que siempre esperaré pacientemente tu review, y no te preocupes el día que no puedas escribirme, entiendo perfectamente que no siempre se puede ok? Sobre el fic, así describí a Terry porque así me lo imagino que es todo en uno mismo: dios, ángel, demonio, etc. A poco no? Y de su comportamiento pues ambos querían pero fueron interrumpidos en dos ocasiones por lo tanto veamos si los cachondos enamorados siguen intentándolo jiji. Lerinne; descansa y tómate tu tiempo para que leas a gusto el new capítulo. Gracias por escribirme Nena, hasta luego!
I LOVE TERRY: Discúlpame Amiguita, perdóname pero por las prisas no escribí la leyenda de advertencia (Ooops!), aparte no esperaba escribir tan atrevidas escenas, pero es que una vez que empiezas imaginarte a Terry en ese plan pues es imposible moderarlo, tu sabes lo atrevido, apasionado e imparable que es en todos los aspectos y en ese ni se diga jaja. Por esa razón ya cuando subí y leí el capítulo me di cuenta de mi descuido. Sorry! Pero de una vez te aviso que seguirán apareciendo esas "escenas" tremendas. Gracias por felicitarme, pero si con leerme y escribirme tengo para "volarme", ahora con tu felicitación me lanzas al infinito. Muchísimas gracias Nena.
MALINALLI: Amiga del Alma, ya te extraño, ya quiero verte!!! Pero como eres una super-ocupada: amiga-mujer-esposa-madre-traductora-escritora… pues no me queda más que esperar el día en que coincidamos. Maly en este capítulo se fue la declaración, esperaré pacientemente tu opinión, a ver si coloqué los corazoncitos que tanto te gustan. Amiga, ahora si estoy nerviosilla de ver tu review, ya que en los anteriores capítulos eras la primera en leerlos con tu vobo. era como un respaldo de confianza y tranquilidad, pero ahora que voy solita sin tu preview… estoy que tiemblo Amiga. Vuelve!!!
MOONDAN: Mi queridísima MOON tus palabras siempre son mágicas para mí, siempre me dejas viendo estrellitas Niña! Sé que esperabas otra cosa en esta continuación… pero en lugar de consumación te traje petición jiji… ambas son buenísimas no? Pues lamentablemente para la consumación, a nuestra parejita no les dieron chance con tanta interrupción jajaja. Moon ese capítulo lo escribí pensando mucho en ti, ya que recuerdo que en los anteriores capítulos de exagerado sufrimiento de Terry, yo siempre te decía que luego él se iba a desquitar e iba aprovechar todo el tiempo y todas las circunstancias para disfrutar del tiempo perdido jaja. Me llena de placer saber que lo disfrutaste Amiguita. Esperaré pacientemente tu review. Más que MOON eres mi SOL Nena. TQM. Don't forget it!
AKANE KAGOME: Que gusto volver a saludarte Akane! No sabes la tremenda alegría que me invade al leer tu comentarios, haces que me muerda las uñas sin control! Sobre el fic a mí también me encantó la escena del bote, aunque también la bajada del caballo estuvo muy "llegadora" jaja. Pero es que con Terry no puedo moderarme, es un apasionado que hace que me imagine lo peor queriendo sentir lo mejor (ves, este chico sí que me traba) simplemente con él siempre aprenderás, nunca sabrás con que te sorprenderá, la innovación y osadía son sinónimos de él… lo simple lo hace tan especial… en fin mejor retomo el review.
Respecto a la actitud sobre el permiso, Terry lo hizo porque quería un pretexto porque le urgía ya estar en la mansión y la única alternativa pues era Albert, aunque también se lo dijo por considerarlo su amigo y también porque ya quiere hacer bien las cosas.
Atendiendo a tu deleite, una vez más incluí otra sexy escena (en el jardín) a ver qué te parece? Y sobre esa tensión te platico que se seguirán derivando más escenas de ese tipo, ya que… mejor no me adelanto, pero yo estaré encantada de abordar esas "alteradas situaciones" jiji.
Akane, gracias por tu esperarme, por lo regular actualizo entre 15 o a más tardar 20 días, pero por lo pronto aquí te dejo el nuevo capítulo y esperaré ansiosamente tu respuesta. Gracias por mantenerte a mi lado Akane! Saludos con muchísimo cariño!
ELHYZHA: Hola Ely! Sabía que esos encuentros y esos "roces" te gustarían, sé que eres una lectora apasionada y que disfruta mucho con la culminación apasionada de este par de locos enamorados. Perdóname por dejarte así otra vez, pero las circunstancias y los "inesperados" no les dieron oportunidad de hacer más jajaja. Bueno Amiga, nos leemos en el siguiente. Saludos y que te vaya bonito!
LADY ANNALISE:Hola Escritora! Qué padre que ya te pusiste al corriente con mi fic y mil gracias por felicitarme. Sabes, para mí no hay mejor logro que el que tú y mis lectoras me digan que viven cada escena como si estuvieran ahí, o como si fueran el personaje sintiendo cada emoción. Gracias Ann, eso sí que me hace sentir que estoy llegando a ustedes! Sobre las románticas escenas ya te las debía desde hace mucho, por eso se juntaron y escribí tantos "roces". Nuestro amado galán ya se merecía más que amor también placer, por eso la mata seguirá dando jiji.
Ann, no tengo la forma de agradecerte que en definitiva consideres mi fic como uno de tus favoritos, tus palabras enaltecen mi alma Amiga. Gracias y seguiremos en contacto. Dulces Besos y Abrazos con muchísimo cariño Nena!
NASTHINKA: Hola Nash, mi querida Amiga!!! Que gusto volver a saludarte!!! Mira que decirme que sí notaste mi ausencia me ha hecho sentirme especial ya que en medio de tantas ciber amigas y tú notarlo, con ese detalle… ¡ah Nash sí que me levantaste el ánimo Amiga! Sobre el fic tienes toda la razón, ya se merecían un lapso amor, paz y pasión jiji. Nash discúlpame por no prepararte para la tremenda escena de la chimenea pero ya me había tardado tanto en actualizar que ni noté el descuido.
Nash no andes pensando cositas malas eh! ¡¿Cómo se te ocurre pensar que tu y mi CORRESPONDENCIA BENDITA va a caer de mi gracia?! No, y no, ya te lo dije y lo vuelvo hacer, para inspirarme y escribir antes paso a "Correspondencia Perdida" para inspirarme y escribir páginas y páginas. Gracias por escribir y mantener esa bendita creación. Saludos especiales con muchísimo cariño Nash.
LADY: Hola Nena!!! Ay Amiga contigo siento aún más pena, pues mira que hacerte esperar y salirte con que Candy no se dejó llevar… pero como te habrás dado cuenta no fue por ganas sino porque la gente llegaba sin previo aviso jiji. Mándame un tomatazo por pasarme de la raya. Me lo merezco por dejarlas así. Amiga muchísimas gracias por escribirme, para mí es muy importante cada review. Espero leerte en el siguiente. Seguiremos en contacto!
