ESTE CAPÍTULO VA DEDICADO A DOS DE MIS GRANDES Y QUERIDAS AMIGAS, DOS CUMPLEAÑERAS DE OCTUBRE, A QUIENES COMO REGALITO AQUÍ LES DEJO LA ACTUALIZACIÓN:

¡FELICIDADES: M O O N & M A C H E L!

I N Q U E B R A N T A B L E

CAPÍTULO 16

"LAS NUPCIAS"

En el teatro aún repleto de gente, Candy de reojo echó un vistazo al público para comprobar si había descendido el número de observadores. Se sentía la actriz principal de una exitosa obra, por gozar de todas las miradas concentradas en ella y por el apabullante aplauso recibido por la original petición de mano que Terry realizó.

En ese momento tanto los Andrew como los Grandchester llegaron con la feliz pareja de novios. Deseaban externar sus felicitaciones por el irrevocable acto en que se habían comprometido ambas familias.

—Esto es de lo más repentino —dijo Richard con una amplia sonrisa— Creo que los Grandchester hemos desarrollado en las últimas semanas una debilidad por los matrimonios apresurados jajaja.

Eleanor estaba abrazando a Terry de nuevo con los ojos llenos de lágrimas.

—Me alegro muchísimo por ustedes —dijo—Siempre soñé con esto y no imaginé que sucedería tan pronto. Hay que comenzar con los planes para la boda.

— Son perfectos el uno para el otro. Son lo bastante valientes e impulsivos como para desafiar y vencer las adversidades que tengan que enfrentar. Solo un consejo les doy, no se dobleguen ni aplasten sus espíritus, no se deberán esclavizar el uno con el otro. —les expuso la Tía-Abuela Elroy.

Y entonces llegó el turno de Albert, quien no había pronunciado palabra. Se acercó a Candy y le dio un abrazo enorme. Y aunque Candy era consciente, de que no habían hablado de ello, la Pecosa sabía que contaba con su respaldo, pues el rubio sabía que ese hecho era lo que ella más deseaba en su vida.

— ¡Albert! — También ella lo abrazó. Su queridísimo Albert, el mejor amigo que podía tener. Definitivamente después de Terry, el magnate era el hombre más importante para ella.

— ¡Candy! No puedo creer que por fin lo hayan logrado. Sé lo que significa para ustedes éste día, es la fecha en que inician su camino hacia la felicidad —se le atoraban las palabras, pues era el día que le otorgaba a su mejor amigo en matrimonio la mano del amor de su vida. — ¡Terry, Amigo! ahora te aplaudo el mayor papel que representarás en tu vida, el de asumir y formar una familia propia, siendo el esposo de Candy. Cuentan con nuestra aprobación, bendición y apoyo para su boda.

De pronto se escucharon unos fuertes llamados, alguien ingresaba al teatro buscando al novio.

— ¡Terry! ¡Amigo!

— ¡Diplomático, por fin! —Terry se giró para saludarlo— ¡Apareces tan inoportuno como siempre!

Candy los observaba con gesto divertido y llena de curiosidad por saber quién era ese atractivo joven, de cabello muy rubio y ojos que eran una mezcla de marrón y verdes. Le sorprendía a la Pecosa ver la manera tan emotiva y sincera con que saludaba a su prometido.

—Yo sé que en el fondo deseabas que fuera testigo de ver la manera en que has decidido voluntariamente a "condenarte" de por vida —burlonamente dijo Armand con aire simpático —Mejor fecha no pudiste elegir para hacerlo, hoy 14 de Febrero de 1917 día en que Cupido dispara a diestra y siniestra sus flechitas ¡Qué romántico Amigo! Sí que el amor transforma jajaja.

—Jajaja muy gracioso Diplomático, sé que has venido sin invitación a entregarme mi regalo de amistad, ya que soy el único amigo que tienes.

—De acuerdo Terry, pero no es necesario que me dejes en evidencia ante todos tus invitados jajaja. ¡Buenas noches a todos! —e hizo una cortés reverencia.

—Me gustaría presentarte a mi futura esposa, Candice White Andrew.

Armand al tomar las manos enguantadas de Candy entre las suyas, hizo el galante gesto de besarle una de ellas.

—Srita. Andrew, es usted tan adorable y bella como había dicho Terruce. Es un placer conocerla, soy Armand D´Lapierre, a sus pies mi lady. He venido a conocer a la única persona capaz de disipar el carácter sombrío de mi amigo.

—Gracias, Sr. D´Lapierre. Encuentro muy divertidos sus comentarios. —respondió la novia.

De igual forma Terry presentó a su otro mejor amigo ante sus padres y la familia Andrew.

— ¿Cuándo será la boda? Supongo que me invitarán. Después de todo lo que he pasado para llegar hasta aquí, tengo la intención de no irme hasta ver a mi mejor amigo Terry, felizmente casado.

—Por supuesto. Nos desilusionaría mucho si no asistiera. Y respecto a la fecha que tal dentro de un año. —Sugirió la Pecosa, mientras veía a Terry

— ¡Ah, no! ¿Por qué tanto tiempo Pecosa?—Protestó Terry—Yo había pensado que podría ser antes de un mes, que tal ¿Un mes?

— ¡Qué! —Dijeron a la par tanto Eleanor como Elroy. ¿Por qué tienen tanta prisa?

—Eso es imposible Sr. Terruce, no nos alcanzará el tiempo para organizar la ceremonia que una Andrew merece.

—Si hijo, necesitamos mucho más tiempo, tenemos que elegir invitaciones, ajuar, música, banquete, iglesia y un sinfín de pendientes para que sea la boda más inolvidable de todos los tiempos. —argumentó Eleanor.

—Lo siento pero ya hemos esperado demasiado. —respondió el rebelde a la mujeres, y luego se dirigió a su prometida— Candy, y si lo hacemos para tu cumpleaños, que sea el 7 de mayo ¿Qué te parece la fecha? ¿Y dónde deseas que se realice aquí en Inglaterra o en América? —sugirió el atento caballero a la ansiosa novia que estaba de acuerdo en todas las sugerencias que él planteaba.

—Si Terry, que sea en esa fecha. Y el lugar si estamos en condiciones de poder viajar nos marcharíamos todos a la Colina de Pony, me gustaría allá; pero si es muy arriesgado viajar por la guerra, no tengo ningún inconveniente en que se realice aquí en Londres.

* * * * * *

Mientras ellos seguían disfrutando de su noviazgo, dejaron los preparativos de su boda en manos de Elroy y los padres de Terry. En conjunto las ilustres familias echarían la casa por la ventana, toda Europa y América ya se había enterado del magno evento, el cual se estaba convirtiendo en todo un acontecimiento social, ya que al transcurrir los meses aún no dejaban de añadir nombres a la larguísima lista de invitados.

La tía-abuela Elroy estaba feliz y demasiado ocupada con los pedidos y facturas para la gran fiesta. Resultaba sorpresivo ver su escritorio siempre ordenado e impecable ahora convertido en un desorden, pues últimamente se habían acumulado cartas solicitando invita­ción y una pila de confirmaciones de asistencia.

Cuando Albert y Candy vieron el caos que reinaba en el despacho de la matriarca, no dudaron en interrogarla por su inesperada y benévola actitud hacia los novios. Ambos rubios ingresaron al privado de la sofisticada mujer la cual irradiaba autoridad, sentada como una soberana detrás de su escritorio. Al verlos entrar la veterana mujer enfocó su mirada hacia la heredera y la llamó:

— ¡Candy! Los preparativos ya casi han finalizado, y estoy segura de que les complacerán los resultados a ti y a tu prometido.

—Por supuesto que así será tía-abuela, tengo fe absoluta en usted y los padres de él. —respondió la rubia con sinceridad e incredulidad por lo que veía y oía. Pensó que la tía-abuela nunca la había tratado y mirado cálidamente a como lo hacía ahora.

La matriarca al ver que la rubia estaba sorprendida por su inesperada actitud se paró, se acercó en silencio hasta llegar con Candy. Se aclaró la garganta y dio un paso colocándose enfrente de la Pecosa.

—Es hora de que platiquemos Candy. Ahora que has decidido por tu propio criterio y elegido con tu absoluta voluntad al Sir Terruce. Te pido que respetes y enaltezcas la unión de estos apellidos. Finalmente ambas obtuvimos lo que deseamos. Espero que realmente Terruce sea tu felicidad y el freno a tus locuras y escándalos.

—Pero si usted no lo aceptaba Tía-Abuela, ¿qué la hizo cambiar de idea? —preguntó la Pecosa.

—No creía en él. Pensé que al ser actor se valía de sus habilidades y encanto para engatusarlos tanto a ti como a William, pensé que era una familia que vivía solo de apariencias, colgándose de un apellido prestigioso pero con cuentas bancarias vacías.

— ¡Tía-Abuela, con todo respeto, no puedo creer que ahora que has comprobado que efectivamente Terry es el heredero al ducado más acaudalado e importante de Inglaterra lo aceptes! —intervino Albert.

—William, si yo o tus antepasados no hubiésemos tomado nuestras precauciones o no hubiésemos decidido y actuado fríamente en tantas ocasiones, tú y ningún otro Andrew ahora gozaría de la excelente fortuna que alcanzará hasta para los nietos de tus hijos.

En ese momento llegó Dorothy anunciando que ahí se encontraba Terry y que buscaba a su prometida.

Candy tuvo que usar toda su fuerza de voluntad para no actuar con unas prisas indignas de una dama. No podía salir corriendo a su encuentro, con la tía abuela ahí no podía echarse a correr. Por lo que su moza se adelantó.

—¡Buen dia, Dorothy! —le dijo Terry haciéndole una reverencia. —¿Y mi novia madrugadora ya estará despierta?

—Jiji. Aunque nunca ha sido uno de sus ejercicios favoritos ya lo está. Creo que usted ejerce una influencia muy positiva sobre ella, joven Grandchester.

Entonces ambos empezaron a reír por el gracioso comentario. En ese momento Candy llegó y sonriéndoles dijo:

—Dorothy, ten cuidado con él. Es capaz de hechizar hasta las estatuas.

—Con permiso, jóvenes. —se retiro la moza.

—Así que soy el hombre más encantador, Pecosa.

—Yo diria que el más engreído también!

—Pecosa, compréndeme lo que pasa es que detesto hacer visitas, ya quiero que vivas conmigo, te quiero de dia y de noche a mi lado, las 24 horas del dia Candy.

—Tranquilo Terry, solo nos faltan unos dias, hoy es el primer dia de mayo, no te impacientes. Mejor salgamos a pasear, te caerá bien distraer tu mente.

Fue así que por enésima ocasión llegaron a su querido lago. El hermoso lugar ahora resplandecía con la belleza de la primavera. La inquieta Pecosa se dirigió a la orilla del lago se quito sus zapatos para sentir la frescura del agua. Y luego para demostrarle su habilidad de gata en el arte de saltar piedras sobre la superficie del lago. Candy tuvo que levantarse el largo de su vestido para evitar mojarse el borde.

Mientras, Terry lanzaba piedras al fondo del lago lo más lejano posible, pero al ver que la Pecosa cada vez se alejaba más de la orilla y se profundizaba al interior decidió alcanzarla para evitar que su "gatita" cayera. Al llegar el rebelde con la saltarina rubia, éste no pudo evitar ver las torneadas y blancas pantorrillas de la Pecosa, y a su mente vinieron las imágenes de las piernas que en el pasado ya había tenido el placer de contemplar. En ese momento sintió una avalancha de lava en su interior, pero acompañado a este "fuego" también llegó la conciencia sexual. Iba a tener que esforzarse mucho para mantener su relación dentro de los cauces respetables.

— ¿Es muy profundo este lago? ¿Estará muy fría el agua?... —le preguntaba la rubia al rebelde sacándolo de sus cavilaciones.

—Si te caes Pecosa… no vas a ahogarte, ni a morir congelada. ¿Quieres probar?

Terry abrazó el cuerpo tembloroso de Candy, envolviéndola con su fuerza y su estabilidad, pero a la vez empezó a bromearla, pues ambos estaban parados sobre la misma y pequeña piedra.

—No te muevas tanto Pecosa, —le advirtió él entre carcajadas— o es muy posible que te suelte. ¡Huy, huy! —la asustaba.

— ¡No me sueltes! —le exigió Candy.

Estaban tan fuertemente abrazados que tras el constante movimiento y roce de sus cuerpos que la potencia de su masculinidad latió con fuerza contra ella, era como una firme flecha, y antes de que Candy viera el notorio reflejo de su deseo, Terry hábilmente para disimular su evidente excitación la arrojó "accidentalmente" al agua.

Cayeron como aferrándose al mundo, esperando que la fuerza de la gravedad se desvaneciera antes de que cayeran al lago. Dieron unas cuantas brazadas bajo el agua, emergieron y sacudieron sus cabezas para quitarse las gotas de los ojos. Terry sonrió y después, como era de esperar, soltó una carcajada.

—Parece ser que hemos sobrevivido, pero necesito respiración de boca a boca Pecosa.

Como respuesta ella lo chapoteó y él la arrastró con él bajo el agua hasta que se sumergieron por completo. Era una delicia sentir la frescura del agua sobre su acalorada piel encendida.

Después de varios minutos ambos estaban de espaldas flotaban juntos, con las manos unidas. Candy cerró los ojos y dejó que el calor del sol bañara su rostro y que su luz le inundara los párpados, jamás había gozado del agua ni sentido al sol de esa manera. Y Terry no recordaba haberse sentido tan satisfecho, tan relajado, y tan embargado por esa sensación de bienestar.

La rubia aprovechó ese momento de relajamiento del rebelde para salir del lago al momento que lo retaba a que la alcanzara. Ella apenas le dio tiempo de reaccionar y no lo esperó para subir la pequeña cuesta de pasto que bordeaba las aguas. La sagacidad de su novio le permitió que la alcanzara tomándola por uno de sus talones. Candy por el esfuerzo y velocidad que llevaba cayó sobre el pasto. Su osado novio no resistió cubrirla con todo su cuerpo para inmovilizarla y evitar que volviera a escaparse.

—Pequeña bribona, eres una tramposa Pecosa. Ahora sufrirás las consecuencias por tu osado intento de dejarme sólo.

—Así… ¿y cuál será mi castigo?— Candy de manera pícara lo retó.

—Será una lenta y tormentosa muerte Pecosa, morirás bajo el calor de mis labios sobre tu piel, te mataré a besos.

—Mmmh, creo poder resistirlo y sobrevivir querido caballero. —deliciosamente lo desafió.

—Mi ataque iniciará aquí —le dijo, mordisqueándole los labios luego su boca rodeo su garganta dibujándole un collar de besos— Y voy a descender hasta tus pies. Sabías que los pies son una zona del cuerpo maravillosamente eró… débil. —se corrigió al actor antes de decir lo que pensaba.

—Si, por eso es tan conocido lo del "Talón de Aquiles" —inocentemente dijo la rubia.

—Jajaja, buen intento Pecosa, y algo tienes de razón pero no es así.

— ¡Terry, ya te estás riendo otra vez de mí! —le dijo con firmeza, y apartando la cabeza unos centímetros para poder fulminarlo con la mirada—ya no quiero que sigas.

— ¿De verdad Pecosa, quieres que pare? —ante el silencio de la rubia, él continuó— ¿Y también es muy posible que no llegue a tus pies? ¿Puede que algo muchísimo más hermoso me distraiga a medio camino...?

Terry bajó la cabeza para frotar la nariz contra la base de su garganta. Ella se relajó y echó la cabeza hacia atrás. Él sintió que ella enterraba los dedos en su oscura melena y lo aferraba con fuerza. Sondeó la carne suave del interior de su boca, aspiró su calor y drogó sus sentidos con su esencia. Él sintió la calidez y languidez del cuerpo de Candy, supo que tenía que frenarse, pues un minuto más así… y ya no lograría tener el control. La miró fijamente a sus verdes ojos.

—No, Pecosa, es mejor detenernos… no permitiré que suceda. Al menos no hasta que estemos completamente casados, nos portaremos "bien". Deseo que no haya límites ni barreras, en nuestra noche de bodas todo será perfecto tal como tú lo mereces. Al fin de cuentas estamos a unos cuantos días de lograrlo.

Candy se emocionó de ver el lugar de reina y el respeto como mujer que él siempre había antepuesto. Y tras esas palabras ella simplemente le respondió con un tórrido beso. Los novios estaban tan enfrascados en su envidiable beso cuando escucharon que alguien carraspeó sobre ellos.

—Una vista preciosa, ¿no crees, Patty? —preguntó Armand mientras soltaba una carcajada — Aunque te aconsejaría mirar al frente en lugar de hacia abajo. Es posible que sufras un ataque, un susto o un desmayo.

—Yo te aconsejaría que buscaras otro lugar para admirar el paisaje —replicó Terry mientras que Candy rápidamente se erguía—Este sitio ya está ocupado.

— Patty aquí sobramos, retirémonos. ¡Jajaja de mejores lugares me han corrido!

* * * * * *

Horas más tarde, cuando Candy regresó de su paseo volvió a la biblioteca quería charlar nuevamente con Elroy y Albert. Pero bajo la luz del atardecer que atravesaba el ventanal sólo logró ver la silueta de Neil.

— ¿Qué haces aquí? —acertó a decir con voz queda y aterrorizada, con la necesidad de gritar para que acudieran a su auxilio.

—Vengo a informarte que tu querido Terry, no puede casarse con alguien indecente, con una borracha, una mujer que ya no tendrá valor en su noche de bodas. Querida, será muy frustante para el arrogante inglés darse cuenta que su mujercita no es la virginal dama que él espera estrenar en esa anhelante noche, jajaja. No sabes lo que daría por ver su rostro de repugnancia cuando lo compruebe. Y conociendo su desquiciado carácter sería mejor que lo dejes de una vez por todas.

A Candy se le cortó la respiración y sintió como si todo a su alrededor se movía.

— ¡Huérfana! ¿Te sientes mal? —escuchaba lejanamente la voz de Neil, mientras él la veía lascivamente, al acecho de una debilidad de ella para devorarla.

—Estoy... ¡estoy bien! —La Pecosa evitó la mirada de Neil, por miedo a sufrir otro ataque de pánico. En ese momento él se acercaba y pretendía tomar sus manos.

— ¿Gustas una copa de jerez? —ofreció él. Su expresión era de absoluta ironía.

— ¡No, seas idiota Neil! No me pasó nada. Estoy completa­mente recuperada. Fue un simple mareo.

— ¡¿Huérfana, no estarás embarazada de mí?!... Quizás nuestra noche de pasión rindió frutos.

Candy abrió los ojos de par en par al exhibirse en su mente sus temores y dudas de aquella maldita noche. El arranque de ira se fue difuminando rápidamente pero en su lugar el horror la invadió. Un sudor frío brotó de su frente y Candy se recargó en el escritorio, tratando de recuperar el aliento.

—Lo mejor será que tú y yo nos casemos huérfana.

Nuevamente Neil se acercó y trató de acariciarle una mejilla, pero lo único que recibió fue una descomunal cachetada. Y por la furiosa señal colorada que sus dedos le habían dejado en la mejilla, el moreno nuevamente la amenazó.

— ¡No creo que te apetezca tenerme como enemigo, Candy!

— ¡No me apetece tenerte como nada. Cuando entenderás que solo asco me das!

—Es mejor que rompas tu compromiso con él, o de lo contrario te haré un escándalo. O dime tú, ¿crees justo afectar al pobre inglés, mira que acaba de dejar su condición de bastardo para ahora ser un "cornudo". Es mejor que te retractes Huérfana y no te presentes en la iglesia.

Neil siempre se había valido de sucias argucias para dañar a Terry. Llevaba años soñando con derrotar a su enemigo y lograr que Candy lo dejara plantado en el altar sería su mejor venganza. Solo así el cobarde de Neil haría descansar a sus fantasmas de la envidia y se apoderaría de Candy.

* * * * * *

Los días transcurrieron tornándose grises para la rubia, y tras noches en vela y en angustia, las dudas y temores de Candy acabaron alterando sus nervios. Le sobrevino un dolor en el pecho al recordar aquellas amenazas. Lo único que sabía era que aquel obsesivo Neil se estaba volviendo aún más peligroso. Las terribles consecuencias de su escandalosa noche acechaban, no sabía qué hacer. Se sintió presa de la desesperación. Con la fecha de la boda encima, no disponía de tiempo, tenía que hablar con Terry ese mismo día.

En el momento en que Dorothy le avisó que su prometido ya había llegado y que la esperaba en el vestíbulo. Un terror frío se apoderó de ella, el estómago se le revolvió y las manos se le helaron. Sabía que había llegado la hora de la amarga verdad y no había escapatoria, se convenció de que ahora le tocaba hacer penitencia por sus pecados.

— ¡Candy! —Terry tomó y besó sus manos y luego se inclinó para besarla en la boca. Pero, ella apartó la cabeza. Terry extrañado, se detuvo y la miró directamente a los ojos.

— ¿Qué te pasa?

Ella titubeó y se aferró aún con más fuerza a sus manos.

—Terry, tenemos que hablar.

—Sí, Pecosa. Tenemos que decidir cuándo y a dónde nos iremos de luna de miel— le respondió sonriéndole.

—No. No me refiero a eso. —Candy estaba tan nerviosa que se le notaba al hablar—Ven, siéntate. —lo tomó de la mano y lo llevó hasta uno de los sillones donde ambos se sentaron.

— Quiero ser amable— dijo mordiéndose el labio —Tal vez tú seas el marido perfecto para mí, pero yo sería la peor esposa que tú puedas tener.

Candy contuvo el aliento mientras veía palidecer el rostro de su rebelde. Ella quería decirle que no era culpa suya, pero cobardemente se mordió la lengua por miedo.

—No permitiré que te sacrifiques sólo porque toda Inglaterra me considera una mujerzuela. —tristemente dijo ella.

La expresión de Terry se volvió aún más distante, sintió que se volvía de hielo por dentro.

—¿Deseas aplazar nuestra boda Pecosa? — logró preguntarle, dominando los sentimientos que lo empezaban a aguijonear: miedo, preocupación, ira, humillación, y desconfianza.

—No, Terry... Creo que debemos pensar mejor las cosas. —Deseaba que todo aquello no estuviera sucediendo, pero ya era demasiado tarde para echarse atrás.

El aristócrata la miró con una sonrisa apacible y ojos penetrantes, y él supo que la Pecosa le estaba mintiendo. Ella no pudo sostenerle la mirada y se apartó de su lado.

—No sé por qué, pero no puedo imaginar nuestra vida conyugal. — diciendo esto último se volteó para que él no la viera que se limpiaba las lagrimas.

— ¿De qué hablas Candy, no te entiendo? — en esos momentos el actor ya se encontraba detrás de ella.

El rebelde tenía una expresión mucho más seria de lo habitual; casi ceñudo por lo que estaba escuchando. Pero el orgullo, su astucia y una cierta obstinación habían venido a su rescate. ¿Por qué debería él aceptar su decisión y su rechazo sin un motivo verdadero e importante?

—No quiero que te cases conmigo por salvar mi reputación o por cualquier otra razón estúpida como el honor o la cortesía. —le dijo Candy.

Terruce desesperado la tomó de los hombros y la giró para verla directamente a los ojos.

—¡Tú conoces muy bien la razón por la que te pedí matrimonio, no me digas esos disparates ahora!

—¡Terry, por favor, entiende las consecuencias! Tu ilustre apellido quedará mancillado si nos casamos.

—¡Candy, no puedes seguir así! —le reclamó, con las manos contraídas y los puños cerrados— ¡Que Dios me ayude, Pecosa! pero no puedo leer tu mente, ni adivinar lo que quieres… ¡Sé honesta y dime directamente lo que te pasa!... —ella seguía callada y esquivaba su mirada— ¡Maldita sea! Eres tan difícil para el entendimiento de un hombre.

Candy estaba asustada, no por sus gritos ni exasperación, sino por sus ojos. Ahora brillaban intensamente, descargaban perplejidad, coraje, impotencia. Por eso a la rubia se le formó un nudo de miedo en el estómago que también bloqueaba su garganta.

— ¿Por qué tienes tantos deseos de huir de mí? ¿Qué es lo que te resulta tan inaceptable para casarte conmigo? ¿Por qué hasta hoy lo decidiste?—la interrogó él. Las virtudes de su Pecosa se estaban esfumando, nada quedaba de su dulzura, consideración, y amor.

Terry se empezó a sentir desilusionado, humillado y devastado por el dolor, como si acabara de perder lo más importante y querido de su vida. Su primer impulso fue mandar a Candy por un demonio y decirle que hiciera lo que quisiera, pero él sabía que ante todo no podría vivir sin ella, la necesitaba.

—Terry, creo que actuamos y decidimos impulsivamente. —le respondió la rubia.

¡¿Cómo podía decirle que un impulso era lo que los había llevado a aquel matrimonio?! Tras escuchar eso Terry se derrumbó en el sillón. Con la cabeza entre las manos y los codos apoyados en las rodillas, miró fijamente el suelo. Todo lo que había dado por hecho se lo habían arrebatado de repente. No podía ser cierto, nada de aquello podía serlo cerró los ojos, sintió sus pulmones encogidos como si no les quedara aire dentro. Volvió a pasarse los dedos por su oscura melena y le dijo:

— ¿Quieres que te diga lo mucho que te empiezo a odiar por no decírmelo? ¿Por causarme un dolor y una humillación tan grande? —Demonios, lo estaba haciendo perder el control.

— Terry, lo siento mucho, muchísimo. Si pudiera... —y nuevamente se bloqueaba la Pecosa.

No soportaba mirarlo en ese estado y, sin embargo, no podía apartar los ojos de él. Candy sintió que se resquebrajaba la confianza entre ellos, su lazo invisible, su amor inquebrantable podía destruirse de un simple golpe. Así, tal como lo estaba haciendo ella.

— ¿A qué le temes? ¿Por qué reaccionas de esta manera? —Terry se estaba astillando con las espinas escondidas de su hermosa rosa.

—No es una cuestión de lo que temo, es que…— no podía superar el pánico, y la dominaba el miedo. Ya que si le decía la verdad a Terry, él sería capaz de ir a matar a Neil. Y ella moriría de vergüenza ante su rebelde al descubrir que ella ya no era virgen… ¿Cómo lo tomaría Terry quien siempre la había respetado, ya que con demasiada ilusión y esfuerzo se había reservado para la noche de bodas, y la cual él esperaba ansiosamente?

Al rebelde ya lo habían irritado los absurdos y ridículos argumentos de la Pecosa, y estalló finalmente con sus titubeos y silencios. La tomó de las manos y bruscamente la atrajo hacia él. Su mirada era penetrante, como si quisiera leer su alma. Con voz ronca le advirtió.

— ¡Mírame, maldita sea! Me da igual que no quieras ser mi esposa. No importa, porque sabes muy bien que eres mía, y por mucho que lo intentes no podrás cambiarlo. — Sus grandes manos apretaban sus muñecas, y ella sintió cómo la rabia recorría el interior de él como un río embravecido.

— ¡Terry, basta! — El amor la había atrapado. Apenas podía soportar la idea de vivir sin él, pero le resultaría igualmente imposible casarse con él sabiendo que ya había sido mujer de Neil.

— ¡No Candy, basta tú! Me lo pides como si yo pudiera tan fácilmente elegir cuándo o no te puedo amar. Como si tu dulce trato no me hubiera desarmado, tus dulces besos devastaron mi ser, tus sensuales e inocentes miradas perturbaron mi alma… ¡Candy te metiste en mi piel, te apoderaste de mi corazón. ¡Cómo te atreves a decirme que fue un impulso!

A Candy su corazón se le desbocó presa del nerviosismo, sintió miedo de él, ya que parecía haber perdido el control.

—No niego nuestra simpatía y armonía física, pero sé que los matrimonios fracasan cuando se levantan sobre cimientos tan inestables y frágiles. Y tú y yo hemos pasado por tantas "cosas" que dudo mucho de que nuestra relación supere una adversidad más.

Terry se dio cuenta que en cuanto más insistía más lo rechazaba, y menos estaba ella dispuesta a ceder. Pero su empeño y orgullo hicieron que siguiera adelante. No iba a admitir la derrota. Y aunque fuera por venganza no le daría su libertad, tendría que conseguir a toda costa que ella no rompiera el compromiso. Ya después investigaría el motivo que la había hecho cambiar.

Mientras tanto, Candy se plantó delante de él, al alcance de su mano pero exasperadamente inalcanzable, entonces ella le preguntó:

— ¿Qué pasará el día que te despiertes a mi lado y decidas que todas tus responsabilidades pesan demasiado y que preferirías irte a América para volver a actuar?

—De modo que crees que soy un hombre inestable. Todo este tiempo compartido, tantas vivencias sufridas y aún no me conoces. Te resulta imposible identificar y etiquetar los sentimientos vividos. No sé qué te proponías Candy, pero si era herir mi orgullo y corazón has logrado tu cometido, en ambos has salido victoriosa. Pero aún así no podrás deshacerte de mí.

— ¡Perdóname Terry! ¿No quería lastimarte? — Candy hundió el rostro en su hombro, con las uñas clavadas en las solapas de su chaqueta como si fueran las garras de una gatita.

—¡Que no querías hacerme daño! —exclamó Terry, enfadado y resentido—No, claro que no. ¿Por qué no iba a importarme que me pusieras en ridículo delante de todo el mundo, dejándome "plantado" a un día de nuestra boda, o en el mismo altar?... Para tu mala suerte lamento que no me consideres un riesgo que valga la pena correr.

—¿No es así... es que? —indecisa, titubeante la rubia trataba de decirle la verdad, observó el rostro de Terry, era el de un hombre herido. ¿Cómo había podido sugerir algo tan irresponsable? ¡Por todos los santos! ¿Qué se había apoderado de ella?

— Te aviso Candy, que aunque los dos muramos en el proceso nos casaremos. Y será mejor que el día de nuestra boda, aparezcas de forma voluntaria, no me obligues a entrar en tu dormitorio y sacarte yo mismo. Te juro Candy, que aunque te lleve arrastras al altar, te casarás conmigo.

La callada Candy, ya no pensaba, sólo se arrepentía. ¿Cómo podría reconciliarse con Terry cuando al parecer las heridas que provocó fueron profundas e intensas? ¿Por qué no tuvo el valor de decirle la verdad en lugar de tratar de romper el compromiso…?

Terry sonrió después de darse la vuelta; se sentía mareado, como si toda la sangre del cuerpo se le hubiera bajado a los pies. Comenzó a caminar hacia la puerta con deliberada desenvoltura a pesar de que en su interior se sentía extremadamente confundido y decepcionado. El sueño de su vida se le había escapado entre los dedos a un día de convertirse en realidad y se había hecho añicos del modo más cruel.

—Soy un hombre de fuertes principios —le dijo Terry —Y nada de lo que hagas o digas cambiará mi decisión, te guste o no, nos casaremos, ya sea amándome u odiándome...

A Candy, su treta le falló totalmente, no logró que el orgullo y dignidad de Terry aceptara su rechazo y rompiera el compromiso. Complejamente él afianzó y hasta la amenazó para continuar con los planes de su matrimonio. Desgraciadamente el éxito que ella tuvo fue la gran herida y decepción de Terry.

—¡Terry!... —trató de retenerlo, no podia dejar que se fuera así, quiso decirle nuevamente la verdad sobre Neil, pero su intento fue en vano, otra vez sus palabras se atoraron en su garganta y enmudeció.

—No puedes culpar a un caballero por tener conciencia y corazón. — La miró con una triste sonrisa y caminó hasta desaparecer.

Terry cabalgaba a un ritmo temerario reflejo de su estado de ánimo; el demonio que llevaba dentro quería salir. Tras escuchar a Candy se sentía enloquecer, él quería perderse al compás de la velocidad, y esa agitación parecía amenazar los límites de su carácter.

— ¿Intentas matarte? —le preguntó el Diplomático al verlo llegar.

— ¿Acaso vas a sermonearme? —a la defensiva le respondió.

—No, porque sé que no me escucharás. Y por tu endiablada forma de cabalgar, me imagino que debes de tener ganas de morir o de matar a Teodora.

Terry no sabía qué responder.

— ¡Maldita sea mi suerte! No sé porque demonios Candy… —hizo un alto, tal vez por vergüenza o simplemente por lo doloroso—Porque siempre tiene que anteponer a otros… sin importarle mis sentimientos… ¡Demonios Armand me está volviendo loco! Quiere dejarme pero no se lo permitiré, no me dejará en ridículo ante todo mundo.

—Yo te conozco, Terry. El ridículo, el escándalo y el mundo te importan un bledo. ¡Te ríes de todos ellos! Lo que te tiene loco es el miedo de perderla porque estás completamente enamorado de ella. Porque a pesar de todo aún la amas, ¿no es cierto? Yo te lo afirmo Terry… porque por ella tú… darás y sacrificarás, eso es exactamente lo que tú has hecho y siempre harás.

—Candy es pólvora y no se deja manejar tan fácilmente. Simplemente no la entiendo.

— El tonto fuiste tú por elegírtela tan arisca. Aunque tengo que admitir que es tan, pero tan hermosa, que sus defectos se disimulan bien. Y yo, si fuera tú le perdonaría todo.

—Siempre creí que sería mi linda esposa con quien tendría muchos hijos y que nuestro hogar sería mi santuario… pero ahora a pesar de su inofensivo aspecto se ha convertido en una persona desafiante y terca… si es que nos casamos va a ser un matrimonio de lo más accidentado.

—Terquedad e inteligencia pueden llegar a ser una mezcla interesante. —alegremente dijo Armand.

—Terquedad y estupidez será un infierno compartido. —respondió Terry.

—Ya habrá tiempo para que investigues qué le pasa. Esta noche, no tienes ninguna necesidad de soportar nada. Lo que necesitas es emborracharte a fondo. ¿Aceptas mi comprensiva compañía Amigo, recuerda que es tu última noche de soltero? Jajaja.

* * * * * *

La noche previa a su boda Candy no durmió, veía y tocaba su anillo de compromiso, éste rodeaba su dedo como una cadena pesada. ¿Cómo iba a sobrevivir a ese día y esa noche y los demás que seguirían? ¿Qué pasaría esa noche cuando Terry llegara a reclamarla y se diera cuenta de que no era virgen? Intentó imaginarse a solas con él e ineludiblemente llegaba el llanto, pues aún recordaba las palabras de él: "en nuestra noche de bodas todo será perfecto tal como tú mereces". Y de la misma manera en su mente resonaba el voto de confianza que le dio la tía-abuela a su relación, así como la petición a ya no más escándalos.

Las horas pasaban y todo su ajuar seguía en el mismo lugar, las joyas sobre el tocador, el vestido sobre la cama, y las finas zapatillas de satén acomodadas en el piso.

— ¡Vamos, apresúrate, todavía debes tomar tu baño! —la apre­suraron tanto Patty como Dorothy.

Después de varias horas y de tanto presionar las chicas vieron finalizado su trabajo

— ¡Dios mío! — exclamó Dorothy— ¡Estás preciosa Candy!

—Wow Amiga! Nunca había visto una novia tan bella… con tanta elegancia, sin dudar eres la novia perfecta—expresó Patty.

Ya vestida y a solas, Candy daba vueltas en su habitación con el ramo de flores en mano. Aún no tenía el valor suficiente para presentarse en el altar. Seguía en sus cavilaciones cuando Eleanor ingresó a su habitación.

Con el ajetreo y los preparativos de la boda, las mujeres no tuvieron tiempo para charlar en privado como lo hacían cada vez que se presentaba la ocasión, llevaban una relación muy estrecha, ya que podían hablar no sólo como amigas, sino como madre e hija. La madurez y comprensión de Eleanor entendía las dudas y confusiones de Candy, su futura nuera. Además, del lazo de amor que las unía por ser Terry su máximo amor en la vida, ellas compartían otras cosas pues eran muy parecidas en su forma de pensar y "amar".

— ¡Ay, Eleanor! Encuentro tan difícil entenderme a mí misma… y a mis sentimientos…- una ligera picardía iluminaba su expresión, como refiriéndose a algo pecaminoso o inapropiado. — Es decir… Me siento un poco rara, nada más.

—Creo que es normal que te sientas un poco extraña. Hoy es un día muy especial. Todo va a cambiar en tu vida. Com­partir tu vida con la persona que amas es lo más maravilloso que le puede suceder a un ser humano. Te lo aseguro. Candy sólo déjate llevar y entrégate a ese sentimiento, tu corazón te indicará qué hacer…nosotras como mujeres debemos…

Eleanor se disponía a preparar a Candy en cuanto al tema de la noche de bodas cuando fueron interrumpidas por Albert, por lo que Candy se quedó sin el consejo y asesoría de la experimentada y confiable mujer.

—Chicas lamento interrumpir, pero ya es muy tarde, llegaremos retrasados y no debemos perder más tiempo. Es hora de salir Candy. —las apresuró Albert.

—Sé fiel a tus sentimientos Candy, no dudes. El amor te espera, sigue tus instintos, hija mía. Sé una esposa para tu marido. —fue lo único que alcanzó a decirle Eleanor a la rubia antes de salir.

Durante el camino la rubia seguía recapacitando hasta que finalmente, antes de volverse loca por tanto pensar, decidió seguir adelante. Sí lo haría, uniría su vida con Terruce Grandchester, estarían atados de por vida, sus corazones sufrirían o gozarían la misma desdicha y felicidad. Concluyó en que había sido una estupidez por su parte, una soberana estupidez no haberle confiado a Terry lo que le pasaba.

Pero era el día de su boda, el día más importante en su vida así que decidió olvidarse de esos negros pensamientos y decidió hacer realidad su sueño más anhelado, casarse con Terry. Nada más le importaba más que el hecho de estar con el hombre que siempre había amado y que nunca logró olvidar.

Harto de sufrir Terry decidió mandar al demonio el coraje, dolor y depresión que lo habían agobiado durante las últimas horas. Hizo el esfuerzo por vencer su tristeza y resentimiento por lo menos durante ese día, y al cambiar de actitud sintió una inyección de confianza y euforia al pensar en que ese día era su boda.

De todos los peligros que había afrontado en su vida, ninguno lo había asustado tanto como la posibilidad de perderla. En ese momento comprendió que la quería como no había querido nunca a otro ser humano. Prefería morir a considerar la vida sin ella. Además, iba a ser un auténtico desafío hacer que cambiara de opinión cuando fuera su mujer. Y Terry siempre había adorado los desafíos. Y el primero ya lo había logrado al vencer a su propio orgullo.

Candy aún no llegaba a la iglesia se había demorado más de lo debido, y con cada segundo transcurrido el novio sentía morir.

Se sentía extraño, pensó Terry, cuando tomó su lugar en el altar y concentró su atención en el pasillo central, esperaba en el frente la llegada de Candy. Sentía como si su corbatín lo asfixiara, era como si Eleanor lo hubiese atado demasiado fuerte, pero al ver que estaba correctamente colocado pensó que era la bola de nervios y sentimientos encontrados lo que se atoraban en su pecho ahogándolo hasta la boca.

A Terry le volvió el alma al cuerpo en el momento en que el claxon de un lujoso auto descapotado sonaba constantemente mientras entraba en el patio de la iglesia. Un largo velo ondeaba en el viento, siguiendo a la nívea imagen mostraba a una bella mujer sentada en el interior del auto, era Candy que nerviosamente por fin llegaba a su cita más anhelada: "Su Boda".

Al cabo de un instante, la puerta del elegante coche se abrió y la novia descendió radiante, con su hermoso rostro adornado por el albo velo que le cubría la cabeza. La rubia estaba sencillamente soberbia parecía un ángel. Todos los asistentes se hicieron a un lado respetuosamente para permitirle el acceso a Albert y Candy hacia el interior de la iglesia.

Sonaron las primeras notas de la marcha nupcial, entonces Albert le ofreció su brazo y ella lo entrelazó mientras que con su otra mano portaba el exquisito ramo de novia. Ella suspiró y enderezó los hombros, llena de valor inició el recorrido. El ave maría cantada por la mejor soprano inglesa acompañada por las notas del piano se alzó por todo el recinto.

Los invita­dos contuvieron el aliento al verla ataviada en el elegantísimo y sofisticado ajuar de seda blanca, como dibujado sobre sus curvas, parecía parte de su pro­pia carne enmarcaba las líneas femeninas más bellas. Como una nívea cascada caía y se esparcía la cola del vestido la cual estaba exquisitamente bordada y era extremadamente larga.

Cientos y cientos de pétalos de rosas rojas cubrían el pasillo que la encaminaba hacia el amor de su vida. Eleanor, Patty, y Annie fueron las damas de honor, y aunque eran mujeres muy bellas, no pudieron hacerle la competencia a la novia, cuyo rostro resplandecía. El amor se le escapaba por los ojos mientras caminaba hacia el altar, donde su rebelde la esperaba con el sacerdote.

Terry la miraba de una manera que hizo que más de una mujer de la iglesia suspirara. El rostro de Candy irradiaba un aura de blancura que se proyectaba desde su piel como si estuviese satinada. Ella avanzaba sonriendo de derecha a izquierda a los parientes y amigos, que le sonreían a su vez. Miró cómo se iba acercando hacia él.

Su orgullo crecía con cada paso que daba, pero en nada se comparaba con la dicha de entregar su vida entera a Terruce Grandchester el cual ya estaba impaciente esperando, luciendo impecablemente un ajustado frac negro, con chaleco bordado y camisa blanca. El satín le adornaba tanto el cuello como los puños. Su cabello oscuro brillaba por efecto del fijador con el que lo había peinado, todo hacia atrás. Su aspecto era sumamente elegante, solemne y formal.

Se detuvo delante de Terry, nerviosa y cohibida mientras él la contemplaba ataviada en su inmaculado vestido de novia era la inocencia en persona. Su exquisita tiara compuesta de diamantes y desde donde provenía el finísimo velo que traslúcidamente le cubría el rostro. Rizos de oro caían de un peinado desde lo alto de su cabeza, sus pómulos se elevaban femeninamente adornados por sus mejillas con leve tonalidad rosada. El suave contorno de su mandíbula, y la sutil curva de su cuello se veían realzados por diamantes que colgaban de sus oídos, y en la fina zona de piel de su escote lucía un carísimo collar a juego. Ante esa imagen a Terry la sangre se le acumuló en las entrañas.

Cuando Albert entregó a su hija adoptiva a su mejor amigo, el rubio notó que Terry había estado asustado por el temor de que la novia no llegara y lo entendía porque era el mismo el dolor de la pérdida que el rubio estaba sufriendo.

Candy vaciló, sabía que si se acercaba a su prometido, si le daba las manos, estaría comprometiéndose de por vida, y por muy insegura y aterradora que fuera la perspectiva, se veía innegablemente empujada hacia ella atraída por él. Finalmente levantó su mano para que fuera puesta encima de la de Terry, en ese momento ella le sonrió y Terruce le correspondió. Entonces Albert unió las manos de los enamorados y se retiró para ir a ocupar su asiento junto a Eleanor, Richard y Elroy. Terry la tomó de la mano y le habló:

—Temía que no vinieras —admitió él.

—Nunca te hubiera "abandonado" Terry —le declaró ella.

Todos yacían en sus lugares en el interior de una de las iglesias más de moda en Londres cuando de pronto la ceremonia inició.

El sacerdote se encontraba de pie frente a los novios, entonces Candy y Terry se arrodillaron frente al altar, emocionados veían la imagen del Cristo sintiendo una atmósfera de santidad superior.

—Queridos hermanos —la voz del sacerdote irrumpió por todo el santo lugar—Nos hemos reunido aquí, en presencia de Dios, para unir a este hombre y esta mujer en sagrado matrimonio…

Terry, víctima de su desesperación hubiera querido arrebatarle el libro de oraciones al padre y exigirle que se limitara a preguntarles si aceptaban o no.

—Si alguien de los presentes puede dar una razón por la que esta boda no deba celebrarse, que hable ahora o calle para siempre…

Después de esperar un breve tiempo, los novios se relajaron tras el silencio en donde nadie intervino. Se miraron y se sonrieron con alegría deslumbrante. No surgió ningún impedimento.

—Candice White Andrew, ¿aceptas a este hombre como legítimo esposo…?

Estaba a punto de emitir las dos palabras con que se comprometería a una vida de amor, obediencia, lealtad y fidelidad. Con ello le otorgaría el poder supremo de su ser al hombre que esperaba nerviosamente su respuesta. Candy seguía sumergida en sus pensamientos cuando sintió un ligero apretón en su mano. Era Terry quien trataba de traerla a la realidad, su demora lo estaba desquiciando.

—Sí, acepto —respondió mientras lo veía con infinita ternura y amor.

—Terruce Graham Grandchester, ¿quieres a esta mujer como legítima esposa, para vivir con ella según la ley de Dios…?

—Sí quiero —firmemente respondió Terry, mientras con la mirada le decía que no admitiría rebeldías. Y ella había prometido obedecer.

Carraspeando el sacerdote su garganta, prosiguió a pedirles sus votos.

—En el nombre de Dios, yo, Terruce, te tomo a ti, Candice, como legítima esposa. Para amarte y protegerte a partir de ahora en la salud o en la enfermedad, en la riqueza o en la pobreza, hasta que la muerte nos separe.

—Yo, Candice, te tomo a ti, Terruce, como legítimo esposo… —él aturdido se preguntaba… «¿Porqué se demora tanto para responder? »... —para amarte y protegerte en la salud y en la enfermedad, en la riqueza o en la pobreza… hasta que la muerte nos separe.

—Con este anillo yo te desposo Candice White— a ambos les temblaban las manos. Terry sintió que la enguantada mano de Candy se tensaba bajo la suya. Intentó reconfortarla haciendo uso de sus manos y de sus ojos. Envolviéndola en la seguridad del amor que sentía por ella.

La eucaristía siguió su avance normal, hasta que finalmente los dos se irguieron para recibir el sacramento nupcial.

—Los declaro "Marido" y "Mujer", lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre. El novio puede besar a la novia. —los ahora esposos se miraban fijamente sintiendo los hermosos rayos solares del día que se filtraron por los vitrales del altar.

Terry le apartó el velo de la cara y lo dobló hacia atrás, la miró a los ojos, sus verdes esmeraldas resaltaban al contrastar con su piel traslúcida semejante a la seda del vestido.

Sus labios gruesos eran de por sí deseables, su color rojo carmesí y su humedad natural los hacían aún más apetecibles. Terry sintió un deseo irrefrenable de rozarlos y miedo de no poder frenarse delante de todos. Ella no pudo resistirse a esa sensual boca que la llenaba de la más pura e infinita felicidad, y fue así que delante de todo el mundo ellos sellaron en un tierno pero profundo beso su inquebrantable amor.

Por último, el sacerdote les dio su bendición con tal sinceridad, que los hizo sentir que estaban siendo realmente bendecidos por Dios. Y fue tan enorme la paz, amor y emoción que los embargó, que ambos pensaron que no necesitaban ya tener tanto miedo del futuro como el que habían tenido hasta entonces.

Se tomaron de las manos para salir juntos hacia la luz del día. Las campanas comenzaron a repiquetear con júbilo en el exterior, y los recién casados recorrieron su salida del altar sonriendo a todo el mundo.

Salieron y antes de que el aire se llenara con los gritos de júbilo por las felicitaciones, se sorprendieron de ver el sinfín de invitados que se habían congregado a las puertas de la iglesia para saludarlos, externarles sus respetos y lanzarles una lluvia de pétalos de flores y arroz.

Candy vio que Eleanor había estado llorando y, cuando se acercó la abrazó y la besó. También besó a Albert, mientras que Terry abrazaba a su padre. Luego de las felicitaciones los ahora esposos intercambiaron una mirada cómplice.

— ¿Corremos hasta el coche? —propuso Terry.

—Sí, pero será mejor que echemos a correr con las cabezas agachadas.

—Muy bien. ¿Estás lista?

— ¡Sí!

Entonces la tomó con fuerza de la mano y, riendo alegremente, corrieron hasta el coche, mientras una gloriosa lluvia de flores y arroz caía sobre ellos.

* * * * * *

El castillo Grandchester estaba iluminado por dentro y por fuera, y se encontraba abarrotado de amigos, familiares y demás invitados. La larga fila de carruajes que se dirigían a la puerta se alineaban a lo largo del camino principal. Los cocheros esperaban observando toda la conmoción con que los invitados ingresaban y eran bien recibidos.

No era habitual que se celebrara un evento de semejante magnitud; y mucho menos teniendo como protagonistas a dos personas tan famosas como el heredero al máximo ducado de Inglaterra y la heredera a una de las más acaudaladas fortunas del mundo.

Era una noche perfecta, parecía que todos los jardines de Londres se habían quedado sin flores, pues el castillo así como lo fue en la iglesia, estaban desbordados de bellos adornos florales por doquier. Y aún así, los perfumes más caros de las aristocráticas mujeres competían con el olor de mil flores. Otra competencia que se suscitaba eran las voces de los distinguidos invitados contra los sonidos de la música que proyectaba la sinfónica.

Era una gala de elegancia todos las asistentes lucían vestidos de hermosas e importadas telas, sus joyas brindaban una lluvia de destellos por todos lados, lo que hacia sentir un ambiente mágico. Los invitados veían fascinados el derroche elegante en cada detalle del castillo, así como en los preparativos con que fue planeada y realizada la boda.

Bajo la luz de los candelabros, las mesas resplandecían suntuosidad con la abundante cristalería de plata, porcelana y oro. La larga mesa de los novios estaba cubierta con su fastuoso mantel blanco, y estaba repleta de una gran variedad de platos con suculentos manjares.

Había un ejército de meseros encargados de ayudar a los invitados a seleccionar las viandas y llenar sus platos. Otros iban de estancia en estancia, portando enormes bandejas con copas.

Candy pudo distraer un poco sus nervios con el bullicio de los asistentes y con el sonido de la música. Además, cada vez que estaban a solas ella y Terry ese tiempo no duraba mucho, ya que eran interrumpidos con cada nueva llegada de invitados que saludaban al pasar o hacer su alto en la mesa de los novios. En ese momento a su mesa llegaron Patty, Annie y Armand.

— ¡Mis más sinceras felicitaciones Amigos! Quería tener la oportunidad de ver a la feliz pareja por mí mismo. —externó Armand.

— ¡Oh, Candy! Debes de estar encantada. ¡Esta noche eres la envidia de todas las mujeres de Inglaterra! —le decía Annie mientras la abrazaba y felicitaba.

— ¡Bastante concurrida! —dijo Patty.

— ¡Diablos, creo que he visto a uno que otro muerto que parecen haber resucitado para no perderse esta fiesta! —bromeó Terry.

En ese instante el novio y su amigo se apartaron de las mujeres ya que Annie de emoción empezó a llorar.

—Las bodas son un aburrimiento —decía Terry a Armand— con todo el mundo lloriqueando y poniéndose sentimental.

Y esto lo decía Terry mientras veía como Candy se alejaba de su lado para caminar con sus amigas. Las miraba como si despreciara a cada persona a quien su Pecosa estaba saludando, pensaba que esos eran valiosos minutos que le estaban robando de pasar a su lado. Esa tarde le parecía infernalmente larga, creía que el final de la fiesta no llegaría nunca y esto lo alteraba absolutamente.

Pasaron las horas y durante la fiesta Terry notó muy nerviosa a Candy, y para tranquilizarla le llevó una copa. Al acercarse él le brindó una de sus más deslumbrantes y maliciosas sonrisas.

—Toma, es para que te relajes. —el actor le daba la copa a su esposa.

—Es verdad o es para envenenarme? —graciosamente ella respondió.

—No finjas, si ya sé que últimamente has desarrollado el gusto.

—Pues no tanto como tú, pero igual te podría alcanzar.

—"Su santidad Candy", me permito informarle que esa copa es para realizar el tradicional brindis. Ya deja de hacer ridículas lamentaciones, a quejarse con otro santo.

En la celebración nupcial la música hizo un breve alto para realizar el brindis de los "esposos". Los padres y tutores de ambos estaban a su lado. Candy le sonrió a Terry mientras chocaban sus copas, y en su comunicación silenciosa se declararon su sentir:

Terry: "Al ver que llegaste al altar, todos mis resentimientos desaparecieron. Tu amor por mi es verdadero porque siempre vuelves a mi".

Candy: "Estoy segura que tomé la mejor decisión al casarme contigo y no dejarte. Tu amor por mi es verdadero porque siempre me esperas y me aceptas aún sobre todos mis errores".

Ambos tenían un brillo que hizo que a Eleanor se le humedecieran los ojos de felicidad.

Terry estudió la postura nerviosa de su esposa, su expresión preocupada, pero se dijo que debía ignorarla. En cualquier caso no había nada que pudiera hacer en ese momento más que disfrutar de su boda.

Después de un rato, Candy había empezado a perder la noción del tiempo, pero en ese momento salió de su ensueño pues los "novios" fueron llamados a la pista para bailar el primer vals como esposos. La pieza que la sinfónica tocó para ellos, fue el mismo vals que ellos bailaron en el pasado y nostálgico Festival de Mayo. Durante el baile la pareja de enamorados se remontó aquella segunda colina de Pony, se dejaron llevar por aquella magia y libertad y se comportaron como solían hacerlo en aquellos tiempos.

— ¡No tiembles MonaPecas! Si crees que te vas a desmayar, yo te sostendré. Solo tienes que sujetarte bien de mi brazo.

— Jajaja. ¡Está bien así!—entonces Candy clavó todos sus dedos en el brazo y cuello de Terry.

— ¡Ouch, basta Tarzan-Pecoso! que no soy una liana de esas en las que sueles colgarte.

—Esa es una lección para bajarte lo arrogante Mocoso-Engreído.

Él reía a su oído, entonces él la rodeó más fuerte con sus firmes brazos, lo que provocó que ella se sintiera en una vorágine de placer, era como si estuviera ebria de emoción y estaba tan abstraída que no se dio cuenta cuando terminó la pieza. Terry soltó su estruendosa carcajada y le dijo:

— ¡Te dije que te desmayarías! Jajaja.

Aunque Terry se había mostrado encantador con ella durante la ceremonia y la celebración, ella había reconocido el deseo en su mirada, la expectación por la noche de bodas, pues notaba que se le acercaba demasiado, le hablaba muy bajo, y le sonreía pícaramente en todo momento.

Manifestando un dolor de cabeza que en realidad no tenía, Candy rechazó la última copa que Terry le ofrecía. Y desesperada por alejarse de él, al menos durante un breve rato le dijo:

—Me parece que me he mareado con tantas vueltas al bailar. De hecho hasta me duele la cabeza. —inventó la rubia.

— No te preocupes. Es posible que encuentre la manera de aliviar..., tu dolor de cabeza..., cuando estemos solos en nuestra habitación.

En ese momento Candy tomó la copa y de un tragó la bebió. Los nervios la abrumaron. Y por la inversa y graciosa actitud de la Pecosa, el rebelde se empezó a reír.

— ¡Jajaja! ¿Quién te entiende Pecosa? ¿No dijiste que ya no querías beber?

La rubia se quedó muda, la había vuelto a llamar "Pecosa", pero aún así la mitad de su ser seguía deseando que la fiesta no se acabara nunca, mientras que su otra mitad anhelaba vivir su noche de bodas.

Un sinfín de personas, deseaba acercarse a ellos para saludarlos con un apretón de manos o una reverencia y darles la enhorabuena. Y de eso se aprovechó Candy para apartarse algunos momentos de su lado. Pero el pretexto y el gusto le duraron muy poco, ya que al instante la rubia fue consciente de los murmullos que comenzaban a alzarse a su alrededor y de las exclamaciones de sorpresa y contento procedentes de los invitados.

Al girar su rostro, fue consciente de que Terry atravesaba el salón hacia ella y de que esbozaba una sonrisa encantadora al tiempo que le tendía el brazo. Ella lo esperó y se encontraron allí donde los invitados les habían hecho un hueco en la pista de baile. Él la tomó de la mano y le hizo una elegante y cortés reverencia como invitación para volver a bailar.

—Muy inteligente Pecosa, buen pretexto. No creas que te me escaparás cada vez que te da la gana. —le decía mientras la oprimía contra su pecho.

— ¡Huérfana! ¿Dónde estás? — resonó esa maquiavélica voz por todo el salón principal.

El corazón de Candy casi se detiene al escucharlo. Sintió que el suelo se abría a sus pies, mientras el color desaparecía de su rostro. Era Neil que completamente borracho hacía acto de presencia y la buscaba. Los labios de Terry se contrajeron en una actitud hostil y notó que la expresión de su esposa cambió de la incredulidad al terror, Candy no le apartó la vista a Neil.

— ¡Cómo se atreve! — dijo Albert.

Un músculo se tensó a lo largo de la barbilla de Terry, que no dijo ni una palabra. Neil estaba a pocos pasos de ellos y Candy temerosa se escondió detrás de Terry.

El moreno acechador comenzó a reír convulsivamente. Sus carcajadas enfermizas tenían el tono de la locura, gesto que no se le borraba de su rostro. Sin permitirle que hablara ni una sola palabra más Terry agarró a Neil por las solapas y lo elevó en al aire hasta que sólo tocó el suelo de puntillas. Aquel rápido movimiento tomó por sorpresa a Neil y éste se quedó sin aliento Terry lo había tomado por el cuello y lo arrastraba como a un niño.

— ¡No te atrevas a pronunciar su nombre en mi presencia! — el aristócrata entrecerró los ojos al desafiarlo.

—La vida de tu esposa está en mis manos, —amenazó Neil.

—Y la tuya en las mías —respondió Terry sin inmutarse.

—Ella fue… — Neil ya no pudo continuar debido a que no podía hablar, las enormes manos de Terry se ceñían como tenazas a su garganta.

Y era tal la ira de Terry de ver amenazada a su esposa por ese nefasto "hombre", que el odio lo dominó ya que en ese instante el actor lo lanzó hacia una de las esculpidas columnas del majestuoso salón, propinándole un gran golpe que lo dejó tirado tras chocar su cuerpo contra la decorativa estructura.

— ¡Sáquen a este borracho de aquí, y asegúrense de que no vuelva a entrar! —ordenó sumamente enfadado el aristócrata a sus sirvientes.

Los empleados sujetaron de los brazos y arrastras llevaron hasta el exterior al osado Neil que estaba pateando y rebelándose, aún luchaba por zafarse para arruinarles su boda.

—Aquí está su caballo —le indicaron los sirvientes quienes también lo ayudaron a montarlo.

Neil ya casi estaba por salir del castillo cuando decidió cambiar el rumbo. El desquiciado moreno a todo galope regresaba hacia la puerta que custodiaban los sirvientes que lo acababan de sacar. El insistente y ebrio hombre cabalgaba tendido sobre su caballo. Iba como perseguido por el diablo y sólo aminoró la marcha para saltar un cercado de piedra. Pero no logró saltar el obstáculo y cayó bruscamente al suelo, desplomándose encima de sus piernas el pesado cuerpo de su caballo.

El malogrado joven yacía adolorido sobre el sólido piso, resopló recuperando el aliento y con ganas de vomitar, a la vez que sentía un dolor en los brazos y los hombros que casi le hacía olvidar el de las costillas que tenía rotas. Pero lo trágico vino tras un rápido chequeo mental, llegó a la conclusión de que no sentía sus piernas, su cuerpo estaba paralizado de la cintura para abajo. Entonces Neil empezó a gritar por el miedo, la desesperación y la agonía. Y cada minuto que pasaba el moreno iba perdiendo fuer­zas, estaba desfalleciendo cuando oyó el sonido de la gente que se acercaba para auxiliarlo, pero ya no pudo estar cons­ciente cuando llegaron a él.

Cuando el resto de los invitados salieron para ver qué había sucedido, uno de los asistentes que era médico había determinado que urgía llevarlo al hospital, ya que al parecer la mayoría de sus huesos estaban rotos. Y como siempre los comentarios no tardaron en aparecer: "Era de esperarse si andaba completamente borracho" "Solo un alcoholizado iba a cabalgar de esa manera" "Pobre hombre, tal vez quede inválido" "Es un milagro que no haya muerto instantáneamente" etc…

Tras el inesperado incidente, Candy cobró conciencia de las cálidas manos de su esposo, que sujetaban las suyas sin intención de soltarlas sus ojos reflejaban ansiedad, y ella se sentía enferma de preocupación. La intensa alegría que la había sostenido durante la ceremonia y la celebración comenzaba a esfumarse. Su máscara de compostura ocultaba a una mujer asustada. ¿Ahora cómo podría ver a la cara a Terry que en demasía le había mostrado cuándo la amaba? Nuevamente el pánico invadió a la rubia quien creía que ya lo había superado. El tumulto de miedo y temor volvió a resurgir. La fría y distante actitud equivocada volvía a gobernarlo todo.

Y a medida que la algarabía de los invitados disminuía se iban desvaneciendo los acordes de la música, igual el sonido del choque de las copas era menor. Candy comprendió que la hora para partir a su nuevo hogar estaba llegando.

— Es hora de irnos—dijo Terry.

— ¡Ya! —asustada preguntó

Durante la fiesta había logrado escaparse varios momentos de estar a solas con su marido, pero ¿qué haría ahora, durante y al llegar a su mansión… era su noche de bodas?! Se le ponía la piel de gallina de sólo pensar en lo que sucedería. Estaba agotada por los acontecimientos del día, muy inquieta y con los nervios a flor de piel, pensando en que pronto compartirían la cama donde se vería obligada a dormir con él.

— ¡Dorothy, por favor sube al carruaje junto conmigo! Te lo suplico no me dejes sola con él.

— ¡Candy! Es una locura, ¡¿Cómo me pides eso?! … Pero, ¿no te das cuenta de que él ya es tu esposo y que tendrás que vivir a su lado?

—Si… Tienes razón, es que estoy muy nerviosa, eso es lo que me pasa.

Una gran cantidad de invitados junto con los familiares, salieron todos al exterior para despedir a los recién casados. Los padres y tutores bendecían una y otra vez a sus herederos. Candy pretendía alargar la despedida, por esa razón abrazó por un largo momento a Albert, lo hacía en un intento de esquivar lo que parecía ser una tortura o un temor infinito a lo que venía.

—El equipaje está preparado y el carruaje nos está es­perando. Cuando tú gustes, "mi señora" —dijo Terry extendiendo su mano para atraer a Candy a su lado.

Finalmente la Pecosa subió al carruaje y tomó su lugar al lado de Terry. Por delante ya habían partido Dorothy y los otros sirvientes.

— ¡Adelante, vámonos! —ordenó Terry al cochero.

En ese preciso instante tenía una flamante esposa a la que admirar. Pronto, muy pronto, serían marido y mujer

C O N T I N U A R Á. . .

Gizah

22 / Octubre / 09

HOLA NIÑAS HERMOSAS: Nuevamente aquí terminé un capítulo más, quedo a la espera de sus comentarios, reclamos, tomatazos, sugerencias, aportaciones, dudas, y demás etc.

AKANE KAGOME:Pues aquí estoy lo más rápida posible jiji… Akane te confieso que ya estaba muy, muy triste por NO haber visto tu review … pensé que no te había agradado este capítulo y por eso me quedé corta de inspiración, así es que si esta actualización no te gusta en parte es culpa tuya por tu ausencia eh!!!

Jajaja, no te creas mujer, se me ocurrió esta idea "de la virginidad" para crearles más tensión a ustedes mis lectoras porque sé que al igual que yo estamos todas ansiosas por la consumación de este gran amor, pero con un poquito de suspenso sé que será más emocionante la "Entrega".

Pero en fin ya lo veremos en el siguiente capítulo Akane, por lo pronto me despido para actualizar a la brevedad posible, pero no sin antes agradecerte muchísimo tu review, te juro que cada palabra que ustedes me dedican se multiplica en un infinito motivo para escribirles.

Son muy importantes sus comentarios, y como ya recibí la dosis necesaria, aquí va la actualización. Gracias AkaneKagome. Y no tienes porque disculparte, al contrario quedo muy agradecida. Nos escribiremos pronto Amiga, te mando muchísimos saludos, besos y abrazos con cariño.

ISA: Hola que tal mucho gusto mujer! Gracias por brindarme tu tiempo para leer este fic, el cual efectivamente ya está en la recta final, así que no te desesperes porque pronto verás el desenlace el cual espero sea de tu agrado. Bueno Nena, te dejo enviándote mil saludos y un millón de agradecimientos. Hasta luego!

NASTHINKA:Hola Amiga, tarde o temprano para mí siempre es un placer recibir tus palabras, así que no te apures por eso y ni pidas perdón.

¡Ay, Nash! Pues te digo que no eres la única que envidia a Candy y tampoco la única que goza en la noches con Terry, jajaja… pues mira que es mi visitante nocturno infalible e insaciable (jiji). Sino cómo crees que salen tantos momentos candentes con ese galán.

Oye Nash, yo también me vuelvo loquita con el béisbol, solo que andamos en equipos contrarios pues mis favoritos son mis YANKEES así que… gane el mejor o no? Seguiremos con comunicación y con la Correspondencia Bendita que se está tornando Maldita (por las negras noticias). Ciao!

DIANIS:DE MI CORAZÓN! Nena linda, no sabes cuánta felicidad tengo de verte por acá. Ver tus reviews y correos son como una cálida luz y emoción que ilumina mis días grises… y pasando al fic te agradezco mucho tus comentarios sobre el último capítulo, pues de Terry ya se han escrito tantas formas de declararse, de pedirle matrimonio que al reducirse las opciones, se nos quebra el coco de tanto pensar y buscar más "innovaciones" por parte de este rebelde. Pero siempre será una delicia escribir sobre él y un placer leer lo que imaginamos con Terry. Por cierto ojalá que pronto vuelvas a deleitarnos con otro minific. Diana, te agradezco mucho tu interés en mí y mi hija, ya todo está bien gracias a Dios. Seguiremos en comunicación, TQM!!!

MOONDAN:Mi queridísima MOON mil gracias por leerme y releerme… No tengo palabras para agradecerte tu interés Amiga, así como el hecho de permitirme mover tus emociones jiji, pero ese Terry a todas nos trae loquitas con lo que hace y con lo que se le ocurre, ¡ay! Suspiro tanto por él.

Moon, ya sé que te quedé mal y que tú esperabas otra cosa en este capítulo… pero ya ves como es de necia, testaruda y terca Candy y creo que la regó… ahora falta ver la respuesta de nuestro Duque a ver cómo le va a la Pecosa jajaja. Nena Bonita espero que para el siguiente venga lo que tú tanto ansías ok? Te mando mil felicitaciones por tu cumpleaños, de hecho te mandé un pastelote con Terry, espero que lo hayas disfrutado, ya sabes que te quiero de a montón. Seguiremos en Comunicación Moon.

LERINNE: Hola Nena!!! Igual de emocionada que quedaste tú con el capitulo, así mismo quedé yo tras leer tu review, muchísimas gracias por permitirme llegar a tus emociones. Y definitivamente si hubiera un concurso de quien está más enamorada de Terry, de seguro te llevas uno de los primeros lugares (pues está dura la competencia) pero tú eres una acérrima fiel enamorada del tan adorado y único espécimen de Grandchester. Lerinne, infinitamente gracias por hacerme un espacio en tus actividades y leerme, te estaré siempre agradecida!!!

GABY LOVE:Wow! Gaby qué imaginación eh! Pues mira que en 1 x 3 te aventaste un capítulo alternativo y también te brota lo poético muy fácilmente. Tocaya, yo te incito a que escribas aunque sea un minific ya que te sobra lenguaje, ideas, carisma, humor, y demás talentos que sería un coctel muy apetecible para todas nosotras las lectoras hambrientas de fics.

Gaby tal vez esperabas otra cosa en este capítulo y para variar yo salí con mis "ideas" verdad? Pero en algo tú tienes algo de culpa, ya que me dijiste que te ha gustado como he manejado la tensión sexual entre estos alborotados novios, que se me ocurrió hacérselas más de emoción jiji… qué te pareció este capítulo Tocaya… mejor me espero a tus comentarios, sale? Mil gracias por leerme y sobre todo por escribirme mira que siempre me haces reír con tu "tremenda" imaginación. Por fis no dejes de hacerlo ok? Sale Mujer, Hasta luego!!!

I LOVE TERRY: Querida Amiga, no sé cómo agradecerte tu review, me haces sentir maravillosamente bien al ver que te ha gustado mi trabajo, ojalá que así sigas disfrutando pues ya estamos en la recta final y este fic terminará pronto… Espero poder cumplir tus expectativas en lo que resta y sino ya escribiremos otro fic para volverlo a intentar jiji. Amiga, me encantó el bello resumen que hiciste del capítulo, y por lo que pude ver si estuviste al pendiente de todos los detalles. Sí que vale la pena quebrarse uno la cabecita para hacerlas pasar un buen momento. Tal vez este capítulo no te gustó pero como siempre me encantaría saber tu opinión. Gracias por siempre acompañarme!!!

MALINALLI: Maly, Maly!!! Tú siempre con buenas sorpresas amiga, mira que ahora nos deleitarás con un Albertfic, wow mujer de dónde te sale tanta imaginación, dime para ir ya que me hace falta!!!

Te agradezco infinitamente tu apoyo y palabras de aliento, en verdad que me das valor para finalizar este proyecto, el cual ya ha iniciado su fase final. ¡Ay, Maly! Aún recuerdo el día que me motivaste a que escribiera uf! Parece que fue ayer. Querida Amiga un millón de gracias sin tu motivación y confianza Inquebrantable no hubiera salido a la luz. Eres la madrina de este bello fic. TQM Maly!!!

MARIA FANS NO. UNO DE TERRY: Que tal Mary, cómo te va, y los estudios? Mary te platico que estoy feliz de saber que te gustó mucho el capítulo 15, desde cuando que te debía algo de felicidad con este par de locos enamorados. Pero como la felicidad es efímera otra vez se vislumbran nubarrones, o tú que crees que pase Amiga? Jiji te prometo que ya no te haré sufrir mucho, mejor te aconsejo que para el siguiente capítulo (osea el 17) te prepares un agua con mucho hielo y para que lo leas a solas ya que vendrá muy cargadito jiji. Bueno Mary, espero que te siga yendo excelente, te mando mis mejores deseos Amiga.

KARELEM:Amiga mía, te confieso la gran emoción que me brindas al decirme que has disfrutado tanto este fic y hasta se me pone la piel chinita al leer que consideras bueno a este fic de entre los que has leído. ¡Caray Karelem! No tengo palabras para agradecerte tan buenísima opinión y clasificación a mi trabajo. Espero no decepcionarte con el final… pero ya hablaremos de eso en su momento, por lo pronto esperaré tus comentarios de esta actualización. Un millón de gracias!

ELHYZHA:Hi Ely!!! Yo también me reí con las burlas sardónicas de los Grandchester, ahora entiendo que de tal palo, tal astilla jajaja, pues mira que Terry heredó de su padre ese ácido humor y sarcasmo. Y si, estoy de acuerdo contigo pues ni en un millón encontramos a otro personaje como Terry ni a nadie que por lo menos que se le asemeje tantito jiji.

Ely, sé que tendrás ganas de ahorcarme, pero si quieres mándame un tomatazo por hacértela tan de cardiaca esa noche de bodas jajaja. Te prometo que en el siguiente capítulo habrá algo, mucho o totalmente todo eso… aún no sé pero definitivamente es lo que viene (¡POR FIN!) Así que prepárate algo muy fresco (ya sea bebidas con hielos o la tina de baño) porque te daré en tu pata de palo jiji. Por lo pronto yo te pido tus comentarios sobre esta actualización, si? Me los mandas? Ely muchas gracias por tus atinados e infalibles reviews!!!