Capítulo 21
PROMESAS
Desde que había entrado a esa habitación una intensa aura llena de maldad la habían envuelto. A pesar de haber un centro de mesa con una decoración hermosa compuesta por una bandeja de fresas frescas y una cara botella de champagne, eso no le daba ningún aspecto romántico. Todo era lúgubre, podía sentir el frio entre sus dedos.
Exhaló vapor y se cubrió los brazos con las manos. Su propio cuerpo le advertía que ese lugar era completamente peligroso, que no debía estar ahí. Así que giró sobre sus talones dispuesta a emprender la retirada. Pero se topó en el camino con unos ojos azules y una sonrisa sombría.
― ¿Te vas tan pronto, nena?
Acto seguido, la alzó por la cintura y la dejó caer bruscamente a la cama. Sus largos dedos comenzaron a buscar el dobladillo de su vestido, mientras que ella trataba de luchar con toda su fuerza para que eso no pasara.
―Quédate quieta. Prometo que te va a gustar.
Su larga lengua se deslizó por la curva de su cuello, llegándole a provocar asco.
―Por favor…No.
Escuchó las suplicas de su voz rota a través del profundo y horrible sueño.
― ¡No!
Abrió los ojos y se incorporó en su cama. Con el pulso acelerado recorrió cada esquina de la habitación. Estaba en la habitación de su departamento y no de aquel hotel. Por la luz de sol se podía decir que ya pasaba de las ochos. A pesar del clima central, tenía la piel envuelta en sudor.
Todo le daba vueltas y le dolía un poco la cabeza. Miró de reojo a hacia la mesita de noche y vio un frasco de aspirinas junto con un vaso de agua. Se tomó dos y se las pasó con el líquido.
La puerta se abrió y ver a Inuyasha entrar la sorprendió. Lo poco que recordaba era que le había pedido que se quedara con ella, pero dado que despertó sola pensó que la dejó en cuanto se hubiera quedado dormida.
―No te fuiste.
Él sonrió tiernamente y avanzó hacia ella, dejando una taza humeante de café junto a las aspirinas y el vaso vacío de agua. Bajó una mano hasta sus mejillas mallugadas y las acarició con delicadeza. De no hubiese sido por el tratamiento que le había puesto, esas sonrojadas mejillas que una vez conoció habrían terminado mal.
Desde luego que no se había apartado de su lado en toda la noche. Incluso estaba al pendiente de cómo iba el procedimiento de Bankotsu. Como futuro fiscal, que estaba seguro de que así sería, se había jurado así mismo a refundirlo en prisión.
― ¿Qué te hizo pensar que me iría?
Todo lo que sucedió entre ellos le daba motivos suficientes como para pensar que así sería. Además, las cosas no estaban demasiado claras entre los dos. Pero, aun así, agradecía ese lado impulsivo que tenía, eso la salvó de un peor destino. No quería forzar las cosas, de tal modo que pudo hacer era quedarse callada.
Se atrevía a pensar que él mismo tampoco deseaba tocar el tema, así que era mejor no forzar las cosas. Probablemente esperó a que ella despertara para irse y verse librado, aunque no habría tenido sentido quedarse toda la noche custodiando su sueños.
―Estoy seguro de que deseas tomar un baño.
Avanzó hacia la puerta para darle privacidad, pero se quedó un breve momento ahí, mirándola.
―Kaede acaba de traer algo para almorzar.
Agradeció ese gesto y nuevamente se quedó sola en la habitación. Tenía razón, debía tomarse un baño. Así que permaneció más del tiempo que tomaba en una ducha. Mientras el agua tibia recorría su cuerpo no dejaba de pensar en Inuyasha. A pesar de que no quería tocar el tema, sabía en el fondo de ella que debía hacerlo. Ayer, mientras daba su declaración notó en todo momento su lado protector. Incluso hace unos momentos.
Tras salir de su departamento la noche anterior, la siguió hasta Zeus con tal de prohibirle que le entrara. En ese instante en que sus cuerpos se unieron, pudo percibir un ligero temblor en su cuerpo. Como si estuviera luchando con algo que él solo podía ver.
Levantó la cabeza y cerró los ojos para que el agua retirara el excedente del acondicionador.
Así qué ¿Qu podía ser todo aquello?
Como era fin de semana, decidió que lo mejor era ponerse algo cómodo. Así que optó por un pants y una camisa azul de algodón. Avanzó a paso lento antes de hacer acto de presencia en su pequeña cocina. Pensando meticulosamente cual sería la pregunta que le haría. Las cuales, eran muchas.
Pareció que él advirtió su presencia. Giró lentamente con todo y cafetera y taza en ambas manos.
― ¿Café?
Kagome asintió y fue cuando pudo ver que en su barra de cocina había un sinfín de platillos para almorzar. Cada uno más apetecible que el primero.
―No sabía que pedir. Así que le dije a Kaede que pidiera de todo.
―Se ve rico – asintió ella, con una pequeña sonrisa.
Pero el primer bocado que se llevaba a la boca le fue difícil de tragarlo. Se había atorado con la pregunta que tenía en la garganta. Levantó la cabeza y lo vio ahí, frente a ella. En actitud tranquila y comiendo como si no hubiera sucedido nada entre ellos. Ya no se veía nervioso como la noche anterior.
Ni siquiera abordaba el tema de Zeus ni de Bankotsu, algo que agradecía infinitamente.
Él sintió su mirada, levanta la cabeza y se encontró con esos ojos chocolate que lo miraban como si tuvieran mil preguntas por hacer.
― ¿No vas a comer?
Kagome dejó los cubiertos sobre el plato, se limpió con una servilleta de tela los labios y se armó de valor para sacar todo lo que llevaba dentro.
― ¿Qué somos, Inuyasha?
Por fin, después de tanto luchar. Esa pregunta había salido de sus labios
― ¿Qué sientes en estos momentos? – no vaciló en modificar su pregunta.
Siguió cada uno de sus movimientos. Apartó el plato y reparó en ella con esos cálidos ojos dorados. La miraba de una manera muy diferente a como lo había hecho en el pasado. Era como si lo hiciera por primera vez. Como si se hubiese liberado de algún conflicto interno o simplemente de un gran peso.
De hecho, así era, había permanecido toda la noche en vela resguardando su sueños. Imaginándose que esa era una de las tantas noches que permanencia a su lado. Había sentido una angustia desde que entró a Zeus y rompió todo código. En cuanto entró e informó que ella no era la de la cita, sino que se le dieron la ficha, en un principio la recepcionista se negó en proporcionarle el número de habitación donde Kagome se encontraba, entonces fue ahí que usó su arma poderosa.
Amenazó a todos en Zeus con cerrar su local una vez que él fuese fiscal. Solo así logró convencerla y nerviosa, no tuvo más remedio que otorgarle lo que pedía. No sin antes de que un cuerpo de seguridad lo siguiera.
Si hubiera permanecido unos minutos más discutiendo con esa mujer, habría sido tarde para Kagome. Claro, en cuanto vio a ese bastardo encima de ella lo único que pensó fue en matarlo. Desde luego, si no lo hubiese retenido seguridad, por supuesto que si eras capaz de hacerlo.
Todo eso lo hizo replantarse muchas cosas, entre las cuales reconocer sus sentimientos por ella. Admitiendo que haberla separado de su lado fue el peor error que había cometido en su vida.
Kagome pasó saliva al ver como se bajaba del banco, con suma elegancia, pero sobre todo con esa seguridad que lo caracterizaba. Se mordió el labio inferior al tenerlo frente. En ese instante sintió que su corazón se saltaba unos cuantos latidos más y no supo porque motivo se había puesto tan nerviosa. Ella misma había provocado todo esto. Sus sentimientos se los dejó muy en claro cuando terminó el acuerdo en su despacho. Pero algo le decía que las cosas eran distintas.
¿Qué sientes en estos momentos?
Se repetía la pregunta que le había hecho. Solo cuando la tuvo frente lo entendió su respuesta fue más que clara. Acunó su mandíbula entre sus manos y pegó su frente en la de ella.
Ante aquel asalto, Kagome se sobresaltó ya que no esperaba esa reacción de su parte.
―No te voy a mentir.
Kagome pensó por un breve instante que ambos seguían en el mismo punto sin retorno. Que esa pequeña muestra de cariño únicamente fue por los acontecimientos de la noche anterior y que lo vería salir por la puerta principal en cuanto hubiesen quedado claros sus sentimientos (algo que ya conocía a la perfección).
Estaba lista para verlo salir de su vida una vez más. Solo que esta vez no esperaría demasiado a que él se decidiera de una maldita vez.
―Antes de que entraras en nuestras vidas – sí, incluía a Kanna, porque al fin de cuentas, ella también había sufrido en todo esto –Solo me dedicaba a Kanna y a vivir. – una sonrisa amarga se relejó en sus labios – Bueno, si a eso le podemos llamar vivir.
Hizo una pausa y tomó aire para poder continuar y así, sacar todo lo que lo estaba quemando por dentro.
―No tenía contemplado absolutamente nada. La relación que tuve con la madre de mi hija me había hecho pensar que sería un desastre como pareja. Además, convivir con Kanna no era fácil. Por lo que solo me limite a lo que ya sabes.
Si, a ir a una casa de sexo.
―Pero entonces llegas tú, haces que Kanna te tome cariño y en lo único que puede pensar era si podría hacerte feliz.
Bien, no iba a llorar porque no iba hacerlo por más que tuviera deseos de hacerlo.
―Solo fue sexo, como dijiste en un principio.
Él negó y deslizó un pulgar sobre su piel a la par que hacia una negación a su comentario.
―Sabes perfectamente como yo que no fue así.
Se resistía a querer creer que eso era una declaración por su parte. Así que se aferraba a algo para que no la hiciera caer de nuevo al delirium. Buscaba con desesperación una excusa para así evitar una declaración de su parte. Bueno, si es que había una.
― ¿Y tu novia? ¿La chica que llevaste a la agencia?
Ella misma se felicitó. Aunque esto sabía que no era así, dado que la propia Kanna no había desmentido e Inuyasha lo desconocía.
Lo vio apartarse ligeramente y extrañó su cercanía.
―Eso es algo de lo que no me siento orgulloso. Quise alejarte y la única idea absurda que tuve fue esa.
Recargó su frente en la de ella. Si quería algo seguro y duradero a su lado debía ser completamente sincero y no quedarse con nada.
―Solo la contraté para hacerla pasar por algo que quería que tú creyeras.
No sabía si era el calor de su cuerpo, su cercanía o estar de nuevo, así como si compartieran algo que fue poco a poco haciendo que cediera.
―Dolió.
―Y no sabes que tan arrepentido estoy. Porque todo me llevó a entender una cosa.
Se apartó un poco de ella y al no sentir su contacto levantó la mirada e hizo conexión con sus ojos.
―Algo que llevo tiempo sin querer reconocerlo.
Había llegado el momento y estaba preparado.
―En que lo último que menos quería era que te apartaras de nuestro lado. Que ni siquiera deseaba que olvidaras lo que hubo entre los dos.
No apartó su mirada de la de ella, pero Kagome por otra parte, ya no soportaba escuchar eso.
―Por favor, no sigas. No me hagas caer de nuevo.
Él deslizó una mano hasta pisarla en su nunca y mantener firme su cabeza por si a ella se le ocurría bajarla y evitar verlo.
―Entonces cae conmigo. Porque estoy perdidamente enamorado de usted, señorita Higurashi. Que no sé ver la vida de otra forma si no es a tu lado. Que los celos me comen cada vez que te veo con ese maldito abogado. Que deseo que seas parte de nuestro mundo.
Ya no pudo seguir conteniendo las lágrimas y fueron saliendo, una más gruesa que la anterior.
Inuyasha lo único que hizo fue sostenerla en un solo brazo y pegar su frente en la de ella.
Nada le complacería en el mundo más que besarla y perderse con ella. Pero se hizo una promesa a él mismo de está vez dejar que fuera la propia Kagome quién tomara la decisión.
―Pero por más que arda en deseos por conocer tu respuesta, está vez no voy a obligarte. Dejaré que seas tú quién tome la decisión.
― ¿Y si mi respuesta es no?
Con amargura sonrió y asintió.
―Sabré vivir con eso y mis errores.
Kagome abrió la boca para decir algo, pero precisamente el timbre se escuchó.
Con gesto de pocos amigos por esa intromisión, fue a abrir la puerta. No hacía falta saber quiénes eran, dado que les informó de lo sucedido, pero no esperaba que estuvieran ahí temprano.
En cuanto abrió la puerta, al primero que vio fue a Jakotsu y su novio Erick. El compañero de Kagome al verlo lo barrió con la mirada, pero no dijo nada. Al final le agradeció con un gesto lo que hizo por su amiga.
A la siguiente en ver fue a Kikyo, está si lo fulminó con la mirada.
―Por tu culpa me revocaron mi membresía.
Él alzó una ceja ante dicha acusación.
― ¿Me estás diciendo que prefieres ese lugar que a tu amiga?
― ¡Claro que no! – se apresuró en responder ―Gracias por haber estado ahí.
Si no le hubiera dado ese pase a Kagome, ella habría ido y posiblemente si hubiera corrido con otro tipo de destino.
Cerró la puerta y vio como todos la empezaban a rodear. Por más que quería apartarla y llevársela para él mismo, en el fondo sabía que ella necesitaba de sus amigos.
― ¿Ya te vas? ―preguntó al verlo ir tras la puerta.
Levantó la vista y vio como sus amigos fingían demencia y los ignoraban.
―Si ―asintió ―Debo irme a cambiar e ir la oficina. Ha surgido algo que requiere mi atención.
Kagome asintió y se quedó ahí, recargada en la puerta y contemplándolo.
En dos zancadas hizo pedazos la distancia que los separaba. Deslizó una mano por su cintura y unió ambas frentes.
―No olvides lo que te dije. No tardes en tomar una decisión o de lo contrario moriré de desesperación.
―Lo pensaré. La tendrás el próximo viernes.
Sonrió, bien, al menos le daba una fecha. Tal vez se lo diría cuando fuese a ver a Kanna.
―Será una larga espera en ese caso.
Le dio un beso en la mejilla y se marchó.
Al regresar a la sala vio que todos la miraban como si les debiera una explicación.
―Queremos saber todo ―dijo Jacky.
Antes de iniciar, vio a Kikyo y se disculpó por haber perdido su suscripción en Zeus.
―Lamento lo que le pasó a tu membresía.
―Descuida ―Kikyo se encogió de hombros―Eso es lo de menos. A parte, haré que cada maldito abogado de esta ciudad rechace representar a ese hijo de perra. Haré que su vida en prisión sea un infierno.
No tenía duda que así sería, su amiga era una mujer de armas tomar. Y junto a Inuyasha, sin duda iban a permanecer todo el resto de su vida en prisión.
―Vaya fichita resultó ser ese monstruo ―comentó Jakotsu en cuanto Kagome explicó lo sucedido ―Es un maldito miserable.
―Y tú insistías en que saliera con él. Aunque debo admitir que ese Inuyasha entró como un verdadero héroe.
Pero Erick, el novio de Jacky no se guardó su pregunta, pues parecía que todos ignoraban eso.
― ¿Y qué sucedió entre Inuyasha y tú?
Todos la voltearon a ver y se sintió un poco incómoda, así que recordó que había una gran montaña de almuerzos en su barra.
― ¿Alguien tiene hambre?
―No ―Jacky negó―No nos cambies de tema. A mitad de la noche me marcó solo para pedirme el número de nuestro jefe. A los pocos minutos recibo un mensaje de que te había dado incapacidades y que me haría cargo de tus clientes por el tiempo que durarán.
Así que también había hablado con su jefe. Él hizo todos los movimientos necesarios para que no se tuviera que preocupar solo únicamente por recuperarse.
― ¿Vas a regresar con él? ―preguntó Sango, que hasta hace poco guardaba compostura.
―Kagome ―alentó Jacky ―Sango hizo una pregunta y estoy seguro de que todos aquí queremos saber la respuesta.
―Se me declaró ¿Sí? Dijo todo lo que sentía por mí. Desde haber inventado a una falsa novia…― fue bajando de intensidad su voz para que sus amigas procesarán toda la información― Pero que aun así me da tiempo a pensar las cosas.
― ¿Tú qué quieres? ¿Ya pensaste en Hoshiyomi?
Kagome levantó la vista y vio a Kikyo. No había pensado en él en ningún momento. Debía ser honesta consigo misma. Saber que era lo que realmente quería y, sobre todo, en la respuesta de Inuyasha.
XXX
Los días transcurrieron con mucha lentitud. Poco a poco fue dejando el miedo que sintió tras los sucesos con Bankotsu. Tras su denuncia, si rugieron más mujeres que se animaron a hacerlo. Había resultado no ser la única y que el muy maldito las tenía amenazadas.
Esto sin duda iba a complicar la sentencia a su favor y que permanecería una temporada muy larga en prisión.
Inuyasha únicamente le enviaba mensajes para saber cómo estaba, no la presionaba con la espera de una respuesta. También para cancelar que fuese el viernes ya que Kanna se había ido de visita a ver a su abuelo.
Lo cual esto lo aprovechó para aceptar la invitación de Hoshiyomi a escalar. Así que ahí estaba, un sábado por la mañana. Ese día aprovecharían para ir a escalar.
Mientras revisaba sus redes sociales se enteró que Inuyasha había ganado la nominación a la fiscalía.
No dudó en enviarle un mensaje para felicitarlo y su respuesta la hizo vibrar con miles de emociones.
"Ojalá estuviera aquí, señorita Higurashi"
Ese mensaje la hizo sonreír por inercia.
Levantó la vista y vio a Hoshiyomi conversando con unos amigos y revisando sus equipos de arnés.
Era un excelente chico, pero estaba segura en el fondo que su corazón ya había tomado una decisión. Él reparó en ella y se acercó.
― ¿Estás lista?
Guardó su móvil y con una sonrisa asintió. Pero a medida que seguía al grupo sus pies se hacían cada vez más pesados y su corazón quería ir en otra dirección.
― ¿Todo bien?
Negó, no, nada estaba bien. Lo que deseaba era dar vuelta, montarse en Lucy y conducir hasta el departamento de Inuyasha.
Había tomado una decisión en cuanto a la propuesta de Inuyasha.
―Hoshiyomi. Eres lindo y por ese motivo mereces saber que….
―Ya sé por dónde quieres ir. – interrumpió con una sonrisa.
― ¿En serio?
Hoshiyomi. asintió, se acercó a ella y le dio un beso en la frente.
―Me di cuenta la vez que nos enfrentamos en un caso. Espero que ese fiscal haga las cosas bien y sepa hacerte feliz.
Kagome sonrió y lo abrazó.
―Lo siento, en verdad lo intenté. Eres un chico lindo y estoy segura de que encontrarás a alguien.
―Gracias linda. Ahora vete ya o cuando llegues será muy noche.
Kagome volvió a abrazarlo, le dio un beso en la mejilla y dio la vuelta, emprendido su camino de regreso.
XXX
En silencio y con las luces apagadas contemplaba la ciudad de noche, mientras que saboreaba un vaso de whisky.
Su móvil sonó tras una notificación la cuál ignoró. No había dejado de sonar tras haber sido publicados los resultados de su nominación y todo el mundo lo estaba felicitando.
De los cuales, solo había respondido a cuatro: su madre, Kaede, Hakudoshi y sin faltar Kagome.
La cuál le hacía falta en estos momentos.
Quería saber de una maldita vez cuál había sido su respuesta, pero no quería fastidiarla y por eso se refugió en lo poco que quedaba para que finalizaran las elecciones.
Ahora que ya era fiscal, no sabía cómo emplear su tiempo de espera y no resultar un maldito psicópata en busca de una respuesta por parte de Kagome.
El timbre de la puerta lo sorprendió ya que no esperaba visita. No podían ser su madre y Kanna porque le habría avisado. Mucho menos Kagome, porque sabía de su parte que se iría de excursión por lo que solo restaba que fuese Miroku.
A su paso dejó el vaso vacío en la mesa y tras unos pasos más llegó a la puerta.
Pero ni sus años como abogado y ni toda la experiencia que había adquirido en los tribunales lo habían preparado para ese momento.
En el que abrió la puerta y se encontró con esos preciosos ojos color chocolate.
―Kagome…
Ella no lo pensó dos veces y acortó la distancia que los separaba. Pegó un saltito hasta sus caderas y lo envió alrededor de sus piernas.
Sus miradas hicieron esa conexión que siempre había existido entre ellos antes de que ella tomara la iniciativa y lo besara.
―Por favor―dijo con la voz entre cortada ―No hagas que me arrepienta de mi elección. No hagas que me arrepienta el haberte elegido.
Inuyasha dio un paso al frente y apoyó la espalda de Kagome en la pared, mientras cerraba la puerta.
―Jamás en la vida.
Y selló su juramento con beso que encerraba más promesas.
Volverla a sentir entre sus brazos era lo que siempre quiso y está vez se prometía a sí mismo que no la iba a dejar ir nunca en la vida.
La intensidad del beso o del calor de sus cuerpos juntos despertó un deseo electrificarte.
―Kanna…― interrumpió alarmada por si la niña ya había regresado.
―No regresa sino hasta mañana en la tarde.
Kagome se mordió el labio inferior y de nueva cuenta invadió la boca de Inuyasha.
Abrió la puerta de su habitación con ella en brazos. Debía ir despacio, aún estaba presente lo que había sucedido días atrás y no quería presionarla.
―Si no quieres, podemos pasar la noche platica….
Pero ella le cerró la boca con un beso ávido.
―Quiero hacerlo.
Sus largos dedos buscaron el bolsillo de su camisa de algodón. Sentía como su alma despertaba tras un largo sueño al estar de nueva con entra en sus brazos.
―No te puedo prometer ir despacio – dijo con sinceridad, deshaciéndose de su sostén ―Llevo mucho sin hacerlo. La última vez que lo hice con una chica fue en la cabina de vapor de un spa.
―También llevo mucho sin hacerlo. Te he extraño.
Apagó las luces de la habitación y avanzó desnudo avanzó hacía ella. La oscuridad de aquel rincón fue testigo de su entrega, de las promesas que hacían para el futuro. Pero sobre todo del amor que se profesaban el uno al otro.
Inuyasha iba lento. Una, porque quería deleitarse al sentir de nueva cuenta su piel desnuda contra su cuerpo. Embriagándose con el maravilloso sonido de sus jadeos. Y dos, quería ser cuidadoso y que borrará lo sucedido en Zeus.
Soltó un gemido tras llegar al orgasmo y poco segundos después Inuyasha la acompañó. Se derrumbó en su pecho, sin dejar caer todo su peso en ella.
―Dime que aún tomas pastillas.
Kagome, que pasaba sus dedos por la melena plateada y sedosa de Inuyasha, negó.
―No lo hago desde que lo hice en un spa.
Él levantó la vista y la miró alarmado. Por un momento, Kagome llegó a pensar que se enfadaría con ella por eso. Pero dada su poca inactividad sexual decidió que era innecesario seguirlas tomando.
―Mañana te llevó a comprar unas.
Ni siquiera se había preocupado por eso. Ella estaba perdida en su ojos dorados, en la simetría de su cara. Con un dedo acariciaba su rostro. Las mejillas se le tiñeron de rojo ante el rumbo que tomaban sus pensamientos.
―No.
Él alzó una ceja ante esa negativa.
―Kagome, si no la tomas podría dejarte embarazada y seguro eso es algo que no está en tus planes. Yo no puedo obligarte a…
Lo cayó con beso. En ningún momento había expresado si él quería más hijos. Estaba más preocupado por ella y su decisión.
―Entonces sabré que tus promesas son ciertas.
