Días de la Semana
Capítulo XIX: Postre de Chocolate
—Dimos ya —murmuró Genma—, ¿qué sucedió con ella?
Kakashi levantó la vista desde su libro hacia el capitán de la aguja. Se habían detenido en un claro para comer algo y descansar en la frontera del país del Rayo. Él había dado la orden de mantener el ritmo hasta que vieran por fin los árboles de su región, ya que no podía esperar alejarse de Mei y las conspiraciones que tenía junto a Koharu. Si bien la mujer lo había ignorado durante toda la ceremonia, especialmente si Shizune estaba cerca de él, ella sí había compartido unas cuantas palabras con su guardaespaldas quemado. Luego, envió a su propio escolta Chōjūrō para que le entregase un pequeño regalo a Raidō, como muestra de su agradecimiento. El Hokage levantó una ceja cuando vio la pequeña caja envuelta en un paño de seda lujoso y se preguntó lo mismo que Genma. Sin embargo, algo le decía que no era más que un espectáculo para mostrarle lo que se había perdido: el afecto de una mujer como ella.
Shizune estaba sentada frente a él mientras deshojaba los pétalos de unas flores en un paño de algodón, según había comentado le servirían para aliviar dolores menstruales en una infusión; pero ahora su atención estaba puesta en los escoltas de su jefe. El tema la intrigaba tanto como a Genma y no pudo ocultar su curiosidad, para la mala suerte de Raidō. Curioso, si se lo preguntaban a Kakashi, ya que ella misma tenía una relación oculta con un kage y no parecía interesada en que se supiese. ¿Es que quería saber qué era lo que les sucedía a los subordinados como ella?
—Como ya te lo he dicho mil veces, nada —resolvió el capitán quemado con una taza de café entre sus manos. La pequeña fogata que había encendido para calentar el agua en el recipiente de metal ya estaba casi extinta—. Solo la escuché hablar durante toda la noche.
Genma no parecía contento con el relato oficial.
—¿Dónde? No los vi luego de que salieras con ella de la cena.
—En el jardín.
Sonaba romántico.
Shizune se relamió los labios y volvió su atención a los pétalos que tenía en su regazo. Las puntas de sus dedos estaban empezando a teñirse con el tinte natural y a su jefe se le ocurrió llevarse su mano a la boca para quitarle el amarillo con su lengua y labios. Luego, la morena envolvió los pétalos y los guardó en un bolsillo.
—¿Y de qué hablaron? —preguntó ella, ya todos sabían que la Mizukage la había visitado antes de volver furiosa a la sala de la cena, para luego desaparecer junto al capitán Raidō—. Digo, ¿sabes si hablará mal de mí con la señora Koharu?
Los tres hombres la miraron entonces, como si ahora fuesen obvias sus preocupaciones con respecto a la Mizukage. Al capitán quemado finalmente se le suavizó la mirada y le sonrió a su compañera de equipo como si le enternecieran las inquietudes de ella. No era la misma curiosidad que la de su eterno amigo Genma.
—Mei es una mujer bastante solitaria y solo escuché mientras se desahogaba. No puedo decirte de qué, pero puedo asegurarte de que no te odia ni que intervendrá con Koharu en cualquier cosa.
—Shizune, Koharu no hará nada en contra tuya —opinó Genma.
Él debía conocerla más que nadie, por el tiempo que compartieron juntos como pareja y su relación profesional posterior; algo que incomodaba a su jefe levemente. Kakashi no diría que moriría de celos si los veía caminar juntos por la aldea, pero sí le generaba cierta inquietud cuando él la hacía reír y sentirse cómoda.
Luego de unos momentos de silencio, Genma miró a Kakashi como si quisiera que validara sus dichos.
—No dejaré que pierdas tu trabajo como asistente —dijo él—. Ni tampoco dejaré que te vayas con el Raikage.
Shizune se sonrojó, él curvó sus labios y volvió a la lectura de Tácticas o, mejor dicho, a pretender leer su libro favorito. Si seguía mirándola, su escolta pronto vería que la saliva empezaría a teñir su máscara, solo porque su asistente se veía tierna con color en las mejillas; y ya era suficiente sospechoso lo que había dicho de su colega, el Raikage, y estaba seguro de que a Raidō no se le escaparía. Al menos, Genma no era tan perceptivo como su amigo, aunque, como estaba claro, él debía conocer cada reacción de su cuerpo de antemano. Se detuvo en una línea del libro que relataba una ruptura amorosa y sintió curiosidad, ¿cuáles habían sido las circunstancias de su rompimiento? Pasó saliva mientras observaba a su rival en cuestión, con su rostro hermoso y perfecta sonrisa, quizás habría sido un imbécil y ella se habría aburrido de su inmadurez. O quizás él se había cansado de ella, o peor, quizás la había engañado con otra.
Pero ambos se veían bastante amistosos como para que haya terminado en desastre.
Siguió con la mirada a Genma, estaba caminando mientras miraba hacia su alrededor como si estuviese cerciorándose de que no hubiese sorpresas en medio de la nada. Algo que seguramente habrían estado haciendo todos en el equipo antes de la guerra, pero que ahora era un vestigio del mundo que ya no existía. Genma se desplazaba con los brazos cruzados con una expresión pensativa y, maldita sea, era hermoso sin pretender serlo. No entendía cómo Raidō, con una enorme cicatriz surcándole la mitad de la cara, había mantenido una relación tan cercana con él, sin querer romperle la nariz a golpes para equipararse. Lo irónico era que Mei solo recordara el nombre del quemado y, posteriormente, le había regalado algo valioso.
Shizune se levantó luego limpiar sus manos de amarillo con un paño y, con un suspiro, se levantó, llamando la atención del capitán de la aguja. Sus ojos castaños de pura masculinidad trazaron a Shizune imperceptiblemente, pero ella pareció no notarlo y caminó hacia él como si fuese cualquier persona y charlar un rato. Apretó los labios, sintiendo un dolor en el pecho sin saber su origen, no quería ser solo su amigo o colega amistoso luego de su idílica relación clandestina. ¿Fue Genma algo pasajero?
—Deberíamos seguir —propuso Raidō, como si hubiese olido su malestar.
Claro, seguro lo había visto mirar a su amigo con demasiada intensidad.
—Sí, deberíamos —resolvió él—. Quiero llegar antes que los cuervos a la aldea.
Se refería a las noticias negras que llevarían sus alas negras a las manos de Koharu. No significaba que quisiese llegar y darle su versión de los hechos, sino que solo quería tener un par de horas de paz antes de que la vieja empezara a solicitar una audiencia con insistencia y, cuando no lograra dar con él, iría en contra de su asistente. Shizune no podría ignorarla como él y eso le traería de todo menos felicidad.
Pensó durante todo el viaje de vuelta en la fantasía que tenía de ellos dos en la terraza, pero ya no era suficiente como para calmar la ansiedad que sentía al verla tan cerca de Genma. Cada vez que él decía eso y desencadenaba una risita por parte de ella. Así que decidió mantener la mirada al frente y visualizar a Koharu. En poco tiempo, habían entrado en el dominio de la Hoja, donde varios grupos iban y venían de la aldea. Los pocos puestos de comida y descanso, que habían empezado a proliferar de camino a la aldea luego de la guerra, estaban llenos de viajeros y uniformados por igual; algunos civiles abrieron los ojos como platos cuando los vieron pasar, después de todo, él todavía tenía enganchado el sombrero de Hogake a su mochila. Kakashi miró hacia la dirección donde la villa Topo estaría ubicada, un sendero menos concurrido que los puestos de descanso, y se preguntó si Shizune quería pasar pronto a ver a Kabuto. Según lo que había podido averiguar, no había vuelto a verlo desde que el equipo de Genma había sido relevado por el de Aoba, ¿será que significaba...?
Llegaron a la gran puerta de la muralla y los saludó Chōza, que estaba en la caseta registrando el flujo de gente que entraba y salía de la aldea, compartieron un par de palabras con el Akimichi antes de que Kakashi despachara a su escolta.
—Shizune —le llamó antes de que siguiera a Genma y a Raidō hacia la aldea—. Antes de que te vayas, necesito saber qué es lo que escribirás en el informe que le entregarás a Koharu.
—Aún no lo sé, señor —le dijo tan confundida como estresada—, ¿hay algo en específico que quiere que escriba?
Detrás de ella, su escolta lo miraba curioso y, detrás de él, sentía la mirada del patriarca Akimichi quemándole la nuca. No era el mejor lugar para hablar de trabajo y menos aún si se trataba del infame plan de Koharu de casarlo con la Mizukage, plan que ya todos decían saber a esas alturas al tratarse de un chisme jugoso. Seguro todos querían saber el cúlmine de la telenovela entre kages. Si bien su escolta sabía perfectamente cómo había finalizado ese capítulo de su vida, seguramente Chōza invitaría a cenar al que fue estudiante genin, Shiranui Genma, para que su esposa le preguntara todo lo que supiera del tema. La pobre no sabía que el verdadero triángulo podría ser Genma, Shizune y él, y que nada de especial tenían el Hokage y la Mizukage.
Shizune se encogió de hombros.
—Iré a la oficina en una hora y trabajaré en el informe —anunció, cansada. Al parecer, ella quería olvidar el tema tanto como él.
Sintió culpa por solicitar tal cosa.
—No es necesario —respondió—, hablaremos de él mañana. Que tengan un buen día.
Apenas llegó a su pequeño apartamento, se metió a la ducha y pensó en Shizune. Seguro ya había llegado a su casa, se había metido a la ducha para luego organizar los pétalos, semillas, cortezas y raíces que había recolectado en el viaje. Terminaría su día con alguna infusión y una comida ligera para prepararse para dormir. Aunque, Nara Yoshino estaba cuidando a Tonton durante su ausencia, por lo que quizás se tomaría un tiempo para ir por el cerdito. Su agradable personalidad había que saludara a todo quien se le cruzara en el camino, quizás hasta le recetaría alguna cosa al hijo de alguna vecina luego de que ella le preguntara algo.
Se sintió perezoso y hambriento al salir de la ducha, así que tomó el menú que tenía a un lado del teléfono fijo y pidió lo usual. Ayame le dijo que estaba encantada de llevarle la cena ese día y le cortó luego con un grito de emoción que casi lo dejó sordo. Suspiró, colgando el teléfono y decidió arrastrar los pies hacia la cama y echarse boca abajo. No supo cuándo se quedó dormido, pero un golpe tímido en la puerta lo despertó. Se acomodó la máscara para recibir su cena y, cuando abrió la puerta, Ayame estaba con dos cajas de comida en los brazos.
—Le traje postre también —le dijo cuando su mirada sobre la caja sobrante parecía cuestionar su pedido—, no se preocupe, es un regalo.
—Gracias —le dijo, él no tenía un particular gusto por los dulces.
Deseó que su padre fuese el repartidor del día, ya que él no habría puesto otra cosa en su orden, ni tampoco se demoraba en irse apenas entregaba la orden. Ayame se había quedado mirándolo como lo hacían las chicas que amaban a las figuras públicas como él y no parecía especialmente interesada en el pago que le había extendido luego de recibir las cajas.
—¿Cómo le fue en la Roca?
—Bien, solo fui a una ceremonia —le explicó, no quería dar más detalles del plan de Koharu.
—¿No trajo ninguna noticia de la Roca? —insistió la chica, mientras se demoraba en contar los billetes y el cambio más de lo necesario. Su padre siempre tenía preparado el cambio antes de llegar, ya que él siempre pagaba con los mismos billetes.
—Nada, llegué de la misma forma en que salí —le comentó, seguro de que quizás así estaría contenta con el chisme que había venido a colectar.
—¿Y la señorita Shizune?
—En su casa, me imagino —respondió.
Algo en la mirada de Ayame se rompió, pero se esforzó en sonreír y se despidió por fin con una reverencia. Apenas cerró la puerta, el silencio lo oprimió como si la soledad le fuese desagradable; nunca iría a reconocerlo, pero contaba las horas para poder irse a la oficina y ver a su asistente llegar con un té verde y las cartas provenientes de la pajarera en una bandeja. Inhalar el aroma de su cabello cada vez que se inclinara hacia el escritorio para indicarle dónde firmar cada documento, y estar dolorosamente consciente de su presencia detrás de él cada vez que alguien pedía una audiencia privada con él, como si se le quemara su piel solo por tenerla cerca.
Se sentó a comer, pero notó que la caja traía una porción grande en vez de la regular, además de dos pares de cubiertos, como si fuesen a comer dos personas, o si él fuese ambidiestro o contara con cuatro brazos. Abrió la caja del postre y era la misma situación. Ayame debió confundir su orden con la de un Akimichi, o simplemente pensó que él estaría acompañado. Recordó su expresión al preguntar por Shizune y el corazón que había dibujado sobre el pastel de chocolate decadente parecía indicarle que Ayame esperaba verla allí. Honestamente, Kakashi también esperaba ver a su asistente en su apartamento, pero ni siquiera le había propuesto nada. Solo había preguntado por lo que diría en el informe a Koharu.
Decidió no apalearse por ello, ya que Chōza estaba en la puerta de la aldea, presenciándolo todo, además de Genma y Raidō, y a este último no se le escapaba nada. Se preguntó si luego de recibirlos, el Akimichi fue por un refrigerio antes de su cena en casa y fue al puesto de ramen, y haciendo una charla amena con Ayame, le comentó que el Hokage estaba de vuelta con su escolta. No sabía de dónde Ayame habría sacado la conclusión de que él y Shizune comerían juntos.
A la mitad de su cena, la puerta volvió a anunciar un visitante. Se levantó con pesadez, pensando que sería Yuugao o algún otro mensajero pidiéndole que se presentara inmediatamente a la Torre porque Koharu estaba esperándolo. Y el estrés no era bueno para su salud.
Un olor floral llegó a su nariz.
—Señor Hokage —saludó su asistente.
—Señorita Shizune —saludó él de vuelta—. ¿Vienes de parte de Koharu?
—Lamentablemente —le dijo—, ¿puedo pasar?
—Sí —murmuró embobado.
Ella entró y esperó a que él cerrara la puerta para sonreírle. Si abriera las cortinas de vez en cuando, Shizune habría tenido el mismo brillo que había tenido al despertar en su habitación en la Roca, pero no podía abrirlas luego de aceptar el cargo de Hokage, ya que la gente era bastante curiosa y él, al estar cubierto con una máscara todo el tiempo, llamaba más la atención. Se contentaba de que el brillo no sería tan impresionante como en la Roca, ya que solo sería luz proveniente de los faroles de la calle.
—¿Ramen? —le preguntó cuando notó lo que comía mientras merodeaba en su apartamento. Ella nunca había ido y, de alguna razón, eso lo encendía como si lava corriera en sus venas en vez de sangre—. Sabes que debes comer mejor.
—No tenía ganas de cocinar.
—Sí, yo tampoco —le dijo—, así que comí algo con Suzume antes de que Yuugao fuese por mí.
Suzume era la maestra de Artes Femeninas en la Academia y era amiga de Shizune desde la infancia. Él no recordaba haberle hablado nunca, por lo que se preguntó si alguna vez su asistente le hubiese contado de la aventura que tenía con su jefe.
—¿Qué quería Yuugao?
—Que fuera inmediatamente a la Torre —le dijo mientras inspeccionaba la caja con el postre y el corazón. Sacó el par de cubiertos que había dentro y se rió—. ¿Ayame trajo esto?
—Sí, no sé por qué tenía la idea de que comerías conmigo.
—No lo sé —le respondió—. En fin, le dije a Yuugao que iría a la oficina mañana, pero no sé qué decirle. ¿Alguna idea de lo que debe llevar el informe?
Ella por fin lo miró, dejando los cubiertos sobre la mesa y caminado hacia él con las manos detrás de su espalda. Se detuvo a unos cuantos centímetros de él, estaba a la distancia perfecta para él cerrara la mano sobre su nuca y la atrajera hacia él para plantarle un beso. En vez de eso, solo le respondió.
—Podrías escribir que Mei no me interesa en lo más mínimo, que hiciste lo que pudiste, pero fallaste al ponerte un vestido con el estilo del país de la Roca y no pude quitarte la vista de encima.
—No debería escribir eso —le dijo con una sonrisa sosa—, perdería mi trabajo.
—Y yo la cabeza —le respondió, atrayéndola hacia sí como había pensado hacerlo—. No podría ir a la oficina si no estás. Chōji me serviría el té todas las mañanas y él no es delicado como tú.
Ella se rio, al menos era capaz de hacerla reír como Genma. Apretó los labios, intentando alejar a la expareja de Shizune de sus pensamientos. Su asistente no notó su tormento, ya que llevó sus manos hacia la máscara que había subido otra vez al abrir la puerta; y la bajó lentamente para liberar sus labios. No entendía cómo la punta de sus dedos era capaz de desencadenar una llamarada en su piel y, para extinguirla, le acunó el rostro con sus manos antes de besarla. Había pasado bastante tiempo sin hacerlo como para hacerlo suavemente. Tuvo que esperar a cruzar países enteros y pelear contra sus pensamientos intrusivos. Ella contestó con la misma intensidad, como si hubiese sufrido lo mismo, como si su piel quemara de igual forma.
Dejó que ella lo guiara a la cama y se derrumbó cuando ella se inclinó hacia su pantalón y deshizo su abrazo de su cinturón. Sacó su miembro y sonrió al verlo erecto, lo delineó con la punta de su nariz como si lo disfrutara y al llegar a la punta, su lengua lo pintó con su aliento dulce. Kakashi gimió ante la visión de la mujer inclinada sobre él, estaba listo para morir si llegaba su momento. Shizune cerró su boca sobre él y bajó hacia que la punta rosó su garganta. El calor y la humedad de su boca hizo que dejara de pensar en nada que no fuera en ella. A la mierda Koharu, Mei y Genma.
—Shizune —la llamó cuando ella subió y bajó y succionó con más fuerte, ella se detuvo y lo miró—. Ven —ordenó con la voz oxidada y entrecortada.
Ella obedeció divertida y gateó sobre la cama hasta quedar sobre él. Kakashi cerró sus manos en su cintura pequeña y las llevó hacia sus caderas en un movimiento lento que la hizo cerrar los ojos para disfrutar cada segundo de su caricia. Una mano de él se aventuró hacia dentro de su vestido y llegó hacia su entrepiernas, estaba tan húmeda que parecía haber salido recién de la ducha, incluso con la ropa interior puesta. Él se sonrió y tomó la base de su miembro para acariciarla con la punta en la gloriosa entrada de su sexo. Ella se mordió el labio inferior justo antes de llevar una mano hacia su entrepierna sacarse su ropa interior y devorarlo completamente al sentarse sobre él.
Kakashi no pudo más, ella dibujaba círculos con su cadera estando él aún dentro de ella. Shizune siguió torturándole sacarse el vestido y descubrir sus pequeños pechos con pezones rosados. Llevó una mano hacia uno, pero en el camino se arrepintió ya que no sería suficiente para apagar la llamarada dentro de él, así la tumbó bajo de él y la penetró fuertemente. Se apoyó en un codo para no aplastarla y con su mano libre fue hacia su clítoris para asegurarse de que la mujer estuviese correctamente adorada. No era suficiente, se dijo, así que con su lengua repasó su pezón. No quería venirse, pero ella parecía estar en la gloria. Su miembro estaba sumergido en un océano de humedad y estaba seguro las sábanas estaban empezando a humedecerse de igual forma. No quería venirse, se repitió, quería que ella se viniera primero. Su dedo pulgar describió círculos en su hinchado clítoris y su lengua y boca succionaron su pezón. Ella gemía con el dorso de su mano sobre su boca, lo agradecía, ya que con solo escucharla acabaría violentamente y no podía hacerlo antes que ella. Sabía que ella estaba intentando no llamar la atención de los vecinos del Hokage, ya que él era una persona privada, al igual que ella. Shizune seguramente no quería que el resto supiera que se había enredado con su jefe cuando debía haberlo convencido de que casarse con Terumi Mei. Estaba contenta con solo ser conocida la asistente de él, tal cual había sido de Tsunade y como lo sería del próximo.
Un nuevo gemido reprimido hizo que aumentara la velocidad, tentando a la suerte, ya que la erección que aún mantenía empezaba a dolerle y ya empezaba a necesitaba soltarlo todo. Quería soltarlo y que ella se viniera.
—Eres hermosa —quiso decirle, pero su mente no estaba pensando, en vez de eso le dijo—. Te amo.
Ella se vino y él la siguió casi al instante. Los espasmos que le siguieron llenaron el silencio de la habitación, cuando por fin la miró, ella luchaba con normalizar su respiración mientras miraba hacia el techo. No se veía tan satisfecha como él hubiese esperado, sino que estaba un poco perturbada, tal cual lo hacía cuando salía de una reunión con Koharu. Repasó sus palabras con horror, quizás era lo que hizo que finalizara la relación con Genma.
—¿Shizune?
—¿Lo que dijiste…, fue real? —le preguntó sin mirarlo.
—Sí —resolvió luego de unos instantes de debate. Se tumbó boca arriba a un lado de ella para mirar el techo, intentando buscar la respuesta que tanto buscaba ella en esos momentos—. ¿Hay algo malo en eso?
—No, creo que no —dijo—, ¿está bien si no respondo por ahora?
—Supongo.
—Es tarde —le dijo al incorporarse de la cama—, y Yuugao debe estar preguntándose de qué hablamos tanto, no quiero darle ideas a los ANBU.
Y dicho esto, ella tomó el vestido del suelo y se lo calzó rápidamente, como si el reloj de pronto hubiese dado las doce y ella tuviese que volver rápidamente a su casa de hadas y pociones. Cuando pasó a un lado de la mesa, tomó la caja del postre y se giró para verlo. No traía la misma sonrisa con la que había llegado.
—Me llevaré esto, es mi postre favorito y sé que a ti no te gusta el dulce. Nos vemos mañana.
Quise darle inseguridades a Kakashi al igual que Shizune, y quién mejor que Genma
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