Como esperado, Georges y Margot se mudaron a Lakewood, con Emma. La ex Villa Leagan la compraron Patty y Eddie. Emma ya no era esa niña que clamaba por su príncipe, sino que aprendió a amar a Georges como si fuera su padre, su abuelo. Albert y Candy siempre los ayudaron, aún cuando se mudaron a Reino Unido antes de que comenzara la Depresión. La única propiedad que permaneció en manos de los Ardlay fue la cabaña de caza y los terrenos aledaños. En cuanto a Patricia y Eddie, ambos lograron carreras exitosas y manejaron muy bien la Depresión del 29, aunque requirieron también ayuda tanto de los padres de Eddie como de los Ardlay. Nunca se les negó. De hecho, Patty continuó como maestra del Hogar, en vez de su añorada carrera universitaria, pero en años posteriores, luego del fallecimiento de la Srta. Pony, se convirtió en la Administradora del Hogar, y cooperó con la hermanita Lane hasta ella fallecer más adelante.
Terry logró grandes éxitos, y cada una de sus presentaciones se las dedicaba a la memoria de su esposa en espíritu, Susanna Marlowe. Incursionó luego de la Depresión en la industria del cine, pero no se acomodó tan bien como su madre, Eleanor Baker, a la industria. Estuvo produciendo teatro unos años después de la Segunda Guerra Mundial, y se mantuvo activo en los círculos de actores de teatro. Nunca se casó. De hecho, Candy siempre fue su musa, y nunca pudo encontrar otra. Siempre fue parte de él de algún modo, como también Susanna.
Annie y Archi tuvieron dos varoncitos y una niña. Lamentablemente, años después se separarían dentro de la misma mansión de Chicago, donde se quedaron a vivir un tiempo. Archi quedó a cargo del corporativo, pero este ya no fue lo mismo después de la Depresión y del comité. Annie eventualmente se fue a vivir con su madre, ya viuda, con sus tres hijos. La mansión entonces pasó a manos de un consorcio creado cuando se terminó de disolver el Comité. Y Archi terminó viviendo en el corporativo, en uno de los apartamentos de los pisos superiores. Para cuidar la reputación de Annie, sencillamente trataron de no se divulgara el hecho de que estaban separados. Ninguno de los dos volvió a casarse. Ciertamente, Archi nunca pudo realmente superar de la forma en que Annie y él desarrollaron su relación. Y no es que no la quisiera, pero simplemente fue una relación sin chispa para él, así que llegó un punto en que ya no podía mentirse a sí mismo. Annie siempre lo supo, y siempre sospechó que los temores que tenía con Candy y Archi tenían alguna base en la realidad, en especial cuando nunca pudo tener el amor de su esposo como realmente quería. De todos modos, la amistad entre ellos fue real. También el amor entre ellos. Ninguno de los dos se casó luego de completado el trámite de divorcio, pero permanecieron siendo amigos incluso cuando ya sus hijos se independizaron y tuvieron sus propias familias.
La Srta. Pony, aunque estaba mayor, pudo disfrutar más allá de los 100 años una vida larga y productiva. Cuando Candy y Albert regresaron finalizada la Segunda Guerra Mundial, ella pudo ver a los niños y pasar un tiempo con la familia Ardlay. Luego se apagó un día en el año 1950, mientras dormía tranquilamente en su habitación. La hermanita también tuvo una larga vida. Ella llegó hasta superar los años 60. Tenía más de 100 años también cuando murió. Le gustaban Los Beatles.
Dr. Martin, por su problema de alcoholismo, ya tenía el hígado y los riñones enfermos. Murió poco después de la Srta. Pony. De hecho, la Clínica Feliz del Hogar de Pony se comenzaría a conocer como Clínica Feliz de Dr. Martin, en honor a su fundador, como otras clínicas con este mismo nombre alrededor del mundo, ¿recuerdan cuando Albert hizo esta petición en aquel pueblito donde encontró el cuadro de Slim? Por cierto, Slim, que apareció unos años después con su familia de visita al Hogar, hizo un retrato del bonachón doctor, y se colocó en uno de los pasillos principales de la facilidad para que todos lo vieran. Esa clínica se convertiría eventualmente en una clínica-escuela tanto para estudiantes de medicina como de enfermería de la zona.
En Florida, Eliza había establecido varios restaurantes y había tenido una gran acogida por su diverso menú. Logró unirse a otro chef, y formalizaron no sólo en los negocios, sino en la vida. Mientras tanto, Neil se convertía en el cabeza de la operación hotelera con mucho éxito aún su visita al lado oscuro. El trabajo era tan interesante para él, que ya ni siquiera hablaba de separarse del clan, en especial porque ya no había un clan tal, sino una división, así que no tuvo reparos de continuar con sus planes. Fue el genio tras la diversificación de las propiedades hoteleras de la familia, lo que logró que no se fueran a pique luego de la Depresión del año 29.
En cuanto a la gran parejita, antes de comenzar la Depresión se fueron para una de las villas de los Ardlay en Reino Unido en un lugar que nunca quisieron divulgar. Allí nacideron Anthony, la pequeña Janet y Paulina Rose. Ambos hubieran deseado poder adoptar a Emma, pero nunca fue buen momento, además de que ella estaba con Georges, y no parecía recordar haber elegido a Albert como su príncipe según pasó el tiempo. Aunque fue un poco doloroso para Albert y Candy, la realidad es que no hubo un mejor padre para esa niña que Georges. ¡Qué ironías tiene la vida! Una niña que había gritado que Albert era su príncipe, las veces que lo vio después fue muy cortés, pero nada personalista con él. Aunque le estaban enseñando a ser amable y servicial, esa no era la misma niña que hacía pocos años hubiera preferido a Albert más que a ninguna otra persona como su papá.
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Una lección importante para los hijos, nietos y biznietos de los Ardlay para principios y mediados del siglo XX, para el siglo XXI todavía se hablaba del gran legado de ese clan en sus vidas. Todas las propiedades, incluyendo Lakewood, se salvaron del anonimato y aún persisten. Esperamos que sobrevivan muchas generaciones más.
El cuarto conmemorativo con los cuadros de la familia, convertido en fotos que todos portaban a la mano, sin embargo, pudo salvarse, en parte en honor al hombre visionario que convirtió a la familia Ardlay, incluso en tiempos de guerra, en una institución. Slim, igual que a Dr. Martin y a sus madres, hizo un retrato inmenso de Albert y Candy, que aún hoy, cuelga de una de las prominentes paredes de Lakewood como un recuerdo de las aportaciones que durante su vida matrimonial hicieron a favor de su familia. Por eso aún son recordados hoy, incluso y más allá de su épico amor, por siempre.
El tiempo pasa, pero deja sus recuerdos. La señora Keiko Nagita nos legó una historia memorable, y la oportunidad de reescribirla en nuestro corazón de diversas maneras. Para ella va el final de esta historia, en energía positiva. Nunca voy a olvidar a Candy Candy…
Candy añoraba encontrar a su príncipe y Albert vivió desde su adolescencia pendiente a una niña que vino a cambiar su historia. Y lo sabemos, porque Candy incluso guardó esos recuerdos en un diario compartido, en su joyero, que ahora lo tiene la nieta de Paulina Rose con ella y un baúl, que se le dio a la nieta de Janet. Todo el contenido de estas importantes piezas son partes de los recuerdos atesorados por la familia, y parte del museo Candy Candy. Así lo dejó estipulado Georges antes de morir, que Lakewood continuara hasta la posteridad. Y así fue…
Y AHORA SÍ, EL FINAL…
