Albus Dumbledore no podía hacer más que observar el enorme diamante que ahora cubría el cuerpo inerte del joven Potter, el chico estaba desnudo, su cuerpo paralizado por lo que aparentaba ser el resto de la eternidad en un mineral que nadie, ni siquiera el ministerio y sus innombrables, había sido capaz de identificar, o tan siquiera mover.

Es por eso que el cuerpo del chico descansaba eternamente en las inmediaciones de Godric Hollow, en el último lugar donde quizás conoció la verdadera dicha al lado de sus padres, aún cuando fue por un corto período de tiempo.

Habían pasado años desde aquella trágica noche, esa en la que la peor pesadilla del mundo mágico simplemente desapareció sin explicación alguna, ¿Quizás algún ritual involucrando a la pobre criatura ante él, salió terriblemente mal? No era tan descabellado como para descartarlo, Tom, o en lo que en algún tiempo fue Tom Riddle, era lo suficientemente inteligente y sagaz como para conseguir entre sus ataques a familias purasangre, algún tomo olvidado de la magia de antaño.

Suspiró, observando atentamente al pequeño encerrado dentro del cristal, hoy era el aniversario de la noche en que su vida llegó a un lamentable final. El onceavo para ser más exacto.

Y él estaba visitándole aquí, solo para recuperar un poco de la cordura que lentamente párese escaparse de sus manos con el pasar de los años.

Neville Longbottom era un niño sano, jovial, y sencillo, sus notas no eran perfectas, aunque resaltaba magistralmente en botánica, su mejor amigo Ronald Weasley por otra parte, parecía ser el ancla que mantenía honesto al chico, garantizándole de vez en cuando algún momento de relajación de su rutina.

Todo parecía ser normal en apariencia, pero en realidad sabía que tarde o temprano llegaría el momento en que dicha amistad se pondría a prueba, y que el chico, que quizás gozaba con todo lo que un niño afortunado podría desear, dicho sea, una familia amorosa, amigos y reconocimiento, entre una multitud de otras cosas; muy posiblemente terminaría perdiéndolo todo, incluso su cordura.

La presión del mundo sobre tus hombros no es una carga que cualquiera puede llevar, y él temía que el joven Neville, a pesar de ser el único profetizado con vida para cumplir con la labor, simplemente no sobreviviría las duras metas que se le avecinaban en el incierto futuro.

El joven según su opinión, no estaba preparado para la crueldad de la batalla, la desesperación e irracionalidad de la guerra, no conocía la vida difícil, al estar resguardado por sus padres, simplemente no era el niño maleable que él personalmente debería guiar.

De sus decisiones depende el destino del mundo mágico, de su experiencia, de sus hazañas, ¿Por lo que, qué mejor candidato para guiar al siguiente líder del mundo, que él? Pero los padres eran obstinados, no comprendían las dificultades que les aguardaban en el futuro, y por ende, jamás permitieron que el chico sea correctamente indoctrinado.

Por lo que Neville Longbottom, creció como un niño normal, con estandartes normales, metas normales, y por sobretodo, habilidades remarcables, pero no las suficientes como para ser el siguiente líder del mundo mágico.

Mucho menos un igual para Tom.

Miró al pequeño encerrado en el cristal, preguntándose a sí mismo. "¿Habrías sido diferente, de haber sido el encargado de sobrellevar esta enorme carga, Harry?" Suspiró, era tonto esperar una respuesta por parte de un cadáver muy bien conservado, pero todo hombre tenía derecho a soñar, a desear que alguien más apareciera con tal de relevar los pesos y las responsabilidades que colmaban su vivir diario.

Pero eso era pedir demasiado, nadie había vivido lo mismo que él, y esperaba que nadie más tuviese que pasar por el mismo martirio.

Observó al pequeño ante él un poco más, antes de dirigirse a la chimenea y transportarse de vuelta a su oficina en la más prestigiosa escuela de brujas y hechicería en todo el reino unido.

Entró con un paso calmo, alzando solo la vista para sonreírle afablemente a su familiar, que lamentablemente no se encontraba en la mejor de las condiciones al estar cerca su fecha final, no que le preocupare, pero era al menos un consuelo saber que hasta el final de sus días, una constante se mantendría en su vida, y eso es su siempre fiel fénix.

Se sentó en su enorme escritorio, recubierto con un sin número de oficios y papeles, tanto burocráticos, como administrativos; suspiró ante la cantidad de trabajo que le quedaba por delante, ¿Quizás debería beber una poción de pimienta con tal de mantenerse despierto una buena porción de la noche? No, a su edad no era recomendable sobre-esforzarse de esa manera, podrá parecer sano, pero al igual que todo anciano, su cuerpo tiene un limite de cuanto estrés y trabajo podría exigírsele a diario, uno que no se podía dar el lujo de romper, por más tentador que fuese.

Se inclinó sobre el espaldar de la silla, disfrutando el sin número de hechizos que garantizaban su completo confort en esta silla en particular, necesitaba pensar que fue lo que ocurrió está noche en especifico.

Estaba seguro de que un Troll había entrado en las inmediaciones de la escuela, había suficiente evidencia física, (Y visual, gracias a los informes que los cuadros y fantasmas le garantizaban.) Cómo para descartar tales noticias como falsas, o una simple broma por parte del cuerpo estudiantil. (Más específicamente, dos estudiantes en particular.)

De hecho, descartaba que todo esto haya sido una vulgar broma, los gemelos eran incontrolables, eso debía admitirlo, pero jamás crueles cómo para lastimar de forma adrede o accidental a una pequeña niña.

Abrió los ojos en dirección del archivo personal de dicha victima, encontrando que la joven contaba apenas con doce años, de procedencia Muggle, excelentes calificaciones, conducta ejemplar, asistencia perfecta, líder en todas sus clases, (A excepción de pociones.) El ejemplo perfecto de como Albus desearía que todos sus alumnos se desempeñaren en la institución.

Con un hambre de conocimiento insaciable y claro, una fuerte e incontrolable ansiedad por satisfacer los requerimientos de los superiores y sus leyes.

Hermione Granger, es el nombre de la pobre pequeña que ahora se encontraba recluida en el ala médica del castillo. Con severas contusiones, heridas y laceraciones en su pequeño cuerpo, además de un grave caso de trauma emocional que quizás le marcaría de por vida.

Pero por supuesto, lo más extraño en el cuerpo de la jovencita, era la marca en su piel, o mejor dicho, el tatuaje que ahora portaba en su pecho. Justo por encima de su corazón, se encontraba un complejo, y en su opinión innecesario tatuaje que comprendía de una formula incongruente de runas y garabatos ilegibles que no cumplían un patrón o función en específico.

Simplemente era una mancha que aparentaba ser un complicado pentagrama.

Estos Muggles, ¿Quizás creyeron que eso protegería a la pequeña de cualquier mal que enfrentaría en este mundo? ¿Tal vez fueron victimas de la histeria, y cayeron en la charlatanería de algún farsante que les prometió un protector garantizado para su pequeña? No lo sabía, solo estaba conjeturando, presumiendo quizás, solo sabía que la pobre jovenzuela había sido marcada permanentemente por sus padres sin recibir un verdadero beneficio de lo que podía asegurar, fue un muy doloroso procedimiento.

Cómo casi todo en la cultura Muggle, ahora que se pone a pensarlo bien.

Suspiró, depositando el archivo sobre la superficie de su escritorio, por más horrible que suene dicho ataque, la junta de gobernadores, el ministerio y la gran mayoría de los padres que invierten en la escuela, no encontraran necesario intervenir en la misma solo porque una joven descendiente de Muggles haya salido lastimada.

Una verdad cruel, pero sigue siendo parte de la verdad, la cual era que a muchos no les interesa el bienestar de las brujas provenientes del mundo de los no mágicos.

De hecho, con suerte, si la chica no salía demasiado marcada físicamente de este accidente, podrá conseguir un buen marido que la mantenga feliz en un hogar calido y acogedor, cuidando de sus pequeños como toda buena mujer.

Claro una vez haya alcanzado la edad requerida para ello, por supuesto.

Fawks liberó un pequeño quejido desde su percha antes de arder en llamas en lo que serían sus últimos momentos de vida. Albus sonrió, ya era hora de que su buen amigo tuviera un poco de descanso de tan lamentable faceta.

Se alzó lentamente y procedió en dirección de su amigo con tal de darle una mano familiar en su renacimiento, además de claro, colectar los valiosos restos que su vida pasada dejó tras de sí.

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"¡Eru!" Una voz cantarina, casi celestial llamaba a los vientos, buscando a su ya no tan pequeño hijo en medio del inmenso mundo de Eldamar, estaba nerviosa, hacía mucho que su pequeño Eru, nombre que le otorgó una vez lo arrastró al mundo elfico, (El cual significaba 'Él único', debido a su condición especial.) se estaba volviendo con el pasar de las centurias, cada vez más indomable.

Su largo cabello rubio danzaba con la brisa que resoplaba juguetona en medio del bosque verde, moviéndose de un lado a otro mientras ella afinaba sus instintos y sentidos con tal de atrapar a su travieso retoño.

Sonrió, olfateando su esencia a unos quince kilómetros de distancia, su aroma portaba una fragancia a lodo y humedad, probablemente estaba jugueteando en otro de los incontables lagos que agraciaban el inmenso bosque. Procedió a caminar, sus pasos apenas tocando el suelo, sus caderas moviéndose con un ligero vaivén, su peso y su agilidad siendo las suficientes como para moverse sobre hojas secas sin siquiera fracturar una pequeña porción de ellas.

Galadriel estaba contemplativa, Eldamar es una dimensión donde el tiempo y el espacio transcurren de forma distinta a la tierra, comprendía gracias a los informes de Iowa, que en el planeta apenas habían transcurrido once años, cuando aquí, en su hogar han transcurrido dos milenios.

Los suficientes como para que Eru se convirtiera para la sorpresa de todos, en uno de los más poderosos adeptos. Dicho sea, aquellos que pueden comunicarse con la madre Gaia y emplear sus dones.

Su uso de la magia era incomparable, casi lo suficiente para que en treinta milenios sea considerado candidato para el circulo de aprendices del templo de la luna y el sol. Un honor que a ella no se le fue otorgado hasta que cumplió sus cuarenta milenios.

Lo más curioso es que Eru, quien ahora podía ver estaba efectivamente jugando con algunos de los adeptos que solían acompañarle en sus desventuras por el bosque. Parecía más interesado en el mundo de Eldamar, que en su mundo de origen, y no lo culpaba por ello, pero a decir verdad, no podía seguir evadiendo su responsabilidad por más tiempo.

De hecho, ya no más, ahora que finalmente intervino en uno de los múltiples eventos que acontecieron en el plano humano.

"¡Eru!" Galadriel llamó de nuevo a su nombre con una paciencia infinita solo adquirida luego de milenios de práctica. Los jóvenes se detuvieron en el acto, siempre sonriendo, antes de salir todos del agua y emerger tal y como Gaia los trajo al mundo.

Todos eran hermosos, de eso no había duda, de hecho no existía ser horrible mientras estuviera del lado luminoso, no importa su forma o la apariencia que escoja, mientras no cedan al atractivo de la verdadera maldad, siempre serian considerados hermosos ante los ojos de su pueblo.

Y para ella, el más hermoso de todos era el pequeño Eru, su cuerpo estaba humedecido por el agua, su cabello tan largo como el suyo propio, (a diferencia de que su coloración era negra,) este se aferraba a su anatomía de forma pecaminosa, resaltando lo rosado de su piel. Sus orejas se movían de un lugar a otro en picardía, buscando quizás alguna corriente de viento con la cual pueda escapar con el empleo de sus habilidades.

Sus ojos, que estaban cubiertos por un verde jade de gran intensidad, le miraban directamente, retándole a capturarle, a seguir jugando el juego que por más de dos años han estado realizando.

Pero ella no tenía tiempo de seguir jugando con su pequeño, no cuando una de sus travesuras finalmente marcó el inicio de lo que ella consideraba era el fin de la mejor época en su etérea vida. Él chico había marcado a su primer eslabón en el mundo humano, y el consejo de superiores, deseaba establecer un límite sobre las capacidades del chico.

No deseaban que el joven sin desearlo creara un harem de jovencitas que le sirvieran de ancla para sobrevivir en el mundo humano.

"Mi pequeño, es hora de que el juego termine, las sacerdotisas requieren de tu presencia." Comentó ella mientras procedía a partir en dirección del templo más alto y prestigioso, dándole a entender que tan grave era la situación. Dicho joven, suspiró, comprendiendo que realmente ya no tenía otra opción, se despidió de sus hermanos y hermanas, y procedió a perseguir a su madre con tal de comenzar su ardua misión.

Observó a su madre moverse con finura entre la inmensidad de los árboles del bosque verde, no pudo evitar observar que en su trasero, aún se encontraba alojada una pequeña marca que él mismo ocasionó al ser un malcriado en sus primeros años de vida. Sonrió en melancolía, hoy en día se arrepiente de haber marcado el cuerpo de la hermosa Galadriel, aquella que bajo los mandatos de Gaia, le había rescatado de lo que él consideraba, hubiera sido el peor castigo que un ser vivo pudiera haber sufrido jamás.

Los orbes de Ilúvatar, reliquias de un pasado muy lejano, le habían servido para descubrir que tan distinta pudo haber sido su vida en una cantidad de universos distintos.

En algunos era el salvador de la tierra, en otros, un chico desesperado por una vida normal, solamente dispuesto a hacer el trabajo pero a jamás crear una diferencia, en otras era un ladrón, un asesino, un psicópata, y el peor adepto al lado oscuro que jamás haya pisado el terreno de la madre tierra.

En algunos otros era un amante fogoso, terror y fuente de deseo en hombres y mujeres, curioso que en alguno de los mundos solo sentía atracción hacía los miembros de su mismo sexo.

Curioso en realidad, ya que de tales relaciones solo emergería placer, nunca prole, qué es, si mal no recuerda, la verdadera función y finalidad del acto de la procreación.

A pesar de que los elfos no pueden tener hijos al ser inmortales, (De hecho él es el único recién llegado gracias a su situación.) No son desconocidos al coito, practicándolo con suficiente frecuencia entre personas de confianza.

Iowa, su hermana superior y tutora en la espada y el arco, tendía a ser su más ferviente amante cuando la situación lo amerita.

Y muchas otras hermanas en la comarca, todas a decir verdad, a excepción de Galadriel, quien era su tutora y por supuesto, madre. No que no hubiera atracción, porque ambos sabían que la hay, y el contoneo de su cintura al caminar frente a él, le indican que ella esta haciendo todo lo posible por parecerle atractiva, sin incitar a nada más.

Silvalin por otra parte, siendo su maestra en el uso de la magia al ser un adepto, (dicho sea, aquel que puede usar el poder de Gaia.) tendía a ser la que menos requería sus servicios, al tener ella ya una buena porción de amantes.

Suspiró, realmente extrañaría todo esto.

Galadriel parecía comprender la razón de su silente pesar, por lo que disminuyó el paso para que ambos pudieran caminar lado a lado, justo como un par de amantes, según las reglas de la sociedad.

Esto lo tomó por sorpresa, "¿Galadriel?"

Ella sonrió, "Podré ser tu madre en ideología, pero ambos sabemos que tarde o temprano los dos yaceríamos en un acto de pasión desenfrenada, pero no ahora, en estos momentos solo deseo asegurarme de liberar tu mente de todas las penas que colman tu ser."

Eru negó con el rostro, intentando ocultar su sonrisa, "Realmente no deseo marcharme de Eldamar, pero se que es mi labor el restaurar el equilibrio en el plano humano."

Galadriel por su parte sonrió, llevando una mano a su pecho desnudo con tal de calmar su rebelde corazón, ella también estaba dolida de verlo partir en una misión que probablemente lo apartaría para siempre de su lado. "Vivimos para cumplir los mandatos de Gaia, somos su voz, sus protectores y sus soldados, debemos hacer lo que es necesario para cuidar dicho balance, o la existencia del universo mismo perecerá ante nosotros."

Él chico asintió, comprendiendo sus palabras al estar completamente instruido en las costumbres de su pueblo. "Lo se, y llevo mi misión con orgullo y honra, pero no puedo evitar sentir que extrañaré todo esto, la paz, la comunión de los pueblos…"

"Y el sexo con gran parte de la población femenina, que superan treinta a uno a los miembros del sexo masculino." Su sonrisa era radiante, sus ojos estaban cerrados y su rostro estaba marcado por pequeños halos de luz que se filtraban entre el follaje superior, sus mejillas estaban entintadas de rosado, única prueba de su vergüenza ante el tema.

Él asintió, "No puedo negar que si lo extrañare, aunque si logro salirme con la mía, puedo ser un buen partido en el plano humano." La rubia llevó su mano directamente a si boca con tal de cubrir una escueta carcajada que emergía de ella, bien sabía a que se refería el chico cuando hablaba de ello.

De hecho, su vida sexual en otras dimensiones fue muy presenciada por la mayoría de la comarca.

Principalmente aquellas donde a pesar de lo terrible de la situación, seguían amándose incondicionalmente.

Pero la sonrisa no duró mucho, Galadriel sabía que el chico estaría atado a varias jovencitas con tal de poder ingresar al plano humano, no que eso le molestara no, de hecho estaba envidiosa de ellas, ya que podrían tener un vástago suyo, algo que ninguna hembra de su especie podía ofrecerle.

No, su miedo no era ese, sino otro mucho más mortal. "He visto que finalmente has marcado a tu primer ancla en el mundo humano." Él joven, que a decir verdad era un poco más alto que ella, se detuvo de golpe por algunos segundos en sorpresa, antes de recobrar el paso con tal de estar a su lado. Su largo cabello negro danzando en el aire junto al suyo propio, de vez en cuando juntándose el uno al otro, al ellos no tener el valor para tomarse de las manos.

"En muchas de las dimensiones y posibilidades que vislumbré en los orbes, pude constatar que su vida siempre estuvo interconectada con la mía, en algunas era casi mi hermana o madre subrogada, en otras era mi amante, en algunas ella me pertenecía, en otras yo era su pertenencia, en muy pocas éramos enemigos o rivales, pero de una forma u otra, siempre estábamos al lado del otro, para bien o para mal. Me parece la decisión más apropiada el marcarla como mi primera ancla en el mundo humano."

La rubia asintió, comprendiendo en parte el lazo que existía entre esa pequeña y el joven que estaba a su lado. "En esta oportunidad nadie acudió a ayudarle cuando esa bestia entró en el baño, su cuerpo ya estaba roto y destrozado, su alma y corazón simplemente estaban por partir, cuando tu intervención aseguró un nuevo camino, un nuevo cuerpo y un mar de posibilidades."

Ambos continuaron caminando, disfrutando del cantar del viento antes de proseguir la charla, "Necesito que sean más fuertes y resistentes a un ser humano común, mi comunión con Gaia es suficiente como para reconfigurar su forma, a aquella que más me sea conveniente." Galadriel asintió, sospechando desde un principio que ese era el caso, al haber visto que él permitió que la chica sufriera semejante daño en primer lugar.

"No obstante, es probable que cada una de tus anclas desarrolle cualidades de nuestra raza, después de todo, tu poder es demasiado inmenso en estos momentos para entrar del todo en tu cuerpo infantil., cada ancla poseerá un cuarto de tu poder, añadiéndose al suyo propio."

Él del cabello negro sonrió, "un veinticinco por ciento para ser exactos, solo necesito dos anclas más, aparte de mi propio cuerpo para poder entrar de forma segura al plano humano." Galadriel se detuvo en el acto, sorprendida con el hecho de que Eru supiera ya por adelantado que debía limitar sus anclas a unas cuantas personas. "¿Cómo sabías que era más seguro anclarte a unos cuantos y no a un contingente de gran tamaño?" Su hijo subrogado se carcajeó en buena forma, antes de responder. "Madre, no soy tonto, se que si alguna de mis anclas llega a perecer, parte de mis poderes se ira con ella, y mi comunión con Gaia, la cual se es probable se encuentre sumamente débil en ese plano, será aún más difícil, mientras menos anclas, mayor poder de ataque y defensa, las posibilidades de sobrevivencia son mayores, y si bien atraeremos la atención, para el momento en que esté totalmente en comunión con mi cuerpo humano, nada en el mundo humano será capaz de ponerse en mi camino."

Ella negó con el rostro, "Para cuando eso ocurra mi joven aprendiz, tu cuerpo tendrá alrededor de veinte años mortales, eso es mucho tiempo para que seas indestructible, todo puede ocurrir en el camino, espero que no se te olvide que tu misión es de suma importancia, Gaia no podrá sobrevivir por mucho más tiempo la corrupción de la tecnología humana."

"Lo se, pero es difícil restaurar la armonía de la naturaleza en los humanos, cuando estos le han rechazado por las ventajas de su tecnología, me llevará mucho tiempo convencerlos, sin recurrir a la belicosidad." Comentó el moreno, la rubia le observó por algunos segundos antes de bajar el rostro, "Debo admitir que estoy temerosa del camino que debes tomar en el plano humano, las posibilidades de que caigas en batalla son demasiadas para mi gusto. No soportaría tener que verte perecer sin poder hacer nada para ayudarte."

Él finalmente decidió dar un paso adelante para con ella, tomándole de la mano y guiándola en dirección del templo, jamás liberando su apéndice en un acto de intimidad declarada en su cultura. "Prometo que no tendrás que ver mi perecer, de hecho, si llego a tener vástagos en el mundo humano, prometo que la primera niña tendrá el honor de portar tu nombre."

Ella sonrió satisfecha, antes de agregar, "Espero que Iowa nunca escuche eso, le enojaría demasiado saber que no escogiste su nombre para uno de tus futuros hijos." Él se carcajeó en conjunción con ella, ambos al menos apacibles en la inmensidad del bosque que les rodeaba.

El resto del camino fue transcurrido en silencio, solos los dos tomados de la mano, el uno con el otro.

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Hermione estaba aterrada, mientras intentaba esconderse debajo de los lavamanos con la íngrima esperanza de que la enorme y apestosa criatura jamás le observase. Pero muy en el fondo sabía que estaba perdida, gritó cuando la bestia arrojó un golpe con su pesada masa en su dirección, fallando por meros metros de aplastarla por completo.

Intentó gatear en dirección de las casetas, pero la criatura tenía otras ideas para con ella, le tomó del pie y de forma brutal y brusca la alzó por los aires, dislocando su pierna por la forma agresiva en que fue elevada.

Gritó en dolor y agonía, pero esto parecía enojar más al Troll, que enfadado le arrojó en dirección de los espejos del baño; impactó contra ellos cortándose en todo el cuerpo, su respiración estaba pesada y rápidamente estaba perdiendo las fuerzas. Supo en ese momento que estaba a punto de morir.

Las lágrimas emergieron en esta oportunidad, de forma silente de sus ojos, nadie vino a rescatarle, realmente era una indeseable en cualquiera de los dos mundos. Simplemente se había dado por vencida y esperaba su destino, el cual pudo ver que se acercaba rápidamente al ver que la bestia dirigía su cabeza en dirección de su apestosa boca con tal de dar el primer mordisco sobre su cuerpo.

Cerró los ojos esperando el dolor indescriptible, pero por más que esperó este jamás llegó, pero tampoco tenía el valor para abrirlos y descubrir que la bestia jugaba con ella, entregándole esperanzas de que había sido rescatada, solo para asesinarla en el momento en que realizara que fue una falsa alarma.

Pero un detalle en particular le estaba llamando la atención, no había sonido, no había olor, mucho menos sentía dolor. ¿Abría muerto quizás? Soltó un par de quejidos en agonía por la simple idea de que finalmente su vida había terminado. Para cuando una inmensa luz le cegó por completo. (Aún cuando tenía sus parpados cerrados.) Transcurrieron unos minutos y ella estaba finalmente convencida de que estaba muerta, al ver que estaba rodeada por una luz dorada, flotando desnuda (para su vergüenza,) en un vértice de lo que aparentaba ser energía.

Esperó a que alguien acudiera por ella, si mal no recuerda sería juzgada y luego enviada a donde pertenece, (esperando que su vida ameritara ir a los idilios en vez de a la condena eterna.) Fue entonces que escuchó una voz, obviamente masculina, cubrió su anatomía en vergüenza, ¿Qué acaso no pudieron ser más considerados y enviar a una chica para recibirle?

Después de un tiempo finalmente pudo ver quien se acercaba a ella, sus ojos se abrieron como platos al ver al hombre que se acercaba a ella, largo cabello oscuro, de apariencia sedosa, (El cual ya de por si le envidiaba al compararlo con el desastre que es su melena.) Piel rosada, ligeramente bronceada, cuerpo definido y más importante aún, completamente desnudo.

Intentó apartar su vista de lo que ella consideraba era el hombre más hermoso que jamás haya visto en su joven vida, (además de ser el primero que ve desnudo.) Consideró criminal el color de sus ojos, lo pura de su sonrisa, lo alargado de sus… ¿Orejas?

¿UN ELFO? Estaba siendo recibida en el otro mundo por un… ¿Elfo?

"No sabes cuanto me alegra conocerte finalmente, querida Hermione." La garganta se le cerró por completo al escuchar su voz, era tan dulce, tan masculina, tan deliciosamente atrayente.

No pudo evitar sonrojarse al ver las reacciones en su cuerpo, estaba completamente avergonzada de su conducta.

De seguro que por ello la enviaran al martirio eterno.

Él hombre sonrió, "No pienso enviarte a ningún lugar más que a donde perteneces, querida Hermione."

Ella le observó por algunos segundos, intentando mirarle nada más que a sus ojos, sus profundos, penetrantes y perfectos ojos.

Intentó hablar, pero de su garganta no emergían palabras de ninguna índole, de hecho, ahora que lo puede notar, no emergía sonido de ningún tipo. Esto le alarmó de inmediato, jamás en su vida tuvo una incapacidad para expresarse como ahora.

Ahora si se sentía verdaderamente vulnerable.

Él hombre le observó por un par de segundos más, antes de proseguir, "Vengo a hacerte una proposición pequeña Hermione, que sé, no podrás rechazar, veras, soy lo que ustedes llamarían, un emisario, un ser que viene a marcar el mundo para bien o para mal. Mis congéneres me han llamado Eru, 'el único,' en honor al Dios de los altos elfos del pasado…

Ilúvatar…

… No obstante, estoy seguro de que tú me conocerás por el nombre de Harry Potter."

Hermione abrió los ojos en incredulidad, recuerda ese nombre en particular, al ser considerado el mayor misterio del mundo mágico actual, ¿Qué le sucedió a Harry Potter? ¿Cómo para ser encerrado en un mineral que nadie en el mundo lograba identificar?

Intentó decir algo, pero recordó que no tenía el don del habla en este extraño mundo. No obstante, el hombre parecía entenderle sin necesidad de palabras. "La sustancia que me rodea es un diamante vivo, es una creación de la madre tierra, mejor conocida como Gaia, nutre mi cuerpo tal como lo haría el útero de una madre. Por lo que si, estoy vivo, a pesar de lo que las autoridades del mundo mágico hayan decidido declarar."

Ella cerró los ojos en completa decepción, ¿Qué tan incompetentes podrían ser los miembros del gobierno, como para no saber algo que aparentemente resultaba muy simple? La carcajada por parte del hombre le sacó de sus pensamientos.

"No es algo que se haya visto en el plano humano por al menos, cuatro milenios Hermione, todo diamante o cristal vivo, una vez ha cumplido su labor, termina por ser devorado o absorbido por aquel que se encuentra alojado en su interior. Y solo los Elfos, y me refiero a los de mi especie, no a los Elfos caseros, que a pesar del nombre no comparten nada con nosotros al haberse degenerado a tal grado, en fin, solo un Elfo en perfecta comunión con Gaia, puede crear un Diamante vivo. Por lo que tu gobierno, que niega la existencia de un ser superior al Homo Sapiens, desconoce por completo de nosotros y todo los que nos rodeó en algún momento."

Ella decidió creerle, después de todo, ¿Qué más opción tenía? Un par de incómodos minutos transcurrieron, antes de que él hombre volviera a mencionar algo.

"Regresando al tema de origen, vengo a ofrecerte un trato, veras, necesito un ancla que ate mi alma inmortal al plano humano, si bien mi cuerpo es capaz de lograr atarme a este plano, no es lo suficientemente poderoso para soportar mi poder en conjunción con el suyo propio. Es de hecho, imposible, por lo que me he dado a la tarea de conseguir tres anclas en el reino humano que me ayuden a mantenerme vivo y saludable."

Hermione no estaba muy segura de lo que escuchaba, de hecho estaba reticente, era obvio que este hombre deseaba usarla para su propio beneficio.

Eru le interrumpió de inmediato, "Hermione, debo confesarte que tu inhabilidad para hablar se debe a que estas muerta, o mejor dicho, pronto lo estarás, lo que está ante mi no es más que una imagen de lo que es tu alma eterna antes de partir al otro mundo, en mi poder he decidido interceptarte justo antes de partir con tal de ofrecerte un trato, que es ser mi ancla, pero claro déjame explicarme con más claridad."

"Tu cuerpo será reconstruido, serás mucho más fuerte, hermosa, poderosa e inteligente de lo que eres ahora, tendrás parte de mis habilidades, pero dejaras de ser humana, a pesar de que poseas la apariencia de una. Tú, yo y mis otras anclas formaremos parte de la nueva raza de Elfos sobre la tierra, destinados a recuperar el balance destruido y olvidado entre Gaia y sus hijos. Sé que eres lo suficientemente inteligente como para darte cuenta de que esto nos unirá de por vida, considéralo un acta de matrimonio que no puede ser rota de ninguna forma. Por supuesto, que estemos destinados a estar juntos, no implica que serás fiel a mi, o que tendrás que estar a mi lado. Aunque preferiría que si lo estuvieras, después de todo serás parte de mi, como yo lo seré de ti."

Si Hermione pudiera retroceder, lo hubiera hecho en este instante, era una niña por el amor a los cielos, ¿Cómo es que este hombre esperaba que ella aceptase una propuesta de esta índole? De hecho, la forma en que se acercó no le deja otra opción que aceptar, no era tonta, no quería morir, y lo que él ofrecía era atrayente, pero si escuchó bien, implicaba que tendría que compartirlo con otras dos personas.

Lo cual, si le preguntaban, no era justo en lo absoluto.

De hecho, no fue justo que muriera en primer lugar.

Él decidió responderle algunas dudas, "Descuida, no podré ingresar al plano humano por ahora, no hasta que tenga a mis tres anclas bien definidas. Y si, son dos mujeres más las que serán mis anclas, lo siento pero no gusto de los hombres en esta dimensión, y no planeo compartir mi cama con uno en la otra. Aunque si te gusta uno en particular, siempre he sido permisivo en el área, siempre y cuando regreses a mi, y no olvides por supuesto que solo yo podré darte hijos al ser una nueva especie de por si."

Hermione quien, no sabía nada de relaciones humanas, simplemente no sabía si estar sonrojada, enojada u ofendida. Solo podía observar al hombre ante ella con algo símil a renuencia.

"El tiempo se acaba pequeña Hermione, no puedo contener tu alma por más tiempo, debes decidir ahora. El mundo que te espera en el más allá está libre de todo sufrimiento, y la belleza es incomparable a cualquier otra que hayas conocido. No te culpo si deseas partir al otro lado, pero si soy sincero, realmente deseo que estés a mi lado en el nuevo orden por venir."

Ella lo pensó bien, demasiado bien, solo para tomar la decisión de que aún a pesar de regresar prácticamente casada al mundo humano, tendría la oportunidad de ver a sus padres, y claro, cumplir su mayor deseo, que es el de hacer una gran diferencia en el mundo.

Aceptó, y no le sorprendió en lo absoluto cuando él hombre saltó en emoción por su respuesta, de hecho, le halagaba un poco que tal belleza se alegrase de tenerla a su lado. Harry o Eru, como sabía se llamaba esta silueta, posó una mano sobre su corazón, extrayendo una pequeña esfera de energía, causando que su cuerpo rejuveneciera por ello, pareciendo ahora un adolescente de alrededor de diecinueve años, en vez del hombre que era antes.

Se acercó a ella, y para su horror, y completamente violando su espacio personal, el ahora adolescente posó su mano sobre su pecho, justo por encima de su corazón, transfiriendo toda la energía dentro de ella. Él chico sonrió a pesar de que ella estaba sonrojada y obviamente encolerizada.

"Listo, tu cuerpo está reconstruido, el Troll será desvanecido y tus profesores, que en esta oportunidad llegaron demasiado tarde para salvarte, te encontraran en malas condiciones, pero con vida. Por favor, trata de no llamar la atención en los próximos tres años, peligros asechan la institución en la que ahora vives, y odiaría perderte antes de siquiera poder conocerte apropiadamente."

Su mano se posó sobre la mejilla de la aún enojada y sonrojada niña, ella solo asintió, intentando ignorar el ardor en su rostro y los ahora fuertes latidos de su estresado corazón.

"Nos veremos pronto Hermione."

Dicho esto, la luz desapareció, el dolor regresó, la peste inundo sus fosas nasales, y ella, consumida por un mar de sensaciones, perdió el conocimiento, justo antes de que el Troll simplemente desapareciera ante ella.

Una vez se recuperó, Hermione puso en orden su vida, supo cuales eran sus prioridades y más importante aún, decidió seguir estudiando en Hogwarts hasta que Harry regresará al plano humano.

A pesar de no tener amigos, nunca se sintió sola, al saber que su alma ahora estaba unida por el resto de la eternidad con la de Harry. Y si los dos vacíos en su pecho indicaban algo, pronto dos esencias más formarán parte de ella, mientras tanto, decidió ignorar a Ronald Weasley y sus hirientes comentarios.

Neville estaba bien, pero Ronald era un maleducado si a ella le preguntaban.

Continuará…

Al igual que Technopath, los protagonistas tendrán una unión que los hará uno solo, por lo que oficialmente esta es mi segunda historia HAREM.

Solo deben leer mi Perfil para saber que parejas en especial me gustan, y darse una idea de quienes serán las otras dos chicas. Las cuales aparecerán en el siguiente capítulo y no, no habrá más agregadas.

Advierto que al igual que Technopath, los años pasaran de prisa, de hecho, el siguiente capitulo se desarrolla unos cuantos años después, cuando se añade la última ancla.

Estoy inseguro de si ponerle Lemon o no, siempre estoy inseguro de eso… que Escriba Harem no implica que escriba LEMON.