Hemos avanzado y debrayado tanto en esta historia, que no pudimos detenernos, y velozmente, hemos llegado a algo que creíamos aún muy lejos, así que, ¿que le podemos hacer?


Luego de la última visita de su hermano, Asami no volvió a saber de ninguno de los mellizos, no estaba segura si había sido por las amenazas de su "esposo" o, por decisión propia de ellos. Trabajaba poco en sus investigaciones, había estado cansada y durmiendo mal, por lo que, sin dudarlo, le había pedido un favor a Sir Starrk.

- ¿Otra habitación? ¿Para usted sola? – Preguntó con asombro el castaño, mirando a los ojos de la princesa, notando que las ojeras enmarcaban más y más su mirada -Princesa, perdone que lo diga de esta manera, pero, no es posible

Suspiró, cansada, necesitaba dormir, por lo menos un día entero, pero necesitaba la ayuda de ese hombre.

-Se lo pido como un favor de la princesa de Caelestis, esposa del Rey de Glacies- Asami miró al hombre, y debía usar el arma más vil que tuviera, con tal de obtener lo que quería -Se lo suplico, Sir Starrk, no puedo conciliar el sueño a su lado, me volveré loca si no consigo dormir una sola noche más

Seriedad, era todo lo que podía expresar en su mirada, porque estaba pensando, la conocía mejor que cualquiera (o eso pensaba), y verla en ese estado, solo podía darle la señal que necesitaba, el impulso.

-Hare lo que pueda- Respondió finalmente, suspirando con pesadez -Ahora, recuéstese en el sofá, descanse un poco, la despertaré en unas horas, y probablemente, tenga la habitación lista

Había transcurrido solo una semana desde aquella petición, había pasado dos días enteros en aquella habitación, dormida, descansando, recuperándose, y claro que Tōshirō había reclamado y reprochado, pero esta vez, ella no se dejó doblegar; no le importo que aquello le molestara, había elegido su paz y tranquilidad a cambio de sus beneficios.

Y ahora, sentada en la habitual banca que siempre ocupaba, tomaba el té, acompañada de su fiel compañera y su inseparable amigo; aquel zorro blanco se acurrucaba a las faldas de su vestido y capa.

….

-Sabes que nos meteremos en problemas ¿verdad? - Dice Saya, alzando la voz para que Sato pudiera escucharla durante su apresurado vuelo.

-Y, aun así, me seguiste- Alardeo el chico, contento en parte, de que su melliza le hiciera segunda en sus locas ideas; siempre había sido así, desde pequeños -Y no estamos faltando a la orden de Takeshi en sí, piénsalo, dijo que no podíamos volver a Glacies, pero mientras no pisemos el suelo de Glacies, no estamos ahí

-No puedo argumentar nada contra esa lógica- Respondió, continuando con su vuelo por encima de las nubes, donde nadie podía verlos.

Era fácil saber que ya estaban por encima de aquel reino ya que la temperatura comenzaba a bajar, por lo que no era tan necesario tener a la vista el reino de hielo, además, no había en si tantas nubes para taparles la vista y en caso de que un saldado de Glacies los interceptara, su rango y estatus les permitía decir con todas las de la ley que estaban inspeccionando los reinos. En pocas palabras, tenían todo pensado para ver a Asami y disculparse por causarle problemas con su esposo.

No habían podido visitarla en dos semanas por la orden de Takeshi, algo que a ambos les dolió, especialmente porque la prohibición fue por su comportamiento a con el rey y, sin embargo, no les gustaba los términos en que habían quedado con su hermana, especialmente Sato; por lo que se las ingeniaron para poder charlar un poco con ella sin faltar directamente a la orden de su rey y hermano mayor.

Comenzaron a sentir el helado frio en sus rostros, por lo que activaron su magia de fuego y se quedaron sobrevolando a una altura considerable sobre el castillo, cuyo gran jardín apenas y podían ver desde aquella altura.

-Espero que de verdad este en el jardín- Espeta Saya, con un leve atisbo de nerviosismo.

-Hay una manera de estar seguros- Envió una ráfaga de viento al jardín, la cual, vuelve en cuestión de segundos, trayendo a sus sentidos, el inconfundible perfume que solía usar Hanako y, que posterior a su desaparición, Asami comenzara a usar -Esta ahí

- ¿Y bien? ¿Qué le decimos? – Preguntó Saya, ya que ninguno había planeado como comenzar el mensaje o por dónde empezar.

Al no obtener respuesta de su mellizo, quien era el que parecía más conflictuado, Saya hace un par de movimientos como si estuviese dirigiendo una orquesta, creado una primera melodía que Sato distingue y, sonriendo por la idea de su hermana, empieza a hacer lo mismo, creando una armonía y una voz arrulladora que mandaron hacia abajo en un remolino juguetón.

(Song of the Sea - Ashley Serena)

Habituada a aquella rutina, había tomado el libro de botánica y herbolaría del reino, Starrk se lo había facilitado, por lo que estaba estudiando las plantas de Glacies, cuando un viento extraño la rodeó, y entonces, pudo escuchar la melodía.

Y la entonó.

Between the North, between the South

Between the West, between the East

Between the time, between the place

Entró en la segunda línea de la canción, sonriendo, porque sabía de quien, o quienes, se trataba. Una melodía que solo ellos tres conocían.

From the shell

The song of the sea

Neither quiet nor calm

Searching for love again

Con el ir y venir de aquella ventisca que enviaban, pudieron escuchar la tenue voz de su hermana entonando aquella canción, lo cual, en parte les reconforto, aunque todavía quedaba por hablar con ella.

Continuaron moviendo sus manos para mandar aquella melodía, como si ambos dirigieran cada uno, una tonada con el movimiento de sus manos tan sutiles que parecía que acariciaban el espacio a su alrededor.

¿Cuánto había pasado desde que la ayudaban a conciliar el sueño con aquella canción? Todo había derivado en los días en que su padre y sus hermanos mayores se encontraban lejos del hogar, a veces en batalla y, por ende, ella no podía conciliar el sueño.

Si, sentía como si apenas hubiera sido ayer, y no hace ya varios años. Asami era, por hoy, toda una mujer, pero ellos la seguían procurando como si fuera una niña pequeña; quizá ese era su error, pero no querían cuestionarse esa parte, no hoy. Ahora esperaban que el recordatorio de aquella canción, junto a la caja de musica que le enviaban en una nueva y reconfortante serie de remolinos, le hicieran entender el porqué de su actuar.

Entonó la canción con aquellas melodías que solo ella podía escuchar, con el cabello arremolinándose a su alrededor, y extendiendo sus manos al cielo hasta que la pequeña caja llegara a ella.

- ¿Y que esperan a bajar? - Envió en la última ráfaga, anhelando ver a sus hermanos luego de dos semanas de no saber de ellos.

Observó la caja entre sus manos, ¿sería prudente abrirla?

-Takeshi nos dijo que no podíamos ir a Glacies- Se escuchó la voz de Sato en una nueva ráfaga.

-Pero no estaremos faltando a su orden si tu subes- Agregó Saya, pudiendo sentir en aquella ráfaga, su risa.

Dejo escapar una risita, se puso de pie, sosteniendo el libro en entre sus brazos y sacando sus alas, se elevó, encontrándose con sus hermanos.

-Hola- Les dijo al verlos, con una sonrisa -Los extrañe mucho

Apresó el libro contra su pecho, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.

-Lo lamentamos, de verdad- Se adelantó Saya a darle un abrazo a su hermana, abrazo al que se unió Sato al cabo de unos segundos.

-Takeshi nos cuestionó sobre ti- Habló Sato -Noto que llegamos... algo raros después de visitarte y no pudimos mentirle, así que nos prohibió que viniéramos a Glacies hasta que se calmaran un poco las cosas

Se separaron un poco, y por la expresión de Sato, la menor pudo adivinar que se refería a lo que había pasado entre su hermano y Tōshirō en la última visita.

-No podían mentirle tanto tiempo, es demasiado intuitivo- Afirmó la menor, agradeciendo internamente aquel contacto de afecto que tanta falta le hacía -No tengo cara para verlo a él, yo…

Y se quedó ahí, flotando junto con sus hermanos, ahora sintiendo molestia con su hermano mayor por quitarle lo único que tenía de su hogar en ese lugar; los mellizos eran tan indispensables en su vida ahora, que separarlos era simplemente, lo peor para ella.

-En parte tuvimos la culpa- Admite Saya apenas con una visible sonrisa -Dijo que tu decidiste esto, y nuestro deber es apoyarte y estar ahí para ti. Cuando nos quite el castigo, prometemos no causarte más problemas con Tōshirō

Saya miró a su hermano, quien no dijo nada, aunque si se cruzó de brazos, volteando el rostro a otro lado, con una expresión de inconformidad. Esto hizo a Asami sonreír de manera conmovida, así que suspiró con pesadez, sabiendo, para sí misma, que no sería capaz de contenerse.

-No pude dormir desde ese día, dure... un par de días despierta, día y noche, hasta que le pedí a Sir Starrk que me diera una habitación para mi sola, y claro que se opusieron, Él se opuso, pero, me mantuve firme- Se mordió el labio, viendo un poco de la sonrisa fanfarrona de Sato -Así que tengo casi una semana que no duermo con él, no sé en que pueda perjudicar a la alianza esta decisión, pero fue la condición que puse para poder quedarme en Glacies

Sato deja salir un largo suspiro, volviendo luego la vista a su hermana.

-Puedo asegurarte de que me quedare un poco más tranquilo, aunque no del todo- Admite, frotándose el cuello, buscando tranquilizarse -Prometo controlarme, al menos, lo intentare, estamos tratando de convencer a Takeshi para poder visitarte oficialmente

-Y si aún se te dificulta dormir…- Saya señala la caja que Asami sostenía en las manos -Esperamos que eso te ayude

-Las hadas nos ayudaron a forjarla, pero no hubiéramos logrado nada, si las sirenas no hacían su magia en ella- Explica Sato, causándole más curiosidad a Asami, guiñándole un ojo -Caelestis a domicilio

Asami abrió la caja, escuchando nuevamente la melodía, más suave, más misteriosa y mítica, tal como la recordaba, como ella siempre la había escuchado.

-Gracias, de verdad, no saben cuánto aprecio esto- Afirmó, abrazando a sus hermanos, serenándose -Tōshirō no levantó actas contra ustedes, pero no duden en que lo hará la próxima vez, me mantendré lo más alejada de él, aunque realmente es difícil, de hecho, tampoco estoy cenando con ellos, sé que no lo estoy haciendo bien, pero necesito tranquilizarme, tal vez, pueda volver a la normalidad luego de que reflexione todo lo que estoy haciendo mal

-Recuerda que eres una Caelestis- Dice Saya con orgullo y firmeza, imitando la pose que Sato sostenía, haciendo honor a su título de mellizos.

-Toma tu lugar, no huyas- Secunda Sato -Ningún Caelestis huye

-No voy a huir, pero si le hare un poco la vida imposible a ese hombre- Dijo burlona, golpeando a ambos con el puño -Ahora, debo despedirme, no quiero que piensen que hui, los vere pronto

Volvió a abrazar a sus hermanos, llenándose de vitalidad, de fuerza, luego miro a Sato.

-La próxima vez, dale tan duro, que nunca olvidara el sabor de tus puños- Agregó burlona, sonriéndole a su hermano -Saya, solo sigue siendo tu

-Esta vez, con tu permiso- Dice Sato alzando el dedo pulgar y sonriendo fanfarrón; ambos mellizos con el mismo gesto nuevamente.

-Y yo a la próxima no me mediré en palabras- Afirma Saya, sonriendo.

Y tras intercambiar unas cuantas risas, con lo que los tres se sintieron más tranquilos y regenerados, los príncipes de Caelestis se retiran antes de que Takeshi notara su ausencia. Aunque no era raro que era su costumbre andar volando por ahí, estando en aquellas circunstancias podría sospechar.

(Ataecina - SALDUIE (Ambaxtos, 2021) ft. Xana Lavey)

Saya salió al alba, esas runas seguían dando vueltas en su cabeza, así que debía ir a investigarlas, intuía que eran importantes y si algo les enseñó su antiguo general, era siempre hacer caso a sus intuiciones.

Llegó al lugar donde sucedió el atraco con aquellos bestials, esperaba que fuese el lugar exacto, no podía estar del todo segura ya que las huellas de las carretas y pisadas se habían desvanecido, sin embargo, podía aun sentir los vestigios de la magia de Ikkaku que estuvo usando aquel día, sintiendo una zona en la que se concentraba más poder; ese debía ser el sitio por donde abrió el túnel para escapar.

-Saya- Voltea hacia arriba, de donde escuchó su nombre provenir, observando al general Renji, descendiendo hacia ella.

-Llegas tarde- Le reclama, aunque más que nada para molestarlo, ya que solo se había retrasado por unos minutos.

-Tengo cosas que hacer, yo no tengo a un segundo general en mi reino- Se justifica, mirando con seriedad a la chica, como si le contagiara con su misticismo.

-Si, como sea- Lo evade, causándole al general una mueca de disgusto junto a una venita palpitante en la frente, mientras que ella, se agachaba sobre la tierra, tocando la zona -Estoy casi segura de que por aquí se abrió el túnel, el problema será saber exactamente la profundidad que utilizó para abrirlo

Saya se levanta, colocando ambas manos sobre la cintura.

-Como tuvimos que retirarnos tan apresuradamente, tampoco estoy seguro, ni Ikkaku sabe con exactitud qué tan profundo abrió el túnel

Previamente ya había visitado al general de Terra para ver si recordaba la profundidad con que había abierto el túnel, sin embargo, Ikkaku lo hizo sin cálculo exacto, solo lo hizo apresuradamente para escapar de aquellos bestials; pero, aunque iban a paso apresurado para llegar lo antes posible a Caelestis, Renji también alcanzó a ver algo extraño, una especie de runas que, una vez que informaron a Takeshi sobre el atraco, a Renji le extraño que Saya no lo registrara en su informe ni se lo haya comentado a ninguno de sus hermanos, así que, pensando que no las había visto, lo comentó con ella, resultando que, si las había visto también, pero había dudado de ello.

-Tendremos entonces que averiguarlo…

Saya abría nuevamente el túnel, clavando sus dos espadas unidas con cadenas a la tierra y, en simultaneo, su hermano mellizo iba a todo galope con una extensa sonrisa de orgullo junto con otros de sus soldados en uno de los campos de entrenamiento de Caelestis.

Todos los soldados, liderados por Satoshi, empuñaban firmemente sus espadas, como si aquella arma pesara menos que una pluma en cuanto se topaban con un gigante muñeco de madera que cortaban al galope o, en su defecto, utilizando la magia que ya controlaban, enviando fuertes ráfagas de viento que cortaban aquellos muñecos, oleajes gigantes que los derribaban, aplastándolos con pilares de tierra, o quemándolos hasta convertirlos en cenizas con el fuego.

El orgulloso príncipe daba instrucciones a sus soldados con las manos, indicándoles las formaciones a seguir en aquel ejercicio, en el que los constantes cascos de los caballos se escuchaban en sinfonía junto al metal al estar cortando los obstáculos que previamente Sato había formado en el campo despejado.

Con un movimiento, al extender su mano a la derecha indicaba claramente que atacaran con magia de fuego a los oponentes de madera mientras el guiaba al frente, atacando con ráfagas cortantes de viento; todo se veía en perfecta sincronía y la constante sonrisa, orgullosa y confiada de Sato, cabalgando erguido y con confianza trasmitía a sus soldados el ímpetu de dar todo de sí mismos.

-Muy bien, ahora veamos combate cuerpo a cuerpo- Anuncia Satoshi, alzando la voz sobre el ruido del combate, ordenando y extendiendo sus brazos a los lados -Divídanse, será un ejercicio de ataque y defensa

Todos descienden de sus caballos, colocándose en la posición indicada. Satoshi se coloca al frente de su fila, mientras que, en la otra, se debatían por quien tomaría el mando de aquella actividad.

-Narunosuke- Exclama Satoshi, sobresaltando al mencionado -Tú lideraras el grupo

El aludido, era un chico delgado, a comparación con el resto de los soldados, de personalidad tímida y amable, a simple vista, se creería que era débil pero, sin dudarlo, Sato podía afirmar que había ganado algo de musculatura desde que se alistara en las filas del ejercito de Caelestis hace poco más de un año ¿la razón? Bueno, un poco de su padre, estricto y ex militar, y que quería la misma carrera para su único hijo.

Pero, a pesar de que se mantenía al margen, realizando tareas mínimas, tales como alimentar a los caballos o guardar las armas, evitando participar en otras actividades mucho más demandantes, hasta que Sato y Saya lo incitaron a unírseles más, por ello, ante la orden que le diera el general de liderar el grupo, se mostró un tanto inseguro, aunque dispuesto a obedecer y realizar la labor lo mejor posible.

Su hermana melliza, mientras tanto, se encargaba de un trabajo más tranquilo a comparación, claro, de lo que estaban acostumbrados.

Acompañada del general de Ventus, quien portaba una antorcha para iluminarse en aquel oscuro túnel, buscaban las runas que, en aquella ocasión solo miro de reojo, pero que lograron llamar su atención a su naturaleza curiosa; sin embargo, empezaba a impacientarse, pues a pesar de haber abierto el túnel exactamente en donde su amigo y general de Terra lo hizo para escapar, no lograba encontrar aquellas runas.

Comenzó a creer entonces que aquello fueron solo imaginaciones suyas, pero Renji también las había visto, y por esa razón es que estaban ahí, él sabía que tanto Saya como su hermano contaban con vastos conocimientos de lectura e idiomas en lenguaje antiguo, además, el también sentía que debía ir a investigarlas, pero, por más que caminaban, buscando entre los muros y túneles, no podían encontrarlas.

En los campos de entrenamiento de Caelestis, se llevaba un combate defensivo y ofensivo, tomando el ataque el grupo comandado por Satoshi que, al mover su espada en círculos pasándola por sus manos por el mango, creo un grueso tornado que fue directo al grupo rival.

El soldado Narunosuke, a cargo de idear una defensiva, apenas pudo mantenerse de pie ante los fuertes vientos del general mientras que, en conjunto con los gritos de sus compañeros de que hiciera algo, trataba de tramar una ofensiva. ¿Cómo alguien como él podía contractar al general de Caelestis? No era justo.

-No te quedes solo parado- Exclama furioso uno de sus compañeros -Levanta una pared o algo

Presionado, el soldado hace lo primero que se le ocurre y apenas pudiendo blandir su espada en contra de los vientos, levantando un cúmulo de tierra que lo único que logra es cegarlos. Segundos después ya tenían al grupo rival frente ellos, empezando un desprevenido choque de espadas que muchos apenas y lograron bloquear, y, para temor de Narunosuke, el mismísimo general estaba frente suyo, chocando espada con espada.

-Buenos reflejos- Le felicita el general

-Esto es ridículo- Se exaspera Saya, quien ya había comenzado a cansarse de solo ver pequeñas piedras y tierra -Era una piedra enorme, enterrada entre la tierra, no pudieron haberla movido

-Quizá esté más adelante- Trata de animar Renji, adelantándose, yendo por delante de Saya -Sigamos

Inevitablemente, su vista repara en los hombros de Renji, que se marcaban más al llevar el uniforme de su reino, cuyos colores eran el blanco y verde olivo en el caso de los militares. Llevaba el Su Yari en la espalda, mirándose imponente, sobre todo, cuando le mirara de perfil, deteniéndose a mirar con seriedad una de las paredes.

-Las corrientes de viento se desvían por aquí- Le informa Renji, lo que la hace ir a donde él.

Se acerca a la pared, pasando sus manos con suavidad y lentitud, sintiendo en efecto una mínima parte dura que sobresalía. Inmediatamente incrusta sus dos espadas a los lados, abriendo otro túnel. Renji se acerca para iluminar aquella zona, descubriendo la roca con las runas grabadas.

- ¡Estupendo! - Exclama Saya con euforia, quitándole a Renji la antorcha de las manos, inclinándose para ver de cerca aquellas runas, tentando el relieve con las palmas de las manos -No estaba tan equivocada del lugar donde la vi

Entendía algunas de las inscripciones, pero había cosas que no le quedaban claras y la confundían, no estaba segura si estaba leyendo bien pues, en esencia se hablaba de la luz y la oscuridad fusionadas por la eternidad, se hablaba de la inmortalidad y otras cosas, pero no le daban mucho contexto sobre lo que decía aquella escritura.

Había comenzado un combate en el que el único sonido, era el del metal de las espadas al chocar una contra otra, y quien llevara la ventaja, era el grupo liderado por Satoshi, quienes tomaron la ventaja de tomar desprevenidos al grupo contrario.

Narunosuke mostraba su temor, reflejado en sus movimientos, y quien podía a duras penas, seguir los movimientos de su general, quien era obvio que estaba conteniendo cada golpe, limitándose de usar un porcentaje de su capacidad combativa en la espada, ya que, de no haberlo hecho, le habría derribado desde el primer golpe; pero su rival aun con inseguridad retumbando por todo su cuerpo, no flaqueo, ni se rindió, continuando el ataque contra el general, cuya sonrisa no estaba seguro si era en reflejo de que estaba haciendo un buen trabajo, o por la petulancia ante el combate tan sencillo que estaba brindando en aquel entrenamiento.

-No demuestres duda- Le dice Satoshi al momento en que ambas espadas rozaron una contra la otra -Aunque sepas que no ganaras el combate, pelea hasta el final sin flaquear

Un movimiento de la espalda del general logra desequilibrar al soldado, cayendo de sentón al suelo, pero Satoshi se pone frente a él, en guardia, esperando a que se levantara; él soldado, observando a su alrededor el combate, mirando como el resto de sus compañeros seguían luchando, algunos rendidos, se sentía como estar en una verdadera batalla, una en la que, si se daba por vencido de esa manera, sabría que viviría con la deshonra toda su vida.

Con el cuerpo adolorido por las estocadas de su general, Narunosuke se pone de pie con mucho esfuerzo, cansado, tenía poco tiempo en el ejército y, obviamente, le faltaba la resistencia que tenían la mayoría de sus compañeros, y que habían adquirido con tiempo y dedicación, cuanta más razón, no tenía la resistencia de sus generales, pero, su generale estaba frente a él, de pie, en guardia, y esperando por él, porque seguramente tenía la confianza en él, de que podía dar más de si mismo. Si el general creía eso, entonces el mismo también debía creerlo.

Con movimientos torpes debido al cansancio y al dolor muscular, empezó a balancear su espada en estocadas contra Satoshi, quien se limitaba a recibirlas, pero no a responderlas. Narunosuke podía ver la sonrisa despreocupada de su general, quien lo alentaba a dar hasta la última gota de su energía, y eso estaba haciendo, sentía que incluso su cuerpo gritaba de dolor, pero aún tenía otro poco que dar, solo un poco más, y ni siquiera noto el momento en que el entrenamiento terminó, en como los demás se habían detenido, y ahora las miradas estaban sobre ellos dos, sobre él.

Levantar la espada comenzó a ser una tarea titánica para el soldado, mientras que Satoshi apenas y tenía sudor en su frente, ya ni siquiera se escuchaba el estrepitoso sonido del metal al chocar uno contra el otro, sobre todo, ante la carencia de fuerzas con la que Narunosuke atacaba. En el último estoque ambas espadas se quedaron juntas en una cruz, el soldado apenas y podía respirar, sus piernas temblaban, Sato solo sonrió de forma sincera, feliz, mientras retiraba su espada y ejercía un pequeño empujón sobre la frente del novato y lo tiraba al suelo totalmente exhausto.

-Lo han hecho bien, esto todo por hoy- Anunció Satoshi -Pueden ir a la cocina- Ante lo dicho, exclaman un grito de gozo, claro, como siempre, tras un intenso entrenamiento todos estaban hambrientos -Vamos, hay que ir a reponer fuerzas

Le ofrece a su soldado la mano para ayudarlo a levantarse, lo que lo hace sentir aún más miserable; hubiese preferido que le gritara algo, que le insultara, él no se merecía la amabilidad de los generales.

- ¿Y bien? ¿Qué dice? - Cuestiona Renji, impaciente y curioso ante el silencio en que se había quedado Saya con su vista fija en el muro lleno de runas.

-Nada concreto, no de momento- Saca de sus ropajes un trozo de pergamino que pega a la piedra, calcando con ayuda de un trozo de carbón, las runas al pergamino -Es un lenguaje bastante antiguo, ha dejado de usarse con el paso del tiempo

-¿Crees que puedas descifrarlo? – Renji observó con admiración el ingenio de la princesa.

-Estoy segura de que en la biblioteca de Caelestis hay un libro con estas runas- Terminó con su tarea, guardando el pergamino entre sus ropas de nuevo, entusiasta y satisfecha -Fue buena idea usar el viento para encontrar la roca- Deja ver una sonrisa, más como mueca de satisfacción, y dirigiéndose a Renji, por lo que termina por sonrojarse levemente, ya que la princesa rara vez le alagaba por algo -Muy bien, regresemos cuanto antes.

Saya estaba claramente entusiasmada por su descubrimiento, ansiaba regresar a Caelestis para poder investigar las runas, así que instó al general a avanzar. Si seguían de frente por el mismo camino, llegarían a Caelestis, justo por donde habían salido aquella madrugada, y aunque hubiera sido más fácil salir del túnel e irse volando, la morena iba demasiado abstraída en la calca de las runas, el cual, miraba con el entrecejo fruncido y haciendo un sinfín de expresiones que Renji miraba con curiosidad, procurando iluminarla con la antorcha.

-Se ve que te gusta todo esto- Dijo el general mientras caminaban, aunque terminó por empujarla por el hombro, desviándola de un agujero por el que estaba a punto de caer -¿No puedes esperar a llegar al castillo?

-Cuanto más logre descifrar en lo que llegamos, menos tendré que investigar- Respondió en automático, prestando más atención a las runas.

- ¿Y ya descifraste algo? – Renji seguía atento, por ambos, para que saya no fuera a tropezar con algo mientras leía caminando

-Palabras sin mucho contexto- Exaspera, sacudiendo un poco el pergamino - ¿Hablar con muertos? ¿Monstruos? ¿Prohibida? No tiene sentido, lo único que puedo entender, es que habla de magia prohibida

-Existieron hace mucho años, eran un grupo de magos paganos o algo así ¿habla de eso? – Se agacho un poco para ver el pergamino, y Saya sabía que si, a ella se le dificultaba leerlo, para él era completamente imposible, ya que los conocimientos de Ventus eran limitados.

-No estoy segura, pero se supone que, ante la expulsión de esos magos, se destruyeron todos los registros de magia- Explica, mientras trataba de descifrar algo más -Posiblemente habla más de la historia de aquella batalla- Tendría más sentido, el hecho se había suscitado hace siglos, cuando su abuelo aún estaba en el trono -Si pudiera saber que significa este símbolo, me quedaría más claro de que trata todo esto

Saya terminó por acercar el pergamino a su rostro, tanto, que termino por quitarle totalmente la visión frontal y, como Renji también iba atento a lo que Saya trataba de leer, ninguno vio la raíz que sobresalía delante de ellos, haciéndolos tropezar a ambos; el general a penas alcanzó a equilibrarse y reaccionar, tomando a Saya por la cintura, envolviéndola con su brazo y pegándola a su cuerpo, quedando momentáneamente juntos, demasiado juntos y Saya, por un extraño motivo, tardó en reaccionar antes de poner sus manos sobre el pecho del general para separarse de él.

- ¿Q-qué crees que estás haciendo? – Reprocha, alejándolo de un empujón y con el rostro tiñéndosele de rojo.

-Solo cuidaba que no fueras a caer- Se defiende Renji, aunque también sonrojado por la momentánea cercanía que tuvo con la princesa -Te dije que esperaras a llegar al palacio para ponerte a leer eso, es peligroso estar distraído por aquí

-No me hubiera pasado nada- Responde de manera obstinada, casi como un berrinche, ladeando el rostro mientras guardaba el pergamino nuevamente -Nadie te pidió que me cuidaras

Y sin darle de nuevo la cara, comenzó a caminar a paso pesado, adelantándosele a Renji, que solo suspira resignado siguiendo a la princesa.

El ambiente entre los generales y los soldados solía ser ameno, amigable y lleno de risas durante y después de llenarse generosamente los estómagos tras los arduos entrenamientos.

Claro que mantenían el debido respeto tanto con Saya como con Satoshi pues, además de ser sus generales, eran los príncipes de Caelestis, pero su trato cordial y respetuoso hacia ellos no impedía que también hubiese un ambiente amigable cuando no estaban en alguna misión o trato oficial.

Sato, quien estaba saliendo de la cocina en compañía de algunos de sus hombre, bromeando, caminando hacia el patio de entrenamientos, donde, tras despedirse de sus soldados, miró a Narunosuke blandiendo con ímpetu su espada hacia enfrente, una y otra vez.

- ¡Hey! Tómatelo con calma- Se acercó a su soldado, con actitud jovial y tomando la empuñadura de su espada a la cintura -Recuerda que también el descanso es importante

-General- Se detiene en su práctica para hacerle una pequeña reverencia -Lo sé, pero sentí que, tras mi desempeño en el entrenamiento, tenía que practicar más

Vuelve a tomar con firmeza su espalda para volver a su práctica individual.

-Es bueno que te esfuerces tanto, pero si haces eso tras que acabas de comer tanto podrías...- No termino siquiera la frase, cuando el joven soldado adquirió una tez verde, yendo a vomitar a la cubeta más cercana que encontró, ante lo que Sato solo atino a sonreír incomodo -Bueno, supongo que ahora si puedes seguir entrenando

Bromeó, poniendo una mano sobre el hombro del soldado avergonzado.

-Soy patético- Se lamenta el peli morado.

-A todos nos costó tener la condición para este ritmo de vida, así que pronto te acostumbraras, pero deberás ir poco a poco- Lo alienta Sato, pese a que trataba de animarlo, el rostro del novato aún lucía decaído, muy inseguro de alcanzar la capacidad que tenían el resto de sus compañeros -Tienes buenos reflejos, debes pulirlo, el instinto de supervivencia lo tienes, por lo que te mantuviste alerta en todo momento, lo que hizo que pudieras bloquear mi ataque pese a la falta de visión; y lo más importante, es que a pesar de que sentías que no podías continuar, lo hiciste, y eso es un rasgo importante de quien toma el mando pues, si a pesar de sentir que estas perdiendo y aun tienes el ímpetu de continuar, el resto dte seguirá, no importando en que condiciones estén

El soldado miró a su general, lo había elogiado, y aquel discurso, dicho con tal confianza, logró animar al joven soldado, dándole un poco más de seguridad en sí mismo.

-Gracias, general- Se pone firme, haciendo una reverencia.

-Ahora, ve a descansar- Le ordena, aunque con un tono más amigable, más blanda y menos autoritaria de lo que la daría un general.

Narunosuke había dado el primer paso para dirigirse hacia los dormitorios de los soldados, sin embargo, pudo ver a lo lejos a la bestial gatuna que servía en el palacio; Haineko. Se veía muy amigable platicando con los soldados que lucían mas fuertes, haciendo que su moral decayera, sintiéndose aún más lejos de ser como ellos, de tener la complexión marcada y musculosa de sus colegas, como el tipo de hombres que le gustaban a la bestial tan exuberante.

- ¿Puedo preguntarle algo general? - Habló sin mirarlo, pero sintiendo la mirada del príncipe, concediéndole la pregunta -Usted y su hermana ¿Cómo es que se volvieron tan fuertes? ¿Cuál fue su motivo? Es decir, son los príncipes, con su título real era más que suficiente, no era necesario unirse a las filas de Caelestis

Satoshi no respondió de inmediato, nunca se había puesto a pensar en ello, es decir, sus padres nunca les permitieron ser esa clase de príncipes mimados, y su padre no solo los atasco a todos de conocimientos sobre los reinos y todo lo que se tenía que saber, incluso, lo que no debía ser sabido por nadie más y, sin embargo, su soldado había dado en el blanco porque, no era necesario que ambos fueran generales, ni siquiera ser parte del ejercito de Caelestis, todo había sido por una persona que, al recordarlo, Satoshi sonrió con nostalgia y orgullo mezclados.

-Fue por nuestro hermano, Haruki- Respondió, sonriendo -Desde muy pequeños teníamos intriga de ver los entrenamientos de los soldados, así que un día nos colamos- Hace una pausa, como si se transportara a ese momento -Des el primer día que lo vimos comandar a los soldados, quedamos asombrados, y acordamos con una firme decisión, un día unirnos a él, y desde ese día empezamos a entrenar entre nosotros con ramas como si fueran nuestras espadas

Narunosuke quedo asombrado y conmovido ante esa historia. Ciertamente, no se esperaba que alguien tan fuerte como los príncipes, actuales generales, empezaran sus entrenamientos con simples ramas, como si de un juego se tratase.

-Gracias, general- Hace nuevamente una reverencia -Me retiro

Pasó detrás de sus compañeros que platicaban encantados con Haineko sin si quiera mirar de reojo. No soportaba ver como se contoneaba y coqueteaba con los soldados mucho más fornidos mientras, que él, pasaba completamente desapercibido ante sus ojos, o eso creía, porque al negarse a mirar, no se percató que Haineko lo miraba pasar con desconsuelo, pues su plan de llamar su atención coqueteando con otros soldados no estaba funcionando.

Dos semanas después

Takeshi había convocado a una junta, y no porque fuera necesario, pero debían, finalmente, presentar al Rey de Glacies ante el resto, con todo y las indiferencias que tenían en secreto. Estaba aún alistándose, estaba algo nervioso por hablar finalmente en persona con el esposo de su hermana y, si las cosas se ponían duras, no callaría lo que estaba guardándose.

-Se que estas enojado, todo se conoce en este castillo y nada pasa desapercibido a mis corrientes de viento- Dijo la mujer al acercarse a su hijo y acomodarle el cuello de la camisa -Pero presentarte a una reunión con aquellos tiburones en tu condición…

-Estoy bien, su majestad- Acotó el muchacho, interrumpiendo a la mujer, sonriendo, tomándola de las manos -Esto es necesario, ya tomé mi decisión, y no pasara de esta junta, cuento contigo ¿verdad?

-Lo que sea por mi hijo, mi rey y por mi hija y princesa- Afirmó la mujer, la convicción podía verse en sus ojos, la reina siempre estaba al tanto de los asuntos del rey, y mi entras su hijo no desposara a quien fuera su reina, ella ocuparía ese lugar, siendo su mano derecha -Ahora ve, muestrales de que esta hecho el Rey de Caelestis, el legado de Kai está presente en ti

-Lo que ordene mi reina- Dijo el muchacho, besando las manos de su madre y finalizando por colocarse la capa sobre los hombros.

Todos estaban reunidos y presentes, su cuñado estaba entre la reina de las sirenas y el rey de Aqua, suspiro con pesadez mientras avanzaba hasta su lugar, tomando asiento en su lugar, mirando sus papeles de momento, tomando una inhalación y mirando a todos.

La presentación era lo de menos, sabían quién era, pero verlo ahí, entre ellos, les pareció extraño, su presencia incomodaba, su aura no era la adecuada, no para el momento; se mostraba tranquilo, pero podían sentir la ansiedad en él.

Jugram lo observaba, con frialdad, porque claramente, se había llevado una parte de él, en parte y, por otro lado, se había enterado de lo que sufría la joven princesa.

-Bien, no me queda más que darle la bienvenida al consejo de reyes, rey Tōshirō - Señaló Takeshi, con resignación, mirando a todos, y finalizando con su cuñado -Aquí puede expresar todo lo que su reino necesita, las alianzas que debe forjar nacen aquí, y estoy a disposición absoluta de aceptar las más importantes

Sonrió, con petulancia, mirando al rey de Caelestis.

-No tengo nada que abogar, no aún- Fueron sus palabras, sorprendiendo a todos los presentes -Su hermana está haciendo un trabajo, aparentemente espectacular, en palabras de mi asistente y mano derecha, parece que planea solucionar las cosas por su propia cuenta

-Adulando las habilidades y capacidades de una princesa de Caelestis- Jugram sonaba molesto, podía sentirse el veneno en sus palabras, más de lo habitual desde que la joven princesa abandonará el castillo, desde que viera, con sus propios ojos, la manera en que aquel hombre miraba a la pequeña -Eso no ayudará a su pueblo, alteza; la princesa necesitará su apoyo para…

-Mi reino, mis decisiones- Interrumpió el albino, mirando a Jugram -Confío en que la princesa podrá solucionar los problemas y alianzas que necesitamos para subsistir

-Creo haber escuchado bien- Dijo la rubia sirena a su lado, con frialdad -Ah dicho usted ¿Princesa? ¿Y la coronación?

Tōshirō miró con frialdad a la mujer, que lo miraba por sobre el cuello de su vestimenta.

Takeshi miraba al albino, sintiendo que la sangre le hervía ¡Calma! Debía llamar a la calma.

-La coronación está suspendida de momento, la princesa ha… hecho movimientos a mis espaldas- Todos lo miraron suspicacia -Solicitó una habitación para ella sola

-Eso nos lleva a otra cuestión- Comentó el rey de Ventus, Komui Lee, mirando al rey de Glacies -Necesitan un primogénito, su majestad, la princesa es joven y su descendencia puede ser vasta

-No tenemos intenciones de procrear, no de momento- Replicó el rey, cerrando los ojos -No mientras la coronación no se lleve a cabo, y que el reino tenga todas las necesidades cubiertas

Takeshi sabía que aquel hombre no tomaría a su hermana, y que, seguramente, no lo haría nunca, ¿tranquilidad? No del todo, porque eso significaba que solo había ofrecido a su hermana a los lobos para nada.

El silencio del rey de Glacies, la manera en que observaba y escuchaba las discusiones del resto; ¿qué demonios hacia entonces ahí?

-Tōshirō- Llamo el Caelestis, antes de que saliera de la sala de juntas -Quisiera hablar contigo

Sasakibe cerró la puerta, dejando a ambos reyes solos.

-Ire directo al grano; quiero hablarte como hermano de la mujer que despostaste, no como rey- Dijo directo y claro, desde su lugar -Más te vale que Asami esté bien, que mis hermanos sufran el dolor de mi hermana menor con ira, solo me hace pensar que estás tratándola como el vil soberano que aparentas, sé que le has amenazado y deseo, por tu bien y el de tu pueblo, que cambies tu actitud hacia ella, o me veré en la necesidad de traerla de vuelta a Caelestis y terminar nuestra alianza

-Si tu padre retrasó esto por muchos años, sería porque la princesa no estaba lista para contraer nupcias- Habló el albino, mirando al mayor de los Caelestis con frialdad -Puedes ir por ella cuando gustes, o me veré en la penosa necesidad, de tomar otra esposa que si pueda darme hijos

- ¿Estas insultando a mi hermana? - Takeshi gruño, y la vocecita de su cabeza solo pedía sangre -No quieras venir a hacer tu voluntad aquí, ¿de verdad quieres ver el mundo arder? No te conviene jugar con fuego

Tōshirō lo miró en silencio, aunque mostrando la molestia en sus ojos, ¿Qué si quería ver el mundo arder? Por su pueblo, lo haría, pero no así.

-Con su permiso, alteza…

Y sin una reverencia, Tōshirō abandonó la oficina.

Takeshi golpeó la mesa con furia, con culpa, ¿en qué diablos había metido a su retoño? Lanzó sus papeles al suelo, con frustración; aquella junta no había servido para nada, solo lo había alterado más.

Desposar a otra mujer, eso era lo que más ira y coraje le daba. Aquel comentario despectivo, sin sentido, su hermana era hermosa, igual que las otras, Hanako tenía una belleza única que solo podía ser comparada con la de Asami, ¿Saya? Bueno, ese era otro tema, porque la de en medio se la mantenía renuente a un cambio femenino, más, desde que se convirtiera en general.

De lo que, si estaba seguro, es que odiaría que aquel hombre tocara a su hermana de manera indebida.

Se mordía la uña del dedo con insistencia, desde esa mañana, la princesa caminaba por los pasillos del castillo a sus anchas. Su Rey se había ido a una junta en Caelestis, y si bien le iba, tardaría por lo menos el día entero en volver, antes, quizá.

Pero entonces pudo verla a lo lejos, desde la torre de los hechiceros, como la joven caminaba del brazo de quien fuese su cuñado. Sonrió con malicia, porque sabía que podía comenzar a torcer las cosas, podía hacer que aquella princesa cayera redondita en una trampa, implicar al peli azul, y hacer que la chiquilla se fuera de Glacies, tan simple, y podía volver a reclamar lo que le correspondía; o lo que ella creía que le pertenecía.

Paso el día bajo las sombras, mirando a ambos, escabulléndose de la molesta sirvienta que corría detrás de la princesa, la odiaba, porque podía olerla a metros de distancia, su bestial de lobo le permitía aquello, y que difícil encontrar el punto exacto para poder ver como aquella chica se divertía, reía y suspiraba, ¡suspiraba! El semblante le había cambiado, como si la sola presencia del rey la taimara, y no era por demás, todos eran muy diferentes.

Y comenzaría a movilizar su plan, antes de que volvieran a encerrarla en la torre de hechiceros, porque no estaba lejos de una prueba mental, de hacer crecer sus poderes, para poder tomar su lugar en la torre.

- ¿QUEEEEEEEEEEEE?!

Se había escuchado aquel grito desde la oficina del rey, hasta las aves habían alzado el vuelo, las sirvientas habían dejado caer uno que otro plato de sus manos mientras los restregaban, y la duda invadió a la muchedumbre.

Saya y Sato estaban frente a su hermano, únicamente separados por el grosor del escritorio. Miraban a su rey con pasmo, mientras él sonreía, aunque aún tenía sus dudas.

-Estoy confiando en ustedes para que Caelestis no sea un desastre- Agregó el mayor luego de decirle a sus hermanos que se iría a Glacies más o menos por un día -Yuriko podrá manejar el reino, y ustedes deberán ayudarla, confío en ustedes para que nada se salga de control

Los mellizos se miraron, estaban conscientes de que su hermano, y rey, estaba depositando en ellos toda su confianza.

-Entonces vete tranquilo- Agregó Sato, cruzándose de brazos -Saya y yo nos ocuparemos en la medida de lo posible

-Puedes confiar en nosotros- Saya, secundando a su hermano -Ve a Glacies con calma

Takeshi sonrió, a sabiendas de que podía confiar en sus hermanos. Era solo un día, el mundo no iba a detenerse y las cosas no iban a cambiar.

Y así, con miedo y temor de que algo pudiera salir mal, partió al reino de Glacies al día siguiente a primera hora de la mañana.

Tenía décadas de no volar, por lo que se sintió libre luego de muchos años, abriendo sus alas y sacudiéndolas con melancolía, y hacerlo para ir a ver las condiciones en que su hermana vivía, lo hacía darse un poco de tranquilidad mental.

Sus hermanos tardaban de hora a hora y media para llegar a Glacies, pero eran catalogados como los Caelestis más rápidos, claro, luego de los dragones de viento. El estipulaba que con unas tres horas bastaría si usaba sus habilidades.

Volar por sobre las nubes, observar los paisajes bajo su sombra, los bosques y las ciudades, sonriendo, feliz de ver que la paz continuaba ahí, pero ¿Por cuánto más? Y apretó los puños, acelerando el vuelo, impulsándose con su magia de viento.

Sintió la temperatura descender, por lo que activo su poder de fuego, algo tan simple, que le ayudaba a aminorar el frío.

Descendió frente a la entrada del castillo, los guardias tenían noción de su apariencia, por lo que le reverenciaron, llevándolo ante el soberano del reino.

Seguía en su habitación, recostada mientras permitía que los pocos rayos que atravesaban las nubes le calentaran.

Pero su puerta se abrió y se cerró de golpe, Lilinette estaba ahí, con la respiración agitada y mirando con pasmo a su princesa.

-Su majes… perdón, princesa, tiene que levantarse- Dijo apurada la peli verde, levantando la colcha, asustando a la joven -Deprisa

- ¿Qué pasa Lilinette? ¿Porque tanto apuro? - La princesa apenas tuvo tiempo de sentarse en la cama.

- ¡El rey! - Exclamó, pasmada, con un vestido azul claro de mangas largas, hombros descubiertos y con su respectivo pantalón blanco con tacones del mismo color.

-No Lilinette, nada que tenga que ver con su majes…

-El rey de Caelestis está aquí- Dijo la chica en un suspiro, haciendo a la princesa pasmarse.

-Takeshi…- Dijo el nombre de su hermano en un susurro - ¿Takeshi está aquí?

Lilinette asintió, transmitiéndole esa emoción a su doncella, sin embargo, esta se transformó en miedo.

Había añorado tanto volver a ver a su hermano, que no pensó en el desastre en que se había convertido aquello ¿Cuánto tenía en Glacies? No, no tenía tiempo para pensar en ello, su hermano ya estaba ahí, algo sumamente impensable, sabiendo la cantidad de trabajo que tenía.

Se dejó acicalar por la peli verde, le permitió trenzar y acomodar su cabello, maquillarle las pocas ojeras que aun prevalecían con insistencia, y la argolla en su dedo quemaba, con insistencia, palpitando, sentía que perdería el dedo, pero se calmó.

Verse en el espejo, a solo segundos de ver a su hermano, le hicieron flaquear.

-No puedo Lilinette, no…

Tres golpes a la puerta, su corazón amenazaba con salir de su pecho, sentía que comenzaba a sudar, que todo se venía abajo. Sato no había sido capaz de hacerla reconsiderar sus palabras, pero, Takeshi, él se la llevaba si o si de vuelta a su hogar si no lograba convencerlo.

Lilinette ni siquiera tomó en cuenta el debate interno que su señora tenía, por lo que, sin dudarlo, abrió la puerta, encontrándose con el moreno en la puerta, reverenciándolo, permitiéndole el pase y, una vez él estuvo dentro, ella salió sigilosa.

Lo primero que vio fue a su hermana, lo demás no le importaba, verla a los ojos, con vida, le calmó un poco, pero no era suficiente. Ambos se mantuvieron en total silencio, ella se puso de pie, acercándose lentamente a él, aun con los nervios que amenazaban con hacerla querer huir de vuelta a su hogar con su hermano, con su rey; su protector.

-Estas igual de hermosa que cuando te fuiste- Sus dedos acariciaron su rostro, pasando las yemas de los dedos por sobre las marcas oscuras que, a pesar del maquillaje, no podían ser ocultas del todo -No sabes cuanto te he echado de menos

Y fue el quien acabara con el poco espacio que tenían, abrazando a su hermana, disfrutando su aroma, un aroma que compartía con su hermana desaparecida. Y ella también pudo disfrutar de aquel aroma que tenía en sus recuerdos, la misma colonia que usaba su padre, las telas especialmente confeccionadas para los reyes de Caelestis.

-Yo también te he extrañado mucho- Murmuró ella, acariciándole la espalda y los brazos, separándose lentamente de aquel abrazo tan familiar, que la había hecho soltar unas cuantas lágrimas -A todos…

-Todos en casa te extrañan- Fueron las últimas palabras que soltó él, para luego observar con detenimiento la habitación, muy austera, simple y sencilla, como siempre lo había sido su hermana más joven -Asami…

La voz de su hermano la alertó, él no se ponía serio, además de las juntas con los reyes. Y escucharlo de esa manera, ante ella, solo le advirtió del peligro.

- ¿Te ha hecho algo que tú no aceptaras? – Asami miró con pasmo a su hermano, ¿Saya había hablado? No, no lo diría, confiaba en ella para guardar su secreto, pero, si no lo dijo directamente, entonces… -Necesito que me respondas, voy a tomar todas las represalias necesarias contra ese maldito si te ha hecho algo, el sufrirá más con la perdida de la alianza, y tu volverás a Caelestis, conmigo, si o si

Miedo ¿Por qué sentía tanto miedo de irse de Glacies? Podía irse y ser feliz de vuelta en su hogar. Pero sabía que tenía que responder, porque Takeshi, si bien había aprendido de su padre, podía perder su misericordia, su caridad, todo lo bueno de él podía derrumbarse en poco tiempo.

-Él… solo… tuvimos un malentendido desde el primer día, yo… no puedo decirte todo, esto es entre Tōshirō y yo…

- ¿Me crees estúpido? ¡Dejaste que te humillara! ¿En serio? Permití todo esto por que confiaba en ti, cómo confío en los mellizos, pero ¿tu? Me has fallado de la peor manera, reprimiendo tu sangre, tus raíces, haciéndote la sumisa ante un rey que no te merece- Y sus palabras calaron en lo más profundo de su ser, haciéndola caer de vuelta en la silla, pasmada, porque pocas veces había escuchado a su hermano hablar así, tal cual, su hermano Haruki lo hacía -Solicitaste una habitación para ti sola, lejos de él, no ha habido coronación, el consejo comenzó a hablar de hijos, y ustedes ni siquiera se han tocado, lo entiendes ¿verdad? En algún momento, él querrá estar contigo, no por amor, si no por obligación, y no voy a poder frenarlo…

Paró, porque sabía que había dicho lo que sentía su corazón, todo lo que había estado guardando desde que ella se había ido, desde la primera visita de Saya en la cual, por razones ajenas, había retrasado hablar con su hermana y, sin embargo, ver a Sato volver cabizbajo y si, molesto, lo habían hecho reconsiderar las visitas; pero hablar con aquel hombre, solo había confirmado lo que el más temía, y es que, sin dudarlo, había visto el desinterés en él.

Pero aquello era necesario, lo suficiente para que su hermana entendiera que no podía dejarse manipular de aquella manera, que sus ojos estaban velados, que no veía con claridad lo que sucedía. Y se vio en la necesidad de arrodillarse ante ella, de abrazarla y consolarla, porque ahora, luego del asombro, su hermana había rompido en llanto, y sus ojos amenazaron con traicionarlo mientras ella se aferraba a sus ropas, refugiándose en sus brazos, los cuales, para ella, era como estar entre los brazos de su padre.

Kai nunca había sido directo con nadie, no respecto a porque Asami aún no podía contraer nupcias, porque las puertas a Glacies siempre habían estado abiertas a ese tipo de alianza, Hanako o Saya podían haber ocupado ese lugar, pero ¿Por qué aquello estaba reservado para ella?

-Quiero asegurarme, que por lo menos tienes una vida digna aquí, y no me ire, hasta ver que, por lo menos, la servidumbre de trata bien- Fueron sus palabras para tranquilizarla, mientras acariciaba su espalada a manera de consuelo, mientras esa parte de su corazón se tranquilizaba -Quiero que cuando levantes la mirada, alces el rostro como la Caelestis que eres, firme y sin dudar, que no quede un solo atisbo de la joven que llego a Glacies con miedo, y que demuestres lo que es ser un dragón celestial

Poco a poco los sollozos fueron apagándose, Asami dio cinco inhalaciones profundas, se separó de su hermano con los ojos cerrados, y cuando los abrió, un brillo diferente relució en ellos, su rostro pareció más radiante, las ojeras habían desaparecido casi por completo y su cabello, triste y apagado, había vuelto a relucir ante la poca luz que había en el lugar.

-Estoy lista, no voy a defraudarte, no más- Dijo firme, mirando a su hermano y tomando sus manos -No seré aún la reina, pero este lugar debe saber quién es Asami Yamamoto, de Caelestis

-Esa es mi chica- Sonrió Takeshi, poniéndose de pie y besando el dorso de la mano derecha de su hermana, un símbolo de respeto y reconocimiento de parte de él -Ahora, sería tan amable de mostrarme más sobre este reino ¿Por favor?

-Será un placer, su alteza- Respondió la menor, tomando su vestido y haciendo una reverencia -Pero ¿me permite arreglarme un poco antes de salir? Creo que tengo un desperfecto en mi maquillaje

Tocó una campanilla sobre el peinador, por lo que Lilinette entró de inmediato, reverenciando a Takeshi y llegando a donde su doncella. Entendió el mensaje con solo una mirada intensa de la princesa, se dispuso a maquillarla y dejarla lista en poco tiempo, aunque, esta vez, llevaba unos destellos luminosos en cada lagrimal, un delineado negro sobre sus pestañas que la hacían lucir aún más fiera.

Ambos salieron de la habitación, Lilinette los seguía de cerca, en silencio, mientras podía notar como la presencia de la princesa había cambiado en pocos minutos de ver a su hermano. Ver su sonrisa, la cual había desaparecido en menos de dos días, ahora relucía en su rostro sin problemas, haciéndola revitalizarse, sentirse feliz y mucho mejor respecto a la situación en la que la princesa se encontraba.

La joven le dio un leve recorrido por el castillo, hasta que, sin tener más remedio, se toparon con él, y Grimmjow estaba a su lado; reverenció al Rey de Caelestis, y permaneció a lado de su Rey.

-Sigo insistiendo que no estábamos preparados para su visita, así que espero este disfrutando su estancia en el castillo de Glacies- No había mentira en sus palabras, estaba comportándose de la mejor manera, sin embargo, pudo ver la manera tan fraternal y de confianza que tenían ambos hermanos -Espero que mi esposa este respondiendo sus dudas, de no ser así, Sir Starrk está a su disposición a cualquier cosa que ella no pueda responder

Asami frunció el entrecejo, una acción que el albino nunca le había visto hacer ¿era por la presencia de su hermano?

-Le agradezco su ofrecimiento, pero no estoy aquí para saber más de lo que se- Fueron las palabras de Takeshi, palabras que la hicieron a ella dejar ir la tensión en su cuerpo -Vine a ver a mi hermana, así que no se preocupe, su majestad, no lo molestaré en esta visita

Ambos hermanos reverenciaron al albino, y continuaron su camino.

-Asami- Esta era la primera vez que se dirigía a ella por su nombre, por inercia, volteó a verlo, solo para sorprenderse, por el hecho de que la miraba directamente -Cuando termines de acompañar a tu hermano, quiero verte en privado, por favor

-Como diga, su majes…

- Tōshirō…- Esto la sorprendió aún más, por lo que solo asintió, inclinando la cabeza con respeto y continuando su camino.

Era la primera vez que el albino la miraba de esa manera, despierta, atenta, que había más que solo un gesto pacifista en su rostro, ¿aquella mirada era suficiente para llamar su atención? Porque, si bien le gustaban los retos, ver que podía ser una chica… ¿complicada? No, esa no era la palabra, pero había fuego en sus ojos, y eso, definitivamente si le gustaba.

El caminar con Asami le dio a Takeshi una visión diferente del reino, sobre todo, porque la servidumbre la respetaba, estaban al pendiente de la princesa y siempre tenían una sonrisa para ella; esto le instauro en el pecho un poco de tranquilidad.

-Que hermosa noche- Dijo el mayor mientras miraba las estrellas, con el cielo despejado y la luna brillando en el firmamento - ¿Así son todas las noches?

-No, siempre hay cielo cerrado, las nubes están ahí siempre, no hay sol, y las tormentas amenazan- Completó la menor, mirando el cielo, suspirando -Es como si hubieras traído el buen tiempo a este lugar, me trajiste un poco de Caelestis

Takeshi apresó a su hermana con ternura a su costado, beso su coronilla mientras podía sentir que aquello era como un viaje en el tiempo. Cuando su padre los reunía a todos en el jardín, y miraban las estrellas, con ella siendo una niña pequeña que preguntaba y quería saber por todo lo nuevo y fascinante del mundo.

-Tal vez entienda por qué quieres quedarte- Comentó sereno el mayor, suspirando -Pero no puedo dejar que te quedes más tiempo

-Voy a cumplir lo que vine a hacer, no me iré sin cumplir mi deber

Takeshi sonrió para sí mismo, porque mucho antes de que Hana y Haru desaparecieran, años antes, lo había hecho el menor de sus hermanos varones. Asahi había desaparecido, una misión de búsqueda de la cual, ninguno de sus hombres había vuelto; esa había sido la primera vez, que el luto y la desesperación habían inundado a la familia real de Caelestis.

-Él era igual, primero estaba el deber que sí mismo…

-Sí, Asahi era así, y eso lo aprendí de él- Tomó la mano de su hermano con fuerza, consolándolo por las palabras que estaba por soltar -No es que no quiera irme, es que el deber me ha llamado

-Sí, eso dijo al momento de irse…- Su voz amenazó con quebrarse, mirando a los ojos a su hermana, quien lo miraba con determinación en ellos -Y no volvió…

Hablar de quienes habían perdido no era algo común, pero, últimamente, en su partida, Asami había recordado a Haru, a Hana y, justo ahora, Asahi hacía acto de presencia en su memoria.

Lilinette había aparecido ante ellos, notificando que la habitación del rey de Caelestis estaba lista, por lo que ambos se dirigieron hacia el castillo. Asami acompañó a su hermano, deseándose buenas noches entre abrazos y muestras de afecto y, como no queriendo la cosa, la peliverde llamó la atención de su doncella.

-Princesa…- Dijo la chica con miedo, con tristeza, a sabiendas de que aquello no era nada bueno -Su majestad quiere… verla en su habitación

-Lilinette- Llamó Asami con firmeza, con determinación desbordando por toda su figura -No tengas miedo de decírmelo, estoy lista para enfrentarlo y, sin ti, no puedo hacerlo

La sirvienta mostró una sonrisa, se habían alejado ya del pasillo en que se localizaba la habitación de Takeshi, así que, hablar sin tener que susurrar le ayudo a tomar confianza. Ambas caminaron hasta llegar a la habitación que alguna vez llegó a compartir con el albino.

Asami miró una última vez a la peliverde, le sonrió, y entró a la habitación.

Encontró al albino sentado en la cama, llevaba la camisa desabrochada, el torso desnudo y ese rebelde mechón de cabello que caía sobre su rostro, mientras sus ojos turquesa la miraban.

- ¿Qué necesitas? – Había preguntado ella ante el mutismo del albino, lo que provocó que él se pusiera de pie.

-Dije que quería verte en privado- Se acercó a ella, notando que esta vez no había miedo ante él, no flaqueo en ningún momento, ni siquiera cuando llegara hasta ella - ¿No puede un rey ver a su esposa?

Asami volvió a fruncir el ceño, lo miró con fiereza, y esta vez, no iba a quedarse callada.

-Ahora sí soy tu esposa, ¿Y el pasado mes? No fui más que una muñeca a la cual podías manipular y controlar a tu gusto ¿verdad? – Estas palabras lo sorprendieron, pero su rostro, apacible, no lo mostró -Me alegra haber conocido al hombre con el que mi hermano me uniera en matrimonio para mantener a los reinos en paz

Tōshirō la miró, con una ceja alzada, sonriendo, confundiéndola a ella, como si aquello fuera un juego.

-No me he dado el tiempo para conocerla, princesa, y quisiera que me permitiera el placer de empezar de nuevo- Quiso tocarle el rostro, pero ella se negó, retrocediendo un paso, mirándolo con molestia ¿un puchero? -Quiero que vuelvas a esta habitación

Debía reconsiderar muchas cosas, pero no aquello, quería que quedara entre ellos esa brecha, no porque de verdad quisiera separarse, pero le haría suplicar o, por lo menos lo intentaría.

-Lo lamento, pero ya he tomado mi decisión, y tú, elegiste la tuya desde el primer día- Había una punzada instaurada en su pecho, siempre había pensado, o querido, que aquello funcionara, su madre le daba esperanzas, pero él, solo había destrozado cada uno de sus sueños e ilusiones -Buenas noches

No le permitió tener contacto con ella, solo se dio la vuelta y salió de la habitación. Él solo tuvo oportunidad de soltar un suspiro, dejándose caer sobre la cama aún tendida, mirando hacia el exterior, con la extrañez del cielo despejado, mirando las estrellas.

Por la mañana y con todos reunidos para el desayuno, Takeshi observó nuevamente el comportamiento de los hermanos de Tōshirō ante su hermana, corroborando que, por lo menos, ellos la tenían en estima. Riruka se había mostrado bastante nerviosa ante su presencia, y Grimmjow, sin dudarlo, mantenía el mismo respeto que el resto de los generales.

Pudo notar que la ropa de su hermana, en general, parecían ser vestidos que pudieran ponerse un pantalón debajo, y lo entendía, su magia de fuego no era suficiente para soportar el frío constante de Glacies, no como él la usaba, logrando mantenerse cálido día y noche sin problema alguno.

Y todo se llevó en paz, Grimmjow y Riruka hablaban con ambos reyes, pero en ningún momento, dejaron pasar la presencia de la princesa, Tōshirō lanzaba miradas a quien fuese su esposa, y él, como hermano, no pasó desapercibido aquello.

-Bien, ha llegado el momento de volver a Caelestis- Dijo el mayor mientras miraba los ojos de su hermana -Tienes trabajo, así que cumple tu deber, que estaré al pendiente de tus propuestas

Asami le abrazo, quería fundirse con él, pero sabía que no podía hacerlo, así que, sin dudarlo, le soltó, sin soltar sus manos.

-Haré mi mayor esfuerzo, no lo dudes- Sonrió con ternura, luego dejando escapar una risita burlona -Espero todo este bien en casa

-No creo que los mellizos hayan hecho algo indebido, Yuriko estaba al frente, ellos solo debían encargarse de cosas menores- Respondió, burlesco, tratando de no pensar en escenas catastróficas -Envíame cartas, sabes que puedes hacerlo con las corrientes de viento que mamá nos enseñó ¿lo recuerdas?

-Creo que puedo usarlas, sabes que mi magia no es tan fuerte como la de ustedes- Dijo un poco triste, porque todo en ella, era un misterio, su albinismo, su magia, todo era extraño -Pero lo intentare, te lo prometo

Takeshi se acercó por última vez a ella, la abrazo, estrechándola con demasiada fuerza contra su cuerpo, murmurando en su oído.

-Él vuelve a amenazarte una vez más, y se enterará quien es Takeshi Yamamoto, de Caelestis ¿me oíste? – Asami asintió, ella entendió, que aquella sería la última advertencia de Takeshi.

Takeshi se alejó de ella, no había vuelto a hablar a solas con el rey de Glacies, pero sabía que él también había entendido el porqué de su visita. Las alas se abrieron, y Takeshi se elevó en el cielo, desapareciendo entre las nubes mientras el viento arreciaba de nuevo, como si el frío y las tormentas volvieran con la partida del Caelestis.

Volvió a su rutina, esta vez, trabajando con más ímpetu que antes ante la lectura, sobre las flores y las plantas que reinaban en Glacies, a la hora de la cena, volvió a hacerse presente, intercambiando palabras con Grimmjow y Riruka.

Ella no dio su brazo a torcer, pero las malas lenguas habían llegado a él, sembrando la duda y la desconfianza en su propia familia, en su esposa, en cosas que no eran ciertas, pero que el veneno ponzoñoso hacia arder con cada una de ellas. Decirlo era más simple que justificarlo, porque lo había visto desde que ella llegara a Glacies, y ahora, solo debía confirmarlo.

Yuriko había estado más tranquila luego de que su hijo volviera, saber de su pequeña flor la había hecho recuperar el sueño, aunque, aun con algunas inquietudes, dudo en si su hija debía permanecer más tiempo el Glacies; pero no permitió que aquello nublara su buen juicio, y confió en que su hija sabría manejar las cosas y tomar las riendas de lo que pudiera llegar a surgir.

Ahora, tenía otro tema, y es que ya había pasado tiempo desde que su hijo se reuniera con la princesa de Aqua en el castillo.

-Vaya, ¿Quién es la afortunada que merece esos suspiros? – Preguntó la mujer al entrar a la oficina de su hijo, y rey -Un hombre no suspira de esa manera solamente porque sí

Takeshi la miró, con una ceja alzada, riéndose de sus palabras, como si aquello fuera una broma entre ellos, y conocía a su madre, la soñadora que deseaba que pronto contrajera nupcias.

-No mamá, no hay mujer, no hay amor, no hay nada- Volvió a negar sus sentimientos, y lo seguiría haciendo hasta sentirse seguro de lo que estaba haciendo -No quiero que te hagas falsas ilusiones

-No es lo que vi con Isane, ¡Pero que belleza de mujer! No me puedes negar que viste esos hermosos ojos- Su madre repartía papelería, hacia pilas de documentos de los diferentes reinos, acomodándolos sobre el escritorio, mientras Takeshi la miraba con la mejilla apoyada sobre el puño -Deberías tener algún problema visual

-No, ella no se merece esto, además, todavía no estoy listo, sigo trabajando en todo lo que papá dejó pendiente- Suspiró, uno de dolor, de lamentación, por negar lo que, si era, con tal de no sentirse esperanzado.

Y Yuriko miró a su hijo, con la mirada enternecida, con el corazón apachurrado contra las costillas.

-Lo imaginaste ¿cierto? – Takeshi desvió la mirada, lo único que necesitaba su madre para saber que aquello era real -Takeshi…

Y el recuerdo golpeo su memoria, porque, a pesar de que los asuntos de los barcos desaparecidos eran preocupantes y serios, le sumaba el hecho de que tenía la cuestión de los bestials que sus hermanos habían enfrentado y, por los cuales, ahora tenían medidas preventivas con los intercambios mercantiles.

Y ese día, estaba prestándole toda su atención a Isane, quien hablaba con diplomacia y seriedad mientras ambos tomaban el té en una parte del jardín, justo donde sus padres solían pasear como un par de adolescentes enamorados, mientras se deleitaban con la variedad de flores que ahí eran cuidadosamente sembradas y seleccionadas.

(Reik - Háblame De Ti)

Sin embargo, en un momento en el que ni él cayo en cuenta, Takeshi miraba con adoración a la peli gris, ¿escucharla? Un poco, su mente comenzó a abstraerse en su belleza, lo que lo desconcentraba ¡Como había cambiado en los últimos años! Pero se había puesto sumamente hermosa, y no es que antes no lo fuera, pero que llevara el cabello largo ahora, le daba un aire diferente, y le gustaba.

Siempre fue muy refinada y delicada en cada movimiento que hacía, incluso al agarrar la taza y dar un pequeño sorbo al té, y que ninguna gota callera de sus labios, o que la taza hiciera el mínimo ruido al colocarla sobre el plato de porcelana; todos esos detalles le daban aún más, ese aire de belleza real, dignos de una reina.

Y una ráfaga de viento, sutil y delicada apareció como una caricia, llevando un pétalo de gardenia blanca, la cual, aterrizara justo sobre el cabello de Isane de forma tan suave, que la princesa de Aqua ni siquiera lo notó, continuando con sus teoría sobre los barcos desaparecidos, deteniéndose solamente, cuando observó la cercanía de la mano del rey, aproximándose a su rostro, lo que le provocó un hormigueo en su estómago, no sintiendo nunca aquel tacto en su cabeza, ya que lo único que hizo Takeshi, fue retirar l

Debido a una sutil ráfaga de viento, que fue tan delicada que pareció más una caricia, una hoja de una blanca gardenia aterrizo justo en el cabello de Isane de forma tan suave que la princesa de Aqua ni lo noto y continúo hablando sobre sus teorías de las desapariciones de los barcos. Tan solo detuvo su discurso cuando observo la cercanía de la mano de Takeshi aproximándose a su rostro, lo que la hizo callarse al sentir ese hormigueo en su estómago cuando miro que tocaría su cabello, aunque dicho tacto en si nunca lo sintió pues Takeshi únicamente lo que hizo fue quitar el pétalo sin llegar a tocarla con su propia mano.

-Gracias- Susurra de forma apenada, con un adorable sonrojo en sus mejillas.

-No hay de que, aunque, de no ser por eso, no me hubiera dado cuenta de que las gardenias van muy bien contigo- Dice de manera encantadora, con una sonrisa, haciendo el sonrojo de la princesa, aún más evidente -Tenemos una extensa variedad del otro lado del jardín ¿Te gustaría verlas? - Se pone de pie, ofreciéndole su mano como todo un caballero -Despejémonos un poco de estos asuntos, y háblame de ti

Alagada y encantada, Isane aceptó, aún con mariposas en el estómago tomando la mano de Takeshi para caminar junto a él por aquel hermoso jardín.

Iba tan absorto, en compañía de la princesa, que no había notado que estaban observándolos un par de espías, ocultos entre los arbustos.

-Debo admitirlo- Susurra Saya, mirando a su hermano -Lo del pétalo en el cabello fue una excelente idea

-Te lo dije, nunca falla- Se galardona con una sonrisa altiva -Takeshi babea por Isane desde hace años, pero nunca hace nada ¡Tenían años de no verse!

-Pues aprovechemos que vino a Caelestis y démosles un empujón- Dice Saya, chocando puño con su mellizo y siguiendo a la pareja de forma sigilosa.

Y es que desde que eran jóvenes, se notaba la atracción entre esos dos, siendo las circunstancias existentes de ese tiempo, las que no les permitieran la posibilidad de una relación; los tiempos de guerra, las desapariciones familiares, las perdidas generales, no había habido tiempo para pensar en enamorarse.

¿Y ahora?

Aún tenían muchas cosas en la cabeza, sin embargo, el mayor se había permitido disfrutar de la compañía de tan hermosa princesa, de caminar tranquilamente por los alrededores del castillo, mientras ella lo tomaba por el brazo. Isane sonreía con dulzura, como cuando era joven y miraba al mayor de los Caelestis, confirmando en ese momento lo que su corazón sentía por él; y había sufrido en silencio, por las mismas causas que él, por sus reinos, prefirió guardar silencio.

-Entonces, cambiando de tema- Inicia él, agachándose un poco a tomar una de las gardenias del jardín – ¿Qué me dices de ti? ¿Hay algún rey o príncipe que ya haya pedido tu mano?

No había tono en su voz que delatara el porqué de aquel cuestionamiento, no mientras que, con elegancia y respeto, colocaba la flor entre el cabello de la princesa a manera de adorno.

- ¡Oh! No, aún no estoy comprometida con nadie- Sorprendida, se apresura a decir de manera nerviosa, quizá con algo de ímpetu, lo que la hace avergonzarse -Me he dedicado a ayudarle a mi hermano en todo lo posible, así que… - Había bajado la voz, haciendo de aquellas últimas palabras, un susurro inaudible - ¿Su majestad ya ha elegido a su futura reina?

Había temor en su interior, de que él dijera que sí, pero no había escuchado algo sobre compromiso, mucho menos de boda.

-No, he tenido demasiadas cosas de que ocuparme desde que mi padre muriera, tomar el trono, mantener a flote el reino, aunque no dudo de que pronto comiencen a presionar para que tome una esposa- No se sentía feliz con aquellas palabras, sobre todo, porque ahora que la volvía a ver, algo renació en su interior, lo que lo hiciera sonreír de manera apacible ¿Podría ser? Bueno, Isane le gustaba desde hace tiempo atrás, pero se habían tratado tan poco.

Sería correcto considerarla, a ella ¿Cómo su futura reina?

Ambos continuaron su paseo, él ofreció su brazo, y ella lo tomó con gusto, continuando con su andar por los jardines.

Tan cómodos con aquello, con la paz que se transmitían y que se permitieron, olvidando momentáneamente lo que estaba ocurriendo en el resto de los reinos, que ninguno se percató de que seguían espiándolos, de hecho, tenían a los mellizos espiándolos prácticamente frente a sus narices, pues, en cuanto se alejaron, Sato y Saya salieron de entre las gardenias.

-Eso, para mí, fue una propuesta muy directa- Analizó Sato, acariciándose la barba por el mentón.

-Sin duda alguna, y lo mejor es que, gracias a Isane, nuestro hermano ha olvidado que estaba enojado con nosotros- Festeja Saya con una sonrisa, chocando las palmas con su hermano.

- ¿Qué hacen ustedes dos aquí? – Ambos se quedan tiesos al escuchar la voz de su madre, que se acercaba a ellos con los brazos cruzados y la ceja alzada.

-Nada, madre, estábamos…- Empieza Sato, pero no logra formular ninguna excusa creíble, por lo que Saya termina por golpearse la frente con la mano.

-Sólo queríamos entrenar un poco, juntos…- Respondió Saya, con Sato asintiendo efusivamente.

-Ajá, y justo en el jardín donde su hermano está paseando con nuestra invitada- Ladea aún más la cabeza, dando a entender que aquella mentira no tenía validez, y dando unos golpecitos en el suelo con su pie.

-En nuestra defensa, no sabíamos que estaba aquí- Se excusa Sato, cayeno en cuenta de algo que no cuadraba -Un momento… si tú sabías que Takeshi estaba por aquí con Isane ¿Qué hacías aquí?

Fue el turno de Yuriko de verse acorralada, pensando de manera rápida, manteniendo su compostura, pese a la mirada acusatoria de sus hijos.

-Estaba asegurándome de que se les esté dando el debido cuidado a las gardenias- Y con la elegancia y porte de la reina, se inclina ante las flores para observarlas con detenimiento, siendo esto, mucho menos creíble que la mentira de los mellizos, que estaban, al igual que ella, espiando a Takeshi -Ustedes sigan con su entrenamiento lejos de mis gardenias, vayan y luego me cuentan cómo les fue

Esa era la señal que necesitaban, el permiso de su madre para continuar espiando a su hermano, así que se apresuraron a seguirlo con sigilo.

Yuriko miró como sus mellizos se alejaban, suspirando ante la gardenia que sostenía contra sus labios, sonriendo.

-Está siguiendo el mismo camino que tú, ayúdalo un poco, por favor ¿quieres?

Y usando su magia, elevo la gardenia, desapareciéndola en el infinito cielo.

A un mes de la visita de Takeshi, Asami seguía renuente a volver a la habitación con Tōshirō, lo que le daba a él los motivos suficientes para creer en las palabras de la peliverde, las cuales, ardían en sus oídos como el aceite caliente.

No tenía el tiempo suficiente para observar a su hermano y a su esposa, sin embargo, los momentos en que él se disponía a averiguar un poco sobre el asunto, podía ver como la chica sonreía, como lo tomaba de las manos, en como la confianza hacia el peli azul era más de la esperada.

Las cenas se habían vuelto una guerra de mirada en los últimos días, por lo que, sin dudarlo, Grimmjow o Asami se negaban a decir algo, lo que lo molestaba en demasía, haciéndolo retirarse de la mesa antes de tiempo.

Esa tarde, y con la paciencia colmada, preguntó la princesa, sabía que pasaba algunas horas al día en la oficina de su mano derecha y que, luego de eso, pasaba algunas horas en el jardín, y la había visto ya con su hermano en varias ocasiones, igual que siempre, riendo y charlando. Lo que no se esperaba esa tarde, es que ella iría a buscarlo al área de entrenamiento de los caballeros, ¿Por qué iría ella hasta ese lugar?

Claro, pudo verlos volver, tomados del brazo, riendo y charlando. Y no podía fingir que no pasaba nada, sabía que entre ellos podía haber algo, porque su hermano tenía el carisma que él no había podido tener para con su esposa, que solo se había dedicado a hacerle la vida imposible, que remediar las cosas solo había hecho que se alejaran.

Habían tomado asiento en una banca del jardín, con un silencio incomodo instalado entre ellos, tal vez porque había más de lo que ellos mismos pensaban o, simplemente, porque estaban mintiéndose mutuamente.

Ese día hacía menos frío del esperado, por lo que, sin pensarlo, Asami se había puesto un vestido que, si bien dejaba ver su esbelta figura, también podía aprovechar el no llevar esos molestos pantalones térmicos.

-Pareces disfrutar del día- Expresó Grimmjow al ver su sonrisa -No es como que estemos muy acostumbrados al sol, pero también lo disfrutamos

Ella amaba los días soleados, disfrutaba pasar horas en el jardín de su madre, recolectando flores.

-En Caelestis nunca hace frío, siempre hay flores hermosas, y podía pasar horas en el jardín de mamá- Sonrió por el recuerdo, frotándose las manos, activando un poco la magia de fuego para calentarse -No me disgusta Glacies, es solo que no puedo disfrutar del entorno, agradezco el diseño de mi ropa, pero no me acostumbro a esto

Grimmjow colocó su mano sobre la de ella, estaba tibio, ambos se miraron a los ojos, y se sonrieron.

-Así que todo lo que oí era cierto, esto es lo que pasa cuando ustedes dos están solos- Su voz los tomó por sorpresa, pero casi de inmediato, Asami miró a su esposo con el ceño fruncido, con molestia, con confusión, de la misma manera que su hermano -Estas faltando el respeto a la corono, tú ¿mi propio hermano?

-Nadie está faltando el respeto a la corona- Respondió, levantándose para mirar a su hermano -Eres tú el que se está haciendo ideas equivocadas ¿la bruja te engaño? Claro, quiere deshacerse de ella…

-No quieras cambiar la historia, vienes todos los días a ver a mi esposa, hablas con ella, ríe contigo- Por supuesto que estaba molesto, porque su hermano pudo acercarse a ella, como él hubiera querido luego de aquella visita donde sus ojos lo habían atrapado - ¿Qué quieres que crea de eso? Respóndeme, Grimmjow, ¿La quieres?

¿Como podía él responder a eso? Claro que la quería, había aprendido a quererla, a entenderla, a comprenderla; había pasado tantos días a su lado, que podía sentir perfectamente cómo se sentía y, sin querer, se había dio enamorando lentamente de la princesa.

-Se perfectamente quien metió todas esas ideas en tu cabeza, solo estas dejándote manipular por ella ¿no lo entiendes? - Tranquilo, sin ningún atisbo de molestia, así fue su respuesta -La princesa es tuya, yo solo cumplí un favor a su hermano, así que déjate de idioteces

-Entonces es verdad- Afirmó el rey, apretando los puños -Grimmjow, te conozco desde hace muchos años, y reconozco tus mentiras cuando las escucho, y tú- Señalo a Asami con la irá enmarcando sus ojos -Solo te dejaste engatusar, ¿De verdad creíste que podrías engañarme?

Asami miraba con pasmo al albino, le temblaban las manos, más no sabía de miedo o de rabia por que el pensara que estaba engañándolo con su hermano.

- ¡Ella no tiene nada que ver en esto! - Está vez, la mano de Grimmjow se alzó, molesto de que su hermano culpara a la chica, molesto de que la tratara con un objeto, como un premio que ganara por sus actos -Y deja ya de insultarla, desde que llegó a Glacies, no has hecho otra cosa más que humillarla y destrozarla, nuestros padres nunca nos enseñaron a ser irrespetuosos, y tú, solo has manchado sus memorias

No hubo tiempo de reaccionar, no cuando el puño del albino se impactó contra el rostro de su hermano, enredándose entre golpes, cubriéndose de nieve, dejando rastros rojos entre la blancura del suelo.

- ¡Ya basta! - Exclamo Asami, siguiéndolos - ¡Deténganse!

No tuvo tiempo de reaccionar a ello, de asimilarlo, porque ambos se habían transformado en dragones, aumentando la destrucción, aunque podía ser que no fueran los tamaños definitivos para dos dragones de esa edad; sorprendida, admiró los colores de ambos, mezclados entre el rojo y café de la tierra que sus cuerpos sacaban de entre la nieve. Pero la duda se esfumó de ella, cuando también se transformará, siendo interceptada a la primera por el dragón más blanco.

Su garra se posó sobre el cuello, delgado y frágil de ella, con su respiración agitada por el miedo, el temor de perecer ahí. Pero Grimmjow tampoco desaprovechó, deseaba fervientemente vengarse de su hermano, darle una lección por cómo había tratado a quien fuese su mujer. Se alzó sobre la figura de Tōshirō, haciendo que este reaccionara y, que, sin quererlo o desearlo, parte de las espinas de hielo de la cola dañaran a la dragona.

-Huye…- La voz de Grimmjow resonó en su cabeza, y no porque pudieran comunicarse telepáticamente, sino que era una habilidad que tenían los dragones en general para comunicarse.

Y sin pensarlo, alzó el vuelo como pudo, adolorida, herida, sangrando.

-Si alguna vez te sientes en peligro, huye…- Recordó las palabras de su hermano, y no dudo en volar de regreso a Caelestis.

Y mientras volaba con pesadez, envió un mensaje a sus hermanos, esperando que fuera interceptado por algún dragón de viento, Saya o Sato.