Este fanfiction es del tipo YaoiSlash, lo que significa que se describen escenas de amor, romance, sexo y violación entre hombres. Si el tema no es de tu agrado, te pido cordialmente que te retires. Estás avisado, no acepto reclamos.
Si disfrutas del YaoiSlash tanto como yo solo me queda advertirte que si eres fanatico de Percy Weasley este fic no es para ti.
Ahora, si aún quieres leer, estás en libertad de hacerlo.
Dos cuerpos, un alma
by Emiko Mihara
2° Capítulo "Agua Roja"
El sol entraba a raudales por la ventana de la habitación. En ella, dos camas en las cuales descansaban dos figuras muy similares. Una de las siluetas comenzó a moverse, incomoda por la molesta luz que le daba en la cara. Se dio vuelta varias veces y se tapo la cabeza con la almohada, y justo cuando estaba apunto de volver a dormirse, un grito, termino de alertar sus adormilados sentidos:
- ¡FREEEEED¡GEOOOORGE! – se escucho la potente voz de Molly Weasley, desde la cocina - ¡BAJEN A DESAYUNAR! -
La mujer rechoncha y pelirroja, apuntaba con su varita de aquí a allá. Los platos volaban desde las estanterías hasta tomar su lugar en la gran mesa en el centro de la cocina. En el fuego, una sartén repleta de tocino y huevos fritos, escupía de vez en cuando un poco de aceite. Una jarra de vidrio le servía el café en su taza favorita a Arthur, mientras que por la escalera bajaban Ron y Ginny, ambos con batas sobres sus pijamas y sumamente despeinados. Murmuraron un «Buen día» por lo bajo y se dejaron caer en sus sillas.
- ¡BAJEN AHORA SI NO QUIEREN QUE LOS VAYA A BUSCAR YO! – amenazó la mujer, cansada de esperar alguna señal de vida de sus hijos gemelos. Unos segundos después de gritar, se escucharon unos pasos y un muy leve «Ya bajamos, mamá» que dejo a Molly satisfecha por un rato.
Arriba en la habitación de los gemelos, George estaba parado junto a su cama. Miraba por la ventana mientras estiraba los brazos hacía arriba junto a un gran bostezo. Miró con pereza el reloj de arena que tenía colgado en la cabecera de su cama. Más de la mitad de la arena había pasado hacía abajo. Eso significaba que había dormido cuando menos unas diez horas. Bostezó de nueva cuenta y se giró para ver la cama de su hermano.
Fred estaba tapado hasta la nariz, envuelto con las sábanas como en un capullo. El mayor se rió bajo. No importaba cuanto tiempo pasara, para George, su gemelo siempre sería un niño pequeño al que había que cuidar. Se acercó hasta arrodillarse junto a la cama.
Cualquiera pensaría en lo extraño de la situación. «Como verse en un espejo» les había dicho una vez su amigo Lee Jordan, pero no había en el mundo mentira más grande. Por lo menos así lo veían ellos. Por ejemplo, George era pulgada y media más alto que su gemelo y Fred, tenía un pequeño lunar debajo del ombligo. Pero más allá de las diferencias físicas que tenían, las cuales eran muy pocas, sus caracteres eran totalmente opuestos. Fred siempre demostraba ser el más imaginativo, aunque era demasiado vergonzoso como para admitirlo. George en cambio, era más extrovertido aunque no tan inteligente. De alguna forma, ellos sentían que se complementaban. Fred era el cerebro y George la actitud...
- Fred... Fred... – comenzó a susurrarle al oído mientras lo sacudía un poco – Despierta dormilón... – termino en tono de burla al ver un ojo caramelo entreabierto en medio de la melena colorada.
- Nnhnnoohhh... – se quejó el menor y quitando el brazo de su hermano se tapó la cabeza con las sábanas.
- ¡Fred¡Vamos! – George se arrojó sobre su gemelo y comenzó a forcejear, intentando quitarle la sábana - ¡Mamá ya nos llamó a desayunar! -
- ¡Déjame en paz! – se quejó Fred, quitándose a su hermano de un empujón. George cayó sentado en el piso de la habitación, viendo con mirada intrigada a Fred, que seguía sentado en la cama.
- ¿Te sientes mal? – le pregunto. Cuando lo viera acostado no había notado lo que ahora si. Fred estaba muy pálido, tenía ojeras y sus ojos estaban inyectados de sangre. Tenía el pantalón del pijama al revés y temblaba débilmente.
- Estoy bien... No tengo nada. – mintió, esquivando la mirada de su gemelo.
- ¿Seguro? -
- ¡Ya te dije que estoy bien! – gritó.
Ambos se quedaron en silencio. Fred con la mirada clavada en el interesante piso de madera mientras su hermano no dejaba de preguntarse que bicho lo había picado.
- ¡PARECE QUE SÍ QUIEREN QUE LOS VAYA A BUSCAR YO! – escucharon gritar a su madre desde la cocina. Fred se dejó caer acostado en la cama nuevamente, mientras George se paraba.
- No te preocupes... Le voy a decir que no te sentís bien¿ok? – se ofreció el mayor con una sonrisa. Fred solo asintió y volvió a taparse con las sábanas.
Mientras bajaba por las escaleras, George no podía dejar de pensar en la extraña actitud de su gemelo. No era la primera vez que se despertaba de mal humor. A todos les pasaba alguna vez. Lo que le preocupaba era que estaba pasando cada vez más seguido y no era lo único que le preocupaba. Últimamente Fred se mostraba ausente. Había que llamarlo más de cuatro veces para que contestara y cuando lo hacía, temblaba ligeramente, como si tuviera miedo.
«Si le pasara algo me lo hubiera dicho... Soy su hermano» pensó seguro de la confianza que se tenían uno en el otro. George estaba tan ocupado en sus conjeturas que no noto que, mientras él bajaba por las escaleras, alguien se metía en su pieza...
- ¡GEORGE! – le gritó Molly cuando llegó a la cocina – ¡Tu desayuno ya está frío! – siguió, señalando la mesa en la que Ron y Ginny ya habían terminado de comer y en la que su padre seguía tomando café mientras leía El Profeta.
- Perdón, mamá. – dijo con cara de inocente. Siempre la ponía cuando quería que su madre le dejara de gritar y siempre funcionaba.
- Oh, esta bien... – Molly miró por arriba del hombro del gemelo - ¿Dónde está Fred? -
- No se sentía bien... – mintió hábilmente.
- Mmh... Estoy preocupada... No esta comiendo bien últimamente. – terció Molly.
- No te preocupes mamá. En un rato le subo el desayuno. – respondió George mientras se sentaba y comenzaba a comer sus huevos con tocino que, por un movimiento de la varita de su madre, habían vuelto a estar calientes.
- Arthur... ¿Hoy llevaras a Percy a visitar el Ministerio? – inquirió Molly sentándose junto a su marido. Arthur le respondió sin quitar la vista del diario.
- Si... Hace semanas que me lo esta pidiendo y últimamente no he tenido mucho trabajo, así que... – se calló finalmente después de ir bajando la voz.
- ¿Algo interesante, papá? – preguntó Ron viendo la primera plana del diario.
- No... Nada fuera de lo común... -
Mientras la familia se distraía en la cocina, Percy estaba en el cuarto de los gemelos, "jugando" con Fred... Estaba sentado en la cama del gemelo mientras este, arrodillado frente a él, lamía y chupaba su pene.
- Muy bien... Así... -
Su voz era ronca y jadeaba después de cada palabra. Con su mano derecha tenía asida fuertemente su varita mientras que con su mano izquierda guiaba el ritmo de Fred. Por la comisura de sus labios caía un hilo de saliva, que recorría su mentón y su cuello.
Percy no sabía como, pero Fred se había hecho muy bueno en esto con los años. Percy recordaba, sumido en medio de un mar de placer, como había sido la primera vez que lo obligara a hacerlo... Fue en la escuela, hacía tres años más o menos. Había atrapado a Fred solo en uno de los baños. Lo obligó a entrar en uno de los cubículos y después de amenazarlo, le explico que era lo que quería que hiciera... Fue rápido y en realidad debía de decir que no lo disfruto demasiado... pero eso fue cambiando. De alguna forma, el pequeño fue haciéndose de experiencia. Solo con Percy, claro. El mayor sabía que Fred jamás se atrevería a estar con alguien que no fuera él. Por vergüenza, obviamente...
- Ah... Siiiii... Así pequeño... -
Con una de sus manos, Fred masajeaba los testículos de Percy, que gemía sin ninguna restricción. Comenzó a lamer lentamente la cabeza, mientras con su mano libre refregaba el tronco de arriba a abajo, recibiendo más gemidos roncos en respuesta. Dejó de lamer la punta repentinamente, para comenzar a lamer lentamente los testículos. Lo hacía con fuerza, mientras sus manos seguían masturbando el tronco y la cabeza.
- Mmh... Pequeño... – medio gruño Percy. Estaba a punto de llegar al clímax.
Fred dejó los testículos y se introdujo todo el pene de Percy en la boca. Lo lamió de arriba a abajo, una y otra vez, hasta que con un ronco gemido de su hermano, sintió su boca llena de esa esencia viscosa y caliente. La trago con maestría y siguió lamiéndolo hasta no dejar rastro de ella. Recorrió la cabeza con la punta de la lengua y luego el tronco, junto con las ultimas caricias de sus manos blancas.
- Ah... Por Merlín... – dijo Percy poniéndose de pie, Fred miraba el piso con los ojos vacíos – No sé como lo haces... Pero sea cual sea tu secreto... Sigue así, pequeño... – se arrodilló frente a él y tomándolo por la nuca lo beso. Lamió sus labios hasta que Fred abrió la boca, dejando que una furtiva lengua se metiera en ella, probándolo todo – Delicioso... – siseó separándose del gemelo.
Abajo, en la cocina, Arthur comenzaba a impacientarse por la tardanza de su tercer hijo mayor.
- ¿Percy¿Te falta mucho? – lo llamó – Ya tendríamos que estar saliendo... – se lamentó.
- Ya bajo, padre. – respondió Percy, sin dejar de ver a Fred – Tengo que irme... No me extrañes¿eh? – le susurró en tono burlón mientras hacia un circulo alrededor de él con su varita – ¡Portantimenta! – dijo en tono seguro. Sobre su cuerpo apareció un traje color negro y sobre sus hombros, una túnica del mismo color. Cuando desapareció detrás de la puerta, Fred gimoteó débilmente y recostándose en el suelo, comenzó a llorar.
«Ya no lo soporto... Quiero que termine... ¡QUIERO QUE TERMINE!»
- ¡Ah¡Percy¡Estas tan guapo! – Molly corrió hasta la base de la escalera y abrazó a su hijo.
Mientras Molly seguía alabando la apariencia de Percy, en la mesa de la cocina, Ron y Ginny se reían... George estaba burlándose de su hermano mayor. Hacía morisquetas, se despeinaba, incluso corto y mordió un trozo de pan para imitar la insignia de prefecto que Percy llevaba orgulloso en el cuello de su túnica.
Después de que Arthur y Percy se fueran, Molly mando a Ginny y a Ron a que se arreglaran también.
- George... – llamó la atención del gemelo – Voy a llevar a Ron y a Ginny a Diagon Alley... Necesito comprar la túnica y los libros para tu hermana y Ron necesita un nuevo caldero además de un libro de segundo que no tenemos... ¿Tú y Fred revisaron la lista de libros como les pedí? -
Hacía una semana más o menos, habían recibido las cartas de Howarts y como todo los años, Molly les había pedido a los gemelos que revisaran la lista de libros para ver si era necesario comprar algún libro nuevo...
- Si... Tenemos todos los libros de la lista, mamá... No necesitamos nada, gracias. -
- Bien, entonces... – La mujer se quedó callada cuando Ron y Ginny aparecieron en la cocina – Bueno... yo... iré a cambiarme. ¡No se ensucien! – les dijo a los más chicos con un dedo amenazador.
- Estás muy bonita, hermanita... – dijo George viendo el vestido azul y blanco de Ginny - ¿Nerviosa? – le pregunto con burla.
- ¿Por qué debería de estar nerviosa? – inquirió la chica con un leve temblor en la voz.
- De seguro se encuentran con Harry... ¿no Ron? – dijo viendo como Ginny se llevaba las manos a la cabeza, peinándose nerviosa. George se rió un rato para disculparse al ver que su madre ya regresaba.
- Ugh.. Se nos acabaron los polvos Flu... Niños, lo siento, pero tendremos que caminar hasta el bar del pueblo y usar su chimenea. -
- ¡Nooo! – se quejaron Ginny y Ron al unísono.
- ¡Mamá¡El bar de O'Brian esta siempre lleno de vagos! – agregó Ron.
- Lo sé... Pero sabes que son los únicos que tienen chimenea en la red Flu... – le explico recibiendo otro bufido de los menores – Vamos... Dejen de quejarse... George. – volvió a llamar al gemelo antes de salir – Recuerda hacer que Fred coma algo¿sí? -
- No te preocupes, mamá. Adiós, niños... – dijo en tono socarrón recibiendo una mirada desafiante de Ron.
Dos minutos después de verlos desaparecer en el camino, entro de nuevo a la casa. En la cocina, se puso a preparar un desayuno para Fred. Pensó que haciendo su comida favorita, conseguiría que su hermano comiera algo, por eso preparaba los Hot Cakes con mucho esmero. Silbaba al darlos vuelta y miraba la escalera de a momentos.
«Que raro... Pensé que el olor a Hot Cakes lo iba a hacer bajar... En fin...»
Suspiro apagando el fuego de la cocina y sirvió los Hot Cakes en un plato. Les puso caramelo y los espolvoreo de canela, porque así los comía Fred. Exprimió un jugo de naranja y lleno un vaso con leche. Sirvió todo en una bandeja y ahí se dio cuenta que no tenía su varita... ¿La había dejado en el cuarto? Tal vez, ahora no importaba tanto. Agarró la bandeja y subió las escaleras.
- Fred... Fred... – llamó a su hermano entrando de espaldas a la habitación. Al girarse, Fred no estaba - ¿Fred? – dejó la bandeja sobre la mesa de noche - ¿Dónde estás, hermanito? – pregunto al aire, empezando a revisar la habitación.
Revisó debajo de las camas y detrás de la puerta. A veces, a Fred le gustaba esconderse para luego salir y asustarlo. Abrió la puerta del armario. Tampoco estaba allí. Bajó las escaleras, para buscarlo en el piso de abajo cuando sintió un dolor muy agudo en su brazo. Fue rápido pero profundo. Tanto que por un momento le hizo perder el equilibrio. Cayó de rodillas en el piso de la cocina y al alzar la vista lo primero que vio fue el reloj de su mamá. Las agujas de Arthur y Percy estaban señalando Traveling (viajando); las de Molly, Ron y Ginny apuntaban Diagon Alley, la suya señalaba Home (en casa) y la de Fred...
«¿Dead Danger? (peligro mortal)»
George olvido por completo el dolor en su brazo y por alguna razón que ni él entendió, corrió directo al baño.
- Fred. -
George no podía reaccionar. Frente a él, dentro de la bañera, yacía Fred. Desmayado.
Rodeado de agua roja...
Continuará...
"Harry Potter" & all caracters related © J.K.Rowling,1997
"Dos cuerpos, un alma" © Emiko Mihara, 2006
