Este fanfiction es del tipo YaoiSlash, lo que significa que se describen escenas de amor, romance, sexo y violación entre hombres. Si el tema no es de tu agrado, te pido cordialmente que te retires. Estás avisado, no acepto reclamos.

Si disfrutas del Yaoi/Slash tanto como yo solo me queda advertirte que si eres fanático de Percy Weasley este fanfiction no es para ti.

Ahora, si aún quieres leer, estás en libertad de hacerlo.


Dos cuerpos, un alma

by Emiko Mihara

3° Capítulo "Dolorosa Confesión"

- ¡SANADORES A LA SALA DE EMERGENCIAS¡SANADORES A LA SALA DE EMERGENCIAS! -

Todo se veía distante ahora, pero aún así, cada vez que la fría voz de mujer resonaba por el hospital, un escalofrío le recorría la espalda. No podía dejar de recordar una y otra vez. Era como una pesadilla... dela que no podía despertar.

FLASHBACK START ---------

- Fred... ¡Fred¡FRED! -

No respondía. No importaba que tan fuerte lo llamara. Y el agua se teñía cada vez de más rojo. Tenía que hacer algo... ¿Pero qué¿Qué podía hacer? El miedo no lo dejaba pensar. No lo dejaba moverse si quiera. Y frente a él, su hermano. Su gemelo. Su otra mitad. Se estaba desangrando... Se estaba muriendo.

Levantó la varita de Fred por sobre su cabeza y pensando solo en que quería ir a un lugar en donde pudieran ayudarlos, lo abrazó fuerte y desaparecieron, para aparecer en el hall del Hospital San Mungo.

Todos a su alrededor se quedaron en completo silencio. Incluso los cuadros los observaban. No le importó, solo atinó a gritar:

- ¡NECESITO AYUDA! -

Al instante los rodearon más de diez sanadores. Uno, alto, robusto y de pelo negro largo, levanto a Fred en brazos y dijo unas extrañas palabras, casi en un susurro. Al instante, y en todo el hall, una fría voz de mujer comenzó a gritar '¡SANADORES A LA SALA DE EMERGENCIAS!' y pronto lo rodeo un gran movimiento. El sanador se hecho a correr con Fred en brazos y desapareció detrás de una puerta gris, seguido por los demás.

George se quedo arrodillado en el piso, manchado de sangre, hasta que una sanadora le dijo que la acompañara. Le habló con una voz tan fría y un tono tan monótono, casi como el de la voz que resonaba desde las paredes. Le explicó, mientras caminaban, que tendría que esperar a que llegaran sus padres y que luego, si todo salía bien, verían al paciente. Lo guió hasta un pasillo gris, con hileras de sillas en cada pared.

George tomo asiento y espero, con la mirada clavada en la puerta por la que Fred había desaparecido...

--------- FLASHBACK END

Pasaron casi dos horas y media hasta que alguien más, además de George, recorrió el frío pasillo, aunque al levantar la vista, el mayor de los gemelos hubiera deseado seguir siendo el único...

- ¡GEORGE¡GEORGE! – gritó Molly mientras se acercaba corriendo hasta donde él estaba. George se puso de pie lentamente y miró a su madre. Tenía el rostro surcado de lágrimas.

«Qué injusto... Yo ni siquiera puedo llorar» pensó en ese momento el pelirrojo.

Molly llegó junto a él y lo abrazo murmurando cosas que George no entendió, a causa del hipo que atacaba la garganta a su madre. Unos metros más allá, su padre, Arthur Weasley, venía caminando seguro, seguido de Percy.

- Hijo. – musitó Arthur y lo abrazó - George¿Qué fue lo qué pasó? – inquirió en su oído, tratando de no demostrar la angustia que sentía.

«¿Qué que pasó? Ojalá lo supiera, papá» pensó el pelirrojo. No sabía que decir. Simplemente no lo sabía

- Yo... – susurró George despacio – Yo... No... No sé... – y miró a su padre a los ojos, como intentando pedir perdón por algo de lo que no tenía la culpa, o al menos, eso era lo que pensaba Arthur.

- No te preocupes. – le aseguró su padre tomándolo del hombro – Todo estará bien. -

Pasaron casi tres horas más hasta que por fin apareció un sanador por la puerta gris. Era mucho más alto que Arthur, casi tanto como Dumbledore, solo que tenía una espalda más ancha. Tenía el cabello largo, negro, ojos oscuros y tez claroscura. Traía la varita en el bolsillo de la túnica blanca y parecía estar muy cansado.

- ¿Ustedes están con...? – empezó pero se detuvo a mitad de la oración cuando vio a George – Sí... Bien. Supongo que ustedes son los padres¿verdad? – preguntó mirando a Molly y Arthur y este último asintió.

- Sí, somos los padres... ¿Cómo está Fred? – preguntó casi de inmediato, dando un paso hacía el sanador.

- Bien... Está muy debil y perdió mucha sangre, pero aún así, va a recuperarse. – dijo deprisa, sin quitar la mirada del rostro del señor Weasley.

- ¡Oh¡Gracias Merlín! – exclamó Molly abrazándose a Arthur.

- Deberá quedarse durante una semana para que se le suministre poción restauradora, porque, como dije antes, perdió mucha sangre y es necesario reponérsela. – explicó el sanador – Luego de esa semana, podrá irse a casa.

- ¿Podemos verlo? – habló por primera vez Percy.

- Sí, sí, pueden pasar, pero solo por un momento. Está muy débil y necesita descansar. – dijo el sanador comenzando a caminar por el pasillo, seguido de los pelirrojos.

Después de pasar por la puerta gris, entraron en una gran sala, repleta de camas. Al fondo, junto a la ventana por la que se veía el ocaso, estaba Fred.

- ¡Hijo! - exclamó Molly corriendo hasta allí, sin cuidar el volumen de su voz.

No tardó en llegar junto a la cama y al verlo, se tapó la boca con las manos y el pañuelo, para no gritar de la impresión: el pelirrojo en la cama tenía vendados ambos brazos, desde los codos hasta las muñecas, y también sus piernas, desde las rodillas hasta la entrepierna. Los vendajes y las sábanas, mostraban un tinte rojo muy ligero y su piel estaba extremadamente pálida. Era casi como porcelana, solo que sin brillo.

- Fred. – musitó George al llegar junto a su madre. Sus ojos se abrieron y sus pupilas se dilataron, solo por la impresión. Ahora tenía suficientes razones para llorar, pero no lo hizo.

Al oír su nombre, el menor de los gemelos abrió sus ojos canela lentamente. Todo le daba vueltas y sentía unas ganas de vomitar que le hacían doler la cabeza. Lo primero que pudo ver fueron esos ojos idénticos a los suyos, mirándolo con algo que creyó, eran lágrimas contenidas.

- Ge... org... e... – susurró apenas audible.

- ¡No hables, hijo¡Estás muy débil! – exclamó Molly adelantándosele a George y tomando la mano de Fred, que se sentía muy fría.

Cuando Arthur llegó junto a Molly y vio a Fred, George podría jurar que vio morir una parte de su padre y que eso se reflejó en sus ojos caramelo viejo. Percy parecía no sentir nada. Solo se quedó de pie detrás de George y no dijo nada, ni siquiera cuando vio el estado de Fred.

- Tranquilo hijo... – murmuró Arthur acariciando la frente de Fred con una sonrisa triste – Todo está bien... -

Acompañaron a Fred durante una media hora más o menos, hasta que una sanadora se les acercó a decirles que el tiempo para visitas había terminado.

- ¡Oh! Pero... ¿No puede quedarse alguien? – medio lloriqueó Molly a la sanadora – Por favor. No queremos que se quede solo. – rogó.

La sanadora mostró una sonrisa complaciente bastante forzada hasta que por fin permitió que alguien se quedara.

- Solo uno... Y debo pedirles a usted y a su esposo que me acompañen pues el sanador interino que atendió a su hijo, desea hablar con ustedes. – pidió tan amablemente como le fue posible.

Molly le pidió a Percy que cuidara de los gemelos mientras ellos volvían y siguieron a la sanadora fuera de la sala. No pasaron más de tres minutos que Percy dijo:

- Voy a la cafetería... – se separó de la pared en la que estaba apoyado y rodeó la cama. Pasando por al lado de George, lo miró un segundo antes de agregar - No hagas nada estúpido¿quieres? -

- ¿Por quién me tomas...? – lo desafió George con la mirada y mientras Percy se iba, susurró: - Idiota. -

George aprovechó que el molesto de su hermano mayor se había ido y se sentó junto a la cama en la que Fred dormía y le tomó la mano. El silencio dominó el ambiente hasta que un murmullo muy débil, le hizo levantar la mirada desde la mano de Fred, hasta su rostro. Estaba despierto y lo miraba con ojos tristes.

- Per... d... ón... -

George se quedó helado durante varios segundos en que no pudo dejar de contemplar los ojos borrosos de Fred... Parecía querer llorar, pero no podía... Justo como él.

- Fred... – musitó acercándose más, apoyando su mentón en el colchón. Su rostro muy cerca del de su gemelo – Fred... ¿Por... Porqué? – logró susurrar despacio, pestañeando rápido para no llorar.

- Y... Yo... – comenzó el menor, también pestañeando pero sin poder evitar que unas lágrimas corrieran por su rostro, al mismo tiempo que lo hacían por el de George.

- ¿Porqué lo hiciste, Fred? – volvió a preguntarle el mayor entre lágrimas, apretando la mano de Fred, para confirmarle que no iba a enojarse con él.

- Ge... org... e... y... o... per... d... ón... yo... n... o... qu... ise... – murmuraba despacio, tomando grandes bocanadas de aire – Yo... n... o... po... di... a... se... gu... ir... m... ás... as... í... – dijo llorando más fuerte, estrechando la mano de George.

- ¿Así... Así cómo? – empezó George, acercando su oído a los labios de su gemelo y repitiendo - ¿Así cómo, Fred? -

George sintió la respiración de Fred. Era fuerte y entrecortada. ¿Porqué se ponía así? Tan temblorosa y profunda. ¿Qué era... lo que le iba a decir...?

»»»«««

Molly y Arthur estaban en una despacho oscuro, iluminado por una pocas velas en las paredes y en un candelabro que colgaba del techo, justo sobre sus cabezas. Habían tomado asiento frente a un escritorio de madera de roble muy antiguo, justo como se los había indicado la sanadora que los había guiado y que luego los había dejado solos, esperando al sanador de cabello largo negro que había atendido a Fred. Aguardaron varios minutos hasta que la puerta se volvió a abrir a sus espaldas, dejando pasar dentro de la habitación al sanador antes mencionado.

- Disculpen que los haya echo esperar... – se disculpó tomando asiento del otro lado del escritorio, apoyando las manos en él.

- No... No importa. – aceptó las disculpas Molly, secándose los ojos con el pañuelo.

- ¿Porqué... quería vernos? – le preguntó Arthur algo nervioso.

- Miren... Voy a ser totalmente honestos con ustedes, así que espero lo mismo de su parte. –

Los Weasley asintieron ante lo dicho por el sanador y aclarándose la garganta, este prosiguió diciendo:

- Después de que detuve el sangrado y cure los cortes en los brazos y las piernas de... de... – dudó al darse cuenta que no sabía el nombre de su paciente.

- Fred... – lo ayudo Molly – Fred Weasley. -

- Sí... Bien. Después de vendar a Fred, le hice una revisión completa para descartar alguna otra herida y... Lo que encontré fue... Bueno... -

- Por favor... ¿Qué fue lo que encontró? – inquirió Arthur y casi al mismo tiempo, Molly preguntó:

- ¿Qué tiene Fred? -

- Verán... Encontré indicios de abuso en el cuerpo de su hijo. –

- ¿A... bu... so...? – repitió Molly horrorizada, mientras se cubría el rostro con las manos envueltas en su pañuelo, comenzando a llorar de nuevo.

- ¿Abuso? – repitió también Arthur – Quiere decir... -

- Su hijo fue violado, señor Weasley. – aseguró el sanador – Más de una vez, debo agregar. -

- Pero... ¿Quién... Cómo...? – empezó a divagar Arthur ante la mirada del sanador.

- Eso... esperaba que pudieran decírmelo ustedes. –

- ¿Qué quiere decir? – murmuró Molly sin entender - ¿Nosotros? –

Arthur levantó su faz y se encontró con la mirada acusadora del sanador. Casi de inmediato se puso de pie:

- ¿QUÉ INSINÚA¿QUE ABÚSO DE UNO DE MIS HIJOS? – gritó echó una fiera.

- Tranquilícese señor Weasley. – le ordenó el sanador, poniéndose de pie también, sacando su varita.

- ¡BASTA POR FAVOR! – gritó Molly poniéndose entre los dos, protegiendo a Arthur –¡Conozco a mi esposo desde niña! Él jamás sería capas de hacerle algo a alguno de nuestros hijos... – aseguró llorando, mirando al sanador – ¡Mucho menos a uno de los gemelos! Por favor... Baje la varita. – le pidió con un hilo de voz y después de unos segundos, el sanador la obedeció.

- Discúlpeme pero... Es mi deber investigar. – explicó el sanador, sentándose de nuevo – ¿Tiene idea de alguien que—? – trató de preguntar, pero el matrimonio negó con la cabeza antes de que terminara siquiera.

- No... No... ¡No! – lloró Molly - ¿Quién... podría...? – comenzó ahogando el resto en el pecho de Arthur, que la estaba abrazando.

- Tranquilícese por favor... – dijo el sanador y con una señal les pidió que se sentaran – Escuchen, por favor... Lo... Lo más probable es que sea alguien muy cercano a la familia... Incluso parte de ella. -

Ante las declaraciones del sanador, Molly tembló entre los brazos de Arthur, que se mantenía frío, para evitar otra explosión de carácter.

- ¿Tienen hijos más chicos que Fred? – inquirió el sanador y Arthur asintió.

- Uno de doce y una de once. – aclaró y de inmediato, el rostro de Molly salió de entre los pliegues de la túnica de su marido para decir con voz temblorosa:

- ¿Usted... cree que...? -

- Tranquila señora Weasley. – la atajó el sanador y se apuró a aclarar la situación – Fred... ¿Se estuvo comportando de manera extraña los últimos meses? -

- ¿Extraña? – repitió Arthur.

- Sí... ¿Dejó de hablar... No se reía... No comía—? – y fue interrumpido por un fuerte gimoteó de Molly.

- Él... Sí... – dijo llorando más que antes – No estaba comiendo, Arthur. – le dijo mirándolo a los ojos – No quería que... lo vieran sin ropa... ni siquiera George... -

- George es el otro gemelo¿verdad? – preguntó el sanador y Arthur asintió - ¿Él se comportó extraño también? – inquirió recibiendo una fuerte negación de la pareja.

- No... él estuvo normal. – aclaró Arthur.

- Bien... Quiero que cuando regrese a la casa, la semana próxima, lo pongan en una habitación separada a la de su gemelo... Y vean si hay algún cambio en su estado. -

- Está bien pero... La semana siguiente a esa, parten a Howarts... – dijo Arthur.

- No se preocupen por eso... Hablaré con el director en unos días y arreglaré un cambio en Howarts también... Deberá asistir a la enfermería del colegio con regularidad para seguir con el tratamiento de pociones restauradoras... – aclaró poniéndose de pie, dirigiéndose a la puerta.

- ¿Eso es todo? – dijo Arthur poniéndose de pie también, junto a Molly. El sanador asintió.

- Sí, aunque... les recomiendo que hablen con su otro gemelo para... Bueno... aclarar las cosas... – aconsejó dejándolos salir.

»»»«««

Cuando Molly y Arthur regresaron a la sala en la que estaba Fred, encontraron a George dormido junto a él, tomándole la mano a su hermano. Percy no estaba.

- George... – comenzó a despertarlo Molly, moviéndolo por el hombro muy despacio.

- Mmhh... ¿Mamá? – musitó abriendo los ojos.

- Vamos... Regresa a casa con tu padre y Percy... – le sonrió medio extraño – Yo me quedaré con Fred esta noche. – aclaró.

- ¿Puedo venir mañana? – preguntó casi de repente.

- Mañana veremos, hijo. – le respondió rápido Arthur, rodeándole los hombros con el brazo, tratando de partir ya.

- Espera papá. – lo frenó el mayor de los gemelos soltándose y regresando a la cama, se acercó a Fred y le dio un beso en la frente – Dormí bien, Fred. Voy a venir mañana, lo prometo. – dijo y volvió con su padre para irse.

Salieron al pasillo y llegando al hall del hospital se encontraron con Percy, que bajaba de la cafetería. Arthur lo retó por desobedecer a su madre y Percy se resguardo en la excusa de que tenía mucha hambre. George solo observó sin decir nada.

Se encaminaron a las chimeneas y usaron los polvos flu del hospital para regresar a la madriguera en la que, Ron esperaba en la cocina.

- ¡Por fin! – exclamó al verlos salir de la chimenea – Preparé té... ¿Papá? – musito al ver a Arthur.

- Ahora no, Ron... ¿Y Ginny? -

- Está dormida... ¿Qué pasó? Y... ¿Dónde están mamá y Fred? – inquirió mirando que nadie más salía de la chimenea.

- Mañana Ron... Anda a acostarte... Ahora. – le dijo Percy.

- ¡Vos no sos papá! – exclamó Ron y mirando a Arthur, preguntó de nuevo - ¿Dónde están mamá y Fred? -

- Ron... – musitó Arthur y mirando a su hijo dijo – Anda a dormir... Es muy tarde. -

Ron echó un bufido al aire y subió las escaleras hasta su pieza, cerrando la puerta con un golpe.

- Yo... también me voy a acostar... – y con un movimiento perezoso de la mano, Percy subió las escaleras también, dejando a Arthur y George, solos en la cocina.

Se vieron envueltos en el silencio y fue Arthur, después de varios minutos, el primero que habló:

- ¿No vas a dormir, George? -

- ¿Qué? No... No tengo sueño... Anda a acostarte, papá... Mañana tenes que ir al ministerio¿no? -

- Sí... – musitó Arthur estudiando a su hijo con la mirada – Sí, tenes razón. Hasta mañana. – lo saludo con un beso en la frente y subió las escaleras.

George se quedó solo en la cocina, solo iluminado por el fuego debajo de la pava con té. Se acercó a la ventana por la que se veía el amplio campo que rodeaba la casa; la luna estaba llena en el cielo negro sin estrellas; todo, incluso el silencio, parecía obligarlo a recordar lo que Fred le había dicho.

FLASHBACK START ---------

- ¿Así cómo, Fred? – le preguntó acercando su oído a los labios de Fred.

- Fu... e... Pe... r... cy... e... él... m... e... me... v... vi... vio... ló... Per... d... ón... Ge... org... e... – dijo el menor cerrando los ojos, sin dejar de llorar.

--------- FLASHBACK END

Continuará...


"Harry Potter" & all characters related © J.K.Rowling,1997

"Dos cuerpos, un alma" © Emiko Mihara, 2006