Konnichiwa minna-san! (Nyu... Hola a todos)
Ok, primero que nada quiero agradecer a Manzanita Roja y Mary Ann Snape por los reviews que me dejaron y especialmente a Alchemist of Wind (Mariel) por ser tan biciosa y lograr que actualizara... Y para todos los que leen y no dejan review... Dejense conocer!
Ahora... Supuestamente este FF iba a ser muy corto (5 capitulos)... o por lo menos yo lo había pensado así... Pero da la hermosa suerte (para ustedes que leen) que he tenido un caudal de inspiración y lo que empeze a escribir como el último capitulo se transformó (al llegar a las 15548 palabras) en los capitulos 5 al 9 (10 sin terminar ni subir todavía) Así que les digo, disfruten esta nueva actualización de cinco capitulos seguidos (en serio, disfrutenla por que no creo que se repita, nyu...) y esperen un par de semanas para el capitulo 10.
Bueno, lean, lloren, griten, difamen, mandenme amenazas... hagan lo que quieran pero dejen reviews... Besos de Emiko Mihara.
Este fanfiction es del tipo YaoiSlash, lo que significa que se describen escenas de amor, romance, sexo y violación entre hombres. Si el tema no es de tu agrado, te pido cordialmente que te retires. Estás avisado, no acepto reclamos.
Si disfrutas del YaoiSlash tanto como yo solo me queda advertirte que si eres fanatico de Percy Weasley este fic no es para ti.
Ahora, si aún quieres leer, estás en libertad de hacerlo.
Dos cuerpos, un alma
by Emiko Mihara
5° Capítulo "La debilidad del bastardo"
La semana en la madriguera pasó como por arte de magia y antes de que cualquiera de los Weasley se diera cuenta, estaban en el andén 9 ¾, esperando con impaciencia a que saliera el tren...
- Y recuerda Ginny: no importa quien sea, nadie tiene derecho a molestarte por ser de primero. – le advertía por enésima vez Molly, logrando que su hija menor se sintiera por demás hastiada - Si alguien lo hace, debes acudir a Percy... o al prefecto de tu casa. – agregó la pelirroja al recordar que no sabían aún si Ginny sería una Gryffindor.
- Sí, mamá, ya lo sé. – repitió la niña entre dientes, desviando la mirada.
- Y tú, George. – señaló Molly justo cuando el pelirrojo trataba de huir subiendo al tren.
- ¿Sí mamá? – respondió el gemelo girándose en el segundo escalón, con Fred asomando la cabeza por el marco de la puerta.
Molly lo tomó de la chaqueta y lo tironeó para que bajara de nuevo al andén y acercándose al rostro del menor, le susurró:
- Quiero que vigiles a Fred. – le pidió despacio – Tal vez uno de tus compañeros sea... Bueno, ya sabes. – explicó la mujer - Por favor hijo. Cuídalo. – rogó su madre ahogando un gimoteo.
- No tienes que pedírmelo mamá. Voy a cuidarlo. – aseguró George y se dejó abrazar por su madre, dirigiendo una mirada de auxilio a su hermano.
Separándose del mayor de sus hijos gemelos, Molly se limpió el rostro con un pañuelo, y girándose de nuevo para el tren, llamó a Fred, que se le acercó lentamente, como flotando a centímetros del suelo.
- ¿Mamá? – exclamó el chico sorprendido al verse envuelto por los brazos de su madre.
- Por favor... Por favor Fred... – comenzó a gimotear la pelirroja ya llorando – Cuídate hijo, por favor. -
– Estaré bien. Quédate tranquila. - aseguró el gemelo y tomando las manos de su madre las beso.
Cuando el reloj colgado en lo alto del andén dio las 10:55 a.m., todos los pelirrojos subieron deprisa al tren.
Ginny, que no estaba segura de con quien debía estar, encontró a otras chicas que también comenzarían su primer año, así que se pusieron las cuatro juntas en un compartimiento.
Ron se había encontrado con Harry y Hermione en el andén y como lo habían hecho el año anterior, compartieron el compartimiento.
Percy que ya se había puesto su túnica negra y su uniforme en el andén, fue el vagón de prefectos para charlar un rato y decidir las rondas por el tren.
Los gemelos encontraron un compartimiento vacío y se metieron juntos para intentar pasar un rato en silencio, al menos hasta que tuvieron que abrir la ventana para despedirse de sus padres. Arthur agitaba la mano en el aire desde el andén, y Molly estaba hecha un mar de lágrimas...
- ¡Cuídense todos! – gritó la pelirroja antes de que el tren dejara por completo la estación, volviéndose una larga sombra en el paisaje.
Arthur se acercó a su esposa y la abrazó por detrás, dándole un beso en la mejilla.
- Van a estar bien. – aseguró en un murmullo. Molly suspiró.
- Eso espero... -
No habían pasado ni cinco minutos desde la salida del tren, cuando en el compartimiento de los gemelos, Fred llamó a su hermano en casi un susurro, obligando al mayor a despegar la mirada del paisaje al otro lado de la ventanilla, para posarla en los ojos almendras del menor.
- ¿Qué ocurre, Fred? – exclamó George al ver el hermoso rostro tan preocupado.
- Quería... Quería pedirte que... Que no le digas a Lee y a... los chicos. – balbuceó mientras sus mejillas se teñían de carmín.
- Por supuesto que no les diré. – aseguró el mayor – No tenías que pedírmelo. -
Los segundos en que se perdieron en los ojos del otro parecieron eternos y justo antes de que George se rindiera ante los deseos de besar a su gemelo, la puerta corrediza se abrió y un sudoroso moreno entró en el compartimiento, cerrando la puerta y las cortinas segundos después.
- ¡Hola chicos! – los saludó jadeante, notablemente cansado.
- ¡Lee! – exclamó Fred y poniéndose de pie le dio un largo abrazo al moreno.
- ¿Porqué estás así? – le preguntó George, ayudándolo a sentarse.
- Esa es... difícil... amigo. – logró balbucear entre largas y agitadas inhalaciones – Por suerte... logré escapar... – agregó en tono aliviado, cerrando los ojos unos segundos.
- ¿Escapar de qué? – dijo Fred arrodillándose frente a Lee, que parecía un moribundo a punto de exhalar su último aliento.
- Veras— - comenzó el moreno, pero fue interrumpido casi de inmediato por unas risas desde el pasillo y unos golpes fuertes en la puerta.
- ¿Qui— – intentó preguntar el mayor de los gemelos, pero Lee logró taparle la boca con la mano, antes de que se hiciera oír.
- Sshhh... – lo calló – Que no te oigan. – agregó el moreno susurrando.
Luego, les hizo señas para que se ocultaran debajo de los asientos y aunque no entendían muy bien porqué, los gemelos le hicieron caso. Una vez escondidos los pelirrojos, Lee se acomodó un poco la ropa y se asomó por un lado de la cortina para ver quién tocaba. El moreno suspiró cansinamente, al parecer era quién él creía que era, así que Fred y George se quedaron callados, mirándose apenas entre ellos.
Oyeron la puerta abrirse y las risitas desde el pasillo se callaron repentinamente, para ser reemplazadas por respiraciones nerviosas y balbuceos:
- Eh... Hola de nuevo, Jordan... – sonó una voz de chica, que los gemelos no lograron reconocer – ¿Es—estas solo? -
Lee chasqueó la lengua y los gemelos vieron sus pies hacerse a un lado de la puerta. Al parecer se había corrido para que (y ahora lo veían, por la cantidad de pies) las chicas vieran adentro y lo comprobaran.
- No está... – dijo de nuevo la voz de chica en tono decepcionado – Pe—pero... Seguro te está buscando... ¿podemos esperar aquí contigo? – preguntó en tono fingidamente inocente.
Los pies de Lee volvieron a su lugar de antes apresuradamente, con muchísima fuerza y antes de que los gemelos pudieran taparse los oídos, el moreno gritó:
- ¡FUERA! – y la puerta se cerró con un sonoro golpe.
Luego de oír el 'clic' del pasante de la puerta y las cortinas correrse, los pelirrojos abandonaron su escondite.
- ¿Qu—Qué fue todo eso? – inquirió George alarmado y un poco divertido por la reacción del moreno.
- Me han estado acosando desde que llegué al andén... – rugió el moreno dejándose caer en uno de los asientos, mientras los gemelos se sentaban frente a él - ¿Dónde están los gemelos Weasley¿Cuándo podremos verlos? – comenzó a decir imitando la voz de la chica de recién - Y no sé cuantas cosas más... Me han fastidiado de verdad. – exclamó rotundamente, masajeándose las sienes. Le había dado dolor de cabeza.
- ¿Pe—pero porqué nos buscaban? – preguntó Fred intrigado.
Lee suspiró y puso las manos sobre sus piernas, todo sin abrir sus ojos marrones. Cuando por fin los abrió, mostraron una mirada preocupada al menor de los gemelos, hasta por fin decidirse a hablar.
- Fred... ¿Estuviste en San Mungo? – preguntó el moreno.
- ¿Eh¿Cómo lo sabes? – se apresuró a responder el pelirrojo sin medir sus palabras.
- Entonces sí... ¿Qué pasó? – preguntó Lee, ahora mirando a George.
El mayor de los gemelos no esperó más de medio segundo para responder, ya que estaba preparado para esa pregunta.
- Tuvo un accidente con su varita. – explicó usando la excusa que su madre había utilizado con Ron y Ginny.
- ¿Un accidente? – repitió Lee dudoso. Fred rió nervioso.
- Je, je... Estaba intentando hacer un maleficio y me rebotó... – dijo en tono inocente, mintiendo lo mejor que pudo.
- Mmhh... – Lee levantó una ceja, mirando inquisidoramente a uno y otro gemelo alternadamente, intentando adivinar si mentían.
- De todas maneras¿Cómo sabes que Fred estuvo en el hospital? – inquirió George, sin lograr cuidar el tono acusador en su voz.
- Parece ser que la prima de nuestra querida compañera de curso Margo, es sanadora en San Mungo... – comenzó la explicación el moreno, mirando por la ventana – Ella los vio, le dijo a Margo y Margo, a todas las chicas del curso, otras de tercero y a algunas de quinto y sexto también... – enumeró contando con los dedos - ¡Incluso de otras casas! -
- ¿Pe—pero porqué? – insistió Fred. Lee giró el rostro para enfrentarlo.
- Por vos, Fred. – dijo bastante tranquilo.
- ¿Eh? -
- ¿Qué queres decir? – se apresuró a interrogar George.
- ¿Vos tampoco lo sabías, eh? – se medio rió el moreno – Nuestro querido Fred tiene su propio club de fans... – reveló sonriendo.
- ¿Qué yo qué? – exclamó el pelirrojo abochornado.
- Claro... Con esa carita inocente y esa forma de hablar, no me sorprende... – bromeó Lee.
- Basta... – balbuceó Fred sonrojándose.
- Entonces... Es solo por eso. – se alivió George. Por un momento había pensado que habían visto 'algo más', pero para su suerte, no había sido así. Ni siquiera sabían la verdadera razón por la que Fred había tenido que ser internado en San Mungo.
Después de reír un poco a expensas del menor de los gemelos, Lee comenzó a preguntar que clase de maleficio había intentado hacer Fred, pero los gemelos se salvaron de tener que explicárselo, alegando que el sanador McKensie les había prohibido hablar de ello, para evitar que algún otro tonto (en este momento, Fred se ofendió por que su propio gemelo lo llamó 'tonto') se hiriera con él. Aunque si tuvieron que explicarle al moreno sobre los cuidados que tenía que tener Fred durante estas primeras semanas, además del tratamiento de poción restauradora.
- Ahora que mencionas la poción... – dijo Fred mirando a su hermano.
- Mmhh... ¡Ah! – y miró su reloj de pulsera (regalo de navidad de Bill) que daba la una del mediodía – No, Fred... Todavía falta una hora... Aunque¿Quieres que valla a buscarla ahora para no olvidarnos? – le preguntó a su gemelo, ya que era en el baúl de George, en el vagón del equipaje, en donde había una botellita de poción restauradora, para esa tarde.
- Creo que sería lo mejor. – asintió Fred.
- Bien, iré a buscarlos entonces. – se levantó y se acomodó las rodillas de los pantalones.
- ¿Te acompaño? – preguntó Lee, poniéndose de pie.
- No, no. Quédate con Fred por si las locas regresan. – rió al final, antes de salir del compartimiento.
Por suerte para George, lo único con lo que se encontró en el camino al vagón de equipaje fue a la señora del carrito de golosinas, a la que le compró una caja pequeña de 'Grageas Bertie Bott de todos los Sabores' para darle a Fred después de que tomara la poción, ya que su amado gemelo siempre se quejaba del agrio sabor del brebaje.
Al toparse con la puerta del vagón de equipaje, por alguna extraña razón, George presintió que debía de entrar con cautela, por lo que la empujó suavemente, para evitar que crujiera o hiciera cualquier otro ruido, aunque era innecesario, gracias al ruido de traqueteo que el mismo tren hacía.
«Genial... Bloqueado» se enfadó al verse cara a cara con una pila de baúles frente a él.
Miró las iniciales para descartar que alguno fuera el suyo y se escurrió contra la pared y entre otras pilas de baúles, sin dejar de buscar el suyo, cuando unas voces lo pusieron alerta.
«¿Quién...?» pensó medio segundo, asomándose apenas por entre unas cajas de madera...
Un chico de pelo castaño estaba siendo apresado por otro contra una de las paredes del vagón. Traía la camisa desabrochada y su túnica negra estaba tirada en el piso, junto con el sweater bordo y la corbata. Sus manos eran sujetadas arriba por el otro chico, que estaba bastante entretenido, metiendo su mano libre en los pantalones del de pelo castaño, mientras besaba su pecho, su cuello y luego sus labios.
Por un instante, los 'amantes' fueron iluminados por un rayo de luz que atravesó el techo de madera del vagón y George no pudo evitar enrojecerse hasta casi igualar el tono de su cabello¡El chico contra la pared no era nada más ni nada menos que el capitán del equipo de Quidditch de Gryffindor: Oliver Wood!
«Mejor me vuelvo por donde vine» pensó el pelirrojo y estuvo a punto de irse, cuando un gemido especialmente alto de Oliver, llamó su atención:
- Ahh... Pe—Ahahh... Pe—Percy... Ahhahh... -
Demasiado bueno para ser verdad.
El gemelo regresó sobre sus pasos hasta su 'escondite' detrás de las cajas de madera y no evitó sonreír cuando su corazón y su respiración se aceleraron al comprobar que sí, era el bastardo.
«No puedo creer mi suerte... Gracias Merlín» agradeció conteniendo una carcajada.
Oliver se había dejado resbalar poco a poco, hasta quedar sentado con su espalda apoyada en la pared. Mientras le besaba el cuello, Percy se las había ingeniado para terminar de quitarle los pantalones junto con el boxer al capitán de Quidditch.
- Pe—Percy... Nhh... No... – musitó el castaño repentinamente al sentir como los labios del mayor bajaban por su pecho.
- Shhsh... tranquilo. – susurró el pelirrojo.
Aún con las "quejas" de Oliver, la boca y lengua de Percy continuaron su camino a través de la piel ardiente, enmarcando los músculos trabajados del pecho y el abdomen, deteniéndose por algunos segundos a atender los pezones, arrancando unos gemidos por demás eróticos de la boca del otro Gryffindor. Por fin, y justo como había querido desde un principio, Percy llegó hasta el miembro de Oliver.
- Decílo Oli... Te encanta que te haga esto... ¿o no? – sonrió al rostro sonrojado del menor, que al parecer no tuvo la fuerza de voluntad para negarlo.
La sonrisa de Percy se pronunció aún más y bajó su rostro hasta la hombría del otro león para comenzar a lamer la punta de la cabeza, de la que había comenzado a gotear el pre semen.
- Nnhh... Pehh... ehhhaahh... Ahhaha... -
El menor tenía los ojos fuertemente cerrados y sus manos junto a sus piernas cerradas en puño, temblando levemente iguales a sus piernas, flexionadas y abiertas, con Percy entre ellas.
- ¿Queres que pare? – dijo de repente Percy, tomando el miembro con su mano, levantando la mirada hasta el rostro de Oliver.
- Nnhhh... Nooo... – respondió casi de inmediato el castaño, negando también con su cabeza, para luego jadear al sentir como Percy continuaba masturbándolo con su mano, para luego volver a unir su boca a la tarea.
La lengua del pelirrojo subía y bajaba por todo el tronco palpitante, mientras sus dedos acariciaban cada centímetro de piel a su alcance. Los gemidos de Oliver fueron desatándose cada vez más, a medida que los temblores en su cuerpo aumentaban. Todo indicaba que llegaría al orgasmo en cualquier momento...
- Nnaahhh... Per... Pehh... Nnhh... Percy... Nnaahh... -
Una de las manos de Oliver sujetó el cabello pelirrojo con fuerza, segundos antes de venirse en la boca del mayor, con un gemido ronco.
- Haa... Haaha... Haa... – respiraba con dificultad el capitán de Quidditch.
- ¿Seguimos? – instó Percy, besándole el cuello, mientras se quitaba la túnica y se llavaba las manos al cierre del pantalón.
- Nnhh... Percy... Nnhhnooo... – musitó apenas el castaño.
«Es tarde Wood... Aunque no quieras ese bastardo va a seguir» pensó George metiendo su mano en el bolsillo de su pantalón para sujetar el mango de su varita con fuerza. Se levantó de donde estaba y caminó por detrás de las cajas, hasta estar escondido a poco más de dos metros de donde estaban los otros dos chicos.
- Vamos Oli... ¿No te gustó lo de recién...? – murmuró el pelirrojo tomandolo de la cadera, mientras lamía su cuello – Esto también te va a gustar... -
Oliver tenía su rostro a un lado y sus manos cerradas en puño contra el pecho de Percy.
- Nnhhh... No... Percy... No quiero... – musitó cerrando los ojos con fuerza.
- ¿Porqué no? – preguntó el pelirrojo sin dejar de lamerle el cuello, pero dirigiendo su mirada castaño claro a los ojos oscuros de Oliver.
– No estoy... listo... Por favor... no... – pidió el menor casi llorando, completamente sonrojado.
Y entonces, contra todas las formas que George había imaginado que su hermano mayor pudiera reaccionar, Percy se alejó de Wood.
«¿QUÉ!» gritó la voz de George en su cabeza, sin evitar ponerse de pie, aún así oculto por las cajas de madera.
Oliver entreabrió los ojos respirando muy agitado, y se giró para ver al pelirrojo, sentado a su lado con la espalda en la pared y la mirada baja.
- ¿Percy...? – lo llamó muy por lo bajo el capitán de Quidditch, acercando su rostro al del Prefecto.
- Perdón Oli... No quería... – musitó la voz del pelirrojo.
George vio con casi total claridad como el castaño sonreía y acercándose más, Wood abrazó a Percy, apoyando la cabeza pelirroja en su pecho.
- Esta bien percy... Yo soy el que tiene que pedirte perdón a vos... – murmuró el león, llorando.
- ¿De que estás hablando? – lo interrumpió el pelirrojo levantando la cabeza para verlo llorar.
- Sé que queres que... ... – murmuró bajando su faz – Pero yo... No me siento listo todavía... Tengo miedo... y... yo... – tartamudeó repentinamente.
- Tranquilo Oli... Por favor, no llores. – lo abrazó Percy esta vez, rodeándolo con ambos brazos sobreprotectoramente.
- Yo quiero pero... Perdóname Percy... Por favor... – continuó gimoteando el capitán.
George estaba de piedra. Totalmente fosilizado detrás de las cajas... ¿Ese era su capitán? No era posible... Simplemente... No. Ese no podía ser Oliver Wood.
- Percy... – llamó el menor, levantando la mirada húmeda – Yo... te—mmhhh... – pero fue incapaz de terminar, gracias a que la boca del Prefecto se comió sus palabras.
- Sshhsh... también te amo, Oli... Y recuerda que jamás te lastimaría... Jamás... – le murmuró antes de volver a besarlo con hambre.
Continuará...
"Harry Potter" & all caracters related © J.K.Rowling,1997
"Dos cuerpos, un alma" © Emiko Mihara, 2006
