Este fanfiction es del tipo YaoiSlash, lo que significa que se describen escenas de amor, romance, sexo y violación entre hombres. Si el tema no es de tu agrado, te pido cordialmente que te retires. Estás avisado, no acepto reclamos.
Si disfrutas del Yaoi/Slash tanto como yo solo me queda advertirte que si eres fanatico de Percy Weasley este fic no es para ti.
Ahora, si aún quieres leer, estás en libertad de hacerlo.
Dos cuerpos, un alma
by Emiko Mihara
7° Capítulo "El último ingrediente"
El primer día de clases, los gemelos tuvieron que reunirse con McGonagall ya que la jefa de la casa Gryffindor quería aclarar algunas cosas sobre el tratamiento de Fred. Durante la reunión también estuvo presente el Profesor Snape, ya que él debía preparar la poción restauradora. Acordaron para conveniencia de todos, que cambiarían el horario de la dosis de las dos de la tarde a las cinco (una hora después de la última clase de cada día) además de que George debía acompañar a Fred a las mazmorras. Después de aclarar estos puntos, la bruja le pidió cordialmente a Snape para que se retirara y una vez sola con los gemelos, les dijo algo que ninguno de los gemelos esperaba oír:
- Sr. Weasley... Tengo entendido que Alexander fue el sanador que lo trató en San Mungo... – dijo McGonagall y al ver la expresión confundida en el rostro de los pelirrojos, aclaró: - Alexander McKensie... ¿Lo conocen, verdad? -
- Sí, sí, McKensie fue el que me trató. – aseguró el gemelo – ¿Porqué lo pregunta? -
- No es por nada, solo quería estar segura de que no se había confundido... Tal vez se hallan dado cuenta que no es muy diestro recordando nombres... – medio rió la mujer y los gemelos respondieron de manera forzada – Bueno, el hecho es que me dijo todo sobre tu caso. -
Fred se tensó visiblemente de pies a cabeza y apretó su mandíbula con fuerza, hasta que esta sonó desagradablemente. George también se sorprendió y se tensó, aunque no por la misma razón que Fred.
- ¿Qué fue lo qu—? – intentó preguntar el mayor, pero McGonagall lo interrumpió casi de inmediato.
- Lo sé todo... – respondió la subdirectora y casi de inmediato, Fred se llevó las manos a la boca, para no dejar escapar un gemido de confusión.
- Profesora... Por favor... Díganos que no se lo ha dicho a nadie... – imploró George y la mujer lo miró alzando una ceja.
- ¿De que habla, Sr. Weasley? – inquirió sorprendida - ¿Cree que no sé distinguir cuando un tema es lo suficientemente delicado como para que ni siquiera Dumbledore sepa sobre él? – le preguntó en tono acusador y George no pudo evitar dar un paso atrás, mientras Fred lo abrazaba, dándole la espalda a la jefa de Gryffindor.
- ¿Entonces solo usted lo sabe? – musitó George, rodeando a Fred con sus brazos, mientras observaba el rostro de la mujer vestida de esmeralda.
- Así es, Sr. Weasley. Dentro de este colegio, solo ustedes y yo sabemos lo delicado que es el asunto... – comenzó, entrelazando las manos sobre su falda – Por eso quería preguntarles y espero que me respondan honestamente... – comenzó y George asintió - ¿El perpetrador está en este castillo? – preguntó.
Las manos de Fred, que estaban firmemente sujetas a la túnica negra de George se tensaron. Todo su cuerpo se tensó bajo los brazos de George, que no lo meditó demasiado (aunque debería de haberlo hecho) y mirando a McGonagall a los ojos, asintió.
- Ya veo... – suspiró la mujer, cerrando los ojos unos segundos, antes de agregar - ¿Es un alumno? – otro asentimiento del mayor de los pelirrojos y McGonagall insistió - ¿Es un Gryffindor? – y al cabo de unos segundos, George volvió a asentir.
McGonagall estuvo a punto de preguntar algo más, pero repentinamente, Fred levantó su rostro hacia el de George.
- ¡Basta! – gritó, con lágrimas en los ojos - ¡Es suficiente! – gimoteó – Basta... Por favor... -
- Bien... solo quería saber eso... – aseguró la mujer, y sacando su varita hizo aparecer una llave de bronce sobre el escritorio – Tómela, Sr. Weasley. – le pidió a George, señalándola – Es la llave de su nueva habitación. -
- ¿Nueva...? -
- Sí el perpetrador es un Gryffindor, la torre no es segura para ninguno de los dos... Esta habitación está en el mismo pasillo que la mayoría de las habitaciones de los profesores... Allí estarán seguros. -
Fue así que las primeras dos semanas dentro del colegio Hogwarts pasaron sin mucho brillo ni gloria. Los alumnos de los cursos bajos solo se preocupaban por las tareas de verano atrasadas y las nuevas asignaturas, mientras los chicos de quinto, comenzaron a averiguar todo lo que podían acerca de los TIMOs hablando con los alumnos de sexto y algunos pocos de los alumnos de séptimo se convirtieron en asiduos visitantes de la biblioteca después de recibir sus fechas para los EXTASIS (que comenzarían a mediados de Mayo)
Los gemelos no realizaron ni una sola travesura durante esas dos largas primeras semanas, sorprendiendo a la mayoría de sus conocidos (y desconocidos también) Cuando les preguntaban si se sentían mal o les pasaba algo, ellos simplemente respondían que no estaban en condiciones o que simplemente no tenían ganas y cuando le preguntaban a Lee, el moreno simplemente respondía que los gemelos trataban de evitar al grupo de histéricas que perseguían a Fred, cuando en verdad él tampoco sabía lo que les pasaba. Para empeorar y agregar rarezas, se pasaban casi todas las tardes en la biblioteca y luego de la cena se encerraban en su habitación especial, sin dirigirle palabra a nadie.
Al final de la tercera semana de clases, faltando solo una para el comienzo de la Copa de Quidditch, McGonagall mando llamar a los gemelos y a Wood, para que el capitán del equipo de Gryffindor comenzara a buscar a un sustituto para Fred, cosa que el gemelo no iba a dejar que hicieran:
- ¡El sanador McKensie dijo que podría jugar una vez cerradas mis heridas! – le gritó a McGonagall, golpeando la nota por el sanador contra el escritorio - ¡Aquí lo dice! -
- Estoy muy consiente de lo que dice la nota, Sr. Weasley. – respondió la bruja con túnica verde esmeralda – Pero aún así, temo que no estoy dispuesta a tomar riesg— -
- ¿De qué riesgos está hablando? – reclamó el pelirrojo – Uno de los sanadores interinos de San Mungo dijo que estaría listo para jugar la semana próxima¿Qué más necesita? -
McGonagall miró largamente a Fred, como si tratara de disuadirlo con esa mirada dura que empleaba al castigar a un alumno, pero parecía que no funcionaría esta vez.
- Profesora McGonagall... – intervino por primera vez Wood, dando un paso hacia el escritorio de la mujer. Fred se medio giró para dirigirle una mirada fría, aunque Wood no entendió por qué se la dirigía.
- ¿Qué ocurre, Sr. Wood? – preguntó la mujer.
- Bueno yo... Profesora, creo que si el sanador que atendió a Fred dice que puede jugar, no debería de impedírselo... – balbuceó el morocho, intentando mantener una postura firme frente a la jefa de su casa.
- ¿En verdad cree que el Sr. Weasley esté en condiciones de jugar, Sr. Wood? – preguntó la bruja, acomodándose los lentes que comenzaban a resbalarle por el puente de la nariz.
- Lo creo. – respondió Wood en tono seguro, pero casi de inmediato agregó: - Pero si usted no está segura, Profesora McGonagall, puedo hacerle una prueba esta tarde, en el campo de entrenamiento... -
George, que se había mantenido al margen (porque Fred se lo había pedido) se descruzó de brazos y avanzó hasta el escritorio.
- Estoy de acuerdo con Wood, Profesora. – intervino repentinamente, para sorpresa de Fred, que lo miró con un tono de decepción en el rostro.
- ¿A sí? -
- Sí... Es lo mejor para todos. – aseguró el gemelo - Si Fred pasa la prueba, usted se quedará tranquila. Si no la pasa, Wood tendrá suficiente tiempo para buscar a los reemplazos. -
- ¿Los reemplazos, Sr. Weasley? – inquirió la mujer, poniéndose lentamente de pie.
- Sí Profesora. – volvió a asegurar George – Si Fred no juega, yo tampoco. -
Está de más aclarar que Fred dio la prueba perfectamente, lo que le mereció una disculpa de McGonagall y un suspiro de alivio de Wood (que ya se estaba viendo entrevistando a chicos de segundo y tercer año)
Fue solo tres días después, durante el fin de semana, que los gemelos fueron llamados a la enfermería: el sanador McKensie había venido a hacerle la revisión mensual a Fred.
- Parece que has estado bien ¿verdad? – inquirió el corpulento hombre de cabello negro al ver entrar a los pelirrojos.
- Sí, bien... – murmuró Fred en respuesta, sonrojándose un poco.
Fred se remangó las mangas de la túnica negra después de sentarse en el borde de una de las camas. George se quedó de pie al final de la cama y McKensie se sentó frente a Fred sacando su varita.
- ¿Estás siguiendo la dieta que te di? – preguntó mientras pasaba la punta de su varita por las cicatrices carmín a lo largo del brazo blanco.
- ¿Eh? Sí, sí... nada de dulces... ni grasas... – murmuró en tono cansado, bajando la mirada hasta la varita del sanador, cuya punta resplandecía color azul plata.
- Bien, bien... Todo parece estar en orden. – sonrió el sanador – Tus heridas están completamente cerradas ya, lo que quiere decir... -
- ¿Voy a poder jugar el partido de la semana que viene? – se apresuró a preguntar Fred. McKensie asintió y el rostro del menor de los gemelos se iluminó repentinamente - ¡Gracias! -
- No tienes que agradecerme a mí, sino a la poción y a tu hermano. Después de todo, él fue el que se cercioró que siguieras el tratamiento. – aseguró el pelinegro, mirando a George por unos segundos – Pero debo advertirte... – agregó repentinamente, borrando su sonrisa.
- ¿Qué? -
- Tienes que tener sumo cuidado... Cualquier golpe o herida, podría agravar tu condición... Todavía no has recuperado tu nivel normal de sangre... La más ínfima herida podría matarte. – dijo en tono sombrío.
- No se preocupe. – interrumpió George – Está en buenas manos. – dijo acercándose a su hermano, sosteniéndole el hombro con una de sus manos y McKensie sonrió.
- Nunca lo dudé. -
El partido fue el Sábado siguiente en la tarde y todo el cuerpo estudiantil apoyaba a los leones, mientras la casa Slytherin era la única que aclamaba a su equipo. Las serpientes obtuvieron la ventaja a poco de comenzado el partido (haciendo trampa como es obvio) Angelina chocó contra una de las torres del público poco después de que Montague le quitara la Quaffle. Alicia y Katie Bell sufrieron una suerte similar, siendo casi tiradas de sus Barredoras en más de una oportunidad. Wood fue golpeado por una Bludger 'mal disparada' de Fred y a los veinte minutos por otra Bludger que George 'no llegó a golpear'. Finalmente, después de casi una hora de juego, Harry venció a Malfoy atrapando la Snitch, y dándole los ciento cincuenta puntos a Gryffindor, vencieron a las serpientes por solo diez.
Por ordenes de Wood, las chicas fueron directo a la enfermería después de cambiarse, para que Madame Pomfrey las revisará. Después de todo, se habían dado (o les habían dado) varios golpes durante el partido:
- ¿Y tú no vienes, Oliver? – preguntó Angelina extrañada. Si a ellas que no les habían quedado marcas de los golpes las mandaba a ver a Madame Pomfrey, Wood también tenía que ir: le sangraba la nariz y tenía un chichón del tamaño de un puño en la mitad de la cabeza.
- Ugh... Bueno... Supongo que tendría que ir... – dijo masajeándose el chichón, con gesto de dolor.
- Entonces vamos. – intervino Katie, tomándolo del brazo, mientras lo 'arrastraba' afuera de los vestuarios.
- Ehh... ustedes gemelos... ¿Están bien, no? – preguntó Wood antes de que lograran sacarlo por completo. Los pelirrojos asintieron y vieron desaparecer al resto del equipo por la puerta, dejándolos solos.
Fred se sentó en una de los largos bancos de madera, mientras George, del otro lado, se quitaba la túnica escarlata y la metía en su casillero.
- Él... ni siquiera se... enfadó. – musitó repentinamente la voz de Fred, logrando que el mayor lo mirara por sobre su hombro.
- ¿De que estás hablando? – le espetó, y el menor levantó la mirada de sus manos enguantadas hasta los ojos almendra de George.
- Lo golpeamos adrede dos veces... y no dijo nada. -
George se quedó callado unos segundos, con la mirada fija en su gemelo mientras fruncía la frente.
- De seguro creyó que lo hicimos por la prueba... – justificó George la extraña actitud de Wood.
- ¿Estas seguro? – inquirió el gemelo con un dejo de pavor en la voz.
- Fred... – George se acercó y pasando una pierna por el banco, se sentó frente a su amado hermano - ¿Queres que tiremos todo? Podemos hacerlo si es lo que queres... – dijo en un tono que distaba de ser complacido.
Fred bajó la mirada una vez más. Sus hombros comenzaron a subir y bajar rápido, como si no fuera capas de respirar bien. Apoyó las palmas en el banco y lentamente levantó el rostro. Tenía los ojos cerrados y los labios arrugados y blancos, por la fuerza con la que los presionaba.
- ¿Fred? – lo llamó George, tomándolo de los hombros, preocupado.
- No. -
- ¿Eh? – se sorprendió el mayor, quitando sus manos, creyéndose que se refería a eso. El menor abrió sus ojos caramelo y lo miró duramente antes de hablar de nuevo:
- No. Sigamos. -
Ya faltaba muy poco... Solo una semana más para las vacaciones de Navidad. Todo estaba listo... No podían fallar... Era su única oportunidad.
La perfecta oportunidad.
- Entonces... ¿Está listo? – preguntó el menor de los pelirrojos, asomándose sobre el caldero humeante en el centro de la habitación, justo frente a las camas.
Habían cerrado la puerta con un hechizo para evitar las interrupciones no deseadas y la ventana, abierta, también tenía un hechizo para desodorizar y descolorizar el humo que salía por ella, para no levantar sospechas. Ellos, arrodillados alrededor del caldero, habían agregado los últimos ingredientes... Ahora solo faltaba uno.
- Sí... solo nos falta... eso. – aclaró George comenzando a revolver el espeso brebaje color verde musgo, no evitando una expresión de desagrado.
- Bien... Entonces me voy. – dijo Fred, poniéndose de pie y acomodándose la túnica miró su reloj: las 4:35 P.M. y tenía veinte minutos de trayecto hasta la oficina del Profesor Snape, en las mazmorras.
- ¿Seguro que no queres que lo haga yo? – preguntó George. Ya se lo había preguntado unas tres veces en lo que iba del día y durante la semana habían sido unas cien más y Fred siempre respondía igual:
- No, él se daría cuenta que sos vos. -
- Pero podría usar— -
- No, George. No podemos desperdiciarla inútilmente. -
George suspiró y devolvió su vista al caldero, que borboteaba y no dejaba de humear, aún cuando él lo revolvía. Fred lo miró unos segundos y arrodillándose esta vez junto a él, lo besó, diciéndole luego:
- No te preocupes... Él ya no puede hacerme daño. – y salió de la habitación con paso apurado.
- Eso espero, Fred... Eso espero. – murmuró George tocándose los labios.
Los pasillos del primer piso estaban casi totalmente desiertos. Como hacía casi una hora desde terminada la última clase, la mayoría de los alumnos ya se habían retirado a las salas comunes, la biblioteca o incluso con el viento frío, al patio frente al castillo o junto al lago congelado.
Fred escuchó sus pasos resonando al comenzar a bajar la escalera de piedra hasta el vestíbulo, en donde se encontraban los grandes cuatro relojes de gemas de 'La Copa de las Casas'. Se detuvo unos segundos a mirarlos¡Gryffindor llevaba la cabeza por más de trescientos puntos!
«Supongo debe deberse a que George y yo no nos hemos metido en líos» meditó... En un año 'normal' y a esta altura del curso, ellos ya habrían descontado a la casa de los leones más de ciento cincuenta puntos... cada uno.
Levantando los hombros en desinterés, Fred continuó su camino hacia las mazmorras. Se asomó por la puerta de madera con bisagras de hierro negro y miró abajo: parecía ser que el fuego de las antorchas se había apagado.
- Lumos. – murmuró sacando su varita y la punta de esta se encendió color dorado.
Atravesó la puerta y comenzó a bajar el primer tramo de escaleras de piedra, apoyando la palma de la mano en la pared húmeda y fría, hasta llegar al primer oscuro corredor. Caminó con pasos tranquilos, con la varita levemente levantada, hasta encontrarse con la segunda escalera y la bajó, sujetándose de nuevo de la pared. Cuando llegó al rellano, no tuvo ni un segundo para pensar:
- Esperlliarmus. – sonó una voz frente a él y su varita salió volando fuera de su vista, apagándose antes de tocar el suelo.
«Es él» fue el único pensamiento que pasó por la mente de Fred, antes de sentir pasos acercándose y una mano acariciándole el rostro.
- Hasta que por fin decidiste venir sin Georgie... – se mofó una voz frente a él... Una voz que él reconocería hasta en el mismo infierno.
- Creí que ya no querías jugar conmigo, hermanito... – lo provocó Fred sonriendo, aún cuando sabía que él mayor no podía verlo.
Percy Weasley prendió la punta de su varita para verlo a los ojos y fue ahí que pudo ver la sonrisa que adornaba el rostro de Fred. La mano que sostenía en el hombro del menor se corrió rápidamente hasta el cuello blanco, y tomándolo de allí lo arrinconó contra la pared húmeda, sin dejar de mirarlo a los ojos.
- Callate. – fue lo único que dijo antes de besarlo en los labios, quitándole el preciado aire de los pulmones, mientras penetraba la cálida cavidad que era su boca con su asquerosa lengua.
Las manos de Fred se apoyaron en el pecho de Percy, en un vano intento de alejarlo, pero el otro pelirrojo era simplemente más fuerte que él. Intentó separarse, pero cada vez que intentaba correr su rostro, la mano en su cuello apretaba el agarre, quitándole aún más rápido el aire. En esos momentos no tenía miedo de Percy...
«Si no para... Va a... matarme» pensó con casi desesperación. La situación se le había salido totalmente de las manos.
Repentinamente como lo había acorralado, Percy se alejó de él, respirándole sobre el rostro agitadamente, soltándole el cuello por unos cuantos segundos, que Fred aprovechó para dar una honda bocanada de aire. Antes de que tuviera suficiente tiempo para borrar ese asqueroso sabor de su boca, el mayor lo había vuelto a acorralar, pero esta vez, en lugar de besarlo en la boca, comenzó a recorrerle el cuello con los labios. Mientras le separaba las piernas con su rodilla y le clavaba la punta de la varita en el costado del cuello, su otra mano se deslizó por todo el costado de Fred, metiéndose por la abertura de la túnica negra, consiguiendo llegar al cinturón en el pantalón gris del uniforme.
- Nyyaaa... Percy... – fingió gemir Fred, para que el mayor no le clavara la varita con tanta fuerza y para que bajara lentamente la guardia.
Las manos de Fred subieron lentamente, para no despertar las sospechas del mayor, hasta que una se coloco en uno de los hombros y la otra en la nuca de Percy acariciando levemente la piel pálida del mayor.
- Parece que ya aprendiste... – medio río el mayor, mirando solo unos segundos el rostro de Fred, que se encontraba levemente ruborizado.
Fred continuó fingiendo algunos gemidos y suspiros más a medida que sentía los labios de su hermano bajar por su pecho y sus manos tomarle las caderas para apretarle las nalgas. No pudo más que agradecer a Merlín cuando notó como la respiración del mayor se aceleraba y comenzaba a manosearlo con más euforia.
Ahora o nunca.
Tomando entre sus dedos unos cuantos mechones del cabello pelirrojo, Fred esperó a que Percy bajara lo suficiente por su estómago para, con un gemido fingidamente ahogado, tironear de ese mechón con la suficiente fuerza para arrancar varios cabellos.
«Ya está» pensó con un suspiro, olvidándose momentáneamente que tenía que seguir fingiendo...
- Ahora vamos por lo mejor... – murmuró Percy con tono libidinoso, comenzando a desabrocharse el pantalón, mientras encerraba a Fred contra la pared con su cuerpo.
En el exacto momento en el que el mayor posó sus manos en las caderas del menor para levantarlo, varios pasos amortiguados se oyeron acercándose y ante la posibilidad de ser descubierto, Percy prefirió dejarlo para otro momento.
- Parece que vas a tener que esperar... – le murmuró al oído – Accio Fred's wand – murmuró con su varita en la mano y la varita de Fred saltó del suelo hasta su mano.
Percy logró arreglar sus ropas con un rápido hechizo de su varita tres segundos antes de que el Profesor Snape apareciera subiendo por la escalera:
- ¿Qué ocurrió con las luces? – medio gritó levantando su propia varita, encendiendo las antorchas que colgaban de las paredes - ¡Weasley! – señaló a Fred acercándose - ¿Tiene idea de que hora es? – le espetó.
- Ahh... – balbuceó Fred dirigiéndole una mirada a Percy.
- Discúlpelo Profesor Snape. Lo que ocurrió es que mi hermano George tenía otra cosa que hacer y Fred perdió tiempo al irme a buscar a la sala común para que yo lo acompañara y no tuviera que venir solo. – inventó rápida y hábilmente el Prefecto de Gryffindor.
Snape solo dio un gruñido y le dijo a Fred que lo siguiera si no quería atrasar más la dosis de pócima.
Continuara...
"Harry Potter" & all caracters related © J.K.Rowling,1997
"Dos cuerpos, un alma" © Emiko Mihara, 2006
