La hora de la venganza a llegado! Por fin se debelará el plan de los gemelos... ¿o no?

No todo es lo que parece y si bien parece que los gemelos hicieron una cosa, les aseguro que no es lo más obvio... (Al que adivina que fue lo que pasó en realidad le dedico el próximo capítulo... nyu) Besos de Emiko Mihara...


Este fanfiction es del tipo YaoiSlash, lo que significa que se describen escenas de amor, romance, sexo y violación entre hombres. Si el tema no es de tu agrado, te pido cordialmente que te retires. Estás avisado, no acepto reclamos.

Si disfrutas del Yaoi/Slash tanto como yo solo me queda advertirte que si eres fanatico de Percy Weasley este fic no es para ti.

Ahora, si aún quieres leer, estás en libertad de hacerlo.


Dos cuerpos, un alma

by Emiko Mihara

9° Capítulo "V, por Venganza"

Las vacaciones de navidad habían llegado por fin. Como siempre, todos los Weasley se habían quedado en el castillo, junto con algunos Slytherins, Hufflepuffs y otros pocos Gryffindors: Harry, Lee, Katie Bell... y Wood.

El capitán de Gryffindor estaba recostado en su cama boca abajo, leyendo un pergamino, mientras golpeaba las páginas de un libro con la punta de su varita. Ya había terminado casi todas sus tareas atrasadas, exceptúenlo esta tediosa investigación para Historia de la Magia y un cuestionario para Pociones.

- Enumere las causas que desataron la rebelión de Goblins en la Inglaterra del S. XVII. – leyó en tono monótono - ¡Merlín¡Deben ser unas veinte! – se quejó al leer la primera oración de las quince páginas dedicadas a ese tema.

Se arrodilló en la cama, cerró el libro de un golpe y lo arrojó con fuerza al interior de su baúl, al otro lado de la habitación.

- Mejor empiezo con la tarea de Pociones. – opinó en voz alta, sentándose con las piernas cruzadas.

Agarró uno de los tantos pergaminos nuevos que tenía sobre al cama, abrió el libro de pociones y... la puerta se abrió.

- ¿Percy? – se sorprendió el capitán de Quidditch al ver al pelirrojo - ¿No estabas en la biblioteca? – preguntó.

- Sí, pero ya no... – sonrió el Prefecto de Gryffindor cerrando la puerta con su varita, echando un conjuro antisonoro.

- ¿Por—porqué echaste un conjuro...? – empezó a preguntar el castaño bajándose de la cama, olvidando su varita sobre ella - ¿Percy...? – lo llamó estando frente a él.

Lo miró a los ojos, pero algo no le gustó... El Prefecto parecía... ¿enojado?

- Dime Oli... – comenzó a hablar Percy - ¿Desde hace cuanto que salimos? -

- En Navidad es... nuestro aniversario... – murmuró el castaño sonrojándose.

- ¿Nuestro aniversario? – repitió Percy sonriendo – Entonces debo darte un obsequio. – aseguró tomándolo fuertemente de los brazos.

- Nnhh... Percy... Duele... – murmuró Oliver intentando safarse, pero Percy no le respondió ni quitó sus manos - ¡Te dije que me duele! – medio gritó comenzando a forcejear para que lo soltara.

Percy lo acercó de un tirón y le plantó un beso rudo en los labios, aún cuando Oliver intentó evitarlo. Lamió el rostro del capitán de manera lasciva, hasta finalmente comenzara descender por su cuello, dando lamidas brutas y mordidas fuertes.

- Nh... ¡Basta! – gritó Oliver y consiguiendo soltarse, dio varios pasos atrás - ¿Qué te pasa? – le preguntó a Percy mientras se sostenía el cuello adolorido y marcado de dientes.

Percy no le respondió, simplemente volvió a acercarse a él para intentar volver a sujetarlo por los brazos, pero Oliver reaccionó a tiempo y se lo impidió dándole un sonoro cachetazo.

- ¿Qué demonios te pasa, Percy? – volvió a preguntar, esta vez casi gritando.

Percy ladeó la cabeza para mirarlo a los ojos unos segundos y antes de que Oliver pudiera esquivarlo, lo golpeó en el rostro con el puño, haciéndolo caer al piso.

Antes de que el mareo se le pasara del todo, Oliver sintió como el pelirrojo lo tomaba en brazos y lo tiraba sobre su cama, de la que había mandado volar todos los libros con su varita. Al sentir la suavidad de las sábanas, Oliver reaccionó levemente y tanteó la cama con sus manos buscando su varita.

- ¿Buscas esto? – oyó la voz de Percy y al levantar la mirada, vio que tenía su varita en la mano.

- ¡Dámela! – exigió arrodillándose sobre la cama, mareándose repentinamente.

- Te levantaste muy rápido, Oli... – murmuró Percy en tono divertido, mientras arrojaba la varita del capitán fuera de la vista.

Se acercó a la cama en la que Oliver continuaba con los ojos cerrados, sosteniéndose la cabeza con gesto de dolor. Por escasos segundos los ojos de Percy perdieron seguridad, pero recuperaron casi de inmediato el brillo sádico que habían tenido desde que entrara a la habitación.

Con mucho cuidado se subió a la cama y se colocó detrás de Oliver. Tomó con rapidez las muñecas del castaño y las atrajo hasta la espalda encorvada, atándolas con una soga aparecida con ayuda de su varita.

- ¿Qué... estás... haciendo? – reclamó Oliver con muy poca fuerza en su voz, aunque con los ojos entreabiertos.

Percy lo empujó de espalda contra el colchón y se sentó sobre él con las piernas a los lados de la cadera del menor. Se medio recostó sobre el pecho, sus manos a los lados de la cabeza castaña, y acercando su rostro al del ahora asustado Oliver, le sonrió.

- ¿Tú que crees? – preguntó logrando que Oliver temblara levemente.

Al mismo tiempo, en uno de los múltiples pasillos entre los estantes de libros de la biblioteca, un pelirrojo estaba casi totalmente rodeado de más libros de los que podría llegar a leer jamás...

- Maldición... Aún cuando lo busque, estos libros no tienen nada sobre la rebelión de Goblins... - murmuró para sí, cerrando uno de un golpe.

Tomó otro libro de la pila y comenzó a ojearlo distraídamente cuando un ruido a sus espaldas lo hizo levantar la mirada unos segundos, para sentir su cuello rodeado por unos brazos y un aliento cálido rozarle la oreja.

- ¿O... Oli? – llamó Percy, creyendo equivocadamente que la persona detrás de él era el capitán de Quidditch.

- Intentá de nuevo. – le murmuró una voz suave al oído, produciéndole un repentino escalofrío.

- ¿Fre... Fred? – se sorprendió el mayor girando su silla para quedar frente al gemelo pelirrojo - ¿Qué... Qué haces? -

- Estoy buscando lo que me prometiste... – ronroneó el menor sentándose sobre las piernas del prefecto, para tomarlo del cuello de la camisa y besarlo profundamente.

Percy respondió el beso casi de inmediato, sintiendo la cálida lengua del menor rozar la suya dentro de su boca. Se sentía bien, hasta que un sabor semi amargo comenzó a invadirle la garganta.

«¿Qué!» pensó Percy durante medio segundo, alejando a Fred de un empujón, comenzando a toser.

- ¿Lo sentiste, verdad? – inquirió el pelirrojo más joven con una sonrisa, mirándolo a los ojos. Esa mirada confirmó las sospechas de Percy.

- ¿QUÉ ME DISTE! – gritó intentando ponerse de pie casi cayendo en el intento, sus piernas temblando sin querer responderle.

- Tranquilo... No era veneno. – murmuró Fred arrodillándose frente a él. Quitó varios mechones de pelo que le cubrían el rostro a su hermano y lo miró a los ojos.

- ¿Qué...? – jadeó el mayor respirando alarmado mientras su vista comenzaba a ensombrecerse.

- Dormí tranquilo, hermano... No vas a tener pesadillas... – le murmuró Fred – Por lo menos no hasta que despiertes. – agregó con una sonrisa lúgubre, segundos antes de que Percy perdiera la conciencia.

De nuevo en la habitación de sexto año (que por esta semana ocupaban solamente Oliver y Percy, por ser los únicos leones de sexto curso en el castillo) Oliver ya estaba completamente desvestido contra el cabezal de la cama. Sus muñecas seguían atadas con magia, aunque el Prefecto no se había molestado en enmudecerlo o taparle la boca para que no gritara o molestara.

- ¡Por favor, Percy! – ya rogaba el castaño entre lágrimas, mientras veía al pelirrojo quitarse una a una sus ropas – ¡Percy! -

- ¡CALLATE! – gritó Percy dándose la vuelta repentinamente. Sus ojos destellando de ira - ¡YA CIERRA LA BOCA, NO TE HE DADO RAZÓN PARA GRITAR TODAVÍA! -

Oliver contuvo la respiración por escasos segundos al tiempo que varias lágrimas conseguían fluir desde sus ojos a través de su rostro, por sobre su mejilla amoratada por el golpe que Percy le había dado hacía unos minutos.

- ¿To—toda—vía? – repitió en voz ahogada, solo recibiendo una mirada del mayor. Una mirada helada.

El pelirrojo se acercó hasta la cama y cuando se subió a ella, casi de inmediato Oliver intentó alejarse de él, recargándose todo lo que podía en la cama, aunque no podía pararse por un hechizo en sus piernas.

- Quédate quieto... No tiene caso que te resistas más... – siseó el mayor tomándolo del cuello para acostarlo en el centro de la cama.

- Nnhhh... Nhoo... Noohh... – logró articular Oliver a pesar de la presión sobre su garganta – Sol... ta—me... Por fa—vor... -

Al ver que continuaba intentando hablar y viendo cuanto le molestaba, Percy tomó su varita de la mesa de luz e hizo aparecer una venda color rojo en su mano, para comenzar a colocarla alrededor de la cabeza de Oliver, que no se la dejaba colocar sin pelear, claro.

- ¡No¡No¡Basta Per—Mhmhh! -

El Prefecto comenzó entonces a lamer el cuerpo del menor que se movía tanto como podía para intentar evitar el contacto, al mismo tiempo que cerraba los ojos con fuerza y mordía la venda en su boca.

- Nnhh... Nhnhh... ¡Nh! – todo su cuerpo se contrajo con el primero de los mordiscos en su pecho. Consiguió ver apenas como un delgado hilo de sangre recorría su pecho para ser lamido casi de inmediato por la lengua de Percy, que continuó haciendo lo mismo en otras partes del cuerpo de Oliver, consiguiendo muchas quejas ahogadas por la venda.

- Sabes bien, Oli... – jadeó el pelirrojo comenzando a masturbarse, frente al rostro del menor, que cerro los ojos casi de inmediato.

«Oh, claro que no» pensó el pelirrojo.

El castaño sintió que quitaban la venda de sus labios y por escasos segundos creyó que el pelirrojo había entrado por fin en razón... Grave error. Percy lo tomo del cabello con fuerza, jalándolo hasta conseguir que el castaño abriera apenas los ojos húmedos con lágrimas:

- ¡Nhh¡Duele¡Basta, por fav—mmhh! – y antes de siquiera imaginarlo, el miembro del pelirrojo estaba en su boca, apenas y dejándolo respirar.

- Cuidado. – le advirtió el pelirrojo jalándolo más del pelo, mientras comenzaba a meter y sacar su miembro de esa húmeda cavidad.

Plateadas y copiosas lágrimas rodaban por el rostro del menor con cada nueva lamida y solo podía ver la expresión de sádica satisfacción en el rostro del mayor, mientras gemía cosas que jamás esperó escuchar de sus labios.

Finalmente, después de unos minutos Percy sacó su miembro de la boca del menor y se masturbó unas pocas veces más frente a su rostro hasta venirse sobre él.

- Lo hiciste... bastante bien... Oli... – río el pelirrojo viendo las lágrimas escapar de los ojos café.

Casi de inmediato lo giró hasta dejarlo boca abajo y tomándolo por la cadera, le levantó el trasero hasta la altura debida. Oliver no dijo nada, solo enterró el rostro entre las sábanas, avergonzado y asustado, dejando que varios gimoteos sacudieran su espalda, en la que sus muñecas estaban rojas por la fuerza con la que había intentado desatarse.

Percy introdujo dos dedos en la cavidad virgen del capitán, logrando casi de inmediato que la sangre fluyera de entre sus nalgas hasta manchar las sábanas. No lo hizo más de un par de veces antes de reemplazarlos con su miembro, despierto de nuevo por los gimoteos de dolor del castaño.

- ¡Nnhh...¡Nnhh...¡Nnhh...! – era la única queja que Oliver emitía, mientras mordía las sábanas con fuerza.

El colchón seguía manchándose con más y más sangre a medida que Percy lo penetraba una y otra vez, cada vez más y más fuerte, más y más profundo, destrozándolo todo en su interior...

Con sus ojos fuertemente cerrados, Oliver escuchaba en su mente, una y otra vez, como un mantra infinito:

«... también te amo, Oli... Y recuerda que jamás te lastimaría... Jamás...»

Con cada estocada:

«... Oli... Y recuerda que jamás te lastimaría... Jamás...»

Con cada gemido:

«... jamás te lastimaría... Jamás...»

Con cada gota de sangre:

«... Jamás...»

No lo soportó más.

- ¡ARGHH¡BASTA¡POR FAVOR! – comenzó a gritar con todas sus fuerzas, entre lágrimas - ¡POR FAVOR¡POR FAVOR¡BASTA¡BASTA YA¡POR FAVOR! -

No había finalizado su primer grito antes de recibir un golpe en su espalda, pero aún así continuó gritando. Más y más gritaba, más golpes y dolor lo invadía.

Sentía la sangre caliente recorrer su piel; el miembro del pelirrojo desgarrarlo por dentro; las uñas lacerando su espalda; los dientes marcando sus hombros; los jadeos resonar en su oído; el odio quemando su pecho... Solo unos minutos después, Oliver estaba sangrando no solo desde su entrada, sino también de varios cortes en su espalda y en su rostro y brazos.

Se había quedado en silencio, con sus ojos vacíos derramando lágrimas...

Completamente ausente.

Demasiado dolor.

Continuara...


"Harry Potter" & all caracters related © J.K.Rowling,1997

"Dos cuerpos, un alma" © Emiko Mihara, 2006