Este fanfiction es del tipo YaoiSlash, lo que significa que se describen escenas de amor, romance, sexo y violación entre hombres. Si el tema no es de tu agrado, te pido cordialmente que te retires. Estás avisado, no acepto reclamos.

Si disfrutas del Yaoi/Slash tanto como yo solo me queda advertirte que si eres fanatico de Percy Weasley este fic no es para ti.

Ahora, si aún quieres leer, estás en libertad de hacerlo.


Dos cuerpos, un alma

by Emiko Mihara

10° Capítulo "Torturado y torturador"

"The healthy man does not torture others. Generally, it is the tortured who turn into torturers." (El hombre sano no tortura a otros. Generalmente, es el torturado quien se convierte en torturador.)

Carl Jung.

Dos gemas almendras brillaban espectrales en el centro del cuarto. Su poseedor se mantenía arrodillado, expectante, sin dejar de vigilar al otro joven dormido a los pies de su cama.

«Ya está por llegar... No puede tardar más... Ya casi pasó la hora... Tiene que llegar» pensaba una y otra vez dirigiendo miradas casi desesperadas hacia la puerta cerrada.

Cansado del letargo que comenzaba a sumir su cuerpo, se puso de pie y caminó hasta el cuerpo de su hermano mayor. Estaba aún bajo los efectos de la pócima que le había dado en la biblioteca, aunque comenzaba a mover débilmente la punta de los dedos por lo que supuso que el efecto comenzaba a desaparecer muy lentamente.

«Será mejor... que no tardes mucho más» pidió cerrando los ojos unos segundos, concentrándose con demasía para que su gemelo lo escuchara.

Fue en ese momento exacto, en medio de la oscuridad, que un ruido llegó a sus oídos y sus ojos almendra se abrieron solo para ver el reflejo y la sombra desaparecer de la pared cuando la puerta volvió a cerrarse, devolviendo las penumbras a la habitación.

Oyó débiles pasos a sus espaldas y repentinamente, una luz segura se encendió. Y otra, y otra más... Ahora la habitación era apenas iluminada por cinco pequeñas velas en un candelabro de hierro plateado. Las llamas oscilaban libremente recortando el entorno de la figura delante de ellas, dándole un brillo fantástico y casi fantasmal.

El joven se giró lentamente hacia él, y los haces de luz dorada de las velas colorearon su tez pálida, mientras sus ojos, gemas caramelo únicas, brillaban con un rictus que se acercaba peligrosamente a lo diabólico...

En otras circunstancias, le habría preocupado ver ese brillo en los ojos de su amado gemelo, pero ahora él sabía perfectamente la razón, la causa de ese brillo... Y no pudo hacer más que sonreír.

- ¿Salió todo como lo planeamos? – le preguntó George al recién llegado.

- A pedir de boca... – respondió Fred simplemente, acentuando la sonrisa.

- Entonces... – se acercó el mayor para acariciar la faz clara, logrando que Fred cerrara los ojos durante varios segundos - ¿Te parece bien si terminamos con esto ya? – invitó tomando delicadamente una de las manos de su amado con la suya libre.

- Por supuesto. – respondió el de mirada caramelo, aceptando la invitación estrechando el agarre de la tersa mano de George.

Caminaron así, tomados de la mano, hasta estar junto al cuerpo de Percy y Fred se arrodillo a un lado, mientras George regresaba hasta la mesa por el candelabro y otra cosa más... El mayor se arrodilló al otro lado del cuerpo del pelirrojo inconsciente y depositó el candelabro a un lado de sí, mientras colocaba el otro objeto junto a la cabeza de Percy, con mucho cuidado.

- ¿Listo Fred? – inquirió el mayor con cierto tono juguetón.

- Listo George. – confirmó el menor sin evitar una sonrisa.

Ambos sacaron sus varitas, pero por el momento fue George el único que la utilizó: cerró los ojos con fuerza y adoptó una expresión de extrema concentración, mientras lentamente dirigía la punta de su varita hasta la sien izquierda del bastardo, hasta por fin tocarla.

«Biblioteca... Fred... Biblioteca... Fred... Biblioteca... Fred... Biblioteca... Fred» repetía en su mente, esforzándose casi hasta el dolor.

Muy lentamente, el mayor de los gemelos comenzó a separar la varita de la sien del pelirrojo más grande. George no reprimió una sonrisa al ver, con un ojo entreabierto, el delgado hilo de plata que se separaba junto a ella y continuó alejándola hasta que la hebra plateada se desprendió completamente. Solo unos segundos después y con su mano libre, acercó el otro objeto que había traído desde la mesa, junto al candelabro: una vasija ovalada de piedra escarlata... Un pensadero. Como si se tratara de un trozo de niebla, el delicado hilo de plata cayó suavemente hasta el interior del pensadero, y de allí surgieron ruidos confusos y reflejos de luz, hasta que el recuerdo por fin se aclaró:

- ¡¿QUÉ ME DISTE?! – gritó la voz de Percy repentinamente desde el pensadero, para que casi de inmediato la voz de Fred respondiera suave:

- Tranquilo... No era veneno.

«Era ese...» suspiró aliviado George, introduciendo lentamente la punta de su varita en el pensadero y comenzando a revolver, hasta que el recuerdo regresó a su forma de hilo plateado, enredándose poco a poco a lo largo de la varita. George la levantó con cuidado hasta la altura de su rostro y cuidando que no cayera, lo acercó hasta su sien, hasta apoyar la punta de la varita. El hilo de plata reptó a lo largo de su varita, hasta desaparecer completamente al entrar en la memoria del pelirrojo.

- ¿Fun—funcionó? – preguntó lentamente el menor de los gemelos, esperando a que su hermano abriera los ojos.

- Sí... Ya lo había probado antes, Fred... - respondió con un bostezo, refregándose un ojo, cansado.

Después de que Percy se desmayó, George (transformado en Fred gracias a la Poción Multijugos) le había dado de beber de la misma poción, dándole su propia apariencia (la de George) por una hora. Lo tomó en brazos y lo sacó con cuidado de la biblioteca, diciéndole a la Señora Pince que su hermano mayor se había sentido muy cansado últimamente y que lo llevaría a que descansara a su habitación. La mujer no dijo ni pareció sospechar nada.

Una vez en la habitación lo había acostado y utilizando el pensadero, quitó el recuerdo que Percy tenía de haberse encontrado con Fred en las mazmorras... Ahora descansaba seguro en la mente de George.

- Ahora... es tu turno. – agregó el mayor sacudiendo la cabeza en un intento de despabilarse. Tomó el pensadero con ambas manos y lo acercó hasta que el rostro de Fred se reflejó en la superficie cristalina.

La varita de Fred se elevó hasta su sien y cerrando los ojos la alejó de sí, desprendiendo otro hilo de plata, mucho más largo que el que George quitara de Percy. Cuando su brazo estaba casi totalmente estirado, la hebra se desprendió por fin, cayendo con delicadeza hasta el pensadero, en la que se arremolinó casi inmediatamente.

- ¿Qué demonios te pasa, Percy? – sonó la voz de Oliver desde el pensadero, segundos antes de que la imagen terminara de aclararse y mostrara a Percy golpeando al capitán de Quidditch en el rostro, arrojándolo al suelo con un sonoro golpe.

- Lo golpeaste muy duro... – opinó el mayor de los gemelos, levantando la mirada hasta el rostro de Fred.

- Necesitaba hacerlo. – se justificó el menor, desviando la mirada del recuerdo. No tenía intenciones de verlo de nuevo.

Solo unos minutos después, un nuevo grito resonó en la habitación, solo que esta vez fue la voz de Percy la que lo dio, desde el fondo del pensadero:

- ¡CALLATE! – el reflejo de Percy se dio la vuelta y enfrentó al de Oliver - ¡YA CIERRA LA BOCA, NO TE HE DADO RAZÓN PARA GRITAR TODAVÍA! -

Todo indicaba que George tenía intenciones de mirar todo lo que había pasado, y realmente, Fred no lo quería.

- George... – lo llamó en un hilo de voz y el gemelo levantó la mirada hasta encontrarse con la de su amor - ¿Podemos terminar ya con esto? – agregó en tono incómodo.

George suspiró y asintió en respuesta, mientras comenzaba a revolver la superficie del pensadero con la punta de su varita, disipando los sonidos y las imágenes, hasta que el recuerdo volvió a ser un largo y delgado hilo plateado, enredado en su varita. Lo levantó con cuidado, corriendo el pensadero para que no estorbara más de la cuenta y acercó la varita hasta iluminar con el resplandor del recuerdo el rostro de Percy que continuaba desmayado.

- ¿Estás seguro que... va a funcionar... verdad? – lo paró repentinamente Fred, sosteniéndolo por la muñeca, casi dejando caer el hilo de plata.

- Lo hice conmigo, amor. – lo calmó el mayor.

Muy lentamente y sin quitar su mirada de la de George, el menor lo soltó, dejándolo continuar con lo que había empezado.

La varita continuó entonces su camino, hasta llegar junto a la sien de Percy. El mayor de los gemelos tragó con dificultad, cerró los ojos para concentrarse y apoyó lentamente la punta de su varita en la piel pálida del prefecto.

Temiendo lo peor, George espió entreabriendo los ojos y no pudo evitar suspira al ver como el recuerdo se desenredaba lentamente, arrastrándose por su varita, hasta ir desapareciendo de la vista, dentro de la mente de Percy.

Suspiró una vez más y guardó su varita antes de mirar a Fred.

- Esta hecho... – sentenció y el pelirrojo más joven solo asintió.

Continuara...


"Harry Potter" & all caracters related © J.K.Rowling,1997

"Dos cuerpos, un alma" © Emiko Mihara, 2006