Capítulo 5: Hermanos – "Somos hermanos únicos."
Sasuke observó como Sakura se deslizaba hacia atrás en el terreno rocoso por enésima vez. El polvo se levantaba alrededor de ella mientras se enderezaba para atacar una vez más. Su respiración era laboriosa y el puño que usaba para golpear la barrera estaba echando humo literalmente.
La reacción de su propio chakra impactando con la barrera estaba lentamente quemando su piel. Demonios, los nudillos de sus guantes negros ya se habían derretido y Sasuke podía ver los cortes y magulladoras en su ahora expuesta piel. Encima de todo, el desgaste en su brazo entero estaba probablemente haciendo que el miembro latiese. Probablemente estaría dolorida por unos cuantos días por estresar los músculos.
¿Realmente Sakura había cambiado tanto?
La cabeza de Sasuke estaba girando. Era como si estuviese cayendo por un pozo sin fondo. El mundo que creyó conocer estaba rápidamente cambiando ante él. Su hermano, quien por tanto tiempo creyó ser un asesino sin alma estaba lentamente comenzando a cambiar mientras recordaba memorias que había mantenido enterradas por tanto tiempo.
Memorias que no creía que fuesen verdad.
Hasta ahora…
Estaba silencioso, ominoso realmente, con la luna llena mirando la tragedia y el único sonido audible siendo sus respiraciones entrecortadas.
—Y corre ― corre, corre aferrándote a la vida. Entonces, cuando tengas los mismos 'ojos' que yo, ven a mí.
Sasuke apenas escuchó las palabras dichas como un comando. Apenas había registrado el Mangekyou Sharingan mirándolo. Todo lo que podía ver era a Nii-chan, bueno y cariñoso Nii-chan, quien podía verlo, ver a Sasuke, y no un arma o una herramienta que podía ser usado como un peón.
'No como Otou-san. No, todo lo que Tou-san quería era poder y control y ¿por qué, por qué, por qué yo nunca era suficiente?'
Tan rápido como la desesperación lo poseyó, Sasuke sintió otro completo terror cuando Itachi comenzó a alejarse.
'¡No! ¡No te vayas! Por favor Nii-chan, no me dejes atrás. No me dejes solo. ¡Háblame! ¡Por favor háblame! ¿Qué está sucediendo? ¡Tú no hiciste esto! Sé que no lo hiciste, no lo harías, no podrías…'
Invocando la poca fuerza que quedaban en sus jóvenes piernas, Sasuke siguió a su hermano, desesperación y temor inundando sus venas mientras sus ojos sangraban rojo y un único tomoe giró en un último esfuerzo para convencer a su hermano para que se quede.
'¡Por favor, te quiero Nii-chan y prometo que no te molestaré para que juegues conmigo nunca más e intentaré lo mejor que pueda para no ser una molestia así que por favor, por favor quédate conmigo!'
Y entonces desapareció.
—¡Espera! –gritó Sasuke mientras que el pánico comenzaba a helar su sangre y su corazón lo forzó a moverse. Que fácil ese kunai encajaba en su pequeña mano.
El bajo zumbido del arma mientras volaba en el aire pareció durar minutos, horas, y Sasuke sabía que esta iba a ser la última vez que vería a Itachi. La última vez que vería a cualquiera.
Tou-san.
Kaa-san.
Nii-chan.
¿Por qué—
Itachi miró hacia atrás y Sasuke ya podía sentir el agotamiento forzando a su cuerpo y mente colisionar con la oscuridad. Ya podía sentir su corazón partirse en mil pedazos, y sus ojos encontraron los de su hermano por última vez (porque no ya no sería Nii-chan en la mañana. No. No una vez que las calles inundadas con sangre del distrito Uchiha se imprimiesen en su joven mente), Sasuke vio las lágrimas y la misma trágica mirada desgarradora que sentía en su propio rostro.
—estaba llorando?
Una tronante explosión sacó a Sasuke de sus pensamientos mientras observaba la barrera de chakra disiparse y la roca desmoronarse.
Sakura estaba parada a unos pocos metros de la destrucción, habiendo volado hacia atrás una vez más por el impacto. Su brazo colgaba inmóvil a su lado y su pecho subía y bajaba con cada respiro.
Mirando a la chica con una fascinación mórbida, la vio hacer una mueca cuando intentó mover su brazo. El estrés puesto en su cuerpo estaba haciéndose más evidente mientras caía en una rodilla, su brazo bueno envolviéndola para que el otro no se moviese demasiado.
Kakashi estaba rápidamente a su lado y Sasuke observó cómo le preguntaba algo, sólo para que la pelirrosa menease su cabeza en un no y se pusiese de pie.
El par caminó hacia ellos y Kakashi dio la señal para entrar a la caverna.
El pecho de Sasuke se retorció. Su hermano estaba dentro. ¿Iba a ser realmente capaz de matarlo, de poner sus años de odio y entrenamiento riguroso en efecto? Luego de haber escuchado las noticias pensó que no cambiaban nada, pero con cada paso que lo llevaba más cerca de este momento se dio cuenta que lo cambiaba todo.
Se dio cuenta que necesitaba saber por qué.
¿Por qué Itachi asesinó a su familia?
¿Konoha ordenó esa misión?
¿Por qué era él el único al que Itachi no mató?
Rechinando sus dientes, Sasuke empuñó el mango de su kusanagi y entró después de Kakashi.
El grupo recorrió en silencio el túnel que los llevaba a una cámara abierta dentro de la montaña –como Neji había reportado— aunque con el ruido que Sakura acababa de causar tenían poca esperanza de lograr una entrada sorpresa. No tomó mucho ver la base de la estatua usada para extraer los demonios y luego la escena completa pudo verse cuando entraron en la caverna. Los ojos de Sasuke inmediatamente cayeron en la silueta de su hermano, su Sharingan girando rápidamente con las emociones mezcladas inundando sus venas.
El mundo entero se desvaneció en ese momento y lo único que parecía existir eran él e Itachi.
Un grito ahogado de, —¡NARUTO! –fue un eco distante, junto con la destrucción explosiva provocada por el Mangekyou Sharingan de Kakashi mientras absorbía la mitad de la poderosa estatua y la enviaba a otra dimensión.
No fue hasta que el cuerpo de Naruto comenzó a descender del aire, ahora libre de las garras de Akatsuki, y los otros se apresuraron pasándolo con armas arriba, que Sasuke sacó su propia arma y se movió hacia su hermano.
Itachi fue rápido en tomar la muñeca de Sasuke y sacar un kunai. Haciéndolo parecer fácil, Sasuke también tomó la muñeca de Itachi, cerrándose en una pulseada.
Perfecto.
—¿Cómo pudiste? –masculló Sasuke—. ¿Cómo pudiste matar el clan entero – nuestros padres – por órdenes!?
Sasuke estaba furioso. Las emociones que había reprimido desde que Sakura le dio ese pergamino finalmente estaban hirviendo, pero no lo hacía menos observante. No, vio la mandíbula de Itachi contraerse nerviosa ante la acusación, que sólo la confirmaba como cierta.
—Estúpido hermano menor, —dijo Itachi en su voz silenciosa y controlada.
—No, —dijo Sasuke con una mueca de desprecio, su Sharingan girando rápidamente, buscando una manera de entrar en la mente de Itachi para forzar la verdad a salir. –Me dirás la verdad.
—Tch, —Itachi estaba a punto de liberar su mano cuando Sasuke frunció el ceño, su rostro contorsionándose en una expresión que el Uchiha mayor reconocía muy bien.
—Por favor, Nii—chan…
Funcionó.
La defensa de Itachi flaqueó y Sasuke se abrió camino por memorias que no eran las suyas.
Unos mucho más jóvenes Sasuke e Itachi estaban sentados en el porche de su hogar. Era justo después de la cena y el sol estaba a punto de hundirse en el horizonte.
Sasuke recordaba esa noche mientras la observaba a través de la mente de su hermano. Había estado feliz de estar pasando tiempo con su nii-chan. Después de todo, en las semanas anteriores había estado viendo a su hermano menos y menos. Siempre estaba ocupado con misiones importantes y se estaba tornando más y más distante.
'¿Fue en ese entonces?' se preguntó Sasuke, '¿Ya sabías que te convertirías en un asesino?'
—Tú y yo somos hermanos, y ese es un lazo único.
Sasuke se volvió para ver a su hermano, curioso de lo que estaba diciendo.
—Por cada obstáculo que debas superar, siempre estaré allí para ti.
Itachi sonrió y Sasuke estaba sonriendo también. Después de todo, había pensado que estaba perdiendo su querido nii-chan, pero no ― lo acababa de prometer. Siempre estaría allí.
'Aún si me odias ― porque eso es lo que un hermano mayor es.'
Sasuke inspiró profundamente mientras escuchaba las palabras no dichas. Itachi lo sabía entonces, sabía lo que iba a pasar. Rechinando los dientes contra la confusión que ahora nublaba sus ya inseguros pensamientos, Sasuke buscó otra memoria, una que le aclarase un poco las cosas.
Mikoto estaba ociosamente lavando los platos mientras se perdió en sus propios pensamientos. Itachi y Sasuke se habían perdido la cena, lo que no era tan inusual, pero le hacía preocupar. Sus hijos estaban constantemente entrenando, intentando mejorar. Mikoto entendía su deseo, pero como una madre no podía evitar preocuparse. Era el punto doloroso en su matrimonio con Fugaku. Ella juraba que los presionaba demasiado, que les daba estándares imposibles y deseaba que los dejase ser niños sólo por un ratito antes de forzarlos a la vida de shinobi.
No podía evitar sentir que sus palabras caían en oídos sordos.
Secando el último plato, Mikoto se congeló. Se había tornado inquietantemente silencioso durante la última media hora. Abriendo un poco la cortina que cubría la ventana arriba de la pileta de la cocina, miró a los jardines que rodeaban su casa. Ni un pájaro. Eso era aún más extraño.
Intranquila, Mikoto se dio la vuelta para echar un vistazo afuera. Continuó diciéndose que estaba siendo paranoica, pero no podía liberarse del desgarrador sentimiento en su estómago.
Llámenlo intuición de madre.
Dándose la vuelta, saltó cuando vio a Itachi parado en la entrada de la cocina. Sorprendida como estaba, Mikoto dejó caer el plato que justo había terminado de secar. Tan pronto como se estrelló, se estaba arrodillando y juntando los pedazos rotos.
—Me asustaste. Eres como tu padre en ese sentido, ¿sabías? Nunca los oigo ir o venir. –Levantando su cabeza para sonreír a su hijo mayor, los ojos marrones oscuros de Mikoto se pausaron en el rojo carmesí ahora en el piso de la cocina. Tan pronto como la vista se registró en su mente, todo lo que parecía escuchar era el
drip,
drip,
drip,
de sangre.
Parándose para mirar a su hijo, todas las piezas rotas de vidrios que había puesto en su delantal doblado cayeron al piso cuando sus manos se aflojaron. Con lágrimas humedeciendo sus ojos, Mikoto hizo pasos apurados hacia Itachi antes de envolver sus brazos alrededor de su tensa forma.
—Está bien, —susurró—, Elegiste la opción correcta.
Itachi fue sacudido por las amables palabras de su madre.
—Kaa-san… —susurró, su voz temblorosa.
—Shhh, —calmó Mikoto antes de alejarse de su hijo. Poniendo la palma de su mano en el costado del rostro de Itachi, sonrió. –Todo va a estar bien. –Tomando su mano libre, lo llevó hasta su habitación.
Se apuró al costado de su cama y se arrodilló antes de quitar una parte del entarimado. Sacó un montón de papeles que detallaban los planes del golpe de estado que el Clan Uchiha estaba planeando.
Dándoselos a Itachi, Mikoto dijo, —Tómalos y quémalos. No me importa, pero por favor, no dejes que tu hermano los encuentre. É—él no tiene nada que ver con esto. Por favor, protege a tu hermano. N—no mereces nada de esto, pero necesito saber que ambos estarán bien. Necesito saber que… que tú y Sasuke… Lo siento, lo siento tanto.
Sollozando, Mikoto agarró la mano tensa de Itachi que sostenía su Ninjato y atravesó su estómago con la espada. Los ojos de Itachi se ensancharon cuando escuchó el innegable chapoteo de su espada corriendo por la carne de su madre.
—¡Kaa-san!
—Eres un buen hombre, Itachi. Te amo tanto. –con cabeza ahora inclinada sobre el hombro de su hijo mayor, tomó lo que le quedaba de fuerza y susurró—, Dile a Sasuke que lo amo y cuídense el uno al otro.
Los ojos de Sasuke lentamente se oscurecieron al negro mientras liberaba la muñeca de su hermano.
El aire se sentía espeso en sus pulmones.
Había pasado tanto tiempo desde que había visto una imagen de su madre, sin mencionar escucharla. El shock de verla, justo como la recordaba, —feliz y simplemente tan cariñosa— hacía difícil siquiera concentrarse en lo que había estado diciendo, pero lo había hecho de todos modos.
Tenía dificultades en creerlo.
—¿Sobre qué eran esos papeles? –preguntó silenciosamente, intentando descubrir por qué su madre habría intentado perdonar lo que Itachi había hecho.
—Eran… —la voz de Itachi se desvaneció, sus ojos moviéndose a mirar a algún lado sobre el hombro de Sasuke.
—¡Demonios Itachi! Sólo dímelo. Me lo debes.
La mandíbula de Itachi se apretó antes de dejar salir un suspiro resignado.
—El Uchiha Clan estaba planeando un golpe de estado. Se suponía que tenía que ayudar juntando información durante mi tiempo en ANBU—
—Pero elegiste a Konoha en su lugar, —terminó Sasuke, inseguro de cómo se sentía sobre estas noticias—, ¿Por qué?
—Para prevenir otra guerra.
—¿Por qué me dejaste vivo entonces? –gritó Sasuke, frustrado porque podía ver la lógica en la decisión de Itachi, podía ver cómo la situación forzó su mano. Estaba lejos de perdonar a Itachi, pero maldita sea, de alguna manera podía entenderlo.
—Eres mi pequeño hermano. No podía—
—Cállate.
—Se suponía que nunca lo descubrirías, —susurró Itachi—.
—¡CÁLLATE! –gritó Sasuke, el lado de su puño golpeando la pared junto a ellos—, Deberías haberme contado.
—¿Y luego qué? –preguntó Itachi—, Eras tan joven, no habrías sido capaz de manejar la verdad.
—¿¡Entonces es mejor mentirme así termino matando la única familia que me queda!?
Los ojos Sharingan de Itachi volvieron al rostro de Sasuke antes de que menease la cabeza.
—Como si realmente me considerases familia.
El cuerpo entero de Sasuke se congeló ante la declaración que llegó a sus oídos. Era casi divertido en un retorcido sentido. Aún después de todo, después de odiar a su hermano por tanto tiempo, siempre lo había considerado familia. Era lo único que lo mantenía vivo, lo único que le daba consuelo.
No estaba solo; no era el 'último Uchiha'.
De lo único que Sasuke no estaba seguro a este punto era si podía perdonar a Itachi o no. Quizás con el tiempo, mucho mucho tiempo o quizás nunca, pero sabiendo lo que sabía ahora, Sasuke sabía que no podía matar a Itachi.
El ensimismamiento de los hermanos Uchiha fue roto de repente por el sonido de un grito adolorido.
La cabeza de Sasuke azotó a un lado por la familiaridad. Sakura estaba volando hacia él y podía ver la sangre saliendo de los cortes –parecían hechos por garras— en un costado de su torso.
Era casi como un hábito, la forma en la que se estiró para atraparla.
La médico ya estaba enviando chakra a su costado, haciendo crecer la desgarrada carne mientras que los ojos de Sasuke siguieron el camino por donde había venido para averiguar quién le había hecho aquello.
Estaba shockeado de encontrar a Naruto doblado, el chakra rojo del zorro borboteando alrededor de él.
—No tiene control… El sello debe haberse debilitado, —vino el susurro entristecido de Sakura—, N-no sé que hacer. Le duele y no puedo – ni siquiera puedo—
Un sollozo estrangulado atravesó la voz de la chica mientras Sasuke, quien estaba soportando la mayoría de su peso, la sentó contra la pared. Volviéndose hacia Naruto, Sasuke ya se había decidido.
Él e Itachi volverían a Konoha. Los ancianos y Danzo serían castigados por el genocidio que ordenaron, y de alguna manera se las arreglaría para averiguar como lidiar con la vida que le había tocado.
