N de la A: Hola de nuevo! Aquí vengo con otro capítulo. La verdad es que me está quedando más dramático y oscuro de lo que pensaba en un principio. Muchas gracias por vuestras reviews, me hace mucha ilu que disfrutéis con esta historia, de hecho, intento escribir lo que a mí me gustaría

Como siempre, advierto que no es recomendada para menores de 18, y , como dije en el anterior capi, si alguien quiere aportar su versión/continuación de la historia es bienvenid, ya que esto es un fic abierto.

Sugerencias y observaciones son bienvenidas!

EN EL DORMITORIO

-¿Bocchan?...- la voz de Sebastian sonó una vez más desde el otro lado de la puerta de su dormitorio.

Ciel se incorporó en la cama como un resorte, su mente en blanco, cegada por la confusión.¿Qué le estaba pasando? Cuanto más pensaba en lo sucedido en el baño, mas extraño le parecía. En todo el rato que llevaba tumbado en la cama había analizado el suceso unos cuantos cientos de veces, desde todos los ángulos posibles, o eso le parecía a él. Y cuanto más lo analizaba más raro se le antojaba, mas inapropiado y fuera de lugar, mas escandaloso. Quería convencerse de que había estado bajo el influjo del demonio, esa era la única explicación, por eso consintió, por eso se mostró tan dócil ante los avances del sirviente…

Pero una vocecilla en su cabeza le traía otros recuerdos… una parte de él siempre se había sentido vacía en las contadas ocasiones en las que Sebastian se ausentaba, una especie de indefinido y nebuloso deseo de proximidad, de protección y cobijo lo ataba imperceptiblemente al mayordomo con una intensidad soterrada que él procuraba ignorar. Era ese niño herido, solo y angustiado que llevaba dentro, el que aullaba de miedo cada vez que el mayordomo desaparecía de su vista, ese pequeño vampiro que vivía en él, que siempre quería más, y al que no le bastaba con nada. Ese horrible pequeño monstruo que había nacido en aquellos días oscuros de sufrimiento.

Ciel había crecido, y el pequeño monstruo con él. Y ahora su ambición no conocía límites; su miedo a desaparecer en las llamas del infierno tampoco. Antes se conformaba con que Sebastian lo sirviera, lo cuidara, fuera su padre, su madre, su apoyo , su fuerza, su todo. Pero ya no le bastaba, ahora necesitaba que además lo quisiera, lo deseara con toda su fuerza de ser sobrenatural. "Porque así, a lo mejor,-pensaba el pequeño monstruo- no será capaz de devorar tu alma cuando todo se acabe, y con un poco de suerte quizá te cuide por toda la eternidad… después de todo, Ciel, sólo eres un pobre muñeco roto que siempre necesitará a alguien que lo mantenga en pie…"

-¡Cállate!- la voz de Ciel resonó en la habitación, y al abrir los ojos encontró a su sirviente inclinado sobre él observándole atentamente.

-Bocchan, ¿se encuentra bien?

- Necesito… voy a vomitar- respondió Ciel con un hilo de voz.

Inmediatamente Sebastian lo incorporó mientras con una mano le acercaba una pequeña bacina . Una vez Ciel hubo terminado, el mayordomo le levantó la barbilla para limpiar sus labios con un pañuelo, que inmediatamente se llevó junto con el recipiente para volver con un vaso de agua y una infusión.

- Enjuáguese con esto, Bocchan. La tisana le sentará bien.- Sebastian consultó su reloj- Ya es tarde, con su permiso, le ayudaré a ponerse el camisón- y acto seguido comenzó a desvestir al chico, deslizando sus dedos por los botones de su indumentaria, hasta que esta quedó apilada en un pulcro montón sobre la cómoda. La habitual máscara inexpresiva había vuelto a posarse sobre las facciones del chico, pero por poco tiempo. Una vez desnudo, no pareció que la intención de Sebastian fuera vestirlo con el camisón. En vez de eso, lo tumbó en el lecho boca abajo.

-Bocchan, dado su estado, me tomaré la libertad de aplicarle un masaje relajante. Sin duda le ayudará a conciliar el sueño.

-¿ Un masaje… como el de la otra vez?- la voz de Ciel sonaba con una extraña mezcla de pánico y anticipación.

-No- dos guantes blancos cayeron sobre la cama ante los ojos del muchacho, e inmediatamente después las manos desnudas de Sebastian se posaron sobre su espalda- Esta vez será diferente.- Las manos comenzaron a bajar hasta detenerse en las nalgas, acariciándolas con movimientos suaves pero firmes. Todos los pensamientos que habían estado perturbando la mente de Ciel hasta entonces volaron en ese preciso instante. Sin darse cuenta comenzó a mover las caderas contra el colchón para sentir el inmenso placer de su miembro endureciéndose contra las sábanas. Y todo se convirtió en un caos de sensaciones; las manos de Sebastian recorriendo su cuerpo delgado en una caricia interminable , su lengua marcando senderos húmedos en su piel, despertando placer en lugares que había ignorado durante sus 15 años de vida, encendiendo sentidos que jamás pensó que tuviera.

Ciel había vivido encerrado en su mente durante los últimos años, y ahora Sebastian se estaba encargando de despertar su cuerpo.

-Es bueno para un joven de su clase, señor…- la voz de Sebastian sonaba para Ciel más oscura de lo habitual, ligeramente ronca- el probar todo tipo de experiencias, para que, llegado el momento, pueda satisfacer a su futura compañera. Cuantas más experiencias acumule, mejor comprensión del placer tendrá… en todos sus sentidos.

Diciendo esto, Sebastian abrió las nalgas de su amo, e introdujo dos dedos en él, con sumo cuidado, iniciando un movimiento rítmico.

El cuerpo de Ciel se tensó, y mordiéndose los labios, decidió que no pensaba gritar, no iba a darle esa victoria al sirviente. Entonces Sebastian retiró los dedos , se tumbó por completo encima del chico y éste pudo sentir el miembro duro y palpitante del demonio entre sus nalgas. No, no iba a gritar, podía soportar el dolor perfectamente.

Bocchan…- la voz de Sebastian goteó húmeda a centímetros del oído de Ciel- ahora voy a mostrarle cómo el dolor forma parte del placer… espero que disfrute de esta lección práctica.

Sin otro preámbulo, Sebastian penetró al joven, pero tras dos o tres bruscos embates, Ciel no pudo más que gritar, el eco de su voz resonando en la noche a través de los pasillos de la mansión. Al cabo de un rato los gritos de dolor se convirtieron en jadeos de placer por ser poseído, por sentir a Sebastian sobre él , dentro de él, por ser el centro de su atención más allá de todo lo imaginable y lo permitido. Era el pequeño engendro dentro de Ciel el que gritaba en éxtasis.

Esta vez Sebastian no se molestó en amortiguar los gritos del joven tapándole la boca con su mano, acaso en un intento de humillarlo ante los demás, pensó el chico. Una instantánea fugaz pasó por su mente: las caras de extrañeza de los criados, y el demonio entregado como cada día a su papel de sirviente solícito y modélico, con su sonrisa habitual, como si nada hubiera ocurrido la noche anterior.

-¡Sebastian! ¡Basta!... ¡No puedo más!- el dolor se estaba haciendo casi insoportable, y había vuelto a eclipsar el placer que había estado sintiendo hasta el momento. A su espalda, la voz del mayordomo sonó grave y entrecortada por el movimiento:

- ¿Acaso el heredero de los Panthomhive… no puede soportar una ligera incomodidad como es esta…Bocchan?

Sin molestarse en mirar hacia atrás, Ciel supo qué clase de mirada le estaban dedicando los enrojecidos ojos del demonio en ese instante: desaprobación aderezada con un ligero toque de desprecio. Y aquello le hirió más que cualquier violación de su cuerpo.

-¡ Detente! ¡¡Es una orden!!

Ante ese grito enfurecido, Sebastian cesó el movimiento, pero no hizo ademán de salir del cuerpo del joven. Las manos como garras sobre sus caderas impedían a Ciel cualquier movimiento de escape.

-¡Sal!¡ Fuera de aquí, maldito bastardo! ¡¡¡Fuera!!! ¡Es una orden!

Ante tales palabras Sebastian no pudo más que liberar a su presa, recoger su ropa y salir de la habitación silenciosamente. Cuando la puerta del dormitorio se hubo cerrado, Ciel no pudo reprimir más las amargas lágrimas que habían estado pugnando por salir, en un llanto silencioso y lleno de rabia que lo mantuvo despierto gran parte de la noche. No sabía como había llegado hasta allí. Y en medio del sufrimiento recordó las palabras de su intuitiva tía Marchioness durante su última visita: Ese mayordomo tuyo… no deberías depender tanto de él. No me gusta cómo te mira. Tampoco me gusta como le miras tú a él. Mantener esa dependencia con un criado es algo enfermizo. Él no es tu padre, ni tu familia, Ciel, recuérdalo.

No- pensó Ciel -él es esa cosa que me está devorando incluso antes de arrancarme el alma en la tumba.

CONTINUARÁ…