Descubriendo al Demonio.

No sabía lo que había pasado, pero no se podía sacar su rostro de su cabeza, toda la maldita noche había soñado con ella. No se podía sacar esa mirada de su mente, de su subconsciente. Algo más fuerte que él le decía que tenía que tenerla a su lado. Cuidar cualquier aspecto de ella, cualquier paso, acción, respiración, gesto. Cualquier cosa. Era como si su sentencia eterna, ella era su destino. No sabía que le estaba pasando pero no dejaría que la alejaran de su lado ningún milímetro. En eso siente que alguien golpea suavemente su puerta. Sabe de ante mano que es su madre.

-Pasa, estoy en la cama todavía y estoy digno… creo. – dijo Edward con la voz más adormilada que nunca.

-Buenos Días hijo – dijo entrando a la habitación Esme, y dirigiéndose al extremo en donde estaba el ventanal, decidida a correr las cortinas.

-Pero qué hora es… mamá… no por favor, las cortinas no…- le suplicó Edward.

-Edward tienes escuela, y es hora de levantarse, quiero que a la tarde le ayude a Bella a acomodarse, además ni tu papá ni yo estaremos. Acaba de perder a sus padres. No quiero que este sola. – le pidió Esme.

-Pero mamá tenía pensado ir por unos libros a la librería en Port Angels. – le comunicó Edward.

-Bueno ve con ella. No quiero que este sola. Solo te pido eso. Emmett tiene práctica y Jasper va a salir con Alice, y tú sabes perfectamente que puede ser un poco mareante al principio. – le dijo Esme.

-Bueno si es por eso, pudo ir el viernes a Port Angels. Alice marea a cualquiera en su primera impresión. Hay que prepararla para cuando la conozca. – le dijo comprendiendo la situación Edward. – Pero mamá, cuando tienes pensado que Bella se integre a la escuela…- preguntó de sorpresa.

-Bueno, creo que la próxima semana cuando se habitué más, mañana es muy de pronto. – dijo Esme.

-Y que necesitas, además de pedirme el favor que lo podrías haber hecho abajo, y venir a molestarme con las cortinas de mi habitación.- dijo Edward sentándose en la cama, ya mucho más despierto.

-Solo vengo a decirte, por favor tengas la conciencia de que ahora compartes tu piso con una mujer. Eso significa; uno, vestirse, dos, no más citas en tu cuarto, tres, tolerancia, cuatro comprensión y solidaridad, y finalmente, quiero que cuides a Bella cuando te sea posible. – o sea siempre se dijo Edward en su pensamiento, mientras se miraba profundamente con su madre, con quien compartía el color de sus ojos. Pero la intensidad de su mirada era con su padre. Absolutamente la perfecta mezcla. – Así que por favor, Edward no seas malo con Bella. Se le vienen muchas cosas encima, y lo que más necesita ahora es un apoyo incondicional. Sobre todo de nuestra parte. – le terminó por decir Esme.

-Mamá te recuerdo que no concebiste a un monstruo, que Emmett y Jasper sean más civilizados que yo, no significa que vaya a comerme a Bella. O la valla a corromper…-le dijo Edward.

-¡Edward por favor! apúrate que ya estás en la hora si no vas a llegar tarde. Y no queremos más problemas por favor. – dijo Esme, quien ya estaba saliendo de la habitación pero al momento de abrir la puerta, era Bella quien estaba al otro lado.

-Esme, yo… ¡no puedo! – dijo Bella tirándose a sus brazos con un llanto desconsolado. Por fin estaba aterrizando eso significaba que estaba saliendo de la ensoñación de la realidad que estaba teniendo. Estaba volviendo en sus comportamientos más racionales. De inmediato Esme la contuvo entre sus brazos. Acunándola maternalmente.

Edward mientras tanto atrás empezó a sentir una opresión en su pecho, que ese ángel llorara era la peor imagen. Si en sus manos estuviera el pelearían contra viento y marea para que eso no se repitiera nunca más. Aunque se llevara la vida en eso.

Bella seguía llorando, había tenido una pesadilla, era ver los cuerpos de sus padres gritando su nombre, en medio de las llamas, y ella no podía hacer nada para sacarlos de las malditas llamas. Pero tampoco podía parar de llorar. Le era imposible. Con Esme se sentía tan bien, era como un calor que la incitaba a desahogarse con ella.

-Edward, ve en busca de Carlisle, no quiero que termine con un ataque de pánico. – le pido Esme.

Y el corriendo escaleras abajo fue en busca de Carlisle, claro que solo en los pantalones sueltos, de la noche anterior.

-Papá, es Bella, está a punto de darle un ataque de pánico…. Mamá dijo que fueras, pero apúrate. – dijo un poco desesperado Edward por la situación, le preocupaba bastante la situación de Bella.

Carlisle no dudo ni un minuto más y fue corriendo escaleras arriba, detrás iba Edward, mientras abajo seguían unos sorprendidos Emmett y Jasper. Desde cuando Edward Cullen se preocupaba por alguien más aparte de su propia persona. Esto si que era raro.

-Algo le hizo esa niña a Edward. Lo puedo ver claro como el agua. – dijo Emmett en un tono de absoluta reflexión.

-Si, definitivamente, por lo menos anda con algo de ropa, acuérdate que duerme sin nada encima. Está siendo considerado. Esto no se lo van a creer ni Rose ni Alice. – dijo Jasper.

-Tienes razón hermano. ¿Crees que estará bien Bella arriba? – le pregunto con un dejo de preocupación Emmett.

-Si, está Esme y Carlisle, además su demonio guardián la protegerá. – dijo Jasper.

-Ja, ja, ja, esta buena esa Jasper, ¿apostamos? – dijo Emmett.

-¿Sobre qué? – pregunto Jasper.

-¿Cuánto tiempo demora Edward en caer en los brazos y besar el piso que pisa Bella? – dijo Emmett.

-¿Así de categórico? – pregunto Jasper.

-Sí, ¿te inscribes? –

-¿De cuánto estamos hablando? –

-Mmm, ya se. El que pierda le paga un fin de semana completo al ganador en algún lugar para disfrutar con su pareja… ¿te parece? – le dijo Emmett.

-Si perfecto. Bueno yo digo… a ver conociendo a Edward… tres semanas. – dijo Jasper decididamente.

-Ok, entonces yo digo, un mes. – dijo Emmett.

-¿Seguro?, entonces estamos en una apuesta Cullen. – afirmó Jasper.

-Apuesta Cullen. – finalizó Emmett.

-Me preocupa Bella, como estará… - dijo Jasper.

Mientras tanto arriba las cosas no mejoraban, Bella seguía llorando, pero a un compas armónico, sin perder su respiración y su ritmo. No estaba histórica, pero tampoco se le podía dejar sola.

Carlisle tenía que marcharse, tenía turno en el hospital. Esme tenía que salir también según tenía entendido. Los chicos abajo podían ser muy duros para cuidar a Bella. Quedaba Edward. Quien no sabía si podía tener tacto o no. Tampoco sabía si Bella, reaccionaría bien ante la presencia de Edward. Podría también resultar tosco. Pero ahí estaba en el sillón, a un costado del piano, mirando hacia afuera a través del ventanal, ahora sus dos mujeres en su vida. Su esposa y su hija. Sabía que Edward estaba detrás de él siguiéndolo con preocupación. Algo totalmente nuevo en él. Eso era algo que tanto a él como a Esme los tuvo conversando bastante la noche anterior. Ya era mucho que Edward saliera vestido de su habitación a las tres de la madrugada.

-Esme, ¿cómo está Bella? – pregunto en bajo tono Carlisle.

-Mejor, tuvo una pesadilla al despertar. No me ha dicho de qué se trata. – dijo Esme.

-Bella, cariño – dijo Carlisle sosteniendo suavemente los brazos de Bella.

-Yo… no puedo Carlisle, los veo entre las llamas, no puedo sacarlos de mi cabeza, me estan casando… no salen… no los puedo rescatar. – dijo Bella mejor, acabando un poco con las lágrimas y los sollozos también.

-Bella, calma todo pasara. Fue solo un mal sueño, lo mejor es que te distraigas. Que ocupes tu mente en otras cosas. Que salgas, lo bueno sería que conocieras Forks, claro que solamente si quieres salir, pero si no, nos podemos quedar acá contigo...- dijo Carlisle comprensivamente.

-No es necesario, ya estaré mejor…-

-Yo me puedo quedar con ella – dijo Edward interrumpiendo a Bella.

Bella lo miró sorprendida. Ese hombre, todavía con la vestimenta de la noche anterior, sin cambio alguno, sin conocerla le estaba diciendo que se podía quedar con ella. O eso era un milagro o una sentencia, ese hombre con aspecto de demonio se comprometía en cuidarla. ¿Quién era él?

Lo hizo sin pensar, que estaba haciendo, esa mujer lo tenía loco, tendría que ir a ponerse algo más, aquello que lo identificaba como hombre, le estaba dando problemas. Lo peor que sus padres estaban presentes. Pero verla sufrir de esa manera, era como si le clavaran una estaca profunda contra su corazón. Profundamente. Y su deber era que ella no siguiera sufriendo de esa manera. No era justo tenía que parar ese sufrimiento de alguna manera.

-Pero Edward…- le replico Esme.

-Mamá si lo hago es por algo. Es porque puedo, de verdad. Quiero ayudar. – dijo Edward sorprendiendo por igual a sus padres.

-Edward de verdad no te molestes por mí, puedo cuidarme sola. – dijo Bella sacando fuerzas de la nada para pararse en frente de esa escultura renacentista personificada en persona. Y para que los fantasmas de su cabeza desaparecieran tan rápidamente. Pero la mirada de Edward había cambiado. ¿Habría tomado de mal manera lo que había dicho?

En la mente de Edward no podía creer lo que estaba pasando, Bella lo estaba casi rechazando, tanto a él como a su ayuda. Quizás sabía que el mismo ahora estaba sobre reaccionando. Pero tenía que encontrar la forma en que ella no diera un paso al lado del camino, mientras todo pasa. Tenía que integrarla a un mundo real pronto o si no esos fantasmas la seguirían atormentando. Si en él estaban las herramientas como creía lo haría sin duda alguna. Buscaría la manera de que ella estuviera a su lado siendo posible a su vez que el mismo le abriera la realidad que necesitaba. Siendo la misma forma la seguridad que necesitaba Bella, el se la otorgaría. Principalmente le haría entender que él podía confiar y lo tenía que hacer antes de que el resto de los ciudadanos de Forks le dijeran lo contrario.

Por lo tanto la mejor forma de forzar su entrada a la realidad, era desafiando su independencia y seguridad. Si no quería quedarse ahí con él, entonces saldría con él, porque quedarse sola en esa casa, antes muerto. Por lo tanto se arriesgó y decidió tocar la fibra sensible de Bella, su auto convicción de que estaba sana y fuerte. Y no disminuida y atormentada por sus fantasmas.

-Así que puedes cuidarte por ti sola… y con esa mirada desafiante, ok, porque no lo demuestras…- la desafío Edward.

-¡Edward!....-

-No Esme, tiene razón. – le susurro al oído Carlisle, Edward había logrado en medio minuto lo que ninguno de los había logrado en esas horas. – déjalo está logrando lo mejor, está enfrentado a Bella con la realidad, vemos que sale de esto. – termino por decir Carlisle.

-A ver genio, como quieres que te lo demuestre… si eres tan inteligente vamos dime…- dijo una sorprendente y desafiante Bella.

-Mmm, a ver déjame pensar – y Edward hizo irrisoriamente un gento de pensamiento llevándose uno de sus dedos índices al pronunciado mentón - ¡Ya sé!, ven conmigo a la escuela. – dijo.

-Pero todavía no estoy enrolada…-

-No importa puedes ir como oyente. Solo basta con una llamada de aviso, todavía estamos a tiempo… ¿te atreves? – dijo Edward mirándola de la manera más desafiante.

-Ok, acepto. Vamos. – dijo Bella.

-Cariño estás segura… no crees que será un poco duro…- le comentó Esme con un resto de duda.

-Si Esme, calma estaré bien, si me pasa Edward será el culpable. ¿No? – dijo casi irónicamente Bella mirando también de manera desafiante a Edward.

-Claro, yo seré el responsable de ti pequeña. – dijo Edward.

-Bueno es un hecho, Edward a cualquier incomodidad de Bella la traes de inmediato para acá, ¿Ok? – dijo seriamente Carlisle.

-Genial – dijo entusiastamente Edward, quien partió raudamente hacia su habitación para ducharse y cambiarse para ir a la escuela.

-¿Estás segura de esto Bella?, no será muy pronto. – le pregunto Esme.

-No, Carlisle tiene razón, si me quedo acá los fantasmas volverán una vez más y no sé si lo lograré soportar. – dijo con convicción Bella.

-Amor, calma, Edward la protegerá ante todo, le creo. – dijo Carlisle terminado por convencer a Esme.

-Está bien, confío en ustedes. Si te pasa lago necesito que seas honesta con nosotros cariño, Edward será responsable. Por favor cualquier cosas que pase dime…- dijo Esme.

-Sí, Esme no te preocupes, que lo hare. Si me pasa algo Edward será el encargado de sufrir el castigo de los cielos…- dijo Bella al final casi chistosamente.

- Mira tú, amor, mira como Bella se está recuperando. Cariño, yo que tú me voy de inmediato arreglar a menos que quieras que Edward te deje acá. El bus escolar no pasa por la casa. Vivimos muy lejos del recorrido central de Forks. – le dijo Carlisle dándole apoyo totalmente.

Bella partió con un ánimo inaudito hacia su habitación. Y con una fuerza sorprendente. Ambos tanto Edward como Bella en menos de cinco minutos estaban listos. Frente a la sorprendente mirada de el resto de los habitantes de la casa. Nadie podía creer este milagro.

Primero Bella, quien venía saliendo de una situación muy difícil y complicada de tratar, era sorpresivo pensar y ver que en menos de unos instantes, frente a la comprensión de Edward y sobre todo frente a su desafío reaccionara de esa manera. Era simplemente sorprendente.

Mientras tanto Edward quien sorprendía a todos con esta actitud, que especialmente en cuanto a lo preocupado que se proyecta hacia otra persona. Era formidable. Ahora especialmente Emmett y Jasper lo querían ver como se comportaba en la escuela, al enterase de que iba Bella como oyente. Porque Edward Cullen era una marca registrada, nunca se preocupada por alguien más que si mismo. Era un playboy por excelencia. Era el tópico universal en cuanto a lo que imán de chicas se refería. Su comportamiento de chico malo. Su actitud desafiante era como miel para las hormigas. Tenía la fama en toda la escuela de Forks, que era un chico con el cual no quisieras meterte. Ya varios habían sufrido las consecuencias. Y la fama que eso implicaba era sorprendente. De los tres Cullen, lejos Edward era el más popular, atrayente, deseado, sexy, o sea era el objeto deseado por todo el plantel femenino de la escuela secundaria de Forks.

Bella no sabía donde se estaba metiendo, sería algo digno de ver el día de hoy en la escuela. Sin duda otro espectáculo más de Edward Cullen. Pero Jasper y Emmett también sabían que si Bella si llegaba en el mismo auto que Edward Cullen sería el blanco de todos los dardos de la escuela.

Terminando rápidamente el desayuno ahora los tres chiflados y Bella, tenían todo listo.

-¿Alice ira hoy a la escuela Jasper? – le pregunto Bella.

-Creo que si Bella, ¿por qué? – continuo Jasper.

-Porque le quiero agradecer que me haya conseguido esta ropa provisoria. – dijo Alice.

-¿No tienes nada? – le pregunto ingenuamente Edward.

-Tonto, se le quemo la casa. – dijo brutamente Emmett como siempre lo hacía, acompañado de un sutil pero fuerte golpe en la nuca a Edward. Su hermano mayor era el único que lo podía golpear. Eso era un regla, condición, constante, como quisieran, pero irrevocable en todo el estado de Washington.

-Bueno entonces, mañana iremos a comprar. – dijo Edward tan convencido que Bella se aprovecho y respondió de inmediato.

-Bueno si tú te ofreces mañana entonces me acompañaras a comprarme un closet completo, sumado con lo que necesito para la escuela. – dijo Bella realmente alegre. Sorprendiendo de paso a toda la familia Cullen. Provocando en el rostro de Edward floreciera su sonrisa, que provocaba el delirio femenino de Forks.

-Ustedes, dos se irán en el Jeep de Emmett. – dijo Edward en el tono que provocó que nadie le discutiera. Bella recordó que ese tono solo lo había escuchado previamente en Carlisle. Igualmente la congelo por unos momentos, pero se encontró con la mirada de Edward y un calor al interior de su pecho empezó a crecer, dándole una sensación de profunda seguridad y confianza en aquel sujeto.

Y así fue, Emmett y Jasper se fueron en el Jeep del primero, y de paso aprovecharon de pasar por sus respectivas novias, debían advertirle de la presencia de Bella, hoy en la escuela, y que sobre todo los apoyaran ya que las yeguas, de la secundaria de Forks se molestarían al ver a un Edward Cullen acompañado.

Mientras tanto Edward acompañado por Bella, salieron de la casa, mientras Esme miraba aprensivamente como se iban. Edward se acercaba a su Volvo C30 negro, y Bella quedaba con la boca abierta. Como era posible que tuviera un auto así.

-¿Cuántos años tienes? – le pregunto Bella sorpresivamente.

-17, ¿por qué? – le cuestiono Edward sorprendido.

-¿Cómo le haces para tener este auto? – dijo Bella con la cara llena de impresión y asombro.

-¿Te gusta? – le pregunto Edward.

-Esta de lujo, es una belleza sobre ruedas…- dijo Bella tocando sutilmente la carrocería del automóvil.

-¿Sabes manejar? – le siguió preguntado Edward mientras abría el auto.

-Sólo un poco, mi papá lo estaba empezando enseñar, todavía tengo 16 – dijo Bella.

- Bueno entonces anota eso también en la lista de quehaceres, enseñarte a manejar. – dijo Edward seriamente, como haciendo un compromiso que le valía la vida.

Bella, quedo sin palabras. Se sentía rara. Era como si un Dios griego, perfecto se hubiera cruzado en su desastrosa vida, y le estuviera cambiando su destino. Acaso esto era lo que su cuerpo sentía el día de ayer, en el momento que los Cullen llegaron. Que acaso las fuerzas de la naturaleza le estaban advirtiendo de la bienvenida de Edward Cullen en su vida. Pues si era así ella dichosa lo aceptaba. Sin miramientos.

Aterrizando desde su nube racional, Bella al sentir que la puerta se liberaba del seguro automático inmediatamente entraba al auto. Pero antes de cerrar la puerta, Carlisle se logra inclinar contra esta y les dice apresurado:

-Bella, acá está tu celular. Por favor cualquier cosa nos llamas. En la memoria solo estan los teléfonos mío y de Esme. Por favor cuenta con nosotros de nuevo hija, tan la seguridad que ahí estaremos. Cuídense y tu Edward cuídala con tu vida. – dijo Carlisle que a modo de despedida le dio un beso en la frente a Bella, al igual que lo había hecho Edward la noche anterior pero con la diferencia que ella esta vez no había sentido la quemazón, que si sintió con Edward.

-No es necesario que me lo pidas Padre. Nos vemos a la noche…- dijo Edward encendiendo el motor.

Carlisle le cerró la puerta a Bella y Edward apretó sutilmente el acelerador, pero su poderoso auto salió disparado hacia la salida de la propiedad.

-Como crees que resultara, el día amor…- le pregunto preocupada Esme.

-Si pasa lo que estoy pensando tendremos algunos cambios dentro de la familia, cariño – dijo Carlisle con su tono de sabiduría.

-Que quieres decir amor…- dijo Esme sin comprender.

- Creo que nuestro Edward por fin encontró lo que estaba buscando, y eso quiere decir, que por fin se cumplirá el destino tanto de Bella como de Edward. ¿Te acuerdas? – le dijo Carlisle.

-Si perfectamente como si fuera ayer. – le contesto Esme llena de una ensoñación romántica.

En el auto Bella no podía creer lo cercana que estaba a la naturaleza, todo era tan verde. Como los ojos de Edward. Quien a todo esto iba muy concentrado manejando cual piloto de carreras. Antes de salir de la casa, le había obligado a Bella a ponerse el cinturón de seguridad como él también lo haría, claro que ella no sabía que él nunca se lo ponía esta vez sería la primera vez, solo con tal que ella también se lo pusiera.

En el camino, Edward le había explicado unas cuantas cosas a Bella, como por ejemplo que no tenía que apartarse de su lado en ningún momento. Que no tuviera vergüenza, que cualquier comentario mal intencionado hacia ella se lo hiciera saber con premura. Que lograra confiar en él. Ya que era un paso importantísimo si deseaba rehacer su vida lo más pronto posible. La música que sonaba de fondo de verdad que estaba ayudando a Bella con los nervios, no es que ella haya tenido alguna vez problemas con ser sociable, este no era el caso si no lo contrario. Era Edward Cullen que la ponía nerviosa.

Luego de unos minutos más avanzando por las calles de Forks, hicieron ingreso a la escuela secundaria. Que si bien había varios autos, lejos los más lujosos eran los de los Cullen sin lugar a dudas. Al momento de pasar el Volvo, Bella podía notar como las cabezas se daban vuelta hacia ellos. Tanto hombres como mujeres se daban cuenta de que Edward Cullen estaba haciendo ingreso al estacionamiento.

-Edward, antes de bajarnos te puedo hacer una pregunta. – le cuestiono Bella.

-Si por supuesto la que quieras…-

-¿Eres el típico chico popular? –

-Cariño, soy más que eso, soy el demonio en persona. El bastardo que todos odian y el tipo aquel que todas desean pero sabes que no te puedes meter. – dijo Edward mientras se estacionaba donde siempre. Cuando apagó el motor, acercó peligrosamente su rostro a donde se encontraba sumida en los más profundos pensamientos su razón de existencia – cariño yo soy el tipo malo, la razón de las pesadillas de muchos, pero el placer de muchas, por lo mismo te digo, si estás conmigo ahora, no te separes ni un milímetro porque allá afuera está lleno de pirañas; ¿Ok? – termino muy cercano a Bella, Edward.

-Ok, vamos que quiero ver cuán terrible es Forks High School. – dijo Bella con una mirada pícara que llevo a Edward del purgatorio al segundo paraíso en un abrir y cerrar de ojos. Aquella fémina podría ser la razón de su existencia, pero también de su muerte.

Como saliendo de una película de James Bond. Edward Cullen se baja del auto, respirando sensualidad masculina completamente, dejando a las mujeres que posaban sus ojos en él sin respiración absoluta. Ninguna se le ocurría objetarle algo, solo una hasta el momento lo había desafiado y esa persona estaba dentro de su auto y ahora le estaba abriendo la puerta, fue cuando ella sale del automóvil, en que su olfato respira el mejor y el más placentero de todos los aromas. Nunca creyó que una mujer podría concertar los aromas de la primera y del verano, juntos en una esencia, y tan particular como aquella. Pero debería ser porque ella misma es particular.

Bella sale del auto, gracias al caballeresco gesto de Cullen, que a estas alturas del partido no se estaba cuestionando si podría haber sido por primera vez que habría le abría la puerta a alguien. Según las miradas de los testigos y de la cara de sus hermanos que estaban en frente a ellos. Lo confirmaba. Era primera vez que Edward Cullen en público le abría la puerta a una chica, sobre todo en su exclusivo auto. Siendo la guinda de la torta. El hecho que nadie sabía quién era, excepto los propios Cullen.

Edward estaba muy tranquilo, entendía el porqué de la conmoción que estaba generando, pero no se pudo aguantar, tener a Bella acompañándolo era como los mejores adelantos del paraíso, y solamente para él, no estaba dispuesto a compartirla con nada ni nadie.

Se estaban dirigiendo hacia sus hermanos quienes estaban con sus respectivas novias. Rosalie estaba mirando fijamente a Bella, sin duda era la más alta de la tres chicas, con su melena rubia natural dejaba a todos los hombres marcando ocupado. Era una expresión de belleza como la Venus de Millo, por supuesto el único que era una referencia para ella y aceptaba todos sus caprichos y satisfacciones era Emmett. Rose no podía apartar los ojos de Bella. Por lo cual Edward fijo una de sus potentes manos en la espalda de Bella. La cual se estremeció sutilmente ante el contacto. Era un calor abrazador que le traspasaba la ropa y la quemaba profundamente en su interior. Edward fijo su fría mirada en la inquisidora de Rose. Con el propósito de advertirle que no se metiera con ella, y si lo hacía tendría problema, sin importar que fuera la novia de su hermano mayor.

Mientras tanto Alice era otro espectáculo, su mirada era de completa fascinación, había quedado prendada del encanto de Bella desde el primer instante. Como varios que también le estaba pasando, el problema que eran hombres, y Edward sentía cada una de las miradas que estaban posando en su ángel. Momento ¿su ángel? , correcto su ángel. Desde que la vio anoche no iba a ser más que la razón de su existencia. Sin lugar a dudas. Alice en tanto ya estaba abrazando amistosamente a Bella, pero esta no parecía asustada en absoluto, sino al contrario entusiásticamente le devolvía el abrazo y de paso agradeciéndole el gesto de solidaridad, con el hecho de prestarle la ropa. Edward cruzo mirada esta vez con Jasper quien a nadie le sacaba la sonrisa de embobamiento que poseía. Estaba orgulloso de su chica, estaba aceptando a la nueva integrante Cullen de la mejor manera.

-Muchas gracias por todo Alice. De verdad que estaba con lo puesto. Muchas gracias de verdad. – le dijo una vez más Bella.

-No te preocupes para eso estamos, cuando necesites ir a comprar más ropa podemos ir juntas, me avisas y vamos…-no alcanzo a terminar Alice, gracias a la interrupción de Edward.

-No te preocupes. Yo la llevare en unos días más. –dijo tranquilamente Edward sin hacer caso a las miradas de shock del resto del grupo. Él tan solo miraba profundamente al delicado brillo de la tersa piel de Bella. – Creo que será mejor que entremos, hay que pasar por la oficina del director, para comunicarle tu presencia. Y que te dé el pase correspondiente. Vamos. –dijo autoritariamente Edward terminado por abrazar a Bella por la cintura. Delicadamente reclinándola contra él, para que no objetara alguna cosa, y la siguiera de inmediato, y así fue. La pareja dejo a cuatro bocas abiertas y muchas miradas inquisidoras y sorprendidas a medida que dejaban el estacionamiento de la secundaria.

-Y a este que le paso…-dijo preguntado totalmente extrañada Rose.

-Bueno, nuestro hermano menor, encontró su propio objeto de deseo…- le respondió cómicamente Emmett.

-Y ustedes los mensos la dejan así de sola a la pobre, Edward Cullen es un demonio…- les objeto Alice.

-Amor, no podemos ni acercarnos a Bella. Edward parece un león cuidando a su más preciado tesoro. No la ha soltado desde hoy tempranísimo, la vigila cada acción, que esta realiza. No se mueve ni ápice sin que Edward no la evaluara. El demonio está casado. – dijo Jasper.

-Entonces, Bella se ha convertido lejos en mi chica a venerar. No se ustedes pero para que en menos de 12 horas tenga al demonio Cullen así. Esa chica necesita un altar. – dijo Rose.

-¿Quién es esa estúpida? – llego preguntando altanera y prepotentemente Tanya. La perra por excelencia de la escuela. Y que estaba persiguiendo hace siglos a Edward Cullen. Lo deseaba tener como su novio, exclusivamente para ella.

-Oye ¿escucharon algo? – empezó la broma Alice.

-No amor, es un bicho – continuo Jasper

-No, es como una pulga en el oído – siguió Emmett.

- Es la perra, será mejor que nos vallamos puede que nos contagie de rabia – corono la broma Rose.

-¡Oye! Que se creen, estúpidos. Una última vez quien era la puta que estaba con Edward – y como si hubiera invocado al mismo diablo. Cuatro pares de ojos la miraban de forma mortal.

-Una vez más que te escuche que hablas mal de ella, y te juro que me olvidare que eres mujer Delani. – dijo fríamente Emmett.

-No te metas con nuestra familia. De verdad que no te conviene. – le dijo Jasper.

-Y nosotras te sacamos a puras patadas de todos tus cargos perrita, no te metas no nosotras. – le dijo Rose, quien estaba ejerciendo la autoridad sobre Tanya, quien también era porrista.

-Entremos ya me cansé. Quiero saber cómo le hará. – dijo Alice. Complementando a su vez el resto de la curiosidad de los demás.

Dejando con la boca abierta y la mirada furibunda a Tanya, el resto de los Cullen con sus chicas, ingresaron al edificio principal, sin duda Edward Cullen estaba dando uno de los mejores espectáculos.

Edward y Bella estaban recibiendo los pases, y el primero le explicaba al director como le haría para que Bella ingresara como oyente y luego la prepararía para el examen de diagnostico que necesitaba para saber en qué nivel estaba.

Pero Bella estaba bien, no estaba ni nerviosa y asustada. Estaba tranquila y eso se notaba, se estaba desenvolviendo como nunca antes haya ella lo notaba. En Phoenix, nunca podría haber comportado de esa forma. Segura de sí misma y sin titubeo alguno. Era como si una fuerza externa a ella, le motivara a seguir adelante a enfrentarse a esa nueva realidad a pesar de las extrañas miradas que le dirigían, algo que no sabía que era, la impulsaba a seguir, ahora se preguntaba que quizás, la quemazón de la mano de Edward tuviera algo que ver. Pero lo importante es que el estaba allí guiándole los primeros pasos luego de su retorno a la realidad.

Los papeles estaban listos y el director ya los estaba despidiendo de la oficina. Sin que Bella tuviera noción alguna del tiempo que estuviera pasando. Con Edward se encaminaron hacia el salón de clases. Los pasillos todavía estaban repletos de estudiantes que estaban arreglando sus pertenencias en sus casilleros y conversando animadamente. Sobre todo cuando Edward se abría paso con Bella. Con la mano firmemente posicionada en su espalda, apretándola contra su cuerpo, dando a entender que Bella estaba con él.

-¿Qué clase tienes ahora? – le pregunto Bella.

-Literatura Inglesa. – Le respondió Edward quien miraba en frente desafiando cualquier persona que se le cruzara.

-Pero si estuviera en horario normal que tendría….- le pregunto Bella.

-Lo más seguro que pertenecerías a la clase de Alice…- dijo Edward pensando en las posibilidades de vacantes.

-Entonces debería entrar con ella…-

-¡No!, tu entras conmigo, prefiero que estés… hay malas personas…-

-Edward, sé cómo cuidarme,…-

-Entonces, ¿no quieres estar conmigo? – dijo Edward parándose en la mitad del pasillo, y con muchos ojos atentos a su accionar. Sin duda eran el centro de atención de la escuela esa mañana.

-No, no es eso. Pero sería más conveniente que viera como es mi horario y con quienes tengo clase…-

-Entonces eso lo haces mañana, hoy estarás conmigo. – dijo Edward, nuevamente sin pensarlo previamente, es que esa mujer lo había maldecido o que, acaso su cerebro no funcionaba más. Bella sacaba lo más natural de si, sin poder filtrar lo que tenía que decir en verdad.

-Bueno si insistes…- dijo Bella retomando el camino hacia el supuesto salón, y dejando a un Edward con la baca bastante abierta – a todo esto, ¿Dónde es el salón? – pregunto Bella.

-Ven tontita yo te llevare. – dijo Edward dijo Edward sonriendo con aquella sonrisa que literalmente bajaba faldas, pantalones, calzones, todo femenino que se le cruzara. Pero a la vez estaba haciendo un gesto que nunca antes había hecho en esa escuela, había pasado su completo brazo por los hombros de Bella, y carcajeándose suavemente. Mientras Bella, lo miraba como por primera vez, descubriendo un sonido tan armonioso y perfecto como el respirar. El brillo en las esmeraldas de Edward, eran una belleza única, como los atardeceres en un playa virgen, en medio de la nada.

Edward sabía perfectamente lo que estaba provocando en Bella, y le encantaba, además podía ver un brillo en sus pozas de chocolate, un brillo único que en ninguna otra mujer había visto. Era como si confirmara que su alma fuera única, y lo sabía, él sabía perfectamente que Bella era única. Por lo mismo haría todo lo que estuviera en su poder para que ella le perteneciera en cuerpo y alma.

Si bien los dos estaban en una burbuja, muy parecida a la que habían vivido en su casa. Nadie aparentemente los podría sacar de esa. Ni si quiera la campana que avisaba el inicio de las clases.

Entraron al salón, en la misma postura del pasillo, sorprendiendo a los compañeros de Edward. Tanto hombres como mujeres, sin duda era una grata sorpresa, ver a una belleza tan natural como Bella y a Edward siendo muy sorprendente su comportamiento. Nunca antes se había comportado de esa manera.

Edward y Bella habían causado una revolución dentro de las primeros bloques de clase en la mañana, al momento que llegó la hora de almorzar. Edward y Bella se dirigieron a la cafetería, a juntarse con el resto de los Cullen. Edward sabía que Bella era el objeto de habladurías de todas las calañas en ese instante, por lo mismo no dejaría que nada la separa de él. Todas sus antiguas conquistas, de las que a todo esto se arrepentía profundamente, le mandaban miradas que matarían si pudieran. Mientras los hombres, también con la mirada se la comían. O sea la observaban detenidamente, fijándose en su exquisita figura, sus curvas que eran la representación de una maravillosa creación de la naturaleza.

Se acercaban a la mesa en que se encontraban los demás. Edward los miraba serio, como probándolos y a la vez advirtiéndolos de que no deseaba comentario alguno con respecto a la presencia de Bella. En especial a Rose, quien los miraba entre inquisidora y analísticamente. Edward sabia que sin duda Rose, estaba escaneando a Bella. Sin duda Rose estaba tan sorprendida como el resto de la escuela. Pero en cuanto a los demás no era sorpresa lo que había en sus caras, si no lo contrario, era de gozo. Emmett y Jasper, estaban gozando totalmente de la situación, y Alice gozaba como nunca, sin duda mucho más que los hermanos, estaba fascinada con la presencia de Bella. Ella realmente creía sin prejuicio alguno en la perspectiva de una hermosa y linda amistad.

Mientras tanto Bella estaba prácticamente en las nubes, era presa del encanto de Edward Cullen, el chico malo de la escuela, era un encanto con piernas. Simplemente no sabía por dónde empezar. Su actitud en clase, su compostura, sus comentarios. Su mirada desafiante a todos, pero sobre todo la miraba que le dedicaba exclusivamente a ella. Era entre sinceridad, protección, admiración y engatusamiento propio de un conquistador. Si porque ella ya se había topado con ese tipo de chicos, pero nunca tan atrayentes ni atractivos como él. Poseía como un aura especial. Algo que la hacía sentirse como abeja en medio de un campo de polen.

-Bienvenida chica nueva, cuan traumática ha sido tu primer día en Forks High School – le pregunto cómicamente Jasper.

-Traumante nada, si su guardián no se le ha despegado un maldito milímetro, la pobre con suerte ha podido conocer alguien en el día de hoy… - dijo fríamente Rosalie, en cierto sentido reprochándole a Edward la novedosa actitud protectora hacia Bella.

- No, si igual he ido al baño sola – provocando la risa de la mesa – pero si ha sido gentil en estar conmigo todo el día. Ahora sí que agradezco que las miradas no mataran, si no ya estaría metros bajo tierra. No sabía que estar al lado de Edward Cullen seria mal visto. Ustedes como hermanos me debieron haber advertido. Siento que en cualquier minuto me van a matar. – dijo Bella muy cómicamente, mientras Emmett y Jasper la miraban con la boca completamente abierta. Ella se estaba mofando de Edward, nadie antes lo había hecho. Mientras tanto Rose y Alice reían de lo lindo y Edward solo miraba a Bella de manera extraña. Era como si la quisiera comer. Era raro su mirar, no estaba molesto, pero tampoco cómodo por estar ahí.

-Pero miren, quien esta acá, no es más que la linda niña nueva… - dijo una voz completamente desagradable.

Bella y Edward se dieron vuelta en dirección de donde provenía la molestosa voz, y cuando vieron quien era, a Edward se les desencajo la cara. Bella al percatarse de esto, tomo la iniciativa, claro que la motivación a esta acción no sabía lo que era realmente, si la prepotencia de la voz de la estúpida, o como miraba a Edward.

-Pero miren, quien esta acá, las barbies de la escuela… perdón pero, no hay nada aquí que les sirva para su retoque del medio día. De verdad estamos hambrientos y queremos comer, por lo tanto si nos disculpan... queremos almorzar – dijo Bella tomando asiento en la mesa, y muy cerca se el sentó Edward, con una sonrisa de satisfacción en el rosto, demostrando el orgullo por su chica.

-Dame esas papas, Bella. Y te la cambio por mi Pizza. – le dijo Edward ignorando a los maniquíes que estaban tras ellos.

-Pero no quiero Pizza, por algo saque las papas…- dijo Bella siguiéndole la broma y de paso haciendo un puchero. Pero no contaba con que una vez más Edward Cullen la iba a deslumbrar nuevamente. Ya había perdido la cuenta, de las veces que había hecho aquello en el transcurso del día.

-Vamos cámbiame las papas, y después de colegio te llevare…- le dijo Edward con los labios muy cerca de su oído, y con uno de sus brazos abrazándola por los hombros, tentándola con su sexy tono de voz, y con el aroma de su cuerpo que la invitaba a correr por los bosques cual ninfa detrás de su Apolo.

-¡Edward! – chillo la voz detrás.

-Pero que no entendiste, que quiero almorzar, Tanya, vete. Me moletas. –

-¡Edward Cullen! – esta vez la voz prácticamente gritaba, y toda la cafetería se congelo y los miraban atentamente. El espectáculo de Edward Cullen seguía.

-Tanya, vete, quiero almorzar, te repito por si no te quedo claro, Me m-o-l-e-s-t-a-s. – dijo Edward acentuando cada silaba, poniendo más furiosa a la barbie y dejándola en ridículo frente al resto de la escuela. Pero no se movía, por lo cual Edward se levanto y ordenando la comida de Bella y la de él dejándola ambas juntas en una sola bandeja y tomando las cosas de ambos dijo: - Parece que la niñita plástica aquí no entiende. Me arruinaste el almuerzo, muñeca. Gracias, ahora tendré que irme para no descargarme con algún inocente por tu estupidez. Vámonos Bella, hay un lugar que deseo mostrarte. – dijo Edward finalmente que tomando todas las cosas, dejo una mano libre, que tomo la de Bella firmemente como un lazo indestructible e inseparable.

Mientras Tanya estaba echando fuego. Esa niñita nueva le había declarado la guerra. Y no se las iba a ver fácil. A ella nadie le quitaba Edward Cullen. Ese hombre era de ella.

Y los Cullen maravillados con la escena, ya la barbie nunca más los iba a molestar y Bella estaba haciendo maravillas con Edward, que siguiera así, por ellos que ya se declararan novios.

-Lástima, yo quería hablar con Bella. Como va ser mi compañera de clase, tenemos el mismo horario… tenía esperanzas de que me pudiera acompañar hacer unas cosas. – lamento Alice.

-Cariño eso lo tienes que consultar primero con Edward. Él es quien se está encargando del horario libre de Bella, si es que queda algo…- dijo Jasper. Desatando la risa de los hermanos.

-Bueno chicos, yo opino que lo perdimos. – dijo Rosalie muy seriamente.

-¿A quién amor? – pregunto Emmett un tanto descolocado.

-A Edward. El perla acaba de encontrar a su dueña, ahora no será más un bad boy. Si no el teddy de Bella. Lo tiene en la palma de su mano, sin ni quiera haber movido un solo dedo. – dijo con razón absoluta Rose.

Edward Cullen era propiedad de Bella Swan, ahora la pregunta que había que confirmar era si Bella era propiedad de Edward.

Bella y Edward estaban reclinados contra un viejo y gran troco del patio de la escuela. Como era un día despejado todavía, no estaban preocupados por lo que pudiera pasar al aire libre. Estaban terminado de almorzar, y riéndose de las estupideces que encontraban a medida que se fijaban en la gente que se fijaban en ellos. Era realmente patético como se les quedaban mirando.

-Oye, no me explicaste al final porque todo el mundo se ye queda mirando…- dijo Bella luego de una risa pequeña.

-Este, no se debe ser por como ando vestido…-

-No estás bien guapo a decir verdad. –

-Tu encuentras…- le dijo Edward acercándose peligrosamente casi tocando sus narices.

-Si ese no debe ser el problema. Debe ser otra cosa, quizás yo. Debo parecer un estropajo, mira si ni siquiera ando con mi propia ropa, no tengo nada mío…- dijo Bella que en esa última frase la broma se iba acabando y entraba en juago la melancolía de la realidad. Era verdad, no tenía nada suyo.

-Bueno eso lo vamos a remediar, pero tampoco era la compañía la que despertaba esas miradas. – dijo Edward, posando una de sus fuertes manos en el rostro de Bella. Y acercándolo aún más hacia el suyo.

-Entonces, ¿Qué puede ser? – dijo Bella, quien dijo la pregunta en un susurro.

-Los celos. De verte a ti brillar, deslumbrar y dejar a todo hombre en esta escuela con la boca abierta. – dijo Edward, que había empezando con sus pulgares a realizar un leve toque contra la suave piel de Bella. – A ellas las llenas de envidia porque estas con alguien con quien matarían por una sola mirada. Lo tienes a tu merced. – dijo Edward, reconociendo que no estaba muy distante de la verdad.

-Que me estás haciendo Edward Cullen, porque no puedo despegar mis ojos de tu mirada. – le preguntó profundamente Bella.

-Debe ser por la misma razón porque no puedo yo despegar mis labios de los tuyos, princesa. – dijo Edward antes de tomar posesión de lo que le pertenecía.

Aquellos labios tersos y carnosos. Suaves y apetecibles, por fin hacían contacto con los de él. Y era maravilloso. Nunca antes había sentido esa sensación. Era estar bebiendo agua bendita. Como el más preciado de los néctares.

Se impulso una vez más a la caza de los labios de ella, y ella le respondía con la misma intensidad. Era como de supervivencia, se estaban devorando mutuamente. La mano de ella agarró firmemente la muñeca de Edward, queriendo que no despegara el contacto nunca. Había por fin encontrado el lugar a donde pertenecía. Y su lugar era al lado de él. Sin conocerlo lo mínimo, sabía lo que era un hecho.

Ella le pertenecía a él.

Y Edward no se quedaba atrás, si esto era el infierno él se quedaba gustoso. Era estar probando un poco del paraíso. Era su paraíso. Bella era su propio, exclusivo y eterno paraíso. En el lugar que su existencia debía llevarse a cabo, era su pertenencia. Lo estaba confirmando. Edward Cullen había sido cazado.

Él le pertenecía a ella.

Y sin duda el demonio estaba siendo descubierto por el más intrigante ángel, que lo haya tentado nunca antes.

Muchas gracias por su apoyo ¡!!!!!!!!!!!! De verdad me sorprenden las alertas y los favorites…

Muchas gracias

Dedicados… a mrs. Koko quien es mi pepe grillo…

Jefa, no se preocupe que el cap 10 de cobarde ya lo sacaremos… cuando no se pero lo sacaremos

Esperando su impresión con respecto al fic…

Las espero en la tecla verde ¡!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

GRACIAS

CAMILA CRESPITA CAMI