Nota: Twilight no me pertenece. La historia es de RosieWilde, yo solo me adjudico la traducción.
Disfruten :)
De Vuelta al Mundo
EPOV
Cuando el tren se detuvo en la pequeña estación de trenes de Forks, me puse de pie y tome mi mochila de la estantería superior, arrojándola en mi hombro me aleje de la plataforma con el tren humeando detrás de mí. Arrastrando mi pierna ligeramente mientras caminaba, maldije el alambre de púas que me había destrozado el tobillo cuando un proyectil cayó cerca de nuestra caseta la semana pasada. Tengo suerte de estar vivo, estoy seguro de eso, muchos de mis hermanos habían perdido la vida en esa explosión.
Me sumergí en mis pensamientos por un momento, recordando todos los soldados muertos que conocí, cuyo número superaba el de los soldados vivos. Alrededor de mí en la plataforma, vi las siluetas de los hombres con los que he vivido todos estos meses, la mayoría de ellos muertos o desaparecidos. Mi mente siempre estaba llena de fantasmas en estos días.
El contraste con la última vez que estuve aquí fue impresionante, esta vez no había una multitud de madres llorando y padres rudos, nadie a quien abrazar o saludas mientras me alejo. Empuje las imágenes fuera de mi mente, prefiriendo no pensar en lo que había sido. Ya no era el muchacho que había subido al tren con alegría a la atracción sangrienta y dudaba de que estar en casa pudiera traerlo de vuelta. Él ya no estaba conmigo.
Camine por el andén desierto, moviéndome rápidamente a través de las tranquilas calles. Todavía era temprano en la mañana y una corriente fría brisa soplo, vestigios del manto de nubes que aun cubría el cielo desde la noche anterior. Yo no había enviado ninguna otra palabra más que una corta línea a Bella y a mi madre para hacerles saber de mi permiso así que no había nadie esperándome, y me alegre de que no hubiera testimonios de mi llegada.
La mayoría de los hombres de mi regimiento pensaron que estaba loco por venir a casa con mi permiso, ellos prefieren permanecer en Francia y desperdiciar sus días en las tabernas francesas. Yo no podía soportar la idea de la felicidad falsa que se derivaban, la idea de beber hasta olvidar todo lo que habían visto. Yo sabía, que tenía que ver a Bella, ella era la única que podría borrar los horrores que viví en las trincheras. Una mujer bonita y un barril de cerveza no podrían hacer eso por mí.
A pesar de que me había tomado mi tiempo para asearme antes de abordar el tren, todavía me sentía sucio, como si el barro de las trincheras me hubiera seguido hasta Forks. Acercándome a la esquina redondeada que dirigía a mi casa, casi me detuve y me di media vuelta. ¿Qué pasa si no puedo manejar esto, si todo ha cambiado y yo ya no encajo, o peor aún, si todo sigue igual? ¿Podría volver a la vida que había conocido antes de ver lo que había visto, a sabiendas de que había cambiado?
Me detuve en la calle, congelado en una rígida posición, con un debate interno haciendo estragos en mi cabeza. Sería fácil volver a la estación, subir al tren y volveré a la línea de frente. Podría enviar otra carta diciendo que mi permiso fue cancelado a último minuto y que no visitaría pronto. Nadie podría sospechar que algo anda mal; este tipo de cosas pasan todo el tiempo, lo había aprendido de mis amigos en Francia.
De repente, una figura dio vuelta a la esquina y sentí que mi corazón se detuvo en mi pecho. Su cabeza estaba volteada mientras llamaba a alguien y yo solo podía ver la parte posterior de su cabeza, mechones de cabello marrón oscuro cayendo al azar por sus hombros.
No podía respirar, no podía moverme, no podía apartar mis pies de la acera o mis ojos de su figura, exactamente como yo la recordaba. Su cabeza se volvió hacia donde iba, sin duda, en un intento para evitar tropiezos, y sus ojos se fijaron en mi cuando estaba a veinte metros de ella. Por un momento se quedo inmóvil, sus ojos marrones abiertos desmesuradamente, entonces comenzó a caminar otra vez. Corriendo hacia mí, volando sobre la distancia que nos separaba y arrojando sus brazos alrededor de mi cuello, la cesta en su mano cayó al suelo detrás de mí, olvidada.
Poco a poco comencé a descongelarme y vacilante envolví mis brazos alrededor de su espalda, manteniendo su pequeño y cálido cuerpo de manera segura contra el mío. Bella colgaba sobre mí, respirando suavemente, escondí mi rostro en su cabello y respire profundamente, su aroma removió recuerdos dentro de mí, casi como un sueño olvidado.
Después de unos minutos que sentí como horas, se separo de mí y dio un paso atrás, evitando mirarme y sonrojándose suavemente, sin duda, la vergüenza de su repentino despliegue de emoción. La observe fijamente, sorprendido, sin ser capaz de alejar mi mirada de su rostro ni un momento. Recorriendo sus ojos marrones oscuros, sus suaves mejillas y sus labios rosados y carnosos, maravillado por la visión ante mí. ¿Cuántas veces había evocado su imagen en las trincheras? Y ahora ella estaba de pie frente a mí, en carne y hueso, tan real como yo lo era.
Poco a poco levanto su mirada hacia la mía, casi como si tuviera problemas apartando la mirada como yo, y nos miramos fijamente por un momento, bebiendo del otro.
Su voz sonó como campanas, la inflexión y el tono de manera individual y familiar, juro que podría reconocerla a una milla de distancia. -No sabía cuando volverías, pude haberte esperando en la estación.-
Parecía un reproche, casi triste por lo que me apresure a tranquilizarla. –Fue de última hora.-
Sus ojos se estrecharon mientras me miraba fijamente, y por primera vez dejaron mi rostro para recorrer mi cuerpo, antes de volver a fijar sus ojos en mi cara una vez más. -¿Estás bien?- preguntó con preocupación.
Me sorprendió su pregunta y me mire a mi mismo con confusión. Mi cojera seguía siendo importante, se supone, y estaba cubierto de cortes y cicatrices, pero nada que la hiciera pensar que me encontrara en mi lecho de muerte. Me frunció el ceño cuando levante la vista para verla sin dejar de mirarme de manera especulativa, con la mirada aguda y penetrante. Al instante recordé como me sentía cada vez que Bella me miraba y sabía exactamente lo que pasaba por mi cabeza, ella era extraordinariamente perceptiva y sabía lo que pensaba mejor que nadie.
Se mordió el labio mientras me examinaba y sentí como si me hubiera desnudado y me estuviera preparando para el control. Después de un momento, sin embargo, ella se encogió de hombros y sus ojos adquirieron un nuevo brillo cuando se acerco y tomo mi mano. Y mirándome fijamente a la cara dijo, -me alegro de que hayas vuelto.-
Sentí mi rostro romper en una sonrisa, como si la máscara que había usado los últimos meses se hubiera roto, y me di cuenta de que, por primera vez desde que salí, la sonrisa llego a mis ojos.
A regañadientes, solté su mano y me agache para recoger la cesta que había tirado con apuro. Esparcidos en el suelo, se hallaban numerosos frascos pequeños, y mientras los guardaba note que tenían la firma de mi madre en la etiqueta.
Bella me miro observando el frasco en mi mano y se agacho para recoger uno que había rodado más lejos, quitándome la cesta. –Estaba a punto de entregar esto a nuestros vecinos. Tu madre se emociono un poco con su mermelada este año,- explico, una sonrisa divertida cruzo sus labios.
Ofreciéndome a ayudarla en su misión, la acompañe por las calles visitando casa por casa, deteniéndonos a hablar por unos minutos con una de las mujeres que abrió la puerta. Mientras caminábamos lado a lado, tome la oportunidad de examinarla minuciosamente, en busca de cualquier signo de alteración. Muy poco de ella había cambiado desde que yo había estado ausente, pero había algo indefiniblemente diferente, quizás la forma en la que se comportaba con más determinación y en sus suaves, menos corrientes movimientos. Ella se había suavizado y madurado en los meses que habíamos estado separados y su nueva aura crecida le sentaba bien. Ella era más hermosa de lo que había sido, incluso cuando había partido, en el momento en el que parecía brillar, floreciente en la plenitud de su vida.
Continuamos con sus rondas por cada casa juntos, la acompañes en las calles, hubo exclamaciones de sorpresa, rápidamente seguidas por alegría por mi regreso y me vi obligado cada vez a explicar que solo era por unos días. Todos me desearon suerte, trate de sonreír y agradecer, pero me sentía distanciado de ellos de una manera que nunca había sido en el pasado, permitiendo una nueva amargura tomarme. Yo había estado a través de pruebas que ellos nunca podrían entender y ahora me doy cuenta de que las cosas jamás volverán a su estado normal. Yo había cambiado irrevocablemente.
Después de un poco mas de llamadas me disculpé, sabiendo que tenía poco tiempo antes de que mi madre se enterara que estoy de regreso y quería ir a casa antes que eso sucediera. Me negaba a abandonar a Bella por un momento, sintiéndome como si le hubiera dado la espalda todos esos meses de separación, pero a mi pesar me aleje, prometiendo volver a verla de nuevo mas tarde.
Su rostro se ilumino cuando expresé mi deseo de pasar más tiempo con ella y mi corazón se hinchó en mi pecho, engañándome al pensar por un momento que podían regresar mis sentimientos. Dolió mucho más cuando me di cuenta de que eso era poco probable teniendo en cuenta mi ausencia por los últimos meses, y sentí mi estomago doblarse ante la idea de ella consiguiendo un novio mientras yo luchaba en la línea de frente. Sentí como si tuviera acido en la garganta así que rápidamente aleje los pensamientos, concentrándome en el milagro de su alegría con mi regreso. Fue solo un poco de consuelo, pero lo aprovechare al máximo.
Abrí la puerta del jardín y camine por el sendero hasta la puerta, empujándola suavemente permitiéndome entrar fácilmente. Fue más allá de lo surrealista, volver a casa, me había convencido de que nunca la volvería a ver, pero también sentí una sensación de bienestar y seguridad que no había sentido en mucho tiempo.
Me dirigí a la cocina, asomando mi cabeza por la puerta y fui recibido con la imagen de mi madre trabajando en la estufa, hirviendo algo que parecía ser mermelada. Sonreí para mi mismo en silencio, imaginando la reacción de Bella, entonces decidí tocar la puerta.
Se volvió al instante, sorprendida y su boca se abrió cuando me vio parado en la puerta. Con un grito, se tiro sobre mi y aferró mi cara para reducirla a su estatura y poder besar mi frente. Sus ojos escudriñaron mi cara, haciendo cuenta de las cicatrices en mi rostro y sus ojos se humedecieron. En poco tiempo, estaba sollozando ruidosamente, agarrándose de mis hombros.
-Edward,- llamó entre sollozos, jadeando en voz alta. –¡Edward, ven aquí!-
La puerta se abrió y mi padre entro, sus ojos abiertos desmesuradamente en pánico buscando por la fuente de perturbación. Al verme en los brazos de mi madre dejo escapar un suspiro de forma rápida y extendió sus brazos para tirar de mí en un abrazo rápido.
Ásperamente, dijo, -hijo, no puedo decirte cuan bueno es tener aquí.-
Mi madre asintió con la cabeza e hipo en acuerdo, aferrándose a su cuerpo, todavía temblando mientras lloraba.
-No, no Elizabeth,- mi padre trato de consolarla, acariciando su espalda y me sorprendí el ver que se calmo con las caricias de la mano de hierro de mi padre. Caminando por la sala hice mi camino hacia el segundo piso, dudando antes de empujar la puerta de mi dormitorio.
Dentro era como si el tiempo se hubiera detenido. Mis libros de América aun podían verse en mi escritorio como si tan solo los hubiera dejado ahí ayer, retirando la colcha me di cuenta de que la cama estaba hecha y lista para ser utilizada. En mi inspección, vi mi ropa todavía colgada en el armario tal como la había dejado antes de partir.
Oí un ligero golpe en la puerta y la abrí para ver a mi madre luciendo radiante, cargando un tazón gigante y una jarra de agua caliente.
-Pensé que te gustaría un baño después de tu largo viaje,- sugirió feliz y tome el tazón de porcelana de sus manos, apretando su mano en señal de gratitud antes de que se devolviera y bajara por las escaleras.
Por primera vez, me di cuenta de que estaba cubierto de hollín del tren y sentí un súbito deseo de eliminar cualquier rastro de mis viajes. Despojándome de mi uniforme, me eche sobre la cama y comencé a salpicarme agua caliente de lujo. Limpiando cuidadosamente cada centímetro de mi cuerpo, desesperado por eliminar cualquier rastro de las trincheras o la guerra, frotando hasta que mi piel quedo roja e irritada.
Pero no importaba que tan duro fregara mi cuerpo, nunca podría liberarme de la sensación de suciedad y contaminación, aunque hubiera gastado una barra de jabón en el intento. Cuando el agua se enfrió, acepte mi derrota, secándome cuidadosamente con la toalla que mi madre había traído.
El agua escocía mis heridas aun frescas e hice una mueca cuando pase la toalla sobre ellas, inspeccione mis extremidades y torso en busca de cualquier corte que requiriera atención. Una vez que comprobé que todos era menores, busque algo de ropa limpia en mi armario, sin querer pensar más en los cortes. Mis lesiones, como la suciedad, pertenecían a las trincheras y ahora que estaba en el mundo real, me parecían fuera de lugar.
Escogí ropa ligera, poniéndome una camisa casual blanca abotonada y un pantalón marrón de diario. Me sentía como en una tienda de disfraces, o en la vida de otra persona y yo solo me las estuviera probando para él. La ropa era mía, sin duda, pero se sentía diferente. Para mí, todo había cambiado desde que volví, todo era exactamente igual, pero totalmente diferente a la vez.
Era desconcertante que mi familia haya mantenido este espacio para mí, esperando que volviera de la guerra para rellenar el espacio que deje en mi antigua vida, como si nunca hubiese estado fuera. Fue un gesto reconfortante, que todavía me querían, eso estaba claro, pero también me desconsoló. Yo sabía que, si el final de la guerra llegaba, yo no volvería a esta casa. Había crecido en estos meses y ya no era el chico que ellos aman, el problema es que yo no sé quién soy.
Pase un dedo por los lomos de los libros en mi estantería, limpiando una mota de polvo que se había asentado ahí. Me quede mirándola descansar en mi dedo, una señal de que yo me había alejado. La toque con cuidado y desapareció, el último vestigio ido, como si yo realmente hubiera despertado de la cama bien hecha esta mañana.
-¡Edward! Edward querido, ¿podrías venir aquí por favor?- La llamada desde la planta baja hizo eco en las escaleras, rompiendo mis reflexiones y devolviéndome al presente.
Me quite la gorra y la coloque sobre mi cama, atravesé la puerta y comencé a bajar las escaleras, escuchando los estruendosos sonidos que provenían de la cocina. Mi madre me escucho entrar y volteo, una sonrisa brillando en su rostro, antes de dirigirme a un asiento en la mesa.
Luego procedió a poner platos y platos frente a mí, tratando de tentarme con mis viejos favoritos. Comí, para complacerla mientras ella me observaba, encanta de tener nuevamente a su hijo bajo su ala. Sin embargo, por primera vez me di cuenta de que estaba lleno, de que había un límite hasta el cual podía comer, y de mala gana, retiro mis platos antes de sentarse frente a mí.
-Edward,- comenzó provisionalmente, -he escuchado lo que dicen-
Se detuvo y retorció sus manos con nerviosismo, resistiéndose a continuar. Podía adivinar de lo que quería hablar y me oponía firmemente a animarla, pero sería mejor que lo solucione ahora que el problema estaba planteado a tener que pasar por esto nuevamente durante mis días de estadía.
-¿Qué has oído?- Le pregunte, tratando de parecer interesado, pero no pude ocultar la desolación en mi tono.
Ella me evaluó con cautela antes de continuar. –He oído lo que dicen, de las trincheras, acerca de la guerra-
Levanté las cejas y termino en un apuro. –Oh, Edward, ¿es realmente tan malo como dicen?-
En ese momento, quise contarle todo. Quería impresionarla, asustarla, así ella no estaría orgullosa de mi, para que pudiera ver en lo que me había convertido. La expresión de su rostro, sin embargo, me detuvo. Se veía tan vulnerable, tan perdida y necesitada de consuelo.
Casi me reí en voz alta de la ironía, yo esperaba, ingenuamente que con mi regreso a casa todo estaría bien. Habían pasado años desde que me había escondido en las faldas de mi madre, sintiendo que nada podría pasarme si estaba en sus brazos, y de alguna forma deseaba, reclamaba, sentirlo ahora. En cambio, solo pude consolarla, ofreciendo garantías que no eran ciertas, relajándola con mentiras y medias verdades.
-No,- dije con decisión, mis palabras dejaron un sabor amargo en mi boca. "No es tan malo. En realidad, es casi como una aventura. Los muchachos y yo hemos tenido algunos momentos divertidos."
Inmediatamente ella se animo y recupero su sonrisa, inclinándose sobre la mesa hacia mí. Sin darme cuenta me aparte de ella, molesto al verme obligado a mentir, sabiendo que nunca podría ser la causa de su sonrisa.
-¿Vas a contarme al respecto?- pregunto ansiosamente.
Sacudí la cabeza sin mirarla, -preferiría disfrutar simplemente de los días que tengo en casa. Háblame de lo que está pasando aquí.-
Parecía un poco decepcionada, pero se lanzo directamente a una historia de ella y su club de almuerzo de la semana anterior y no había necesidad de que participara, salvo dando el buen visto de vez en cuando y murmurando en aprobación. Se necesitaba poco estimulo y se ajustaba a mi estado de ánimo actual.
Podrían hacer pasado horas o tan solo minutos antes de que la puerta de la cocina se abriera una vez más y que mi hermana entrara bailando ágilmente. Al verme sentado en la mesa, su rostro se ilumino y dejo escapar un grito de alegría verdadera. Me puse de pie y ella entro corriendo a la cocina, escondiendo su rostro en mi pecho y envolviendo sus brazos herméticamente a mí alrededor, de vez en cuando soltando un chillado de emoción.
Eventualmente, ella misma se separo y salto encerrando sus brazos alrededor mi cuello. Me reí, en su intento de estiramiento y acaricie su cabellera oscura que solo se acercaba a mi pecho.
-Estas en casa,- grito, -¡No lo puedo creer! Todos te hemos echado tanto de menos y ahora estas en casa.-
-Solo por unos pocos días, Alice.- advertí, pero ella no me hizo caso en su estado de entusiasmo incontenible.
-Hay tantas cosas que tenemos que hacer,- continúo en un apuro, hablando tan rápido que sus palabras comenzaron a mezclarse. –Tengo que llevarte a saludar a todos, mi amiga, Catherine, se muere por hablar con un soldado de verdad.-
-Alice,- empecé, frunciéndole el ceño y negando con la cabeza pero ella me ignoro.
-Y luego está la escuela, Bella y yo estamos planeando la construcción de un columpio para los niños ¡y ahora tú también puedes ayudar! Y, por supuesto, debes conocer a Jasper-
Se interrumpió de repente, sonrojándose y apartando la vista, mire a mi madre con las cejas alzadas en forma de pregunta. Ella sacudió la cabeza con sus labios apretados en señal de desaprobación. ¿Es Jasper alguien del que debería preocuparme?
Los tres hablamos por un rato y al poco tiempo mi padre se nos unió, toda la familia junta alrededor de la mesa por primera vez desde el verano anterior. Fue maravilloso volver a la rutina, lo había extrañado más de lo que creía, pero todavía no me sentía lleno. Había una parte de mí que faltaba todavía y ya sabía dónde encontrarlo.
Disculpándome de la reunión familiar, me dirigí a la puerta principal en busca de Bella.
Lamentablemente, van a tener que esperar hasta el próximo capítulo para más Edward y Bella :( Pero las buenas noticias son que tratare de actualizar el domingo! Nunca había recibido tantos reviews como en el capitulo anterior y me sentí tan emocionada, me gusta escuchar sus comentarios ;) ¡Hoy empezaron las olimpiadas de invierno! ¿Porque son en Vancouver y no Toronto? Tendré que conformarme con verlo en la tele... En fin, espero que les guste el capítulo. contiis
PD: ¿Soy solo yo o suena como si cambiara de tema abruptamente?
