Nota: Twilight no me pertenece. La historia es de RosieWilde, yo solo me adjudico la traducción.

Entre Líneas

BPOV

Me desperté tarde con la brillante luz que entraba por la ventana, parpadeando lentamente, desorientada y perpleja por haber dormido tanto y tan profundamente. Habían pasado meses desde que había sido realmente capaz de relajarme y descansar, y hasta ahora no me había dado cuenta el efecto que tenía en mi cuerpo. Me sentía renovada y fortalecía de una manera que había olvidado, y me lleno de un inusual optimismo.

Mi buen humor se ensombreció un poco cuando recordé los acontecimientos de ayer por la tarde. Mi entusiasmo por el regreso de Edward fue rápidamente templado por la memoria de nuestra pelea, y trate de resistirme contra el abatimiento. Sin embargo, se me fue imposible, la idea de perder los pocos días que podríamos pasar juntos por nuestro argumento era dolorosa para mí y estaba decidida a que no volvería a ocurrir. No lo empujaría y si no quiere contarme, no tiene que hacerlo. Podría perdonarle cualquier cosa a Edward si él simplemente se mantiene a salvo y regresa a casa con nosotros

Me quede en la cama unos pocos minutos más, disfrutando de la idea de verlo de nuevo. Por supuesto, tendría que ser discreta teniendo en cuenta que le había gritado el día anterior, pero no era nada que no se mereciese. Su comportamiento había sido insoportable y ciertamente había herido mis sentimientos, pero estaba dispuesta a hacer concesiones para ello. Habíamos sido amigos toda la vida así que solo tenía que creer que saldríamos juntos de esto.

Mis ojos captaron el reloj que marcaba las nueve y me regañe por perder la mitad de la mañana durmiendo, me levante y me vestí rápidamente. Baje las escaleras en busca de mi padre y el desayuno. Seguí el sonido de su voz a la sala y abrí la puerta, deteniéndome al ver con quien estaba hablando.

-Alice,- exclamé sorprendida al verla sentada en mi sofá en ese momento, ella me sonrío en saludo.

-Buenos días, Bella. ¿Has dormido bien?- Pregunto educadamente, sus ojos como dardos entre mi padre y yo mientras hablaba.

Murmure una respuesta confusa por lo que recibí un gesto de desaprobación de mi padre que estaba sentado cómodamente en su sillón favorito y luciendo mejor de cómo lo había visto en semanas.

-Alice estaba diciendo que Elizabeth nos ha invitado amablemente a comer hoy,- me informo con tono de reproche y me apresure a reorganizar mis rasgos en una máscara de hospitalidad y buenos modales.

-Es muy amable de su parte,- conteste, sonriéndole disimuladamente a Alice. –Nos encantaría unirnos a ustedes para almorzar.-

Ella asintió con la cabeza en reconocimiento y a mi aceptación y luego se puedo se pie, despidiéndose.

-Espero verlo más tarde, Sr. Swan,- comentó con gusto y se volvió para irse, mandándome una mirada significativa e inclinando la cabeza había la puerta. La lleve fuera de la sala y salimos por la puerta a la mañana fría. Con escalofríos y frotándome los brazos para entrar en calor, pregunte, -¿Qué sucede Alice? ¿Qué está pasando?-

-Necesito tu ayuda,- respondió con urgencia y yo asentí para que continuara.

-Por supuesto,- respondí, esperando la siguiente parte.

-Se trata de Jasper,- me dijo con seriedad y no respondí, manteniendo mi cara inexpresiva para que ella pudiera continuar.

Ella suspiro y sacudió la cabeza, sus ojos clavados en los míos con suplica. –Yo sé que no lo apruebas Bella, pero por favor, tienes que ayudarme. Edward sigue haciendo preguntas sobre él desde la noche anterior y me pareció molesto así que pensé que si lo conocía dejaría de preocuparse.-

Fruncí el ceño, no convencida por la lógica de Alice, pero ella siguió sin tomarme en cuenta.

-Lo invite a comer hoy,- dijo rápidamente, y mis ojos se abrieron desmesuradamente, con shock.

-¡Alice! ¿Por qué hiciste eso? Edward lo interrogara, tus padres los desaprobaran y será incomodo.-

-Bella, es ahí donde necesito tu ayuda,- respondió ella, suspire profundamente y me encogí de hombros.

-No sé, Alice. ¿Qué puedo hacer?-

-Necesito que hables con Edward. ¿Por favor? Él te escuchara, lo sé, y si le preguntas estoy segura de que lo hará.- Me rogo, su labio inferior comenzó a temblar con tristeza. Suspire, reconociendo mi derrota y ella sonrío triunfalmente cuando me mordí el labio con aprensión.

-¡Sabia que me ayudarías!- Exclamó victoriosa y yo solo rodé los ojos.

-No estás jugando limpio,- refunfuñe de mala gana, -tu sabes que no puedo decir 'no' cuando me miras así.-

-En el amor y la guerra todo se vale,- cantó alegremente y me empujo hacia mi casa. –Ahora, rápido, ve y prepárate, te espero a las doce, ¿de acuerdo? Te necesito ahí un poco más temprano para que hables con Edward.

Deje que me empujara y sacudí la cabeza, divertida y desconcertada cerré la puerta tras de mí.

Antes de que pudiera ir donde los Masen tenía muchas cosas que hacer, así que me mantuve ocupada durante el resto de la mañana limpiando, y sin darme cuenta de cómo el tiempo paso volando, las manijas del reloj ya apuntaban las once treinta cuando termine. Rápidamente me quite el delantal y corrí escaleras arriba para cambiarme, solo teniendo tiempo para atar mi cabello en un moño rápido y lavarme el rostro.

Salimos rápidamente de casa y nos encontramos tocando la puerta de los Masen a las doce en punto. Alice abrió la puerta y nos invito a pasar, me dirigió una mirada significativa cuando pasee junto a ella, quise suspirar en resignación. En la sala, el Sr. y la Sra. Masen estaban sentados en el sillón y vi que eran acompañados por el Sr. y la Sra. Stanley. Me moleste ver que habían traído a su hija, Jessica, que era de mi edad, pero siempre encontraba riendo y era tediosa.

Estaba de pie junto a la chimenea, charlando con Edward, quien estaba de espaldas a la puerta, mirando el fuego desinteresadamente. Cuando se percato de nuestra presencia, se volvió y su rostro se ilumino en mi sonrisa torcida favorita, deslumbrante me miro con sus ojos verdes en los míos marrones.

Le sonreí, prefiriendo pasar por alto nuestras líneas de ayer, antes de ir a saludar a la Sra. Masen y darle las gracias por habernos invitado a almorzar. Ella era la anfitriona, como de costumbre, y pronto nos encontrábamos sentadas, charlando de forma relajada, disfrutando nuestra mutua compañía.

Mi padre y el Sr. Masen se vieron envueltos rápidamente en una conversación profunda sobre pesca, de la solo capte un debate sobre el mejor tipo de anzuelo.

-No, Edward, eso simplemente no es correcto,- escuche que mi padre protestaba. -Un anzuelo de tallo recto es más eficaz que unos vivo.-

Incapaz de entender, volví mi atención a la conversación entre la Señora Stanley y la Señora Masen que consistía principalmente en chistes del vecindario, para el leve disgusto de esta última. Sin embargo, la primera, como su hija, charlaba distraídamente hasta la Señora Masen la corto, exclamando repentinamente, -¡Dios míos! Se me han olvidado las bebidas.-

Ella miro fijamente a Alice, quien estaba participando de mala gana en un debate con el Señor Stanley acerca de visitar casas en subastas en busca de un raro sello, y parecía deseosa de escapar. Sin embargo, me levante antes de que tuviera oportunidad de responder y me ofrecí a recoger la bandeja de la cocina yo misma. Al salir disfrute de la mirada asesina en su rostro, era la venganza adecuada para su petición de esta mañana.

Desde la sala oí a Edward anunciar que me ayudaría y camino rápidamente detrás de mí, alcanzándome cuando entre a la cocina. Él llamo mi atención y de inmediato nos echamos a reír, mordí mi nudillos mientras él cubrió su rostro con sus manos para amortiguar el sonido. Después de un momento, nos tranquilizamos y nos apoyamos en el mostrador amigablemente mientras Edward movía la cabeza con incredulidad.

-Esa tiene que ser la chica más estúpida con la que he hablado en mi vida,- me dijo en voz baja para que no nos escucharan en la otra habitación, asentí con la cabeza, incrédula.

-Debiste haber oído a su padre enseñarle filatelia a Alice,- conteste y el comenzó a temblar de risa otra vez. –Su expresión no tenia precio. Parecía como si fuera a ahorcarme cuando la abandone con él.-

-¡Que familia!- Se maravillo y asentí con la cabeza. –Aunque me gusta la idea, no podemos ocultarnos aquí para siempre. Sera mejor que vayamos por esas bebidas.-

Se volvió y camino hacia la alacena en busca de una botella pero tome su brazo para detenerlo, dándome cuenta de que era la mejor oportunidad para abordar el tema de Jasper con él.

-Espera un minuto,- sugerí, quitando mi mano de su antebrazo mientras el alcanzaba la botella, -Tengo que hablar contigo.-

Dejo caer el brazo y me miro interrogante, esperando a que continuara.

-Se trata de Jasper,- comencé y vi el destello de reconocimiento en sus ojos, tome eso como una señal para continuar. -¿Tienes algún problema con él?-

Frunció el ceño, cosa que parecía más normal estos días que la alegre risa que habíamos compartido unos minutos atrás y respondió, -¿un problema? No confió el él. ¿Qué es lo que quiere con mi hermana?-

-He conocido a Jasper, en varias ocasiones,- dije pacíficamente, -Por lo que pude ver, él parece ser muy respetable, un hombre de conciencia.

-¡Es casi siete años mayor que ella!- Exclamo violentamente y me apresure a calmarlo, tomando sus manos entre las mías. Pareció distraerlo por unos instantes y se quedo mirando nuestro dedos entrelazados, casi hipnotizado. Comencé a sentirme consciente de mi acción e intente retirar mis manos, pero él las mantenía firmemente y alzo la mirada, luciendo más tranquilo que antes.

-Estoy preocupado por Alice,- explico racionalmente, -Ella es tan joven e inocente, ella piensa que cualquier hombre que encuentra es su amor verdadero.-

Fruncí el ceño ante su condescendiente evaluación sobre Alice y me apresure a defenderla. –Eso no es justo. Ella puede ser joven, pero no es tonta. No se te olvide que no fue hace mucho que nosotros teníamos diecisiete años,- le recordé y él me miro con la más extraña expresión en su rostro.

-Lo recuerdo,- susurró y se acerco un poco más a mí, casi inconscientemente. Por un momento nos quedamos mirándonos el uno al otro, y me perdí completamente en su semblante serio. Sus brillantes ojos esmeralda me fascinaron y mi respiración se ralentizo mientras me perdí en ellos.

Finalmente volví a mis sentidos y me aclare la garganta, alejándome de él y buscando algunas copas en el armario detrás de mí. Los encontré y los arregle en la bandeja, él todavía no me miraba encontrándose parado junto a mí.

-Así que, si tuviera que conocer a Jasper. ¿Serias cortés con él?- Pregunté, alzando la bandeja del mostrador y de paso examine su expresión.

Con una mirada de dolor en su rostro reconoció, -podría,- y me sonrió. En ese momento hubo un golpe en la puerta principal y oí una maldición en el pasillo mientras Alice se apresuraba a responder.

-Que bien, porque ese debe ser él,- respondí y su boca se abrió por la audacia de Alice, supuse. –Recuerda, se civil,- dije por sobre mi hombro mientras salía de la cocina, llevando la bandeja con cuidado, mirando mis pies para evitar tropiezos en mi viaje. Después de un silencio por él asombro, Edward me siguió y volvimos a la sala de estar justo a tiempo para ver a Jasper estrechar manos con el Sr. Masen.

Edward se detuvo en la puerta por un momento y luego se unió a la pequeña fiesta, interrumpiendo la bienvenida de su padre. –Tú debes ser Jasper,- dijo secamente y di un respingo, mordiéndome el labio y mandando mirada de disculpa a Alice.

Hizo una mueca en respuesta y corrió a interceder. –Sí, Edward, este es Jasper Whitlock, Jasper, mi hermano Edward.-

Jasper extendió su mano y Edward la sacudió brevemente ante de soltarla como si quemara para alejarse a escuchar los chismes de la Sra. Stanley.

Suspirando en voz baja para mí misma, me acerque y salude alegremente a Jasper, con la esperanza que se sienta menos rechazado después de la repentina introducción de Edward. Él me devolvió la sonrisa sin lucir muy desconcertado por lo que pronto nos dedicamos a conversar, Alice y yo riéndonos de su seco sentido del humor. En un momento, me pareció ver a Edward mirándonos por el rabillo del ojo pero no le hice caso y me concentre únicamente en Jasper, que nos estaba contando una historia de su infancia en Texas. Era fácil de escuchar y me encontré cómoda y agradable con él, haciendo que el tiempo pasara volando.

Estaba atrapada en la imagen de la hornada de verano en el sur cuando la Sra. Masen anuncio que la comida estaba lista, y me aleje a regañadientes de la compañía de Jasper para ayudarle. Al caminar junto a él, Edward me lanzo una mirada de muerte y me sorprendí, preguntándome que había hecho para molestarlo.

Todos nos dirigimos al comedor y tomamos nuestros asientos mientras la Sra. Masen y Alice procedían a poner la mesa con los platos preparados esta mañana. Cuando terminaron, el Señor Masen señalo que bajáramos la cabeza y agradeció rápidamente por la comida, sin olvidar una oración por nuestros soldados en la línea de frente.

La comida sabia tan buena como parecía y pronto todos estábamos disfrutándola, me complació ver a mi padre comiendo con ganas y parecía estar disfrutando. Algo de color había vuelto a su rostro, y se reía con el Sr. Masen en la cabecera de la mesa, luciendo mejor y más fuerte de lo que había visto en casi un mes.

Sonreí y mire a través de la mesa a Edward que estaba sentaba frente a mí. Él me miraba, tomando nota, pero tan pronto como llame su atención frunciendo el ceño, desvió la mirada, dirigiendo su atención a Jessica, quien estaba a su derecha. Me sentí un poco rechazada, así que me volví hacia la Sra. Masen para agradecerle la maravillosa comida y ella me sonrió amablemente, haciéndome sentir un poco mejor.

Mi atención fue capturada, en ese momento, por una risita aguda en la mitad de la mesa y me volví para ver a Jessica riendo y mirando a Edward por debajo de sus pestañas, con su mano apoyada posesivamente en su antebrazo. Él se apoyo en ella y le susurró algo al oído, provocando que ella se riera de nuevo y se aplastara junto a él, sus pestañas revoloteando rápidamente. No podía entender porque estaba siendo extremadamente amable con esta chica insípida pero estaba claro que no estaba rechazando sus avances. Trague, un sabor amargo en mi boca y desvié mi mirada asqueada.

Alice y Jasper estaban a mi izquierda y mi sonrisa se amplió al verlos interactuar en la mesa. Ella parecía gravitar alrededor de él y sus ojos apenas si dejaban de mirarlo, su sonrisa siempre fija en su cara. Sin embargo, mi propia sonrisa desapareció cuando vi a Edward lanzarle puñales en su dirección y decidí tratar de separarlos para evitar una combustión espontanea en la mesa.

Después de haber captado la atención de Jasper exitosamente, me distraje con historias de mi propia vida e infancia, compartiendo cuentos de los líos en lo que Edward y yo nos metíamos. Nos reímos juntos cuando le conté sobre el día en el que Edward quedo atrapado en el árbol de la Sra. Crowley con perros ladrándole, me aventure a mirar a Edward por el rabillo del ojo para ver si sonreía ante el recuerdo. Por el contrario, se encontraba mandándole miradas asesinas a Jasper, se aparto de su silla y se levanto de la mesa.

-Disculpen,- se obligo a decir entre dientes y salió de la habitación. Hubo un momento de silencio mientras todo el mundo lo vio salir y un análisis rápido me dijo que la mayoría estaban sorprendidos, a excepción de Alice, que parecía triste, y Jasper, que lucía resignado.

Con todos los ojos sobre mí, me puse de pie suavemente y, dirigiéndome a la Señora Masen, dije, -Muchísimas gracias por la deliciosa comida. Si me disculpa, hay algo de lo que debo hacerme cargo.-

Ella asintió, con comprensión en sus ojos y salí de la habitación, cada paso rompiendo el silencio. Solo cuando estuve en el pasillo oí las voces de nuevo, poco a poco volviendo a su charla común, hasta que cubrió el sonido de mis zapatos contra el suelo de madera.

Edward se encontraba de pie en la ventana de la habitación de enfrente, con las manos metidas en los bolsillos y el ceño fruncido firmemente. No se volvió cuando entre y me quede allí, observando su postura con los hombros caídos y los músculos tensos. Mis ojos lo rastrearon casi inconscientemente, advirtiendo sus brazos tonificados al descubierta por las mangas de su chaqueta hacia atrás, sus músculos se destacaron como si estuviera apretando los puños en los bolsillos. Mi mirada recorrió su largo cuello y me imagine corriendo mis manos por su pelo, acercándolo a mí.

Un movimiento rápido de su cabeza me trajo de vuelta a la realidad y, enojada conmigo misma por ser tan débil y me obligue a recordar su comportamiento. -¿Qué te pasa?- Pregunté, mi tono un poco más duro de lo que había previsto.

Se puso rígido cuando se volvió a mirarme y encontré mi irá aumentando a medida que nos fulminábamos con la mirada el uno al otro, cada unos tratando de vencer al otro.

-¿Qué me pasa a mi?- Siseo amenazantemente y casi retrocedo, pero me contuve, no quería darle la satisfacción de saber que me había inquietado. Apunté con la cabeza hacia la puerta principal y me dirigí hacia allá, sin siquiera voltearme la abrí y salí.

Lo sentí seguirme, pero no me di la vuelta y continúe caminando hasta el final de la calle principal y luego a un campo detrás de la casas, fuera de la vista y el oído de cualquier persona.

De repente, me gire hacia él y se detuvo en seco para que tuvieras varios metros de distancia. -¿Qué crees que estabas haciendo allá?- Pregunté, rabia e indignación compitiendo por el primer lugar en mi mente.

-¿Qué estaba haciendo yo allá?- Se burlo, estrechando sus ojos acusadoramente.

Lancé un grito, frustrada y endurecida por su actitud evasiva y burlona y le respondí. -¿¡Quieres dejar eso de las preguntas!? ¡Respóndeme!- Mis manos se ciñeron en puños mientras le gritaba, y me miro, su calma me enfureció más que si ira.

Sentí como me dieron ganas de gritar y golpear el suelo, lleve mis manos a mi rostro y me concentre en respirar. Cuando estuve más tranquila pregunte con voz tensa, -¿Es Jasper? ¿Tanto lo odias?-

Su rostro se oscureció y exhalo fuertemente, pasando su mano por su cabello.

-Honestamente,- continúe, -es amable y tiene un gran sentido del humor, él me agrada.-

-Puedo ver eso,- escupió y di un respingo, sorprendida por la malicia de su tono.

-¿Qué quieres decir?- Le pregunté, desconcertada y me lanzo una mirada fulminante.

-¿Tenias que coquetear con él de esta manera? Ya era bastante malo con mi hermana, pero tu también- -

Se detuvo y me quede boquiabierta, mirándolo con asombro absoluto. ¿Él pensó que yo estaba coqueteando con Jasper? ¿Es por eso que está molesto? En confusión considere esa opción, pero no pude entender porque le molestaba tanto que coqueteara, concluí que simplemente está siendo sobre protector.

-No estaba coqueteando con él, estaba siendo amable. Después de que lo trataste como basura, estaba haciendo que se sienta menos rechazado,- le explique y él lo vio con burla y agito la cabeza con incredulidad. Una súbita ola de furia se apodero de mi y espete, -¡Eres un hipócrita! Vi la forma en la que actuabas con Jessica, susurrándole al oído y riéndote con ella. ¡Ella estaba sobre ti! Y parecías estar disfrutándolo,- acuse, y no pude evitar que el dolor se filtrara en mi voz.

Para mi sorpresa, el no trato de negarlo, pero bajo la cabeza, negándose a encontrar mi mirada. Espere una respuesta, viéndolo con expectación y, finalmente, él respondió con lo último que esperaba oír.

-Lo siento,- murmuró en voz baja y me tuve que esforzar para escuchar lo que estaba diciendo. –Me molesto que te estuvieras divirtiendo con Jasper, pero no es una escusa. Fue muy infantil de mi parte y te pido disculpas.-

No pude pensar que decir a este inesperado giro en la conversación así que me quede mirando el suelo, notando por primera vez el frio de de la tarde de febrero y la forma en la que el viento azotaba mi falda y mi blusa, empujando mi cuerpo. Envolví mis brazos alrededor de mi pecho y me abracé con fuerza, arrepintiéndome por no haber tomado mi abrigo antes de salir.

Edward me miro con remordimiento y vio que estaba temblando, piel de gallina formándose a lo largo de mi cuello.

-Estas congelándote,- murmuró y se acerco a mí, sacándose su chaqueta y entregándomela, quedándose solo con una fina camisa blanca.

Trate de rechazar, preocupada de que él se congelara, pero insistió así que la pase por sobre mis hombros, sujetando las solapas firmemente con mis manos para protegerme del viento helado.

-¿Qué pasa con nosotros?- Pregunté con tristeza mientras caminábamos juntos por el campo en dirección del borde que ofrecía protección contra el frío.

Sacudió la cabeza y suspiro, pero seguí adelante con firmeza. –Seguimos peleando y ahora que estas de vuelta, pareces más lejos que nunca. Casi no me hablas.-

Dio unos pasos y lo observe pellizcarse el puente de la nariz entre el pulgar y el índice, un gesto que reconocí al instante como preocupación o desconcierto.

-¿Edward?- pregunté con timidez, sin saber cómo manejar a este hombre que fue creciendo más y más distante. Cuando él no respondió, me acerque por detrás y apoye una mano en su brazo cautelosamente, cuidando de no presionarlo mucho.

Sin embargo, no se volvió, así que simplemente decidí hablar. –Te he echado de menos, Edward. Pensaba en ti cada día y no puedo decir lo contenta que estoy de que estés bien. Si pudiera, me quedaría aquí y no dejaría que te vayas. Pero yo sé que no puedo hacer eso,- termine con desgracia, mis voz era un suave murmullo.

Su ceño disminuyo y se relajo un poco con mi tacto, pero todavía no me miraba. –Edward,- seguí, moviéndome de modo que estaba frente a él, mirándolo directamente a la cara. –Por favor, dime algo acerca de lo que era para ti. Por favor,- suplique suavemente, acercándome a él, poco a poco levanto sus ojos a los míos, y pude ver su expresión de tortura, con los ojos clavados en los míos, quemándome y enviado olas de calor a mis extremidades.

-No puedo, Bella,- susurró con voz tensa y sus ojos transmitieron una tristeza inmensa.

-¿Por qué no?- Pregunté y alcé una mano para acariciar su mejilla, desesperada por borrar el dolor que sentía. Sus ojos se cerraron con agitación y se mantuvo inmóvil, apenas respirando mientras le acariciaba el rostro. -¿Por qué no me puedes decir?-

Con los ojos todavía cerrados, se apoyo en la palma de mi mano, su piel se sentía áspera y sin embargo insoportablemente suave contra mi mano. Tomo una respiración profunda y susurró, -porque te amo,- tuve que esforzarme para oírle.

En ese instante, todo se detuvo, ya no podía oír el rugir del viento o sentir el frio que se filtraba debajo de la chaqueta de Edward. El silencio resonó en mi cabeza y quite mi mano de su rostro en shock.

Después de un momento me di cuenta de que había dejado de respirar y tome una gran boconada de aire para llenar mis pulmones. Los ojos de Edward se abrieron de golpe y mirándome abrasadoramente y viendo a través de mi alma.

-Te amo, Bella,- continuo, su voz no era más alta que un murmullo, pero creció en volumen y emoción. –Pensaba en ti a cada momento en las trincheras. Cada vez que tenía miedo o estaba en peligro, te veía ante mis ojos. No te puedes imaginar lo que era- -

Su voz se fue apagando y yo solo lo miré, incapaz de hacer algo más. Tomo mis manos congeladas en las suyas, sin dejar de mirar mi rostro con sinceridad.

-Por eso no te puedo contar,- añadió rápidamente. –No puedes saber acerca de lo que es hacer frente a las armas, las bombas, ver un hombre tan parecido a ti mismo y tener que dispararle. No podría soportar que lo supieras.- Su voz se quebró en la última palabra y mi corazón se contrajo de dolor.

A raíz de este estallido de violencia, se separo de mí y dio unos pasos atrás, sin apartar los ojos de mi, y se paso la mano por el pelo agitado. Cuando mis ojos exploraron su expresión afectada, encontré mi voz.

-Oh Edward,- respiré, dando un paso hacia él para trazar el plano angular de sus pómulos. Entonces envolví su cintura con mis brazos y hundí mi cabeza en su pecho, sosteniéndolo cerca en un intento de consolarlo lo mejor que podía. Al principio no se movió, pero después de unos momentos envolvió sus brazos alrededor de mi espalda, atrayéndome más cerca y apretándome contra su cuerpo.

Nos quedamos allí por lo que pareció un periodo interminable de tiempo antes de que él se apartara y me miro, presionando sus labios vacilante, -¿Oíste lo que dije antes, Bella?- preguntó con cautela, tratando de medir mi emociones a través de las expresiones de mi cara. –Bella, dije que te amo,- me recordó con ansiedad y no conteste, mordiéndome el labio nerviosamente.

Él suspiro y se alejo de mí, liberándome del poder que tenia sobre mí y me afligí inmediatamente por la pérdida de contacto. –Edward, espera,- le grité y él me sonrió débilmente, pero la desolación en sus ojos lo traiciono.

-Está bien, Bella,- me dijo amablemente, -Entiendo. Está bien.- Su voz se quebró de nuevo y se apresuro a alejarse, devuelta a la carretera y nuestros hogares.

Me quede paralizada por un momento antes de darme cuenta de lo que sucedía, y corrí tras él, maldiciendo mi falda larga que interrumpía mi camino. Lo alcancé, y me puse entre él y la orilla del campo, deteniendo sus pasos.

-No, Edward. No entiendes. Por supuesto que también te amo, claro que sí, pero yo… yo solo… creo que no soy suficiente buena para ti.- Termine en un apuro, ocultando mi rostro en su chaqueta que todavía sujetaba fuertemente contra mí, y respire su aroma.

-¿Me amas?- Pregunto, con voz áspera y grave, y se acerco para correr un mechón de cabello que cubría mis ojos.

-¿Es que no escuchaste lo que yo te dije?-

-Bella, no te ves claramente,- me dijo, con débil alivio y un poco de diversión coloreo su tono. –En todo caso, yo no te merezco,- continuo, su voz volviéndose agria, pero yo estaba muy distraída en ese momento para procesa lo que quería decir con ello.

-Te amo,- dije en voz baja, tomando su mano que descansaba a unas pulgadas de mi cara y le sonreí, derritiendo la amargura y sustituyéndola por asombro.

Él extendió su mano y me llevo de vuelta a sus brazos, sosteniéndome suavemente pero con fervor, envolviéndolos herméticamente alrededor de mí y calentándome más de lo que cualquier chaqueta podría. Sus impresionantes ojos verdes perforaron los míos y no pude moverme, no podía respirar mientras lentamente, titubeante movió su cara hacia la mía.

Estábamos a pocas pulgadas, todavía atrapados en la mirada del otro, y exhalo su dulce aliento mezclándolo con el mío, y bailando por encima de mis labios y mis mejillas. Levante mi boca hacia él y me detuve, sin saber exactamente como seguir adelante. Él cerró los ojos y me puse de puntillas para alcanzar su boca, derritiéndome en sus brazos cuando sus labios tocaron los míos. Eran suaves y cálidos, fundiéndose como si fueran dos piezas de un rompecabezas.

Estire mis brazos y los envolví de forma segura alrededor de su cuello, con una mano, enredé su cabello como siempre había querido hacer, tirando su cabeza hacia abajo, profundizando nuestro beso. Sus labios acariciaron suavemente los míos, y una de sus manos corrió por mi espalda hasta alcanzar mi cuello y descansar en mi mejilla.

Después de unos momentos, se aparto y me miro maravillado, con los ojos brillantes y el rostro resplandeciente. Mire hacia atrás, debía de estar sonrojada y desordenada, mi sospecha se confirmo cuando sentí un dedo a lo largo de mi mejilla y boca, donde trazo mis labios con reverencia.

-Me encanta cuando te sonrojas así,- murmuró, su voz sonó mas fornida que de costumbre y envió escalofríos a mi cuerpo, haciéndome temblar en sus brazos. Se movió de manera que mi cabeza descansara en su hombro y me acaricio el pelo, y me movió de manera que unos de mis brazos envolvió su cintura y mi mano se apoyara en su pecho.

Él suspiro y me abrazo, reacio a moverse un milímetro, lo que estaba bien por mí. Nos quedamos en el campo, ajenos al viento que azotaba a nuestro alrededor mientras nos balanceábamos juntos, nuestros brazos aferrados fuertemente en el otro como si nunca nos quisiéramos soltar.

¿Quién creyó que Bella no le diría 'Te amo' a Edward? xd por fin estas juntos :) Y se dieron un beso :O Espero que todas hayan tenido un fantástico fin de semana y disfruten de este capítulo antes de tener que empezar una estresada semana... háganme saber que tanto amaron el beso, o que tan mala es mi traducción. contiis