Nota: Twilight no me pertenece. La historia es de RosieWilde, yo solo me adjudico la traducción.
Como Dormir la Valentía
BOV
He descubierto que se me hace imposible dormir esta noche, dando vueltas en mi cama y enredando mis extremidades con las sabanas, me obligue a permanecer inmóvil, torcida sobre el colchón. Incluso así mi mente seguía corriendo, recordando los acontecimientos del día y re analizándolos, esperando encontrar algún significado oculto o alguna insinuación de la que no me haya percatado antes.
Las palabras de Edward zumbaban en mi cerebro, haciéndome sentir mareada y aturdida. Te amo, Bella, su voz susurró en mi oído y mi subconsciente respondió con una de sus propias palabras. No te merezco. Es cierto, no lo hacía; míranos a los dos juntos, cualquiera pensaría que yo era su prima poco atractiva o una chica solitaria que él estaba tomando por piedad.
No te ves a ti misma claramente. Mi subconsciente me regaño y suspire frustrada. Su voz siguió murmurando en mi oído, su voz de terciopelo y suave, adormecida en mi estado semiconsciente solo escuchaba su voz dando vueltas en mi cabeza.
Pensaba en ti a cada momento… cada momento… Te amo, Bella… Te amo…
Cuando me desperté varias horas más tarde, todavía estaba oscuro afuera y me quede quieta por unos momentos, sintiéndome desorientada e incapaz de decir que era lo que me había despertado. Al darme cuenta de que estaba completamente despierta y no podría volver a dormir levante el cubrecama con disgusto y salte de mi cama, empezando a caminar en círculos por mi habitación.
Al pasar por la ventana, me sorprendió ver una figura solitaria de pie al otro lado de la calle, mirando en esta dirección. Acercándome a la ventana mire a través de la oscuridad, me percate de que era Edward, de pie en la calla a primeras horas de la mañana con una mirada vacía en su rostro.
Lo mire en shock por un momento pero él no se movía, solo mantuvo su mirada vacía que enviaba escalofríos a través de mi cuerpo, aunque no pude encontrar la razón del porque. Es Edward, no hay razón para estar asustada.
Me aparte de la ventana, agarrando el primer par de zapatos que pude encontrar y me los calce con mi pijama blanco. Baje por las escaleras, teniendo en minimizar los crujidos de las tablas del traicionero suelo que podrían alertar a mi padre, me deslice en mi abrigo en el vestíbulo y salí al aire frio de la noche.
Debían de ser las dos de la mañana, un silencio sofocante se apoderaba de las calles, amortiguando el ruido de nada, pero haciendo eco a mis pasos sobre la superficie lisa de la carretera. Tan pronto como Salí de la protección de mi porche, la oscuridad me envolvió como un manto, encubriéndome y haciendo que todo lo demás luciera diferente, exótico.
Las líneas de la cara de Edward eran más definidas, cortante mientras su rostro brillaba con la luz de la luna, y la vista me hizo perder el aliento. Luciendo desgarradoramente hermoso, pero el mismo tiempo completamente aterrador; peligroso y desconocido. Seguí de pie en el mismo lugar del que lo había visto por mi ventana, sus brazos a sus costados y sus pues firmemente plantados en el suelo, mirando al frente, como si estuviera viendo algo a parte de la tranquila calle.
Me di cuenta de que aun estaba vestido con la ropa que había llevado en el dia, su camisa blanca de algodón ahora arrugada y suelta sobre sus hombros. Se había quitado su chaleco pero llevaba un abrigo contra el frio, pero por alguna razón me pareció que esta excursión no fue premeditada.
No me miro cuando me acerque, aunque debió de haberme escuchado, me pare repentinamente frente a él, mirando con ansiedad su rostro inexpresivo.
-¿Edward?- susurré tentativamente, dolorosamente consiente de la forma en la que mi voz cortó el silencio y la quietud. Sus ojos me miraron como si acabara de darse cuenta de mi presencia y me sorprendí al leer el pánico y el tormento en sus ojos esmeraldas.
Mi mano acaricio su mejilla, siguiendo su silueta y saboreando la sensación de su suave piel satinada contra la mía. Examine su expresión, mirándolo directamente a los ojos, a pesar de que el dolor en ellos casi me hizo estremecer. -¿Qué pasa?- Respire, el temor y la preocupación llenaban mi voz cuando la punta de mis dedos rozo su mejilla.
Él se acerco a abrazarme y me acerque voluntariamente a él, buscando la comodidad que solo sus brazos podía darme. Apoye mi cabeza en su pecho para poder escuchar los latidos de su corazón, lo sentí enterrar su rostro en mi cabello, respirando profundamente y envolviendo sus brazos con fuerza alrededor mío.
Su tacto me tranquilizo un poco, pero mi consternación aumentó cuando oír el sonido amortiguado de un sollozo contra mi pelo, alarmándome.
-Edward, por favor, dime que está mal,- le rogué, sosteniéndolo de forma segura contra mí para que pudiera sentir el amor y apoyo que irradiaba, como me sentía por él.
Levanto el rostro y me miro directamente a los ojos de nuevo, con temor y miedo, un reflejo de lo que sabía mi mirada mostraba también.
-Bella, tengo tanto miedo,- susurró con voz ronca, apenas perturbando la quietud del amanecer. Me morid el labio, levantando una mano de nuevo para trazar los planos de su rostro, allanando las líneas que aparecieron cuando frunció el ceño.
-¿A que le tienes miedo, Edward?- le pregunte casi sin hacer ruido, corriendo mi pulgar ligeramente por sus pómulos, haciéndolo cerrar sus ojos, y trace sus parpados.
-Tengo miedo de dejarte.- Suspiro, su rostro plagado e agonía, se expresión me rompía el corazón.
-No tengas miedo,- murmuré, tratando e consolarlo con voz baja y suave. –Yo puedo cuidar de mi misma. No tienes que preocuparte por mí.-
Él abrió los ojos, rodándolos con insinuación y una sonrisa sin vida, acercándome más a él para que nuestros rostros quedaran a pocos centímetros. –Se que lo hare. Sin embargo, no era eso lo que quería decir.- Su rostro se volvió serio al instante mientras miraba directamente a sus ojos, sujete su mirada hablándole a través de ella.
Su rostro parecía vacio como si revelar un poco de su pasado que no quería compartir, y cuando volvió a hablar, su voz estaba llena de dolor. –Bella, he visto hombres morir. He sido testigo de compañeros volando en pedazos frente a mis ojos. Tenían hogares, familias, personas que se preocupaban por ellos. He visto lo que es y es muy peligroso, y yo no puedo ser uno de ellos.-
Me quede boquiabierta sin comprender, él continuo, -no puedo dejar que eso me ocurra a mí, Bella. No puedo morir sabiendo que he dejado atrás a gente que me echaran de menos, que lloraran por mí. Tengo que cortar los lazos, por su bien y por el mío. No puedo ser tan egoísta,- termino, su voz perdiéndose en la quietud de la noche, la reconstrucción de barreras entre nosotros acababa de ser disuelta.
Poco a poco, lo que estaba diciendo comenzó a hundirse en mi mente nublada y disparo horror a través de mí, pero tuve dificultades para comprender las implicaciones de sus palabras. Pánico atravesando mis palabras, haciéndolas sonar duras y cortantes,- ¿Qué quieres decir, Edward? ¿No quieres que estemos juntos?-
Un tiro de dolor atravesó su rostro con mi tono agudo de voz e hice una mueca, que casi parecía estar sangrando con la emoción que sentía. –No puedo,- respiro, -no puedo estar contigo. No soy libre. Estoy obligado a esta guerra y me llevara hasta el final. Siempre es así.-
La desesperación y la angustia en su voz me aterro más que nada de lo que había dicho, incluso más que las historias de guerra más espantadas impulsadas por comadres locales o cualquiera que quisiera escucharla. Su desesperanza me a travesó, pero no deje que me alcanzara, luchando desesperadamente por mantener la cabeza fuera del agua.
-¡No, Edward! No digas eso. Vas a estar bien, tienes que creerlo.-
Sus ojos vacios me miraron, y casi podía ver lastima brillando tras la perdida.
-Oh, Bella ¿Cómo podre dejarte?- soplo en voz baja, como para si mismo, y sus dedos sorprendentemente fríos acariciaron tiernamente mi mejilla. –Pero tengo que hacerlo,- continuo, prácticamente inaudible, -no puedo ser tan egoísta.-
Mi mente estaba gritando 'No ¡No!' tan fuerte como podía y una ola de desesperación absoluta me inundaba, empecé a sentir como me desmoronaba. Un amplio agujero se abrió en mi pecho y cada respiración se sentía como si me estuviera destrozando, sosteniéndome con los brazos, debilitada por la angustia.
Se inclino y presiono sus labios contra los míos duramente, aplastándolos bajo la fuerza de su beso, sus brazos en mi cintura acercándome más a él. Sus labios se movían como si estuviera tratando de exprimir cada minuto perdido y nuestro futuro roto.
Eventualmente, él se separo y se alejo caminando, no sin dar una última mirada a mi rostro, escaneándolo como si lo memorizara para el futuro. Mi aliento se congelo en mis pulmones y me encontré paralizada, como si fuera una estatua de mármol, una esfinge que nunca cambiaria.
Luego, de repente, me mente se impuso y los alcance, tomando su barbilla obligándolo a mirarme a los ojos. –¡Edward!- Grité, negándome a permitir que la histeria fluyera por mi voz, -No tienes que hacer esto.-
Se encogió de hombros y se separo y torció la cabeza, respondiéndome sin emoción, -Su puedo, Bella. Ya hablamos sobre esto.-
-Nosotros no,- informe con firmeza, -Simplemente me informaste lo que planeas hacer. Yo, sin embargo, aun no me decido.- El sarcasmo era fácil de encontrar en mi declaración, la realidad de que el se fuera para no regresar me abrumaba.
-¿Y cuáles serian tus planes?- pregunto desinteresadamente, con la clara idea de que la decisión ya estaba tomada.
-Simple. Me niego a dejarte ir. No tendrás que hacer ningún auto sacrificio por mí.-
Todavía no me miraba, asique presione mas fuerte hasta que lo hiciera.
-Yo sé que me amas. Y yo también te amo, más de lo que puedo decir. No podemos desperdiciar esto, Edward, solo somos jóvenes una vez en la vida, no tirare esta oportunidad por la distancia. Te amo,- le suplique, humedad comenzando a acumularse en mis ojos cuando me di cuenta de que me estaba quedando sin argumentos y su mandíbula seguía apretada con firmeza.
Lo oí exhalar un suspiro débil y me acerque a él, escondiendo mi rostro en su hombro y aspirando su olor –Te amo,- lloré en silencio, agarrándome a su chaqueta en un lamentoso intento de última hora para detenerlo.
Se aclaro la garganta y me miro, sus ojos verdes insondablemente profundos y más oscuros de lo normal, capturaron los míos. Poco a poco, levanto una mano temblorosa y sostuvo mi mejilla, usando su dedo pulgar para limpiar las lágrimas que se desbordan de mis ojos.
-Te amo, Bella,- murmuró tranquilo como el viento que calla las ramas de los árboles y le sonreí débilmente a través del mar de lagrimas.
-Te amo demasiado,- respire, y sonrió de la forma torcida que amaba. –Prométeme que no te olvidaras de nosotros,- continúo con seriedad. –Prométeme que no vas a aislarte de tu familia y amigos que te quieres. Prométeme que no te olvidaras de mí.-
Él atrajo su cara más cerca a la mía y su aliento dulce se apodero de mí, me puse de puntitas para que solo una pulgada nos separara. –No lo hare,- prometió, -Bella, nunca podre olvidarte. Eres parte de mí.-
Su rostro se acerco aun más y mis labios se entreabrieron un poco, mi lengua se humedeció. Vi los ojos de Edward seguir su progreso y finalmente se inclino, cerrando la brecha entre nosotros y presionando sus labios contra los míos.
Al principio era suave como una caricia, pero algo pareció apoderarse de él y envolvió los brazos alrededor de mí con fuerza, presionándome más y corriendo su lengua por mi labio superior. Respire y su lengua se deslizo en mi boca, bailando con la mía y enterré mis manos en su cabello, embriagándome de él y mi frecuencia cardiaca aumento hasta parecer que mi corazón saldría de mi pecho.
Los dedos de Edward trazaron lentamente mi espalda, haciéndome temblar y los sentí sonreír a través de nuestro beso. Sujete con mis dedos el corto pelo en su nuca y el suspiro, antes de que sus labios comenzaran a suavizarse y se retirara. No quise pelear con el cuándo se separo aunque podría perderme en uno de sus besos para siempre. Solo nos miramos, maravillados por el calor y el resplandor que habíamos producido.
Edward dio un paso lejos de mí, hacia mi casa, pero mantuvo su brazo alrededor de mi cintura de manera que me fuera con él. Caminamos despacio lado a lado y apoye mi cabeza en su hombro, solo para sentirme en sus brazos. Su mirada permanecía enganchada a la mía, solo apartándola para abrir la puerta y tirar de mi por las escaleras.
Abrió la puerta de mi habitación, que debía recordar de nuestra infancia, se acerco a la cama y quito las sabanas para que me subiera, me saque los zapatos y me deslice fuera de mi abrigo, que el sostuvo, colgándolo en su brazo cuando me metió en la cama y me arropo.
Mis ojos buscaron los suyos y me sentí abrumada por el amor y ternura que vi en ellos cuando se inclino a besarme la frente, alisando las sabanas a mí alrededor.
-¿Edward?- Dije en voz baja, apretando la mano que había apartado mí cabello.
-¿Si, Bella?- murmuro y su esencia de apodero de mi cuando lo hizo.
-¿Te quedarías conmigo, por favor?-
Vi como discutía en su mente y sostuve el aliento. Después de un momento, se volvió y puso su abrigo en la silla, se quito sus zapatos dejándolos junto a los míos y se sentó en la cama junto a mí. Tire de él para que quedara sentado contra la cabecera y apoye mi cabeza en su regazo. Él acaricio mi pelo suavemente, desenredándolo y alisándolo con dulzura.
Poco a poco sentí como mi respiración se ralentizo y me quede dormida, la voz de terciopelo de Edward tarareando una canción de cuna para mientras flotaba en sueños.
Creo que no fue la noche de Edward en la habitacion de Bella que algunas esperaba xD Rosie dice que es su version de Luna Nueva, haber que tanto les gusta :) Necesito una semana de sueño o morire pronto! Edward es perfecto, pero me saca de quizio cuando cree que hace lo correcto cuando no es verdad ¬¬' ¿alguien comparte mi opinion? contiis
