Nota: Twilight no me pertenece. La historia es de RosieWilde, yo solo me adjudico la traducción.
Cuando hay paz
EPOV
Bella se quedo dormida rápidamente, respirando profundamente acorrucada contra mi pecho, su pelo desplomado sobre mi regazo. Yo era feliz con solo sentarme aquí y verla dormir, asombrado de que un ángel pudiera desear mi presencia. Ella era más de lo que yo podía pedir.
Pase mi mano por su sedoso pelo castaño y su aroma irresistible me llego, transportándome a un estado de calma y bienestar percibido solo cuando éramos niños. Yo ya sabía que los conceptos Bella y familia se entrelazaban para mí y me percate de que no tenía ninguna intención en separarlos. Quería tener un hogar con Bella, quería volver de la guerra y quería hacerla mi esposa, tener hijos con ella y envejecer a su lado.
Pude ver toda mi vida correr frente a mí y mi corazón se lleno de alegría, amenazando con estallar mientras contemplaba lo que nuestro futuro podría ser. No veía ninguna razón para que Bella dijera el 'si' pero, por un momento, me deje llevar por mi fantasía de tener una vida juntos. Llegaría a casa y ella me saludaría con un beso, esperándome radiante en la puerta de nuestro hogar con nuestro pequeños hijos sujetándose a su falda. Compartiríamos todo lo que teníamos y me despertaría cada mañana a su lado, su aroma seductor impregnado en nuestra cama y flotando a mi alrededor mientras dormía tranquilamente en mis brazos.
Sin embargo, mi mente racional comenzó una vez más su coro de dudas y temores. Sabía que no podía pedirle a Bella que se comprometiera conmigo, no podía pedirle que le diera su vida a alguien que se exponía a la muerte en las trincheras. Pero cuando la guerra se acabara, cuando hubiera paz, la haría mía. Me pasaría el resto de mi vida tratando de hacerla feliz si ella me aceptaba, marcado como estaba.
Perdido en mis pensamientos y la suave respiración de Bella, encontré mi conciencia siendo arrastrada y me entregue a ella. Dejándola vagar libremente a su antojo. Mis pensamientos siempre volvían hacia Bella, que incluso en mi mente nublosa, era consciente de su cuerpo pegado al mío en un intento para sentirse más cómodo.
Yo también debo haberme dormido porque lo siguiente que recuerdo es estar tumbado en la cama junto a Bella, las sabanas se enredara entorno a ella mientras dormía profundamente a mi lado. Yo estaba curvado alrededor de su cuerpo como si la cuidara del mundo exterior, Quería protegerla, ser su escudo, pero eso no era posible a través del océano. Por lo menos podía asumir que estará a salvo aquí en Forks.
Mi brazo colgaba sin rumbo fijo sobre su cintura, por su propia voluntad, se arrastro hasta por encima de su hombro, pasando mis dedos a través de su clavícula que se asomaba por su camisón. Su hermosa cabellera caoba suelta flotaba sobre la funda crujiente de la almohada, me cautivo y me encontré cepillándolo con mis dedos, escuchando atentamente su respiración.
Afuera estaba amaneciendo y me deleite con la dulce quietud de la madrugada, disfrute del sonrojo en las mejillas de Bella. Contuve la respiración, tratando de captar el momento robado y disfrutarlo, para que durara por los meses o quizás años antes de que vuelva a despertar con Bella a mi lado.
Pero tenía que volver hoy a la delantera, había recibido un telegrama la tarde anterior diciendo que necesitaban con urgencia mi buen esfuerzo y yo no tenía más remedio que obedecer. Hacer lo contrario es arriesgarme al pelotón de fusilamiento y yo haría cualquier cosa con tal de que Bella no se sienta avergonzada, más que traer humillación a los que amo.
Dividido entre la necesidad de permanecer aquí junto a Bella y el deseo de evitar ser atrapados juntos en la cama, me quede indeciso, acercándola a mí mientras dormía hasta que comencé a escuchar el ruido de casas vecinas señalando que las calles habían comenzado a despertar. Luche contra cada uno de mis fuertes impulsos, me separe de Bella y me deslice de la cama, haciendo una pausa para mirarla. Ella era tan perfecta, tan impresionante y delicada mientras dormía que casi me vuelvo a acostar a su lado, sin importar las consecuencias.
Me acerque a su escritorio en la pared opuesta, y revise los cajones hasta que encontré una hoja de papel en la que rápidamente escribir unas breves líneas. No fueron lo suficiente para expresar todo lo que tenía que decirle, pero será suficiente por ahora. Me volví de puntillas hasta la cama, deslizando el trozo de papel entre sus dedos doblados con la espereza de que lo encontrara cuando se despertara.
Bella suspiro suavemente en sueños y el material que cubría su espalda se removió un poco, las sabanas enredadas deliciosamente alrededor de su pequeño cuerpo. Me agache a y acaricie su cabello, besándola suavemente en la frente antes de retirarme y tomar una última mirada a su rostro durmiendo. Luego me aleje con determinación y abrí la ventana, deslizándome y bajando por el árbol como había hecho muchas veces de niño.
Las calles estaba bastante tranquilas, el canto de los pájaros y el ruido de las ventanas abiertas eran los únicos sonidos que me acompañaban. Abrí la puerta de mi casa y subí en silencio las escaleras. Pude escuchar los ronquidos de mi padre, provenientes de la habitación principal, y agudizando el oído pude escuchar la suave respiración de Alice.
Aliviado de no haber sido sorprendido saliendo a hurtadillas, entre de puntitas a mi habitación y me cambie de ropa, removí las sabanas para que pareciera como si hubiera dormido ahí.
Cuando termine, me hundí en mi silla y escondí mi rostro en mis manos, superado por la enormidad de lo que había hecho. Había dejado que Bella se quedara a mi lado, tener una relación con ella a pesar de mi juicio, y ahora tenemos que lidiar con las consecuencias. Tengo que tomar el tren para regresar a la línea de frente esta tarde y no podía enfrentar el hecho de dejar Bella atrás. Ella perseguiría mis pensamientos hasta ser capaz de verla de nuevo y tenerla en mis brazos, lo sabía.
Me incliné lentamente en la silla y apoyé la cabeza contra la pared de tras de mí, exhalando fuertemente, mi mente zumbaba. Me había dado cuenta de que, ahora que había admitido mis sentimientos hacia Bella, no estaría contento con nada que no fuera su mano en la mía, su rostro iluminado con una sonrisa mientras la miraba. Tenía que hacerle saber cómo me sentía, de manera de que cuando yo estuviera fuera, ella nunca dudaría de mi amor.
Golpeado por un destello de inspiración, me levante de la silla y comencé a revolver mi armario, moviendo todo a mi paso en mi búsqueda.
BPOV
Me tomo unos minutos darme cuenta de porque me sentía sola ¿Porque me sentía como si algo faltara? Pronto, me acorde de haberme quedado dormida en los brazos de Edward, mi cabeza apoyada en su regazo y el tacto de sus suaves manos acariciando mi cabello.
Suspire cuando mire a mi alrededor y me di cuenta de que no estaba por ningún lado, pero seguramente se fue a casa antes de que el pueblo comenzara a despertar. Yo, definitivamente, no quería ser el centro de un escándalo esparcido por la Sra. Stanley a través de Forks.
Por un momento, sin embargo, me hubiera gustado que se hubiera quedado, sin importar las consecuencias. Yo podía enfrentar las malas lenguas si Edward se quedara conmigo, pensé con tristeza. Junto a él, nada podría tocarme.
Sacudiendo mi estado de ánimo fantasioso, me levanté de mi cama y me vestí rápidamente para poder ver a Edward pronto. Me sorprendí cuando una hoja de papel cayó de la ropa de cama al suelo con cautela, como si fuerza venenosa.
Me agache y la tome entre mi dedos, vi mi nombre escrito con la inconfundible caligrafía de Edward. Lo desplegué con avidez, sintiendo como un niño pequeño en una mañana de navidad.
Bella,
Lo siento, tenía que irme mientras tú seguías durmiendo pero no quería ser atrapado en tu habitación por tu padre. No estoy seguro de que hubiera disfrutado su reacción, sobre todo porque sé que tiene un arma escondido en algún lugar de su dormitorio ¿Recuerdas cuando nos la enseño, brillante y nueva, la primavera pasada?
Ayer por la tarde recibí un telegrama de mi general diciendo que debía volver a la línea de frente tan pronto como sea posible. Tomare el tren esta tarde y continuare mi camino en un barco de suministro. Lamento tener que volver tan pronto, si fuera por mí, jamás lo haría.
Realmente me gustaría volver a verte antes de partir, si tú quieres, te voy a esperar en mi casa. Realmente espero que vengas.
Te amo,
Edward.
No sabía si reír o llorar, a veces no tenía idea de lo que pasaba por la cabeza de Edward ¿Cómo podía pensar que no querría verlo de nuevo? Desde que me había despeado hace un minuto, había estado prácticamente contando los segundos para sentir su cuerpo contra el mío de nuevo.
Sin embargo, el volver a Francia pronto. Solo había estado en casa por unos días y apenas habíamos pasado tiempo juntos. Era realmente cruel separarnos tan pronto después de que dijera que me amaba y maldije la guerra, los generales y la carrera alemana en conjunto, que lo alejaban de mí.
Corrí escaleras abajo, pero mi pie se enredo con mi falda y casi volé por ellas, pero me sujete a la barandilla en el último minuto. Sonreí con ironía y me dirigí a la concina para preparar el desayuno, vagamente notando que no había estado tan entusiasmada, y tan torpe, desde algún tiempo. Emocionada ante la idea de pasar unas cuantas horas con Edward, con suerte podíamos tener un poco de tiempo a solas.
Me senté en la misma al mismo tiempo que mi padre bajaba las escaleras, luciendo alegre y descansado mientras se sentaba en la mesa.
-Buenos días, Bella,- saludo radiantemente, me sentí satisfecha al ver que su salud y su ánimo mejoraban.
-Buenos días ¿dormiste bien?-
-Sí, sí,- respondió sin tomarle importancia, sacudiendo la mano y me morid el labio para ocultar mi sonrisa. Un gesto tan parecido de mi padre, no quería admitir mi debilidad o aceptar ayuda. Éramos tan parecidos.
-¿Tienes planes para hoy?- Me pregunto y moví la cabeza, encogiéndome de hombros.
-Nada en particular ¿Por qué? ¿Necesitas algo?-
-No, me preguntaba si estarías bien mientras me voy de pesca con Edward. Hemos encontrado un lugar donde los peses grandes muerden, pero no quiero dejarte sola todo el día.-
-No le preocupes por mí,- le asegure, -Podría ir donde los Masen y pasar el tiempo allí.- Decidí dejar de lado la esperanza de pasar la mayor cantidad de tiempo en los brazos de Edward, el corazón de mi padre no podría soportar eso.
Se animo ante la idea de que visitara a los Masen y pregunto interesadamente, -¿Crees que vas a ver a Alice? Ha sido un buen tiempo desde que ella se ha pasado por aquí.- Parecía malhumorado y rodé mis ojos a escondidas cuando estaba ocupado con su desayuno. A sus ojos, Alice nunca se equivocaba, ella era perfecta.
-Sí, estoy segura de que estará allí,- le dije, cuidando mi tono de voz. –Le preguntare cuando planea visitarnos nuevamente.-
-No, no, no la molestes con eso,- soplo su comida y dio un gran bocado, no baje la guardia esperando que continuara con la conversación.
-¿Dónde está el lugar de pesca milagrosa, entonces?- Pregunte mientras comíamos.
-A pocos kilometro a las afueras de la ciudad, en el recodo del rio. Edward jura que es el mejor lugar.-
-¿A pocos kilómetros, papá? ¿Estás seguro de que puedes manejártelas con eso?-
-Sí, Bella. Voy a estar bien,- murmuro casi como un niño pequeño. Y una vez más, me vi obligada a ocultar mi sonrisa. –No deberías tratarme como a un bebe.-
-Lo siento,- le dije sinceramente, ocultando mi preocupación con una cálida sonrisa. –Me preocupo por ti, eso es todo. El invierno no ha sido muy bueno para ti.-
-Lo sé, Bells, lo sé, pero estoy mucho mejor ahora. De hecho, no me había sentido tan bien en años. Tú cuidas bien de mí, lo sabes.-
Le sonreí con calidez y sentí mi sonrojo empezar a deslizarse por mi rostro. Me puse de pie de un salto y me dirigí a la cocina, me negué a encontrar su mirada hasta que la cocina estuvo impecable y la vajilla reluciente.
Me voltee y le pregunte, -¿Necesitas algo para el viaje? ¿Un sándwich?-
-No, no,- agito la mano de nuevo. Se levanto de la silla y se dirigió a la puerta. -Elizabeth se encargara de todo.-
Lo vi partir, y no pude detener la preocupación que me embargaba siempre que hablada de ejercitar un poco. Sin embargo, no podía negar que su cara y actitud eran más alegres de lo que había visto en meses.
Corrí a mi cuarto, cepille mi cabello y me hice una trenza, que bajaba sorprendentemente por mi cabeza y mis hombros, dándome una rápida mirada al espejo antes de salir corriendo por la puerta. Usualmente me preocupaba de verme bien, pero ahora no tenía tiempo para preocuparme de esas cosas, solo habían unas pocas horas antes de que tren que alejaría a Edward de mi partiera.
Camine por la calle tan rápido como pude, llegando a la puerta principal de los Masen rápidamente. Salude entusiasmada a la Sra. Crowley, quien paseaba a sus perros. Me abrí paso con cautela y llame a la puerta.
La puerta fue abierta de inmediato por Edward, quien estaba un poco sonrojado y sostenía un trozo de pan en su mano. Por un momento o dos, lo mire fijamente, guardando cada detalle, atónita por su perfección. Él tampoco se movió y casi hubiera pensado que hacía lo mismo, si no hubiera sido por el hecho de que yo estaba lejos de ser impresionante.
Finalmente, me sacudí de mi parálisis y di un paso hacia él, mis ojos clavados en los suyos mientras yo cerraba la brecha entre nosotros. Sin embargo, en ese momento una pequeña Alice apareció de la nada, empujando a Edward para abrazarme, envolviendo sus brazos de forma segura alrededor de mi cintura. Me sorprendió, grite sin aliento y Edward cayó en un ataque de risas por la expresión de mi rostro.
-Te amo, Bella,- chillo, después de que había recuperado la capacidad para respirar, me abrazo rápidamente y se rio junto a Edward. –Eres la mejor,- grito, agitando sus delgados brazos y me dio unas palmaditas en la cabeza torpemente.
-Estoy bastante sorprendida,- agregue con sequedad,- pero ¿hay alguna razón en especial por mi brillantez esta mañana?-
-¡Lo hiciste! Lo imposible. Edward y Jasper son amigos.- Me dijo feliz y mi cabeza se disparo en dirección a Edward. Levanté las cejas interrogante y él puso los ojos en blanco, lo que tome como una confirmación.
-Gracias, gracias, gracias,- grito y me quede aturdida mientras ella bailaba con júbilo a mi alrededor.
-De nada,- murmuré, incapaz de quitar mi mirada del rostro de Edward, él hizo una mueca ligeramente.
-Es cierto ¿no es así, Edward?- presiono Alice, saltando encima de él, mirándolo expectante.
-Bueno, yo no diría eso exactamente, Alice,- dijo incomodo. -Quiero decir, todavía no estoy seguro de confiar en ese hombre. Además, tú eres demasiado joven para tener un pretendiente.- Término con desaprobación y el ceño fruncido.
-No soy más joven que tu,- respondió astutamente, mandándome dardos con una mirada astuta donde nos encontrábamos. Me sonroje al instante, traicionada por la culpa, y ella levanto una ceja sagazmente como yo tartamudeaba y balbuceaba.
Edward frunció el ceño en señal de advertencia a Alice y se volvió dirigiéndose a mí, haciendo un gesto para que lo sugiera en la casa. –No te preocupes por Alice,- dijo lo suficientemente alto como para que lo oiga cuando entre y cerro al puerta. –Ella no sabe de lo que está hablando. Vamos a sentarnos a la sala.-
-Lo que tu digas,- ella se encogió de hombros ligeramente y nos miro por sobre su hombro, -voy a estar arriba si me necesitan,- ahogo una risita cuando se fue.
Edward tomo mi mano y me llevo al sofá, sentándose y tirándome a su regazo. Me apoye contra su pecho, enterrando mi rostro en su cuello y preguntando en voz baja, -¿Cómo es que Alice sabe? -
Lo sentí suspirar y alzar su mano hacia su cabeza, seguramente para pasar la mano por su cabello que apenas estaba comenzando a crecer de nuevo después de las trincheras. –No estoy seguro,- admitió finalmente, -Ella es muy observadora y casi parece tener un sexto sentido cuando se trata de ese tipo de cosas. No se puede mantener un secreto con ella,- me advirtió con ironía y levanto mi mano para besar el dorso.
Acurruque mis dedos en torno a su cuello, disfrutando de contacto y alce mi rostro para mirar su expresión. Parecía casi divertido, pero su sonrisa salpicaba irritación por su perceptible hermana.
-¿Le contara a tus padres?- susurré y lo sentí suspirar de nuevo.
-No lo sé. Quizás.-
Me queje y escondí mi rostro en mis manos, moviendo la cabeza con aprehensión.
-¿Tan malo es?- preguntó, sonando herido y rápidamente mire hacia arriba, dando marcha atrás para borrar la expresión de dolor en su rostro.
-No, no es eso lo que quise decir. Por supuesto que no sería malo, simplemente no es la manera en la que me gustaría que se enteraran. Prefiero guardar esto para nosotros mismos por el momento,- le suplique, sabiendo que si mantenía esa expresión de dolor le gritaría al mundo que estábamos enamorados. Afortunadamente, su expresión se disolvió y presiono sus labios contra mi frente, sosteniendo mi rostro en sus manos.
Aliviada de haber sido perdonada, me relaje en su abrazo y pase mis manos por su cuello y hombros, trazando los músculos de sus brazos con mis dedos. Se alejo de mi frente y agacho la cabeza para mirarme a los ojos, la suya era ardiente mientras acercaba su rostro al mío.
Mi respiración se entrecorto y mis ojos se cerraron esperando el encuentro de nuestros labios, pero cuando el contacto no llego, los abrí con confusión. Me estremecí cuando vi la cara de Edward a menos de una pulgada de la mía, una sonrisa juguetona bailando en sus labios. Se rio de mi reacción, sus ojos brillando con alegría y cierta añoranza.
Mirando su bello rostro, algo en mi se rompió y enrede mi mano en su pelo, tirando de él para poder aplastar mis labios contra los suyos. Al principio pareció sorprendido, pero pronto me acerco más y paso sus brazos por mi espalda, enviando un hormigueo por mi columna. Cuando llego a mis omoplatos, trazo pautas en la piel de mi cuello con la punta de sus dedos y me estremecí, presionándome más fuerte contra su pecho. Su mano se arrastro desde mi cuello a mi cabello, pasando sus dedos por mi trenza hasta la cinta. Con un rápido tirón, se decido de ella y mi cabello callo suelto por mi espalda. Con movimientos lentos, desenredo mi cabello y me fundí en su cuerpo, sin ser capaz de mantener el mío.
Separándose de mis labios, Edward acaricio mi barbilla y comenzó a presionar suaves besos por mi garganta provocando que cerrara los ojos, apretando fuertemente mis brazos alrededor de mi cuello. Se abrió camino desde la base de mi garganta al costado mi cuello lentamente, y hasta mi mandíbula, presionando detrás de mi oído con un beso final.
Cuando levanto la cabeza para mirarme a los ojos, los dos estábamos respirando con dificultad, sus ojos parecían más suaves y mucho más intensos que antes. Podía escuchar mi corazón tronando en mi pecho y el hacía lo mismo, como si acabara de correr un maratón. Con cuidado, para no perder el equilibrio, pego su cabeza a mi pecho, su oreja en el punto donde podía oír los latidos de mi corazón.
Su mano cepillaba mi cabello y la dejo ahí, amortiguándolo mientras escuchaba mi ritmo cardiaco. Poco a poco, nuestras respiración volvieron a la normalidad y me separe de su regazo, decidiendo que distancia sería útil para lo que quería decir.
Sus ojos buscaron los míos interrogante y me mordí el labio, sin saber cómo abordar el tema. La verdad es que había pasado gran parte de la noche y esta mañana y por fin había llegado a una conclusión. El océano no me separaría de él, simplemente no podía, y no lo permitiría, por lo que lo seguiría a Francia. Vivir en Forks prácticamente me estaba volviendo loca, encadenada a mi papel de joven respetable, totalmente incapaz de hacer algo útil.
Necesitaba una ocupación, algo que pudiera hacer para hacerme sentir que me necesitaban, algún uso o propósito. Si Edward luchaba por nuestro país, lo menos que podía hacer era hacerme voluntaria. Y así, me había decido. Me preferiría a mi misma como una enfermera y trabajaría cerca de la línea de frente. Tenía que hacer algo y esto parecía la solución perfecta, yo no podía sentarme aquí y seguir preocupándome.
El único problema con este plan era mi padre y su salud, yo sabía que este era el obstáculo que me impediría partir. Si el decaía, yo nunca sería capaz de partir, no importa cuánto lo quisiera, jamás sería capaz de abandonarlo en un mal estado. Por lo tanto, era de mi alivio y alegría que se encontrara de buen humor y buena salud, esto me dio la esperanza de poder cumplir mi ambición. Los Masen se ocuparían de él en mi ausencia, de eso estaba segura.
Lo único que faltaba era contárselo a Edward.
De pie frente a él, cuadre los hombros y tome una respiración profunda, él me miro con recelo.
-Bella ¿Qué está pasando?- preguntó con cautela y de pronto encontré mi coraje y mi voz.
-Edward, tengo algo que decirte.- Su mirada me alentó a seguir y continué, -voy a inscribirme para ser enfermera.-
-¿Una enferma?- preguntó desconcertado. –Pero, Bella, tú odias el olor de la sangre.-
Hablo como si le estuviera explicando algo simple a un niño y eso inmediatamente me irrito.
-Puede ser, pero encontrare la manera de superarlo. Te sorprenderías de lo que puedo soportar, no deberías subestimarme.- Sus ojos se disculparon pero no le di la oportunidad de intervenir y continúe, -quiero ir a la línea de frente.-
Abrió sus ojos y su boca en lo que solo pude asumir terror abyecto, parecía incapaz de formar una palabra. Aproveché su repentino silencio. –A lo mejor si estoy cerca podemos vernos más amenudeo. Haría cualquier cosa por estar cerca de ti,- termine en silencio, rogándole que entendiera.
-¿Vas a correr el riesgo de perder tu vida para estar conmigo?- Gritó y solo asentí, sin mirarla a la cara.
Farfulló por unos momentos más antes de explotar finalmente, el miedo y la ira en su voz me asusto.
-Bella ¿Has perdido la cabeza?- casi grito y me aparte de él, -No puedes ir a la línea de frente ¿Sabes lo que estas pidiendo?-
Me quede delante de él, escondiéndome detrás de mi cabello, con miedo de alzar la mirada y encontrar humo saliendo de sus orejas o ver la ira ardiendo en sus ojos.
-¡No te dejare partir!- grito, siendo presa del pánico y mi mirada siguió su cuerpo caminando frenético por la sala.
-¿No me dejaras ir?- pregunté peligrosamente con calma pero él no pareció entender el tono de advertencia en mi voz.
-No lo permitiré. No puedo, no puedo.- Casi parecía como si estuviera delirando pero ya había agraviado demasiado la situación.
-No tienes ningún derecho a decir que puedo hacer y que no,- le dije con frialdad y me miro horrorizado ante el cruel tono de mi voz. Apague mis instinto, mis impulsos y trate de calmarme y hablarle, decirle que yo hacia lo que yo quería, enfocándome en consolidar mi punto. –Yo puedo hacer lo que se me plazca y no te permito dictarme lo que debo hacer.-
Dejo caer su rostro en sus manos y me arrepentí de inmediato de mi dureza. Me senté en el sofá a su lado y apoye una mano provisoriamente sobre su hombro. Suavice mi voz para que sonara amable pero aun firme y le dije, -Ya no soy una niña, Edward. No necesito que siempre me protejan. Puedo cuidar de mi misma.-
Se quejo un poco y hundió más la cabeza en sus manos, tomando una respiración profunda, como si quisiera decir algo. Sin embargo, di un salto antes de que pudiera decir las palabras. –No estoy pidiendo tu permiso, Edward, pero me gustaría tener tu apoyo. ¿Puedes darme eso?-
Durante un tiempo no se movió y yo permanecí inmóvil junto a él, aguantando la respiración en espera de su reacción. Finalmente, levanto la cabeza y me miro, una mirada llena de honestidad y sinceridad.
-Si es tu decisión, Bella, te apoyare,- dijo despacio, casi como si quisiera posponer la realización de lo que estaba diciendo. Le sonreí agradecida, pero antes de tener la oportunidad de decir algo, él levanto la mano para detenerme. –Sin embargo, te recomiendo que lo reconsideres a conciencia. No te puedes imaginar lo que es estar rodeado de muerte y sufrimiento en todo momento. No quiero eso para nadie, y menos para ti, Bella. Quisiera que te quedaras para siempre aquí, segura y feliz.- Tomo mi mano, sus penetrantes ojos verdes se ablandaron, capturando los míos.
-Pero Edward,- insistí, necesitaba que él entendiera.- No soy feliz. Puedo estar segura, pero me estoy volviendo loca atrapada aquí, inútil y olvidada. Nunca he sido una de las que se encierran en la cocina, y tú lo sabes. Tengo que hacer algo y si me convierto en enfermera estaré más cerca de ti. Soy feliz cuando estoy contigo.
Él me miro a los ojos desesperadamente por un rato, como si tratara de disuadirme con la mirada, pero finalmente admitió su derrota y suspiro profundamente.
-¿Estás segura?- pregunto, aunque su rostro retrataba claramente que ya sabía la respuesta. No conteste, pero asentí tristemente, acariciando su mejilla en la palma de mi mano en un débil intento de borrar la tristeza de su rostro. Él me dio una pequeña sonrisa y me acerque e su rostro, besando suavemente sus mejillas y alrededor de sus ojos, cerrando sus parpados con mis labios. Cuando termine, volvió a suspirar suavemente y nuestras miradas se encontraron, ninguno de nosotros la rompió.
No sé cuánto tiempo había pasado cuando se separo, metiendo la mano en el bolsillo de su pantalón, apretando algo en sus manos.
-Tengo algo que me gustaría darte,- murmuro en voz baja y sus ojos se volvieron a encontrar con los míos, su mirada era suave y cálida con solo un toque de tristeza, traicionado por la conversación que acabábamos de tener.
No dije nada, solo lo mire confundida, sin comprender a que se refería.
Abrió la palma de su mano y mire con curiosidad lo que tenia, todavía sin comprender lo que quería decir. Tomo algo en sus dedos, que reconocí como una cadena de plata y la levanto al aire, mostrando una cruz plateada. Fruncí el ceño, perpleja, sin comprender porque el querría darme algo a mí.
-Es hermoso,- dije, y de repente me di cuenta de lo que se balanceaba en sus dedos con sencillez y elegancia.
Al ver mi evidente desconcierto, Edward explico en voz baja. –Era de mi abuela. ¿Recuerdas cuando murió, hace unos diez años?- Asentí y el continuo, -Me dejo esto en su voluntad y me recuerda a ella, siempre lo usaba. Mi abuelo se lo había dado cuando eran jóvenes.- Hizo una breve pausa, como si estuviera perdido en un recuerdo. –Quiero dártelo,- respiro, con sus ojos esmeraldas clavados en los míos, sosteniendo mi mirada de una manera en la que solo él podía.
-¿Para mí?- Susurré con incertidumbre, alzando un dedo para acariciar la delicada cadena.
-Para ti,- confirmo, acercándose de manera que teníamos solo unos centímetros de distancia. –Quiero que tengas algo que te recuerda a mí. Algo que te haga pensar en mi cuando este lejos.-
-Edward, no necesitas regalarme nada para que me acuerde de ti,- comencé pero el puso un dedo sobre mis labios para detenerme.
-¿Por favor?- pregunto y me derretí ante el tono dulce de su voz. -¿Lo usaras por mí?-
-Por supuesto que sí,- le asegure y su rostro se ilumino con una brillante sonrisa.
Indicándome que me pusiera de pie, me voltio suavemente por los hombres y se paro detrás de mí, ajustando la cadena en mi cuello. Observe con asombro como la abrochaba, su mano rozando mi mandíbula y mi clavícula, también mi nuca después de haberla asegurado. Levante la pequeña cruz para admirar su belleza, mirando la danza de los grabados sobre la plata provocados par la luz del sol de la ventana.
Cuando volvió a hablar, su voz fue baja y fornida, enviando escalofríos por mi espina dorsal. –Mis abuelos era muy felices juntos, creo que no traerá suerte. Estuvieron casados durante treinta y cinco años.-
-Gracias Edward,- susurré, incapaz de decir algo mas, pero parecía que era todo lo que necesitaba. Se inclino hacia mí, rodeándome con sus brazos alrededor de mi cintura de forma segura por mi espalda y apoyo su cabeza en mi hombro para que ambos admiráramos la cruz juntos.
-Se ve hermoso en ti,- murmuró y volví la cabeza rosando su nariz con la mía. Inclinando la cabeza, me beso con ternura, sus labios casi era un susurro contra los míos, contando su propia historia. No había ninguna necesidad de nuevas palabras o explicaciones, ninguna obligación de hablar o escuchar. Solo estábamos aquí, el uno con el otro, y yo sabía que no habría otro lugar en el que quisiera estar que no fuera este. Cuando haya paz, me prometí a mí misma, jamás dejaría sus brazos.
Eso estuvo completamente meloso. ¿Quién apoya la decisión de Bella? Yo me pongo de su lado, siempre he sido el tipo de chica que quiere hacer algo útil con su vida xD Gracias a todas las personas que leen esta increíble novela, gracias Rosie por crear esta magnífica historia :) contiis.
PD: Creen que lleguemos a los 100 reviews en este capítulo?
