Nota: Twilight no me pertenece. La historia es de RosieWilde, yo solo me adjudico la traducción.
Exposición
BPOV
Las lágrimas caían constantemente por mis mejillas hasta la comisura de mis labios, machando mi rostro con ese liquido caliente que se enfriaba rápidamente con el aire invernal. Observe como el tren desaparecía de la estación, doblando la curva que lo llevaría lejos de mí y yo estaba congelada en este andén desierto, mis ojos miraban sin emoción donde lo había visto por última vez antes de que despareciera de mi vista.
Mientras que la realización de su partida me golpeaba lentamente, las lágrimas corrían tan rápido que no podía ver a través de ellas, por más rápido que parpadeara no desaparecerían. Lunchando con contener el llanto que amenazaba con romper, me hundí lentamente en la tierra de modo que mis rodillas estaban apoyadas en las piedras congeladas, con la cabeza gacha, me deje llevar por la miseria. Me sentía afligida, no como si alguien me hubiera dejado, sino como si alguien hubiese muerto. La parte feliz, despreocupada, contenta de mi había sido arrancada de mí y yo sabía que solo existía por y para Edward. Él era mi motivo, la razón para todo y no sabía cómo le haría frente a la vida sin él junto a mí.
Un sollozo ahogado abandono mi garganta y deje de retener los siguientes, mi respiración era entrecortada y las lágrimas me abrumaban. Una de mis manos se deslizo hacia mi garganta para estrechar la cruz de plata, sosteniéndola con reverencia, como si pudiera traer a Edward de vuelta.
Era totalmente ajena a todo lo que sucedía a mi alrededor cuando una voz rompió mi soledad con consternación, -¿señorita?-
Sin comprender, mire hacia arriba para ver al jefe de la estación contemplándome con preocupación. Extendió una mano, dejándola descasar en mi hombro pero luego la retiro, nervioso, y presiono con ansiedad, -señorita, ¿se encuentra bien?-
Me di cuenta del estado en el que estaba, mis mejillas manchadas con lágrimas frescas y mis ojos rojos, pero no pude reunir la energía para prestarle atención. Él me miro de cerca, entrecerrando los ojos para ver a través de sus gafas y su rostro se ilumino en reconocimiento. –Usted es la Srta. Isabella, ¿no? ¿La hija de Charlie Swan?-
Asentí vagamente y él me sonrió animosamente, apoyado su mano suavemente en mi hombro. –Por supuesto que conozco a Charlie. Hemos salido de pesca un par de veces, él se ha pasado por aquí y lo he visto con su uniforme cuando hay algún problema. Charlie es un buen hombre.-
Mientras él hablaba, yo solo lo miraba, incapaz de seguir su charla mientras una parte de mí viajaba se alejaba más y más. Finalmente, él pareció recordar que me encontraba arrodillada en la plataforma, así que dirigió su atención hacia mí y pregunto con genuina preocupación, -¿Qué sucede, Señorita Isabella?-
No dije nada y lo mire sin comprender, su viejo rostro arrugado en consternación. –¿Era tu hombre joven, el que acaba de partir en ese tren?- Mis labios se abrieron un poco como si quisiera hablar, pero los palabras nunca salieron, así que asentí en silencio.
-No, no ahora,- dijo con dulzura y me tendió la mano para ponerme de pie. Accedí a su gesto y cuando estuve de pie frete a él, él acaricio mi mano en un gesto reconfortante. –Él vas a estar bien. Volverá pronto a casa.-
Mire su rostro y pregunte con una voz más aguda de lo que pensaba, -señor, ¿tiene usted un hijo en la guerra?-
El asintió con la cabeza tristemente y respondió. –Sí, mi niño fue a luchar contra los alemanes como muchos.-
-¿Y usted se preocupa por él?- Le pregunté con suavidad e incline la cabeza.
-Lo hago, pero él es un buen chico, un chico fuerte. Es un buen soldado como cualquier otro.-
Asentí con la cabeza y apreté su mano en señal de gratitud, mis lágrimas secándose finalmente con el frio viento. –Gracias por su amabilidad,- le dije con tanto entusiasmo como fui capaz y él sonrió e respuesta.
-Cuando quiera, señorita. ¿Le gustaría venir a mi estación por una taza d té? Acabo de hacer una tetera.-
Me sonrío, pero sacudí la cabeza, negando la oferta. –Es muy generoso de su parte, pero realmente debo irme.-
-Bueno, cuídese señorita Isabella,- me dijo con simpatía, - Y no se preocupe mucho por ese joven. Volverá a casa a tiempo, como todos los demás.-
Le di una sonrisa forzada y me despedí, mirando hacia atrás por encima de mi hombro para ver que me miraba con una expresión de comprensión. Mi estomago se retorció y rogué en silencio no leer el nombre de su hijo en el periódico.
Me apresure a volver a lo largo de las desoladas calles, la oscuridad envolvía el familiar paisaje y parecía perseguirme hasta que me acerque a mi casa. Estaba ansiosa por entrar y escapar del viento nocturno, pero mientras me acercaba a la puerta, me detuve, mi mano apoyada en el poste vacilante. A través de la ventana del salón pude ver a mi padre sentado en su sillón favorito, con un periódico en su regazo, la cabeza hachada hacia atrás y la boca abierta mientras dormía. Me mordí el labio cuando lo vi, la luz me iluminaba ya que había olvidado cerrar las cortinas. Tenía que entrar y cocinarle su cena, pero no creo que pase nada si llego un poco tarde.
Alejándome de mi casa, crucé la calle y camine por el patio delante de la casa a unas pocas puertas, golpeando provisionalmente la puerta. Se oyó el ruido de pasos pesados y la puerta se abrió, revelando al Sr. Masen enmarcado por el cálido resplandor del pasillo. Lucia más cansado y viejo de lo que había visto antes, pero el sonrió invitándome a pasar como siempre.
Lo seguí hasta la cocina donde podía oír altas voces y cuando abrí la puerta, fui recibida por los ojos de la Señora Masen y Alice sentadas juntas en las sillas, reconfortándose la una a la otra mientras lloraban. Miraron hacia arriba cuando hice mi apariencia, lo que trajo una nueva ronda de lamento provocando que el St. Masen flaquera.
Sin inmutarme, entre a la habitación y me arrodille frente a ellas, tomando las manos de la Señora Masen en las mías. Acariciándolas con dulzura, empecé a murmurar en voz baja, con la esperanza de calmarlas con mi compostura. –Acabo de estar en la estación,- les dije tranquilizadoramente y agregue, -Edward tomo su tren sin problemas.-
Parecía como si fueran a protestar por no haber ido por lo que agregue rápidamente. –Él me pidió que les dijera que los echaría de menos.- Mis voz temblaba nerviosa ante mi mentira y me mordí torpemente el labio, pero ellos parecieron demasiado distraídos como para darse cuenta. No fue una mala mentira, pensé, estaba segura de que Edward lo hubiera mencionada si hubiera pensado en ellos.-
-¿Él… el dijo eso?- La Sra. Masen preguntó y asentí con la cabeza, mis mirada reflejando inocencia falsa. -¡Oh! Mi muchacho,- gimió y Alice le acaricio la espalda con consuelo. - ¡Él es un buen chico!-
La deje llorar por unos minutos mas y luego me puse de pie, tirando de una tercera silla para sentarme junto a Alice. Vacilante, extendí mi mano para acariciarle la espalda pero fui tomada por sorpresa cuando se arrojo a mis brazos, sollozando.
-Shh, Alice, sshh,- la calme, acariciando su pelo rebelde mientras ella se lamentaba en mi blusa.
-Bella,- se atraganto entre lamento. -Estoy tan preocupada por el, ¿qué pasa si se lesiona?-
¿Qué pasa si se muere? La pregunta no formulada sonó entre nosotras, y evité su mirada, fracase buscando una respuesta. –Todos estamos preocupados por él,- dije y agregue con firmeza, -pero él estará bien.- Ella me miro con los ojos muy abiertos, confiando en mi predicción, su labio inferior tembló y lagrimas se acumularon en su ojos nuevamente.
-¿Cómo lo sabes?- gimió y alce mi barbilla con determinación, tratando de transmitir una sensación de certeza que no poseía.
-Algunas cosas solo se tiene que creer, Alice, y esta es una de ellas,- le dije, repitiendo las palabras de Edward que hace unos días me habían calmado, aunque yo sospechaba que tenía más que ver con su presencia. Me miro a los ojos y asintió con la cabeza y enterró su rostro en mi hombro, sus sollozos se calmaron y solo las lágrimas siguieron fluyendo, ensuciando mi blusa.
Sobre su cabeza, mis ojos encontraron los de la Sra. Masen y ella me dio una sonrisa acuosa, acariciando mi mano suavemente. –Gracias, Bella. Eres buena para nosotras.-
Sonreí afectuosamente pero sacudí la cabeza con desdén. –Por el contrario Señora Masen, soy yo la que está en deuda con usted. Es muy amable de usted cuidar de mi padre y de mí.-
Ella me miro y suspiro en voz baja, secándose las lagrimas con un pañuelo de encaje que descansaba en sus manos. Alice seguía en mis brazos pero sus lágrimas se habían secado, aunque parecía renuente a dejarme ir. La tranquilice y acaricia un poco incomoda debido al ángulo en el que me abrazaba, y mientras me movía, la cadena de Edward brillo con la luz que se colaba por la ventana.
El flash llamo la atención de la Señora Masen y se acerco a la cruz que descansaba en la parte superior de mi blusa, inclinándose sobre Alice. –Es un collar muy bonito el que tienes ahí, querida. ¿Te importa si le echo un vistazo?-
Abrí la boca para responder, pero ella se acerco antes de darme oportunidad de responder y tomo la cruz suavemente, balanceándola en sus dedos. Ella frunció el ceño por un momento y luego me miro, un poco perpleja. –Que gracioso. Esta se parece a la que mi madre usaba. ¿De dónde la sacaste?-
Me quede inmóvil por un momento antes de responder en un susurró, -Edward me la dio.-
-¿Lo hizo?- preguntó perpleja antes de que algo parpadeara en su mente. Sus ojos se agrandaron y su boca se abrió, formando una 'o', aunque no emitió ningún sonido. La cabeza de Alice se disparo fuera de mi hombro y sus ojos se encontraron con los míos, traicionados por la culpa y el pánico. Los suyos eran serios pero no pareció sorprendida, simplemente me miro con calma, tranquilizándome un poco mientras la Señora Masen recuperaba el uso de su voz.
El Sr. Masen miro nuestro pequeño grupo, confundido ate el repentino silencio y se acerco a las sillas para ver lo que había provocado el cambio. -¿Qué sucede, Elizabeth?- preguntó y ella balbuceo incoherencias por un momento.
Cuando las palabras se formaron finalmente, dijo, -Bella está usando la cruz de Edward.-
Su ceño se frunció y pareció confundido por un momento, luego me pregunto, -¿Edward te dio eso?-
Yo asentí con nerviosismo y frunció el ceño, mirando a su esposa por alguna explicación.
Ella trago saliva en voz alta y luego cogió mi mano, preguntando suavemente, -¿Acaso… están ustedes… comprometidos?-
La cara del Señor Masen se despejo y sus ojos se abrieron, dos machas rosadas aparecieron en sus mejillas. Me apresure a tranquilizarlos. -¡No, no, definitivamente no!-
Él pareció calmarse al oír eso y las manchas en su rostro disminuyeron, pero la Sra. Masen siguió presionando. –Pero ustedes… ustedes dos son…-
Tome una profunda respiración y los mire fijamente, respondiendo a su pregunta sin formular con toda la confianza que pude. –Él dice que me ama.-
La Señora Masen parecía contener la respiración mientras se acercaba más a mí. -¿Y tú lo amas?-
-Si- respondí en voz baja y exhale rápidamente, recostándome en la silla. El Sr. Masen camino detrás de su silla y puso sus manos sobre los hombros de su esposa, formando un pliegue aun más profundo en sus ojos.
Me levante de la silla y Alice me siguió, apretando mi mano y nos alejamos hasta que estuvimos separados por varios pies de distancia, esperando ansiosamente su reacción. Después de un momento o dos, la Sra. Masen recupero la compostura y me miro en shock. Sus ojos parpadearon a Alice, de pie, firme a mi lado y la sospecha se dibujo en su rostro. –Alice, ¿tu sabias sobre esto?- preguntó y Alice bajo la cabeza.
-Alice sabía,- conteste por ella, -pero nosotros no le contamos. Ella lo adivino.-
La Sra. Masen volteo a ver a su esposo y compartieron una mirada de complicidad. –No puedes esconderle algo a Alice,- bromeo y ella asintió con una sonrisa llena de cariño en su rostro. Por un momento, tuve la esperanza de que esto marcara el final de la conversación, pero pronto, la atención se dirigió hacia mí nuevamente.
La Señora Masen rompió los pocos segundos de silencio, suspirando en voz baja, -Bueno, no puedo decir que no me lo veía venir. Ustedes han sido inseparables durante años. Era solo cuestión de tiempo.- Ella asintió y se levanto de la silla, las manos de su marido cayeron de sus hombros mientras se alejaba.
Camino lentamente hasta nosotros hasta encontrarse de pie frente a mí, y extendió una mano para tomar la mía. Estire mi mano con cautela y me sonrió, una sonrisa genuina que ilumino su rostro.
-Lo siento, Bella. No era mi intención hacerte sentir incomoda, pero me tomo por sorpresa. Mi hijo está creciendo,- resoplo y froto mi mano suavemente. Le devolví la sonrisa, aliviada de que no pareciera disgustada y agradecida por lo bien que se había tomado la noticia. Dudo antes de extender sus brazos hacia mí, pidiendo permiso para abrazarme. Avance lentamente y cruce mis brazos a su alrededor en un abrazo de madre, de los que no había sentido en años.
-No podía haber elegido una mejor chica para él,- susurró y sonreí sobre su hombro. El Sr. Masen aun nos observaba, luciendo completamente desconcertado, pero su expresión se suavizo hasta que se resigno.
Finalmente, la Señora Masen se separo y me miro, sosteniendo mi cara entre sus manos afectuosamente. –Debes traer a tu padre a cenar mañana por la noche, simplemente me encantaría verlo,- me dijo con gusto y acepte con una sonrisa. -¿Supongo que ahora debes volver a casa?- adivino y asentí con la cabeza de nuevo. Me miro con una expresión triste y me acompaño hasta la puerta, donde me entrego mi abrigo.
-Buenas noches, querida,- murmuró, me despedí y lo último que vi antes de dar media vuelta fue su cálida sonrisa iluminada por la lámpara del pasillo mientras cerraba la puerta.
Camine despacio por la calle hasta mi casa, mi mente trataba de asimilar lo recién sucedido. Lo que había entre Edward y yo no era más una secreto, eso era seguro, pero no sabía cómo me sentía con respecto a ello. Tal vez debería sentirme aliviada de que sus padres estuviera dispuestos a aceptarlo pero había una parte de mi que se sentía incomoda con el avance, deseando que hubiéramos permanecido en la oscuridad por más tiempo. Me sentía inexplicablemente alarmada por el brillo indefinible en los ojos de la Sra. Masen cuando me miraba, en parte emocionada e indulgente. Odiaba ser el centro de atención y parecía que iba a ser el objeto de prueba constantemente a partir de ahora; la perspectiva de ello me incomodo.
Además de eso, la perspectiva de que le contaran a mi padre, porque él se enteraría, su reacción no sería amable si se entera por los chismes de la vecindad que su hija tiene una relación secreta. Gemí internamente mientras anticipaba su respuesta, se enojaría, sin duda, y también se sentiría dolido de que yo no le haya contado. Por supuesto, yo podía pedirle a los Masen que guardaran el secreto, pero sospechaba que eso tuviera éxito. La Sra. Masen tiene buenas intenciones, es amable y generosa, pero no sería capaz de mantener este secreto trascendental.
Suspire cuando abrí la puerta principal, desasiéndome de mi abrigo antes de pasar a través de la rendija de la puerta para ver si mi padre seguía durmiendo. Seguía tumbado en su sofá, tal y como lo había visto por última vez, así que de puntillas me dirigí a la cocina para comenzar la cena.
Trate de mantener los ruidos y golpes lo más silencioso posible, pero mi padre debió haberse despertado por sí solo y empujo la puerta justo cuando estaba tomando la olla de la estufa. Sus ojos lucían lagañosos y fruncí los labios, tal vez su viaje de pesca si lo había cansado después de todo, así que lo conduje a una silla para que pudiera descansar.
-Justo a tiempo,- le dije le tendía la silla para que se sentara. –La cena esta casi lista.-
Él asintió vagamente y se paso la mano por el pelo distraídamente. Lo inspecciones consternada mientras ponía la olla frente a él, tomando en cuenta su arrugada camisa y las líneas de la almohada marcadas en su rostro. Lucia más delicado, más vulnerable que de costumbre y por un momento empecé a preocuparme porque su salud pudiera estar decayendo nuevamente.
Él sonrió y comenzó a comer su caldo caliente, mirando algo a la distancia que yo no podía ver. Comencé a comer y a mirarlo con cautela, pero el solo se perdió en el reino de sus pensamientos en silencio.
Eventualmente, no aguante mas y rompí la tranquilidad, preguntando, -¿Qué sucede, padre? ¿Está todo bien?-
Me miro, confusión jugando en su rostro y respondió, -Si, si, por supuesto.-
-Luces preocupado,- presioné nuevamente, con la esperanza de extraer su preocupación.
Para mi sorpresa, el se recupero rápidamente, y con un suspiro, dejo su cuchara. –Bueno, estábamos pescando hoy y Ed solo hablaba acerca de Edward hijo volviendo a la línea de frente. Incluso volvimos a casa antes para que pudiera verlo antes de irse.-
Asentí con minuciosidad, manteniendo mi expresión neutra para que no viera el efecto que la partida de Edward tuvo en mí, mi garganta ardió fuertemente ante el recordatorio. Entrecerró los ojos calculadoramente y analizo mi rostro y continuo, -Se fue esta tarde, ¿no?-
Incline la cabeza en acuerdo y él se movió hacia adelante, plantando sus palmas en la misa y mirándome de cerca. –Salí a dar un paseo esta tarde,- dijo, su tono claramente destinado a ser casual pero me puse nerviosa de todas maneras. –Y me encontré con un amigo mío.-
Me lo quede mirando, sin saber hacia dónde iba con esto, y asentí con la cabeza para que continuara.
-Me tropecé con Jimmy Perkins en mi paseo, mientras, me imagino, que estabas con los Masen.-
Todavía no comprendía lo que se suponía que debía deducir de esto así que seguí esperando, segura de que no podría mantenerlo por mucho tiempo.
Él suspiro, exasperado por mi falta de reacción. -¿Conoces a Jimmy Perkins?- Sacudí la cabeza suavemente. –Es el jefe de la estación de trenes,- me dijo con tono acusador.
Me quede helada. ¿El Sr. Perkins es el jefe de la estación? De repente, sus palabras hicieron eco en mi mente y me encogí ante el recuerdo. Por supuesto que conozco a Charlie. Hemos ido de pesca juntos un par de veces. Las palabras apenas se habían registrado en mí en ese momento, pero ahora retumbaron en mi mente. Y me di cuenta de que era lo que le molestaba tanto. ¿Era ese tu hombre, él que acaba de irse en el tren? Tuve que asentir. Y él le conto a mi padre.
Me di cuenta de que mis ojos estaban bien abiertos y llenos de pánico, como un venado frente a la luz, pero no hice nada para calmar mi expresión. Sabía que eso solo agravaría la culpa pero era incapaz de moverme.
Mi padre asintió con una sombría satisfacción que por fin había suscitado en respuesta para mí. Su actitud me recordó la fuerza de un detective al interrogar a un sospechoso y pude ver que su papel de policía era la causa de su reacción. –Jimmy dijo que te había visto en la estación,- me dijo y asentí con la cabeza humildemente. –Dijo- dijo que tu- tu y Edward- que—
Tensa, espere para el golpe fatal. Parecía que su cara se volvía más roja con los minutos y me preocupe por su corazón. Farfullo incompresiblemente por un tiempo y luego escupió,- Él dijo que ustedes dos- que ustedes estaban juntos.-
-Estamos juntos,- confirme con cautela, sin saber que tanto él sabía. Tal vez el jefe de la estación no le había contado después de todo. –No despedimos en la estación.-
Hizo un gesto ante mis comentarios como si fueran de poca importancia, apoyándose en la mesa con los brazos cruzados para soportar su peso. Parecía cada vez mas frustrado mientras más duraba este interrogatorio y decidí que ya era suficiente cuando una contracción comenzó a desarrollarse por encima de su ojo izquierdo. Empuje mi silla de la mesa y la rodee rápidamente, tratando de aflojar su presión sobre la mesa, quitando sus manos de ella y sentándolo en su silla nuevamente. Todavía se estaba ahogando con las palabras que no era capaz de pronunciar, así que me arrodille junto a él y tome sus manos en las mías.
-Padre,- le dije suavemente, sus ojos saltones se fijaron en los míos, -¿Qué es? ¿Qué es lo que tanto te molesta?-
-¿Me molesta? ¿Qué es lo que me molesta?- murmuró frenéticamente, me preocupo el tono enloquecido de sus palabras.-
-Necesitas descansar,- le dije suavemente, tratando de convencerlo para que vaya a la cama.
-¿Necesito descansar?- farfulló incrédulo. –Yo no necesito nada, señorita. Yo soy tu padre, tú debes hacer lo que yo digo.-
Fruncí el ceño, perpleja por su comportamiento irracional. -¿Qué quieres decir?-
-¡Sé lo que has estado haciendo!- deliro, -¡No puedes esconder nada de mí! ¡He oído todo sobre Edward Masen y tu, él estaba tomando libertades contigo!-
Sentí mi aliento escapar de mis pulmones y me senté sobre mi talones, la cabeza me tambaleaba mientras luchaba por tomar esta nueva información. El jefe de la estación le conto a mi padre exactamente lo que había visto y me sentí consternada al darme cuenta de que esta era la causa de la agravación. Después de soltar forzadamente las palabras ofensivas, mi padre perecía desinflarse poco a poco, su cabeza responsaba agotada mientras esperaba mi respuesta.
Después de unos momentos de silencio atónito mi cabeza dejo de girar por el tiempo necesario para procesar una respuesta, y decidí que era mejor confesar ya que había sido claramente sorprendida infraganti. –Lo siento.-
-¿Lo sientes?- pregunto asombrado, -¿Quiere decir que es verdad?-
Asentí con la cabeza, avergonzada y su quijada cayó. –Oh,- soplo y continuo, -bueno, al menos te estás disculpando.-
Ante el temor de que no hubiera entendido bien, alce una mano para detenerlo. –Siento mucho que te hayan enterado de esa manera,- aclare, mirando como su cara cambiada del rojo al purpura. –No lamento lo que hice.-
-¿Qué?- exploto. –¡Solo tienes dieciocho años, Bella! ¡Eres demasiado joven para estar con alguien!-
-No soy una niña,- respondí, ofendida de que actuara de esa manera condescendiente.
Parecía, haber perdido temporalmente la capacidad de hilvanar palabras y dejo caer la cabeza entre las manos, moviéndose y murmurando en voz baja, -no, no, no,- una y otra vez.
Respire profundamente, calmando mi propia ira y vacilante apoye una mano en su hombro. –Padre, ya no soy una niña. Soy una mujer adulta y debes confiar en mí. Amo a Edward y sé que él me ama.-
Gemio débilmente y alzo el rostro de sus manos, mirándome directamente con el semblante serio. -¿Lo amas?- preguntó y asentí en silencio.
Suspiro con desesperación, corrió una mano sobre sus ojos cansados y luego tomo mi mano que descansaba en mi regazo, agarrándola con sus toscos dedos.
-Estoy preocupado por ti, Bella,- dijo y trate de tragarme el nudo que amenazaba con formarse en mi garganta. –Sabes que siempre serás mi niña.-
Asentí y me mordí el labio, luchando contra la humedad que amenazaba mis ojos. Mi padre suspiro de nuevo y soltó mi mano, poniéndose de pie.
-Creo que me voy a dormir,- dijo con cansancio, -ha sido un largo día.-
Me dio una mirada cansada cuando paso a mi lado y salió lentamente de la cocina. Me quede de rodillas en el piso de madera dura, escuchando sus pasos pesados subir las escaleras, seguidos por el crujir de su puerta al ser abierta y cerrada. De repente, me di cuenta de que estaba agotada y baje la cabeza, agradecida de que la confrontación haya acabado. Me levante del suelo y me moví en una nube, caminando escaleras arriba.
Cerré la puerta de mi dormitorio firmemente detrás de mí, cruce rápidamente mi escritorio y forceje con un fosforo para prender la lámpara de queroseno, tratando de ver por el rayo de la luna que se colaba por la ventana. Finalmente, la cerrilla encendió y deje de estar a ciegas en la oscuridad, ahogando un grito cuando gotas de cera cayeron en mis dedos. La posiciones en mi escritorio para emitir un amplio anillo de luz sobre la mesa de madera, penetrando la oscuridad de la habitación.
Me senté en mi silla, rebuscando en mis cajones impaciente, triunfante, saque un fajo de papel para escribir. Cogí la pesada pluma, limpie la punta con el papel secante y a continuación, selecciones una página el blanco.
Empecé a escribir sobre los acontecimientos de esta tarde, haciéndole saber a Edward que nuestro secreto había sido descubierto. No me importaba mucho si las palabras eran un poco confusas, sabía que tenía que avisarle. Sería mucho peor si mi padre llegara a él primero.
¡Oh! Lo de Edward y Bella ya no es un secreto… no duro mucho de todos modos xD Si mi papá se enterara de que tengo una relación secreta, él se reiría de mi por ser tan inmadura… En fin. ¿Le gusto el capitulo? ¿Los hizo sentirse tristes? ¿Quisieron golpear a Jimmy Perkins? ¿Me salte la letra 'n'? Porque esa estúpida tecla no está funcionando. Me encanta el siguiente capítulo, espero que ustedes también, pero tendrán que esperar para leerlo :) contiis
