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Alexitimia

Capítulo 40

En la tierra.

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Semanas después…

Pétalos de diferentes colores se elevaban y revoloteaban libremente por todo un extenso campo de flores que se mecían al ritmo de la suave brisa de la tan esperada época de la primavera.

Todo era tranquilidad y silencio en aquel hermoso sitio que, de no ser por las personas que sobresalían entre tal belleza, se podría considerar que aquel lugar era un paraíso celestial situado en la tierra.

—Increíble, las flores no han dejado de crecer. —comentó suavemente una nostálgica Ino.

—Así es, y parece que esas ya no serán necesarias. —le siguió Sai, observando el ramo de flores que llevaba su esposa, así como la esposa de su amigo.

—Son hermosas. —comentó Hinata, respirando y exhalando profundamente. —Todo aquí es muy tranquilo y hermoso.

—Lo justo, eso creo…—opinó un cabizbajo Naruto. —Después de todo lo que pasó…

Sus amigos lo observaron con melancolía y luego bajaron sus miradas, tratando de visualizar la lápida que pronto ya no sería visible debido a todas las florecillas que habían crecido por encima de esta, dejando apenas ver la inscripción del nombre que había grabado en la piedra.

—De cualquier manera las dejaré aquí.

Se agachó Ino, dejando su respectivo ramo cerca de la lápida, y Hinata la imitó dejando el suyo cerca del de ella así como cerca de otra roca que tenía otro nombre diferente.

—Vaya, pensaron lo mismo que yo…—se escuchó de repente la voz de otro hombre.

Los shinobis se volvieron hacia el que recién llegaba, viéndolo con extrañeza pues no lo conocían, a excepción de uno de ellos que lo recibió con una sonrisita nostálgica.

—Niko… ¡Hola! Sí viniste…—saludó Ino, viendo como aquel estilista y diseñador que había conocido durante una misión se acercaba trayendo consigo otro ramo de flores.

—Tú me llamaste, no perdería la oportunidad de ver a mi hermosa amiga kunoichi. —saludó el nostálgico hombre. —Y por supuesto me alegra que hayas accedido a vernos aquí.

—Por supuesto, este lugar es hermoso… muy pacifico. —observó la rubia a su alrededor con añoranza.

—Sí, aunque no era así cuando recién lo escogí… creo que ella se encargó de hacer el resto. —observó a la lápida con una sonrisa.

—Ah… ¿entonces tú eres el que…—habló Naruto confundido de toda aquella interacción.

—¿El que hizo todo el papeleo y los movimientos? Sí—terminó el hombre por él, y luego lo miró fijamente. —¿Así que tú eres Naruto Uzumaki? Muchas gracias por todo lo que has hecho y… por cierto… eres más guapo en persona.

El rubio sintió escalofríos y se ocultó disimuladamente detrás de una nerviosa Hinata.

—Eh… gracias, dattebayo.

—Ah, sí… disculpa Niko, los presento. —interrumpió Ino. —Bueno, creo que ya lo reconociste… es Naruto y su esposa Hinata, y él es Sai… mi esposo.

—Que hombres tan guapos. —halagó el diseñador, viendo al esposo de su amiga que en sí sólo alcanzó a sonreír sin problema ante su comentario. —Y tú querida, eres preciosa también… ¿qué les dan de comer en esa aldea para que sean todas tan hermosas y guapos? —señaló a Hinata, quien nerviosa no supo que responder.

—Eh… sí… Niko… entonces ¿no tuviste problemas? —volvió a retomar Ino el tema de conversación.

—Sólo algunos, pero cuando las aguas se calmaron y se dieron las resoluciones no tuve más obstáculos, con él fue más sencillo, no tenía familiares cercanos y desde un inicio nadie lo había reclamado. —miró a la otra piedra/lapida que estaba aún más oculto entre las flores. —Lo bueno es que se resolvió y de alguna manera me gusta pensar que así de esta manera al menos están juntos.

—Sí, a mí también…—musitó la nostálgica kunoichi, bajando nuevamente la mirada para tratar de visualizar a ambas lápidas entre las flores.

Con la sensación de nostalgia pero a la vez de paz mezcladas en el ambiente, las parejas de casados se tomaron de las manos al mismo tiempo que Niko colocaba su ramo de flores entre todas las que había, para finalmente dar sus respectivos respetos a los difuntos.

De igual manera, seguiré trayéndoles más, nos vemos para la próxima. —prometió el susurrante hombre a ambas lápidas antes de reincorporarse —Y bien, Ino preciosa… ¿Para que soy bueno? ¿En qué te puedo ayudar?

La kunoichi respiró hondo y sonrió tenuemente.

—Niko… ¿Nos puedes acompañar a Konoha?

El diseñador se confundió con tal petición, pero al escuchar los motivos de Ino del porque lo necesitaba no dudó ni un segundo y aceptó rápidamente a acompañarlos hasta donde vivían, aunque eso significara dejar momentáneamente el país de la primavera para ir hasta el país del fuego.

—Entonces ya es hora. —indicó Naruto. —Andando amigos, es hora de volver a casa.

Los cuatro shinobis y su nuevo acompañante se comenzaron a retirar lentamente entre todas las flores, teniendo sumo cuidado en su caminar y mientras se alejaban, uno de ellos recordó algo.

Por cierto… ¿dónde quedó Shino?

¿Eh? ¿Quién? ¡Ah, Shino!, ya ni me acordaba que nos había acompañado.

¡Naruto-kun!

Sólo bromeaba, no te preocupes, Hinata, debe estar por ahí, haciendo cosas raras o yo qué sé, vas a ver que luego nos alcanza.

Y mientras el matrimonio hablaba y se alejaba más y más junto con los demás, un destello de humo apareció en donde anteriormente habían estado, mostrando entre la humareda a un enseriado Shino, quien con su típico porte sólo se quedó quieto frente a las lápidas.

—Ese Naruto… la verdad… sólo no quería que me vieran. —musitó a la nada. —Vine a traerte algo, bueno… a traerles…

Diciendo aquello, alzó el brazo y de entre su abrigo dos hermosas mariposas de colores azules salieron revoloteando juntas, como si estuvieran danzando en pareja, uniéndose rápidamente con los colores de toda aquella naturaleza.

—Espero te gusten, con todas estas flores lo más probable es que pronto más aparezcan. —susurró el shinobi bajando la mirada hacia una de las lápidas. —Pronto comenzaré mi preparación para convertirme en un maestro de la academia shinobi, prometo que haré todo lo que esté en mi alcance para educar a las futuras generaciones y hacer hombres y mujeres de bien… será mi contribución para… tratar de hacer un mundo mejor.

Haciendo una ligera reverencia, el shinobi de los insectos se despidió de los difuntos y comenzó a retirarse, al mismo tiempo que un viento suave atravesó suavemente por todo alrededor, moviendo con sutileza las flores que cubrían las lapidas dejando ver los nombres que habían grabados en estas.

"Yuki Nohana y Kaito Ishikawa"

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Muchas cosas habían pasado después de que el clima en todo el mundo se restauró y la organización flor de loto fue capturada.

Si bien para muchos, sin saber de la batalla que hubo de por medio en aquel lugar inhóspito del planeta, concluyeron que el mundo se había restaurado gracias a la canción y plegaria de la sacerdotisa de la naturaleza o como algunos otros la llamaron "una intervención divina"; sin embargo, también hubo muchos detractores que pensaron que todo se había compuesto gracias a la tecnología de la organización de la flor de loto, la cual al verse capturada por la alianza desató una ola de ataques contra los shinobis, ataques que el enemigo aprovechó para zafarse de los delitos que se les estaban imputando; pero cuando una serie de testimonios así como una vasta presentación de pruebas salieron a la luz, la organización ya no tuvo con que más defenderse y quienes los apoyaban pronto se volvieron contra ellos, así que a partir de que todo se esclareció, comenzaron a hacerse las respectivas diligencias para procesar y sentenciar a los detenidos.

El país de la primavera fue el que especialmente solicitó que cada uno de los lideres de la organización les fuera entregado a su país para juzgarlos principalmente por el crimen del asesinato de Yuki Nohana, Kaito Ishikawa e incluso por el delito de asesinato de Hideki Sato (cuya verdad lamentablemente fue expuesta durante la audiciones).

La petición fue aceptada por todas las naciones correspondientes; sin embargo, antes de entregarlos, la alianza shinobi realizó las correspondientes indagatorias para terminar de comprender cómo funcionaba dicha organización.

En el país del fuego, teniendo como prisionero a Takeshi Yamada, líder principal de la organización, este se resistió a hablar en un inicio y trató de negociar tanto los términos de su condena incluso tratando de llegar a un acuerdo para obtener su libertad a cambio de la información, pero como aquello no era posible por más dinero o abogados que quisiera que intervinieran, los shinobis de la hoja no se compadecieron y se encargaron de extraerle la información a su mero estilo descubriendo una serie de cosas que impactaron a más de uno.

Empezando por cómo funcionaban sus drogas, que en sí eran lo mismo a las de aquel sujeto llamado Kido.

Takeshi admitió que, en algún momento, le compró de su mercancía pues quiso experimentar como era tener el poder de un shinobi y a partir de que se enteró que Kido fue capturado, se las ingenió para hacerse del material que este había dejado.

"¿Cómo?" —se le cuestionó.

"Con dinero… ¿con que más?"

Admitió cínicamente, que había logrado que la misma gente de Kido le pasara la información de sus experimentos así como las muestras de ADN que después él, junto con su equipo, se encargó de replicar.

Dijo ante los shinobis que lo interrogaban, que todos los hombres que había utilizado y muerto dentro de su organización no eran más que simples conejillos de indias con los que experimentaba el poder de sus drogas, de la cual presumió logró mejorarlas, gracias a la energía natural que inicialmente canalizaban por medio de personas con una habilidad nata para absorberlas, para luego sustituirlos con las máquinas.

Cuando se le interrogó sobre las armas que hacían que esos hombres se derritieran, el líder de la organización confesó que era gracias a un dispositivo implantado en el hipotálamo, tan pequeño que era difícil de localizar, pero que podía manejarse de manera remota, mandando impulsos y señales para que el cuerpo reaccionara y comenzara a sobrecalentarse, pero no sólo eso, las píldoras que tomaban sus secuaces, tenían otra sustancia que reaccionaba con el calor, haciendo que las sangre se volviera ácida y corrosiva y que por ende terminaba por derretir a un hombre.

"Así que cuando uno se quería pasar de listo, ¡bum! Sólo teníamos que activar aquel mecanismo y asunto acabado" —confesó Takeshi sin culpa alguna. —Eran tan idiotas, pensaban que se les podía dar poder así sin más, sin consecuencias.

Después se le interrogó sobre los zetsus modificados, y fue ahí cuando más de uno se sobresaltó con la confesión.

"Encontramos un modelo inmóvil por ahí y me copié el diseño" —respondió riendo. —"Usando los árboles que dejaron después de la guerra y que traían consigo una gran carga genética muy interesante, pero débil de cierta forma, por eso los fusioné con nuestra tecnología. Ustedes shinobis de Konoha no deberían dejar esas cosas como si nada"

En aquel entonces Kakashi, incluso Naruto que, estaba presenciando el interrogatorio, se habían quedado sin palabras, viendo que podían estar a merced de que cualquier loco apareciera trazando algo nuevo con los desechos que quedaron de la guerra, eso los puso más en alerta de que alguien peor a la organización de loto pudiera llegar a aparecer con una nueva y siniestra tecnología. Era algo que tenían que investigar sí o sí, e incluso debido a ello solicitaron a los shinobis ir a desmantelar y recuperar todo lo posible de las instalaciones de la organización para finalmente destruirlas.

Una vez que terminaron aquellos procesos así como los interrogatorios, el líder y el resto de sus seguidores fueron extraditados al país de la primavera, quienes en un inicio habían indicado que llevarían a cabo un juicio sumario en donde prácticamente se les condenaría a muerte, sin embargo, debido a que había opositores que creyeron que era una medida de actuar drástica por parte de la reina de ese país, se les dio la oportunidad a los hombres de defenderse sin embargo, conforme los lideres de la flor de loto expusieron sus cínicos puntos del motivo por el que lo hicieron, la líder del país de la primavera y concejo no pudieron siquiera compadecerse de ellos, así que se les sentenció a muerte a los cinco lideres de la organización por todos sus delitos cometidos, catalogándolos en su veredicto como narcisistas sin escrúpulos, pues esos hombres se creían más que los demás y no les importaba un poco si tenían que pisotear, ultrajar o incluso matar a otros para conseguir sus objetivos.

Cuando la sentencia fue dada, ninguno de los representantes de los kages y acompañantes quiso quedarse a ver la ejecución que se realizaría a puerta cerrada, sólo esperaron a que se les informara que esos hombres finalmente habían dejado de existir.

En el caso del país del fuego, había sido Naruto quien fue seleccionado para ir en representación de Kakashi, y junto con él le acompañó su esposa Hinata, así como el matrimonio Yamanka y Shino. Para Naruto, tener que ir en representación del Hokage, escuchar los testimonios e incluso escuchar como hablaban de su amiga en cierto punto y no poder intervenir o hacerlos callar, le supuso una especie de vistazo a lo que podría llegar a hacer en un futuro, si es que aún quería tomar el puesto de Hokage, lo que lo puso a pensar de cierta medida pues la realidad no era ni un poco parecida a lo que pensó que sería cuando niño, y se cuestionó si realmente eso era lo que quería.

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Por otro lado, estaba el asunto de las sacerdotisas, las cuales después de la batalla en el país de los ríos, quedaron incapacitadas pues tal como lo había predicho Yuki, perdieron algunas partes de sus cuerpos.

La sacerdotisa del fuego, Akane y la del viento, la vieja Kumiko, habían perdido un brazo y una parte de sus piernas debido a la exposición del frío de aquella batalla, mientras que la sacerdotisa de la tierra Jin había perdido un brazo y parte de su rostro había quedado quemado, mientras que la del agua, Saori, perdió ambas piernas.

Aun así aquello pareció ser sólo una parte de su castigo por su modo de proceder, pues cuando sus mismas maikos (aprendices de sacerdotisas) y otras sacerdotisas de rangos inferiores a los de las supremas supieron lo que habían hecho y lo que había sucedido con sus compañeras, se decepcionaron a tal grado que muchas de ellas abandonaron esa vida espiritual para volver al mundo y vivir según sus propios criterios. Las que se quedaron, comprendieron que debían de cierta forma cambiar y consigo hacer una mejor versión de lo que significaba ser una sacerdotisa al contrario de lo que eran sus antecesoras.

¿Qué harían? Sólo ellas lo sabían, por lo pronto a la vieja élite de sacerdotisas se les condenó en sus respectivos países por nexos y complicidad con la flor de loto, cada una teniendo una diferente sentencia según las leyes de sus países…

—Se determinó que la vieja Kumiko, pasará un año en prisión y luego después de ese tiempo será arresto domiciliario, mi concejo cree que la sacerdotisa tiene los días contados más que nada porque carga con el peso de las culpas de los crímenes que cometió. —comunicó Gaara con voz tenue, mientras entraba en una habitación junto con el Hokage.

—Ya veo, algo parecido a lo que pasó aquí. —contó Kakashi, modulando también el volumen de su voz. —Después de la sentencia, la vieja Akane dejó de hablar, sólo duró una semana en prisión, por eso el concejo decidió mejor ponerla bajo el confinamiento de los sacerdotes shinobis del templo del fuego, hasta el momento sigue recluida ahí y por el informe que me hicieron llegar sigue sin dirigirle la palabra a nadie, parece que también vive con el arrepentimiento encima y ¿cómo no? Después de todo lo que hicieron, todas esas patrañas espirituales que querían inculcar no eran más que hipocresías.

—Parece que todo lo malo que hicieron se les revirtió ¿no les parece? —cuestionó Kankuro que iba detrás de ellos, con un arreglo florar en manos.

—Karma. —concluyó Gaara, viendo a su hermano con cierta nostalgia. —Aunque no quisiera pensar así, porque de ser así… entonces todos nosotros… también… de alguna forma.

—Tal vez algún día nos llegue también o ya nos llegó sin darnos cuenta. —creyó Kakashi. —Pero por el momento, es mejor dedicarnos a hacer lo que creemos es correcto. ¿No lo creen?...

Los shinobis de Sunagakure asintieron con una leve sonrisa.

—En fin… ahí está… —señaló a alguien que estaba frente a ellos.

Gaara y Kankuro enfocaron su mirada hacia aquella persona, motivo de su visita a Konoha, y la cual reposaba tranquilamente sobre una cama. Una chica de cabello rosa (algo disparejo) que en apariencia sólo parecía estar durmiendo, de no ser por algunos la sonda que tenía conectado al cuerpo, así como el dispositivo que medía sus signos vitales.

—Ay, Sakura-chan… mira cómo quedaste. —musitó Kankuro, dejando el arreglo florar junto a la ventana donde había otros detalles florales.

—¿No ha habido ninguna mejoría? —preguntó Gaara tomando con suavidad y cuidado la mano derecha de la kunoichi.

Kankuro, lo imitó, tomando la izquierda y la cual acarició con sutileza, sintiéndose algo idiota, pues era lo único que podía hacer, a diferencia de aquella vez cuando Sakura salvó su vida.

—Sigue igual. —respondió Kakashi. —Lady Tsunade y los médicos dicen que físicamente se encuentra bien, lograron sanar todas las heridas internas que tenía, es decir las físicas, pero que es como si en lo profundo le faltara el alma.

—¿Está atrapada en un genjutsu? —preguntó el titiritero.

—No, tampoco, ya que tratamos de despertarla trasmitiéndole chakra, pero nada.

—Entonces… —susurró Gaara.

Kakashi resopló, sintiéndose un poco abrumado.

—Bueno…Sasuke… él…

—¿Sasuke? ¿Ese tipo qué?

—Es sólo que Sasuke dice que ella no despierta, porque aún no se ha decidido…

—¿Decidido? —repitieron los hermanos.

El Hokage asintió.

—Dice que… al parecer… Sakura aún no decide si irse o quedarse…

—¿A qué se refiere con eso? —cuestionó Gaara.

—No lo sé. —negó Kakashi con la cabeza. —No me ha dicho mucho de lo que pasó con Sakura y con él en la batalla que tuvieron, pero… es como si me diera a entender que Sakura está en una especie de limbo, un lugar que está entre el paraíso y la tierra y del cual tiene que elegir.

—Mmm… pues si yo fuera ella también estaría indeciso.

—Kankuro. —regañó Gaara.

—¡¿Qué?! Es la verdad, ¿Cómo podría volver cuando sé que me quieren linchar por lo que supuestamente hice mal?

—Eso ya quedó aclarado, no le harán nada, se retractaron.

Al ver la discusión de los hermanos, Kakashi resopló agotado, al recordar ese otro problema que también habían tenido recién terminó la batalla, ya que pesar de todo lo que habían hecho Sasuke y Sakura en aquel otro lugar, al volver, algunas personas de los concejos (incluidos los ancianos de Konoha y más viejos) opinaron que debían darle a Sakura y Sasuke una respectiva "reprimenda" más que nada por lo sucedido en el país de los ríos y por el supuesto mal uso que Sakura le dio al poder que tenía y las atribuciones que el Uchiha se tomó en su modo de proceder, pero al ver el estado en el que terminó la kunoichi, así como el estado emocional con el que terminó el shinobi, dar por perdida la flor de la pureza y escuchar los argumentos y testimonios de los kages fue que finalmente se retractaron y los dejaron en paz.

—Deberían verlos como héroes, pero parece que no tienen llenadera… —se siguió quejando Kankuro. —Incluso ya viste como nos fue a nosotros, tuvimos que dar pruebas y testimonios contra la flor de loto o si no de opresores no nos bajarían y esos idiotas quedarían como unos santos.

—Siempre habrá quien critique lo que hacemos y lo ponga en duda. —consideró Kakashi. —… lo bueno es que en este caso, ya todo se esclareció y créeme que a Sakura y Sasuke no les importa si los llaman héroes o los reconocen, a estas alturas creo que sólo querrían que los dejaran hacer su trabajo, que los dejen en paz.

—Ojalá fuera así de sencillo…—opinó Gaara. — por cierto… ¿cómo está él? ¿Sasuke Uchiha?

Kakashi se encogió de hombros.

—Tiene sus días, a veces lo veo molesto, a veces parece indiferente como si nada le importara… pero sé que le duele… y mucho, y por supuesto le generó un impacto creerla muerta y que después le hayan dicho que no, tanto, que está haciendo cosas que nunca esperé que él llegara a hacer.

—¿Mh? ¿Qué cosas? … —curioseó Kankuro.

El Hokage sonrió detrás de su máscara.

—Lo siento, no lo puedo decir… es algo privado.

—Mm… comprendo…

—¿Y Naruto? —preguntó Gaara.

—Está un poco mejor que él, se mantiene optimista, eso lo ayuda mucho, cree que Sakura pueda despertar en cualquier momento, viene cuando puede y le habla de todo lo que ha hecho en su día.

—Ese tipo no cambia, siempre es así. —opinó Kankuro. —¿Quieres ir a visitarlo Gaara?

—Sí, vamos…—El Kazekage asintió, soltando suavemente la mano de la kunoichi.

—Mmm Naruto en este momento no se encuentra, fue al país de la primavera junto con Hinata, Sai, Ino y Shino por lo del tema este de la flor de loto, pero según un informe que recibí de ellos ya todo concluyó y venían de regreso, de eso hace unos días así que debe de estar por llegar, yo creo que en un par de horas o a más tardar mañana ya está aquí por si quieren esperarlo.

—Entiendo. Entonces creo que nos retiraremos por el momento a la posada para descansar. —asintió Gaara. —Kankuro, es hora.

—Enterado, hermano… nos vemos "Sakura-chan". —bromeó el titiritero, soltando con cuidado su mano —Espero te gusten las flores que te traje…

Dada la despedida, los tres que estaban en la habitación se desponían a marcharse, cuando en eso la puerta comenzó a recorrerse desde el otro lado, mostrando a una sorprendida Ino que se paralizó brevemente al ver que su amiga tenía visitas.

—¡Oh! Lord Hokage, Lord Kazekage y Kankuro —saludó rápidamente. —Lo siento, no sabía que estaban aquí.

—Ah… veo que ya volvieron, justo estábamos hablando de que Naruto y ustedes estaban por llegar, ¿Naruto vino contigo? —preguntó Kakashi, notando por las sombras que la rubia no había llegado sola.

—No, aunque dijo que vendría después, primero quiso pasar a otro lado —respondió esta, abriendo más la puerta y mostrando al hombre que la acompañaba. —Los presento, él es Niko, Niko, él es…

—Kakashi Hatake, el lord Hokage, lo sé… como olvidar tan bello rostro.

Kakashi se sobresaltó y sudó en frío al escuchar esto, en su mente, hizo memoria de quien era ese hombre y la anécdota que Sakura contó sobre él.

—¿Y estás guapuras? —señaló Niko a los otros dos hombres que sólo fruncieron el entrecejo, completamente confundidos.

—Ah… él es Gaara, el Kazekage de Sunagakure y su hermano Kankuro… —presentó Ino nerviosa.

—Ay, dioses, que manjares.

Los hombres se sintieron raros y nerviosos con tales comentarios.

—Ay, ya… sólo bromeo. —aclaró Niko pasando de lado de ellos, para acercarse a la cama en donde reposaba la paciente. —En realidad a la que vine a ver es a mi hermosa florecita de cerezo.

—Eh… ¿Ino?

—No se preocupe, Lord Hokage… es algo que se me ocurrió, no sé… quiero intentar lo que sea para ver si así Sakura despierta. —respondió ella, acercándose a la cama junto con Niko.

—Ay, Sakurita, ¿qué te dije de cortar tu cabello con kunais? —regañó el nostálgico hombre, acariciándole el cabello. —Pero dado a que sé que lo hiciste por una buena causa, no te preocupes, te lo arreglaré, verás que quedarás tan bonita que te van a dar ganas de despertar.

Al escuchar aquello, Kakashi entendió las intenciones de Ino, así que no replicó más y sólo se retiró de la habitación junto con Gaara y Kankuro.

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Mientras tanto, en otro lugar situado en Konoha…

—"¡A ver, quítense idiotas!… déjenme revisarla"

La mente de Sasuke no dejaba de recordar una y otra vez aquel momento, cuando Ino Yamanaka lo empujó tanto a Naruto como a él, para arrebatarles a Sakura.

—"¡Vamos frentona… no puedes hacernos esto!"

Gruñó al recordar como Yamanaka, supuestamente tranquila (dentro de lo que cabía) hizo lo que él en su momento no pudo hacer, le estaba revisando el pulso tanto del cuello, como en la muñeca, para finalmente revisar cerca de su pecho, y luego seguir con el chequeo de la respiración el cual hizo, acercando su rostro a la nariz de ella.

¡Está viva! ¡Sigue respirando!

Los gritos de la kunoichi aún retumbaban en su mente, pues habría gritado con un sentimiento tal que desbordaba emoción pero a la vez dejando un aire de frustración al ver las condiciones de su amiga.

¡ …pero está en estado crítico! ¡Vamos, cuerpo médico ayúdenme!

Sasuke resopló, sintiendo un nudo en la garganta, pues ni siquiera podía recordar el cómo quedó relegado y de lado cuando todo el cuerpo médico que los acompañaba comenzó a atender a su amiga, siendo liderado por Ino, quien finalmente ordenó llevarse a Sakura a donde pudieran atenderla mejor.

¡Sasuke, sigue con nosotros! ¡Sigue con nosotros!

Apretó los dientes al recordar la voz de Naruto, quien feliz, comenzó a estrujarlo, incluso lo abrazó de la emoción, mientras lo embarraba de sus lágrimas y mocos que caían sin cesar.

Él, sólo se quedó sin reaccionar, pero cuando fue capaz de hacerlo, sintió una inmensa alegría interna que no supo cómo manifestar más que con más silencio, pero que pronto se apagó, cuando horas después Ino y otros médicos les comunicaron que su amiga estaba en una especie de coma.

Y así seguía hasta la fecha, pensó el melancólico Uchiha, viendo hacia el lago en donde su amiga solía patinar a escondidas de los demás, mientras que a su costado vio con recelo unos cuantos brotes de algunas semillas que en los días pasados había sembrado.

—"Es basura…" —pensó frustrado, aunque trató de no dejarse llevar por la ira y pensar que todo era parte de un proceso, como le había dicho aquel médico con el que recientemente había decidido acudir para ver si podía calmar al menos un poco del dolor que su corazón sentía.

Pero a pesar de lo que trataba no le era suficiente, así como no le era suficiente los brotes que apenas eran visibles de entre la tierra.

—"Así no puedo competir contra eso…" —golpeó la tierra con el puño, al mismo tiempo que a su mente llegaba un hermoso paraíso en donde abundaban flores de todos los colores.

Un paraíso al que él no tenía acceso, solamente ella.

—Eh… ¿Sasuke?

Al escuchar esa voz, todo el remolino de emociones pareció desaparecer dentro de su interior, e indiferente se giró hacia aquel que le había hablado.

—Dobe…—saludó a secas, regresando su mirada al lago.

Naruto se acercó con cuidado y se sentó cerca de él.

—Volvieron…—pronunció Sasuke, sin quitar su vista del agua.

—Hace unos minutos, imaginé que estabas aquí… ¿Cómo… cómo estás? ¿Has visto a Sakura-chan?

Sasuke apretó los labios.

—Sakura sigue igual… —respondió con molestia.

—Sí, me imaginé y tú… ¿Te ha ayudado ir con el médico ese de Sakura-chan?

El Uchiha se abstuvo de hablar, o más bien parecía que le costaba hacerlo.

—Se tardan mucho en crecer. —fue lo único que dijo.

—¿Qué cosa?

—Las flores…

Naruto entonces notó los brotes que había en ese intento de jardín que aún le faltaba mucho por crecer.

—Bueno, Teme son plantas… las hojas de instrucciones tienen más o menos el estimado de cuánto tardan en crecer ¿no? Sólo hay que esperar.

—Eso ya lo sé, Usuratonkachi. —resopló. —Es sólo que…no es suficiente…

—¿Suficiente?

—No puedo competir contra eso…

—Sasuke…

—Le dije al médico ese que a veces odio a este mundo… —dijo de repente. —por todo lo que me ha quitado…

Naruto se sobresaltó.

—Pero… luego, me dijo algo… me preguntó que sí esa era realmente mi percepción de las cosas, me dijo que… pensara muy bien si era realmente lo que creía.

—¿Y… qué pasó…?

—No odio al mundo… —reflexionó, dando otro resoplido. — sí creo que es un asco en algunos sentidos, incluyéndome, pero…— miró a su alrededor y luego a su intento de jardín— es hermoso de algún modo… no por nada nosotros luchamos para protegerlo, para proteger las hermosas cosas que nos rodean.

El rubio sonrió, recordando cuando Sakura le dijo algo parecido a lo que mencionaba su amigo.

—Sí, así es. Vivimos en un mundo hermoso con todo y sus defectos.

—¿Crees que ella decida quedarse, Naruto? —preguntó Sasuke, ocultándose entre su flequillo.

Naruto igualmente bajó la cabeza.

—No lo sé, Sasuke. Yo… quisiera que fuera así, pero… no te quiero dar falsas esperanzas… ni yo mismo sé que pensar, Sakura-chan pasó por mucho en los últimos meses, así que no la juzgaría si ella…

—No, ni yo lo haría.

—Sasuke, si Sakura-chan no despierta… jamás… si decide irse… como tú dices… ¿Qué es lo que harás?

El Uchiha negó inicialmente con la cabeza.

—Supongo que… sólo seguir, protegería lo que ella trató de proteger, y seguiría colaborándote en tus planes… si es que un día llegas a ser Hokage.

Naruto titubeó un poco al escuchar eso, puesto que habían pasado tantas cosas que no sabía si esos sueños e ideales que tenía se podían hacer realidad.

—¿Qué tienes? —preguntó Sasuke al verlo en silencio, algo raro en él.

—Nada, dattebayo… se hace tarde. — se levantó, sacudiéndose el pantalón. — quiero ir a visitar a Sakura-chan, le compraré unas flores y de paso unas a Hinata, ¿Me acompañas?

Sasuke rodó los ojos con fastidio.

—Anda, Teme… no pierdes nada, y te aseguró que hasta puedas encontrar un nuevo cambio en Sakura-chan.

—¿Mmh?... ¿Qué quieres decir?

—Tú sólo sígueme. —incitó Naruto con una sonrisita, tomándolo del brazo para ayudarlo a levantarse.

Viendo que no se podría quitar a su amigo de encima tan fácilmente, no le quedó de otra más que acompañarlo; sin embargo, antes de alejarse de ese tranquilo lugar, se volvió nuevamente al lago y le pareció ver una especie de aparición de su amiga, la cual danzaba en medio del agua.

Una visión un tanto errónea, pensó, pues Sakura ya no danzaba sobre el agua o el hielo, para él Sakura en ese momento se encontraba danzando entre flores y pétalos.

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La risa juvenil hacía eco en un lugar en donde las flores abundaban hasta un confín desconocido y los pétalos caían como una lluvia ligera. El cielo rosado combinaba con las múltiples coloraciones que iban desde rosas, rojas amarillas, azules y verdes y lo único que sobresalía a lo lejos, además de la joven de cabellos rosas que danzaba en círculos entre las flores, era un árbol que quieto desde su posición parecía observar su goce.

Sakura, exhausta de bailar y reír, se echó sobre las flores que se volvían como un colchón de pétalos pues muchas de estas se elevaron y comenzaron a cubrir su largo vestido blanco que hacía juego con toda aquella naturaleza.

—Es muy tranquilo aquí…—musitó la kunoichi, viendo hacia el cielo rosado así como a toda esa lluvia de pétalos.

—¿Te gusta? —escuchó entonces otra voz, y al girarse sonrió al ver a un muchacho que lejos de asustarla, le dio la sensación como si lo conociera, no por su apariencia que ya había visto en un recuerdo de alguien más, sino por la sensación que provocaba.

—Eres…— se reincorporó.

—¿El árbol de la vida? —terminó el muchacho por ella. —Sí, así es…

—Pero esa apariencia… esos ojos… —señaló Sakura, notando la peculiaridad de que este tuviera un ojo negro y el otro azul.

El muchacho se observó así mismo y luego se tocó los ojos.

—Sí, es la del amado de Yuki, Kaito Ishikawa…

—Entonces…

—No. —sonrió. —Él no era yo. Es sólo una forma que tomé de manera que mi amada Yuki no olvide cómo era su amado. Se molestó un poco… —contó dando una risita. — Se creó una pequeña tormenta a causa de ello, pero nada grave… Yuki entendió mis motivos.

—Oh… ya veo. —musitó la de cabello rosa, sintiendo algo extraño el escuchar de su "amiga"

—Sé que es difícil lo que pasó entre ustedes, por eso se mantiene alejada, pero si tú quieres, puedo tomar la forma de quien tú quieras… puedo ser ese muchacho que te acompañaba… —insinuó.

Sakura negó rápidamente con la cabeza.

—No es necesario, sería algo extraño…—admitió. —Y… eh… ¿Por qué estás aquí? Digo no me molesta… pero…

—No te preocupes, y con respecto a lo que preguntas he venido porque ya es tiempo… quisiera saber si ya te has decidido.

La kunoichi volvió a echarse entre las flores.

—Aún no lo sé… —respiró profundo. —Admito que me gusta estar aquí, es tranquilo, es pacifico, no hay dolor, mi corazón está completo…así es como se ha de sentir la morfina. —dijo soltando una risita.

—Dices cosas muy raras. —rio el muchacho. —No por nada me gustaste…

—¡¿Eh?! —Sakura se sobresaltó sonrojada.

—Digo, todas mis sacerdotisas me han gustado, las he amado a todas, pero tú has sido una de las más singulares, quizás porque no eres del todo una sacerdotisa sino una… ¿cómo les dicen?

—¿Una kunoichi? Eh… ¿ninja médico?

—¡Eso! ¡una médico! —señaló. —Conoces de manera diferente a las personas, conoces tanto como el cuerpo y tienes la habilidad para entender lo espiritual.

—Vaya… no lo sabía, eso es… halagador… supongo.

—¿Supones? ¿lo dudas?

—No, oh… bueno, no lo sé, es extraño y ¡lindo! cuando algo o ¡alguien! Te dice algo así… pero también…

—¿Qué? ¿Pasa algo?

—dices… que has amado a todas las sacerdotisas, pero… aun así…

—¿Permití que ellas sufrieran allá? —completó él.

Sakura asintió.

—Mmm… tal vez deba contarte una pequeña historia…

—¿Una historia?

—Sí, una historia de origen… sabes… antes el mundo que ves no existía como tal…

En ese momento ante Sakura, una visión del pasado apareció, mostrando un mundo en donde solo había cielo, agua y un árbol.

—Sólo era yo…—siguió contando aquella identidad. —Me alimentaba del agua y del cielo, y junto con ellos formaba una especie de equilibrio, pero yo era el único "ser" con conciencia, hasta que un día, ella apareció.

Sakura observó en aquella visión que cerca del árbol, de entre el agua nació una flor muy parecida a la de loto.

—La flor de la pureza. —distinguió con una sonrisa.

—Me enamoré de esa flor que no necesitaba de mí para sobrevivir, había nacido por si sola del agua y del cielo. Creí que juntos podríamos crear nueva vida… y lo hicimos… pero a un costo…

La médico observó entonces que al momento de que el árbol le dio de la energía natural que emanaba, la flor se desprendió y sus pétalos y polen se fueron con el viento; en un momento en que el árbol pensó que había perdido a quien amaba, con el paso del tiempo se dio cuenta que no había sido así, que su flor junto con su energía había creado vida en los confines de la tierra, haciendo muchas de estos seres a su semejanza y otros a semejanza de ella.

De ahí, comenzó la evolución de lo que ahora conocían del planeta; pero así como los seres que habían creado evolucionaban, también había momentos en que parecía que retrocedían y era cuando la naturaleza por sí misma moría, y frente al árbol de la vida, aparecía una nueva flor (no específicamente en dicha forma) que prometía dar nuevamente una vida; hasta que llegó el momento en que la flor se manifestó en forma de su última creación, un ser humano, en especifico una mujer que teniendo dentro de ella los antecedentes del pasado prometió servir al árbol de la vida, para que en el remoto de los casos de que se tuviera que reiniciar todo, está pudiera crear a un nuevo hijo de la naturaleza; sin embargo, toda aquella idea se fue torciendo con el pasar de los años, con la evolución de los humanos y por supuesto con la intervención de los externos.

—Dado a todo lo sucedido, se estableció que no se podía dar sino se ofrecía algo a cambio, o en todo caso que se entrenaran arduamente tales como los casos de los sennin, que quedaban a cargo de otros fieles servidores; pero volviendo a lo otro, era consciente de que mis sacerdotisas tenían mente propia, tenían deseos y sueños, se enamoraban, nunca las forcé a nada… el que tuvieran sólo hijas o al menos las primogénitas, es algo también de ellas, de la flor de la pureza.

—Entiendo, pero… de igual manera con Yuki…las otras.

—No pude hacer nada, lo sé, principalmente porque no logré escucharlas y porque ellas eran ignorantes de lo que podrían llegar a hacer, tal como Yuki que lo comprendió demasiado tarde, por el otro lado no podía infundirles chakra como lo hice contigo, y eso que fue peligroso para ti manejar dicha carga de poder. —admitió. — pero en cuanto a las demás, ellas… no eran como tú. Que si tenían la flor, sí, más no la capacidad de controlar la energía natural o lo que tu llamas chakra, no se habían entrenado para tal ámbito tal como tú o como los sennin. —suspiró. —Por último… porque para alguien que ha vivido tanto tiempo en este mundo… sabe que la felicidad sempiterna no existe. —dijo con melancolía. —Es por eso, que pese a todo… cuando pasan a este lado, me aseguro de que su paraíso sea como el que ellas hubieran querido tener en la tierra.

—Entonces… ¿este lugar?

—Es tu paraíso Sakura, o al menos una visión de lo que es… porque el real… está allá…—señaló hacia un portal que comenzó a manifestarse en el cielo. —Si tú lo quieres, es tuyo… por la eternidad… y debo agregar que es un lugar muy diferente al que va el resto cuando les llega la hora.

—Eso quiere decir… que… ¿ya no volvería a ver a nadie de los que quiero?

—Así es… pero, como te dije… en ese lugar no existe el dolor, ni siquiera la soledad por lo que no lo podrás sentir a diferencia de esta sensación que sientes aquí, así que no te preocupes por ello.

Sakura dudó y bajó la cabeza, sintiéndose extrañamente melancólica, a pesar del lugar de donde se encontraba. La identidad espiritual con la forma del difunto amado de Yuki al verla con duda extendió su mano al cielo, donde otro portal con la misma luminosidad apareció.

—O si quieres, puedes volver ahí… a tu hogar, donde están los que te quieren y te extrañan, yo no te forzaré a nada.

Sakura se levantó del suelo, viendo hacia ambos portales.

—¿Cuál es la decisión que debo de tomar? —preguntó confundida y sintiendo melancolía.

—No lo sé, es tu elección; sin embargo… tal vez un vistazo al futuro pueda ayudarte…

—¿Un qué?

Sakura apenas y alcanzó a preguntar, cuando de repente su mente pareció ser transportada a través de una serie de eventos que pasarían en un futuro y que iban desde tristes, hasta felices, de dichosos y hermosos hasta catastróficos y destructivos, de cierta forma observó que casi nada cambiaría después de los sucesos pasados, al contrario, todo parecía indicar que con el paso del tiempo el mundo se complicaría más.

Desde su perspectiva no parecía ser un futuro muy alentador o por el que valiera la pena seguir viviendo; sin embargo ante ella apareció algo que le removió su rosado y medio reparado corazón y…

"Cualquiera que sea tu decisión quiero que sepas que no recordarás nada de lo que has visto hasta ahora, sólo llegarás a donde hayas escogido… "

Fue lo último que escuchó decir a esa identidad, cuando sus pies comenzaron a moverse casi de forma automática, pues la decisión había sido tomada.

—Entonces… ¿es lo que tu quieres? —preguntó el muchacho al ver hacia donde se dirigía.

Sakura, repleta de felicidad en el rostro, se giró hacia él y sonrió con lágrimas en los ojos.

—Sí, decido quedarme…

Y pronto todo su ser fue cubierto por el portal luminoso que había escogido.

.

.

Bajo la penumbra de la noche, dentro de un cuarto de hospital ubicado en la aldea de Konoha, el constante bip que se escuchaba de la máquina que monitoreaba los signos vitales de la que yacía acostada en la cama emitió un prolongado y ruidoso sonido que constataba la perdida de los signos vitales; sin embargo, pronto estos fueron silenciados, por la misma persona que estaba en la cama y que confundida no pudo hacer más que reincorporarse y quitarse todo lo que tenía conectado al cuerpo.

No podía recordar lo que había pasado, lo único que en su mente repetía era la frase:

Decido quedarme…

en la tierra.

Continuará.

Y esto por el momento, creo que a este fic le quedan dos capitulo. El siguiente si bien me va sería el cierre, y el que le seguiría sería un "pequeño" epilogo.

Hasta entonces, saludos

19 de marzo de 2023