· Capítulo 4 ·
Despertó esa mañana mucho más temprano de lo planeado, los rayos del sol recién asomaban por el horizonte. Se descubrió acostada sobre el cubrecamas, aún con el vestido de la noche anterior puesto y sujetando fuertemente la fotografía.
No podía seguir durmiendo, quizá estaba ¿ansiosa?
Quería verlo, hacerle mil preguntas, besarlo, sentirse nuevamente como horas antes. Y al mismo tiempo tenía miedo. ¿Miedo porque experimentaba algo nuevo o miedo porque sabía que pronto se acabaría? No sabía la respuesta y no estaba segura de querer saberla.
Antes jamás se hubiera hecho aquellos planteos, llegado a esas conclusiones. No hubiera admitido verdades tan ciertas como aquellas. Al menos ya no se mentía a sí misma, pero… ¿A él qué le diría? ¿Y qué le diría él a ella?
Entre tanta reflexión terminó de ducharse y se disponía a hidratar su piel con crema cuando vio un papel bajo la puerta.
Preciosa,
Me surgió un asunto urgente, a último momento, que no puedo postergar.
¿Almorzamos juntos? Te veo a las 12.30 en el restaurant italiano.
Darien
Serena se dejó caer en la cama con la nota entre sus manos. Miraba el techo y creaba en su mente situaciones hipotéticas. Y mientras caía presa del sueño, se le ocurrió una gran idea.
°O(¯'·.•·•.·'¯)Oº
Aún no podía creerlo. Estaba convencido que el cielo y el infierno habían hecho las paces sólo para joderlo.
Llevaba cuatro meses ahí y recién ese día a Diamante le comunicaba que su esposa quería hacer una sesión fotográfica. ¡En su semana de vacaciones, cuando ya no era empleado del Hotel Milenio, sino un huésped más!
Pero no podía decirle que no a sus nuevos amigos.
¡Además! ¡Porrr favoorrrr! Tenía el permiso para exponerlas y venderlas… como si alguien fuera a comprar fotos de una dama de sociedad enfundada en un vestido de lycra negro brillante en un sillón tapizado animal print.
Le parecía insólito, incomprensible. Pero con el tiempo había logrado procesar que una persona podía tener tanto poder adquisitivo como mal gusto. Y Esmeralda Black era el ejemplo personificado de ello.
Diamante la amaba con o sin gusto. Varias veces había contratado asesores de moda y decoración pero ellos salían corriendo, huyendo del daño que aquellos espantos hacían a sus ojos.
Sin duda debía contarle todo esto a Serena.
Hasta podría exagerarlo un poco para hacerla reír más. Su risa era hermosa y contagiosa, podía alegrarle el rato a cualquiera. O al menos a él.
Por suerte estaría libre para el almuerzo. Le había dicho a Diamante y Esmeralda que debía empezar con los primeros rayos del sol, que aquella era la mejor luz para tomar fotografías.
Claro que era una gran mentira pero, ¿quién era acaso el fotógrafo profesional y sabía al respecto?
Una media sonrisa se formó en su rostro, satisfecho de haber sonado convincente. No le gustaba mentir, pero en este caso sentía que su proceder estaba justificado. Era por ella.
Por estar al menos una hora con Serena era capaz de ir hasta el fin del mundo y volver. Ella había borrado una desagradable parte de él con la que ya se había acostumbrado a convivir, la soledad.
Sólo le quedaba un día para estar con ella, exprimiría los minutos al máximo. Ya tendría tiempo para descansar después.
¿La extrañaría?
Claro que sí, más que a nada en el mundo. Pero así era como tenía que ser, cada uno tenía un lugar al cual regresar.
Ella había logrado cambiarlo y ahora sabía que podía sentirse así. Sin importar qué pasara había alguien en algún lugar del mundo para él, y nunca más volvería a sentirse solo.
La sesión fotográfica concluyó sin mayores contratiempos. Llevó a revelar las fotos para que estuvieran listas el día siguiente y al pasar por la feria vio algo que supo que tenía que comprar.
Un aplique para el cabello con piedras… piedras del color de sus ojos.
°O(¯'·.•·•.·'¯)Oº
Despertó envuelta en la toalla dos horas después. Se vistió y bajó al comedor a desayunar, su estómago le pedía a gritos comida.
Tenía que comprar un par de cosas para llevar a cabo su plan. Se dirigió al centro comercial que se encontraba cerca del hotel, allí podría conseguir todo. Una vez de regreso en su habitación, guardó todo en la mochila y se preparó para su ¿cita?
Estaba nerviosa. Nunca había sentido algo así con un beso. Era como si todo el mundo se estuviera viniendo abajo y a ella no le importara. Porque estaba parada sobre el único mosaico que no se hacía polvo, junto a él.
No quería pensar en eso, pero tampoco podía verlo sin tener las cosas claras. Si se guiara por las miles de novelas que había leído, llamaría amor a lo que había sentido. Y eso la asustaba.
Darien tenía experiencia en el área, sabía qué era estar enamorado. Se había entregado a Mina, le había dado todo y resultó herido.
¿Acaso siempre era así? ¿Para valorar una relación, había que salir lastimado? Y lo más importante de todo ¿ella estaba dispuesta a dejar que su corazón se hiciera añicos?
Sí, si eso pudiera hacerla sentir algo. Hacer que su corazón latiera por algo más que por mantenerla con vida, entonces estaba dispuesta a arriesgarse.
•·•
Serena pidió una copa de vino mientras esperaba en la barra del restaurant. Necesitaba aflojar su cuerpo y, por sobre todo, sus ideas. La bebió de un sorbo y sintió el calor recorrer todo su cuerpo.
Pidió otra, pero esta vez la bebió lentamente.
- ¿La señorita espera a alguien o me permite acompañarla?
La voz, sumada al roce de una tibia mano por toda la extensión de su brazo hicieron que el mundo volviera a derrumbarse a su alrededor.
Por un breve instante lo asoció al vino y en seguida descartó la idea. Era nada más y nada menos que "Efecto Darien", nada tenía que ver con la bebida.
Rió para sus adentros al haberle puesto su nombre a la sensación. En tanto y en cuanto nadie más la hiciera sentir así, sería exclusiva de él y, por lo tanto, merecía el nombre en su honor.
- Esperaba a alguien, pero viéndolo a usted, creo que voy a plantarlo.
- Permítame entonces que pida una mesa para dos ¿cerca de la ventana le parece bien?
- Perfecto – bebió lo que quedaba en su copa y se bajó de la banqueta ayudándose con la mano que él le había extendido.
El almuerzo fue espectacular. Se pasó entre historias, delirios y risas. En la mayoría de los casos, alrededor de Esmeralda Black.
De un momento a otro, las risas de Serena cesaron mientras miraba el horizonte por la ventana –Quiero ir a tu isla – la súplica llenaba sus azules ojos –es…
-El último día – completó él y ella asintió –Entonces deberíamos ir yendo ¿En quince minutos podes estar lista?
-Sí, y en menos también – una sonrisa se dibujó en su rostro. Su plan estaba en camino.
-Yo tengo que buscar unas cosas, nos vemos en el lobby.
-¿Llevás tu cámara? – indagó ella.
-Siempre – Serena sonrió y se fue rápidamente, dejando a Darien desconcertado.
•·•
Antes de subir a la lancha, Darien cuestionó a Serena acerca de su actitud, la notaba en cierta forma distinta. Quizá ella era así y él simplemente no conocía esta faceta. Aunque quedara como un tonto, no le importaba, quería saberlo.
-Es un plan maquiavélico que se me ocurrió esta mañana cuando me desperté. Quiero sentirme salvaje y libre hoy.
» Sólo te pido de favor que no me cuestiones. Decime sí o no, según tu opinión, pero no me cuestiones.
Él asintió dándole a entender que, sin importar lo que pidiera, confiaba en ella. Podía ver como esos grandes ojos azules le rogaban que por una vez, la dejara ser quien quisiera ser.
Serena sonrió frescamente, en su mirada apareció un brillo pícaro y Darien supo que lo del plan maquiavélico era cierto.
A los veinte minutos de navegación Serena se acercó al motor y lo detuvo. Darien la miró sorprendido y descubrió en su mirada que algo se avecinaba. Era el brillito del plan maquiavélico. Sonrió para sus adentros al denominarlo así.
-Quiero que me uses – su tono de voz era dramático, el rostro de Darien se desfiguró.
Serena rió sonoramente –Juro que pagaría por ser yo la fotógrafa y capturar tu expresión en este momento.
Darien seguía sin entender pero hizo un esfuerzo por relajar sus músculos faciales. –Solicito explicación – exclamó con humor.
-Quiero que me uses como modelo. Que me digas en qué pose querés que me ponga, qué gesto, qué vestuario –señaló su bolso dándole a entender que estaba preparada. –Tomame fotos que sirvan para la exposición, que puedas vender
Él estaba fuera de sí, esa mujer no dejaba de sorprenderlo.
-¡Eso sí! – él la miró expectante. –Quiero copia de TODAS las fotos, aunque sea en formato digital.
Darien estaba a punto de emitir un "pero" y recordó el pedido que Serena le había hecho y sólo asintió con la cabeza.
-¿Empezamos ahora?
-Bueno, pero sigamos avanzando porque de esta forma no llegamos más.
Serena puso en marcha la lancha y Darien buscó su cámara, cuando volteó encontró una toma perfecta y no dudó en presionar el botón.
Se vía la espalda de Serena con sus rizos volando por el viento, parte de la popa y el paisaje de fondo. Aún se lograba divisar la costa de donde habían partido.
Serena al escuchar el click se giró y sonrió. Click nuevamente.
La sesión continuó cuando llegaron a la isla. Serena le mostró a Darien lo que había llevado y él la fue guiando en los cambios de vestuario y posiciones, hasta usar todo.
La naturalidad y belleza de Serena tenían a Darien hechizado. Ella comenzó a deshacerse de sus prendas una a una y las tiraba lejos del pareo sobre el cual estaba sentada.
Darien estaba perturbado. Él era fotógrafo profesional, había visto incontables mujeres desnudas, las había fotografiado y una buena cantidad se le habían insinuado y él rechazado sistemáticamente.
Nunca había deseado tanto, como en ese momento, que su modelo se rebelara y posara precisamente sobre él.
Jamás se había excitado ante una sesión fotográfica, pero eso no lo detuvo. Pose tras pose seguía obteniendo tomas maravillosas. Era increíble, parecía una modelo experimentada, no una simple aficionada del momento.
Serena giró el rostro y lo miró a los ojos, estaba como hipnotizado. Su miembro erecto rogaba a gritos que lo liberaran. Quería tocarla, saborear su piel.
Se acercó como un depredador a su presa, sin quitarle los ojos de encima, admirando cada detalle de su desnudez. Le hubiera gustado ser él quien lentamente liberara a su dorada piel de las prendas.
Se agachó a su lado y acarició delicadamente uno de sus hombros. Serena se estremeció, pero con su mirada lo instó a seguir. Darien besó suavemente su mejilla, ella echó la cabeza hacia atrás indicándole que el camino de sus besos debía seguir hacia su cuello. Y así lo hizo él.
Subió hasta los deliciosos labios de Serena y los atrapó entre los suyos, ansiaba repetir aquello desde el momento que había despegado su boca de la de ella la noche anterior. Un leve suspiro de ella le hizo saber que el deseo era mutuo.
La recostó mientras la besaba lentamente. Con una de sus manos recorrió la línea media del suave cuerpo de Serena, hasta llegar al ombligo. Finalizó el beso con pereza, se acomodó sobre ella y recorrió con su boca cada superficie de piel que le fue posible.
Ella estaba tan excitada como él, ubicó su miembro en la cálida entrada de Serena y ahí se quedó. Los pezones erectos ella pedían a gritos atención, y Darien se la brindó, los besó, succionó y mordió suavemente.
Las manos de Serena vagaban por el pecho y espalda de él, hasta que se depositaron en sus glúteos y lo empujó tan repentinamente que Darien no pudo evitar penetrarla profundamente.
Gimieron al unísono.
Darien comenzó a moverse lentamente dentro de ella hacia atrás y adelante, mientras Serena lo acompañaba con movimientos circulares. La sincronía en sus movimientos hizo que les hirviera la sangre, aceleró sus corazones y los llevaba hacia el abismo en un viaje sin retorno.
Sus movimientos se aceleraron y cesaron repentinamente. El orgasmo los atrapó al mismo tiempo, dejándolos inmóviles, juntos y abrazados.
Aún estaba acostada sobre él, con la cabeza apoyada en su pecho, escuchando su respiración y su corazón latir. Darien le acariciaba el cabello lentamente, el mundo parecía haberse detenido para ellos dos, pero tenían que volver a la realidad, el sol comenzaba a ocultarse en el horizonte.
-Creo que es la mejor despedida de tu isla que podría existir.
-Nuestra –la corrigió él.
-Sí, también podríamos decir que es nuestra despedida –resopló.
-No, es nuestra isla, no sólo mía.
Serena se levantó quedando apoyada sobre uno de sus brazos, su otra mano sobre el pecho de Darien y lo miraba fijamente.
-Tziolis te va a vender el terreno.
Su sola sonrisa bastó, expresaba mil agradecimientos, una inmensa alegría y un esbozo de sueño cumplido.
La ayudó a levantarse y la observó mientras se vestía, aún no podía creer cómo había tenido semejante mujer entre sus brazos. Ella se había instalado bajo su piel, lo había sacado del pozo… y así y todo dolía.
Dolía saber que tenía un día más y luego… sólo quedaría el recuerdo.
Sacudió su cabeza para borrar los malos pensamientos y emprendieron el camino de regreso en un silencio tan profundo que el latir de sus propios corazones los aturdían.
•·•
Cenaron juntos, como dos viejos amigos. Chistes, anécdotas, piropos…
-Darien
-¿Sí? – la sola mención de su nombre sonó como una súplica.
-No quiero dormir sola esta noche.
Él sonrió. –Entonces no vas a hacerlo – le tomó la mano, la besó y la invitó a levantarse de un tironcito.
Caminaron un rato por la playa y se dirigieron a la habitación de Serena.
Darien admiró la imponente vista a través del ventanal, la enorme cama y el equipaje de Serena a medio armar en una esquina de la habitación. Fue como si la realidad hubiera aparecido de golpe y lo hubiera atacado por la espalda.
Serena lo dejó sumido en sus pensamientos y fue a prepararse un baño. Ahí la encontró Darien, relajada entre las burbujas, con los ojos cerrados y el cabello recogido, tarareando suavemente una canción de Frank Sinatra.
Y él creía que la sesión de fotos había terminado en la isla.
Esta vez la iniciativa era de él… o tal vez ella lo había planeado todo. No lo sabía y tampoco le importaba, pero sí lo aprovecharía.
A través del objetivo vio como Serena le extendía el brazo, invitándolo a acercarse. No dudó un segundo en cumplir con su deseo.
Se sentó detrás de ella y la abrazó mientras ella se apoyaba en su pecho y se relajaba. Entonces fue Darien quien empezó a tararear otra canción de Sinatra y Serena lo acompañó.
Era un momento tan íntimo.
No hicieron el amor, sólo se hicieron compañía a lo largo de la noche. Dormitando abrazados, acariciándose, mirando el amanecer tomados de la mano. Sabiendo que cada hora que pasaba, los acercaba a la despedida.
Pidieron el desayuno en la habitación, ese tiempo era de ellos y para ellos. Sin ruidos que irrumpieran en sus silencios, sin personas que ocuparan los espacios vacíos a su alrededor. Eran sus momentos y no querían compartirlos con nadie.
Y por mucho que quisieron dilatarlo, el final llegó.
Estaban uno a cada lado de la puerta. A partir de ese instante, tenían dos horas para juntar sus cosas y llevar a cabo su despedida personal e individual de Grecia.
Darien se despidió de sus amigos Diamante y Esmeralda y les dejó las fotos del día anterior. Juró que no sería la última vez que lo verían, nada en el mundo impediría su regreso a Grecia.
Serena, por su parte, decidió hacerle una última visita a la playa. Dejó que la arena jugara con sus pies, que el viento agitara su cabello y que el mar azul acariciara su piel por última vez. Sabía que volvería, pero no sabía cuándo.
Volvió a su habitación a ducharse y alistarse para el viaje, el resto del tiempo lo dedicó a mirar el paisaje a través de la ventana, mientras su equipaje ya listo descansaba junto a la puerta.
Se encontraron en el lobby y subieron al taxi en silencio. Las emociones estaban a flor de piel.
Darien acompañó a Serena hasta su sala de embarque, él aún tenía una hora para la salida de su vuelo. Esperaban juntos, tomados de la mano. Los minutos pasaban y el momento de la despedida se acercaba. Qué se dirían, algo era seguro, al conocerse, sus vidas cambiaron.
Darien tomó la iniciativa y besó a Serena dulcemente.
Ellos no eran novios ni recién casados, que no podían permanecer alejados por más de unos instantes. Lo de ellos era especial, poco tenía que ver con lo sexual, aunque ninguno negaba que había sido bueno.
Los besos que se habían dado eran contados, cada uno era especial, significaba algo, comunicaban algo que las palabras no podían.
Y este beso no era menos especial. Probablemente era el último.
Darien depositó una pequeña caja labrada en las manos de Serena. -Abrila cuando estés arriba –
-¿Arriba?
-Sí, arriba del avión, en el aire… cuando sientas que es el momento. Hay un pendrive con tus fotos y algo más…
Los altoparlantes anunciaban el último llamado a embarcar el vuelo a New York.
-Darien -Serena apoyó su mano en el pecho de Darien y sintió el latir de su corazón. –Aunque pase mucho mucho tiempo…¿vos crees…? -Apretó fuertemente el puño de su mano libre. – Si alguna vez nos vemos…-Tomó aire para poder expresar lo que sentía.
» Darien, ¿creés que podamos reconocernos?
Los ojos de Serena estaban húmedos, las lágrimas amenazaban con salir.
-Serena…
Darien tomó la mano que tenía en su pecho y la besó. Ella lo miraba expectante.
-Yo podría reconocerte entre un millón de estrellas.
FIN
Wenas wenas...
Llegamos al final de este fic! Espero que les haya gustado como a mí me gustó escribirlo. Si tienen alguna crítica/comentario, no duden en decirmelo que será tenido en cuenta para el futuro... Quizá si Suyi sigue insistiendo pueda inventar una segunda parte, y para eso sus comentarios son absolutamente necesarios.
Después de tanto tiempo, regresé. Exámenes, laburo, más exámenes y vacaciones...
Y, sobre todo, cero inspiración para escribir el lemon... hace meses que este capítulo estaba terminado, con un espacio en el medio para escribirlo, y no salía.
Ante el "Inspirate e Inspirame" de mi querida editora Suyi... salió y acá está con ustedes, el último capítulo de este fic.
Como les conté... algo distinto a lo que venía escribiendo, y a mí me gustó. ¿A ustedes?
Les agradezco todos sus comentarios, pero si los respondo ahora este capítulo no sale más!!!
Ya está en camino otro fic, también distinto... una comedia. Voy a intentar hacerlo lo más divertido posible y publicarlo en cuanto esté completo (para evitar esperas)
Nuevamente les agradezco su apoyo y comentarios... Y no se olviden sus reviews son nuestro alimento. Nos impulsan a seguir escribiendo y nos dan más ganas.
El rincón del chivo
Por hoy queda vacío... PONGANSE LAS PILAS Y ESCRIBAN CHICAS!!
Eso es todo por hoy... voy a salir a pasear un ratito y espero muuuuuuuuchos reviews para mi regreso!!
Muchos Muacks
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