Capítulo 4.- Un Amor Peligroso

Un día en especial, casi dos semanas después de su rescate. Selene se encontraba recargada en el barandal del balcón de su habitación, con la capa negra en sus manos.

Dejó ir un suspiro al recordarlo nuevamente...a él.

-Gothmog... –murmuró ella en un susurro prácticamente inaudible.

Tan distraída estaba ella que no notó cuando la puerta de su recámara se abrió un momento y luego volvió a cerrarse.

Aerandir había entrado y la observaba detenidamente.

-¿Y bien? ¿Qué pasó? ¿Acaso te torturaron? –la interrogó Aerandir directamente desde la puerta de la habitación.

Selene se volteó bruscamente, se sorprendió al verlo ahí aunque trató de disimularlo, a la vez que se reprendía mentalmente por no haberlo escuchado o al menos sentido.

-No seas bobo, ni que fuera tan fácil torturarme. –dijo Selene sonriéndole, tratando de apartar los recuerdos.

-Vamos Selene, -dijo Aerandir, tratando de animarla. –Pensé que querías ver Gondor

-No tengo ganas. –dijo ella volviendo a mirar el paisaje

-Te mandaron esto. –dijo Aerandir acercándose a ella.

Le entregó un sobre

-¿Quién? –preguntó ella con interés.

-Un niño. –respondió Aerandir, algo sorprendida ante la inusitada muestra de interés de ella. –Probablemente uno de tus amiguitos

Selene abrió la carta con curiosidad:

"Te espero en las afueras de la ciudad, en los lindes del bosque gris. Me lo debes."

Selene brincó de la emoción, a la vez que inconscientemente abrazaba la capa negra aún en sus manos.

-Tengo que irme, Aerandir, nos vemos después. –dijo ella guardando la capa negra en su ropero, y sacando una élfica, hecha por su abuela Galadriel.

-¿Te llamo a los guardias? –preguntó él, pero más que una pregunta sonaba a una orden.

-No, voy sola. –dijo ella dirigiéndose a la puerta de su habitación.

-Espera. –la detuvo Aerandir. –No puedes salir sola. Esas son las órdenes.

Selene se detuvo desanimada. Volteó a verlo en silencio.

-¿Vendrías tú conmigo? –preguntó con mirada suplicante.

-¿A dónde vamos? –preguntó Aerandir con resignación.

Nunca había podido decirle no a esa cara.

-A ver a un amigo. –respondió Selene.

Salió de su habitación seguida de Aerandir.

-Pero tienes que prometerme que no me molestarás y que no harás nada que yo no te ordene. –le indicó Selene con seriedad.

-Uy, que misterio… Está bien. Con tal de cuidarte. –dijo Aerandir.

La verdad era que todo ese misterio lo hacía morirse de curiosidad. ¿A quién iba a ver Selene que era tan importante?

-Confía en mí, no hay peligro. –dijo ella con su típica actitud despreocupada.

-Sí, claro. –dijo él con ironía. –Contigo siempre hay peligro.

Selene sólo le sonrió.

Y esa resultó ser la primera sonrisa verdadera que Aerandir veía desde su rescate.

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Salieron de Gondor a caballo. Y se dirigieron a los lindes del bosque gris.

Selene desmontó ante un hombre que permanecía de espaldas y miraba a la distancia.

-No confías en mí. Veo que vienes acompañada. –dijo el hombre

-Desde el secuestro no me dejan salir sola. –le explicó Selene con calma. –Aerandir es el único en quien confío.

Aerandir los observaba con curiosidad. Era obvio que Selene conocía al encapuchado, para llamarlo con tanta familiaridad pero ¿Quién era?

-Tú dirás. –dijo Gothmog volteándose.

La capucha le cubría el rostro.

-¡¡Tú!! –gritó Aerandir.

Aunque no lo había reconocido por su cara lo había hecho por su aura.

Se dirigió a él de inmediato a la vez que sacaba la espada pero Selene lo detuvo alzando el brazo con calma.

-Lo prometiste. –le recordó ella.

-Pero… -Aerandir la miró perplejo.

Ella sabía...que era él.

-Pero… -volvió a decir Aerandir. –Es un Balrog.

-Sólo vamos a hablar. –insistió ella. –Todo está bien

Selene se acercó a Gothmog hasta quedar a un paso de distancia, mientras Aerandir miraba la escena con recelo.

-¿Qué puedo hacer por ti? –preguntó ella inclinando un poco la cabeza

Esto hizo que Aerandir refunfuñara furibundamente.

-No, por favor. –dijo Gothmog arrodillándose ante ella. -No te inclines ante mí, no lo merezco.

La cara de furia de Aerandir pasó a una de total incomprensión.

-Yo sólo… –continuó Gothmog. –Sólo quería volver a verte y decirte que tenías razón.

Selene iba a preguntar en que tenía la razón pero Gothmog se había levantado y tomándola de la cintura le había besado con dulzura y luego le susurró al oído:

-El amor es horriblemente doloroso y hermoso a la vez. –y sin decir más se adentró en el bosque y desapareció.

Aerandir no hizo ningún movimiento cuando todo esto pasó y cuando Gothmog se alejó, aún quedó paralizado con cara atónita algún tiempo.

-No puede ser. –dijo finalmente. –No puede ser. –Tenía una felicidad que no le cabía en la cara. –El hijo de Sauron está enamorado de ti.

-¿Por qué estás tan contento? –pregunto Selene extrañada, volviendo a su actitud melancólica.

-¿Acaso no lo ves? Podría hacer de espía para nosotros. –dijo Aerandir con entusiasmo.

-¿Es que acaso no lo ves tú? -preguntó Selene a punto de llorar. –Yo respondí a ese beso.

La expresión de Aerandir cambió a la de preocupación

-Por Erú, –dijo en voz baja. –Estás enamorada de él.

Pasó unos segundos en silencio, tratando de asimilar la información.

-¡¿Estas loca?! –gritó finalmente con furia. –Él es el hijo de Sauron, Gothmog. ¿Tienes idea de lo que significa?

-¡¿Crees que no lo sé?!- gritó Selene al borde de una crisis.

Finalmente rompió a llorar.

Aerandir se calmó y acercándose a ella la abrazó tratando de consolarla.

-Le amo, -murmuró ella entre sollozos. –Y no puedo hacer nada para evitarlo.

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Habían pasado varios días desde que Selene confesara a Aerandir que amaba a Gothmog. Y había sido después de eso que ella le había contado todo lo que había ocurrido durante su cautiverio. No hace falta decir que el Guardián estaba realmente sorprendido por como decía Selene se había comportado Gothmog.

-Con lo que me dices casi podría jurar que eso de ser hijo de Sauron es puro invento. –había dicho Aerandir.

-Hay mucha bondad en su corazón. –había respondido Selene.

-Seguro tú le enseñaste todo eso. –dijo Aerandir convencido.

-No todo. –dijo ella. –Pero le enseñé lo que pude. –Suspira. –En sí él siempre fue bueno, pero no podía demostrarlo.

-Hay que reconocerle que se arriesgó mucho al ayudarte a escapar de ese lugar. –dijo Aerandir con calma.

Selene asintió

-Pero no sé que tanto podamos confiar en él. –siguió Aerandir.

-Yo le confié mi vida una vez. –dijo Selene. –Y se la confiaría mil veces más.

Aerandir la miró en silencio.

Ella realmente debía estar enamorada de ese sujeto para confiar en él de esa manera. Era increíble, simplemente increíble.

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Días después Aerandir realizaba su ronda como de costumbre en el patio exterior de la última ciudadela de Gondor, donde se encontraba el palacio.

Conversando con uno de los guardias notó la presencia de un hombre joven de cabellos rubios y profundos ojos azules algo tristes que se encontraba sentado al pie de un árbol mirando una de las torretas del palacio.

-¿Quién es ese? –preguntó al guardia.

-No lo sé señor. –respondió el guardia avergonzado.

-¿Y se hacen llamar guardias? –dijo Aerandir molesto.

El guardia ya iba a averiguar quien era el hombre pero Aerandir lo detuvo

-Ya, Ya. Quédate aquí que yo lo averiguo. –dijo el Guardián.

Se acercó por detrás del joven, de manera que este no lo vio llegar y siguió concentrándose en el dibujo que realizaba mientras murmuraba lo que parecía un poema:

Este amor enfermizo
Este amor necesario
Este amor sin permiso
Este amor sin horario
Este amor que no quieres
Este amor que no puedo
Este amor que interviene
Este amor que da miedo
Este amor dolorido
Este amor jubiloso
Este amor prohibido
Este amor voluptuoso
Este amor desordenado
Caprichoso y malcriado
Infidente y complaciente
Que molesta a tanta gente
Este amor, amiga mía
Este amor ¿Quién lo diría?
Que es el único motivo
Que me hace sentir vivo

-No esta mal para un demonio. –dijo Aerandir cuando terminó el poema.

Gothmog levantó la cabeza al instante, asombrado de que alguien se hubiera acercado sin que él lo hubiera sentido, y peor aún, de que ese alguien fuera un Guardián y además lo hubiera reconocido tan fácilmente.

Sin embargo decidió seguir trabajando en el dibujo.

Estaba demasiado cansado.

Si querían podían cortarle la cabeza, así tal vez podría descansar.

-¿Hablas del poema o del dibujo? –preguntó con voz cansada.

-De ambos en realidad. –dijo mirando por encima del hombro de Gothmog.

-¿Cómo es que no me atravesaste con la espada de una vez? –preguntó Gothmog continuando su dibujo.

-No ataco a las personas por la espalda. –replicó Aerandir tranquilamente. –Además podría haberme equivocado.

-Yo hubiera corrido el riesgo. –dijo Gothmog encogiéndose de hombros

-Claro, es muy fácil matar y destruir. ¿Has pensado en lo difícil que es crear y dar vida? –preguntó Aerandir.

Gothmog no contestó.

-¿Cómo me reconociste? –preguntó Gothmog finalmente.

-Hay demasiada tristeza en tu voz. –respondió Aerandir.

Gothmog finalmente quitó su vista del dibujo para mirar a Aerandir.

Este le hizo una seña para que se levantara y él lo obedeció mansamente.

-¿Sabes que pasarías por un elfo? –mencionó casualmente Aerandir mientras se dirigía hacia los guardias.

"Bien, ahora sí que estoy listo" pensaba Gothmog.

Seguramente lo encerrarían en un calabozo y para mañana ya no tendrá cabeza. Tal ves le den clemencia por entregarse, pero es poco probable.

-Bien. –dijo Aerandir a los guardias. –Este es Astaldo, es el pintor de la princesa Selene. Deberá entrar en el castillo bajo mi compañía y con mi permiso y jamás se lo dejará sin custodia mientras esté en la zona del palacio ¿entendido?

-Sí, señor. –respondieron los guardias

Gothmog no cabía en si de su asombro. ¿Acababa de decir que iba a entrar en el palacio?

Aerandir guió a Gothmog por los pasillos del palacio.

Subieron unas cuantas escaleras sin decir palabra.

Finalmente se detuvieron delante de una puerta.

-Bien, pongamos algo muy en claro. Te atreves a hacerle daño y te juro que te buscaré, te cazaré y te cortaré en pedacitos hasta que el más grande quepa en el agujero de la cerradura de esta puerta ¿Entendido? –dijo Aerandir mirando seriamente a los ojos de Gothmog.

-Jamás me atrevería a hacerle daño. –dijo Gothmog asombrado.

-Bien. –aceptó Aerandir

-Pero, -Gothmog tenía una duda. -¿Por qué confías en mí?

-No me malinterpretas. –dijo Aerandir negando con la cabeza. –No confió en ti. Confío en ella. La pregunta es: ¿Por qué tú confías en mí?

-Porque no tengo nada que perder –dijo Gothmog con un suspiro.

Eso fue suficiente para Aerandir.

Sin más abrió la puerta de la habitación e ingresó seguido por un Gothmog que no cabía en sí de gozo.

-Buenos días Selene. –saludó el Guardián. –Te traigo una sorpresa.

Selene giró sobre sí misma para mirar a Aerandir pero sus ojos se detuvieron en Gothmog.

Después de unos instantes de contemplación Selene corrió hacia él y se lanzó en sus brazos.

Instantes después ambos se besaban con pasión.

Aerandir miraba la escena en silencio.

"Sé que lo que hago esta bien, y sin embargo…estoy seguro de que voy a lamentarlo el resto de mi vida" pensó con tristeza.