Capítulo 5.- Descubiertos

Habían pasado un par de meses desde que Gothmog tomara la identidad de Astaldo y entrara al castillo de Gondor como el pintor de la princesa.

Desde entonces se le veía ahí varias veces a la semana. Platicaba con Selene, la dibujaba y le componía poemas, era muy romántico.

Por lo general Aerandir estaba presente también para asegurarse que el balrog no le hiciera daño a Selene. Aunque con el amor que se tenían...

Además, como Aerandir lo había sugerido aquel día en el Bosque Gris, Gothmog ahora los ayudaba haciéndola de espía en su propio reino y castillo. Los ataques que planeaba se los comunicaba a Selene con al menos un día de anticipación; entonces a ella y Aerandir les correspondía idear un plan para neutralizar al enemigo sin hacer obvio que conocían sus planes por anticipado.

Aerandir era el único que sabía sobre los encuentros de Selene y Gothmog. Por eso era él quien ayudaba a planear las estrategias alternativas. Y aunque Aerandir no quisiera admitirlo, también lo hacía por proteger al Balrog ya que si alguien más se enteraba que el hijo de Sauron entraba a Gondor, era seguro que perdería la cabeza.

Las cosas salían bien. Aerandir poco a poco iba confiando en el balrog, y les daba a él y a Selene unos minutos de privacía en cada visita.

Además, nuevamente se veía a Selene sonreír, con esa sonrisa tan especial, tan mágica de ella.

Sus hermanos pensaban que era porque ya había superado el trauma de su secuestro, pero pocos sabían la verdad...que estaba con aquel a quien amaba.

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Varios meses después de que Selene volviera a tomar su lugar como la Guardiana Lalie hubo un gran ataque de trasgos y wargos en las afueras de una pequeña ciudad cercana a Ithilien. Todo estaba listo.

-Bien. –decía Selene. –No se preocupen. ¿Todos recuerdan qué hacer?

Tanto elfos como hombres asintieron.

-Perfecto. –dijo Selene mientras veía a todos y cada uno.

Ella los notó un poco abatidos, y pensó en la manera de animarlos.

-Arriba esas caras. –indicó ella. –Ésta no es la primera batalla que tenemos contra la Torre Oscura, ni será tampoco la última. Los hemos vencido antes y lo haremos nuevamente. –los fue mirando a todos y cada uno. –Recuerden a sus familias, amigos, a sus esposas, madres, hijos, a todos los que esperan en casa su regreso. Piensen que ellos son su razón de estar aquí. Estamos aquí para proteger a todos los que amamos, para poder tener un futuro pacífico. ¡Arriba esos ánimos!

-¡Sí! –la apoyaron los demás soldados.

-¡Venceremos! –gritó Selene, y aún en sus gritos su voz seguía siendo dulce.

-¡¡Sí!! –volvieron a corear los demás.

Selene les sonrió y de un salto montó su caballo.

-Sigues siendo tan buena como siempre para animar a tus soldados. –dijo Feanaro, un elfo de cabello negro-grisáceo y ojos de un negro profundo.

-Todos saben que unos soldados motivados tienen más energía y una mayor probabilidad de vencer en la batalla. –dijo Selene como si estuviera dando clase.

-Creo que tú eres la única que realmente puso atención a esos consejos. –comentó Feanaro conforme se alejaba.

Selene no le contestó, se volteó a ver a sus soldados.

-Prepárense. –indicó ella. –Y recuerden, apéguense al plan.

Todos los miembros de su compañía asintieron a la vez que se ponía en formación. Arqueros al frente con sus flechas preparadas, lanceros justo detrás, montados en sus caballos, y los demás detrás de éstos, con las espadas desenvainadas.

-Que las estrellas brillen en el cielo y la gracia de los valares nos favorezca en esta batalla. –recitó Selene a la vez que desenvainaba su espada.

Sonó un cuerno y el ejército enemigo salió al ataque.

-¡¡Por Éru!! –gritó Selene arreando el caballo y lanzándose a la batalla.

-¡¡Por Éru!! –repitieron sus soldados en coro.

Y todos se lanzaron al combate.

Apenas unos minutos después la batalla estaba en su clímax.

Súbitamente dos espadas chocaron. La una pertenecía a la líder de la compañía, con su túnica blanca, y la otra a un hombre vestido de gris y con una capa negra.

"Gothmog..." pensó Selene para sus adentros.

Una pequeña sonrisa se formó en sus labios.

Gothmog le sonrió igualmente, aunque nadie mas que Selene lo notó, y ambos iniciaron un duelo de espadas entre ambos, tan perfecto que parecía una coreografía.

En un movimiento Gothmog logró pasar junto a Selene, pareciera como si la quisiese herir, aunque en realidad él estaba cuidando que la espada ni siquiera la rozara.

-Necesito verte. –dijo Gothmog en un susurro al pasar junto a la joven.

Selene hizo un giro brusco, para poder quedar detrás de Gothmog, como si estuviera a punto de golpearlo.

-En media hora. En el bosque gris. –dijo Selene en un susurro.

Gothmog asintió a la vez que la sujetaba de los brazos y la dejaba en el suelo, frente a él. A los ojos de otros soldados él había intentado tirar a la Guardiana al suelo y golpearla pero no lo había conseguido, aunque en realidad lo había hecho apropósito.

En ese preciso momento Selene le metió el pie y lo hizo caer al suelo, sosteniendo su espada al cuello de él.

Esa escena, con el gran Gothmog en el suelo y la Guardiana Lalie apuntándole con su espada al cuello, que en un futuro había de convertirse en el mejor cuadro de Duilinher, un famoso Elfo pintor.

Pero de acuerdo a como lo habían planeado, en ese momento Gothmog tronó los dedos, y un hechizo de oscuridad cayó en el campo de batalla.

Elfos y hombres dejaron ir exclamaciones de asombro.

Selene esperó un par de minutos antes de recitar el contra hechizo que revertía la oscuridad.

Cuando todo se aclaró el ejército de trasgos y wargos había sido derrotado, Gothmog había escapado, y por el lado de los de la Última Alianza sólo había algunos heridos.

Selene sonrió satisfecha con el resultado de la batalla.

Felicitó a sus soldados.

Después montó su caballo y se marchó a todo galope, antes que alguno de los soldados o Guardianes tuvieran tiempo de preguntarle a donde iba.

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Le tomó a Selene alrededor de quince minutos llegar hasta la entrada al bosque gris. Ahí dejó a su caballo y se cubrió con un manto azul marino, que hacía resaltar su túnica blanca y la luna creciente de mithril que llevaba al cuello siempre.

Rápida y silenciosamente se alejó del caballo y llegó hasta otra de las entradas del bosque gris.

Ahí la esperaba un hombre vestido con pantalón y camisa oscuros, y capa negra, lo cual hacia resaltar su cabello rubio y ojos azules.

Él la sintió acercarse y se dio la vuelta para mirarla frente a frente.

Ni siquiera hicieron falta palabras. Ambos de inmediato se abrazaron y se besaron con ternura y pasión.

-Ven conmigo. –dijo Gothmog al romper el beso, tomando a Selene del brazo.

Selene no puso objeción, simplemente lo siguió.

Minutos después los dos llegaron a las inmediaciones de Osgiliath. Entre las rocas se distinguía una cueva, donde ambos entraron.

-¿Por qué me trajiste aquí? –preguntó Selene.

-Quería mostrarte el lugar, -respondió Gothmog. –Es pequeño pero...

-Es hermoso. –lo cortó ella poniendo un dedo en sus labios, lo miró a los ojos.

-Sabes que te amo. –dijo él.

-Sí, lo sé, y yo también te amo. –dijo ella. –Pero debes saber que esto que sentimos es peligroso.

-Lo sé, -dijo él. –Pero no importa a cuántos peligros tenga que enfrentarme para estar a tu lado, para tenerte, -la fue abrazando poco a poco, -para besarte, para amarte, mi luz, mi luna.

-Es nuestro amor, -dijo ella envolviéndose en su abrazo, -Un amor prohibido.

Y con eso ambos unieron sus labios, en un beso lleno de amor.

Se sentían tan a gusto que Selene no se dio cuenta en cierto momento que la cadena de mithril en su cuello se soltó, cayó al suelo y ahí se quedó.

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Una hora después Selene llegó a Gondor.

-¿Dónde estabas? –preguntó Elrohir en cuanto la vio.

-Estuve analizando los alrededores del lugar de la batalla, para asegurarme que no habían quedado trampas ni enemigos. –mintió Selene con calma.

Le dolía mentirle a su hermano, pero no podía decirle la verdad.

-Sabes que no debes salir sola, es peligroso. –dijo Elrohir.

-Sé cuidarme sola. –replicó Selene con orgullo. –Y...

-Y yo estaba cerca de ella. –interrumpió Aerandir llegando. –Fue idea mía que revisáramos el lugar antes de regresar.

Elrohir asintió y se retiró.

-Gracias. –dijo Selene en voz baja.

-No fue nada. –dijo Aerandir. –Pero no lo vuelvas a hacer.

-¿Tú sabes...? –comenzó ella.

-Claro que sé dónde estabas. –dijo Aerandir con calma. –Por eso te digo que no lo vuelvas a hacer. No siempre podré estar ahí para ayudarlos.

Selene asintió y fue al Comedor a cenar.

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La cena transcurrió normalmente, hasta cierto momento en qué.

-Hija, -llamó Elrond. -¿Dónde está tu collar?

-¿Eh? –murmuró Selene confundida.

Se llevó una mano al cuello, y fue entonces que notó la falta de su collar.

"Se me debió caer en la cueva." Pensó ella.

-Seguramente lo perdí en la batalla. –dijo Selene apenada. –Lo siento mucho padre.

Elrond suspiró. Sospechaba que su hija no estaba diciendo toda la verdad, pero no estaba seguro y, al menos por el momento, prefería darle el beneficio de la duda.

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-¿Qué hacen ustedes dos? –preguntó Aerandir.

Iba entrando a la habitación de Selene, quien obviamente no se hallaba sola.

Corría el mes de Febrero del año 3434. Había pasado el tiempo y Aerandir había empezado a confiar en Gothmog. De hecho, este último podía entrar en el palacio como perro por su casa y nadie lo molestaba.

-Gothmog me esta enseñando los planos del último ataque de Sauron. –contestó Selene

-Que bonito. –dijo Aerandir mirando por encima del hombro de Selene. –Déjame adivinar. Lo planeaste tú.

-¿Tanto se nota? –preguntó Gothmog mirando el plano.

-Puedo reconocer tu estilo de pelea donde sea. –replicó Aerandir. –Y hablando de todo un poco, en la última batalla me golpeaste. Deberías tener más cuidado.

-¿Quién te manda a bajar la guardia? –dijo Gothmog encogiéndose los hombros. –Además el humillado fui yo, vencido por Lalie.

Dirigió una mirada tierna a Selene.

-Eso es por bajar la guardia por una par de ojos coquetos. –dijo Aerandir con burla.

-Sí, bueno, no tengo remedio. –admitió Gothmog con una amplia sonrisa. –Pero es mejor que me vaya, mi padre esta comenzando a desconfiar. Aunque creo que siempre desconfía así que es normal.

Así pues besó tiernamente a Selene, estrechó la mano de Aerendir y salió tranquilamente de la habitación.

Selene miró a Aerandir con picardía.

-Te agrada ¿Verdad? –dijo ella sonriendo.

-Bueno, tengo que admitirlo, no es lo que parece. –Repuso Aerandir.

En ese momento un cuerno empezó a sonar en los pisos inferiores del castillo.

-¿Que pasa? –preguntó Selene asomándose al balcón.

-El Guardián Feanáro ha dado la alarma. Sintió la presencia de un jinete negro en el castillo. –le dijo un guardia que pasaba por allí. –Permanezca en su habitación majestad.

-Gothmog... –murmuró Selene con preocupación.

-Iré a ver. –dijo Aerandir saliendo de la habitación.

Selene podía oír con preocupación todo el barullo del castillo.

Finalmente la puerta se abrió y entró Gothmog.

Cerró la puerta y apoyó un diván en ella.

-Lo siento señorita. –dijo acercándose a Selene y besándola en la frente. –Pero me temo que tengo que escapar

Se acercó al balcón.

Alguien trató de abrir la puerta y al no conseguirlo gritó.

-Selene, ¿Te encuentras bien? –Era la voz de Wilwarin.

-Apártate. –se escuchó la voz de Feanáro

-Tienes que irte ahora. –dijo Selene empujando a Gothmog por el balcón.

-Tus deseos son órdenes. –dijo él lanzándose por el balcón.

No era que estuviera muy alto. Para un Balrog un tercer piso no era nada.

La puerta se rompió con estruendo

-¿Te encuentras bien? Gracias a Éru. –dijo Wilwarin entrando por la puerta semi-destrozada.

-Ahí va. –dijo Feanáro señalando a Gothmog que escapaba por los jardines del palacio.

Feanaro tomó su báculo y apuntando a Gothmog hizo un disparo.

-¡¡No!! –gritó Selene mientras desviaba el báculo hacia el techo haciendo que Feanáro fallara el tiro.

-¿Estas loca? –preguntó Feanáro molesto. –Ya lo teníamos.

En ese momento entraba Aerandir por la puerta.

Selene no respondió.

-Así fue como entró. Tú lo ayudaste a entrar. –aventuró Feanáro asombrado ante la mera posibilidad.

Selene siguió sin responder, lo que le dio la razón a Feanáro.

-Que esto no salga de esta habitación. –indicó Feanáro con furia. –Iremos inmediatamente a informar a Elrond.

Selene suspiró con aire derrotado.

Aerandir la miró en silencio.

Ambos temían que esto pasaría algún día.

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-¿En que estabas pensando dejando entrar a ese monstruo al castillo? –dijo Elrond hecho una verdadera furia.

-Él no es peligroso padre. –dijo Selene también irritada. –Hace meses que me ha estado informando de los movimientos de Sauron.

-¡¿Meses?! –exclamaron sus hermanos.

-Sigue siendo un demonio. –replicó Elrond. –No son de confianza.

-Lo vas a juzgas por su raza tal como lo haces con los enanos. –dijo Selene aún más molesta si es posible.

-No es lo mismo. –dijo Elrond. –Sauron también usó el truco de hacerse nuestro amigo y termino destruyendo todo un imperio.

-¿Y lo vas a juzgar por lo que hizo su padre? –preguntó Selene cruzándose de brazos.

-Fue criado para odiarnos. –le recordó Elrond. –Si vuelve a venir aquí, ordenaré que le corten la cabeza.

-¡Pero es que yo lo amo! –soltó Selene sin pensarlo.

Un silencio sepulcral invadió la habitación tras éstas palabras.

-Hija mía, tú no estás enamorada de él. Sólo estás confundida. –dijo Celebriant, su madre, con comprensión.

-No lo entiendes madre, él no es lo que ustedes creen. Es una buena persona. –dijo Selene en tono de súplica.

Y en verdad ella suplicaba mentalmente porque alguien le creyera.

-El amor puede cegar a las personas. –dijo Arwen entrando en la discusión también. –Tienes que entenderlo…

-No estoy ciega. ¿Crees que me hubiera enamorado de él si no fuera una buena persona? –preguntó Selene a su hermana.

Al ver que nadie decía nada, ella misma continuó.

-Él nunca me ha lastimado. Me ayudó a escapar de Mordor. Y se ha estado arriesgando mucho, por mí, por todos nosotros, al venir aquí y avisarnos de los ataques de Sauron. –siguió diciendo Selene.

-¡Basta! –interrumpió Elrond con enojo.

Todos voltearon a verlo.

-Desde este mismo instante dejarás de cumplir tus obligaciones como Guardiana. –sentenció él. –No volverás a ver a ese monstruo, ni saldrás del castillo sin una escolta. Y nadie aparte de los presentes sabrá jamás de eso. ¿Entendido?

Elrond la miró fijamente, esperando una respuesta de su parte.

Selene sostuvo la mirada de su padre, algo que nadie lograba hacer sin bajar su cabeza. Pero ella no bajó su cabeza, hasta que Elrond tuvo que bajarla él mismo.

Entonces ella simplemente le dio la espalda y caminó con orgullo hasta su habitación. Y una vez ahí Selene se tiró en la cama y se soltó a llorar.

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Los siguientes dos meses Selene los pasó encerrada en su habitación, había sellado la puerta con un hechizo que pocos podían romper.

Ignoraba a sus padres, hermanos y amigos cuando éstos entraban, pues todos ellos pretendían hacerla cambiar de parecer, pero ninguno la entendía.

Aerandir era el único con el que Selene aceptaba hablar, pues sabía que él si la entendía y la consolaba. Él nunca trató de convencerla para que se olvidara de Gothmog, pues sabía que no era posible. Y con él Selene podía hablar abiertamente de todo lo que sentía, pues sabía que Aerandir nunca la juzgaría.

Nota: Aquí termina el relato de lo ocurrido en el año 3434 de la Segunda Edad del Sol.