Capítulo 6.- Otra Vida para Amar

Las lágrimas aún se derramaban por el rostro de Arwen mientras ella terminaba el relato.

-¿Pero qué ocurrió después? –preguntó Aragorn.

Él sabía que la historia aún no terminaba, debía haber algo más, y probablemente era eso lo que ponía triste a su esposa.

-Después... –murmuró Arwen. –Durante dos meses Selene se alejó de nosotros, encerrada en su habitación. Las pocas veces que mi madre o yo lográbamos entrar era inútil porque ella no nos hacía caso. Pero recuerdo algo que me dijo un día, la única vez que me dirigió la palabra, dijo: "Algún día tú te vas a enamorar hermana, y entonces entenderás lo que yo siento ahora". En ese momento me pareció que ella estaba loca, era ilógico que ella realmente se hubiera enamorado, aún era muy joven, más joven que yo. –suspira. –Pero tuvo toda la razón. Cuando yo te conocí, me enamoré de ti, y me di cuenta que al igual que ella en ese momento, yo estaba dispuesta a renunciar a todo por estar a tu lado.

Aragorn permanecía en silencio.

No olvidaba a todo lo que su amada Arwen había renunciado por estar con él: su gente, sus amigos, su familia, su hogar, su inmortalidad. Pero, ¿A qué había renunciado Selene?

Arwen se puso de pie y entró a la habitación, abrió un armario y sacó un cofre, abrió el cofre y sacó de él un libro, tenía las páginas amarillentas, se notaba que era viejo. Con el libro en las manos Arwen volvió al balcón con Aragorn.

-Éste es el diario de Aerandir. –explicó Arwen.

Al abrirlo se pudieron ver muchas hojas escritas a mano.

-Aerandir me lo dio días antes de partir al Sitio de Barad-dur, donde murió, al igual que los otros Guardianes. –dijo Arwen.

Lentamente ella fue pasando las páginas.

-Fue hasta que leí este diario que realmente entendí todo lo que le había pasado a mi hermana. –dijo Arwen. –Como Aerandir siempre la había ayudado, apoyado, en cambio yo que era su hermana, me esforcé más en tratar de que simplemente olvidara todo. –sonríe tristemente. –Si he de saber yo que un verdadero amor nunca se olvida.

Finalmente Arwen se detuvo en una de las últimas páginas del diario. Estaba manchado, y la tinta corrida en algunos sitios, parecía que alguien había llorado mientras lo escribía o leía.

-Esto Aerandir lo escribió el 14 de Mayo del 3434, un año después del secuestro de Selene. Y tres meses después de que nuestro padre le prohibiera volver a Gothmog y en respuesta ella se encerrara en su habitación. –explicó Arwen. –Ese día en Gondor celebraron un baile, para tratar de animar al pueblo, y de despedida para mi madre, Selene y yo, que nos marchábamos de regreso a Imladris, mientras otros se iban a la guerra.

Arwen empezó a leer lo que estaba escrito en el diario:

Las cosas sucedieron demasiado rápido. ¿Cómo llegamos a ésta situación?

Todo comenzó ayer. ¿Por qué lo ayudé a entrar en el palacio? Sabía que si lo encontraban lo matarían. Pero ahora yo también tenía debilidad por el demonio

Así fue como introduje a Gothmog en la fiesta de máscaras.

Le advertí que no debía llamar demasiado la atención. Pero él necesitaba hablar con ella, y yo dejé que ambos bailaran. Después de todo no era extraño que Selene bailara con cualquiera que se lo pidiera. Siempre fue muy sociable.

Pero debí haber imaginado que esto pasaría.

Cuando uno está enamorado puede cometer errores fatales, y eso fue lo que pasó. Se besaron...

Elrohir no necesitó pensar mucho para saber quien era el hombre enmascarado. Lo agarró por el cuello y lo golpeó con fuerza, puesto que no tenía arma.

Entonces yo también me dejé llevar por mi tonta admiración por el Balrog. Le quité de encima a Elrohir y le di un puñetazo al hijo del Elrond.

Sólo a mi se me ocurre tal cosa.

-Si lo quieres tendrás que pasar sobre mí. –dije yo defendiendo a Gothmog.

Gothmog trataba de disuadirme de defenderlo.

"Demasiado noble para ser un demonio." Pensé.

-Tú también eres parte de esto. –me dijo Elrohir con tono acusador.

-Sí, lo soy, y no me arrepiento. –le respondí

Poco después varios soldados nos rodeaban. Se acercaron y sujetaron a Gothmog con fuerza, él ni siquiera puso resistencia.

Selene de inmediato trató de pasar a los guardias para llegar con Gothmog, y lo consiguió.

Se abrazó a él con todas sus fuerzas.

-Princesa... –murmuraron los presentes.

-Déjenlo. –dijo Selene con firmeza.

-Selene... –murmuró Gothmog. –No hagas esto. Harás enojar a tus padres. Déjame.

-No, no te dejaré. –se negó Selene con un sollozo. –Si te suelto te llevarán y te matarán.

-No le temo a la muerte. –dijo Gothmog, alzó el rostro de ella, la miraba dulcemente, una mirada que nunca nadie había visto antes en el hijo de Sauron. –Desde la primera vez que te besé supe que esto terminaría así.

-No, no quiero, no quiero perderte. –insistía Selene.

-Nunca me perderás. –dijo Gothmog con calma. Señaló el corazón de Selene. –Siempre estaré aquí.

Todo era tan tierno, tan romántico...

-Selene suéltalo. –ordenó Elrond acercándose.

-No padre. –se opuso Selene. –Yo lo amo.

Ésta afirmación dejó a todos los presentes con la boca abierta, pues ellos creían imposible que la hija de Elrond estuviera enamorada del hijo de Sauron.

Elrond hizo oídos sordos a lo dicho por su hija y se acercó para jalarla, alejándola de Gothmog.

Selene luchó con todas sus fuerzas, sosteniéndose a su mano con todas sus energías. Pero finalmente fue separada de él.

Sus miradas son algo que yo nunca olvidaré.

La de Selene de una pena y dolor absolutos, que llegaban hasta lo más hondo de su alma.

Y la de Gothmog de resignación, como él bien dijo, no le temía a esa muerte, incluso la esperaba, pues desde la primera vez que la besó supo que pagaría caro por ese amor.

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Por el balcón, justo debajo de nosotros podíamos ver a Gothmog de pie ante la multitud que lo abucheaba.

Selene sollozaba junto a mí y yo no sabía que decirle para reconfortarla.

Gothmog dirigió una última mirada llena de tristeza, pero tranquila. Una última sonrisa melancólica antes de inclinar la cabeza.

Nuevamente Selene trató de desembarazarse de los guardias que la detenían y yo hice lo mismo.

Ella incluso comenzó a hacer uso de todos los hechizos que conocía como Guardiana, pero finalmente fue detenida por Feanaro.

Yo traté de ayudarla pero todo fue en vano.

-¡¡NO!! –gritó Selene con desesperación.

El hacha silba sobre su cabeza ante nuestra mirada.

Y Selene cae en mis brazos.

Y yo me quedo ahí, con su frágil cuerpo en mis brazos. Frío, ya no se mueve, no respira, y su corazón ha dejado de latir.

Los guardias corren de un lado a otro buscando un médico.

-Se ha desmayado. –dicen.

Y los demás invitados se conforman sólo con observar. Y yo me conformo con sostenerla, no hay nada que pueda hacer.

La miro, se ve tan tranquila, parece como si durmiera, finalmente en paz, pero no es así, yo sé que no es así.

Dirijo mi mirada hacia fuera, y no puedo evitar derramar algunas lágrimas al ver su cuerpo decapitado.

La gente vitorea con alegría la muerte del hijo de Sauron, y yo todo lo que puedo hacer es llorar por él y sentirme culpable.

Debí haberlo ayudado. Debí haberlo defendido desde el primer momento, cuando Selene confesó que lo amaba. Pero tuve miedo. Miedo de desobedecer.

Yo los traicione, a ambos.

Yo me prometí a mi mismo que los cuidaría. A ambos.

Y ahora están muertos.

Llegó el médico. Pero yo sabía la verdad

Elrohir y Elladan entraron en este momento.

Elrohir está enojado. Ha estado así desde hace tiempo. Pero al ver a su hermana en mis brazos queda paralizado.

Ahora ambos tendrán que cargar con la culpa al igual que yo.

Nosotros la matamos, al matar a Gothmog. Matamos a dos personas inocentes por no querer escuchar.

La multitud grita de felicidad.

Gothmog ha muerto y con él, la mejor de los Guardianes, mi amiga, mi hermana.

Selene está muerta. Murió de tristeza en el mismo instante en que la cabeza de Gothmog cayó.

Tal vez ahora, ambos puedan descansar en paz.

Arwen dejó caer el diario a la vez que sus ojos comenzaban a derramar lágrimas con mayor abundancia que antes.

Aragorn la abrazó con fuerza, no sabía que decir.

Y era que simplemente, no había que decir, sólo podía estar ahí y apoyarla. Aunque ahora finalmente sabía por qué Arwen sufría tanto, y por qué no había soportado ver lo ocurrido con su hija.

"Isil..." Pensó Aragorn mientras abrazaba a Arwen.

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Isil y Dúath permanecieron inmóviles por algunos instantes después de terminar de escuchar lo dicho por Arwen.

-Eso es cierto... –murmuró Isil. –Yo lo recuerdo.

Ella se giró para quedar frente a frente con Dúath. Él la miraba con una melancolía que ella recordaba.

-Esa mirada... –murmuró ella.

-Y tus lágrimas. –dijo él con una mano en el rostro de ella.

-Mi único y verdadero amor... –murmuró ella en un suspiro, casi con miedo. –Gothmog.

-Mi princesa, mi luz, mi luna... –murmuró Dúath de vuelta. –Mi amada Selene.

Ambos se abrazaron con fuerza y se besaron con pasión, mientras por su mente pasaban los recuerdos de toda una vida.

-Selene...Gothmog... –sonó una voz en sus mentes.

Ambos se separaron, y escucharon atentamente.

-Las estrellas y los espíritus de Arda, testigos de su infinito amor, han intercedido por ustedes ante la Corte de los Valares. –dijo la voz. –Y les han concedido ésta nueva oportunidad. Pero deberán saber que no durará para siempre. Dentro de unos años se les presentará una prueba, que marcará el final de ésta oportunidad. Entonces llegará su momento de ser juzgados, y la Corte de los Valares decidirá su destino final.

-Gracias. –dijeron ambos.

La presencia se esfumó del aire.

-Destino final... –murmuró Dúath con preocupación.

-No te desesperes, todo saldrá bien. –dijo Isil. –Lo importante es que tenemos la oportunidad de estar juntos.

-No quiero que te pase nada malo. –dijo Dúath abrazándola tiernamente.

-Nada malo nos sucederá, no te preocupes. –dijo ella pasando una mano por el rostro de él. –No importa lo que nos depare el futuro, estando a tu lado no le temo a nada.

-Te prometo que pase lo que pase siempre te protegeré. –dijo Dúath.

-Y yo te prometo que sin importar los obstáculos siempre estaré a tu lado, te seguiré hasta el fin del mundo. –dijo ella con devoción.

-Pero tu padre, tu pueblo... –dijo Gothmog con duda.

-Lo dije y lo repito: renuncio a mi corona, a mi título, a mi propia vida por estar a tu lado. –dijo Isil mientras se quitaba la tiara dorada de la cabeza y la dejaba a un lado.

Dúath se sintió conmovido por lo que ella hacía por estar con él.

Isil tomó papel, pluma y tinta y escribió una carta, la cual dejó debajo de la corona.

En el momento que ella soltó la pluma sintió las manos de Dúath en su cuello.

-¿Qué pasa? –preguntó ella.

-Esto es tuyo, mi querida luz de luna. –dijo Dúath.

Isil se miró en el espejo, Dúath le acababa de abrochar la cadena de mithril con la luna creciente.

-La misma que perdí ese día en la cueva. –dijo ella con una mano en el collar.

-Y ahí seguía, en la cueva. –dijo Dúath. –La vi hace un rato, cuando ésta se derrumbó.

Ambos permanecieron ahí, frente al espejo, Dúath detrás de Isil, abrazándola.

Entonces a Dúath se le ocurrió algo e hizo unos rápidos trazos en una segunda hoja y la dejó junto a la hoja donde Isil había escrito la carta.

-Hay cosas que nunca cambian... –murmuró Isil viendo la hoja.

Dúath le sonrió y la besó brevemente en los labios.

-Será mejor irnos antes que alguien nos descubra en pleno escape. –dijo Isil.

Abrió su armario y sacó un par de capas élficas, que dejara su abuela Galadriel antes de partir a Aman.

-Esto me recuerda a aquella vez en que te escapaste Mordor. –dijo Dúath con una tierna sonrisa que se asemejaba a la de su anterior encarnación.

Isil asintió a la vez que apartaba un tapiz en una de las paredes y revelaba una pequeña puerta.

-Sí, -dijo Isil –Con tu ayuda salí de Mordor. Y con mi ayuda y un poco de suerte podremos abandonar Gondor sin ser notados.

Dúath tomó su mano y la siguió.

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Ambos corrieron por todo lo largo del pasadizo y salieron en un pasillo en la parte más alejada del castillo.

Una vez en el pasillo siguieron corriendo. Y reían.

-En verdad hay cosas que nunca cambian. –dijo Dúath.

-¿Por qué lo dices? –preguntó Isil deteniéndose por un momento.

-Tu risa. –dijo Dúath. –Sigue siendo tan encantadora como la primera vez que la escuché.

-Pues tú ya no tienes el mal humor que tenías aquella vez. –dijo Isil con una sonrisa traviesa.

-Todo fue gracias a ti, y a todo tu amor. –dijo Dúath.

Y antes que Isil pudiera replicar algo más él cubrió su boca con un beso.

Lo que ninguno de los dos notó, mientras se besaban, era que justo detrás de ellos había un cuadro, pintado por el famoso elfo Duilinher. Se titulaba "La Derrota de Gothmog el Terrible por la Guardiana Lalie." Y en él se veía a la Guardiana de túnica blanca apuntando con una espada al cuello del hijo de Sauron.

-Debemos irnos ya. –dijo Isil cuando ambos rompieron el beso a falta de aire.

-De acuerdo. –dijo él, la tomó del brazo y salió corriendo.

-Parece que conoces éste castillo tan bien como yo. –comentó Isil cuando dieron vuelta en una bifurcación.

-Nos escapamos de Pippin juntos durante diez años. –replicó Dúath. –Creo que he aprendido algo.

De pronto llegaron a una terraza, estaban a dos pisos de altura, abajo había una calle de la ciudadela que por el momento se encontraba vacía.

-Parece que esta vez te falló. –comentó Isil.

-No realmente. –dijo Dúath con sonrisa pícara.

-¿Qué estás planeando? –preguntó Isil con duda.

Dúath sonrió a la vez que la alzó en vilo y la sostuvo fuertemente.

-¿Estás loco? –exclamó ella divertida. -¡Bájame!

Pero en vez de eso él camino hasta la orilla del balcón. Y saltó.

-¡Ah! –gritó Isil, entre divertida y asustada.

-Ahora sí mi princesa. –dijo Dúath dejándola en el suelo. –Podemos irnos.

Isil quiso decir algo, pero estaba demasiado feliz para reclamar nada. Sólo se rió y salió corriendo con Dúath junto a ella.

Se les notaba, eran felices, y estaban enamorados.

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Minutos después Arwen abrió la habitación a la recámara de su hija, Aragorn iba detrás de ella.

-¿Dónde está? –preguntó Aragorn asomándose por el balcón.

-Se ha ido, con él. –dijo Arwen notando la carta.

-¡¿Qué?! –exclamó Aragorn.

Arwen sostuvo la carta, lágrimas cayendo de sus ojos, pero éstas no eran de tristeza, sino de comprensión y de felicidad.

Papá, discúlpame por marcharme así, pero temí que de esperar más tiempo no me atrevería. Mamá, tú debes recordar que Aerandir siempre decía: 'Cuando desees hacer algo no te detengas a reflexionar, sólo hazlo.' Y he decidido seguir su consejo. Quizá algún día me arrepienta de no poder pasar éste tiempo contigo y papá, pero no me arrepentiré de pasarlo con él, es el hombre que amo, y con el que iría hasta el fin del mundo. No puedo vivir sin él, y tú bien lo sabes. Quizá algún día nos volvamos a encontrar, antes de que nos toque partir, y entonces podré mirar atrás y decir que no me arrepiento de haber cambiado mi decisión...por amor. Amor, una palabra tan fácil de pronunciar, pero tan difícil de explicar, sólo aquellos que se han enamorado pueden entender lo que significa. No te preocupes que yo estaré bien, él nunca me hará daño. Y tú y papá no estén tristes, que pronto tendrán a otra persona para amar.

Namárie (Adiós)

Mi Madre...Hermana.

Aragorn estaba boquiabierto, lo que había sucedido, le era tan difícil de creer. Él no quería renunciar a su hija, sentía que era demasiado pronto. Pero ahora lo único que podía hacer era desear lo mejor para ella y su enamorado.

-Espero que ésta vez sí puedas ser feliz. –suspiró Arwen. –Selene...

Y mientras tanto, en el tocador, junto a la carta, se veía un dibujo en donde se veía el marco del espejo de la habitación con la imagen de Isil y Dúath abrazados.

Isil y Dúath...

Selene y Gothmog...

Fin

Nota final: No soy dueña de "El Señor de los Anillos", los personajes de Aragorn, Arwen, Elrond, los gemelos y cualquier otro que ustedes conozcan y que ha sido usado para este fic, fueron creados por J. R. R. Tolkien (Q.E.P.D). Ésta historia fue creada sin fines de lucro así que por favor no me demanden. Aé que los hijos de Elrond nacieron hasta la 3ra Edad, aunque para ésta historia yo los pongo que nacieron mucho antes. Los personajes de Selene, Gothmog, Aerandir, Feanaro, Wilwarin y Agarwaen, así como la historia de ellos fue todo creado por mi amiga Natalie para un fic llamado "Los Quendy" (de Card Captor Sakura con alusiones a "El Señor de los Anillos") y me permitió usarlos en ésta historia. Isil, Dúath, la historia entre ellos, así como unas pequeñas partes de la de Gothmog y Selene si son mías, de Lalaith.

Eso es todo, espero que les haya gustado la historia.

P.D. Si se preguntan por qué no hay epílogo es porque quizá haga una secuela, todo es posible.