Disclaimer: el mundo mágico y sus personajes no me pertenecen, tampoco gano dinero escribiendo esto, solo dolor y sufrimiento.

Advertencias: Relación ChicoxChico. Slow Burn. Angst. Enemies to Lovers. Hurt/Comfort. Uso de drogas en menores. Homofobia, mucha homofobia. Un mundo mágico lgbtfóbico. Mención de suicidio. Depresión. Albus Potter es un mal amigo. Si cualquiera de estos temas te incomoda, te invito a buscar otra historia. En esta se va a sufrir mucho...

EN ESTE CAPÍTULO SE HACE ALUSIÓN AL ABUSO SEXUAL, POR FAVOR, LEAN BAJO SU RESPOSABILIDAD. Sé que no lo puse en las etiquetas, porque NO es algo explícito, pero sí puede ser incómodo para algunas personas y prefiero hacer el TW

Pareja: Es un slow burn, así que esto pasará muuuuucho después, pero pongo de inmediato que la pareja es James Sirius Potter con Scorpius Malfoy

Nota de la autora: Me costó escribir este capítulo, por eso la demora... y bueno, este capítulo es bastante largo.
La verdad es que entré a clases y tengo menos tiempo, así que ya no actualizaré todas las semanas, sino que cada dos, para así poder alcanzar con toda mi agenda :') Así que nos vemos en dos lunes más uwu

Sin más que decir, les dejo el capítulo. ¡Disfruten la lectura!


Capítulo 33: Teddy y Victoire

Una vez, jugando con Helios y Juno, me caí de un árbol y me rompí la muñeca. No lloré ni le dije a nadie, continué como si no me doliera. Recuerdo que la mano se me hinchó y se puso morada, pero seguía sin atreverme a mencionárselo a alguien. Nunca supe cómo mamá lo descubrió, pero recuerdo lo mal que me sentí cuando vi su expresión culpable mientras me curaba.

Tal como había dicho James, ni Teddy ni su prometida dijeron algo por la presencia del Gryffindor en el aniversario. Mi padre tampoco me preguntó por el perro y así la vida siguió su curso.

Para finales de julio se celebró la boda entre Teddy y Victoire. Una ceremonia sencilla que tenía como invitados a la familia y amigos de la pareja. La habían celebrado en la Madriguera por pedido de la señora Weasley. Mi padre no estaba muy cómodo en un terreno de leones, pero de todas maneras decidió quedarse durante todo el evento.

Lo mejor de todo era que después de la fiesta yo me iría con los Potter a pasar un par de semanas con ellos. Incluso con lo tensa que había quedado mi relación con Albus, estar con él era mucho mejor que aguantar a mis abuelos.

—Si Scorpius va a estar en la casa de Ginny, tú puedes venir conmigo a Rusia, Draco —ofreció Luna Scamander.

Estábamos ya en la cena.

La mayoría ya había terminado y se había acercado a la pista de baile. Mi padre y yo nos habíamos quedado en nuestra mesa, charlando con la tía Andromeda y la extraña magizoóloga.

—Agradezco la invitación, pero tengo muchas cosas que hacer en Inglaterra, Luna.

—Oh, vamos, ¡Scorpius estará bien! Solo estarás a un trasladador de distancia. No hay necesidad de ser tan sobreprotector.

—No es por Scorpius que rechazo tu invitación.

—¿No? —la bruja soltó una risa cantarina—. Creo que te haría bien cambiar de aires.

Luna Scamander me sonrió y yo le devolví el gesto. Aproveché de levantarme e ir a buscar a Albus. Si bien todos sabían que éramos mejores amigos, el señor Potter y mi padre seguían sin llevarse bien. Cualquiera habría pensado que se harían amigos cuando pasó todo lo del giratiempos, pero no. Siempre todo era muy tenso alrededor de ellos y, en lo personal, me agotaba demasiado ese ambiente.

—¡Scorpius! —llamó mi padre—. Si vas a abandonarme, lo mínimo es que te despidas.

—¿Ves, Draco? —cuestionó Rolf Scamander—. Tu hijo ya quiere echarse a volar y tú insistes en mantenerlo a tu lado.

—Mi estimado sobrino, Scorpius es un buen chico y los Potter siempre han sido responsables. Merlín sabe que no habría permitido que Teddy se quedara con ellos cuando pequeño si no creyera que son capaces —agregó tía Andromeda.

Mi padre apretó los labios al verse acorralado. Yo había sido su único aliado, más que nada por mantenerme en silencio, pero ahora estaba completamente solo frente a una Slytherin, una Ravenclaw y un Hufflepuff.

—Supongo que no tengo opción —suspiró mi padre.

—Papá, todo estará bien, te prometo que no haré nada irresponsable.

Mi progenitor me observó con una ceja alzada y yo me obligué a sonreír. No tenía antecedentes muy buenos que me ayudaran con el argumento.

—¿Y ya quieres irte, verdad? —el pobre se masajeó las sienes—. Me quedaré solo un rato más, así que ven a despedirte de mí.

Mi padre se levantó y se dirigió hacia mí con los brazos abiertos. Las muestras de afecto físicas me eran incómodas, ambos las encontrábamos incómodas, pero podía hacer un esfuerzo si no lo vería por dos semanas. En especial si iba a hacer el esfuerzo de viajar, sabía que la señora Scamander llevaba varios meses intentando sacarlo de la mansión Malfoy sin mucho éxito. Me acerqué a él y lo abracé, quedándome unos segundos quieto.

—Por favor, bebe responsablemente —susurró mi progenitor—. Sé que quizás pueda ser emocionante no tener tanta vigilancia, pero recuerda que sigue siendo la boda de Teddy y Victoire. No hagas ninguna tontería.

—Soy menor de edad, papá —le recordé en el mismo volumen bajo.

—También fui joven, Scorpius —él se apartó de mí y me puso las manos en los hombros para hablar en un tono normal—. Recuerda que lo más importante es pasarla bien.

Sonreí incómodo. Tal vez mi padre se hacía una idea de lo que ocurría en Hogwarts, pero estaba seguro que nunca sospecharía qué tantas sustancias extrañas habían entrado a mi cuerpo y con qué tanta frecuencia.

—Aprovecha de huir antes de que tu padre cambie de opinión —bromeó la tía Andromeda.

—Tía, no confabules contra mí —mi padre me soltó y volvió a sentarse—. Recuerda que si pasa algo, puedes llamarme…

—Sí, sí, lo sabe, Draco —interrumpió la señora Scamander—. ¡Nos vemos, Scorpius!

Antes de que siguieran torturando a mi padre, me alejé de la mesa y fui a buscar a Albus. Podía ver a James y sus primos en la pista de baile, bebiendo, bailando y soltando risotadas alrededor de la pareja recién casada. También veía a Lily, quien estaba en una de las mesas hablando con los gemelos Scamander, parecía muy emocionada explicando algo. Pero no encontraba rastros de mi mejor amigo.

—¿Scorpius? —me interceptó Rose— ¿Podemos hablar un momento?

—¡Rose! Eh, claro… Es decir, estaba buscando a Albus, pero puedo hablar contigo, ¿qué pasa? ¿Necesitas algo? —solté rápidamente.

Luego de la fiesta, no habíamos vuelto a vernos. Rose me había mandado una carta al inicio de las vacaciones y desde ese momento habíamos mantenido el contacto. Ninguno mencionaba lo que había ocurrido en ese dormitorio, de los rumores que habían surgido a nuestro alrededor, ni mucho menos sobre Juno. Sabía que Rose estaba juntando valor para tener esa charla y yo esperaba que le tomara varios meses.

—¿Puede ser en privado? No quisiera que nos escucharan.

Me resigné a seguirla. Antes de poder dar un paso, alguien me agarró del brazo y me obligó a mantenerme quieto.

—Lo siento, Rose. Yo me hice amigo de Scorpius antes, tengo ciertos privilegios —mi mejor amigo le sonrió a su prima—. ¡Será para la otra!

Sin esperar una réplica, Albus me llevó fuera de la carpa mágica donde se realizaba el evento. La noche era fresca, aunque no llegaba a ser desagradable. A excepción de unas cuantas parejas, no había nadie, todos estaban metidos dentro de la fiesta. Miré a Albus dudoso, pero mi mejor amigo solo siguió caminando para llevarnos hacia el interior de la casa.

Entramos por la cocina, donde los utensilios se movían mágicamente para lavar, armar platos u ordenar. Ignoramos todo el jaleo y seguimos avanzando hacia las escaleras. Albus me llevó hasta el último piso sin decir nada y me obligó a meterme dentro de una habitación con dos camas individuales. Todo era de un naranja chillón y las paredes estaban repletas de antiguos jugadores de los Chudley Cannons. Era un dormitorio horrible.

—¿Vas a quedarte con nosotros, verdad? Nos espera una gran noche.

—¿Sí? —pregunté dudoso.

Albus me soltó y se metió bajo una de las camas para sacar una botella de whisky de fuego. Mientras se sentaba sobre la chillona colcha, la abrió y le dio un buen sorbo.

—¡Por Teddy y Victoire! —brindó.

Tomé la botella, riendo por lo bajo y copié el brindis para luego darle un buen sorbo.

—El alcohol tiene un hechizo para que no podamos tomarlo, pero logré robarme esta botella antes de que lo pusieran —explicó.

En vez de responder, reí y bebí un poco más. Aún no hablábamos sobre nuestra discusión y al parecer no era una conversación que íbamos a tener. Como buena parte de nuestros problemas, solo lo metimos bajo la alfombra.

Mientras nos pasábamos la botella, charlamos de cualquier estupidez. Más temprano que tarde llegamos a un estado de borrachera donde todo nos daba risa. Ambos nos habíamos sentado en una de las camas, apoyando nuestras espaldas contra la pared. Me sentía mareado y si miraba algo fijamente podía notar el mundo girar a mi alrededor.

—No sé, no me agrada mucho la idea de Juno —murmuró Albus—. ¿Tú qué piensas?

Apenas lograba procesar mis propios pensamientos, así que la pregunta de Albus me tomó desprevenido. No sabía a qué idea se refería.

—Todas sus ideas son malas, ella es mala —respondí, arrastrando las sílabas.

—Por suerte ya practicamos, no me sentiría bien si ella supiera que no tengo experiencia.

—¿Experiencia?

Traté de mirar a Albus y comprender lo que estaba diciendo. Era bastante difícil considerando mi estado. Mi mejor amigo también me miró, sus ojos se veían demasiado verdes y me olvidé de la conversación al tratar de concentrarme en las tonalidades del iris. Solo cuando mi mejor amigo giró su cuerpo hacia mí, volví a la realidad.

—También debes juntar experiencia —mencionó—. Rose fingirá ser buena, pero seguro es bien puta. A mí no me dicen porque es mi prima, pero he escuchado cómo hablan de ella.

—¿Qué? —pregunté, totalmente perdido.

—Que seguro sabe chuparla —Albus completó la frase con el movimiento de su mano contra su boca—. ¿Qué vas a hacer? Será humillante si te corres altiro.

Sentía que me había saltado una parte en nuestra conversación. Tampoco entendía por qué tanta agresividad hacia Rose, siempre había creído que Albus la toleraba, pero ahora parecía odiarla. Era cruel y frío con ella, y soltaba comentarios venenosos. Eso no había pasado antes.

—Sabes que con tu propia mano no cuenta, ¿no? —continuó él, tomando mi silencio como alguna respuesta—. Es diferente si lo hace otra persona.

—¿Diferente? —repetí estúpidamente.

—Sí. Y con la boca es mucho más… —Albus dio un buen sorbo a la botella para luego ponérmela contra los labios.

—¿Estás hablando de mamadas? —murmuré, apartando la botella.

No quise seguir bebiendo, sentía que ya estaba lo suficientemente alcoholizado como para no entender el rumbo de nuestra conversación. Me moví para dejar el whisky en la mesita de noche, pero mi andar de por sí torpe fue peor sobre el colchón. Derramé algo de bebida sobre la colcha y cuando traté de dejar la botella, la coloqué mal y cayó al suelo. Si bien no se rompió, el resto del contenido se derramó en el suelo y yo me quedé mirando el desastre que había hecho sin hacer nada.

—¿Todo bien?

—Sí, sí…

Me moví como pude para quedar recostado boca arriba. El techo se movía de forma vertiginosa y sentí unas horribles ganas de vomitar.

—Rose no puede tener tu primera vez, se burlará —siguió Albus.

Levanté la cabeza lo suficiente para verlo. Mi mejor amigo seguía sentado y me observaba con una expresión seria. Quise tranquilizarlo y decirle que sabía bastante del sexo porque llevaba haciendo varias cosas con un Gryffindor. Estuve a punto de confesarle mi mayor secreto, pero no tuve tiempo.

Albus se me acercó y se acomodó sobre mí, apoyando sus manos a los costados de mi cabeza. Lo miré confundido y abrí la boca para preguntar qué estaba pasando. Mi mejor amigo no me permitió decir nada, se inclinó hacia mí y juntó nuestras bocas. Mientras me besaba con agresividad, mi cerebro fue procesando lo que estaba ocurriendo. Apenas entendí, le di un empujón para apartarlo.

—No, espera… ¿Qué haces?

—No es tan diferente a lo del año pasado, Scorpius —susurró él, volviendo a besarme.

Traté de empujarlo de nuevo, pero Albus no me dejó mucho espacio para moverme. Me sujetó de las muñecas con tanta fuerza que pensé que me las rompería. Su rostro era una mezcla de enojo e indignación, como si yo fuera el que le estuviera haciendo algo y no al revés.

—Ya entiendo, ya lo hiciste con Rose, ¿verdad? En la última fiesta, cuando te quedaste con ella…

—¡No! —chillé—. Claro que no.

—No querías que ella tomara drogas porque te la chuparía mal, ¿verdad? —Albus negó con la cabeza—. ¿No sabes que las chicas lo hacen mejor ebrias y drogadas?

Sabía que Albus no me estaba escuchando, solo mantenía un monólogo. Pero de todas formas seguí tratando de razonar con él. Me estaba empezando a angustiar la sensación de claustrofobia y poco control que tenía. El chico se veía demasiado grande, fuerte y pesado encima mío.

—Eres mi mejor amigo, Scorpius —mi nombre sonó arrastrado, como si Albus tuviera problemas para pronunciarlo—. De nadie más, MI mejor amigo.

El nuevo beso fue incluso más agresivo que los anteriores, me mordió tan fuerte que me sacó sangre y luego bajó sus labios a mi cuello. Volví a agitarme, tratando de soltarme y quitármelo encima.

—¡Para! ¡No sigas! ¡Me duele!

En uno de mis movimientos logré sacar una pierna de debajo y cuando la moví para poder patearlo, su muslo se frotó contra mi entrepierna. Fue en ese momento que me di cuenta que, aunque yo me sentía ansioso e inseguro, mi cuerpo parecía estar reaccionando bien. Albus también lo notó, se apartó de mi cuello para verme y sentí sus ojos verdes acusándome.

Estaba siendo un hipócrita, quejándome cuando era claro que lo estaba disfrutando. Cerré fuerte los ojos y traté de no pensar. Podía sentir a mi mejor amigo moviéndose sobre mí, acercándose de nuevo a mi boca. Se me cruzó la imagen de Gabriel, del novio que siempre me preguntaba si algo se sentía bien y si podía continuar. Y ahora yo lo engañaba. Sentí un nudo en la garganta al darme cuenta de ese hecho. No quería ser infiel, pero lo estaba siendo.

De un momento a otro dejé de notar el peso de Albus encima y el alivio que sentí fue casi instantáneo. Lo primero que hice fue tratar de levantarme, pero me sentía demasiado débil, así que solo logré sentarme, opté por encoger las piernas y abrazarlas, para luego abrí los ojos con la intención de averiguar qué había ocurrido. Mi mejor amigo estaba de pie, doblado y vomitando en el suelo mientras que James lo sujetaba para que no cayera. Volví a cerrar los ojos, asqueado, y me apresuré a cubrirme los oídos. Si seguía escuchando como Albus vomitaba, yo también iba a devolver todo.

—¿Scorpius?

Alguien me obligó a apartar las manos de mis orejas y cuando abrí los ojos lo primero que vi fue el rostro de James abarcando todo mi campo de visión.

—¿Scorpius, estás bien?

Negué lentamente con la cabeza y traté de buscar a Albus con la mirada. La habitación tenía olor a limpio y los sonidos asquerosos se habían detenido. Mi mejor amigo estaba recostado de costado en la otra cama, durmiendo profundamente.

—Scorpius, mírame —volví a observar a James—. ¿Qué te hizo Al? ¿Te lastimó? ¿Te obligó a hacer algo?

No entendí la mitad de sus preguntas, solo lo observé en silencio. El Gryffindor me analizó mientras hablaba, deteniéndose primero en mi rostro, luego en mi cuello y, finalmente, en mis muñecas. También las observé, tenía los dedos de Albus marcados. Apreté los puños y volví a cerrar los ojos.

—Scorpius, si quieres que te acompañe a San Mungo o a la estación de aurores…

—¡No!

Aterrado, lo agarré de los brazos, impidiendo que se fuera o me llevara a cualquier sitio.

—Scorpius, entiendo que es Al, pero si te obligó…

—¡No! ¡Él no…! Es decir, sí… Pero no… yo… —respiré hondo para tragarme las lágrimas—. Me excité y engañé a Gabriel.

Decirlo en voz alta fue hacerlo real. No pude aguantar el sollozo que siguió a mi declaración. Solté a James y me hice bolita, tratando de mantener todo junto y entero dentro de mí.

—Oh, mierda —escuché a James—. Mierda, mierda… No puedes quedarte aquí…

Lo sentí moverse por la habitación y al siguiente momento me colocó una sudadera encima. Olía a verano, lo que me calmó un poco, pero no logró hacer que saliera de mi estado catatónico.

—Nos voy a aparecer.

James me obligó a levantarme y me abrazó con fuerza. Cuando nos aparecimos, noté de inmediato el cambio de ambiente. La temperatura era más baja, había olor a basura y el ruido cotidiano de la ciudad. El Gryffindor me rodeó con uno de sus brazos y me colocó la capucha del polerón, luego me hizo caminar para salir del callejón oscuro. Sabía que estábamos en Londres muggle, pero no sabía por qué ni cuál era nuestro destino. Tampoco me importaba demasiado.

Llegamos a un edificio que recordaba vagamente y me hizo ir hasta el ascensor. Cuando salimos al pasillo recordé que era el departamento de la primera fiesta muggle a la que había ido. James tocó la misma puerta que esa vez y a los pocos segundos la madera fue abierta por una chica con el cabello violeta.

—¿James? ¿Pasó algo?

La joven se movió para darnos espacio y James me obligó a entrar. Caminamos hacia lo que era la sala, solo que esta vez estaba iluminada y vacía de gente. Había un cuadro en el suelo, lleno de pintura y una especie de escultura, además de varias herramientas. No pude admirar demasiado porque fui obligado a sentarme en el sofá.

—¿Es Scorpius? ¿Hago té? —preguntó la muchacha, preocupada.

Volví a mirarla. Le faltaba el maquillaje y ahora estaba usando gafas, su ropa era mucho más simple, pero aún podía encontrar a la chica simpática que me había tenido paciencia y que me había dado alcohol y marihuana.

—Té está bien. ¿Me prestas tu laptop, Marina? Voy a hacer una llamada, ¿puedo?

—Claro, solo no me cierres nada. ¿A quién vas a llamar? ¿Los asaltaron? ¿Qué pasó con tu teléfono?

—Tranquila, no es nada de eso.

James tomó el cine portátil de la chica, se sentó a mi lado y comenzó a apretar las teclas. Por otro lado, Marina fue hacia la cocina. Me mantuve quieto y en silencio, intentando aguantar el llanto y mis pensamientos. Seguía sintiéndome mareado, pero el nivel de borrachera había bajado bastante. No me gustaba, prefería quedarme dormido pronto para olvidar todo lo que había pasado.

—Ten, cariño, ten cuidado con quemarte.

Marina regresó a los minutos y me dejó una taza entre las manos. Bajé la vista, incapaz de mirar a alguien, y me concentré en el té. Con mucho cuidado di un pequeño sorbo, el nudo en mi garganta no me dejaba tragar, pero me forcé a hacerlo. Era mucho mejor a quedarme como una estatua.

—Hey, ¿se me escucha? ¿Qué pasó? Perdón la mala iluminación, tuve que salir —se escuchó una voz desde el cine portátil.

Miré hacia al aparato asustado y vi en la pantalla el rostro de mi novio. Parecía que estaba en la calle bajo una farola, pero toda la imagen se veía bastante mal. Recordé las explicaciones sobre tecnología muggle, las videollamadas y la propuesta del Gryffindor de hacer una cuando estuviera en su casa. Observé horrorizado a James, él también me miró. Luego se concentró en el cine portátil, lo movió un poco y observé la imagen de Gabriel frente a mí.

—Estamos en Londres —comenzó James—. Para conseguir internet.

—Entiendo, acá también hay gente —mi novio pareció mirar algo que estaba más allá para luego volver a observarme a mí—. ¿Estás bien, Scorpius? ¿Qué pasó?

En vez de responder, volví a observar a James. Él trató de animarme a hablar, pero yo lo que menos quería era admitirle al chico del tren lo que había hecho. Negué con la cabeza y apreté la taza con fuerza. El nudo en mi garganta se hizo insoportable y mi visión se volvió borrosa por las lágrimas que se acumularon en mis ojos.

—Por favor, no… —susurré.

—Hoy era el matrimonio de Teddy, el primo lejano de Scorpius, con mi prima Victoire. Se supone que los menores no iban a poder tomar alcohol, pero Al consiguió hacerse con una botella —empezó a explicar.

—Por favor, James, por favor… —seguí, sintiendo que las lágrimas se deslizaban por mis mejillas.

—¿Scorpius se emborrachó y pasó algo? —preguntó tentativamente mi novio.

Sentí un vacío en mi estómago y bajé la cabeza. Los sollozos hicieron que mis hombros temblaran.

Odiaba a James, odiaba que me pusiera en esa posición.

—Sí, verás, yo estaba…

—¡Ya! —le grité a James, quien se sobresaltó—. Lo diré, ¿bien? ¡Lo diré!

En la pantalla mi novio estaba en silencio, sabía que estaba escuchando porque yo podía escuchar los ruidos del lugar en el que estaba. Respiré hondo y me obligué a usar esa porción de valentía que tenía escondida y que rara vez salía a luz.

—Lo siento, la cagué, no quería… No lo pensé… —mi voz tembló y tuve que respirar hondo varias veces para sobreponerme al llanto, no resultó del todo bien así que tuve que hablar rápido—: Perdón, Gabriel, te fui infiel.

Sentí que por varios minutos la imagen de mi novio se mantuvo estática, teniendo pequeños movimientos en sus manos o labios como si fuera una fotografía mágica. Sabía que ahora iba a terminar conmigo y odiaba a James por eso. Con cada segundo que pasaba sentía más náuseas. Aunque tal vez era porque no podía dejar de llorar y la cabeza empezaba a dolerme.

—Entiendo —dijo al fin—. Entiendo que ni tú ni James querían hacerme eso a mí, que fue el alcohol, pero…

—¿De qué hablas? —interrumpió James—. No, espera, has entendido mal. ¡Carajo! Scorpius no te fue infiel, mi hermano lo obligó a besuquearse y a saber qué más y necesito que lo convenzas de que vaya al hospital o la policía. ¡Mira! No sé si se vea, pero, mira.

James me tomó la mano bruscamente y la taza se me cayó. Marina se apresuró a recogerla y limpiar el suelo, pero ninguno de nosotros dos le prestó atención. El Gryffindor me subió la manga del polerón y señaló mi muñeca, con el paso de los minutos los dedos de Albus se notaban más, iba a quedar un hematoma si no me curaba eso.

—¡No es así! ¡Albus no me obligó! —recuperé mi mano con brusquedad—. Yo quería… Yo… Lo siento, Gabriel, lo estaba disfrutando, me excité y… y yo… perdón…

—¡Por las bragas de Morgana! ¡Scorpius! ¡Eso no quita el hecho de que Al te obligó! —me gritó James.

—Tranquilo, Scorpius, respira —dijo al mismo tiempo Gabriel—. No te culpo de nada.

Me sentí abrumado.

De repente todo lo sucedido en aquella habitación se reprodujo en mi cabeza. Las voces de James y Gabriel empezaron a sonar fuertes y distorsionadas. Y las náuseas aumentaron. No pude seguir reprimiendo el llanto y mientras seguía disculpándome, las lágrimas y los mocos me mojaban toda la cara. Era tan difícil respirar, pero no podía concentrarme en el miedo que me causaba eso, porque estaba demasiado ocupado pidiendo perdón.

—¡Ya basta! ¡Lo agobian!

Marina se sentó al otro lado mío y me envolvió con sus brazos, acariciándome la cabeza con delicadeza. Su voz sonó clara por sobre todos los otros sonidos y me concentré en seguir escuchándola. Poco a poco me fui calmando con sus instrucciones, el miedo a morir se fue, aunque no así el nudo que tenía en mi garganta.

—¿Estás mejor? —preguntó ella dulcemente.

Negué con la cabeza.

—Novio de Scorpius, ¿puedes repetirle lo que dijiste? Sobre su disculpa.

—Sí, claro. Scorpius, mira hacia acá… —giré la cabeza, aún abrazado a Marina, y observé la pantalla, era difícil descifrar la expresión que tenía mi novio—. Lo que pasó no es tu culpa, fue una reacción natural, bebiste alcohol y no entendías qué pasaba, ¿verdad? No cuenta como infidelidad, ¿bien? No estoy enojado contigo ni vamos a terminar ni nada. Seguimos estando juntos, ¿entiendes, Scorpius?

—¿No cuenta como infidelidad? —pregunté con la voz ronca.

—No, así que deja de disculparte, no hiciste nada malo.

Asentí y tomé los pañuelos desechables que me entregó Marina para limpiarme el rostro. James nos observó molesto, le entregó el cine portátil a la chica para luego levantarse y empezar a pasearse de un lado a otro.

—¡No se puede quedar así! —empezó a quejarse, indignado—. ¡Albus hizo algo malo! ¡Scorpius tiene que…!

—¡Cállate, James! —lo cortó Marina.

—¡No estabas allí! ¡Vi lo que Al estaba haciendo!

Me cubrí las orejas, sin querer escuchar lo que el mayor había visto. Marina siguió discutiéndole, mientras que mi novio empezó a hacer cosas que hicieron que un texto apareciera en la pantalla. Tomé el cine portátil para leer, pero en cuanto lo tuve cerca, él volvió a hablar.

—¿De verdad entiendes que no hiciste nada malo?

—No sé…

Se creó un silencio en la sala que me hizo sentir incómodo por ser el centro de atención.

—¿Querías hacerlo? —continuó. Yo negué con la cabeza—. Entonces no hiciste nada, incluso si dices que te gustó, no fue tu culpa. ¿Entiendes a lo que me refiero?

—Eso creo.

Marina se me acercó y volvió a abrazarme.

—Odio decir esto, pero debo cortar, ya son más de las doce y estoy en la calle, mi abuela me va a regañar… —el chico del tren suspiró—. Pero quiero asegurarme de que estás bien.

—No quería que me odiaras… —tragué saliva con dificultad.

—¡Dios! Nunca te odiaría, Scorpius. Te quiero mucho, ¿sí? Si pasa algo, llámame.

Asentí y observé cómo se despedía y luego cortaba. La imagen de mi novio desapareció y en su lugar aparecieron un montón de dibujos y letras. Marina se llevó el aparato y yo me revisé los bolsillos, buscando cigarrillos. Había olvidado que no los había llevado a la boda y James me había sacado demasiado deprisa como para recordar tomar la cajetilla que me había asegurado de meter para ir a la casa de los Potter.

—Ten.

El Gryffindor se sentó a mi lado y me pasó un cigarrillo con un encendedor. Supuse que debía ser de Marina, era la misma marca que le había visto fumar la vez anterior. Le agradecí en un murmullo y me apresuré a dar una calada. James parecía molesto, pero me estaba tratando como si fuera de cristal, lo que hacía que se notara todavía más lo descontento que estaba.

—¿De verdad quieres…? —comenzó él.

—No quiero hablar —lo corté.

Él suspiró y comenzó a juguetear con sus muñequeras. Yo me concentré en fumar.

Sin darme cuenta, me quedé dormido. De seguro fue por el agotamiento mental. Cuando abrí los ojos seguía en la sala del departamento muggle, recostado en el sofá y usando unas piernas como almohada. Alguien me acariciaba el cabello en un movimiento repetitivo mientras se desarrollaba una conversación en voz tan baja que me tomó unos segundos darme cuenta que estaba transcurriendo.

—No todo gira en torno a ti, James. No puedes obligar a Scorpius a denunciar a tu hermano, por muy horrible que haya sido para ti ver esa escena. ¿Acaso crees que le hará mejor admitir que alguien en quien confía y a quien quiere fue capaz de dañarlo?

La mano de James se detuvo. Por un momento pensé que se había dado cuenta que me había despertado, así que me apresuré a cerrar los ojos y fingir que dormía. Pronto sentí que reanudó los mimos.

—No entiendes, Marina, mi hermano está obsesionado con Scorpius.

—¿Solo tu hermano? —ella bufó—. Por como yo lo veo, tu hermano quiere a Scorpius solo para él, pero tú quieres que él actúe a tu modo. Los dos lo están controlando.

—No me compares, yo nunca obligaría…

—James, ¿no te das cuenta? Siempre lo detienes cuando se está enrollando con alguien.

—¡Porque ebrio no cuenta! ¿Se puede decir que hubo consentimiento si la persona no estaba en sus cinco sentidos?

—No grites —supuse que ambos me miraron para asegurarse que no me habían despertado—. El novio también lo sabe, James. Probablemente tu hermano también lo intuye. Solo Scorpius no se ha dado cuenta. Y en esta situación debes recordar que solo eres su amigo, no puedes ponerte celoso.

—No son celos, incluso Scorpius dijo que no quería.

—¿Qué tanto es tu indignación por una injusticia y no tus celos? Nunca estuviste tan enojado. Si sigues presionando a Scorpius, se va a romper. ¿No viste su desesperación? Estaba aterrado de que su novio lo odiara.

No entendía bien lo que hablaban, pero agradecí que Marina detuviera a James. No quería pensar en lo que había ocurrido con Albus y el Gryffindor seguía insistiendo en el tema. Esperaba que aquello fuera suficiente para no hacer la convivencia de los próximos días una agonía. Ahora, en cambio, pienso que tal vez habría sido mejor el curso de acción, James tenía un buen motivo para estar tan indignado y alterado. Mi relación con Albus estaba cada vez más rota y todos lo veían, menos yo, quien ilusamente seguía defendiendo aquella torcida amistad. Quizás de haber roto los lazos en ese momento, no habría tenido que sufrir tanto en los siguientes años. Por otro lado, ahora me sorprendo lo denso y ciego que fui. James siempre me mostró su verdadera cara, con virtudes y defectos, pero a mí me tomó mucho tiempo darme cuenta la naturaleza de sus sentimientos. Siempre fui demasiado lento, en especial cuando se trataba de James. Nunca logré entenderlo por completo.


¡Muchas gracias por leer!

Nos vemos en el siguiente capítulo: Un nuevo año escolar