Y mientras más pasa el tiempo, menos te entiendo, menos mientras más te pienso. No puedo evitar pensarte en un lugar rodeada de ti, en el mismo lugar donde te vi por primera vez, que funciona con un fuego que ruge como el tuyo, ruge tu nombre, el nombre de su príncipe, el nombre de mí traidor.

Cuando no hablo pienso en ti pero no siempre puedo hablar, me encantaría hacerlo, me encantaría poder dejar de pensarte. Todos creen que estoy mal por Aang, al menos, al menos no está todo tan mal.

Aunque se que Sokka quiere preguntar y Toph sabe que miento, se que mí padre presiente que algo paso, se que todos saben que hay algo más, pero no van a preguntar, estoy segura mientras tenga excusas.

Porque pensar en ti no tiene excusa, pensar en el enemigo de esta forma no tiene excusa.

Los únicos momentos que puede estar sola es en mí «habitacion», pero me molesta la soledad en estos momentos, me molesta porque todo lo que tengo alrededor está impregnado de tu nación.

Toph al final no se aguanto, me encerró con su nuevo poder en esta carcel de metal, ninguna iba a salir hasta que yo hablé, la cuestión es que yo podría quedarme sin hablar toda la vida y ella estaría aquí conmigo hasta que lo haga, sin salir. Tuve que hablar, esta niña tiene que suplir sus necesidades, no voy a ser yo quien la prive de ello.

—¿Realmente quieres que te lo diga? — Esperaba tanto que me digas que no.

—No me gusta sentirte tan mal por los pasillos casi lloriqueando, se cómo te quedas al frente del fuego sin vida, dime qué pasa, estas rara desde Ba sing se.

Mí corazón se detuvo un momento al recordar Ba sing se, me tense y se que lo sintió, se sentó en el frío suelo, yo me senté en frente suyo.

—Conocí a alguien allí, Lee y su tío Mushi.

—No estás mal solo por un chico, no tan mal, ¿Verdad? No sería propio de ti, princesita.

— No solo fue un chico. A ver, ¿Sabías que había un loco que nos seguía para atrapar a Aang? - Vi la expresión inmutable en su cara, solo asintió esperando que yo continúe— el estaba allí, queriendo iniciar una nueva vida fuera de la nación del fuego, el, es el Príncipe Zuko, heredero al trono, ex desterrado, y refugiado se llamaba Lee, con su tío Iroh cómo Mushi.

Vi su rostro cambiar a una sorpresa, ella es tan transparente con lo que siente tantas veces.

—Y yo pensé que estaban allí por Aang, pero no quería alterarlos, así que solo empecé a ir para ver qué pasaba, ellos fingieron así como yo que no nos conocíamos. Empezamos a hablar con Lee, a ser tan cercanos que pensé que era un sueño, ¿Como Zuko se habría convertido de la nada en el hombre que vi? No lo creia posible, aún no lo creo, si me dijesen que Lee es el gemelo perdido de Zuko y el si es amable me lo creería bastante. — Intenté bromear, el ambiente era más frío que un tempano, ella no decía nada, solo tenía la cabeza hacia el piso con una expresión que realmente no podía descifrar, se que me presta atención y se fija si miento o no, pero es tan extraño. — Bueno, se que les debo de haber contado en vez de guardarlo para mí, pero eran momentos tan lindos, tan entre nosotros, alejados de la guerra, el mal, el deber, siendo adolescentes normales, solo los dos, que no pude evitar querer guardarme un ratito más esa situación.

Solté un suspiro, era mucho, era demasiado, hablar de mis sentimientos así, ¡No lo había hecho antes! Digo, mí primer novio fue Jet y realmente no tenía a nadie con quien hablarlo, en la tribu jamás me enamoré porque son todos niños y ahora, lo estaba escondiendo, no se manejar esto, menos que me escuche una niña pequeña, por dios.

—Fue hermoso, el día en el que me di cuenta que realmente éramos cercanos, creo que no amigos, nunca amigos, pero si cercanos, que podríamos estar en silencio en el techo de su casa mirando las estrellas o riéndonos tanto que nos reten los vecinos, fue hermoso pasar tanto tiempo con el sin sentir que pasaba, tenerlo cerca sin que sea incómodo, simplemente estar con el. Cuando estaba en las catacumbas sentí una paz increíble por el haber llegado, pero supe desde que llegó que no iba a ser bueno. — Inspire profundamente, me temblaban los labios y las palabras, bailaban en mis ojos las lágrimas. Era difícil acordarme de ese día.— Me pidió que lo perdone con un beso, y después me atacó con Azula, entiendo porque paso, y no debería estar enojada, no se porque estoy tan mal.

Intenté reír, pero salió un sollozo, un sonido de los más profundo de mí alma herida.

Nos quedamos en silencio, uno tan frío, raro para estar con Toph, ella suele dar muchos consejos o decir algo, mínimo decir algo.

— Creo que te enamoraste, Katara.

— ¿Que? No, Toph, obvio no, solo pensé que había cambiado de verdad.

— ¿Nunca amigos pero si cercanos? No eres tonta, princesa, sabes porque no fuiste su amiga

Y no puedo evitar mirar para otro lado. Al final, ya cumplí su consigna, debería salir de este lugar.

— De todas formas, ya hice lo que querías, déjame salir de aquí.

Subió la cabeza queriendo decir algo, pero abrió la puerta, pude huir corriendo, salir a la cubierta, respirar aire fresco e intentar despejar mí mente. Mire al mar y simplemente una idea surco mí mente, ¿Que mejor que el agua para llevarse este dolor?

Me empecé a quitar la ropa, no me iba a poner un traje especial para un pequeño chapuzón, solo sacarme los zapatos y las capas más pesadas eran suficientes, al minuto siguiente ya me había tirado y Sokka me estaba gritando para que vuelva al barco, podían descubrirnos.

¿Que más da? Estoy bajo el agua, como si fuera una simple sirena sin la necesidad de preocuparse por un enemigo, como un tranquilo pez Koi nadando, como parte de la marea salada y fría que arrullaba mí piel con dulzura. Me puse a nadar alrededor del barco, saliendo a veces por aire para volver a las profundidades. Con los ojos cerrados todo se sentía glorioso, obviamente en medio del mar no los iba a abrir, tampoco me gustaría lastimarme los ojos, pero era tan genial solo sentir el mar, aunque me golpeaba con algunas cosas marítimas o nuestro barco, hasta que Sokka se tiró a buscarme al mar porque había una nave de la nación del fuego acercándose, tuve que subir.

Aún asi, fue un momento fantástico, me saque el agua y volví a vestirme, yendo adentro para que no me vean.

Pero ahí estaba el, Aang, despierto después de tanto tiempo, intentando correr hacia mí y huir de los "guardias".

— ¡Katara! ¡Hay que salir de aquí Katara! ¿¡Donde estan Sokka y Toph!?

Casi cayéndose encima mío por lo obviamente débil que estaba, me agarró por los hombros intentando seguir corriendo, lo estabilice y no lo deje salir, había peligro afuera.

— Shhh, shhh, tranquilo, no estamos en peligro, Sokka está afuera y Toph en un cuarto, tomamos está nave para viajar encubiertos. Estamos bien, más cuando despertaste, Aang, estaba tan preocupada por ti — no pude evitar abrazarlo, sentía tanto miedo por si no despertaba, realmente lo contuve contra mí y el respondió de la misma manera aunque se notaba que estaba confundido. — Hay que decírselo al resto, vamos afuera, creo que el otro barco ya se fue.

Con tranquilidad lo separe y empezamos a caminar, saliendo a la cubierta para verlos a todos relajados.

Fue un festejo verlo a Aang, aunque el no lo creía así, aunque el quiso huir estando herido y aunque el estaba en contra de lo que pasaba.

Sentí un alivio tan grande en el corazón que por fin pude estar al 90% al menos otra vez.

En estos días algo que me encantó hacer es cocinar, se siente muy divertido experimentar realmente en una cocina, así que desde que el despertó estuve haciéndole todo lo que aprendí. Fue súper lindo, digo, el se veía feliz al menos.

Yyy aún asi unos días después me encontré en una cueva mientras el iba a la escuela vestido como Kuzon, haciéndome pasar por su madre y teniendo una fiesta para niños de la nación enemiga, en una semana o menos.

Huir otra vez por la nación del fuego, recorrer lugares hermosos que nunca creí ver en mí vida, llevar ropas rojas que tienen el olor tan distinto al de mí tribu, al de mí nación, mí lugar, mí hogar, llevarlas y parecer de allí, vivir como Sokka se hace un espadachín, viajar con Appa y Momo otra vez, por los espíritus, necesitaba esto.

Necesitaba movimiento, algo que hacer para no pensar, algo para distraerme, algo para poder ser yo sin cuestionamientos reales.

Lo más cercano que me sentí de mí hogar fue con Hama, otra maestra agua del polo sur, alguien con quién compartir más historias a parte de Sokka, alguien que sabe el calor del hielo y el olor bueno, y no pude evitar extrañar a Gran Gran, no pude evitar extrañar a Mamá, no pude evitar extrañar a los niños que ayudaba a criar, no pude evitar extrañar a las mujeres que esperaban a mí cumpleaños dieciséis para que me vuelva una de ellas a pesar de vivir como si ya lo fuera, no pude evitar extrañar a los ancianos con los que pasaba el tiempo y me contaban historias.

No pude evitar extrañar a mí vida antes de Aang, que aunque estábamos en guerra, en una horrible situación, era tranquila, era feliz, en la que lo único que pedia era ver a papá una vez más.

Extraño a mis amigas, mis tareas, mí tranquilidad en la tormenta.

Extraño mí hogar, extraño mí casa, quiero volver a casa.

Y al probar la comida de Hama, que era lo más parecido que había probado despues de haber visto por primera vez a Bato en mucho tiempo, no me pude contener a llorar.

Solo un bocado y estaba llorando en la mesa, una vergüenza pero no podía parar.

— ¿Katara? ¿Que paso? ¿Estás bien? — Hablo mí hermano, levantándose a abrazarme con toda su fuerza, sabe que amo los abrazos así.

— Extraño nuestro hogar Sokka, extraño a nuestra gente y extraño nuestra vida allá — Me aferre a el, supe por el silencio de Aang y Toph que les dolieron mis palabras, en el momento me retracte del pensamiento y me aleje de los brazos a mí alrededor. — Quiero decir, amo nuestra vida ahora y me encanta estar con ustedes mis amores, no lo cambiaría por nada, pero aún asi extraño a mí familia y, perdón, en serio perdón.

No podía dejar de llorar ni de enredarme, no podía, simplemente no, me quiero disculpar por lo que dije pero jamás voy a dejar de extrañar mí lugar en el mundo.

Hama se levantó y camino hacia mí, agarrando mis manos y mirandome a los ojos.

— Nunca te disculpes por extrañar tus raíces, tu vida es así ahora, y se que la amas, pero naciste allí, creciste en nuestro pueblo, creciste con esa gente, ahora ya no están a tu lado mí niña, pero si supieran todo lo que estás haciendo estarían más orgullosos que nunca de ti.

Me hizo volver a llorar, abrazarlos a ambos. Sentir que hago que mí tribu se sienta orgullosa es algo invaluable.

— ¿Por qué no vuelves, Katara? — Pregunto Aang, con tristeza en su hablar. Yo me aleje de mis compatriotas para ir al lado del más pequeño, acunclillarme a su lado y tomarle la mano.

— No podría dejarlos solos a ti y a Toph jamás, son mí familia, mí vida y mis amigos, son tan pequeños para estar en esta guerra y no los voy a dejar, siempre voy a estar con ustedes. Puede que extrañe mí hogar y mí gente, pero no volvería si eso significa abandonarlos en esta situación tan horrible para todos. — Me levanté y lo lleve con la otra chica en la habitación, para abrazarlos a los dos, uniendo a Sokka y Hama.

Y un noche antes de irnos ella me llevo a enseñarme algo, luna llena esa noche. Aprendiendo la cosa más horrible que pude imaginar que se crease.

Sangre control.

Me consagre cómo maestra sangre aún asi, me sentí terrible por eso, por adquirir está habilidad.

Ahora tenía más cosas por las que sentirme miserable, aún asi tengo que dar todo.

Y aún ahora me preguntó, ¿Que estarás pensando tu?

¿Me estarás pensando?