Capitulo 3. La cita.
"¿Noche de fantasías con colegialas, Hermione?"
"¡No!"
"Me podrías haber engañado con esa falda y esos zapatos", dijo Adam Sweetmeats, arrugando la nariz. "Si 'sexy' fuera en un examen, tendrías un 'T' por 'Troll".
Adam mostró los dientes como para darle peso a lo que decía, pero Hermione simplemente lo ignoró. Adam vivía para el glamour y el brillo. Todo belleza, todo el tiempo. Esa noche, usaba sombra azul y tenía las uñas pintadas de celeste bebé, para combinar con la ropa que usaba.
"Bueno, al menos, tu cabello se ve decente, gracias a mí, por supuesto. Pero hubiera preferido un poco más de ondulaciones", agregó.
Sacudió ingeniosamente el cabello y dio un paso atrás con un floreo, alzando las manicuradas manos para anunciar que había terminado.
"No quiero más ondulaciones, Adam. Quiero verme más bien normal, como yo misma", dijo Hermione mientras se ponía de pie y se miraba al espejo.
"No entiendo a algunas mujeres", dijo Adam haciendo un gesto mientras se acercaba a ella para pararse detrás con su cabello en picos, perfectamente desordenado. Por supuesto, no podía verse al espejo. Él era un vampiro. Un vampiro reina...para ser exactos...y más gay que los Village People. Era también el propietario del salón de belleza llamado "Amorosas Mordidas", y el estilista personal de Hermione.
"¡Deberían enfocarse en verse fabulosas!"
"Adam, si me veo muy...'fabulosa', lo más probable es que mi cliente se asuste muchísimo y huya", dijo Hermione dándose vuelta.
"¿A qué clase de hombre no le gusta una mujer 'fabulosa'?" preguntó el vampiro.
"Creo que a este. Tengo que ser más que cuidadosa con él. Estoy relativamente segura que tiene una muy baja autoestima en lo que concierne a su sexualidad. No quiero que se sienta presionado".
Adam batió sus larguísimas pestañas como abanicos mientras guardaba sus herramientas en el bolso.
"Bueno, bueno, eso sí que es nuevo. La mayoría de los hombres no tienen ni idea de lo que significa tener sexo", dijo el vampiro reina, "mientras puedan bombear un poco, son felices. Al diablo con sus compañeras o compañeros. Es por eso que agradezco mucho, mucho tener a mi Víctor. Ese vampiro es una maldita maquina..."
"Ya he escuchado ,toda la cantinela de lo bueno que es Víctor, antes, Adam. El podrá ser una máquina del amor, pero me pone la piel de gallina cada vez que lo veo. Siempre me muestra los colmillos", se quejó Hermione.
"Oh, es que así es el, no te preocupes Hermione. Él no podría probar una gota de tu sangre. Ya sabes que no cazamos humanos", dijo Adam.
"Tú no, pero no estoy muy segura que Víctor no lo haga. Él no se ve muy...domesticado que digamos. No me importa cuanto lo halagues, Adam".
Él sonrió mostrando los colmillos.
"Pues sí, todavía tiene un poco de la bestia que solía ser. Así es como me gusta. Rudo, caliente y bruto. ¡Qué rico!"
Hermione alisó su cabello.
"Como sea, ya deberías irte Adam. Él va a llegar en cualquier momento". Le dijo a Adam mientras el vampiro salía de la habitación, hacia la sala y luego a su oficina.
Al punto de entrar en la oficina, el llamador sonó y Hermione rápidamente miró el espejo en su escritorio. Era Severus.
"¡Ay,no! Ya llegó. Solo vete Adam, ¿está bien? Nada de intentar seducirlo, ¿de acuerdo? Y NADA del acto 'soy un vampiro sediento de ti', ¿me explico?"
"¡Bah! No me dejas nada de diversión", dijo Adam con humor, mientras Hermione abría la puerta para que Snape entre. El pálido hechicero entró en la oficina y luego de una breve mirada a Adam, se quedó congelado en su lugar.
"¿Qué...qué es...eso?" preguntó, apuntando un dedo acusador al extravagante personaje frente a él.
Adam miraba a Snape con abyecta fascinación.
"Podría pasar por uno de nosotros", dijo Adam suavemente, poniéndose una mano en el corazón. "Él es...hermoso. Mira esos ojos, esa nariz, ¡su cabello es tan feo! Es...es..asombroso! ¡No cambiaría nada de él!"
"Adam, es hora de irse..." canturreó despacio Hermione, empujándolo hacia Snape, a quien no le hizo mucha gracia.
Los ojos de Adam descubrieron la entrepierna de Snape y se agrandaron notablemente.
"Sus atributos son...bueno, no hay otra palabra para describirlos...mordibles. Definitivamente valen la pena mordisquearlos", dijo el vampiro reina con una sonrisita traviesa.
Los ojos de Snape se abrieron de par en par. Sacó su varita y la apuntó directamente y sin dudar hacia Adam.
"¡Profesor! ¡No!" gritó Hermione, corriendo para ponerse frente al vampiro.
"¡SOLARIS!", gritó el hechicero, lanzando el hechizo de luz solar sobre Hermione y Adam. No iba a lastimarla a ella, solo a la monstruosidad detrás de ella. La ropa se les chamuscó un poco, pero nada más les ocurrió a ninguno de los dos.
Adam batió sus largas pestañas a Snape.
"Creo que estoy enamorado", suspiró el vampiro.
Hermione lo tomó del brazo.
"Adam, ¿estás bien?", preguntó mientras él seguía mirando a Snape. Sus azules ojos lentamente se enfocaron en ella.
"Debes haber olvidado que soy un vampiro reina, querida, Mi especie puede caminar en la luz solar. Solo perdemos nuestros poderes brevemente. Si hubiera sido Víctor, sería cenizas ahora". Volvió a mirar a Snape. "Es positivamente peligroso...¡pero qué bestia! Mmmmmmmmmm".
"¿¡Bestia?! Yo no soy la bestia aquí...tú...¡chupasangre!", ladró Snape. "Me pregunto si la decapitación funciona con tu especie..."
Snape empezó a levantar el brazo nuevamente.
"¡Severus! Adam es mi amigo y es inofensivo. Ahora,¿ por qué trajo su varita? Se suponía que no iba a traerla..."dijo Hermione con las manos en las caderas.
Snape miró a Hermione y bajó el brazo de mala gana.
"Traje mi varita porque nunca dejo mi casa sin ella", replicó Snape, "CREI que no iba a necesitarla cuando...bueno...en la cama. El documento no es muy claro en ese punto".
Hermione frunció el ceño. Se había dado cuenta del vacío en el documento poco antes de llegar seguramente. Iba a tener que ser más clara en el lenguaje utilizado en el contrato.
"Como sea, baje la varita. Adam ya se iba, ya..."dijo ella mirando directamente al vampiro.
"Si, si, ya me voy...Dios...", Adam suspiró, caminando lentamente hacia el profesor, moviendo las caderas y pestañeando hacia él. "Si no funciona con ella, profesor, puede venir a visitarme al salón de belleza cuando quiera. Quiero decir, las chicas son divertidas por un rato, pero somos los chicos los que damos todas las satisfacciones..."
"Fuera Adam, ¡YA!" susurró Hermione al tiempo que el rostro de Snape se arrugaba en una absoluta mueca de desagrado. Adam abrió la puerta y salió. Luego se volvió y se dirigió exclusivamente a Snape.
"¡Adiosito...!" se despidió Adam meneando los dedos al Maestro de Pociones. Luego le lanzó un beso.
Snape azotó la puerta en la cara del vampiro y se volvió para mirar a Hermione.
"¿Un vampiro?"
"¿Qué? Es perfectamente legal. Es mi estilista", dijo al todavía enardecido hechicero.
"Veo que no has mejorado tu círculo de amistades...", dijo Snape con ironía. "Aparentemente esta mas deplorable que nunca..."
Hermione se tragó la respuesta que se le pasó por la cabeza, "al menos yo si tengo amigos".
Tenía que recordar mantener la calma, sin importar el hecho que él no solo había entrado en su dominio y había tratado de asesinar a su amigo inmediatamente.
"Solo eres vampiro fóbico. De verdad Severus. Estamos en el siglo XXI. Ya acéptalo". respondió Hermione.
"Los vampiros son criaturas oscuras, Señorita Granger". Retrucó Snape. "Las criaturas oscuras no deberían andar sueltos por nuestro mundo y...y..cortando el cabello..."
Snape tenía que admitir que el cabello de Hermione se veía realmente hermoso. El cabello de escobeta de sus años jóvenes había desaparecido. Era de un color ambarino y ligeramente ondulado. Se había vestido bellamente también. Falda y blusa. Muy formal y sencillo. Cuando llegó, no había sabido que esperar de la cita. Pero ciertamente no había esperado encontrar un vampiro. Mucho menos uno gay.
"Hermione. Llámame Hermione", le dijo. "Ya no soy tu estudiante. Ambos somos adultos ahora".
"Hermione entonces", repitió Snape tratando de ponerse en sintonía con Hermione.
Ella suspiró.
"Muy bien. Ese fue un comienzo un poco fuerte, pero ya pasó. La cena espera. Algo sencillo. Tarta Pastor, guisantes y zanahorias, galletas y natilla de postre. Pensé que apreciaría más, una cena más bien hogareña". Dijo Hermione.
"¿Cocinaste tú?", preguntó Snape.
Hermione asintió.
"Así es"
"Espero que seas buena cocinera."
"Los soy"
Snape no había probado comida casera desde que era un niño. Comía en Hogwarts y en restaurantes. La comida casera sonaba muy bien.
"Estoy hambriento", admitió.
Hermione le dedicó una sonrisa.
"Entonces, bien, sígueme", dijo, saliendo de la oficina a través de la puerta detrás de su escritorio. Encendió las luces y paso por la puerta.
Snape miró por un momento a su alrededor y luego la siguió.
Entro en una sala. Estaba bellamente amueblada y había una muy bien dotada biblioteca contra la pared más lejana. Opuestas a la biblioteca, se encontraban la chimenea y un sofá, dos sillones y una mesa de café
"Aquí estoy", dijo Hermione.
Snape se dirigió hacia la cocina y encontró a Hermione sirviendo la comida.
"Siéntate, por favor", dijo señalando con la cabeza la mesa y las sillas.
Todo era muy informal. Snape había esperado algo más, bueno, ¿romántico? Pero, desde luego, aquella no era una situación precisamente romántica. Apartó una silla y se sentó tensamente a la mesa. Hermione le alcanzó una taza de té, luego regreso a la estufa para seguir con la cena. Una escena bastante doméstica.
Snape bebió él té y lo encontró delicioso y en la temperatura justa. Terminó de beberlo al tiempo que Hermione sacaba la tarta pastor del horno. Humeaba y el aroma le hacía agua la boca.
"Esperaba encontrar porcelana china, platería y velas," dijo Snape.
Hermione hizo un gesto mientras servía una rebanada grande de la tarta en su plato junto a la guarnición de guisantes y zanahorias.
"Pensé que esa clase de escenario sería un poco perturbador. ¿Decepcionado? Supongo que puedo arreglar ese tipo de escenario en la sala si lo prefieres…Tengo lo necesario si quieres…"
"En realidad, preferiría que no. En realidad me gusta así como esta." Replicó Snape.
"Bien. Pensé que así estarías más a gusto," dijo la joven bruja, poniendo el plato y los cubiertos frente a él. "¿Que te gustaría beber? Tengo jugo de calabaza, jugo de manzana, leche, vino…"
"Me gustaría vino, por favor."
Hermione ya sabía que querría vino.
"Tengo un Reserva Rioja, Rojo, que va muy bien con la tarta pastor."
"Está bien"
Snape observó mientras Hermione le sirvió el vino y luego se sirvió un poco para ella y se sentaba con él a la mesa. Comenzaron a comer y todo estaba delicioso.
"Así que, ¿cómo siguen las cosas en Hogwarts?", preguntó Hermione.
Snape se puso serio.
"Un poco aburridas", admitió el Maestro de Pociones.
"Me imagino, ahora que la amenaza de Voldemort ya no existe", dijo Hermione.
"Si…", respondió el.
"Pero han habido grandes avances educativos en el mundo mágico. Sabes, estoy tomando Pociones Avanzadas en la universidad, con un tal Antonio Vargas".
Snape gruñó un poco.
"Bah" Ese sujeto es un idiota. Ninguna de las pociones que clama haber inventado, le pertenecen. Ese es el trabajo de sus aprendices. Luego él las reclama y registras como propias porque él es el que manda. Los aprendices hacen todo el trabajo, toda la investigación y demás y él se lleva el crédito…Un idiota, lisa y llanamente" dijo él ácidamente.
Hermione se mostró sorprendida al escucharlo.
"¿De verdad? Nunca escuché nada al respecto…"
"Y no lo vas a escuchar jamás. Los aprendices son forzados a tomar un juramento para nunca revelar cualquier cosa que ocurriera durante la tutoría de Vargas…Es un poco más de cuatro años de esclavismo por un papel…triste…"
"Nunca escuché nada de eso…" dijo Hermione muy interesada.
"Más allá de todo lo que estudies, hay muchas cosas que aprender que no vas a encontrar en los libros" replico el mirándola. Súbitamente se ruborizó y regresó la atención a la comida.
Hermione no lo dejo verla sonreír.
Él estaba bien seguro de eso.
