El lienzo frente a él estaba completamente en blanco, la pintura ya seca en su pincel demostraba que había estado sentado en ese lugar, por horas, sin moverse, lo único que había hecho era respirar, lo anterior porque se trataba de una tarea automática o ya lo habría olvidado. El paisaje que sus ojos capturaban era impresionante, los colores que se encontraban en el cielo y en el agua frente a él eran una hermosa danza de perfección, sin embargo, ni siquiera había podido efectuar un solo trazo.
Jamás había sido necesario realizar alguna rutina o expresarse en horas específicas del día, él solo ponía el pincel con algo de color y mágicamente se convertía en una hermosa obra de arte, en algo que se debía admirar y por lo cual se podía sentir muy orgulloso, sin embargo, no salía nada, no obtenía ningún resultado así estuviese en ese lugar tan hermoso e inspirador.
Sabía a qué se atribuía su bloqueo de pintor y probablemente nunca podría volver a hacer eso que amaba, no, conocía mejor que nadie que su musa ya no estaba, que no tenía alguna pizca de inspiración. ¿Para que si ella jamás iba a ver todas su creaciones? No había ninguna razón, por eso su mano ya no se movía para crear, creía firmemente que ya era inútil y que no tenía sentido alguno. Probablemente sería el momento ideal para retirarse, de guardar sus implementos en un baúl, en un cofre que no sería abierto ya más.
Exhaló con gran dificultad, las lágrimas resbalando por sus mejillas hacían qué ese humano mortal con su destrozado corazón fuera la más maravillosa y magnífica obra de arte, sí, no podía parar de llorar, de ver al horizonte y solo sollozar por su pérdida.
La extrañaba tanto que dolía demasiado, jamás imaginó que un mundo sin ella iba a ser terriblemente gris, sin un destello de felicidad y pensar que desde que llegó a Nekov solo quería alejarse, ser el rey y ordenar todo como él creía que debía ser. Si le dieran una oportunidad, si pudiera regresar el tiempo a ese día en el que pelearon, no, volver a cuando arribó a Nekov, estaba seguro que no desperdiciaría ni una sola noche, se amarían hasta el cansancio, la protegería de él, de Ultear, de todos los que le hicieron daño.
—Solo quiero una oportunidad. -La soledad parecía ser oscura, terrible y cuando ella no estaba era un viaje sin retorno. Se dio cuenta tan pronto la perdió que Juvia Loxar era su felicidad, su razón de vivir y nunca se dio cuenta, pero siempre fue así.
Respiró, en su proceso de duelo tenía sentimientos encontrados, culpa, ira, tristeza, una terrible depresión. Era un caos total el pobre humano, alejado de su esposa, de su motivo para continuar.
Se levantó e invadido por la rabia que le recorría el cuerpo, iracundo y bastante herido, lanzó los nekolores por todo su lienzo, tratando de plasmar aunque fuera algo y la lágrima proveniente de su otro ojo cayó, recordando su pelea de nekolores, lo bien que lo habían pasado juntos ese día, uno de los mejores de toda su existencia. No podía seguir ahí, no después de que las imágenes le habían llegado claramente a su mente, los preciosos recuerdos con ella.
Gritó en desesperación para observar su alrededor, las plantas, flores y hasta el río habían sido afectados por su rabieta, pues habían terminado teñidos con múltiples colores y estaba seguro que su reina lo hubiera aplaudido, le hubiera dicho alguna tontería de que tenía talento y de que le encantaba lo que había acabado de crear. Lamentaba haberla lastimado en tantas oportunidades.
Estaba completamente solo, lejos del castillo, por lo que nadie iba a aplaudir sus acciones o a tildarlo de asesino, así que caminó a la cabaña, esa donde Juvia había permanecido en sus últimos días en Nekov, entró para subir directamente a la habitación, ni siquiera tenía hambre, aunque no había probado alimento en días.
Se encontraba adormilado, el hecho de haber llorado y no haber podido descansar correctamente en días lo estaba afectando de gran manera. Sabía mejor que nadie que si cerraba los ojos iba a sufrir de horribles pesadillas, terribles cosas que su mente creaba para atormentarlo, sin embargo, debía intentarlo, porque su cuerpo necesitaba descansar aunque sea un poco.
Se recostó en la cama, abrazando aquel peluche que ella había confeccionado, podía jurar que aún tenía el olor de la peliazul, ese que no quería olvidar, que no deseaba que se desvaneciera, entonces cerró los ojos para poder escuchar su voz, ese tono que lo era todo, calmante relajante, confortante, que llegaba directamente a su cerebro para asociarlo con paz y felicidad.
"Hola, soy Juvia Loxar soberana de Nekov, en este momento no puedo atender su llamada, le solicitó amablemente comunicarse con mi asistente quien se encargará de agendar una cita, agradezco profundamente su comunicación. Que tenga un feliz día".
Sonrió automáticamente al escucharla, su corazón se llenó de completa tranquilidad, aunque sabía que solo podía oírla bajo ese medio, en su mente era su reina, como si nada hubiera pasado, hablándole, deseándole un feliz día, la negación podía ser su refugio, lo era. Pensar que ella estaba ocupada y que no podía estar en ese momento con él le daba consuelo, alivianaba su cargado y depresivo ser.
Llamó nuevamente cuando sonó el pitido que demostraba que podía enviar un mensaje, con la única intención de oír a Juvia, era una voz armoniosa, preciosa, como la de un ángel. Repitió esa acción con sincronía, colgaba, marcaba su número, dejaba que el buzón hablara para rehacer sus acciones, sabía mejor que nadie que podía quedarse toda la noche haciendo eso, todo el tiempo hasta quedarse dormido.
Una lágrima rebelde se deslizó por su rostro, esa que conocía que ella ya no estaba, que probablemente nunca iba a volver a verla, que eso solo era una grabación y que por su culpa se había ido para siempre.
—Mi reina, te amo, por favor necesito verte.
El ruego en su voz era evidente, abrazó fuertemente su mini réplica, ese peluche que lo representaba perfectamente, su corona, la capa, el cabello, los ojos, Juvia era buena en muchas cosas y la costura era una de ellas, se rompió en llanto para darse consuelo poniéndose en posición fetal, llorando como un niño, deseando que ella lo abrazara por detrás, que se quedara ahí.
—¡Que idiota soy! -Se llevó sus manos a su cabello en desesperación, frustrado, enojado, pero únicamente con él, recordando la primera vez que ella lo abrazó de esa manera en la cama, como él la rechazó.
—Quisiera estar entre tus brazos en este momento. -Dejó que su llanto siguiera saliendo, desahogando su interior que lucia como una tormenta, un tornado que arrasaría con todo a su paso, devastador, terriblemente desastroso.
—Perdón por todo lo que hice, solo vuelve a mi. Te lo suplico. -Y ahí se encontraba el humano orgulloso y voluntarioso, entendiendo que Juvia era su vida y que sin ella nada más tenía sentido o alguna motivación.
Nekov meses antes
Era imposible conciliar el sueño, la imagen de ella desnuda dándole besos y dejándose tocar no salía de su cabeza, así tratará de pensar en cachorros, bebés riendo o en algo completamente tierno que le ayudará a quitar todos esos pensamientos impuros que habitaban en su mente. La tenía ahí, a unos cuantos centímetros, con anterioridad no le había molestado compartir la cama con ella porque era tan grande que al final ninguno de los dos invadía el espacio del otro y era igual a otras noches, ella estaba descansando de su lado, pero por una extraño razón que ni él mismo entendía, se sentía completamente fuera del lugar, inquieto, bastante chocante.
Se revolvió en la cama, no encontraba la posición perfecta, tal vez salir y tomar algo de aire era lo que necesitaba, aunque no quería que ella despertara y le preguntara qué le pasaba. Por lo que volvió a voltearse dándole la espalda, era lo mejor, no ver a esa hermosa kamineko con la que cada noche dormía. Apretó los ojos fuertemente regañandose, retándose, debía calmar su cuerpo, eliminar todos esos instintos, se decía mentalmente que no era un animal, que debía controlarse.
Ahogó su respiración, ella le arrancó un suspiro limpio, su corazón se detuvo para sentir como sus mejillas se sonrojaban violentamente, como todo su cuerpo se paralizaba y no podía hacer absolutamente nada en ese instante para cambiar la situación.
—Debes tener frío. -Le susurro e inmediatamente acercó su cuerpo al de él, acomodándose, como si fuera una pieza de rompecabezas que encajaba a la perfección con su cuerpo. Juvia puso su mejilla en la espalda del muchacho mientras suavemente lo abrazaba y posaba sus manos delicadamente en el pecho del macho. —El viento que recibiste en la motocicleta después de haber nadado te puede enfermar.
Podía levantarse de ahí, hacer una escena para pedirle que no se atreviera a tocarlo de nuevo, pero que manos tan suaves y delicadas, que bien encajaban, que reconfortante se sentía la posición de cucharita.
—No quería despertarte, se que debes dormir adecuadamente. -Se disculpó, porque sabía lo mucho que Juvia tenía que madrugar, lo duro que le tocaba día tras día, lo ocupada que solía estar.
—Está bien, sabes que si se trata de ti, tu siempre serás primero, eres mi prioridad. -Él cerró los ojos para negar, su cuerpo que se sentía completamente débil y sin voluntad en sus brazos lanzó una llamada de emergencia, una alerta, debía hacer algo porque si continuaba en esa posición con ella, iba a terminar abrazándola, besándola, quien sabe haciéndole que otra cosa, se sentó en la cama alejándose de ella, su razón volvió, los pensamientos en contra del sistema y de su matrimonio aterrizaron, no podía ablandarse.
—¿Por que soy tu prioridad? No me conoces, no somos amigos, no sabes lo que estoy dispuesto a hacer. En realidad no comprendo porque dices que harías todo por mi. -Se sorprendió por el movimiento del humano, sintió el rechazo del macho e intentó respirar hondamente, tenía que actuar como una hembra orgullosa, aunque conocía que muy en el fondo era débil, que le afectaba el no lograr sus objetivos con Gray, el Fullbuster era realmente frustrante.
—Eres mi esposo Gray.
—Esto es un matrimonio arreglado. -Aclaró el pelinegro. —Todo esto lo haces por obligación más no por voluntad.
—Fuimos destinados.
—Fuimos robados y alejados de nuestros padres para casarnos sin amor, para que yo te sirva de adorno y hacerte hijos, no es el destino o el estupido hilo rojo, se trata de la decisión de tus gobernantes. -Ella parpadeó, estaba bien que tuviera sus pensamientos, que no estuviera de acuerdo, entendía, pero aún así no significaba que no le quemara sus palabras.
—Independientemente de lo que haya sido, eres mi esposo ahora, Gray. Tú eres mío y yo soy tuya. -Juvia tenía razón.
—Te pido que no me vuelvas a tocar o a besar sin que yo lo autorice. -Debia poner límites, porque estaba seguro que si lo que había pasado en horas antes se volvía a repetir no iba a ser capaz de controlarse.
—Siempre me he considerado paciente, sin embargo, mi paciencia tiene un límite. -Se levantó de la cama, poniéndose su bata, él la siguió con la mirada, no deseaba que se enojará, ni mucho menos lastimarla, pero no entendía porque esa kamineko parecía tener un lavado de cerebro.
Salió a su balcón, encendió el fuego de una especie de fogata que había allí para sentarse en una cómoda silla, estaba más que claro que le había molestado lo que dijo y que no quería contestarle de una manera inadecuada, en ese día en específico se sentía con un terrible humor y no quería desquitarse con Gray. Una de sus cosas favoritas en el universo era cantar, esa era su manera de expresarse por lo que uso su melodiosa voz y con ayuda de una guitarra cantó, canciones que había aprendido en su pueblo natal, que su madre solía cantarle, otras que empezaban a tener sentido y que hacían ilusión al amor.
No la molestó, dejó que se quedara allí, aunque debía confesar que no había podido dormir en toda la noche sin sentirle en la cama, a lo lejos escuchaba su voz, Juvia era muy buena, en extremo talentosa.
No descansó, sin embargo, tenía que estar radiante, lista y más que preparada para afrontar su día. Salió viéndose hermosa con un vestido corto, pero sumamente elegante, él la escuchó pasar por su lado de la cama sin desearle un buen día y era bastante evidente que estaban molesta.
Respiró hondamente, solo tal vez, no podía dejarla ir sin decirle que lo sentía, que probablemente no debió ser tan duro con ella, la reina no estaba en el país por lo que no habría problema si iba en pijama al comedor. Se puso su bata mientras bostezaba, para maldecir por la hora, no era tan temprano, pero seguía siendo una tierna hora, teniendo en cuenta que Juvia no había dormido. Salió tras ella y para su sorpresa Juvia y Natsu ya estaba sentados, pero eso no fue lo que llamó su entera atención, había un conejo de chocolate gigante en el comedor.
—¿Qué es eso?
—¡Shh! Es una sorpresa para Lucy. -confundido se sentó en la silla del comedor, Juvia no le regalaba una sola mirada, tampoco le dio el buenos días, por su parte prendió su sección de la mesa de vidrio para empezar a leer las noticias y esperar pacientemente que le trajeran algo de comer, ignorando completamente a su esposo, pero, él no podía hacer lo mismo, pues, Juvia se veía especialmente hermosa ese día.
—¿Ese conejo cobrará vida y nos matará a todos o que? -Dijo sarcástico para en pocos segundos ver cómo Lucy llegaba y abría su boca grande.
—Feliz día del Katconejo, mi princesa.
—¿Katque? -Preguntó Gray, totalmente confundido, perdido de toda la conversación. Contra todo pronóstico Lucy sonrió para acariciar suavemente la cara del muchacho.
—Gracias mi príncipe. -y sus pensamientos volaron a la velocidad de la Luz, no, en su radar no se encontraba ninguna celebración y Juvia solo hacía como si no estuviera pendiente de nada, leyendo sus noticias. No había podido olvidar algo que era importante para las kaminekos ¿o si?
—Gracias por hacer esto por mi. -Se fue hacia el conejo gigante para posar, Natsu le tomó una fotografía con su celular, la princesa se veía hermosa, con una sonrisa radiante y verdadera. Lucy aunque no les permitían comer mucho chocolate estaba feliz por el gesto que había tenido su esposo con ella mientras Juvia seguía absorta, sin ponerle atención a la escena, aunque escuchando cada palabra, esperando eso que no iba a llegar porque sabía mejor que nadie que Gray no iba a tener un presente con ella.
—Princesa, feliz día del Katconejo. -Y los ojitos azules vieron directamente a su guardián, él le ofrecía un lindo conejito de llavero bastante pequeño, pero muy lindo, Jellal nunca decepcionaba, él siempre iba un paso adelante e hizo que la princesa sonriera después de estar tan seria.
—Gracias, es muy bonito. -Le aclaró para buscar su bolso y colgarlo para que fuera visible. Los ojos grises no tardaron en clavarse en la escena, no sabía cómo reaccionar a eso que estaba sintiendo, él no tenía nada para ella, porque no tenía ni idea de la celebración, pero su interior hirvió en ese momento al ver que ese kamineko le regalaba cosas a Juvia, a su esposa.
—El primer cargamento de regalos para ustedes ya llegó.
—¿Tan temprano? -Se sorprendió la Loxar.
—Sí, los objetos están siendo revisados, el chocolate y todas las cartas, parece que esta vez por la escasez de Feltino no habran peluches.
—Mis cartas pueden quemarlas. -Se apresuró a dar las órdenes Lucy. Capricornio que se encontraba presente asintió.
—Como ordene princesa.
—Las mías por favor guárdalas, las leeré cuando tenga tiempo y el chocolate llévalo a reprocesamiento, nos servirá para nuestra próxima visita a los niños del orfanato. -los presentes acataron las órdenes de la Loxar, Wendy que llegó de ultimas al comedor saludó a todos con una hermosa sonrisa en la boca, ese era su día favorito y más porque recibía gran cantidad de obsequios.
Les sirvieron el desayuno, Juvia empezó a comer, era incómoda la situación para ella, así que debía apresurarse y salir corriendo de eso antes de que le preguntaran algo que no deseaba responder.
—Que lindo Katconejo Natsu. ¿Y a ti que te dio tu esposo, hermana Juvia? -Y fue demasiado tarde. No tenía ni la menor idea que contestar, por lo que lo único que su cerebro le ordenó fue que debía desviar el tema.
—Hoy me acompañarás, Wendy.
—Me apresuraré entonces. -Y vio como su mirada lo encontró, por un efímero segundo, se encontraba decepcionada, claramente estaba esperando su regalo y él no tenía la menor idea de la existencia de ese día.
—A Gray no le importa su esposa, no le obsequió nada. -Y volvieron a verse otra vez por un segundo hasta que ella apartó la vista, el comentario de Lucy había sonado bastante cruel, solo esperaba que Juvia no le creyera, aunque después de lo que había pasado la noche anterior probablemente no estaban en los mejores términos.
—Mi esposo no tuvo tiempo para comprar un obsequio, estuvo tan ocupado estudiando con el fin de aprobar el preexamen que su calificación casi perfecta es suficiente para mi. -y aún así, después de olvidarlo ella seguía defendiéndolo. Lucy le regaló una mirada de desaprobación, sabiendo que su comentario era para ofender a Gray y ella era tan tonta que estaba protegiendo al humano con sus palabras.
Miró su tenedor, ya le daba vergüenza hablar con Juvia, pedirle disculpas, lo mejor sería hablar con su kamineko después y no delante de todos, pero no por eso dejo de sentirse mal, la expresión en el rostro de Jellal era casi una burla, se complacía en que ese humano le mostrara que no era Perfecto, que no era para ella, que él jamás olvidaría algo tan importante.
Se levantó de la mesa cuanto terminó, no pronunció otra palabra, fue uno de los momentos más horribles por los que el humano había atravesado y solo dejó que ella saliera del castillo junto con su hermana Wendy.
—¿Por qué no me dijiste que hoy era un día importante? -Natsu negó con la cabeza mientras llevaba la mano a su frente.
—Pensé que lo sabías.
—¿Tengo cara de saberlo? -Se sentía enojado con él mismo, respiró, tenía rabia, demasiada.
—El Katconejo es una celebración donde los machos le regalan generalmente chocolates en forma de conejo, flores, cartas y otras cosas a las kaminekos que consideran importante para ellos.
—En la tierra jamás nos hablaron de eso.
—Lo hicieron, pero debiste haber estado castigado en esa clase. -Llevó sus manos a su rostro en total frustración.
—Debes recompensarla. -Se sentía más que mal, terrible, sinceramente era una idiotez y lo consideraba una boba celebracion, pero sabía que era importante para Juvia y para todas las kaminekos.
—Hoy Lucy estará libre por lo que la llevaré a un gran lugar y después celebraremos el Katconejo como se debe. -Gray puso sus ojos en blanco, entendiendo a donde iban encaminados sus comentarios, respiró hondamente preguntándose si tenía algún sentido darle algún presente cuando ella ya sabía que lo había olvidado por completo. Tal vez no tendría caso alguno y no tenía idea a qué horas iba a volver.
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Su corazón latió fuerte, desesperado, desde que se enteró que las princesas habían sufrido un atentado no había podido lograr encontrar la paz y no sabía cómo manejar ese horrible agujero en su estómago, volcado en desesperación pura. Era tarde, no habían regresado y Juvia no le había contestado el teléfono, solo necesitaba escucharla decir de su propia boca que estaba bien, Jellal se lo había repetido varías veces, alguien de repente se acercó a Wendy con ánimo de lastimarla, Juvia se interpuso y terminó recibiendo una quemadura grave en todo su muslo y habían logrado contener al que se había osado a lastimarla.
Era una especie de ácido que hizo estragos en la pierna de la heredera, no se imaginaba que hubiera sucedido si le hubiera caído al rostro a la menor de sus hermanas, probablemente hubiera deformado su cara a tal punto de no poder reconstruirla con la alta tecnología de Nekov.
—¡Pásame a Juvia, maldita sea! -Estaba perdiendo el control, insistió en que lo llevarán a encontrarla, pero nadie le daba la ubicación exacta de la princesa para su entera seguridad.
—Vamos llegando al castillo, ella ahora no quiere hablar con nadie.
—¡Mentiroso, ella jamás se negaría a hablar conmigo! -colgó de inmediato al escuchar como el carruaje real llegaba, corrió por todos los pasillos para bajar con desesperación las escaleras, fue una gran suerte no haberse caído, salió al exterior para encontrarla en el jardín, la vio rodeada de guardias y entonces su agitado corazón se calmó un poco.
La escaneó con la mirada, se encontraba muy blanca, pálida, su pierna en todo el muslo estaba con un vendaje. Jellal por su parte también había recibido quemaduras en todo su brazo.
Le estaba costando demasiado caminar, se apoyaba en Jellal que se había ofrecido en varias ocasiones a alzarla y llevarla a su habitación, sin embargo, ella había insistido que podía hacerlo, a penas los ojos azules de la joven vieron a su esposo se puso derecha, tratando de fingir que no le dolía en lo más mínimo, era cuestión de orgullo y dominio, Juvia debía mostrar fortaleza ante su esposo así estuviera verdaderamente afectada por el dolor.
—Juvia. -Dijo con la voz vuelta un hilo, quería abrazarla, decirle que la iba a cuidar, que lo sentía por no haber estado ahí para protegerla, pero la mirada de advertencia que Jellal le hizo lo enojó completamente.
Ella levantó su mirada como si nada le hubiera pasado y se apoyó mucho más en Jellal para caminar y evitar a toda costa emitir expresiones de dolor. Wendy totalmente culpable le agarraba la mano y la apoyaba al otro lado de su cuerpo, era más que claro que estaba haciendo un esfuerzo sobre humano por caminar. Era evidente, estaban enojados, no estaban en sus mejores términos, pero, sin tener una pizca de idea porque estaba en frente de ella, su cuerpo actuó por instinto, ligeramente se agachó y le ofreció sus brazos.
Se regalaron una mirada con Jellal, ella asintió con su cabeza dándole a entender que estaba bien y él la ayudó para que posara sus brazos en el cuello de Gray, él muchacho la recibió y entonces percibió los casi inaudibles quejidos de su esposa, se encontraba muy herida. La levantó mientras ella ponía sus piernas en la cadera del Fullbuster.
—Llévala a la enfermería. -acató la orden de Wendy mientras la Loxar se escondía en el cuello de Gray.
—Está bien, ya estás conmigo. -Le susurró suavecito mientras la llevaba despacio, tratando de no efectuar movimientos fuertes que la lastimaran.
La depositó con sumo cuidado en la camilla, su rostro trataba de disimular el dolor. La doctora ya en el lugar empezó suavemente a quitarle el vendaje que le habían suministrado en los primeros auxilios que le prestaron.
—Por favor voy a solicitar que se vayan, la princesa Wendy y el príncipe pueden quedarse. Nadie más. -Jellal salió del lugar sabiendo que no podía ver a la princesa, pues tenía que darle su privacidad. Al asegurarse que todos habían salido retiró por completo el vendaje.
El humano de inmediato llevó sus manos a su boca de la impresión que le generó ver la herida de Juvia, pero más que todo sorprendido de que ella no estuviera gritando de dolor.
—Tranquilo no le quedara ninguna cicatriz, el líquido le regenerará la piel y parte del músculo, pero será un proceso demasiado lento. -Aseguró esa kamineko. Juvia lo miró, era normal su reacción, realmente había sufrido una gran herida.
—Arderá un poco. -la princesa asintió y la doctora le puso un vendaje con un líquido fluorescente en la herida para cubrirla, él chicó sintió como Juvia apretaba su mano para soportar el dolor, casi rompiéndole los huesos.
—Ayudame a moverla. -Con cuidado la puso de lado y la enfermera le subió el vestido a la princesa, avergonzado por los hermosos dones que le fueron otorgados a la Loxar y que estaba viendo llevó su mirada a otra parte, que lindo trasero, perfecto, sumamente atrayente. Le inyectaron el calmante y suavemente la puso de nuevo en su lugar cuando quitaron la aguja de su cuerpo.
La reina ingresó de repente en el lugar, asustándolos a todos, la mirada de Juvia rápidamente denotó su expresión de terror.
—¿Estas bien? -Se acercó a Wendy preguntándole eso y comprobando con sus propios ojos que a su pequeña princesa estaba sana y salva.
—Sí, madre. Juvia me protegió. -Sus ojos verdes se dirigieron a la chica, el pelinegro quedó mudo al ver como ella se bajaba completamente sola de la camilla y caía de rodillas al suelo haciendo una reverencia.
—Nos hiciste ver débiles.
—Lo siento. -Esa kamineko era insoportable, totalmente increíble, la chica estaba herida y tras del hecho le reclamaba. Gray estaba llenándose de rabia, de una ira inexplicable e incontrolable.
—La próxima vez recibirás un castigo.
—Lo siento, no fue mi intención. – Gray vio exactamente el momento en el que la reina se fue contra Juvia para golpearla, se interpuso abrazándola, poniendo su espalda mientras era él el que recibía el golpe.
—Esposo mio -Susurró sorprendida. La abrazó fuerte para subirla en su cuerpo.
—Nosotros nos retiramos, su majestad. -Las últimas dos palabras se le atoraron en la garganta a Gray, sabiendo que no quería decirlas, que esa kamineko salvaje jamás sería su reina. Mientras era cargada le dedicó una mirada a su madre adoptiva, los dejó en paz, le había dado un gran golpe a su esposo con el cetro.
Entraron a su habitación, ambos callados, sin decir una palabra de lo sucedido, no sabía cómo abordar a Juvia, cómo volver a que todo estuviere bien y más con semejante suceso, la dejó en su parte de la cama, ella muy despacio se quitó su vestido, su corona, sus joyas para finalmente ponerse su vestido de pijama. Cada movimiento que hacía representaba un gran esfuerzo, un nuevo dolor.
Se acomodó en la cama bajo las cobijas, tal vez dormir disminuiría un poco el dolor; seguían callados, Gray se hizo en su lado de la cama para poder leer un libro, sin embargo, no dejaba de pensar en la situación de la Loxar, en ellos, en lo mucho que quería que estuvieran bien, imaginar que pudo haber sido mucho peor, que hubieran podido asesinar a Juvia hubiera sido nefasto.
Se movía, inquieta, el dolor era prácticamente insoportable, tanto que no podía quedarse dormida, sin embargo, no podía solicitar un medicamento sin tener que levantarse, su celular lo tenía Jellal y estaba enojada con Gray, así que hacía todo lo posible porque él no lo notará. Cerró los ojos y puso sus manos en su rostro, por encima de la cabeza, adorablemente y como un gatito, obligándose a ella misma a soportar.
Era tenebroso, no entendía que era eso tan malo que había hecho, cual era la razón de que la lastimaran, se sentía tan triste, en definitiva lo que más le dolía a pesar del horroroso dolor en su pierna era que en el Katconejo Gray no hubiera tenido ningún detalle con ella, cuando ella realmente haría cualquier cosa por su esposo.
Soportaba las lágrimas que querían salir a trompicones como toda una kamineko hembra, fuerte, orgullosa, sin embargo, no podía detener el temblor de sus manos, de su cuerpo, se volvió a mover tratando de encontrar una mejor posición y así aminorar el dolor.
—Voy a traerte un medicamento más fuerte. -vió como el humano se levantaba de su lado de la cama, se maldijo mentalmente porque sabía que él lo había notado. Solo lo observó mientras caminaba a la puerta y la abría.
—¿Jellal, podrías decirle a la enfermera que venga y le traiga a Juvia un medicamento más fuerte? -Al escuchar el nombre de su cuidador se sorprendió, debía haber cambiado de turno, estaba desde temprano con ella y no era buena idea que estuviera tanto tiempo sin dormir.
—¡Jellal por favor ve a descansar!
—No lo haré, princesa. Debo asegurarme que esté bien. -No podía dejar de sentirse culpable y bastante afectado, Juvia había sido herida en su turno, él se supone que debía protegerla, sin embargo, sabía que en cualquier momento sería llamado por la reina a rendir cuentas del atentado.
Cerraron la puerta cuando la enfermera entró, fue tan rapido que sabía de antemano que todos estaban pendientes del estado de Juvia.
—Voy a volver a inyectarla princesa. -Hizo esa señal, Gray atendiendo ayudó a voltearla para que le suministraran el medicamento, esas nalgas eran una dulce tentación, no podía negar que la Loxar tenía un cuerpo bastante hermoso y armonioso, pero no era el momento para tener esos pensamientos impuros.
La voltearon con cuidado para dejarla en la cama, la enfermera salió y solo hasta entonces ella cerró los ojos volteándose de lado con cierta dificultad, tratando de soportar el dolor que recorria su cuerpo.
Después de tortuosos minutos en su cama, se dio por vencido y llegó a ella para abrazarla por detrás y así descansar, era su manera de decir que lo sentia, que la protegia, que estaba ahí para cuidarla, aunque eso fuera en contra de toda su personalidad.
La Loxar infló de inmediato sus cachetes, no comprendía para nada a Gray. Un día estaba insoportable y al otro hacía ese tipo de cosas, no tenía la menor idea si ella le importaba, su esposo era realmente alguien muy difícil de comprender, de descifrar.
—¿Haces esto por obligación? -Repitió sus exactas palabras de la noche anterior, él comprendió a que se refería.
—Eres mi esposa, Juvia. -Y escuchar eso derrumbó todas sus defensas, enloqueció a su corazón que saltó de alegria, de entusiasmo, derritiéndose. —Se lo que te dije y no he cambiado de parecer, sin embargo, me preocupo por ti. -Y su cerebro respondió ante sus palabras, Juvia sonrió automáticamente.
El muchacho puso frente a ella un objeto, los ojos azules de la Loxar se abrieron de inmediato causado por la sorpresa, era un conejo, hermoso, hecho de Feltino, muy parecido al que le habían obsequiado cuando visitó ese pueblo y que había perdido porque la reina ordenó quemarlo. No efectuó ningún movimiento, su elocuencia al hablar se detuvo y esperó.
—Según entendi, te dan muchos chocolates este día, por lo que pueden dañarte, imagino que el Katconejo es una celebración importante y no quería quedar como el que no te dio nada. -No necesitaba justificarse, pero ahí le estaba dando razones del porqué había hecho todo eso.
—¿Cómo lo conseguiste? -Le hubiera gustado ver su reacción al recibir el obsequio, sin embargo, era mucho mejor que ella le diera la espalda, pues estaba notablemente sonrojado y avergonzado por sus acciones.
—Les conté lo que había sucedido con tu primer conejo, no tuvieron problema en hacerte uno nuevo, esa gente te ama. -Lo observó, era el conejo de peluche más precioso que había visto en su entera vida, ese pequeño tenía una corona, unas largas orejas y unos ojos hermosamente azules.
—Pero la cosecha fue muy mala.
—Dijeron que gracias a ti habían comprado potenciadores y mucha comida, te darían un cargamento de conejos si eso es lo que tú deseas. Sonrió viendo aquel hermoso objeto que definitivamente tenía mucho significado.
—¿No lo quieres? -su brazo se estaba cansando de tenerlo ahí frente a ella.
—Si lo quiero. Gracias. -Lo tomó entre sus manos para darse cuenta que era bastante suave, lo abrazó fuertemente, ese conejo tenía el magnífico olor de su esposo, realmente pensó que no iba a recibir nada de parte de él y eso la tenía bastante triste.
—Gracias -Volvió a decir, para calmar su corazón que estaba agitado y bastante triste, ya había cambiado totalmente, se tornaba feliz. —Me encanta mucho. -Y supo que estaba sonriendo, así no pudiera verla, por la forma en la que se aferraba al obsequio que le había dado.
—¿Sabes? En la tierra existe un conjuro, especial, en extremo poderoso y mágico. Este tiene la capacidad de curar cualquier herida, dolor y molestia. Mi mamá solía cantarmelo cuando yo me golpeaba o lastimaba de niño. -Volteó su rostro para verlo con sus ojitos azules.
—¿Harías ese mágico y curador conjuró para mi? -El muchacho asintió, llevó su mano suavemente al vendaje para posarla allí. Ella sintió como su respiración se detenía de repente, él estaba tocando su pierna. Se sonrojó, pero llevó su mano para ponerla encima de la de Gray, dándole a entender que no deseaba que quitara su mano de ahí.
—Sana que sana, colita de rana, si no sanas hoy sanarás mañana. –Cantó acunandola con su voz, en su lenguaje nativo, en su español terrícola.
—¿Colita de rana? -y escuchar a Juvia imitando sus palabras en español le pareció sumamente adorable, mucho más como pronunciaba la letra R. Él asintió mientras ella sonreía.
—¿Estas seguro que no había un besito después de lo de colita de rana? -le arrancó una sonrisita al Fullbuster, Juvia era muy tierna, sin embargo, era muy sagaz e inteligente, buscaba sus besos, abrazos y toques en cualquier oportunidad que tenía, se veía tan hermosa y tenía que aceptar que estaba herida, que él haría cualquier cosa porque se sintiera mejor, porque aunque había sido un externo quien le había provocado ese daño, estaba lejos de ella y no la protegió cuando se supone que era su esposo.
—Creo que si, no tendría el mismo efecto si no hay algún beso. -La destapó, para ver esas hermosas piernas. Juvia debía dejar de usar esas sexys pijamas porque era una preciosa tentación. Se acercó, tratando de no mover mucho la cama y lastimarla y así llevó sus labios al vendaje, casto, suave, provocando gran color en las mejillas de la Loxar y una explosión en su estómago, las mariluces revoloteando se sentían perfectas.
—Otro. -Su rostro rogándole con sus labios ligeramente abiertos, sus mejillas preciosamente rosas y sus orejas bastante peludas y suaves. Esa kamineko era divina, no había espacio de su cuerpo que no fuera bello. No pudo negarse ante sus demandas, con ese rostro y esa voz, fue simplemente imposible para él hacer algo en contra.
Sus labios tocaron otra parte del vendaje, suavecito, sin provocarle daño.
—¡Otro! -Sus ojos grises se dirigieron al rostro de la princesa, su labio inferior se encontraba prisionero de sus dientes mientras apretaba sus ojos con fuerza, si él se sentía de esa manera mientras la tocaba, no podía imaginarse como Juvia estaba controlando todo su cuerpo para no lanzarse encima de Gray, con su naturaleza salvaje y sexy.
El corazón del humano latia con fuerza, no fue necesario que ella lo pidiera de nuevo, porque repartió besos una y otra vez por el vendaje de la Loxar. Posterior a algunos segundos que se habían convertido en minutos, se detuvo, su cuerpo estaba reaccionando y no podía permitir que pasara algo más.
—Para mañana ya debes estar mejor. Nunca dudes del poder de la colita de rana.
—Creo que también me lastime aquí. -Estiró sus labios para señalarlos con su dedo índice y de inmediato recordó como esos blanquecinos dientes estaban reteniendo ese precioso labio y se le antojó hacer lo mismo, se acercó para tomarla del mentón y juntar sus labios, la beso con cierta necesidad, sensualmente, le estiró el labio inferior cuando terminó viendo como debilitaba a su esposa.
—Que consentida eres. -Afirmó para acostarse, haciendo una llamada al sentido común y así detener lo que estaba sucediendo, aunque le había costado detenerse, no podía negar que su cuerpo deseaba precisamente tomarla. La peliazul se arropó, teniendo en cuenta que estaba lastimada, herida, que si pasaban los límites no podría hacer mucho sin sentir dolor por su estado actual.
—No dejes de abrazarme, por favor, esposo mío. -El chico acercó su pecho a la espalda de Juvia para posar su brazo alrededor del cuerpo de la joven y así dejar su mano en su vientre. La Loxar capturó esa mano para dejarla en uno de sus pechos.
—Juvia. -Pronunció en desaprobación para volver a bajar la mano a su vientre. Ella por su parte rió por la travesura cometida y respiró hondamente, que agradable se sentían sus brazos, eran muy fuertes, pero en ella se sentían delicados, su cuerpo en su espalda, que agradable olor, que protegida y feliz estaba.
En un movimiento sensual y provocativo sacó su cola para apoyar y pegarla en la zona prohibida de su esposo, entonces se movió ligeramente para estimular esa parte de su cuerpo.
—¡Juvia! -Volvió a reprenderla, llevó su mano al trasero de la Loxar para hacer algo de fuerza e impedir que siguiera pegándose a su amigo porque claramente iba a reaccionar ante el estímulo, de inmediato se sonrojó al tocar esa parte de su cuerpo recordando que la había visto antes.
—Si continuas tendré que apartarme.
—Perdón, no lo haré más. -Se disculpó, pero se quedó quieta en esa posición y el humano no pudo apartar la mano de allí, sabía que Juvia diría que ella era suya, que podía tocarla, que no se preocupara y realmente no quería dejar de tocarla.
Siempre había sentido curiosidad por la cola larga y peluda de la joven, así que dejándose llevar acarició suavemente esa cola esponjosa del tono de cabello de la kamineko y de inmediato se arqueó en respuesta, como si hubiera recibido una descarga eléctrica.
—No, no la toques. -Imploró. —No podré contenerme si lo haces. -le advirtió, él la apretó tratando de experimentar e inesperadamente gimió, con un sonido bastante delicioso que logró una sacudida en el cerebro de Gray. Con un nuevo apretón la princesa se subió encima de él, su respuesta inmediata fue llevar sus dos manos a las nalgas de la joven para darle soporte, que sensual se veía encima de él, hermosa y dominante.
—No puedo. -Susurró con una expresión de frustración, sintiendo como dolía su pierna y su trasero, el último por la inyección. Gray entendió que en otra circunstancia no se la hubiera perdonado, ella le estaría haciendo muchas cosas, esas que probablemente el Fullbuster hubiera decidido continuar dejándose llevar por sus deseos.
Se dejó caer suavemente encima de él para acomodar su rostro en la curvatura de su cuello y con su nariz acariciar la extensión de su piel. El humano no podía negar que su corazón había dado un vuelco cuando se subió en su cuerpo, que realmente sus deseos más carnales habían salido a flote.
Ronroneos empezaron a salir de la boca de la kamineko, de un momento a otro empezó a sentirse demasiado extraño, como si su cabeza estuviera en el cielo, placentero, se sentía totalmente satisfactorio y estaba en extremo feliz, le abrazó para acariciar suavemente su espalda, su cabello, haciendo sentir muy bien a Juvia, consentida y mimada. No tenía que ser un experto, sabía que ella le estaba induciendo ese estado con el sonido que hacía su ronroneo y lo disfrutó, jamás había probado alguna sustancia alucinógena, pero, se sentía increíble eso que estaba viviendo, sus ojos ya no percibían el techo de la habitación, en cambio veía un montón de colores, de planetas y estrellas. El sonido había logrado llegar a su cerebro, provocando en él un hormigueo, relajándose, llevando a su cuerpo a empezar a dormirse encontrándose en un estado de descanso, en otro nivel.
—Buenas noches esposo mío. -Era su forma de agradecer el obsequio por el Katconejo, por la colita de rana y por acariciarla y mimarla en ese momento que se encontraba tan débil, por comportarse como un esposo.
—No pares de ronronear. -Le pidió. Ella asintió para continuar con los sonidos que eran en extremo relajantes, como una droga para el cerebro del humano.
La bajó con extremo cuidado de su cuerpo para dejarla a su lado frente a él y abrazarla, la peli azul con sus manos comenzó a buscar a su conejito, Gray que tenía esa sensación magnífica en su cerebro lo buscó en la cama dando palmaditas con sus manos en la superficie de la cama hasta que lo halló, se lo entregó, la chica sonrió para abrazarlo fuerte y ponerlo entre ellos dos, después la corrió desde su espalda baja, haciendo que la Loxar subiera la pierna por las de él, pegando sus zonas íntimas.
Si estaba soñando no deseaba que la despertaran, Gray estaba haciendo eso por voluntad propia, abranzadola, mimándola, el corazón de la Loxar estaba a punto de explotar, estaba tan feliz que casi había olvidado el horrible suceso que le sucedió en la tarde, traumático y él lo sabía, aunque Juvia quisiera ser fuerte debía estar muy asustada por lo que le pasó.
Fue la mejor noche que había pasado Juvia en toda su vida.
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Y era una cantidad increíble de cartas, sacos gigantes con papeles de todos los colores, con sus manos protegidas con unos guantes para evitar cualquier tipo de envenenamiento a través de la piel, se estaba tomando el trabajo de leer cada una de las cartas que sus admiradores y personas que la querían le habían hecho llegar el día anterior.
Hola, necesito hablar contigo. Att: Ur
Le inquietaba ese mensaje que acaba de recibir, sabía que era esa kamineko, Ultear, pidiéndole que hablaran, que lo necesitaba, no tenía ni idea como había conseguido su número. Vio a su esposa que seguía concentrada en las cartas, si esa kamineko tenía una pista de quien había sido el que había herido a Juvia, debía escuchar lo que ella debía contarle.
Hola hermosuras, hasta aquí capítulo.
Espero lo hayan disfrutado muchísimo, agradezco sus reviews, los leooo, si quieren dejarme un comentario no saben como lo agradezco, me motivan demasiado para continuar. Gracias por tomarse el trabajo de leer.
