Nota: OJO ! Deben leer el capítulo 34 de las cartas antes de este.
Dos meses después
Desde el cielo todo era distinto a recorrer los espacios desde tierra. Las cosas, las personas, los edificios y la vegetación se volvía infima, a veces casi imperceptible.
La joven shihanyo volaba feliz a lomos de Yiko, su yokai volador, que del pequeño cachorro que abandonó esa aldea había pasado a un gran ser de extremidades gruesas y un color de pelaje oscuro.
Yiko, curioso por el sitio donde estaban que era visitado muy de vez en cuando por Moroha, se dejó guiar hasta que ambos llegaron a las afueras de la aldea, junto a un bosque demasiado familiar para la niña.
Caminaron juntos, en silencio, mirando a la distancia cómo había evolucionado la misma; ahora habían muchas más casas, negocios, sitios que servían de espacios comunitarios, entre otros.
Ver niños gritando, corriendo y jugando la hacía sentir aún más feliz, aquel sitio se había transformado gradualmente en el perfecto para vivir.
Los aldeanos que daban con Moroha la saludan con amabilidad, aunque divirtió a la chica al ver que algunos no sabían de quién se trataba. Probablemente vivían ahí hace poco, dos años máximo. Yiko por su parte disfrutaba la atención de la gente y de vez en cuando se detenía, curioso, por los colores de las telas y los accesorios de las aldeanas.
Cuando ya estaba muy cerca del hogar de sus padres, una sensación de añoranza la inundó desde el estómago hasta la garganta. Todo parecía un poco como siempre, la cabaña con la terraza de su madre, el huerto, la entrada moderna y los árboles alrededor.
Antes de poder acercarse para entrar, sintió los pasos agitados desde adentro de la misma.
-¡MOROHA!- gritó una voz aguda de niño.
-¡Momo!- le hizo eco otra voz igual de chillona pero más femenina.
-¡Cachorros!- respondió Moroha, abriendo sus brazos para recibir a sus dos hermanos menores que se agarraron como pudieron de ella, dejando que la chica los subiera y los elevara entre gritos de diversión.
Yiko, entretenido con la escena, se acercó al trío intentando unirse.
-Yiko bastaaa- pidió Moroha, dejando a los niños en el suelo y acariciando la cabeza del yokai, mientras esté, obediente, se sentaba en su sitio y guardaba sus alas detrás de su espalda, quedando en una pose muy solemne- ¿Cómo están?
-Bien, hermanita- respondió Ichiro, haciendo gala de sus cinco años y mostrando su tranquilidad al lado de su pequeña hermana, que no dejaba de sonreír, ansiosa por seguir jugando.- Te sentimos.
-Siiii- asintió la pequeña de ojos dorados, indicando con una garrita su nariz. Ambos cachorros tenían el buen olfato de los perro demonios.
-Increíble.
En cuanto dijo eso, Moroha sintió que corrían de nuevo hasta ella, está vez sus papás que al verla llegaron casi tan ansiosos como sus hermanos menores.
-Moroha, por fin llegas- le dijo Inuyasha, agarrándola en un abrazo simple pero apretado, que duró unos segundos. Moroha sonrió al verlo, desde que había nacido Kotomi nunca más volvió a decirle enana.
-Hola hija- dijo Kagome por su parte, esperando para acariciar el rostro de Moroha en medio de una sonrisa- estás preciosa.
-Gracias mamá, es un nuevo aspecto…
-Me gusta mucho- agregó Kagome, indicando con una mano que todos entraran a la cabaña. -Bien, todos dentro, comeremos y dejaremos que Moroha nos cuente todo.
Los niños, felices, agarraron de cada mano a Moroha a la arrastraron a la cabaña-
-¿Qué me trajiste, Moroha?- preguntó Ichiro en un susurro, esperando que Kagome no lo oyera.
-¿Y a mi? ¿Qué me tajiste a mi?- preguntó a viva voz Kotomi, irritando al instante a Ichiro que la miró con cara de odio, mientras la niña descubría su error y ponía cara de tristeza.
-Les traje varios regalos, pero primero deberan dejarme descansar un tiempo …-
-Keh, ni lo sueñes- dijo Inuyasha divertido. En esa cabaña ya no había días de tranquilidad como antaño.
Pasos suaves, livianos, seguidos de una corriente de aire. Podría pretender que no sabía de qué se trataba, esconderse bajo la cobija y figurar como muerto o algo similar. Pero sería imposible. Esos pequeños diablos sabían bien cómo manipularlo.
-No…- pidió muy dormido en medio de un quejido, mientras se tapaba la cabeza completa debajo de la cama- no vengan…
-¡KENJI!- gritaron dos vocecillas que conocía demasiado bien. Acto seguido, el peso certero de dos cuerpos pequeños sobre él, que saltaban entusiasmados sobre su cama y sobre su cuerpo, golpeando sus costillas, piernas, estómago..
-Déjenme dormir…- rogó el hanyo, casi es una súplica. La noche anterior había tenido la mala idea de seguir a Hisui hasta una posada donde a ambos se les había pasado la mano tanto en el alcohol como en el intento de ignorar a las bailarinas.
-¡LEVÁNTATE, KENJI, TENEMOS UNA "SOPRESA"!- dijo la pequeña Kotomi, sacando de las manos del hanyo la cobija y sonriéndole cuando lo vio directamente a los ojos. Kenji le sonrió de vuelta, esa carita redonda y ese pelo blanco alocado era enternecedor.
-Bien…esperen. Siéntense un segundo- les dijo, saliendo de su descanso y sentándose junto a los niños que, incluso sentados frente a él, daban brincos de felicidad.
-Kenj…perdón, maestro- dijo Ichiro, sonrojándose al ver que se equivocaba- tenemos que apurarnos, ven, ven.
-Bien, salgan, dejen que me vista …
-¡NO! -gritaron ambos niños a la vez, mientras se levantaban y lo forzaban, de ambas manos, a incorporarse con ellos. Sería fácil para Kenji agarrarlos; eran pequeños y delgados, pero era inevitable para el chico hacerles caso. Simplemente, esos niños le ablandaban el corazón.
-Ya, vamos…-
-¡SIIIIIII!-
Kenji deseo un poco morir al verse arrastrado tan temprano. El camino bajo el sol de la madrugada se hacía doblemente duro, más aún con los efectos de la borrachera aún en el cuerpo. El podría ser hanyo, pero ya no era tan joven, esos niños le habían quitado un poco de energía vital a medida que crecían. Siendo bien sincero, la mitad de sus sentidos seguían dormidos. Se dejó arrastrar hasta que tuvo conciencia de que habían llegado casi al frente de la cabaña de sus maestros.
-¡Listo!- dijo Ichiro mientras lo soltaba. Estaba tan entusiasmado que Kenji creyó que explotaría a saltitos en su sitio.
-¡Sopresa!- gritó Kotomi, indicando con ambas manitos pequeñas hacia la entrada.
Kenji creyó que se le caería el alma de dentro de su cuerpo. De la puerta salió Moroha con una sonrisa enorme. El hanyo se enderezó como pudo en su sitio, mientras los niños se mantenían en silencio junto a él, con una sonrisa bordada y la expectación en los ojos.
Pero lo cierto es que Kenji solo pudo quedarse quieto. Pensando, con mucho horror, que Moroha se veía distinta. En el buen sentido de la palabra.
-Hola, Kenji- dijo ella, acercándose al trio con los brazos detrás de la espalda- lamento que estos diablos te fueran a despertar-
-Moroha… no pasa nada, estoy acostumbrado. Bienvenida- cuando dijo eso, los niños se rieron en su puesto. "Malditos enanos traidores" pensó Kenji, no le había gustado mucho la encerrona que le habían dado.
-¡KOTOMI, ICHIRO, DENTRO!- gritó desde la cabaña la voz fuerte de Kagome, haciendo que los niños obedecieran de manera increíble, entrando raudos en búsqueda de su madre.
-Mamá tiene un control inigualable con ellos- expresó Moroha, admirada mientras se giraba para verlos marcharse.
Kenji, en ese medio segundo que ella desvió la mirada de él, se permitió mirarla más detenidamente un segundo.
¿Cuánto había pasado? Sintió que algo lo golpeó demasiado fuerte en el pecho al verla.
-¿Cómo estás?- preguntó la muchacha, rompiendo los pensamientos de Kenji.
-Eh..bien, gracias ¿y tú? ¿Acabas de llegar?-
-Sí…hace apenas una hora. Alcance a hablar con mis papás, pero casi nada. Los niños insistieron mucho en ir a despertarte y traerte.
-Bien, lo lograron- aseveró Kenji, haciendo reír a Moroha. Kenji sintió que incluso su risa era más melodiosa, si eso fuera posible.
Después de ese momento, ambos quedaron en silencio, desviando la mirada del otro.
-¿Y Yiko?- preguntó Kenji, a lo que Moroha hizo un gesto que quiso decir "cierto" y caminó un poco hasta llamar un silbido al yokai. Cuando el hanyo lo vió, se sorprendió muchísimo. Era enorme. -Woow, ha crecido mucho ¿ya es capaz de llevar más de una persona?- preguntó, acariciando el lomo del demonio que respondía en agradecimiento con los ojos cerrados.
-Sí, ya es lo suficientemente fuerte- dijo con orgullo Moroha, acariciándolo junto a Kenji y aproximándose mucho a él, al punto que los movimientos que hacían con la mano chocaron un par de veces, lo que hizo que el hanyo se tensara en su sitio. Como acto seguido, el hanyo dejó de acariciar al yokai que se quejó a viva voz.
-Eh..iré a mi casa, debería ponerme más presentable-
Kenji, alejándose de la shihanyo y su acompañante, hizo una suerte de gesto de despedida.
-Bien…¿nos vemos luego?- alcanzó a preguntar Moroha, antes de que él pudiera escapar a paso rápido. La única respuesta que obtuvo fue su asentimiento.
Moroha suspiro en su sitio. Tenía simplemente lo que se había ganado.
Una vez descansada y luego de la interrogación de sus padres sobre el tiempo que no habían sabido de ella, Moroha se animó a ir sola a ver al resto de la gente de la aldea. Aquel no era un día especial, ni mucho menos lo sería por su presencia, así que se propuso pasar inadvertida, lo que la forzó a dejar a Yiko con sus hermanos. No sin advertirles que no podían tratarlo distinto a un bebé, en un intento de que los niños traviesos no hicieran atrocidades con él.
La aldea seguía con la esencia que recordaba.
Sin darse cuenta, terminó junto al antiguo templo, aquel donde se había resguardado hace muchos años la perla de shikon. Se arrodilló con cuidado frente a unas figuras de piedra. Dos tumbas, mejor dicho.
Se dió unos minutos muy personales para rezar y agradecer a la difunta anciana Kaede, que descansaba junto al sitio donde, alguna vez, estuvieron los restos de la sacerdotisa Kikyo.
Si algo había incorporado luego de años de entrenamiento con sacerdotisas, es que la vida es muy corta para no estar agradecido. Ahora ella siempre tenía algún pensamiento para aquellos que la habían acompañado y, como en caso de Kaede, que le habían enseñado.
-Volví otra vez, anciana- susurró a la tumba, tocándola como si fuera una caricia.
-Hola forastera- una familiar voz despertó el trance de la shihanyo, haciéndola levantar y dar de frente con Riku. O eso parecía, porque su look hogareño de cuidador de templo era extraño de ver. Solo su cabello rojizo era indiscutible.
-Riku…¡Towa!- la chica no ocultó su mayor alegría al abrazar a su prima que vino corriendo hasta ella.
Towa también se veía distinto, había dejado crecer su cabello y tenía un aspecto muy señorial, algo que producía sensación de hogar de forma similar a lo que provocaba Kagome.
-Prima, que bueno que volviste. te extrañamos mucho
-Y yo a ustedes…bueno, a casi todos. Llevo pocas horas con los enanos y ya quiero amarrarlos a algún árbol- admitió, haciendo reír a la pareja.
-Los niños han crecido enormes ¡igual que Tadashi! Ven, está dentro.
Moroha sigo a los casados dentro de una casa tradicional japonés apostada junto al templo que años atrás se había inaugurado. No podía evitar sonreír al recordar la teoría de su madre. Cada día todo parecía indicar más y más que ese niño, el hijo adoptivo de Towa, era el antepasado de su madre. Y de ella, claro.
-Mira hijo, saluda a mi prima ¿la recuerdas?
-Buenos días- dijo el muchacho con una reverencia. Moroha le devolvió el gesto. El niño, que era un poco mayor que su hermano, era muy correcto y la shihanyo sintió una conexión con él inmediatamente.
Luego, la feliz familia la hizo sentarse a tomar té, mientras volvían a interrogarla.
-Ese aspecto te viene genial, prima- dijo Towa, tomando entre sus manos la tela de la parte superior del nuevo traje de Moroha- ¿De donde es? me recuerda a los trajes ninjas y algunos tradicionales que se veían en las películas…ya sabes…
-Es del otro lado del océano. Decidí que era hora de cambiar, ya no me acomodaba tanto para pelear el traje hasta media pierna, quería algo que me permitiera moverme- Explicó, mientras mostraba a Towa los detalles del listón que separa y daba forma al ropaje. El traje seguía siendo rojo, solo que la parte superior era similar al de las sacerdotisas, guardando por el hecho que tenía una especie de obi sencillo que mostraba con claridad la curva de la cintura de la chica. A su vez, el tradicional cabello tomado se había convertido en un amarre más bajo con mechas sueltas, que le daba más madurez al atuendo.
-Disculpenos, nosotros nos iremos al entrenamiento- dijo Riku de pronto llevándose con él a Tadashi. El niño se despidió con cortesía de Moroha, quien le sonrió de vuelta.
-Tadashi es uno de los alumnos humanos de Kenji- le explicó Towa a su prima, con una expresión de orgullo que solo puede tener una madre- ha aprendido lo inicial de la katana, su sueño es ser un samurai para algún rey o príncipe.
-Seguro lo logrará-
-Sí…¿sabes algo? Mi padre le regaló su primera arma.
-Eso no me lo esperaba- admitió la pelinegra, con abierta curiosidad- ¿se llevan bien?
-Muchísimo. Bueno…sabes como es padre, pero dentro de su seriedad, disfruta de cuidar de Tadashi junto a mamá y le hace regalos cada vez que sale.
-Tía Rin debe ser la más feliz…
-Sí- dijo Towa, sonriendo y sirviendo otro poco de té a su prima- me ha dicho que desde que es abuelo mi padre es alguien distinto.
-¿Y qué es de Setsuna?
-Está muy ocupada siendo la líder de los exterminadores, al menos de la región. Luego de que Kohaku se marchó lejos con un grupo de ellos y la madre de Hisui se jubiló, ella lleva toda la responsabilidad. Y lo hace increíble, la buscan en los lugares más recónditos e instauró un sistema de protectores o guardianes que cuidan de grandes castillos y templos que no cuentan con gente hábil en las armas. Y, claro, debes saber que todos los casos de corte espiritual los deriva a tu padre…
-Que desde que se jubiló tío Miroku trabaja con la estafadora de Kin´u- terminó de decir Moroha, haciendo que Towa asintiera.
-Como ves, todo ha ido bien por aquí…
-Incluso Kenji ha logrado sacar adelante su dojo-
-Sí, tiene varios estudiantes. Lo grandioso es que logró que convivieran muchachos de distintas especies y de los dos géneros, aunque la mayoría de sus alumnas mujeres son humanas. Kotomi será la primera mestiza.
Moroha se enderezó en su lugar, intentado fingir un desinterés que nadie podría creerle y miró a su prima como si anda pasara.
-El…sigue molesto ¿no? Supongo que lo entiendo, claro…lo vi en la mañana y actuó como si se tratara de un fantasma…
-No lo sé, tengo entendido que ha seguido con su vida.
Silencio
-Hay una chica ¿eh? Mamá fue menor sutil que tu en lanzármelo en la cara mediante una carta
-Eso parece… es una jovencita que trabaja conmigo ¿Por eso volviste?
-¡Claro que no!- chilló Moroha enfadada- volví porque mi entrenamiento finalizó y me dieron una temporada libre para que decidiera que haré ahora.
-¿Y cuáles son las posibilidades?
-Seguir en el templo de las guerreras, entrenar a otras sacerdotisas como lo hizo Rei conmigo, buscar una aldea o ciudad y asentarme ahí…muchas cosas. Pero no tiene nada que ver con Kenji, él puede hacer lo que desee de su vida.
-Como muy bien lo dejaste claro tu ultima estancia aquí ¿recuerdas?- Towa, que conocía la indecisión latente en los ojos de su prima, logró remover algo en Moroha que suspiró en su sitio- creí que estabas decidida.
-No insistas, por favor Towa, harás que me vea obligada a marcharme-
-Bien-
Así, sin más, Towa cambio el tema. Pero su prima se sentía cada vez más inquieta y curiosa por la muchacha misteriosa.
Su primera noche en la aldea en la que creció le recordó con mucha facilidad a Moroha como era sentirse realmente en casa. No podía quejarse de las sacerdotisas, claro que no, ellas eran hogareñas, ordenadas, complacientes y muchas cosas más. Pero cuando sabes que al despertar encontrarás a tus padres y hermanos impacientes por estar contigo, se vuelve sencillamente insuperable el sentimiento de acogida y de caricia en el alma.
Disfruto plenamente del desayuno de Kagome, los gruñidos de Inuyasha intentando calmar a los niños y de sus hermanos revoloteando junto a ella, intentado socavarle cualquier información no dicha en cartas. Solo lograron tranquilizarse cuando se alistaron para ir al dojo. Si bien, Kotomi aun no entraba a plenitud con Kenji, gustaba de ir con su hermano y observar a los chicos entrenar…sobre todo a uno en particular.
-¿Dai?- preguntó divertida Moroha, mientras llevaba de la manos a sus hermanos
-Sí- respondió Kotomi con una sonrisa de colmillos incipientes a su hermana, quien le sonrió de vuelta.
-Kotomi no lo deja en paz, Dai es nuestro hermano mayor en el dojo, es el que tiene más años y sabe más de pelea…- dijo Ichiro, un poco molesto y con un tono increíblemente similar a cierto tío que Moroha conocía.
-Ya veo…
Una vez junto al dojo de entrenamiento, Moroha, un poco confusa, decidió que sería mejor no acompañar a sus hermanos. Antes de poder dar sus excusas, Ichiro la soltó de la mano y se posó frente a ella, frenándola.
-Hermana…déjanos aquí si quieres.
-¿Po qué?- preguntó Kotomi, haciendo que Ichiro le gruñera por entrometida.
-Bueno…es que…-
Moroha, que no necesito que le dijera nada para deducir de su sonrojo que no quería llegar con su hermana mayor de la mano a clases de katana, hizo un movimiento con la mano liberándolo de explicaciones y, cerrando el viaje con un beso a cada uno, los dejo irse en dirección a sus lecciones.
Cuando quizo alejarse y buscar alguna parte donde hacer tiempo, un impulso increíble la hizo aproximarse al dojo. Algo tan fuerte que la hizo ocultarse, rogando para que el buen olfato de sus hermanos no la delatara. Cuando estuvo cerca, logró divisar gracias a los espacios abiertos del edifico a Ichiro saludando junto a Dai, asumió Moroha. Aunque el pequeño Dai fuera tambipen discípulo de su padre, algunas veces el joven lobito se quedaba a dormir junto a una de sus hermanas mayores que no vivía lejos de ahí. Verlo fue nostalgico para Moroha; el chico conservaba esa mirada astuta de toda la familia de lobos, la piel trigueña y los ojos verdes intenso de Ayame. Solo que, en su caso, la mirada y la actitud guardaba algo muy distinto a Hiro o a Umiko. Junto a ellos habían otros chicos, una muchacha más grande que parecía ser humana, algunos muchachos que ebían ser hanyos (probablemente de la aldea secreta de Shiori) y un chico que Moroha creía debía tratarse de Miya, el bebé que alguna vez cuido en una tormenta de nieve.
Sonripo para si misma, todos los niños se veían feliz, risueños, ansiosos por el inicio de la lección. Incluso Kotomi, la más pequeña, que estaba sentada en la entrada, dando saltitos emocionados y silenciosos.
Entonces, entró Kenji. Moroha ahogo un respiro. Se sintió sorprendida de verlo con su tenida de entrenador, la espada en la cadera como solía y un traje de haori tono azulado con pantalón blanco, que lo hacía ver muy solemne. Su actitud iba a juego, saludó a sus alumnos y todos lo siguieron. Era sencillamente precioso de ver, la armonía que de alguna forma había logrado entre diversas especies, algo impensado en época de su padre, de su madre, incluso la de ella misma de joven.
Pero ahí estaban, todos aprendiendo juntos.
Detrás de su escondite, Moroha se dejó llevar y deleitar por la clase. Ni siquiera se dio cuenta cuando la misma finalizó y todos se reunieron alrededor de Kenji para preguntar cosas. Al menos hasta que cierta persona llegó.
Una figura delgada, fina, de largo pelo negro y yucata en tonos pasteles se apróximo a Kenji sonriendo con la afabilidad que solo da la juventud. En sus manos llevaba un paquete envuelto perfectamente y con un gesto que se veía demasiado cotidiano entregó el mismo al dueño del dojo, haciendo el Kenji le sonriera y le dijera algo, probablemente un "gracias".
Esa tenía que ser Botan, la misteriosa Botan.
Sintió que toda la calma que había vivido se convertía en un líquido duro que bajaba pesadamente por su pecho y su estómago, dándole una sensación similar a la fatiga. La chica no se marchaba, seguía ahí haciendo comentarios o quien sabía que, Moroha no podía enfocarse lo suficiente en oírlos en medio del barullo de los niños del dojo. Solo apreciaba con evidente tristeza en sus ojos como Kenji se veía a gusto con ella. Incluso, parecía que le brillaran los ojos.
Un instinto primitivo de Moroha le hizo preguntarse lo peor.
¿Acaso a ella la veía así también? ¿Cuándo había dejado de conservar eso para ella?
La realidad de que ella misma había sepultado mucho de todo aquello la hizo querer arrancar de ahí. Así que, con mucha torpeza en movimientos lentos por el pesar de su conciencia, se fue de su escondite.
Lo único que no sabía es que sus hermanitos la habían visto. Alcanzaron a verla mirar con pena a la parejita y marcharse en silencio.
Algunos días después
-¡Ichiro, no puedo creerlo solo te corté el cabello ayer!
Kagome, que después de varios años y un trio de hijos semidemonios aun no perdía su carácter dominante en ocasiones especiales, no podía conformarse mientras insistía en cortarle el cabello a su hijo del medio.
-Mujer, dejalo tranquilo, es imposible- la rega{o Inuyasha, quien estaba sentado comodamente con Kotomi acurrucada en su pecho como un pequeño bebé, casi dormida a pesar del ruido. El hanyo la sostenía con firmeza pero con suavidad a la vez, de una forma experta y cariñosa que conmovía a Moroha desde su lugar junto a sus padres.
-No puede andar con los cabellos así de desordenados, creeran que criamos a nuestro hijo como un salvaje.
-Keh ¿a qué no?- respondió Inuyasha, logrando que su mujer le lanzara una mirada de odio. Ichiro, callado y con el rostro molestísimo estaba resignado con las manos cruzadas dejando que su padre por quinta vez en menos de un mes le cortara el pelo. Pero era inútil, por alguna razón le crecía increíblemente rápido y cada vez que Kagome luchaba con dejarlo corto o a lo menos decente el pelo parecía ponerse en su contra y creía de formas increíbles y alocadas, dándole aspectos diferentes al pobre niño.
-Kami-sama ninguna de mis hierbas sirven, es imposible… necesitaría algo como un medicamente…
-¿Médicamente?- preguntaron a la vez sus dos hijos menores, a lo que Kagome hizo un gesto como bajándole importancia, no se sentía dispuesta a explicar esas cosas.
-Mejod que lo rapen mami- sugirió Kotomi en medio de un bostezo, haciendo que Inuyasha se riera y Moroha también, por la cara de horror de Ichiro.
Cuando el enojado y humillado Ichiro se levantó para abalanzarse contra su hermana, entró a la cabaña Dai, que venía con una actitud neutra pero se transformó a la defensiva al ver a toda la familia reunida. Los saludo y se sentó junto a su maestro, ese día irían a entrenar cuerpo a cuerpo.
Moroha, que estuvo lo suficiente para analizarlo, adoró al lobo desde el primer momento. Era una mezcla física perfecta de sus padres pero con una actitud calmada y humilde que la enterneció. Dai tenía el cabello corto y una banda de piel en la cabeza que tranquilizaba sus mechones rebeldes y le daban un estilo particular, similar a sus hermanos pero menos llamativo. En poco tiempo Moroha se puso al día con la situación de todos los lobos. Hiro ya era padre de una niña, Umiko lideraba junto a él el clan, Sayumi estaba emparejada con una demonia Hebi y Koga con Ayame estaban viviendo lejos del clan, tranquilos con algunos de sus nietos.
Moroha no pudo continuar interrogando al pequeño sobre su familia, porque de pronto apareció Setsuna en la entrada de la casa junto a Hisui.
-¡Setsuna!- gritó Moroha, parándose para abrazar a su prima que aún no había podido ver desde su llegada.
-Volviste justo a tiempo- respondió la exterminadora, con una media sonrisa que fue suficiente para Moroha- buen día a todos.
-Beniyasha, tanto tiempo- agregó Hisui, haciendo una pequeña inclinación de saludo a la chica que le sonrió en respuesta.
-Fue sorpresa…
-Estupendo. Pasabamos precisamente a decirles que la fiesta de aniversario de los padres de Hisui será en tres días…nos pidieron que vinieramos a avisarles.
-Muchas gracias Setsuna, procuraré informarlo e intentaré ir a ayudar lo antes posible…tu sabes, mi problema es dejar a los niños…
-¿Y yo no puedo cuidarlos?- gruñó Inuyasha, ocasionando un quejido de Kagome.
-Tu vas conmigo, obviamente. Son tus amigos también.
-No veo el problema- dijo Moroha, interviniendo antes de la queja de su padre- yo cuido a los cachorros. De todas formas, será aquí mismo en la aldea según entiendo, solo será por el día.
Sin decir más, la pareja salió de la cabaña. Moroha, divertida, hizo un gesto a su padre como para saber que pasaba entre ellos. Pero, el siempre distraído de Inuyasha solo levantó los hombros, no sabía nada.
-Mamá deja a Ichiro en paz- pidió Moroha, aburrida de verla lucha con el cabello del niño que estaba cada vez más enojado- además es casi hora de las clases, dejalo ir.
-Ay…es cierto. Hijito, tomate el cabello ¿bueno?-
-Sí mamá…-
-Si quieres te hago una tenza- dijo Kotomi, sonriéndole a su hermano que solo le mostró los colmillos en respuesta.
-No peleen- ordenó Inuyasha, no molesto pero sí muy serio. Los niños obedecieron, lo que hizo abrir los ojos sorprendida a la hermana mayor.
Moroha, un poco más atenta a la dinámica familiar, tomó de cada mano a sus hermanos y partieron a las lecciones, con Dai junto a Kotomi, que no dejaba de preguntarle cosas. Mientras iban a dojo, una duda surgió en Moroha que la hizo ir más lento.
-Ichiro ¿es mi idea o Kenji ya no va tanto a la cabaña?
Ichiro, que estaba atento a su hermanita y sus mejores amigos, puso su atención en su hermana. Subió una ceja, como confundido.
-Sí, es cierto… suele ir más a comer con nosotros.
-Debe estar visitando más a la señorita Botan- dijo Moroha, intentando bajarle la importancia, pero Ichiro abrió inmensamente los ojos, como aterrado.
-Hermanita- dijo Kotomi cuando estaban por llegar al dojo- ¿no puedes quedate conmigo?
-No cachorra, debo volver. Aparte, no creo que a Kenji le agrade que me quede- confesó la chica, sin darse cuenta- otra vez- que su hermanos reaccionaban fuertemente a sus dichos respecto a Kenji. Cuando se marchó y los niños quedaron solos, los dos pequeños hermanos semidemonios se acercaron mucho, cómplices.
-Hay que hacer algo- murmuró Ichiro, mirando serio a su hermana menor.
-Sí…Momo está tiste por Kenji…
-Cierto. Es por esa chica, la que viene con comida que tiene pelo lindo- agregó Ichiro, sonrojándose. Se sacudió la cabeza como un perrito para evitar ese pensamiento sobre la chica linda, haciendo que su cabello alocado se volviera aún peor- ella no puede ser nuestra hermana.
-No puede- dijo segura Kotomi- yo quiero que Momo se enamore de Kenji- lo último fue un hilo de voz triste, que puso a su vez triste a Ichiro.
-Yo también. Tengo un plan.
Ichiro, a pesar de ser un niño aún, tenía un ingenio que muchas veces sorprendía a sus padres. No solo era un observador curioso y silencioso, también era un aprendiz veloz para sus cortos años.
Mucha gente solía decir que tenía unos ojos preciosos, de un tono dorado que solo se repetía en su padre, su tío y su hermanita, lo que lo hacía llamativo desde el día que nació. Otra gente coincidía en su parecido con su hermana mayor, pero lo cierto es que su actitud más seria y solemne lo hacía tener una personalidad más cercana a Setsuna, su prima.
Quizá, por eso mismo, era extrañamente cercano a su tío demonio, Sesshomaru. Se le podía ver en más de una ocasión juntos en silencio, o al demonio mirarlo entrenar mientras su tía Rin gozaba de las escenas. La mujer incluso había admitido alguna vez para su pequeño sobrino que él era especial para Sesshomaru, uno de sus favoritos.
Saber eso cambió a Ichiro. Se sentía importante.
Y, eso mismo, hacía irritar a su padre.
Inuyasha, que adoraba a su pequeño, sabía bien el vínculo que tenían, pero lo obviaba diciendo que era su cachorro y eso nunca cambiaría. Aunque ni siquiera era necesario, Ichiro admiraba de tal manera a su padre que su mayor sueño era, algún día, heredar Colmillo de Acero, la espada familiar. Aunque supo al crecer que era más probable que llegado el momento le tocara a Moroha tenerla.
Al otro lado, estaba la adorable Kotomi. Con menos de dos años de diferencia con su hermano, la niña semidemonio se mostraba tan capaz como él a su misma edad. La diferencia de los niños no solo radica en su forma física (la pequeña era una versión exacta de su padre, a excepción de las orejas)sino también en su personalidad.
Kotomi, al ser la tercera y sorpresiva hija de Inuyasha y Kagome, era la delicia de la familia. Todos adoraban a la niña, nadie era indiferente a sus ojos tiernos y sus técnicas de manipulación, las que había forjado desde el día que entendió que era no solo astuta, sino también muy hermosa.
Y, aunque era una niña sensible la mayor parte del tiempo, mantenía un carácter fuerte en lo profundo, que le permitía defenderse de otros y alegar cuando algo no le parecía justo.
Así, ambos niños unidos, formaban una fuerza de la naturaleza, bien temida por sus padres y la gente de la aldea.
Ichiro, que había persuadido a su madre de que iría antes a sus lecciones junto a su hermana caminaba sigiloso con su pequeña hermana de la mano, hasta que llegaron justo enfrente de la escalera que llevaba al templo de su prima Towa.
-Rápido Kotomi- susurró Ichiro, indicando un sitio. La pequeña, entusiasmada, corrió detrás de él sosteniendo con sus garritas incipiente la tela de su pequeño kimono. Pasada una hora, ambos niños se encontraban expectantes a que su diabólico plan funcionara.
Cuando apareció Botan caminando en dirección al templo, los niños aguantaron un chillido.
La vieron caminar como siempre, calmada, con un paquete en las manos. Hasta que se acercaba al lugar.
Cuando Ichiro vió que por fin pisaría el sitio, ahogó un quejido al verla detenerse en frente.
-Buen día Botan- era Kenji, que se acercó a la chica a paso rápido.
-Buenos días Kenji. Iba al templo.
-Déjame que te acompañe
-No es necesario. Iré al dojo en la tarde…tengo dulces para los niños- dijo la muchacha, sonrojándose intensamente. Kenji asintió y la dejó seguir. Pero no por mucho, porque apenas dio un paso, el pie de Botan se perdió en un agujero en el piso.
-¡AHHHHH!- se escuchó chillar a la niña.
-¡Botan!
Ichiro, detrás de un árbol con su hermana, tuvo que aguantar la risa malvada. Había funcionado. La joven se había caído a un agujero en el piso, quedando sentada dentro del mismo. Había sido tan perfecto, que Kotomi creyó que había desaparecido.
-¿Estás bien?
-Sí, sólo me caí. No sé qué fue eso…pero…¡Ay! me duele el tobillo-
-Voy a sacarte- dijo Kenji, saltando hasta ella con mucha facilidad. La sostuvo entre sus brazos y la sacó del agujero. Cuando intentó dejarla en el suelo, fue imposible. La chica gritó de dolor. - te llevaré a tu casa y te curaré, tranquila.
Kotomi, que pasó de la felicidad al odio, gruñó en su lugar.
-Hermanito, se la está llevando en brazos…- se quejó la pequeña.
-Si sé…no contaba que llegaría Kenji.
Kotomi suspiró. Eso se había visto muy "romántico" como decía su madre cuando su padre hacía cosas bonitas para ella.
El siguiente plan era mejor, pensaba Ichiro brillantemente. Para eso esta vez necesitaría un cómplice, así que fue hasta la cabaña de tía Rin y pidió hablar con Jaken.
-No, váyanse de aquí mocosos- dijo el demonio verde, haciendo gestos de que se fueran de ahí. Acababan de pedirle una cosa muy ridícula.
-No, ayudanos por favor Jaken- dijo Ichiro, intentando que no se fuera.
-Si monito vede- dijo Kotomi, haciendo que Jaken arrugara la cara molesto- por favor.
-Le diré a mi tío que nos ayudaste y fuiste bueno-
-¿De qué me sirve eso, mocoso insolente?- replicó el demonio. Le parecía increíble el atrevimiento de esos pequeños niños.
-Entonces le diré que no nos ayudaste, eso es peor- agregó Ichiro. Jaken, que parecía seguir incrédulo pareció pensarlo un poco. La cara de Ichiro era de un niño, pero uno muy serio. No podía ignorar el hecho de que Rin y su amo tenían especial debilidad por ese niño.
-Malditos niños, hijos de Inuyasha tenían que hacer. ¡Está bien, lo haré!
El plan, muy precioso, consistía en llamar la atención de Botan simulando un puesto en la calle de las artesanías. Luego de averiguar cuando la chica iría a comprar, la esperaron escondidos en unos grandes canastos, mientras Jaken, disfrazado de anciano, esperaba hablar con Botan.
Todo iba bien, solo que más lento, considerando que la muchacha aún caminaba apoyada en una siete de bastón debido al golpe en el tobillo. cuando estuvo en el puesto, comenzó el acto.
-Mire jovencita, estás cremas para la piel y el rostro alargan la juventud.
-Muchas gracias, apenas tengo dieciocho años anciano- dijo la muchacha, sonriendo amablemente.
-Es usted muy linda- agregó Jaken, cuando Ichiro le picó las costillas con una vara cuando notó que la dejaría irse- esto además tiene un aroma que enamora a cualquier hombre…e incluso, a los que no son hombres al cien por ciento.
Pareció que esas últimas palabras llamaron la atención de la chica.
-¿Esta es de rostro?- preguntó Botan, curiosa y con un brillo de entusiasmo en los ojos.
-Si bella jovencita, se aplica todas las noches y pasada una semana poseerás brillo y un olor envidiable.
Botan parecía dudosa…pero cuando abrió el contenido y sintió el aroma, pareció convencerse. Cuando quiso comprar la crema, el falso anciano le dijo que no era necesario. Ella, feliz, se marchó del lugar, sin saber lo que le ocurriría.
-¿Moroha? ¿Estás despierta?- la shihanyo, que había dormido especialmente bien la noche anterior, sintió la familiar voz de Kenji llamándola.
-Voy…- se levantó de su futón y, así como estaba, fue a la entrada.
-Buen día, disculpa que te despierte- dijo Kenji, que parecía muy agitado. Moroha, por su parte, se sintió más despierta de verlo tan inquieto.
-¿Pasa algo?
-Sí, necesito tu ayuda médica.
-Bueno, pero estoy con los niños. Mamá y papá están ayudando por el aniversario.
-Traelos, los cuidaremos los dos.
Moroha asintió y luego de arreglarse rápidamente, llevó consigo el maletín de kagome de sanaciones. Se dió cuenta a medio camino, mientras llevaba a sus hermanos a rastras con ella que no sabía a quién iba a visitar. Entendió a lo que iba al llegar fuera de la cabaña.
-Niños, vamos ¿qué pasa?
-No quiero entrar- se quejó Ichiro al ver donde estaban
-Yo tampoco.
-Como quieran- dijo Kenji, un poco contrariado de esas malas formas con Botan- quédense en la puerta.
Una vez dentro, Moroha encontró un bulto sobre un futón que asumió era Botan.
-Ya traje a Moroha, ella te ayudará.
-No, por favor no, me da tanta vergüenza.
-Hola Botan, no me conoces, soy Moroha. Vengo a ayudarte-
-Cierto. Disculpa, no las presente- dijo Kenji, arrodillándose junto a la chica pero realmente no muy atento a sus disculpas- es muy grave.
Moroha, más curiosa en esa instancia, se aproximó a la chica.
-Necesito que te saque la manta de encima
-No, es horrible.
-He visto de todo en esta vida, creeme.- le dijo la shihanyo, intentando tranquilizarla. Hasta que, notando que Kenji estaba ahí, entendió mejor el problema.- Kenji, que tal si vas con los niños, pueden estar haciendo alguna maldad.
El hanyo, confundido, se negó.
-Por favor-
Finalmente, Kenji se paró algo molesto y salió de la cabaña.
-Bien, ya se fue.
Solo así, la jovencita sacó la manta de encima.
Moroha tuvo que ahogar su grito de sorpresa. El rostro terso de Botan estaba convertido en una gran masa de tono verde musgoso con pelos y verrugas. Muy similar a alguna especie de sapos silvestres. Estaba horrible.
-¿Te duele?
-Un poco. Pero estoy tan fea…- un sollozo enorme y verde salió de un ojo hinchado de la niña. Moroha se sintió muy mal de creerlo curioso más que terrible.
-¿Te pusiste algo? ¿Te embrujaron?-
-Si…ayer compré una crema para el rostro. El anciano dijo que sería buena.
-Claramente fue un engaño- con una especie de espátula, Moroha raspó levemente el rostro de la niña. Era una suerte de pus. -Creo que te envenenaron.
-¿Seré fea para siempre?- la pregunta, que sonó tan inocente como angustiada hizo apretar el corazón de Moroha, que le sonrió con amabilidad.
-No Botan, tengo algo que te ayudará. No será instantáneo pero servirá.Estoy segura que no quedarán secuelas. Vi esto antes…solo debes procurar hacer bien el tratamiento.
-Ay dios, muchas gracias señorita Moroha- exclamó Botan, soltando la manta para tomar las manos de Moroha- por favor pídame lo que quiera, soy buena cocinera, podría prepararle cosas deliciosas. Kenji me ha dicho que le gusta comer-
Moroha, que se sintió divertida de su sencillez, sintió un golpe en el estómago al escucharla dirigirse tan íntimamente respecto a Kenji. Además ¿le hablaba de ella? Era incómodo.
-No necesito nada, tranquila. Te prepararé el unguento ahora y te explicaré cómo aplicarlos. Si estás sana, será suficiente para mi.
Botan sonrió, o eso creyó Moroha. Volvió a agradecerle mil veces hasta que la shihanyo salió de la cabaña, suspirando.
Los dos cachorros figuraban sentados mirando el suelo, de manera extraña.
-¿Qué pasa? - preguntó Kenji, acercándose a ella. Ver la preocupación evidente del chico por Botan la hizo sentir horrible. Celosa, probablemente.
-Ahora te digo, primero debo ir a buscar cosas a mi casa.
Cuando Moroha terminó de sanar a Botan, volvió a la cabaña donde Kenji cuidaba a los niños. El hanyo se marchó luego de agradecerle y Moroha se sentó a descansar. No tanto por la curación, sino más bien…por sus sentimientos.
-Momo ¿estás bien?- preguntó Kotomi, sentándose frente a ella.
-Sí, solo un poco…cansada- mintió su hermana. No quería admitir que se sentía desolada en aspecto amorosos- Botan es una niña muy dulce y buena.
Después de los eventos desafortunados de la pobre Botan, algo no dejaba dormir bien a Kenji.
Esa noche, como por instinto, decidió pasearse por la aldea, atento a cualquier cosa.
Como por costumbre, término muy cerca de la cabaña de Botan.
Grande fue su sorpresa al notar muy fácilmente como dos figuras enanas intentaban entrar por la única ventana de la casa. Acercándose sigilosamente, vió que se trataba de Ichiro y Kotomi que, intentado no hacer ruido, movían una bolsa más grande que ellos por sobre sus cabezas, intentando meterla a la cabaña.
Un sentimiento de verdadera molestia invasdio a Kenji.
-¿Qué se supone que hacen?- susurró el hanyo con dureza, mientras mantenía en altura a los dos niños, agarrados por su ropa. La bolsa habia caido al suelo con un ruido seco.
-¡Kenji! -dijeron ambos, muy sorprendidos y asustados.
-Digan que hacían- los reprendió Kenji, dejándolos en el suelo. Los niños no huyeron, no debía un discípulo escapar de su maestro.
-Nosotros jugábamos- mintió Ichiro. Kotomi asintió.
Kenji solo se rió, con ironía.
-¿Olvidas que yo he ayudado a criarlos? Dime la verdad, Ichiro.
-Kenji no nos retes- rogó Kotomi, con los ojos llorosos. Kenji sintió por un segundo una patada en su corazón, pero fue aplacada cuando un ruido o gruñido salió de la bolsa.
La abrió y quedó estupefacto.
-Son pedazos de demonios ¿pretendían meterlos a la casa de Botan?
Silencio.
-Respondan.
-Sí…perdón maestro. Era solo para asustarla- confesó Ichiro, con las manos haciendo gesto de redención.
-¿Se dan cuenta que Botan es humana? Si uno de estos restos sigue un poco vivo no podrá defenderse, ella no es como ustedes-
La explicación dejó muy asustados a los niños, ellos no habían pensado en ello.
Kenji, decepcionado, no dijo nada más. Mató los restos de demonios y los tiró hasta poder volver por ellos y quemarlos. Después, hizo que los niños lo siguieran hasta su casa.
Cuando llegaron a la cabaña, Moroha seguía sin darse cuenta que sus hermanos no estaban. Solo despertó con los golpes a la puerta de Kenji.
-¿Niños? ¿Qué pasó? ¿Están bien? - dijo Moroha, agarrando a sus hermanitos en sus brazos y apretandolos contra ella. Kotomi se veía triste e Ichiro impactado.
-Ellos están bien. Necesitamos hablar- explicó Kenji, indicando que debían sentarse.
-Bien…qué sucede Kenji-
-Los acabo de descubrir intentando dejar parte de demonios, con algunos aún vivos, dentro de la cabaña de Botan.
Moroha, que hasta entonces no comprendía los males de esa muchacha, por fin entendió todo. Parecía que Kenji había dado con lo mismo, a juzgar por como miraba molesto a los niños.
-Kami-sama, niños, eso es muy peligroso-
-Lo sabemos, perdón…- pidió Ichiro, incapaz de mirar a los adultos a la cara.
-Pedon- pidió Kotomi, apenas capaz de hablar. Parecía que iba a llorar.
-¿Ustedes son quienes le han hecho todas esas maldades a Botan, verdad?- preguntó Kenji, mirando serio a los niños.
-Sí- admitió Ichiro- Fue idea mía.
-Me imagino.
-Eso está muy mal niños, Botan está herida, no es una simple broma- indicó Moroha.
-Perdónenos por favor, no somos malos- rogó otra vez Ichiro, cada vez más compungido.
-Sé que no son malos- dijo Kenji. Comenzaba a sentirse horrible de su trato a los niños- Solo quiero saber una cosa. ¿Por qué lo hicieron?
El silencio que vino a esa pregunta, incomodó más al hanyo.
-¿No les agrada Botan?
-Es que…nosotros…- tartamudeó Ichiro, incapaz de decirlo.
-Botan es linda pero nosotros queremos que…¡que Kenji esté con Momo, no Botan!- gritó Kotomi, soltando unas lágrimas solitarias. Tanto Kenji como Moroha se quedaron quietos, muy sorprendidos y avergonzados. - No más enojos, los queremos mucho.
Totalmente conmovido, Kenji cedió tomando en sus brazos a Kotomi. Moroha, que estaba igual de enternecida, abrazó a su hermano, apretandolo en su pecho.
-No estamos enojados, no tienen que preocuparse.
-Es verdad, somos todos una familia ¿verdad, Kenji?- dijo Moroha, subiendo la mirada para observar su reacción. El hanyo respondió que sí y le sonrió.
En la madrugada, luego de pasar la noche con Sango y Miroku, Inuyasha y Kagome entraron a su cabaña para encontrar la siguiente escena: Kenji, recostado contra la pared, dormido, con Moroha a su lado, que tenía su cabeza sobre su hombro, dormida. Y los dos pequeños, Ichiro y Kotomi, acurrucados entre los dos, fingiendo dormir.
Kagome estaba a cargo de la decoración. Esa noche celebrarían el aniversario de sus mejores amigos, así que la sacerdotisa del futuro se esmeró más que nunca en que todo estuviera perfecto. Fue una suerte que su hija mayor la ayudara.
-Está bonito, aunque en la noche faltará luz.
-Se supone que prederán unas velas especiales, algo así- explicó la mujer, mientras terminaba de poner los almohadones en el suelo.
-¿Papá estaba muy enojado con los cachorros por lo de Botan?
-La verdad, no. Los encuentra tan inteligentes que no sabe enojarse, además sabía que ustedes lo hicieron por él.
-Keh, típico de papá corriendo de la responsabilidad.
-Dejalo, ya está viejo- respondió Kagome, sonriéndole a su hija- Por mi parte, si los reté…pero debo admitir que me pareció un poco tierno.
-¿Tierno?
-Claro, ellos solo quieren juntarlos a ti y a Kenji.
-No lo sé, quizá solo quieren paz entre hermanos.
-No, ellos tienen claro que ustedes sienten algo- explicó Kagome totalmente calmada, haciendo enojar un poco a Moroha. Odiaba la serenidad de su mamá para decirle algunas cosas tan fuertes.
-Keh…
-No voy a interferir en eso, me consta que Kenji está feliz y tú lo estás también por tu lado. Solo…te pido una cosa hija. Deja la actitud a la defensiva, al menos limen las asperezas pasadas, es necesario si quieres cordialidad.
-No soy yo la que tiene problemas, créeme mamá- dijo Moroha, desviando la mirada abstraída.- Puede que yo lo arruinara, pero es él quien está distante.
Esa noche, todo brilló con alegría y felicidad.
Moroha, que llevaba un tiempo fuera, disfruto de ver a los niños crecidos, a los ancianos aún activos y los jóvenes comprometidos con la familia o con sus causas. Fue especialmente genial ver a Gyo y Kin´u ser las mismas chicas entusiastas al bailar que antaño. La maternidad ni los votos las habían cambiado, eran divertidas y lo contiagaban.
Luego del discurso del matrimonio, que hasta a la shihanyo hizo conmover un poco, siguio la fiesta liderada en gran parte por el sake y los distintos licores, lo que hizo momento para que los niños se fueran a las casas.
Pero lo más sorprendente de todo fue ver llegar a tía Rin con su esposo, Sesshomaru. Todos enmudecieron al verlo llegar. Sango acomodó a la pareja donde mejor pudo, ofreciendoles algo de tomar, cosa que obviamente rechazó el demonio. Incluso conversaron con las personas de la aldea. Inuyasha y Kagome no podían creerlo.
Fue malo que pasado un tiempo Hisui ,que se encontraba demasiado influenciado por la cantidad de alcohol que habia bebido, se decidera a hacer un escandalo sin saber con quien se enfrentarí , que estaba quieta en su sitio intentado disfrutar de la fiesta, vió a Hisui caminar hacia ella tambaleandose.
-No ahora, Hisui- le dijo la chica, sosteniendolo de los hombros. El sonrió, estaba totalmente ebrio.
-Setsuna, mis padres llevan más de treinta años juntos…¿por qué nosotros no?
-Nosotros ni siquiera tenemos treinta años- replicó ella- Estás ebrio, dejame sacarte de aquí.
Antes de que Towa pudiera ayudar a su hermana con el chico, mientras Moroha se reía disfrutando de las tonteras clásicas de su amigo, Hisui soltó el agarre de la hanyo y se arrodilló, suplicante.
-Por favor, Setsuna, cásate conmigo-
Todos se quedaron en silencio. Setsuna, roja de vergüenza, tomó con poca delicadesa la ropa del humano levantandolo. Pero no pudo sacarlo, porque cuando lo intentaba el chico tomo la cara de la mujer entre sus manos y la besó, un beso fuerte que Setsuna no rechazó.
Algunos vitorearon, otros se quejaron.
Solo que Setsuna se sintió abrumada, sobre todo porque sus padres estaban frente a ella, como expectadores de primera instancia. El rostro del demonio era un poema, la actitud neutra se veía molesta, como pocas veces había visto la muchacha.
-Papá, tranquilo- dijo Towa, interviniendo mientras se acercaba a su padre que la ignoró. Sesshomaru, con una gracia de movimientos propia de él, se levantó de donde estaba sentado y sostuvo a Hisui de la misma forma que lo habia hecho su hija.
-No vuelvas a hacer eso humano- susurró para Hisui, que asintió, ante el rostro suplicante de Setsuna bajo de él.
Cuando lo soltó, Setsuna lo sostuvo y, por fin, lo sacó de ahí.
Después de eso tanto Sesshomaru como su esposa se marcharon, lo que permitió que todos comentaran los hechos.
-No sé porque se espanta, todos sabemos que son pareja- replicó Moroha, aun divertidisima.
-Mi padre nunca aceptará ese tipo de comportamientos…- explicó Towa.
-Da igual, quizá ahora convenzan a Setsuna de casarse de una vez por toda- agregó la shihanyo, poniendo más leña al fuego.
Intentando cambiar de tema ante la incomodida de Towa, Gyo comenzaba a explicar que estaba nuevamente embarazada luego de las vacaciones termales.
-Conozco una historia similar- bromeó la shihanyo.
-Moroha, no- pidió Kagome, algo avergonzada, sabiendo lo que diría.
La chica, haciendo caso omiso, tomó de la ropa a su hermano con suavidad, indicando la parte de atrás de su haori.
-"Hecho en las termas"- Kagome, Towa y Setsuna, que entendían a qué se refería, rieron a viva voz.
Como Inuyasha no entendió , Moroha le explicó rápidamente.
-Entonces, tú debes decir "hecho en el pozo"- dijo Inuyasha, divertido. Moroha, que estaba tomando su quinto sake, escupió parte del líquido, mientras todos reían alrededor.
Terminadas las risas, Kagome llamó la atención de su marido.
-Necesitamos acostar a los niños, Inuyasha.
-Esperemos a Dai que esta fuera- le respondió este. Kotomi, que estaba casi dormida en brazos de su padre, abrió los ojos al ver a Dai a la distancia.
-Ahí viene mi novio, papi- murmuró soñolientamente. Inuyasha, que creía que podría morir con ese comentario, gruñó en su sitio. Kagome solo sonrió.
-Parece que estoy condenado a que mis discípulos enamoren a mis hijas- gruño el hanyo, a lo que Kagome le dió unas palmaditas en la espalda. Kotomi le daría varios dolores de cabeza. Pero Inuyasha acunó más a su bebé.
-¿Te quedarías así, como la pequeña de papá para siempre?
-Si, papi- dijo Kotomi, ya totalmente abandonada al sueño, pero sonriéndole.
Para no arruinarle la diversión a sus maestros, Kenji se ofreció para ir a dejar a los niños a la cabaña, donde Shippo, que se había ido antes a dormir, los cuidaría por la noche. Dai, por su parte, había pedido permiso para dormir en casa de Miya.
-Yo te ayudo- le dijo Moroha, tomando sin preguntar a Ichiro en sus brazos para llevarlo. Kenji, que no pudo negarse, agradeció con la cabeza -Ichiro está más pesado que la última vez- susurró Moroha, sonriendo mientras el pequeño roncaba en su espalda.
-Va a ser alto y fuerte, yo creo que más alto que mi maestro, algo así como Sesshomaru-
-No se lo digas, te matará- dijo Moroha, aguantando la risa. Kenji rió suave por su parte- Debo decirte algo.
-¿Sí?
-El otro día…te ví en el dojo. Me gustó verte en las lecciones, creo que lo haces bien.
-Gracias. Pero debiste acercarte…- respondió Kenji, mirando a Moroha, la que se sintió un poco contrariada, porque le estaba dedicando por primera vez desde que llego una de sus clásicas miradas penetrantes.
-No quise acercarme porque temía que te molestara.
-No es así, eres bienvenida siempre.
Por un momento, siguieron andando en silencio. Las respiraciones suaves de Kotomi y los ronquidos de Ichiro eran lo único en el ambiente.
-Kenji.
-Moroha
-¿Podrías perdonarme?
La pregunta llamó tanto la atención del hanyo, que tuvo que detenerse para mirarla directamente.
-No sé que debería perdonarte-
-Kenji…ya sabes. Nunca respondiste mis cartas. Creí que estabas enojado por lo sucedido y por lo que te dije…- explicó ella, haciendo que Kenji arrugara la frente pero que volviera a andar.
-No quisiera hablar de eso, pero tampoco creo que me debas disculpas. Actuaste con sinceridad.
Silencio.
-Entonces ¿por qué estás tan distante conmigo? - preguntó Moroha, intentando que su voz no sonara demasiado fuerte- ¡Es como si yo tuviera la peste!
-No es por eso, Moroha- la voz de Kenji era frustrada. Comprendiendo que no lo dejaría en paz hasta que hablaran, decidió resolverlo- Deja que acostemos a los niños
Aceptando, llegaron a la cabaña, donde acomodaron a los pequeños y avisaron a Shippo. Sin decirse nada, salieron de la casa y caminaron sin rumbo.
-¿Qué es?- exigió saber Moroha, solo que ahora, libre de hermanos, detuvo a Kenji del brazo, forzandolo a mirarla.
-Maldición- gruñó él. Por un momento, la shihanyo creyó sentir una llamarada de los ojos del hanyo- Fuiste horrible al escribirme eso. No podías esperar que respondiera.
-Pero dices que no fue eso…
-No me alejo de ti sin razón, es que simplemente…- Kenji suspiró. No deseaba mirarla, pero ella parecía forzarlo con su actitud. Aparte, su mano seguía apretando su brazo fuertemente.- Simplemente no te quiero cerca.
-Bien- una sensación muy desoladora llenó a Moroha- como quieras
Moroha soltó al hanyo.
-Espera ¡no quiero verte porque no quiero pasar por todo otra vez! - esta vez, Kenji sostuvo a Moroha agarrandole en el vuelo la mano, sosteniendola con fuerza. Una cosa tan fuerte, un shock eléctrico tan intenso hizo sentir la piel de Kenji a Moroha que pensó que ya no entendería nada que no viniera de su boca.
-No queria eso…De todas formas, estoy segura de que lo has superado- dijo, haciendo que Kenji se extrañara- ahora, con Botan, encontrarás paz en ese sentido.
-¿De qué hablas?- preguntó Kenji. Se notaba un poco cansado de la discusión.
-De tu relación con ella-
-¿Es broma? Yo no tengo nada con Botan- le aseguró Kenji, está vez…sonriendo. Moroha amó volver a encontrar esa sonrisa de medio lado, irónica.- Solo es una chica huérfana, sabes que tengo debilidad por ayudar a ese tipo de gente…ya sabes, soy huérfano.
-¿No tienes nada con ella?
-¡Claro que no!
Moroha no pudo evitar sonreír, por malvado que fuera. Si así eran las cosas, la shihanyo sintió que la perspectiva debía ser distinta. Ninguna habia notado que seguían tomados de la mano, incapaces de soltarse. No se sentía incómodo, al contrario, se sentía divino.
-Yo…opino que deberíamos hacer una tregua- dijo ella, finalmente, atreviéndose a mirar directo a sus ojos violetas. Era dificil, porque significa rememorar momentos muy lindos de su vida. Solo que ahora, de alguna forma, era diferente. Ellos eran distintos, había crecido, madurado.
-De acuerdo- coincidió el, apretando la mano de la shihanyo. El momento entre ellos se había transformado de cotidiano a algo más mágico. Después de semanas, los dos se sentían cómodos de mirarse como antaño, de sentir al otro como antes. Cuando Moroha decidió que debía decir algo, Kenji se adelantó- ¿Quieres conocer mi cabaña?
-Sí- susurró Moroha. No sabía porque lo había dicho tan bajo, pero la sola mención de estar con él en su hogar la paralizó, la hizo sentir ansiosa. Desde que supo que él vivía solo había deseado ir.
Caminaron hasta el lugar, mientras volvían a conversar de cualquier cosa. Aunque Moroha no podía ignorar el palpitar de su corazón agitado golpeando en sus oídos. Cuando había sugerido que Kenji era pareja de Botan, el le habia sonreido ¿por qué? ¿tan absurdo parecía aquello?.
Llegaron rápido a la pequeña cabaña. Abriendo la puerta, Kenji dejó a Moroha entrar primero en un gesto caballeroso que solo la puso más nerviosa de saber que tenía su mirada pegada a su espalda.
"Basta Moroha, pareces adolescente" pensó ella, maldiciendo su nerviosismo.
Al estar dentro, esa sensación aminoró un poco. Sonrió, era un bonito lugar. Tenía la estructura típica de los hogares de la aldea, solo que muy ordenado, con pocas cosas y decoraciones sencillas. Puedo notar que desde el espacio principal se encontraban dos puertas.
-Es bonita, me gusta que esté tan ordenada-
-Gracias- dijo él, indicando que se sentara junto al sitio del fuego, mientras se colocaba en la labor de encenderlo- esto solo ocurre si los niños no vienen, ahí acaba la tranquilidad.
Moroha se rió, Kenji se quejaba de los pequeños pero era evidente que le derretían el corazón.
-¿Quieres té? -preguntó Kenji. Moroha dudó, pero aceptó con la cabeza. En realidad, hubiera deseado algo más fuerte, sentía que sería útil para aplacar lo nerviosa que se sentía.- O tal vez, quieres otra cosa.
-¿Qué?- chilló ella, sin poder evitarlo.
-Tengo sake-
-¡Ah! claro, sí, sería bueno, hace frío.
Kenji, sonriendo al notar los pensamientos de la muchacha, sacó de un escondite un jarrón de sake. Moroha no sabía, pero él también lo necesitaba.
-Aunque aún me incomoda verte tomar-
-Keh, ya no soy una niña- replicó ella, tomando el vaso que le entregaba con mucha determinación.
-Es cierto- el solo sonrió, acomodandose a un lado de la muchacha frente al fuego- supongo que me quede en aquellos días en que debía quitarte los vasos de las garras.
-¿Te refieres a nuestra visita a la aldea? -
-Claro, aun no cumplías diecisiete- confirmó el, girando su cabeza para mirarla. le gustaba mirar el rostro de ojos grandes de Moroha frente al fuego, las sombras y luces hacían destacar sus facciones, haciéndola ver atractiva.
Apenas la palabra "atractiva" cruzó por su mente, se sintió incómodo. O culpable, quizás.
-Esa fue la primera vez que me sentí ebria- admitió la chica, riendo- recuerdo que estaba muy avergonzada por toda la confusión. ¿Has ido a la aldea nuevamente?
-No- dijo Kenji, desviando su mirada de Moroha, si seguía así…- No sabía como podía explicar que mi supuesta mujer estaba al otro lado del mundo.
-Verdad…aunque fue lo que tu mismo te ganaste-
-¿Vas a molestarme?- dijo Kenji, acercandose a Moroha apra darle más sake-
-Nunca molestaría a mi marido- respondió ella, guiñandole el ojo- soy una buena esposa.
-Una buena esposa que se marcha por años- Moroha levantó los hombros, inocentemente- Podría llevarte ahora conmigo- la conversación se iba tornando cada vez más personal, a juicipó de Moroha, que se sentía más feliz que en mucho tiempo. Le gustaba ver a Kenji relajado con ella, el mismo que conocía.
-¿Cuando te volviste un mentiroso profesional? Aunque, solo por la diversión…podríamos llevar a los niños, diríamos que son nuestros hijos-
Kenji se rió, Moroha lo hizo también.
-¿Quién es mejor mentiroso? Tu le agregas más contenido al engaño-
-Siempre he destacado por mi creatividad e ingenio-
-Es una mujer muy virtuosa mi esposa- le dijo él. Moroha, por primera vez, se sonrojo al notar cómo la miraba. No sabía si era producto del alcohol
(era probable) pero era hipnotizante para ella que los violáceos ojos del hanyo la vieran. La vieran, de verdad. Al punto que Moroha se sentía transparente, totalmente entregada a él.
Intentado evitar su alteración física, Moroha se levantó del suelo.
-¿Eso es un baño?
-Sí, la otra es la habitación.
No supo por qué, pero cuando estuvo de pie abrió la puerta de la habitación. Pero fue mayor su sorpresa al notar, justo sobre el futon, algo muy familiar.
-¿Esa es la manta que te hice?
-Sí- dijo Kenji, quien ahora estaba detrás de la chica, muy cerca.
-Tu…la conservaste.
-¿Por qué no lo haría? es mía y abriga bien en invierno.-
Moroha se sintió conmovida. Ahí estaba, bien doblada sobre la cama, aquella manta horrible que había cocido hace años. La tibieza de su cuerpo, a causa de todas las cosas, se transformó rápidamente en electricidad cuando sintió la presencia de Kenji junto a ella. Absorta, se giró en sí misma. Tuvo que levantar la mirada para dar con los ojos de él, que estaba muy concentrado en ella.
Parecía que el cuerpo del hanyo desprendía calor, su figura alta la envolvía, en una forma que le hacía creer que estaba fuera de la realidad, solo en un espacio distinto, con los ojos de Kenji fuertemente sobre ella.
Le encantaban esos ojos violetas, así había sido siempre.
Pero eso no era todo, ella quería. No, necesitaba tocarlo.
Antes de poder levantar su mano, sintió como el hanyo se acercaba más, tan cerca, que su respiración daba en su rostro. Juntaron sus frentes lentamente, con los ojos cerrados. Y, suavemente, Kenji puso su mano sobre la cintura de Moroha, haciéndola estremecerse.
-Maldición-
-Kenji…- dijo ella, sonriendo. Se estaba rindiendo. Ella se había rendido.
Estaba más que claro.
Así que, cuando Kenji la sostuvo con firmeza de la cintura y la comenzó a besar, Moroha cedió soltando un gemido de su boca. Subió los abrazos para enredarlos en su cuello, apretando más su cuerpo contra el de él. Por su parte, el hanyo la movió hasta dejarla contra la pared de la habitación, mientras seguían besandose.
Moroha conocía esa sensaciones que estaba sintiendo, las habia vivido más de una vez. percibir el cuerpo de Kenji contra el suyo, sus manos, que de su cintura pasaron a su cadera, su espalda, tocándola por todas las partes que fuera accesible.
Le gustaba, había extrañado todo el tiempo fuera vivir esos instantes, poder enredar sus dedos en el cabello suave de Kenji, para luego atormentarlo, despegando su boca de la de él para besarlo en el cuello.
Aquello no solo era deseos, era desesperación.
No eran capaces de pensar con raciocinio, darse cuenta de los conflictos de lo que hacían. Solo se dejaron llevar hasta el punto que Moroha, arrastrando el cuerpo de Kenji, hizo que se lanzaran contra el futon. El peso de él sobre ella era tan familiar como excitante, quería quedarse ahí mucho tiempo, seguir sintiendo los labios de él rozando su cuello, su rostro y su oreja. Todo se tornó aún más intenso cuando el hanyo le habló al oído.
-Extrañaba esto-
-Yo también- respondió ella, permitiendo que la siguiera tocando. Era tan personal, tan íntimo, que cerró los ojos para disfrutar aún más. Ella solo quería soltar el calor que tenía adentro, así que con las manos intentó soltar el haori del hanyo, muy torpemente. Moroha necesitaba sentirlo, tenerlo para ella, porque sabía que esos momentos eran tan diáfanos como exquisitos y la sola idea de que tendría que eventualmente irse de nuevo, la atormentaba sus deseos - no quisiera irme.
Por un momento, Moroha creyó que no la había oído. Pero lo cierto, es que Kenji detuvo sus manos, poniéndolas a los dos lados de ella. Esta vez se miraron, ambos un poco agitados, mientras el cabello suelto de Kenji caía sobre su rostro hasta el de ella.
-¿Te irás?
-Yo…bueno
Kenji no espero la respuesta, como si de eso dependiera su vida se movió de encima de ella y se alejó, como si estuviera hecha de fuego.
-¿Kenji?
-¿Qué haces aquí?
-¿En la aldea?
-Si
Moroha, que estabas desordenada, se sentó y arregló su ropa, abiertamente sonrojada.
-Yo …vine a ver a la familia. Ahora debo decidir si entrenar a alguien o el lugar donde iré…- al momento que dijo eso supo que lo había arruinado. El hanyo la miraba con un rastro de odio en su ojos que era amenazante.
-Soy un imbécil. Creí que si estabas aquí, buscándome, era porque volverías. Pero claro que no. Otra vez lo mismo.
La voz ronca de Kenji sonaba terriblemente desolada.
-No, yo…aun no sé qué pasará. Pero hay cosas que debo hacer.
-Si, siempre hay algo.
-No te enojes
-¿Qué quieres de mí, Moroha? Siempre haces lo mismo, vuelves aquí y finges que nada ha pasado entre nosotros, que puedes volver de un día para el otro, acercarte a mi y luego marcharte.
-Nunca quise hacerte daño, solo quería estar contigo.
-Ese es tu problema, nunca pensabas en mí- las recriminaciones de él eran duras como cuchillos, como heridas que se abrían para la muchacha- y, obvio, cuando viste que deseo formar mi vida, vuelves aquí y me enredas. ¡Incluso me celas con Botan! Dime ¿Qué diablos quieres de todo esto?
-Kenji por favor, disculpame.
-Deberías irte…
Moroha no podía creerlo. En un segundo, Kenji había decidido echarla. No tenía sentido insistir, así que se levantó del futón y salió de la cabaña.
Recordaba muy bien todas sus visitas en esos años. Habían sido pocas, más que nada a lo largo del viaje. Pero, cuando se quedaba en la aldea, era por harto tiempo.
La primera vez que viajó, su madre esperaba otro bebé. Fue una sorpresa para todos, pero no dejo de alegrarle la vida a su familia.
Podía volver a esos días. Aún quedaba un poco de la relación reciente con Kenji, así que no fue misterio para nadie que se arrancaran a estar solos de vez en cuando.
Y todo evolucionó cuando ella, decidida, retomó lo que se había quedado en aquella habitación en la posada.
Sin analizarlo mucho, habían dado riendas sueltas a tener un vínculo distinto, una vida íntima que en verdad nunca antes habían tenido, considerando que solo eran dos adolescentes siendo novios. Incluso temió más de una vez embarazarse, pero nunca ocurrió. Aunque sabía bien que, si sucedía, Kenji siempre estaría con problema es que, pasado el tiempo, la ilusión murió cuando fue requerida de regresar al vió en los ojos de Kenji que le rompía el corazón.
Pasaron los meses y Moroha regresó al nacimiento de seguía casi igual, pero no ellos. Aunque no pretendían volver a su relación secreta, de todas formas una noche se dejaron llevar y Kenji, otra vez, creyó que ella se quedaría.
Pero nunca, ni una vez, le pidió que se quedara. Él quería que ella se desarrollara, volará con colores propios y nunca la hubiera forzado a otra cosa.
Así, volvió a irse otras tantas veces.
Y siempre entre ellos había momentos de besos furtivos, caricias disparatadas y momentos donde ninguno hablaba de lo obvio.
Hasta esa última vez. Moroha cometió el peor error: hacerle creer que esta vez se quedaría. Pero la verdad…todo era su corazón hablando. Podía volver a ese momento, había vuelto a dejarse llevar, envuelta en su deseo de estar con él y se permitió decirle que podría quedarse.¿Y si desistía de las sacerdotisas? Esa vez, Moroha pensaba dejarlo todo.
Pero no lo hizo. En cambio, le dejó en claro por cartas al único amor de su vida que no podían estar juntos y que debían ser amigos. Una torpe manera de arruinarlo todo. No podía culparlo de no responder sus cartas. De no querer saber de ella. De hacer su vida.
Solo que, en ese momento de la vida, Moroha se permitió llorar para sí misma, oculta en el árbol donde solían arrancarse. Kenji tenía derecho a odiarla y aun así no lo hacía.
La villana era ella. Pero algo era cierto también. Seguía enamorada de él y en eso no había ni una cuota de dudas.
Inuyasha descubrió a su hija mayor limpiandose las lágrimas una noche, después de un par de días de la celebración de sus amigos. Sospechaba las razones, así que se sentó con ella. Aunque la chica no deseara hablar, agradeció tenerlo a él para apoyarse.
-No me has contado si llegaste a tu objetivo, Moroha- dijo de pronto Inuyasha.
-Yo… si lo hice.
-¿El punto medio?
Moroha sonrió, su padre lo recordaba.
-Sí, entendí muchas cosas cuando desarrollé mis poderes espirituales. Estuve mucho tiempo enfocada en los demoníacos y eso hizo que me fuera al extremo. Cuando entendí que soy un todo formado de esas dos realidades, logré mi objetivo…
-¿Cómo lo entendiste?
-Me siento liviana y muy segura al pelear. Ya mis combates no son solo la espada, lo complemento perfectamente con lo espiritual. Eso es lo que hace tan especiales a las sacerdotisas guerreras. Llega un punto, donde comprendes que todo lo que tienes, tus talentos, tienen un porqué.
-Entiendo- Inuyasha, que en verdad hacía esfuerzos en oír a su hija y procesarlo a la vez, acarició el cabello de la chica, como lo hacía cuando era una bebé.- aun así, no te ves muy feliz.
-Supongo que no…- murmuró ella. No tenía sentido fingir lo contrario.- ¿Tú lo eres?
-Sí- la seguridad de su afirmación admiró a la shihanyo- tengo todo lo que necesito.
-¿Y cómo lo supiste?
-Lo vi en realidad. Un día que te vi a ti, a Kagome y a tus hermanos dormidos todos juntos en la habitación. Eso es…felicidad. Y no cambiaría nada de mi experiencia de vida por todo lo que he logrado…tampoco los malos momentos.
Las palabras de su padre eran sencillas, pero no su significado. Ahí estaba el punto medio de Inuyasha, había sido llegar a su satisfacción personal; tener su familia y cuidarla.
-Gracias papá, te quiero- le dijo Moroha, abrazando de lado.
Kenji podía ser muchas cosas, pero no alguien dominante y se odiaba por eso. Habia deseado muchas veces decirle que se quedara. Raptarla.
Su necesidad por Moroha no era secreto, nadie lo desconocía.
Así que cuando la hizo marcharse de su casa, se sintió destruido. No fue capaz de dormir, solo dió sus clases, intentando forzar una normalidad que no existía. Hasta que su miseria personal fue abordada por Riku y Towa, que llegaron a dejarle algo de comer a la cabaña. Cuando la pareja escuchó lo sucedido, lo primero que hicieron fue mirarse cómplice.
-No es momento de ser orgulloso, Kenji- dijo Towa, sirviendo té a todos, mientras su esposo asentía.
-No soy orgulloso, al contrario, soy un patetico idiota.
-No es verdad, solo estás enamorado- replicó Riku, mientras obligaba al hanyo a servirse comida- sabes como es ella.
-¿Terca, indecisa?-
-Sí, por eso mismo, necesita estar al cien por ciento con todo lo que hace. Ya lo viste, lo mucho que le ha costado decidirse por las cosas.
-No sé como eso debería consolarme- bufó el hanyo, negándose a tomar o comer cualquier cosa. Towa suspiro, aquello no era nuevo. Cada vez que Moroha se iba, Kenji se deprimía y todos debían sacarlo de su agujero personal- estoy cansado.
-¿Quieres saber que creó? No es patético, ni falta de orgullo pelear por lo que se ama. Mi prima es una terca, está claro, pero basta con ustedes dos. Todos, absolutamente todos, sabemos que se aman. Moroha ya volvió, su entrenamiento terminó…
-Ella dijo que podía irse otra vez
-¡Pero no lo hará! Entiéndelo. Ve con ella, date un baño, toma líquidos y ve, corre hasta allá y dile, de una MALDITA vez- al decir eso, los dos hombres la miraron impactados- que la amas, que sea tu pareja. Moroha a sido tu amor por mucho tiempo, ella es tu familia ¿qué más quieres?
Kenji sonrió, no pudo responder nada ante eso.
Pero si le hizo caso. Unas horas más tarde, corría en búsqueda de Moroha. Aquello no tenía mucha lógica en su mente, solo era movido por sus sentimientos. Nadie la había visto, ni sus maestros ni nadie, pero el siguió. Hasta que la encontró, sentada frente al rió. Muy bella, tocando el agua.
-Moroha-
-¡Kenji!- la sorpresa de ella lo sorprendió de vuelta. Se veía hermosa vestida con una yucata larga de tonos rosados, con un moño similar al que usaba de adolescente. Se levantó apenas estuvo cerca de ella.
-Necesitamos hablar.
-Yo también quería hablar contigo, debo decirte algo.
Un miedo terrible y muy familiar paralizó a Kenji. Pero esta vez él hablaría.
-¡Espera! déjame hablar primero.
-Kenji…es que…
-No, no hables. Solo escuchame.- La chica no insistió, cerró su boca y se concentró en él- estuve buscándote por varios minutos. No tengo idea cómo hemos llegado a esto. Tu y yo…cuando siempre creí, al mismo tiempo que te conocí, que eres todo lo que está bien en esta vida.
Moroha se sonrojó como una niña. Tal y como lo hacía de adolescente.
-Me enamoré de ti muy rápido, casi no pude entenderlo. Te metiste en mi cuerpo, en mi mente, en mi alma muy fácilmente. Y quererte fue sencillo… al menos un tiempo.
-Kenji, espera…
-¡No! eso es lo que intento decirte- la voz de Kenji era ansiosa, casi angustiada. Pero sus ojos estaban repletos de amor, de deseo por ella. Tomó sus manos con las suyas, apretandolas con firmeza- no quiero esperar más. Moroha yo…nunca he querido retenerte. Siempre te motivé a ser quien eres, porque me gustabas así.
-Yo lo sé…- murmuró ella, sonriéndole.
-No he finalizado- dijo, haciendo que ella asintiera- Sé qué terminó tu entrenamiento y que ahora debes decidir qué hacer. No creo ser nadie para pedirte esto, pero de todas formas estoy aquí, para decirte que estoy completamente enamorado de ti- la chica intentó hablar, pero no pudo- Que en mi mente, en mi ser, solo estás tú. Que siempre has sido tú y siempre lo serás. Que te adoro por todo lo que significas en mi vida, en mis días, en todas sus noches. Que no quiero pasar ninguna otra velada sin poder verte a la cara, respirar tu aroma y dormirme pegado a tu piel. Te necesito para vivir y te he extrañado tanto todo este tiempo que solo he reunido más amor por ti, si eso es posible. Y si creo que es posible, porque todo eso es lo que provocas en mi.
Moroha estaba estupefacta. Su corazón parecía que estallaría y solo podía mirarlo con lágrimas en los ojos.
-Nunca quise ser tu razón de existir, solo que ahora, quisiera que me dieras un espacio en tu vida para seguir creciendo juntos y ser todo lo que sé que podemos ser.
Te amo, Moroha.
-Kenji…
-Por favor, piensalo antes de rechazarme.
-¡Kenji, basta!- pidió Moroha, casi gritando.- Déjame hablar.
Por fin, el hanyo se quedó en silencio. Aún sostenía las manos de Moroha entre las suyas.
-Yo también quería hablar contigo…porque necesitaba decirte algo. Iba a buscarte para decir que no quiero…no quiero irme.- en cuanto dijo eso, Kenji soltó un suspiro que parecía tener ahogado desde siempre- quiero estar aquí. Iba a pedirte que me dejaras estar contigo…si me aceptas. Solo que, ahora, por siempre.
Hubo un silencio de solo unos segundos, donde se quedaron mirando, solo que ahora sonriendo.
-Sabes que siempre te he esperado-
-Lo sé- admitió ella, sonriendo feliz y llorando finalmente- También te amo, Kenji.
Aquella fue la noche más maravillosa de la vida de Moroha.
Probablemente, también la de Kenji.
La felicidad puede ser descrita de muchas maneras, por distintas personas. En ese momento, la plenitud era la cabaña de su amado. Ella, entre sus brazos. Lo tenía tan cerca como siempre había deseado, cuando estaba a cientos de kilómetros y buscaba en sus recuerdos los momentos donde él la quería.
Ya no tendría que soñar, porque estaba ahí. Había sido muy simple, estaban tan ansiosos por tener uno al otro, que entre besos desesperados se comenzaron a desvestir, hasta que Moroha, pudorosa, terminó solo con su ropa interior inferior, mientras se tapaba los pechos con las manos. Hacía mucho tiempo que no estaba así con él, tanto que se sentía como la primera vez. Pero era Kenji, su Kenji, así que soltó su agarré para sostenerse de su cuello mientras él volvía a besarla y, al mismo tiempo, tocaba su cuerpo lentamente, hasta llegar a la curva inferior de sus senos. Acarició sus formas, con las garras, sin herirla pero haciendo sentir un cosquilleo delicioso.
-Kenji…- murmuró contra su boca. El no respondió, solo soltó sus labios y dirigió su atención a su oreja, mordiendo. Moroha sonrió… que le hiciera eso siempre la había excitado mucho, aunque de adolescente nunca lo había admitido por vergüenza.
-Me gusta eso-
-¿Esto?- le dijo él, volviendo a morder su oreja, para luego lamerla con lentitud. Todo era tan erótico que Moroha creía que explotaría. Las manos de Kenji estaban ardiendo, justo sobre su piel. Y aun tentando sus pechos.
-Sí…mucho- la confirmación de ella, hizo que se enderezara. Pudieron verse a los ojos, lo suficiente para entender que no habría vuelta- sigues vestido…
Kenji, obediente, abrió el moño de su hakama con una mano, sin soltar a la shihanyo. Cuando quiso soltarlo más, ella se adelantó y tomó entre sus manos la tela. Con mucha facilidad, dejó al hanyo vestido solo con su haori, que hace tiempo estaba demasiado abierto. Moroha, ansiosa, puso sus manos sobre su pecho, para comenzar a recorrer un camino de besos suaves. Kenji solo lograba dar suspiros de gusto.
-Tu cicatriz- la voz de la chica lo hizo despertar de su trance.
-Sí, me quedó ese recuerdo- dijo él, bajando el perfil, pero Moroha tenía una expresión preocupada- no duele…tu la sanaste.
-¿Yo?
-Sí- Kenji le sonrió- con tu boca. Tu saliva selló la herida.
Claro, lo recordaba. Se había dejado llevar y había hecho eso. Ahora la herida era una cicatriz limpia. Moroha pasó sus dedos por las formas de sus garras. Se acercó nuevamente, y comenzó a lamer y dejar besos en el mismo sitio.
-Moroha…
-Lamento tanto lo que te hice…- con cada beso húmedo, ella intentaba disculparse.
-No te lamentes de cosas que ya pasaron, no es el momento- le pidió él, volviendo a estar absorto por las caricias de la shihanyo.
-Te amo
-Dios, Moroha…yo también- Kenji abrió los ojos. Podría haberla consumido con la mirada ardiente que tenía- tanto que me duele.
-Tonto…- cuando dejó de lamar su herida, Kenji volvió a tomar su boca para besarla. Esta vez sosteniéndola y levantándola. Por instinto, Moroha se agarró de él, que la llevó hasta la pared más cercana y apoyó su espalda, que se sintio fría por unos segundos.
El día era especialmente helado, pero no ese sitio.
-Ah…¡ah!
Moroha se quejó de gusto al sentir que la presión del hanyo apretaba placenteramente su cuerpo, cada espacio de su ser. Sus pechos estaban tan juntos al pecho de él, que podrían fundirse en cualquier momento. Igual que otras partes.
Decidida a tenerlo desnudo contra ella, agarró su haori intentado bajarlo, pero fu inutil, porque Kenji se lo impidió, agarrando con una mano uno de sus pechos, apretando suavemente y haciéndola gemir.
Le encantaba como iba lento, a pesar de que ambos sabían la ansiedad que llevaban dentro. Al estar atrapada en la pared, el control era de él,quien apenas la sostenía con una pierna levantada y una mano en la cintura, mientras con la otra la tocaba. No tardó mucho que poner la palma abierta de su mano sobre su seno, moviendolo suave para excitarla aun más.
-Ahhh…esper…
Pero no detuvo, sin dejar de besarla sostuvo su pezón con dos dedos mientras suspiraba de placer en su boca. Moroha podría morir, era sencillamente delicioso sentirlo así, sentirlo disfrutar de ella. Pero quería sentirlo más, quería tocarlo.
-Kenji…vamos al futon.
El hanyo detuvo lo que hacía, la tomó otra vez y la llevó hasta su habitación, dejándola acostada y desnuda frente a él. Moroha se sintió avergonzada por un segundo al notar que la miraba, por un instante, como si fuera lo más precioso del mundo. Luego, se puso sobre ella pero ya no buscaba sus besos, bajo sus labios hasta llegar al centro de su estómago, oliéndola con detención..
-Hueles bien, siempre hueles delicioso- murmuró Kenji, con un tono ronco producto de la excitación. Volvió a levantarse y se quitó el haori, dejando sus brazos en libertad, lo que puso a cada lado de su compañera y, atormentando, comenzó a oler su esencia desde el cuello hasta el punto entre sus senos. Lo siguiente que sintió Moroha fue la humedad de su boca justo en su pezón. La lengua ansiosa jugando con ella, mientras se retorcía del gusto debajo de él, al punto que podía levantarlo con su propio cuerpo. Ella solo podía disfrutarlo y besar su rostro, intentando responderle.
-Espera, dejame tocarte…- pidió ella, haciendo que Kenji la soltará, mirandola apenas a los ojos.
-No sé si pueda dejarlo- dijo él sonriendo seductoramente. Luego, su mano derecha bajó lentamente por la forma del cuerpo de Moroha hasta su cadera. En ese sitio, Kenji decidió acariciarla, pasar su mano firme por los muslos de la chica hasta dejarlos en medio de ambas piernas, justo donde su ropa interior hacía de última barrera. Moroha se atemorizó un segundo al ver lo que pretendía.
-Espera…
-No tengas miedo- le dijo él. De alguna manera siempre sabían lo que pensaba el otro.
-Es que…
-Si no te agrada, pararé-
Moroha asintió ¿qué más podría hacer? nunca lo había visto así de decidido, su voz y su cuerpo despedían una dominancia que era habían tenido relaciones, sí, pero nunca habian intentado eso. Así que lo dejó, permitió que bajara hasta su intimidad, oliéndola nuevamente. Sería extraño siendo humanos, pero ellos no lo eran, eran hanyos, casi animales. Entonces, bajo su ropa interior y hundió su rostro, perdiéndose. Moroha vio al techo, no podía con lo sonrojada que se sentía. Más cuando comenzó a sentir como la lamía, justamente ahí… en su sitio más íntimo. Gimió, no podía hacer otra cosa. Era lo más placentero que había sentido en la vida, tanto que posó sus manos sobre la cabeza de Kenji, como una forma de guiarlo al mejor sitio de su inventiva. No costó mucho que se acercará al término. El hanyo logró que diera un grito suave, mezclado con los gemidos que escapaban de su boca, mientras se doblaba en sí misma al sentir la cúspide del placer..
Kenji se levantó cuando Moroha estaba entregada sobre el futon, totalmente agotada. Cuando la chica lo vio recostado junto a ella dejándola descansar, atrapó su rostro con las manos y lo besó apasionadamente. Quería hacerlo, estar con él en todo el sentido de la palabra. Como estaba decidida a tomar el control y hacerlo sentir como él a ella, se posó sobre él, sorprendiendolo. No quería seguir esperando. Se unieron de manera natural, sin dejar de lado la pasión que los arrebataba, incluído lo salvaje propio de su sangre de semidemonios. Cuando ambos terminaron, Moroha se recostó sobre él, feliz y agotada, acurrucada en su pecho. Lo miró, estaba dormido igual de agotado que ella. Su rostro le pareció tan bello, en medio de la noche. Lo amaba.
-Te amo- le susurró al oído, aun sabiendo que dormía. El se movió un poco, pero no despertó.
¿Por qué le había costado tanto empezar a decirlo?
Kenji despertó calmado, como no hacía hace mucho tiempo. Abrió los ojos a duras penas, atraído por el ruido de un canto suave, muy conocido. Se levantó para colocarse el hakama simplemente, porque su haori no estaba por ningún lado. Cuando entró al sitio de la cocina, sonrió. Tenía que ser una fantasía, porque frente a él estaba Moroha, vestida con su ropa, cantando bajito mientras cocinaba algo que olía bien.
No quería arruinar esa imagen, quería grabarla y conservarla en su mente por siempre.
-Moroha…-dijo, entendiendo que si no la llamaba, se asustaría-
-Kenji, buenos días- respondió ella, girando a mirarlo. Le sonrió y le indico con la mano que se sentara.
-Yo debería hacerte el desayuno
-Quería presumir mis nuevos conocimientos, toma- le dijo, entregando un bol con algo que kenji no supo identificar. Era dulce, eso sí. Cuando lo probó fue genuino su gusto instantáneo.
-Esta exquisito-
-¿En serio? - Moroha se emocionó. Estaba ya sentada junto a él, apunto de comer.
-Al menos se puede comer, no como la sopa con la que intentaste matarme hace años- se burló kenji, logrando que Moroha arrugara la nariz y lo mirara feo.
-Burlate, veamos qué consigues.
-No ¡es broma!- dijo él, riendo, mientras soltaba el bol y abrazaba por la cintura a la chica, que intentaba no cambiar su expresión- Te ves demasiado hermosa usando mi ropa.
-Es más cómoda que la yucata- respondió Moroha, mirándolo coquetamente.- Ahora, come.
Kenji obedeció, solo que sin soltar con su brazo izquierdo el cuerpo de Moroha, reteniéndola cerca de él.
Llevaban unos minutos comiendo y hablando, cuando ambos sintieron ruido. Pero fue demasiado tarde, porque junto por la puerta dos figuras entrometidas entraron, quedando paralizadas al verlo estar acaramelados y semidesnudos comiendo el desayuno.
-¡Qué hacen aquí!-gritó Moroha, tapándose las piernas lo que más podía y levantándose del suelo al ver a sus dos hermanos menores.
-¡Kotomi, Ichiro, nooooo!- en ese mismo segundo, entraban Inuyasha y Kagome detrás de sus hijos.
La escena que vió Inuyasha fue tan impactante que se quedó igual de paralizado que sus hijos.
-¡Mamá, papá, salgan de aquí!- rogó Moroha, sonrojada, escondiéndose detrás de Kenji que tampoco sabía qué hacer. Aunque si temió dos segundos por su vida, al ver la sorpresa de su maestro. Kagome corrió a los niños afuera y tironeo de la ropa de Inuyasha para sacarlos.
-Dios, no, qué vergüenza….
-Seguro los niños vinieron para saber donde estabas…- explicó el hanyo, ya un poco más tranquilizado.
Fuera de la cabaña, los dos niños habían superado el traumado y procedieron a las dudas.
-Mamá ¿Kenji y Momo están casados ahora?- preguntó Kotomi con toda su inocencia.
-¿Creen que podremos tener sobrinos?- cuestionó Ichiro por su parte, divirtiendo a Kagome.
-No lo sé niños, ya pronto les preguntaremos- pudo responder Kagome, mirando a la distancia la cabaña. Mientras Inuyasha parecía haber quedado mudo para siempre.
El invierno dió paso a un verano muy caluroso en la aldea.
Las flores crecieron, el sol se puso más intenso y el pueblo comenzaba las preparaciones del festival que se realizaba anualmente en el templo.
En medio de ese alboroto, el demonio volador de nombre Yiko recorría con dos pequeños semidemonios sobre él, bajando hasta llegar a la feria de artesanías para encontrarse con su hermana mayor.
-¡Momo! ¡Hermanita!- dijeron ambos, corriendo a los brazos de Moroha, que estaba junto a Gyo atendiendo al negocio que mantenían juntas. Ahora la shihanyo usaba un traje de sacerdotisa con la espada y el arco en conjunto, digno de su nuevo puesto.
-Cachorros- dijo ella, abrazándose- gracias Yiko.
El demonio bufó algo para la sacerdotisa.
-¿Vienen a buscarme?-
-Sí, mamá tiene todo listo para que comamos todos.
Asintiendo, los tres subieron a Yiko, para volver a la cabaña de Inuyasha y Kagome, que tenían todo dispuesto para comer en familia. Dentro ya estaba Kenji, que hablaba con Dai sobre asuntos de su entrenamiento.
Al ver a Dai, Kotomi se alegró mucho y saltó a saludarlo con un abrazo.
-Hola Kotomi- dijo él, sonrojándose de que la niña fuera tan abiertamente cariñosa.
-Sueltense- ordenó Inuyasha, separando a los niños y poniendo a Ichiro en medio.
-No vayas a separarnos a nosotros, papá- dijo Moroha muy divertida de ver los celos de su papá en acción. Se sentó junto a Kenji y besó su mejilla.
-Keh…sientense.
La comida fue grandiosa, pensó Kagome. Cuando todos se marcharon a sus asuntos, incluidos los niños que irían donde Rin, la mujer se relajó tomando un té junto a su marido. La vida, a pesar de las dificultades normales, iba muy lenta…relajada. Feliz, a los ojos soñadores de la sacerdotisa.
-Recibí una carta de Sango y Miroku- exclamó Kagome, consciente de que casi lo olvidaba- están bien, cuidando de sus nietos. Ya ni siquiera apoyan a los exterminadores, le han entregado todo el control de Setsuna y Hisui. ¿No crees que esos dos deberían casarse?
-Keh…conozco otros que deberían casarse también- gruño Inuyasha, aun de mala pulgas porque su hija y su antiguo discípulo vivían juntos sin casarse.
-Ya hablamos de eso, Inuyasha. Están esperando.
-Sí, eso dicen siempre. Antes nos harán abuelos.
-Por mi, muy bien- admitió la mujer, ansiosa por la sola idea- Hoy me visitó Rin, me contaba que mi cuñado se está quedando algunos días con ella en la casa-
-Ya era hora, ese engreído. De seguro lo hace para vigilar más de cerca a Rin y a las chicas.
-Son su familia, es natural.
-Supongo
Kagome miró enojada a Inuyasha, estaba siempre muy cascarrabias. Aun así, él sonrió, mientras se acercaba a él. El hanyo entendió y le dió un espacio en su pecho para que se recostara.
-Me siento muy plena últimamente ¿no? - dijo la sacerdotisa, acurrucados en su marido, que comenzó a acariciarle las manos con ternura.
-Yo también- admitió Inuyasha, besando la cabeza de Kagome.
Estuvieron así unos minutos, ambos disfrutando del silencio. Llevaba muchos años junto a él, pero aún se sorprendía de lo mucho que habían vivido como pareja. Incluso sentía en ocasiones que ya nada la podía sorprender, ni para bien ni para mal. Se había acostumbrado a las circunstancias y a enfrentarlas con entereza.
La calma del momento se rompió al sentir el ruido de cuatros pares de pies corriendo a la cabaña.
Kagome sonrió, estaba equivocada.
Aún quedaban muchas cosas con las que sorprenderse.
Nota:
Queridos lectores.
Acaba de terminar una travesía que a durado mucho. No tienen idea de las cantidad de cosas que han pasado en estos meses, mientras ustedes gentilmente leían este intento de historia/novela. Nunca dejaré de estar agradecida, escribir solo tiene sentido si alguien lo lee y lo aprecia.
Voy a extrañar pensar en esta historia, en sus personajes, en las tramas y en todo lo que lo rodea.
Gracias por leerme, a mí que después de muchos años se me ocurrió volver al mundo de fanfiction.
No sé cuando volveré a escribir de Inuyasha, le tome tanto cariño a esta historia que me cuesta salirme de ella. Por ahora, me dedicaré a otros fandom (aunque nunca con el nivel de amor que le he dado a este)
De todas formas, dejaré los próximos días un epilogo pequeño (es corto, lo juro jaja) que o resolverá dudas o las abrirá aun más.
Un abrazo enorme a todos, especialmente a los que en cada nota y en cada capítulo se convirtieron en mis amigos conversando de esta historia o de cualquier otra cosa. Por último, los invito a los de siempre o a quien quiera a dejarme un último saludo que me escriba, me haría feliz leerlos. También, les recomiendo que me sigan en twitter emilycyrine no por publicidad, sino porque es probable que suba cosas referentes al final.
Le dedico a todos ustedes esta historia.
Los quiero mucho,
Doratina.
Reviews: gracias a todos por los mensajes!
-Susanisa: gracias a ti por leerme, no sabes lo feliz que me hace. Un abrazo, espero que disfrutes el final. Si es así, hazmelo saber.
-Lorenza SP: mi querida, tengo infinitos agradecimientos a tu apoyo tan constante...ni siquiera tengo palabras. Te mando un abrazo, espero que te guste el final.
-Plakki03: disculpa por la tardanza...y muchas gracias por tu interés en la historia :) espero que no te haya decepcionado el final...un abrazo!
-Vampiresa: querida! que gusto leerte :)Sé que he alargado el final, perdon por eso jajaja no puedo evitar escribir mucho. Aun así, espero que te guste el final! un abrazo enorme.
-daide luct: me encanta volver a leerte! no sabes cuanto. cumplí tu deseo respecto al ser volador, te dedico 100% a Yiko. Me gustó que notaras el paralelo, siento que aunque no fue exactamente igual (por las circunstancias) si fue por lo que significó en el crecimiento personal tanto de Kenji como Moroha. Gracias por tus mensajes de siempre, un abrazo enorme...espero que te guste el final.
-hghg: que bueno ver tu mensaje, lo esperaba ansiosa. Aun no sé que haré para este fandom, solo sé que me daré un break hasta que terminé un proyecto que tengo. cualquier sugerencia es bienvenida. Un abrazo!
-Towa hime: hola querida, me gusta leer que lo esperabas, disculpame por la tardanza tan grande. Espero que el final cumpla tus expectativas, un abrazo.
-Manu: como siempre, gracias por tus mensajes y disculpa la espera. Espero te guste el final, ahora...sobre lo proximo, aun no sé que haré, me daré un break para descansar y seguir con la vida real hasta saber que hacer. De todas formas, agradezco las sugerencias! aun no he podido leer tus historias, pero si te sigo, espero poder hacerlo este fin de semana, he tenido mucho trabajo. Un abrazo!
