CAPITULO III.-
Hyoga trato de moverse varias veces, pero estaba bien sujeto por esos brazos de acero que le rodeaban, por ello solo podía sentir como lo llevaban en el caballo, y como se detenían, luego le pareció escuchar cosas ininteligibles entre su captor y seguramente sus hombres. Después, Hyoga perdió la noción del tiempo. No sabía si había pasado horas o tan solo minutos, mientras galopaban velozmente. Mientras duraba la carrera a caballo, Hyoga comenzó a pensar en lo sucedido. ¿Qué habría pasado con su tripulación? ¿Los habrían capturado como a él o simplemente los habrían eliminado? No pudo evitar sentirse responsable de todo esto. Si le hubiera hecho caso al capitán, quizá ahora estaría disfrutando una tranquila cena a la luz de las estrellas. Pero lo que lo tenía desconcertado era, una intensidad horrible que crecía dentro de él. ¿Acaso era miedo? Quizás si lo era, porque mientras más lo posesionaba, más sentía su valor y fuerzas aminorarse.
No supo cuanto tiempo paso, hasta que su larga cabalgata se detuvo, sintió como el jinete lo tomaba en brazos y se deslizaba al suelo, oía voces en torno suyo, confusas, ininteligibles hasta desaparecer.
De repente sintió que lo sentaban y le quitaban la capa de la cara. La luz que sus ojos percibían le obligo a cubrirlos, hasta acostumbrarlos. Cuando el efecto del abrupto cambio, se hubo terminado, se dio cuenta que se encontraba en una habitación lujosa, a su parecer, pero no le puso más atención al lugar, cuando el jinete se quitó la larga capa y se paró frente suyo.
Era alto, de anchas espaldas, Hyoga miro fijamente su rostro, era más joven de lo que imagino, parecía no tener mas de veinte años, su rostro era hermoso, de cabello azulado, de piel tostada, ojos azules como el mar, un cuerpo musculoso, vestido con ropas al parecer lujosas que iban cubiertas por una especie de armadura, de ahí que ninguna bala le hubiere causado daño.
Sin poderlo prevenir, el extraño se acerco y de un movimiento, le rasgo la fina camisa, dejándole el blanco torso desnudo. Hyoga retrocedió con vergüenza, su rostro se sonrojo, para después volverse aun más pálida de lo que era.
-¿Quien es usted?-pregunto con voz ronca
-Me llamo Ikki, y soy el jefe de la tribu Fénix-contesto este
-¿Qué quiere de mi?-pregunto tratando de sonar seguro y fallando patéticamente.
-¡Por los dioses! ¿No eres lo suficientemente hombre para comprenderlo?-contesto riendo con ganas
Hyoga abrió los ojos sorprendido, a la vez que horrorizado y esa risa lo asusto aun más. Llevado por el pánico trato de escapar, pero de un rápido movimiento el peliazul, lo tomo en sus brazos.
Hyoga tembló al ver directamente sus ardientes ojos y descubrir el deseo y la lujuria. Se retorció en sus brazos, mientras Ikki lo apretaba más contra su cuerpo y su cabeza se inclinaba sobre él. Sintiendo como esos ojos le quemaban, tuvo que soportar el primer beso que recibió en su vida. Un beso sofocante y forzado que le quitaron toda la fuerza y poder de resistencia. Aquella boca ardiente apretada contra la suya, le producía por causas desconocidas el efecto de un narcótico.
Casi inconciente, Hyoga sintió que Ikki lo levantaba en sus brazos, los labios todavía juntos y que lo llevaba hasta la amplia cama que había en la habitación.
En cuanto sintió la suavidad de la cama recupero algo de cordura, todavía apresado entre los brazos y boca de su captor.
-¡No, no, no! ¡Esto no es verdad! ¡No es posible que esto me este ocurriendo a mi!- se decía Hyoga comenzando a sollozar.
Cuando termino el beso, Hyoga se asusto todavía mas, al ver que Ikki ahora lucía unos ojos feroces y su boca una sonrisa cruel.
-¡Ya es hora de que me pertenezcas!-decreto
Hyoga abrió los ojos desorbitados, trato de soltarse del agarre, con mucho esfuerzo logro ponerse de pie, pero Ikki dejo muy en claro que no le permitiría alejarse, cuando de un movimiento brusco lo arrojó a la cama.
Hyoga termino boca arriba, se confundió por el impacto, pero cuando quiso reaccionar, Ikki ya se estaba posicionando encima suyo.
-¡Quédate quieto!-le ordeno el peliazul, mientras comenzaba a saborear su cuello. Hyoga sentía las lamidas, los besos y las caricias que poco a poco bajaban hasta su pecho descubierto.
-¡Oh dioses del Olimpo!-suplico con lágrimas resbalando por su rostro-¡Ayúdenme!
El terror que sentía era agonizante, no podía moverse, solo sentir, pero cuando Ikki, tomo lo que quedaba de la camisa y la termino de arrancar. Hyoga reaccionó y lucho con las pocas fuerzas que le quedaban para tratar de liberarse.
El rostro de Ikki mostró enojo ante la resistencia, lo sujeto de ambos brazos, pero ni así, Hyoga se daba por vencido. Entonces Ikki aumento la presión del agarre, hasta el punto de amoratarlos.
Hyoga dejo salir un quejido de dolor, pero ni siquiera así dejo de resistirse. Cansado de esa actitud, Ikki lo obligo a darse la vuelta, posicionándose encima nuevamente, mientras le sujetaba ambos brazos con una sola mano. Se puso a saborear el dulce sabor de la piel de la espalda.
-¡Suéltame!-grito Hyoga en un vano intento de liberarse, mientras trataba de patalear.
-¡Jamás!-contesto Ikki mientras dejaba su espalda y se acercaba el oído del rubio-¡Tu me perteneces!-le dijo con posesividad. Y para demostrarlo, lo beso duramente en los labios, luego volvió su atención a la extensión de la espalda.
Hyoga se sintió humillado y derrotado. Se encontraba bocabajo, sin posibilidad alguna de movimiento. Le asqueaba el contacto que el peliazul tenia con él en ese momento, pero nada podía hacer para evitarlo. Dejo salir las lágrimas de sus azules ojos. Se sentía impotente y por un momento le pareció que toda esa situación era irreal. Quería aferrarse a esa idea, que todo era una terrible pesadilla. Pero ni siquiera eso le permitió Ikki, cuando de un rápido movimiento volvió a obligarle a darse la vuelta, y ahora para horror suyo, comprobaba que el peliazul ahora estaba desnudo y le estaba quitando las ropas de la parte inferior. Y eso no era todo. Su ahora completo desnudo cuerpo mostraba que aunque él no quería, su hombría había reaccionado ante las bruscas caricias que había recibido.
Vio con rabia como Ikki sonreía triunfante y Hyoga sujeto como estaba, solo pudo apretar sus dientes, mientras más lágrimas de impotencia se hacían presentes. Cerró los ojos para no ver esa sonrisa, pero los abrió de golpe, cuando sintió una humedad desconocida pasando por toda la extensión de su hombría. Soltó una exclamación de sorpresa, para luego comenzar a jadear, mientras veía como Ikki lo lamía, lo mordía y por último se lo metía a la boca. En ese momento, Hyoga se vio envuelto en un sin fin de emociones. Sentía rabia y sufrimiento por lo que le estaban haciendo, pero al mismo tiempo sentía un placer hasta entonces desconocido. Cuando los movimientos se hicieron más acelerados, Hyoga se retorció en la cama, dejando escapar los gemidos que se le agolpaban en la garganta. Hasta que en un momento, sintió una corriente eléctrica, pasar por todo su cuerpo y con un grito entre placer y dolor mezclados se derramo en la boca de Ikki.
Apenas y estaba tratando de recuperar la respiración, cuando Ikki lo beso salvajemente, haciéndole probar su sabor. Hyoga sentía que se ahogaba, pero eso parecía no importarle a Ikki, quien después de terminar el beso, observaba con malicia, como Hyoga trataba de recuperar el aire que necesitaban sus pulmones. De improviso le soltó los brazos, solo para utilizar ambas manos en subir las piernas de Hyoga hasta sus hombros. Hyoga, apenas y se daba cuenta de lo que sucedía cuando sintió un dedo intruso en su interior que se movía con brusquedad.
Soltó una exclamación de dolor, mientras sentía como las lágrimas acudían nuevamente a sus ojos, su cuerpo estaba pesado y su espíritu quebrado. Pronto fueron tres dedos, los que se movían en su interior, haciéndole llorar más amargamente.
-¡Por favor no lo hagas! ¡Te lo suplico!-le pedía una y otra vez, entre sollozos. Pero mientras más le rogaba, Ikki con más ganas movía sus dedos en el interior de Hyoga, hasta que no pudo resistir más el deseo y sacando sus dedos, los reemplazo por su hombría.
Hyoga grito con fuerza. El dolor que sentía no tenia comparación, sentía que lo estaban partiendo y por un momento creyó que iba a desmayarse, pero para su desgracia no fue así. Ikki rugió de puro gusto cuando estuvo por completo dentro de su cuerpo, la sensación era mucho mejor de lo que había imaginado. El interior del rubio era en verdad exquisito. Estrecho y húmedo a la vez. No tardo mucho para comenzar a embestir, sin importarle los gritos de dolor de parte de Hyoga. Poco a poco subió la intensidad de las estocadas, sonriendo cuando el rubio comenzó a responder, cambiando sus gritos por gemidos de dolor y placer mezclados, hasta que tomando la olvidada hombría de Hyoga, comenzó a moverla a la vez que daba las estocadas, haciendo que el rubio arqueara su espalda y aumentara el tono de sus gemidos. Ikki tenia ganas de venirse, pero se aguantaría hasta ver como el rubio lo hacia primero. No tardo mucho para que eso sucediera, entre tantas sensaciones, Hyoga se vació entre sus abdómenes con un grito desgarrador. Solo entonces Ikki se vació en el interior del rubio, soltando un rugido de completo gozo. Luego cayo exhausto sobre el tembloroso rubio, que ahora lloraba a mares, al ser consciente de lo que había perdido esa noche. No solo Ikki, le había arrebatado su virginidad, sino también su espíritu y dignidad.
Hyoga se sentía deshecho, tanto en cuerpo como en espíritu. Y para rematar las cosas, después de recuperarse un poco, Ikki volvió a acercarse al oído de Hyoga.
-Me perteneces-susurro antes de volver a besarlo posesivamente, y después de salir de su cuerpo sin delicadeza alguna, se echo a su lado, dándole la espalda y dejándose llevar por un placentero sueño.
Hyoga se sintió insignificante, se alejo lo más que pudo de Ikki, aguantando el dolor de su cuerpo. Se hizo un ovillo y lloró hasta quedar dormido.
T_T ¡Por favor no me maten! Lamento mucho mostrar a Ikki de esta manera, pero es esencial para el desarrollo de la historia. Para compensarlo prometo poner mucho Lemon de esta pareja.
