CAPITULO XIII.-
-¡Tonto! ¿Tan poco me conoces? ¿Crees que yo dejó escapar lo que es mío? ¿Piensas que escapándote de mí, harás que te desee menos? ¡Por los dioses! Te habría encontrado aunque hubiese tenido que ir por todo el mundo. Lo que tengo lo guardo, hasta que me cansó de ello...y todavía no me he cansado de ti-se aproximó y lo miró apasionadamente, y por unos instantes su cara parecía la del diablo-¿Cómo te castigare?
Ikki noto el temblor que acometió al rubio y se rió, mientras Hyoga se echaba en sus brazos, tapándose la cara. Le forzó rudamente a levantar la cabeza.
-¿Qué es lo que odias más? ¿Mis besos? ¡Pues ahí van besos!-y con una risa irónica aplastó su boca contra la de Hyoga en un abrazo largo y sofocante.
En ese momento Ikki pensó en rasgarle su ropa, con movimientos bruscos, arrancándosela al rubio, sin importarle que en el proceso le hiciera daño. Quería marcarle el cuerpo, para que siempre recordara a quien pertenece, y luego tirarlo duramente en el diván, para poseerlo con violencia. Una y mil ideas crueles se presentaron en su cabeza para hacer pagar caro a ese hermoso cisne, su desobediencia y huida. Pero por alguna razón al mismo tiempo temía dañar a Hyoga. ¡Que absurdo! ¿El preocupándose? ¡Y todavía de ese maldito rubio desobediente!
Con un gruñido, termino el beso sofocante que había dado a Hyoga, el cual abría la boca buscando el aire que le faltaban urgentemente a sus pulmones. Se paro con el ceño molesto, para mirarlo fijamente.
El beso dejó a Hyoga sin aire, se sentía mareado, respiro hondamente, pero soltó un gritito cuando miro temerosamente a Ikki, solo para encontrarse con su mirada furiosa.
-¡Levántate!-le ordeno Ikki con voz helada.
Hyoga tembló ante la orden ¿Qué iba a hacerle? Con dificultad y el corazón latiéndole fuertemente por el miedo se levantó del diván. Sentía en todo su cuerpo, el miedo.
-¡Ven aquí!-volvió a ordenar. Con las piernas a punto de flaquear, Hyoga se acercó con paso calmó hasta estar frente a él.
El peliazul, se sentó en el diván, mirando sin apartar la vista del miedoso rubio. Le recorrió lentamente con la vista. ¡En verdad era bello! Ninguna criatura podría siquiera comparársele. Por un momento sintió que su entrepierna reaccionaba. ¡Si, bello! ¡¡Y únicamente suyo!! ¡¡¡Pero el estupido rubio aun no lo entendía!!! Entonces Ikki mostró a una sonrisa cruel.
Hyoga tembló visiblemente al ver el cambio en el rostro del Fénix. Sabia que lo que le esperaba no era nada bueno, y rogó internamente a todos los dioses para que el peliazul se apiadara de él.
-¡Desvístete!-volvió a ordenar Ikki
Esta orden descolocó completamente al rubio, pero al asimilarla, su rostro se tiño de carmín. Nunca antes le había ordenado hacer eso. De hecho, Ikki se encargaba personalmente de arrebatarle toda la ropa, para luego...El rostro de Hyoga se sonrojo más y bajo la vista avergonzado.
-¡¡Te dije que te desvistieras!!-gruño el Fénix, haciendo dar un respingo al rubio.
-Yo...yo…-trató de replicar el rubio en voz bajita.
-¡¡¿Quieres que mi furia aumente, verdad?!!-gritó con enojo.
Un escalofrío, recorrió toda la espalda de Hyoga, quien negó inmediatamente con la cabeza. Con manos temblorosas, se fue sacando primero las botas de montar, que le pesaban como plomo. Soltó un suspiro de alivio al verse librado de ellas, se ocupo también de las medias, luego volvió a erguirse, para quitarse la chaqueta y luego camisa. Ikki lo miraba atentamente, se notaba que era la primera vez que Hyoga hacia esto, por la lentitud de sus movimientos, pero el maldito rubio no se daba cuenta de lo sexy que se veía. Cuando la camisa resbalo de sus hombros para caer al suelo, Ikki tuvo que reprimir un gemido, al ver la sensualidad del acto. Esa camisa parecía estar acariciando la suave piel de Hyoga, mientras caía y el ver ahora ese torso perfecto completamente desnudo, hizo palpitar de nuevo su hombría. ¡¡Maldito rubio!! ¡¡¡Despertaba su deseo tan solo con mirarlo!!!
-¡Continua!-ordenó al ver que el rubio se había detenido.
Hyoga lo miró al oír su voz ronca y volvió a temblar al notar la lujuria en los ojos de Ikki. Tragando saliva sus dedos bajaron hasta el cinturón y luego a los botones del pantalón. Con el corazón latiendo a mil, se quito esa prenda dejando ver sus esculpidas piernas, quedándose solo en ropa interior.
-¡Todo!-volvió a ordenar el Fénix, sin perder detalle de ese maravilloso cuerpo.
Hyoga dudaba que su rostro pudiera estar más rojo, pero no le quedaba de otra, que obedecer. Con lentitud, fue quitándose lo que le quedaba de ropa, para quedar completamente desnudo frente al Fénix. Su pudor le obligo a tratar de cubrirse con sus manos.
Ikki rió al ver aquello, era algo muy infantil en su opinión; él lo había visto innumerables veces desnudo, pero aún así, Nunca se cansaría de contemplarlo.
-¡Ahora, desvísteme!-ordenó el Fénix, y Hyoga sudo frío, mientras sentía su respiración acelerarse. Hace a tan pocas horas, había descubierto su amor por el hombre delante suyo, pero aunque en verdad deseaba que lo tomara, algo dentro suyo, le dijo que esta vez no seria de manera agradable, al final el Fénix, le estaba obligando a hacer todo esto porque quería castigarlo. Una imperceptible sonrisa apareció en su rostro. ¡Al menos Ikki quería otra vez estar con él! Ese era uno de sus peores temores. Que el Fénix no lo deseara más. Pero aunque sabia que su toque seria una tortura, ya no le importaba. Haría lo que fuera por él.
Con pasos vacilantes, se fue acercando al Fénix, tenia miedo, pero no de lo que pudiera hacerle, al fin de cuentas, esta sorprendente apacibilidad del Fénix, era una buena señal. Tenía miedo de que Ikki lo rechazara. ¿Que tal si hacia algo mal, y después nunca más lo dejaría estar a su lado?
Con cuidado Hyoga acercó sus finas manos hasta el cuerpo del Fénix, temblando fue quitándole la ropa, rozando inconcientemente esa morena piel. Mientras hacia su tarea, evito mirar los ojos del peliazul, quien lo devoraba con la mirada. Cuando no hubo mas ropa en la parte superior, Hyoga se arrodillo en la alfombra para quitarle los zapatos y se quedo estático, sin saber si continuar a no.
En respuesta, Ikki se levantó y con un movimiento le indicó a Hyoga que continuara. Hyoga trago en seco, pero obedeció. Guió sus manos temblorosas al pantalón del peliazul, que quedaba frente a su cara. Cerrando los ojos, le quito el resto de la ropa, incluyendo la ropa interior. Ikki se encargo de terminar de quitarse esa estorbosa ropa y patearla lejos. Se dio cuenta que Hyoga mantenía sus ojos cerrados, pero sonrió al ver la posición perfecta en la que estaba.
-¡Mételo en tu boca!-dijo con voz cargada de lujuria.
Hyoga abrió los ojos, mirándolo sorprendido y con miedo, directo a los ojos, pero el brillo de enojo que brillaba todavía en los ojos de Ikki, le obligaron a bajar la vista y encontrarse de frente con la prominente hombría del Fénix.
Era la primera vez que lo observaba. ¡Jamás pensó que fuera tan grande! En las ocasiones que el Fénix lo tomaba, siempre evitaba mirarlo, solo lo sentía, cuando entraba en su cuerpo.
El color en sus mejillas y la inseguridad atacaron nuevamente al rubio, quien no sabia que hacer. Le habían dado una orden, pero por más que deseaba acatarla, no sabia como.
De repente sintió como Ikki jalaba su cabello bruscamente, haciéndole soltar un grito de dolor, que fue bien aprovechado por el Fénix, quien enterró su hombría en la boca de Hyoga.
Al principio el rubio pensó que se ahogaría por el tamaño que tenía, trato de apartarlo un momento solo para poder respirar, pero en cuanto lo intento, un fuerte jalón a su cabello, le dieron a entender que no debía hacerlo. Trato de acostumbrarse, mientras Ikki movía su miembro frenéticamente dentro de la boca del rubio jadeando de placer, no tardo mucho en vaciarse sin salir de la boca de Hyoga, sin importarle en lo más mínimo si el rubio se atragantaba, quería que llevara su esencia en todo su cuerpo. Hyoga cayó en la alfombra, en cuanto Ikki lo soltó. Tocía fuertemente tratando de recuperar algo de aire. Se había tragado una buena parte del semen del Fénix, y aunque el sabor no era del todo desagradable, la cantidad fue demasiado para él.
De pronto sintió como el peliazul le jalaba del brazo obligándolo a levantarse, a pesar de que aun no se recuperaba. Entonces sintió su espalda tocar duramente la pared. Ikki lo había arrinconado contra la pared y su cuerpo se apretó salvajemente contra el suyo.
-¿Con qué pensabas escaparte no?-dijo Ikki con rabia, mientras recorría su cuerpo con saña. Hyoga gimió de placer y dolor al sentir como sus manos pasaban por su cuerpo.
Sintió como sus tetillas era mordidas con algo más de brusquedad, para luego ser lamidas de manera desesperada. Su cuello pronto fue atacado por una boca voraz, que termino con varias marcas tan profundas que algunas comenzaron a sangrar, haciendo gemir de dolor al rubio.
-Eso es para que recuerdes a quien perteneces-dijo en tono posesivo, mientras lamía con lujuria la sangre y buscaba con su hombría la entrada del rubio.
Hyoga tembló al ver el comportamiento del Fénix. ¡En verdad estaba molesto! Otra vez sintió ese pánico apoderarse de él, cuando sintió que rozaba su entrada. A pesar de que hace tiempo no lo sentía, ya que Ikki prácticamente lo había obligado a disfrutar de sus penetraciones, que en su mayoría eran exquisitas. Pero ahora sabía que estaba siendo castigado, que ahora seria diferente.
-Por favor...ya basta...por favor-rogaba el rubio, con las manos apoyadas en el torso del peliazul, tratando de apartarlo.
-¡¿Tanto te molesta que te toque?!-exclamó Ikki con furia-¿Creíste que te librarías de mi, huyendo?-dijo mientras apretaba más su agarre al cuerpo del rubio, quien sentía que sus huesos se partirían en cualquier momento.
-¿Acaso pensabas que no te encontraría? ¿O es qué acaso pensabas en volver con tu amante?-dijo en tono furioso y celoso.
-No, yo...-trato de hablar Hyoga, pero fue interrumpido por un beso cruel y violento de parte de Ikki, el cual terminó de romperle un labio, del que brotó abundante sangre.
-¡ERES MIO! ¡ME PERTENECES! ¡ME PERTENECES SOLO A MI!-dijo al momento de penetrarlo fuertemente, sin preparación, y sin consentimiento. Hyoga grito de dolor con fuerza. Era la primera vez que no le preparaba, incluso la primera vez que lo había tomado, se había encargado de hacerlo. El dolor que sentía no tenia comparación, sentía que lo estaba partiendo en dos y por un momento creyó que iba a desmayarse. Comenzó a llorar, mientras enterraba sus uñas en la espalda de Ikki y sus mechones rubios se pegaban a su rostro de marfil. Sentía el vaivén violento de las embestidas y a pesar de todo el dolor, también algo de placer.
Ikki se movía con brusquedad, mientras que con sus manos sujetaba el miembro del rubio y con la boca besaba su cuello. ¡Lo estaba castigando! Ese hermoso Cisne, debía aprender quien era su dueño y que cualquier intento de huida, solo le traería problemas. ¿Qué hubiera pasado si en vez de él, lo encontraba Máscara de la Muerte? Entró con más furia en su interior, haciéndole soltar un sollozo. ¡¡Debía aprender, así fuera de la peor manera!! El solo hecho de pensar en su Cisne con el maldito de Máscara de la Muerte, le hacia rugir de rabia. Una embestida mucho más brusca, fue el detonante para derramarse en su interior, mientras que con un grito de desesperación, Hyoga hacia lo mismo en la mano del peliazul.
Ikki salio de su interior sin delicadeza alguna y lo soltó de repente. Hyoga se resbalo por la pared, hasta quedar en el suelo, mientras de su pequeña entrada salía un hilo de sangre. El Fénix, se dio cuenta que su miembro tenia vestigios de sangre y semen. ¡Quizá había exagerado!
Ikki tomó a Hyoga mientras vacilaba y lo levanto entre sus brazos. La cabeza rubia cayó pesadamente sobre su hombro y su rostro cambio al ver que temblaba y sollozaba. Lo llevo al dormitorio, para dejarlo en la cama, vacilando sus manos al soltarlo. Estuvo algunos segundos mirando aquella figura tan deseada, desvaneciendo la furia de su rostro.
-Ten cuidado de no despertar otra vez el diablo que llevo dentro, mi bello Cisne-dijo Ikki antes de salir de la habitación.
Solo. Hyoga volvió la cara a la almohada, lanzando un quejido de angustia. Antes cuando se dio cuenta que amaba al Fénix, se sentía feliz, pero ahora sabia que sin su amor, no podría serlo. Había probado la amargura de sus besos y caricias sin amor y sabía que ahora vendría una amargura peor y se estremeció al pensar en lo que seria su vida con él.
-¡Te amo Ikki! ¡A pesar de todo te amo!-dijo apasionadamente-¡Y no me importa nada, con tal de estar a tu lado!
Hyoga al fin conocía el amor.
De acuerdo, soy una sádica por hacerle eso al pobre Hyoga, pero para seguir la historia tenia que hacerlo. Espero me disculpen. Ya saben que cualquier crítica será bien recibida, aunque sean tomatazos.
