Hola a todos, soy Kristal de iris. Aquí me tienen para traerles nuevos capítulos. Algunas personas me han preguntado si anteriormente publique esta historia y la respuesta es SI. Lo publique en la pagina de Saint Seiya Yaoi, (pero dicha pagina desapareció) y en Amor Yaoi (Pero también hubo fallas y tuve que volver a inscribirme con el seudónimo de krisiris). Ahora estoy volviéndolo a publicar con varias partes re-editadas (un ejemplo es la canción de este capitulo) y con la intención de terminar la historia. Así que aquellos que hayan leído la historia anteriormente se darán cuenta de unos cuantos cambios y si tienen paciencia, podrán leer el resto de la historia y saber como acaba.
CAPITULO XIV.-
Hyoga estaba sentado en el diván tomando el desayuno, sosteniendo la taza de café con una mano y su dorada cabeza inclinada en una revista abierta sobre las rodillas. Era una revista de fecha reciente, dejada hacia unos días por uno de los comerciantes que hacia negocios con el Fénix.
Hyoga leía ansiosamente. Tener algo nuevo que leer era para él delicioso. Acabó apuradamente el café y encendiendo un cigarrillo se recostó con un suspiro de satisfacción, continuando la lectura de la revista.
Habían transcurrido tres semanas desde su fracasada fuga, que había terminado con la muerte del hermoso "Jango", y de manera tan imprevista para él. Tres semanas de felicidad, mezcladas con doloroso sufrimiento; la alegría de estar con el hombre amado era mitigada por el deseo apasionado de alcanzar su cariño. Hasta los objetos y las personas que lo rodeaban, dejaron de incomodarle y al contrario le agradaban cada vez más.
Desde la noche en que Ikki le recobró triunfalmente, se había mostrado amable con él, más amable de lo que jamás estuvo. Nunca volvió a hablar sobre su fuga ni a la muerte del caballo que tanto apreciaba; en esto se había mostrado generoso. Pero aparte de la bondad no hubo otra cosa. La pasión que aparecía a menudo en sus ojos no era el amor que Hyoga deseaba, era solo el deseo que su belleza y su manera de ser diferente a la de otros hombres que pasaron por sus brazos, despertaba en el Fénix.
El recuerdo perdurable de esos otros hombres, le producía una constante vergüenza menos fuerte que su ardiente amor, y unos celos salvajes le torturaban con dudas y temores cada vez que en su imaginación recorría el pasado de Ikki, cuando no era Hyoga el que gozaba de sus besos y abrazos. Procuro no recordar más el pasado porque le dejaban una herida abierta que no cicatrizaba. Sabía que era un tonto al suponer que un hombre fuerte y viril como Ikki practicara la abstinencia. Y tenía miedo al futuro. Hyoga le quería para él solo, quería su amor entero. Le amaba tan apasionadamente y tan absolutamente que no veía nada después de él. El era todo su mundo. Pero Hyoga aprendió a ocultar su amor y a entregarse con indiferencia a sus caricias, ya que las palabras que le dijo una vez las tenia continuamente en el pensamiento: "Si me amaras me cansaría de ti, y tendría que dejarte marchar". Y por eso escondía su amor dentro de su corazón. Era difícil recordar que tenía que demostrar desagrado cuando anhelaba entregarse sin reservas.
Ya no quiero pelear más
Estoy muy triste por no poderte amar
Desesperado fui a buscar
Las revistas que te gusta comprar
Y descubrí algo fatal
Y no lo puedo ni lo quiero evitar
Y no eres tú, ni soy yo
Son los planetas que nos dicen que no
No falta amor, ni pasión
Es el zodiaco, nos separa a los dos
Dicen, que tú eres de agua
Y yo soy de fuego
Tal vez en otra vida mi cielo
Los astros no te alejen de mí, de mí
Quiero, hacer del universo un infierno
Para que nunca más nos de miedo
Lo que el zodiaco dice de ti, y de mí
Tiro la colilla del cigarrillo dentro de la taza vacía, volvió una hoja y mientras lo hacia levanto la vista de repente y la revista cayo al suelo.
Sagitario corazón de metal
Piscis quiere siempre ir al mar
Leo del reven no lo puedes sacar
Géminis Virgo son sexuales no más;
Aries y Tauro no les gusta el break dance
Pero Escorpión siempre quiere rockear
Cáncer zafo no lo quiero nombrar
Acuario son raros, pero es lo que hay
Capricornio egoísta total
Libra me encanta me podría casar
Ya consulte, tu carta astral
Y No tienes nada que me pueda gustar
Y no eres tú, ni soy yo
Son los planetas que nos dicen que no
No falta amor, ni pasión
Es el zodiaco que nos separa a los dos
Cerca de la casa una voz baja y vibrante de barítono cantaba una canción. Hyoga se quedo sentado, atento, con ojos de extrañeza. La voz se acercaba y entró Ikki cantando aún y se aproximo a Hyoga, sentándose a su lado.
Dicen, que tú eres de agua
Y yo soy de fuego
Tal vez en otra vida mi cielo
Los astros no te alejen de mí, de mí
Quiero, hacer del universo un infierno
Para que nunca más nos de miedo
Lo que el zodiaco dice de ti y de mí
Dicen que soy de Marte
Y tú eres de Venus
Tal vez en otra vida mi cielo
Los astros no te alejen de mí, de mí.
Cuando termino de cantar, la más intensa pasión llameaba entonces en sus ojos. Estrecho ardientemente a Hyoga, como si su delicado cuerpo hubiera despertado el deseo dormido dentro de si. Hyoga lucho contra la presión de su abrazo separando la cabeza.
-¿Siempre frío?-dijo Ikki-Bésame, témpano de hielo.
Era lo que Hyoga más deseaba, y le dolía el corazón por tener que perseverar en sus esfuerzos para resistirle. Le dominaba un deseo loco de decirle que le amaba, de acabar de una vez para siempre con sus dudas y temores, que tanto le mortificaban, sin temer el resultado. Pero la chispa de esperanza que alimentaba su corazón le dio el valor e hizo retroceder las palabras apasionadas que iba a proferir, poniendo ojos indiferentes y un mohín de disgusto en sus labios.
Las cejas de Ikki se juntaron poco a poco.
-¿Sigues desobedeciéndome? Dijiste que me obedecerías. Creí que tu palabra...
Hyoga le interrumpió con un rápido gesto, y volviendo su cara a la de él, por primera vez le besó voluntariamente, rozando su curtida mejilla ligeramente con fríos labios.
Ikki rió desdeñosamente.
-¡Por todos los dioses! ¿El sol ardiente de esta isla no te ha enseñado más que eso? ¿Tan poco has aprendido de mí? ¿O es que hay algún sujeto en tu país que tiene el poder de transformarte de estatua en hombre?-agrego con enojo.
Hyoga se retorció las manos dolorosamente al oír sus palabras.
-No, no hay ninguno-murmuró-pero...
-Sería mejor que te gustara-dijo Ikki-Estoy cansado de tener un témpano de hielo en mis brazos.
Y sujetándole la cabeza con sus poderosas manos, cubrió su rostro de fieros y calidos besos.
Por primera vez, Hyoga se le entregó enteramente tomándose de él con pasión y devolviéndole beso por beso con absoluto abandono, sin resistencia.
Ikki sintió que su entrepierna le dolía, y es que el sentir los besos de su cisne, le estaban haciendo perder el control. Sin perder tiempo levanto a Hyoga y lo llevo al dormitorio, este a su vez rodeo con sus brazos a su Fénix y se dejo llevar sin poner resistencia, de hecho se puso a besar y lamer el apetecible cuello del peliazul, sintiendo el como este prácticamente lo lanzaba hacia la cama para posesionarse encima suyo. Hyoga se dejo hacer, acariciando los sedosos cabellos de su amor, mientras este volvía a morder y lamer cada centímetro de su cuerpo, mientras lo desnudaba rápidamente.
Ikki lamió con salvajismo su estilizado cuello, para luego ir bajando dando lametazos, mordidas y besos. Se detuvo para saborear sus pezones con verdadera hambre, luego sin dejar de acariciarlo con ambas manos, llego a su ombligo, en el que metió su lengua causándole cosquillas, haciéndole soltar a Hyoga una risita.
Ikki se detuvo un momento en su tarea, para mirarlo fijamente. ¡En verdad era bello! ¡Y le pertenecía solo a él! Hyoga también se quedo observándolo fijamente, solo para encontrar en él, la misma pasión y deseo de siempre. Esto no le gusto. El quería más, mucho más y se dio cuenta que debía comenzar a actuar, a luchar por el amor del Fénix. Con ese pensamiento, inesperadamente Hyoga, con un rápido movimiento, cambio posiciones. Ikki lo miro confundido, en todo ese tiempo el siempre iba arriba, estaba por protestar cuando Hyoga mordió con suavidad uno de sus pezones, haciéndole soltar un gemido. Luego sin perder tiempo hizo lo mismo con su gemelo, recibiendo en compensación otro gemido. Sus manos tampoco se quedaron quietas, con suaves y sentidas caricias fue bajando por ese pecho tan masculino, delineando cada contorno con esmero. Luego se inclino un poco para besar mansamente a su amado. Pero Ikki reacciono justo cuando Hyoga ya retiraba el contacto de sus labios, jalándolo para después besarlo con salvajismo, con posesión, saboreando esa boca tan embriagante. Mientras su otra mano tocaba con lujuria sus glúteos, buscando con ansia ese estrecho pasaje. Hyoga soltó un fuerte gemido, cuando un impertinente dedo ingreso en su interior, como respuesta fue él esta vez, quien volvió a besar apasionadamente al peliazul. Cuando terminaron de besarse, Hyoga le sonrió pícaramente, volviendo a bajar por ese cuerpo de acero, lamiendo su pecho, su abdomen y dejando besos a su paso se acercó a su hombría sintiéndose feliz cuando por fin con cierta timidez pudo probarlo.
Ikki miraba atentamente lo que su travieso Cisne hacia, y no pudo evitar una sacudida en todo su cuerpo, cuando Hyoga lamió la extensión de su miembro. Desde aquella nefasta ocasión, Hyoga nunca más fue obligado a ello, pero el rubio siempre se pregunto como seria probarlo sin ser una tortura y por su propia voluntad. Para su alegría se dio cuenta de que le gustaba, abrió de nuevo su boca y con ansias, empezó a lamer, subiendo y bajando por el delicioso miembro. Quería que el peliazul gozara al máximo. Y parecía que sus esfuerzos no eran en vano. Ikki no paraba de gemir sonoramente a cada toque en esa sensible zona, sentía como faltaba poco para que termine, pero no deseaba hacerlo sin antes sentir esa estrechez que lo volvía loco, por eso con un suave jalón, hizo que Hyoga dejara de lamer, chupar y degustar esa deliciosa hombría, mostrándole este un gesto de molestia por su interrupción en algo que le estaba empezando a agradar mucho, pero su expresión cambio a una alegre, cuando comprendió lo que su amado Fénix quería. Sin más se acomodo encima de ese pedazo endurecido y se dejo caer encima de ella. Como era la primera vez que hacia esto por si mismo, decidió hacerlo con calma, introduciéndoselo de a poco, tratando de acostumbrarse al dolor e incomodidad que estaba sintiendo, pero no podía evitar estremecerse y aferrarse a los fuertes brazos que le sujetaban. Mientras tanto Ikki, loco de placer, utilizaba todo su autocontrol para no meterlo todo de una vez, para ello clavaba inconcientemente sus uñas en la delicada piel del rubio.
Al fin Hyoga sintió que solo le faltaba una parte, así que tomando una fuerte respiración se introdujo lo que faltaba, soltando un gemido de dolor. Se dejo caer sobre el pecho del peliazul que por instinto lo abrazo, tratando de reconfortarlo, ya que la poca cordura que le quedaba en medio del placer, sabia que su Cisne estaba haciendo un esfuerzo por complacerlo, lo que le hizo sentir contento y si, su dueño. Le encantaba saber que el rubio ya se daba cuenta a quien pertenecía y su ego subió mas al saber que después de todo este tiempo al fin había logrado domesticarlo. Ikki acaricio la piel suave de la espalda, para luego seguir con sus muslos, piernas y su cadera, deteniéndose en este lugar para apretar con lujuria sus redondeados glúteos, haciendo que el rubio soltara un erótico gemido y arqueara su espalda por puro placer. Ante esto Ikki salio un poco de esa preciosa cavidad para volver a introducirse nuevamente, obteniendo un nuevo gemido del rubio, quien volvió a sujetarse fuertemente de sus brazos. Ikki sonrió y comenzó a moverse, llevando el ritmo de las embestidas, las cuales al principio fueron suaves, tratando de que Hyoga se acostumbrara a ellas, obteniendo en respuesta jadeos y gemidos, junto a un delicioso sonrojo en sus mejillas.
Poco a poco fue aumentando el ritmo hasta el extremo de que el rubio no sabía cuando entraba o salía de su interior. Hyoga tan solo cerró los ojos y se concentro en disfrutar este pequeño momento de felicidad que experimentaba, sintiéndose importante porque su amado Fénix lo estaba poseyendo. Se decía internamente que lo que estaban haciendo en ese momento era "el amor" y no simple sexo. Grito de puro gozo cuando el Fénix comenzó a masturbar su olvidada hombría como recompensa a su obediencia. Hyoga supo que no aguantaría, así que reclamó un nuevo beso del peliazul para sumirse segundos después en un orgasmo majestuoso, manchando sus abdómenes. Seguido por el Fénix, el cual se derramo en su interior, proclamándolo nuevamente suyo.
Hyoga completamente agotado y sudoroso se dejo caer nuevamente sobre el peliazul, tratando de normalizar su respiración, sintiendo como el pecho de su amado subía y bajaba haciendo lo mismo. Cuando ambos lo consiguieron, Ikki volvió a revertir posiciones, aun sin salir de su Cisne, quedando encima de este. Hyoga lo miro fijamente y se encontró con la sonrisa triunfadora del Fénix.
-Me alegra que ya sepas a quien perteneces-dijo antes de volver a lamer su cuello.
Hyoga no contesto, pero en el fondo sabía que así era. Después de degustar un poco mas la delicia de su piel y disfrutar un poco mas de su interior, salio de él, pero aun así no dejo de acariciarlo y besarlo con renovada pasión, siendo correspondido de igual manera. Por fin Ikki lo soltó jadeante y sin aliento, y se levantó, tapándose los ojos con una mano.
-Te me subes a la cabeza Hyoga-dijo riendo, pero como medio enfadado consigo mismo, y encogiéndose de hombros se levanto del lecho y comenzó a vestirse.
El rubio lo miro extrañado. ¿Qué podría significar? ¿Es que acaso tenía alguna esperanza de obtener su amor? ¿O, es que únicamente quería su amor para satisfacer su temperamento ardiente? Se sonrojó de vergüenza. Conocía el temperamento soberbio que se escondía bajo su exterior impasible, y conocía cómo se dominaba a sí mismo; sabía también que el esfuerzo que se imponía estaba expuesto a fallar por cualquier circunstancia inesperada. No era fácil gobernar a su séquito feroz, y Hyoga adivinaba que el reposo que Ikki buscaba en la intimidad de su propia casa, era más importante para él, de lo que él mismo pensaba. El odio y hostilidad con que Hyoga le repelió, le excitaron y divirtieron, pero a veces también le habían encolerizado.
Debía tener momentos en que necesitara un agradable compañero, mejor que un prisionero. Sería difícil anticiparse a su buen o mal humor, y comportarse de acuerdo con ellos. Volvió a suspirar profundamente.
-¡Si pudiera al menos hacer que se sintiera feliz!-se dijo Hyoga, mientras recogía su ropa y se vestía con el ceño fruncido.
Ikki mientras tanto había terminado de vestirse y se dirigió a un baúl donde guardaba varias armas bajo llave. Abriéndolo, sacó un revólver y empezó a limpiarlo, tarareando de nuevo la anterior canción. Cuando Hyoga termino de arreglarse, de improviso se arrodilló sobre la cama.
-¿Por que canta, mi señor?-Hyoga pregunto cayendo inconciente en la fórmula que usaba Shyru, al dirigirse a él desde hacia algún tiempo; resultaba grosero no darle ningún nombre y él evitaba usar el propio; y el título le parecía muy acertado.
Ikki lo miró, dejando su trabajo, y recogiendo los varios objetos los llevó a la cama.
-Enciéndeme un cigarrillo mi "Cisne", tengo las manos ocupadas-le replicó, mientras seguía puliendo la brillante arma. Hyoga le complació con una sonrisa.
-No ha respondido mi pregunta-añadió
-¡Vaya pero que curioso estas! Canto porque estoy contento. Porque vendrá mi amigo
-¿Su amigo?
-Si, ¡Por los dioses! El mejor amigo que jamás hombre tuvo. Es casi como mi hermano-miro a Hyoga con una sonrisa-Shun de Andrómeda.
La letra de la canción es "Zodiaco" de Moderatto, la cual me gusta mucho y es lo suficientemente alegre como para que un personaje como Ikki se anime a cantarlo.
