CAPITULO XVIII.-
En una parte casi desértica de la Isla, Hyoga cabalgaba a "Pegaso", seguido por Shyru, quien montaba un caballo azabache. El rubio deseaba hacer un rudo ejercicio físico para fatigar su cuerpo y tener la mente ocupada, evitándole el suplicio de pensar, y el caballo que montaba era muy a propósito para ello, ya que necesitaba que le vigilaran constantemente. Hyoga le dejo que fuera a su paso, a su gusto y al suyo, y el aire y el movimiento desvanecieron su dolor de cabeza; una especie de alegría se apodero de él haciéndole casi feliz. Después de un rato, refreno al caballo y llamo a Shyru para que fuera a su lado.
-Háblame de este vizconde de Andrómeda que va a llegar ¿Supongo que lo conoces, por haber estado tanto tiempo con el Fénix?- Shyru sonrió.
-Le conocí antes que a mi señor-respondió despacio-Yo y mi amigo Seiya éramos huérfanos y vivíamos en las calles, preferíamos eso a un orfanato. Para poder sobrevivir robábamos cada vez que podíamos, pero siempre nos asegurábamos de que nuestras victimas fueran personas ricas. En una de esas ocasiones, Seiya y yo fuimos al mercado en busca de alguna persona a la cual victimar, fue entonces que vimos por primera vez al señor Conde, padre del señor vizconde, por sus finas ropas supimos que era rico así que decidimos robarlo, pero al intentarlo fuimos apresados por sus sirvientes, de los cuales no nos habíamos percatado. Recuerdo que ambos nos moríamos de miedo pensando en como nos castigarían, pero en vez de ello, el Conde se acerco a nosotros y nos pregunto porque habíamos intentado robarle, nosotros le respondimos con la verdad. Entonces el Conde sin nosotros merecerlo, nos llevo a su casa, nos alimento y nos compro ropa nueva, luego nos pregunto si queríamos quedarnos en su casa, y como era de esperarse nosotros le respondimos que si. Desde ese día estuvimos al servicio de la casa Andrómeda, luego de que ambos cumpliésemos nuestros quince años, Seiya se convirtió en el criado del vizconde y yo del poderoso Fénix.
Hyoga se quito el sombrero y se froto la frente, pensativo. ¿Por que un jefe de una tribu, se permite tener un criado chino o porque razón se somete un criado chino a un jefe de una tribu desterrándose a si mismo en las profundidades de una isla. Por donde quiera que buscara el misterio que rodeaba al hombre que amaba, parecía aumentar. Se volvió a Shyru con la intención de seguir en sus preguntas acerca del visitante, manteniendo a "Pegaso" tan tranquilo como pudo. Miro al criado con ojos inquisitivos mientras se abanicaba su ardiente rostro con su sombrero. Shyru, cuyo caballo estaba firme e inmóvil como una roca, se secaba el sudor de la frente. Hyoga decidió no preguntarle más. Seria desagradable para Shyru, que se había criado a la sombra de esa familia, y después de todo, ya juzgaría él por si mismo. Una sola pregunta se permitió hacer.
-¿Hace cuanto tiempo se conocen el Fénix y el vizconde?
-Desde hace diez años-replico Shyru prontamente
-Hace diez años-se repitió mentalmente el rubio-Diez años atrás, Ikki debía tener unos diez años de edad.
Hyoga acaricio su nerviosa montura que a duras penas mantenía a lado de su apacible compañero, y dando sus riendas y sombrero a Shyru se deslizo del caballo y anduvo una corta distancia, hasta lo alto de una pequeña colina. Se sentó en la cumbre, de espaldas a los caballos y con las manos juntas sujetando sus rodillas. Todo lo que podía significar para él la llegada del vizconde le vino a la mente en un momento. Era evidentemente un hombre que pertenecía a una familia de clase alta al igual que él, que se movía en el mundo, ya que parecía viajar mucho. Era característico de Hyoga, pensar de antemano en lo que tenía que hacer. ¿Como soportaría encontrarse con una persona de su clase en la posición falsa en que se encontraba, concubino del jefe de una tribu? Hyoga, el que fue el orgulloso Hyoga de Cignus, era ahora... ¡El amante de un jefe!
Apoyo la frente sobre sus rodillas estremeciéndose. La prueba que tenia que sufrir le hacia sangrar el corazón. Su orgullo, que aun no había logrado exterminar Ikki de Fénix, llameaba, y le confundía la humillación y vergüenza. El pensamiento de lo que significaría para Hyoga el ser presentado a su amigo, parecía no habérsele ocurrido nunca al Fénix, o si lo había pensado no le había hecho impresión alguna y lo había olvidado. Todo consistía en el punto de vista, pensaba él. El punto de vista de Ikki era fundamentalmente distinto al de Hyoga. Para Ikki, el rubio no era más que un hombre esclavizado, una cosa sin importancia.
Hyoga permaneció sentado allí, completamente inmóvil durante largo rato, la cara oculta entre sus manos, hasta que una discreta tosecilla de Shyru le previno que el tiempo volaba. Volvió junto a los caballos lentamente con el rostro pálido, los labios apretados y los ojos reteniendo las lágrimas. Tuvo que vencer la acostumbrada dificultad al montar, y sus nervios en tensión aumentaron su impaciencia por los resabios de "Pegaso" al que castigo con dureza, haciéndole encabritar peligrosamente.
-¡Tenga cuidado señor!-grito Shyru avisándole
-¿Por quien...por mi o por el caballo del Fénix?-replico huraño y olvidando su sombrero, que Shyru le ofrecía con ojos de reproche, espoleo al caballo haciéndole emprender un furioso galope. Lo que tenía que suceder, que llegase lo antes posible.
Y tras él, Shyru que había sido testigo de todo lo que había sufrido el rubio y que sabia lo que todavía le faltaba sufrir, por primera vez en su todo su largo servicio, maldijo a su amo, por el que habría dado la vida con gusto.
El pobre sirviente temblaba de terror al ver la cara de su amo, se encontraba de rodillas en el suelo con la cabeza gacha y rogando a todos los dioses que lo ayudaran.
Mascara de la Muerte estaba furioso, no solo sus hombres habían sido derrotados, sino que entre los muertos se encontraba Shura, su ultimo amante. No es que le pesara mucho su muerte, pero le molestaba bastante que el Fénix siguiera vivo.
Miro al pobre diablo que se había encargado de darle las noticias, y sonrió sádicamente, ya tenia con quien desquitarse.
Agarro fuertemente el cabello del sirviente que soltó un pequeño grito de dolor, luego le dio un golpe en el estomago que lo dejo sin aire y sin mas lo lanzo a la pared mas cercana dejándole casi inconciente por el impacto. Mascara se acerco y sin preámbulos comenzó a desvestir al pobre sirviente que al instante supo que seria violado de la forma mas brutal.
-Mi señor-dijo una voz sensual que atrajo la atención de Mascara de la Muerte al instante
-Quizás quieras probar algo mas dulce que un miserable sirviente-dijo de manera coqueta Afrodita, mostrándose tan solo con una simple túnica delgada que permitía ver sus delicadas formas.
Mascara al ver ese apetecible cuerpo, soltó al pobre sirviente, que al instante de verse libre salio corriendo de la habitación de su amo, agradeciendo infinitamente la intervención de Afrodita.
Mascara ni cuenta se dio de que el sirviente se había largado, sino que se acerco a un sonriente Afrodita y lo beso duramente tal como era su costumbre, mientras sus manos viajaban sin pudor alguno por todo su cuerpo.
Luego sin delicadeza alguna, el cuerpo de Afrodita fue lanzado a la gran cama, para luego ser sujeto por dos fuertes brazos que no tardaron en quitarle la delgada túnica.
Cada mordida, cada lamida y cada insignificante caricia era bien recibido por el peliceleste que sonreía triunfante, abrazo a su amado jefe y se dejo hacer mientras dentro de su mente decía "Soy el ganador Shura"
Shun observaba como los miembros de la tribu Fénix colaboraban unos con otros, ya todos los heridos habían sido atendidos y ahora los cinco muertos estaban siendo enterrados honorablemente.
Suspiro al ver a tan nobles caídos, ellos habían dado la vida en la batalla y agradecía internamente su sacrificio.
Después del funeral, Shun caminaba a lado de su hermano preguntándose por lo rápido del acto, ya que el Fénix había ordenado que fuesen enterrados ese mismo día, y la única respuesta que encontraba era que su hermano no quería preocupar a ese misterioso personaje que aun no conocía, prueba de ello era que ahora el Fénix se encontraba limpio y arreglado, sin ninguna muestra de la batalla. Algo era seguro, esa persona debía ser de alguna manera importante para Ikki.
-¿Hermano, a que hora conoceré a Hyoga?-pregunto ansioso, mientras lo miraba con ojos brillantes.
El Fénix lo miro unos momentos y luego fijo su vista hacia el camino.
-Me parece que lo conocerás en unos minutos-respondió sin apartar la vista.
Shun fijo su mirada al mismo lugar que el de su hermano y vio como dos jinetes, uno detrás del otro cabalgaban hacia la aldea, pero lo que llamo mas la atención del peliverde es que uno de ellos era rubio.
Espero que les haya gustado, como siempre espero sus comentarios y sentencias de muerte.
