Hola a todos, aquí les traigo un nuevo capitulo que espero les guste. Agradezco mucho los comentarios que me dejaron, es un gran incentivo para continuar con la historia.

CAPITULO XXIX.-

Era de noche cuando Hyoga abrió los ojos, adormilados y pesados, con un gusto amargo en la boca a consecuencia de los efectos de la droga que le había dado Shun.

Todas sus cosas estaban preparadas para cuando se despertara con los pequeños toques que caracterizaban a Kiki, pero el niño pelirrojo no estaba a la vista. La lámpara se mantenía encendida y Hyoga volvió lánguidamente la cabeza, aún semidormido, para mirar el reloj. La campanilla del despertador sonó siete veces, y recordando de golpe se levantó de un salto. Más de doce horas habían transcurrido desde que se arrodilló junto a Ikki después de tomar el café que le había dado Shun. Comprendió lo que había hecho y trató de sentir agradecimiento, pero el pensamiento de lo que podía haber sucedido durante esas doce horas que había dormido como un leño era horrible.

Se vistió con apresuramiento febril y fue a la otra habitación. Estaba llena de los hombres de la aldea. Un Mu de ojos llorosos estaba abrazado por Aldebarán, ambos hablaban en voz baja con Shun, que parecía agotado. Los demás estaban agrupados alrededor del diván, mirando a Ikki todavía sin conocimiento. La agitación y el delirio de la mañana habían pasado y ahora un sopor de muerte lo envolvía todo. Junto a Ikki estaba Saga, cuyo aire arrogante habitual se había transformado en una actitud de profundo pesar, y sus ojos, que estaban fijos en el rostro de su jefe, tenían la misma expresión que los de un perro apaleado.

Gradualmente la casa se fue vaciando hasta quedar solamente Saga, y por último, aunque de mala gana, también él la abandonó, deteniéndose en la entrada para hablar con el peliverde, que acababa de despedirse de sus maridos Aioros, Aioria y Cristal.

El vizconde volvió trayendo una silla para Hyoga y lo hizo sentarse en ella con una suave orden.

-Siéntese Hyoga-le dijo casi con aspereza-Parece un fantasma-el rubio lo miró con aire de reproche.

-Usted puso una droga en el café, Shun. Si Ikki hubiera muerto hoy mientras yo dormía, creo que nunca podría perdonárselo.

-Mi querido Hyoga-le dijo Shun con tono grave-Usted no se da cuenta de lo cerca que estaba de un colapso. Si no lo hubiera hecho dormir, serían tres, en lugar de dos, los pacientes a atender.

-Soy un desagradecido-murmuró el rubio con una sonrisa trémula.

Shun acercó una silla y se dejó caer en ella exhausto. Estaba cansadísimo; la tensión de las últimas veinticuatro horas había sido tremenda. Mantenía el temor, que rápidamente se estaba transformando en certeza, de que sus conocimientos no iban a bastar para salvar la vida de su amigo, y además de esa ansiedad y del cansancio físico, había librado una violenta lucha consigo mismo todo el día, arrancando de su corazón la envidia y los celos que lo llenaban, y escondiendo su amor como un tesoro secreto que debía permanecer oculto para siempre. Su afecto por Ikki había triunfado en la prueba más difícil que podía habérsele impuesto, y había salido de ella fortalecido y refinado, eliminando todo vestigio de egoísmo. Fue la lucha más dura de su vida, pero ya había concluido y toda la amargura desapareció, dejando solo un deseo inmenso de que Hyoga fuera feliz, eliminando cualquier otro pensamiento. Le quedaba un consuelo; no sería simplemente inútil. Hyoga necesitaba su ayuda y su simpatía, y solo por eso se contentaba.

Shun lo contempló a través del diván y el cambio que Hyoga había experimentado en las últimas horas lo impresionó penosamente. La vivacidad característica en el rubio había desaparecido. La figura esbelta caída indolentemente en la silla, su cara pálida dibujada con nuevas angustias y sus ojos preñados de muda preocupación, eran propios de un hombre sufrido. Y aunque le molestaba el cambio, hubiera preferido que fuera más completo. El freno que imponía a sus sentimientos no era natural. No hacía preguntas y no derramaba lágrimas. Hubiera podido soportar ambas cosas mejor que la silenciosa angustia de su cara. Temía las consecuencias de la emoción que estaba reprimiendo tan rígidamente.

Hubo un largo silencio.

Seiya entró una vez y Hyoga se incorporó para preguntar por Shyru y luego volvió a caer en su silenciosa vigilancia. Suspiró una vez, un largo y trémulo suspiro que casi destrozó el corazón de Shun. Este se levantó y tomó la muñeca de Ikki entre sus dedos, y cuando volvió a dejar la mano insensible, Hyoga se inclinó más cerca y la cubrió con la suya, mientras observaba con detalle la cara del hombre que amaba.

-Su aspecto parece la de un noble-dijo con suavidad, como si inconscientemente hubiera expresado en voz alta su pensamiento.

-Lo es-contesto Shun, con ímpetu repentino e impaciente-Uno de sus padres es un noble rubio.

Hyoga levantó la vista con una expresión de asombro en sus ojos.

-No lo entiendo-balbuceó-Si Ikki odia a los rubios.

-Ikki, es hijo del anterior jefe de la tribu llamado Docko y como ya le dije de un noble rubio. Fue este último quien lo gesto. ¿Nunca le ha hablado de sus padres?

Hyoga sacudió negativamente la cabeza.

-A veces he pensado...-dijo con aire reflexivo-Me parecía diferente de los demás, y ha habido tantas cosas que no podía comprender. Pero también había veces que parecía un originario de la tribu-agregó con voz más baja y un estremecimiento involuntario.

-Usted debería saberlo-dijo Shun-¡Sí!-continuó con voz firme, al ver que Hyoga trataba de interrumpirlo-Tiene usted todo el derecho. Eso explicará muchas cosas. Yo asumo la responsabilidad. Su padre es el conde Shaka de Virgo.

-Sí yo lo conozco-dijo Hyoga asombrado-Era amigo de mis padres. Lo vi hace solo unos meses, cuando Camus y yo nos detuvimos en Grecia. Es un hombre de aspecto tan magnífico, tan bello y triste. Oh, ahora sé porque el color de los ojos de Ikki me parecía tan familiar. Lord Shaka los tiene igual. Pero sigo sin comprender-Hyoga desvió la mirada de Shun al hombre inconsciente en el diván y volvieron al primero con expresión inquieta.

-Es mejor que le cuente toda la historia-dijo Shun, dejándose caer nuevamente en la silla.

En el próximo capitulo contare la historia de los padres de Ikki. La pareja de Docko y Shaka definitivamente es una de las más raras, no he visto ni un solo fanfic yaoi de esta pareja. Será interesante escribir sobre ellos. Ya saben cualquier comentario es bien recibido aunque sean tomatazos.